La canción que sale en esta parte del fics pertenece a Billy Joel "Piano man", pero la traducción que verán es de Ana Belén, si la quieren oir pueden buscarla, pero si lo hacen busquenla en piano y violín, que para mi gusto es mucho mejor que las otras verciones.


XI

El taque a los Potter, los Radal y los Black

A eso de las nueve de la noche ya no quedaba nada en la mesa, habíamos terminado de cenar hace unos minutos y la abuela Alicia y Dora estaban en la cocina lavando los platos. James, el abuelo, Charlus, y yo estábamos en el living conversando del colegio.

-¿Cuál es tu materia favorita, pequeña? –me preguntó el abuelo. Lo pensé durante unos segundos y cuando no tenía duda conteste.

-Defensa contra las artes oscuras. Si, sin duda esa es.

-Fascinante, sabías que tu madre la detestaba y que tu padre la adoraba. –me contó el abuelo

-Si - afirmé, -mi mamá siempre amo el arte, la música para ser más específicos –le dije y sin darme cuenta los ojos se me llenaron de lágrimas, el abuelo al darse cuenta me abrazó reconfortándome.

-Ya pequeña, no llores mira que ellos se pondrán triste si te ven así. –me dijo con voz suave y cariñosa.

Una explosión nos alteró a todos. Me aferré al abuelo que me presionó contra su pecho protegiéndome. Dora corrió con abuela hasta la sala y se unieron a nosotros, los adultos nos pusieron tras ellos cuando la puerta fue abierta mediante otra explosión. Vi a James a mi lado que me sostuvo del brazo para que no me pasara nada. La sangre se nos heló cuando por la puerta entraron cinco encapuchados con mascaras de plata.

-Buenas noches, familia Potter. –saludó una voz fría y malévola, me pareció conocida, pero no recordaba de donde. –no les haremos nada a nadie si nos entregan a Manakel.

-¡Largo de mi casa! –bramó Charlus amenazándolos con la varita. El de la voz fría rió, después de eso sólo fueron hechizos de un lado a otro. Me aferré al cuerpo de James asustada. Comencé a recordar las pesadillas, las risas de mi padre cuando era pequeña, cuando me dijeron que estaba muerto, cuando Dora me dijo lo de mi madre. Todo se volvía negro y giraba; las piernas me flaquearon y caí al suelo con James aún aferrado a mí, sentí que sus brazos perdían fuerza, pues en él también surgían los efectos de los dementores que estaban con lo encapuchados. Una luz nos devolvió el alma al cuerpo y pudimos reaccionar nuevamente. Me levanté con la ayuda del abuelo que sostenía su varita en alto conjurando un "expecto patronus" miré asustada a todos lados cerciorándome que todos estaban bien, pero no, Dora estaba en el suelo inconsciente, Charlus peleaba a duras penas con tres hombres Protegiendo a la abuela y a Dora, James se encontraba a mi lado y el abuelo peleaba con dos hombres mientras nos protegía. Miré a James y él me devolvió la mirada, estaba totalmente pálido recuperándose de los dementores que nos habían atacado momentos antes.

No recuerdo cómo fue que mi cuerpo se desplazó hasta quedar en el centro de la batalla; por mis venas la sangre fluía a una velocidad vertiginosa, era cálida y totalmente reconfortante. Mi cuerpo comenzó a reaccionar solo, sin que yo tuviera la noción de lo que hacía, todos me miraron sorprendidos y de un momento a otro una luz que provenía de mi cuerpo cubrió la sala, luego de eso no recuerdo nada, sólo que desperté en San Mungo una semana después del ataque.

-¡Despertó! –oí gritar a James. A la sala entraron muchas personas que me miraban y examinaban, no entendía nada sólo veía a todos moverse de un lugar a otro.

Uno de los medimagos se acercó a mi cama y me preguntó cómo me sentía.

-Bien –conteste con la voz áspera y pastosa.

-Bueno, te podrás ir muy pronto, pequeña, -dijo el sanador. El equipo médico salió de la habitación de la sala dejando al abuelo que tenía un brazo vendado, a Charlus que estaba con algunos moretones en el rostro, pero nada grave, a James que me sonreía mostraba algunas magulladuras leves, y a la abuela Alicia que estaba a mi costado sonriendo afable.

-¿Y Dora? –pregunté al no verla en ningún lado, todos perdieron brillo y se entristecieron, me imaginé lo peor y, ya era mucho para mi corazón, comencé a llorar.

-No te preocupes está en cuidados intensivos, pero no es nada grave. Sólo está muy lesionada. –dijo James y me agarró de la mano dándome fuerzas, en ese momento me sentí estúpida, ya que James debía de estar destrozado y yo llorando, me prometí en ese momento que iba a hacer todo lo que estuviera en mis manos para ayudar a Dora y a su familia.

Pasaron dos semanas y Dora aun seguía en el hospital aunque el medimago nos había dicho que se estaba recuperando de las lesiones causadas por los Cruciatus reiterados. Sólo quedaba una semana para que las clases comenzaran y los demás estaban bastantes extraños aunque supuse que era porque Dora estaba en hospital. En la casa no se volvió a tocar el tema del ataque. Pero algo no andaba bien y eso me tenía los pelos de punta.

-Vamos a jugar un rato a la piscina, May. –me propuso James, entrando a mí dormitorio.

Acepté, ya que el calor estaba sofocante. Abajo estaba el abuelo y Charlus haciendo una barbacoa.

-¿Tenemos visitas? –pregunté interesada.

-Si. –afirmó el abuelo. –Mi hija llega hoy.

Sonreí.

-Y también vienen unos compañeros de trabajo de Charlus a comer. –agregó luego.

Con James nos fuimos a la piscina. Ese día estrenaba un traje de baño nuevo que me había regalado la abuela el día anterior, ya que me había dicho que el mío era muy infantil y que una señorita debía usar algo según su edad, en realidad yo estaba bastante incómoda con el, pues era de dos piezas de un verde manzana. Jugamos como una hora hasta que llegó Dora a la casa con la abuela, James y yo salimos apresurados de la piscina para abrazar a Dora y darle la bienvenida.

-¡Mamá! –gritó James cuando estuvo a la altura de su madre. –te extrañe mucho. –dijo después. Ella le sonrió y lo abrazó con fuerza, cuando se separaron fue mi turno de saludarla.

-¡Hola, tía! –le saludé entre abrazos de bienvenida.

-Hola, flaquita. –respondió Dora. –pero mira que guapa te ves con ese traje de baño. –me piropeó haciendo que mis mejillas ardieran.

A la media hora, el timbre de la casa volvió a sonar y la abuela salió a abrir, James y yo seguíamos en la piscina tirándonos agua y jugando.

-¡Hola, Omael! –saludó Charlus cuando vio a un hombre de uno metro ochenta de cabello negro y ojos ¿morados?, si ese era su color. Apenas los vi recordé a Kale. –mucho tiempo sin verte. –agregó estrechando la mano de aquel hombre alto. – ¿y tu familia? –preguntó luego.

-Vienen atrás. –contestó él con una voz que era suave igual que una brisa en verano y una sonrisa dulce, sus ojos se clavaron en mí dejándome casi sin aliento, se acercó a la piscina y mirándome aun fijamente, dijo:

-Eres la hija de los Perazzy.

Afirmé algo atontada.

-Te pareces mucho a los dos. –dijo en tono liviano y amable.

-¡Asaliah! –saludó Dora cuando la mujer estuvo frente a ella. Fue ahí que me di cuenta que estaba en presencia de la familia Radal al completo y me sentí profundamente avergonzada al saber que Kale estaba ahí y me vería con aquel traje de baño tan incomodo. Asaliah presentó a su hijo a los Potter.

-Él es Kale. –dijo mientras que él se acercaba a Dora y la saludaba.

-Eres muy guapo. –le aduló Dora.

Encontré que se quedaba corta.

-¿Qué hace él aquí? -me preguntó James.

Yo me encogí de hombros respondiéndole de esta forma que no tenía ni la menor idea. Muy dentro de mí estaba demasiado feliz para responder de otra forma, pero la presentencia de Kale ahí me incomodaba.

-Ven te presentare a mis hijos.- dijo Dora, tomando del hombro a Kale y guiándolo hasta la piscina. –él es James. –Dijo apuntándolo –y ella es Maylin. –dijo apuntándome.

-No se preocupe, señora Potter, ya los conozco. May y yo, somos amigos. –dijo Kale con su sonrisa de siempre.

-Pero mira tú que coincidencia. –exclamó Dora emocionada.

-May está aquí –exclamó la madre de Kale acercándose a la piscina todos los adultos y Kale la miraron.

Yo le sonreía a modo de saludo.

-Buenas tardes, señora Radal. –saludé saliéndome de la piscina y colocándome una toalla alrededor del cuerpo.

-¡Hola, hola! –respondió el saludo Asaliah muy feliz, eso me exasperaba, Alice era igual siempre muy feliz y a mí la gente muy feliz me intimidaba. Sonreí, era lo único que se me ocurría en ese momento.

-Cómo no me dijiste que el asalta cuna venia. –dijo de mal humor James a Dora que estaba poniendo la mesa

-¿Él pequeño Radal es el asalta cuna? –preguntó entre dudosa y divertida Dora a un James muy fastidiado.

-Si. –masculló como respuesta.

-Que coincidencia. –susurró Dora olvidándose de la presencia de James.

-¿Qué es coincidencia, mamá? –preguntó James, desconcertado por las palabras de su madre.

-No me hagas caso cariño. –dijo Dora y se fue a la cocina con la abuela Alicia. James prefirió irse a su habitación, ya que no aguantaba la presencia de Kale en su casa, le mandaría una carta a Sirius y a Remus para contarles la maravillosa noticia de saber que los padres de Radal eran amigos de sus padres y los míos sin que ninguno de nosotros lo supiera hasta ese día. Una vez en su pieza se desvistió y se ducho para sacarse el cloro de la piscina, después se dirigió a su escritorio, y escribió las cartas que tenía planeadas.

-Cómo mierda tengo esta suerte del que el asalta cuna sea conocido. –dijo con resentimiento. "y ahora ¿cómo lo hago? necesito a los chicos aquí lo antes posible" pensó, se acercó nuevamente al escritorio y tomó pluma y pergamino y se dispuso a escribir.

Sirius:

Espero estés bien…

No sabes la sorpresa que me llevé hoy al saber que los padres del imbécil, cabrón y asalta cuna de mi queridísima hermanita (Kale Radal de Raven) son amigos de mis padres y de los de May.

Llegaron a mi casa y todo, ahora están abajo y adivina (a que ya lo sabes) él muy desgraciado está conversando con Maylin y sabes cómo anda ella… en traje de baño y una cosa tan chica que le regaló la gran pensadora de las grades ideas de mi abuela, no es que tenga algo que mostrar. Pero Kale la miraba con lujuria lo vi observándola de la misma forma que nosotros le vemos la tetas a Lucia de quinto (ya sabes esa que casi te saca un ojo)… bueno queridísimo amigo te pido que me mandes fuerzas para soportar al cabrón. Saludos

Atte.

James, de mal humor, Potter.

Leyó nuevamente la carta y luego de ver que estaba perfecta la guardó en un sobre y la ató a la pata de mi lechuza, Ámbar, y esta, que estaba media enamorada de James, le picó la mano cariñosamente y se fue volando hasta la casa de Sirius.

-Bueno ahora a Remus. –dijo tomando otro pergamino y untando la pluma en tinta.

Remus:

¡Hola!. ¿Cómo andas?, espero que bien, pues yo como la mierda… a qué ni te imaginas quiénes son amigos de mis padres, sé que ni se te cruza por la cabeza, pero no te preocupes no son los Snape (menos mal ahí sí que me suicido) nada más y nada menos que los Radal (ya sabes los padres del asalta cuna). Que quieres que te diga, tengo una bronca que ni yo mismo me la puedo… con que te diga que es más grande que el ego de Sirius te lo imaginaras. El muy mierda está abajo sonriéndole, de esa forma asquerosa que aman las chicas, a mi ingenua hermanita y ella babeando por él como yo y Sirius cuando nos ponemos bajo las escaleras a verle los calzones (bragas o como le digas lobito) a las chicas, y ella paseándose en paños menores (un bikini ósea un mini bikini regalado por la grandiosa de mi abuela). Ahí están los dos tonteando de lo lindo, si Sirius viera a Kale seguro que lo mata.

Bueno, pero ese no es el tema sólo te escribía para sacarme un poco la bronca, ya, mejor bajo antes de que el imbécil ese se viole a May. Nos vemos, espero que pronto. Cuídate. Adiós….

Atte.

James, hermoso y perfecto, Potter.

-¡Genial! –dijo admirando la carta. "espero que Sirius no lea nunca eso del ego o si no me mata" pensó. Tomó a Agatha, la lechuza de la casa, y le ató la carta, esta salió volando con indiferencia.

Eran eso de las tres y algo cuando sintió el picoteo de una lechuza blanca en la venta de su dormitorio, caminó hasta ella y la tomó. La reconoció de inmediato como la lechuza que estaba enamorada de James.

-¿Tan luego otra carta? –se preguntó en voz alta Sirius, caminó hasta su cama y se recostó; la abrió y la leyó a medida que avanzaba en la carta la ira se apoderaba de cada fibra y célula de su ser.

-Cómo es posible. –dijo sin creer lo que leía. – ¡maldito! –maldijo encolerizado. –y yo castigado. –agregó, miró por la ventana apreciando el hermoso sol de aquel día, tocaron a la puerta y a los segundos una mujer hermosa y alta entró por ella.

"Ya viene esta vieja de mierda" pensó Sirius al reconocer la figura de su madre.

-¿Qué haces? –preguntó, examinado a su hijo mayor.

-Nada –respondió de mala leche Sirius, sin siquiera mirarla.

-Vi una lechuza que se dirigía a tu habitación, -comentó como quien comenta del tiempo

-Si, es de mi amigo. –contestó Sirius, indiferente.

-¿Qué te cuenta? –preguntó con interés; tomó asiento en la cama mal hecha de su hijo.

-Me invitaba a su casa. –mintió Sirius. Los ojos de la madre de Sirius brillaron, pero Sirius no lo noto. WalBurga Black tenía una gran idea que podía ayudar a su señor. Él quería a algo que los Potter guardaban con recelo, entonces que mejor forma de llegar mediante su hijo; sonrió al darse cuenta de que su idea era buena, pero primero tenía que estar segura de que su hijo iba donde los Potter.

-¿El hijo de los Potter? –preguntó mirándose las uñas recién pintadas de rojo. Sirius la miró alzando una ceja, sabía muy bien que su madre planeaba algo, pero si eso le serbia para ir donde su amigo, pues correría el riesgo.

-Si. –afirmó.

WalBurga sonrió y con tono empalagoso habló.

-Pero ¿Por qué no me lo dijiste?, yo te doy permiso si quieres ir.

Sirius, interiormente, saltó de alegría, pero no se lo demostraría a su madre.

-Quiero ir. –dijo y su madre lo miró encantada.

Ella accedió al permiso.

-Le mandare una respuesta a James. –musitó, se sentó en su escritorio para escribirle a su amigo.

James:

Hola, amigo.

Te compadezco. Y que mejor forma de subirte el ánimo es que yo vaya para allá y me quede hasta el lunes, espero te guste la idea. Nos vemos en una media hora.

Atte.

Sirius, perfecto bombón, Black.

Dobló la carta y la mandó con Ámbar.

-Llévasela a James y sólo a él, ok. –le dijo a la lechuza que ululó captando la idea. Se dirigió a su ropero y sacó un bolso donde hecho ropa a la rápida, y luego se fue al baño para tomar cosas de aseo, cuando terminó se cambió de ropa; bajó las escaleras y esperó un rato en el living hasta que una Ámbar volvió con una repuesta.

Gracias. Te espero

James, desesperado, Potter

Habíamos almorzado ya y los adultos reían recordando cosas del trabajo y por lo que escuchaba, los Radal conocían a mis padres desde siempre, cosa que me extrañó, pues nunca los había visto a ninguno y tampoco sabía de la existencia de ellos, no hasta que conocí a Kale. No quise darle vuelta al asunto, no por el momento.

A unos metro estaba James leyendo una nota que le llegó, escribió algo en una servilleta y mandó a mi lechuza, había estado serio toda la hora y no hablaba nada, pero cuando esa nota le llegó cambió totalmente de actitud y una sonrisa se cruzó en sus labio, corrió hasta sus padres y les dijo algo al oído, que no supe por mi distancia. Kale me miraba, ya que hace rato que me hablaba de algo a lo que yo no prestaba atención.

-¿Me estás tomando atención? –preguntó al ver que yo no le miraba.

Titubeé al verme descubierta y con una sonrisa me disculpé.

Kale le quitó importancia. Conversamos por unos veinte minutos, hasta que se sintieron ruidos en la chimenea, James corrió a ver quién era, a mi me dio lo mismo, estaba tan concentrada contando las pecas de la nariz de Kale que cualquier persona era poco importe. A los segundo James salía al patio, donde estábamos todos, sonriendo muy emocionado, fue ahí que vi entrara al engreído e infantil de Back.

-Buena tardes, señores Potter –saludó el muy cretino. Desde la distancia lo miraba con recelo y Kale sonreía divertido de ver a Sirius ahí.

-Buenas tardes, Sirius. –saludaron los señores Potter y los abuelos. Los Radal miraban muy curiosos a Sirius.

-Así que tú eres Sirius Black. –dijo Asaliah examinando detenidamente a Sirius. Él la miró incomodo y confundido.

Asaliah murmuró unas palabras en una lengua extraña que sólo Dora, Alicia, Kale y Omael entendieron

-Ahora entiendo. –susurró Dora.

-¿Perdón? –preguntó Sirius desconcertado.

-No me hagas caso. –contestó Asaliah restándole importancia. –soy Asaliah Radal. –se presentó.

Sirius la estrechó la mano con la suya y algo le recorrió la espalda, algo muy extraño, pero no le importo.

-Hola, Sirius. Un gusto. –saludó el padre de Kale. –mi nombre es Omael Radal. –se presentó y estiró la mano, Sirius la estrechó sintiendo lo mismo que sintió al tomarle la mano a la mujer.

A la distancia, miraba alejada de lo que hablaban y de lo que sentían, en mi mundo rosa sólo existía la hermosa sonrisa de Kale y sus extraordinarios y exóticos ojos morados, así que ni cuenta me di cuando Sirius estaba parado frente a nosotros con una ceja alzada y mirándonos con reproche.

-Hola –saludó Kale, extendiéndole la mano y con una sonrisa en sus labios, como si fueran grandes amigos. Sirius lo miró y masculló un "hola" con desgano, luego me miró a mí y se cruzó de brazos.

-Kale, no te he mostrado el piano que está en la sala de música. –dije ignorando completamente a Sirius. – ¿te gustaría verlo? a pertenecido a mi familia por siglos. –le comenté y me puse de pie caminado a la casa, pasando de Sirius, que rojo de rabia nos miraba. Kale y yo desaparecimos por el umbral de la puerta que daba al living de la casa.

-Ves. –dijo James apuntando el lugar donde Kale y yo habíamos desaparecido.

-Sí, lo vi. –siseó Sirius.

-No sé cómo le puede gustar a ese ridículo de pelo… pelo ¡ridículo! –exclamó James, irritado.

-Yo tampoco. –respondió Sirius, mirando la puerta del living.

-¿Te quieres bañar? –preguntó James, apuntando a la piscina.

-No. –negó Sirius. –lo que quiero es partirle la cara a ese… ese… a ese. –dijo

-Yo también, pero no podemos, están sus padres y los míos. –musitó James, mirando la mesa donde los adultos conversaban.

-Sí, pero podrimos molestarlos. –expuso Sirius con una sonrisa malévola.

-Sabes, me das miedo cuando ríes así, pero eso suena divertido. –dijo James.

-Entonces qué hacemos. –musitó Sirius.

-Podríamos ir e instalarnos en la sala de música y decirle a May que queremos escuchar, y si se quieren ir los seguimos y no los dejamos solos en ningún momento. –propuso James.

-Me gusta. –condescendió Sirius.

Entraron a la casa y se dirigieron a la sala de música, donde había un piano y otros instrumentos que habían pertenecido a mi familia por décadas. Kale y yo estábamos conversando mientras yo tocaba un poco de piano. Él me contaba lo que había hecho en las vacaciones, y yo le hablé sobre el ataque a la casa de los Potter a grandes rasgos, ya que no quería entrar en detalles. Nos estábamos riendo de algo cuando la puerta se abrió y por ella entraron Sirius y James, yo los miré, y estos se sentaron en el sillón que había en el fondo sin decir nada, alcé una ceja bastante molesta de la presencia de los dos.

-¿Qué hacen aquí? –pregunté de forma petulante.

-Queremos oírte tocar. –contestó James con una sonrisa angelical.

-Ya ¿y desde cuándo te gusta la música? –inquirí.

-Sabes muy bien que me gusta. Que no sea diestro en ello, no quiere decir que me moleste, aparte si no lo recuerdas me encantaba como tocaba tu mamá. –me contestó dejándome sin palabras. Era cierto habían veces que James pasaba horas enteras escuchando a mi madre tocar el piano. Como me vi vencida, preferí pasar de ellos y seguí tocando. Kale me observaba en silencio, hasta que al fondo, cerca del sillón vio un violín; se acercó a él y lo miró, era muy lindo de madera oscura.

-Puedo. –preguntó.

Yo accedí a que lo usara. Lo tomó y volvió a sentarse junto a mí en una silla aparte.

-¿Recuerdas las notas de el hombre del piano? –preguntó Kale poniendo el violín entre su barbilla y el hombro

-Si –afirmé.

-¿Cantas? –me preguntó esta vez.

Yo asentí, no podía negarme a nada de lo que él me piedra, hasta se me había olvidado la presencia de Sirius y James en el fondo de la sala. Estaba tan pérdida en ese mundo que me creaba cuando estaba con Kale, donde sólo existían él y yo, nadie más; comenzamos a tocar juntos. El piano y el violín se fusionaron de forma maravillosa, pero en la parte donde se cantaba el violín cesó y sólo quedó mi voy y el piano

Esta es la historia de un sábado
de no importa que mes,
y de un hombre sentado al piano
de no importa que viejo café.

El violín se volvió a unir, pero nuevamente cuando era el momento de cantar cesó…

Toma el vaso y le tiemblan las manos,
apestando entre humo y sudor,
y se agarra a su tabla de naufrago
volviendo a su eterna canción.

Toca otra vez, viejo perdedor,
haces que me sienta bien,
es tan triste la noche que tu canción
sabe a derrota y a miel.

El violen se unió nuevamente con el piano hipnotizando a James y a Sirius que estaban absortos en la melodía, pero no sólo ellos, ya que en piso de abajo, seis adultos escuchaban sorprendidos.

Cada vez que el espejo en la pared
le devuelve más joven la piel,
se le encienden los ojos y su niñez
viene a tocar junto a él.

Pero siempre hay borrachos con babas, que le recuerdan quien fue,
el más joven maestro al piano
vencido por una mujer.

Ella siempre temió echar raíces,
que pudieran sus alas cortar
y en la jaula metida, la vida se le iba
y quiso sus fuerzas probar.

No lamenta que de malos pasos,
aunque nunca desea su mal,
pero a ratos, con furia, golpea el piano y algunos que le han visto llorar.

El violín se volvió a oír acompañando al piano, pero como siempre dejó de sonar cuando era el turno de mi voz.

Toca otra vez, viejo perdedor,
haces que me sienta bien,
es tan triste la noche que tu canción
sabe a derrota y a miel.

El micrófono huele a cerveza
y el calor se podría cortar,
solitarios oscuros, buscando pareja
apurándose un sábado más.

Hay un hombre aferrado a un piano
la emoción empapada en alcohol,
y una voz que le dice: "pareces cansado, y aun, no salido ni el sol".

Mi voz cesó siendo remplazada, nuevamente, por las hermosas notas del violín que embriagaban a los que lo escuchaban junto al piano que parecía su fiel compañero.

Cuando la melodía acabó se escuchó la respiración pausada de los presentes.

-¡Wooo! –se impresionó Sirius. –tocas muy bien. –sus palabras me sacaron de mi nube morada, trayéndome a la tierra; las mejillas me enrojecieron, había olvidado por completo que no estaba a solas con Kale. La puerta fue tocada y seis personas se asomaron por ella con sonrisas.

-Por qué no tocan algo más. –pidió Dora tomando asiento en uno de los sillones del fondo, los demás le siguieron y se sentaron junto a los dos chicos. Kale sonreía feliz amaba tocar para los demás, pero yo no, y me sentía terriblemente avergonzada.

Tartamudeé intentando negarme, pues no quería hacerlo, ya que para mi gusto era demasiada exposición.

-Lo sentimos, pero May está cansada. –dijo Kale sonriéndole a los adultos, luego me miró y agregó. – ¿cierto, May?

Yo sólo atiné a asentir, ya que las palabras no salían, y mi cabeza estaba en blanco, me levanté apresurada y salí de la sala. Lo mejor en ese momento era una ducha de agua caliente, me dirigí a mi habitación en donde me encerré hasta la hora de la cena que fueron aproximadamente tres horas. Los gritos de Dora llamándome, del primer piso, me despertaron de mi letargo; bajé al living donde todos estaban reunidos, me senté al lado de la abuela Alicia sin decir ninguna palabra.

-Podemos hablar, May. –me pidió Kale, levantándose de su lugar y caminando hasta la puerta que daba al patio. Yo le seguí en silencio; caminamos hasta llegar al lado de la piscina, donde nos sentamos en unas sillas.

-Tienes que aprende a superar ese miedo escénico –dijo Kale

-Lo sé, pero recién acepto que me gusta esto. No me exijas más de la cuenta. –me defendí con suavidad.

-Lo sé, y estoy orgulloso de ti. Hoy cantaste frente a Sirius y James. –me felicitó animándome.

Le expliqué que cuando estaba tocando todo a mi alrededor había desaparecido, él me escuchaba con atención, siempre lo hacía con una sonrisa encantadora.

-¡La cena! –oímos gritar a Dora y entramos. La cena pasó tranquilamente, bueno si tranquilamente se le dice a que los adultos contaban anécdotas de cuando eran pequeños y se reían de cosas que ni Sirius, James, Kale y yo entendíamos, fue tranquila. A eso de las diez de la noche los Radal comenzaron tomar sus cosas para irse.

-Fue un gusto volver a verlos. –dijo Dora abrazando a Asaliah y luego a Omael.

-Para nosotros también. –contestó Omael con una sonrisa mientras se despedía de la abuela Alicia.

-Espero que volvamos a repetirlo. –dijo Charlus, despidiéndose de Kale.

-Nos vemos en cinco días –se despidió de mí Kale, mientras me abrazaba, para desagrado de, Sirius y James, y felicidad para mí.

Lo único que logré modular fue un suave "si"

-Adiós, pequeña. –se despidió Omael de mi –chicos. –se dirigió a James y a Sirius que se despidieron con la mano.

Cuando se terminaron de despedir, los tres entraron en la chimenea y desaparecieron.

-Es hora de dormir. –dijo Dora empujándonos al segundo piso para que nos fuéramos a nuestras habitaciones.

-Mamá. –rezongó James.

-Nada de mamá, James, a dormir ¡ahora! –sentenció Dora, estricta.

Los tres subimos al segundo piso y nos dirigimos a nuestros dormitorios, James y Sirius iban adormir juntos ese fin de semana. No podía creer que tenía que aguantar al egocéntrico de Sirius hasta el lunes, pero bueno no podía hacer más.

-Que duermas bien –me dijo James entrando a su dormitorio bostezando, yo le sonreí y me giré para abrir mi puerta, en eso estaba cuando Sirius habló.

-Si, sueña con tu príncipe azul Kale. –dijo de forma petulante

-Sirius cómprate una isla que tu estupidez ya no cabe a aquí. –contraataqué y me entré a mi habitación, dejando a Sirius con la palabra en la boca.

-No sé que le ve ese Radal –masculló después, susurrando.

El sábado estaba realmente caluroso y soleado. En la mañana, James, Charlus, el abuelo Antonio y el petulante Black se fueron a ver fútbol, ese deporte muggle que los hombres adoran, y no volvieron hasta la cena dejándome descansar de los idiotas de James y Sirius. La noche llegó rápidamente; estaba en mi cuarto cuando James y Sirius subían para dormir, sentí que se acercaban a mi habitación y como no quería pelear con el egocéntrico de Sirius me hice la dormida.

-Está durmiendo. –oí murmurar James para no despertarme.

-Ahora me aburro. Quería molestarla. –se quejó Sirius en voz baja, malhumorado.

James le regaño en susurros y Sirius bufó enojado.

-Tú la molestas y ella con su lengua de víbora te ataca, a mi me trata bien –expuso James.

-Si, porque te quiere. A mí me detesta, aunque el sentimiento es mutuo. –masculló Sirius, hostil.

James giró los ojos resignado y tomó del brazo a Sirius y lo metió a su cuarto.

Esa noche fue tranquila, pero aun así, me costó conciliar el sueño, estaba pensando en Kale y sus lindos ojos morados y en la estúpida de Carriel que no lo tomaba en cuenta. No la entendía, Radal era uno de los chicos más lindos del colegio y ella, la muy necia, no se daba cuenta de que el pobre estaba colado por ella, aunque Kale era un imbécil al no darse cuenta que yo lo quería… bueno ¿Qué importaba eso?, Carriel era linda y tenía cosas que yo no tenía, esa cosas que a los chicos les gustan. ¿Cómo Kale siendo tan atractivo se iba a fijar en mí?, sería una locura. En cosas así pensaba cuando caí rendida en los brazos de Morfeo y no desperté hasta casi el medió día del domingo.

El domingo fue tan aburrido que me la pasé otra vez todo el día encerrada en mi alcoba, respondiendo las cartas de las chicas y terminando los deberes de verano.

El día Lunes abrí las cortinas de mi habitación a eso de las nueve de la mañana y el sol me dio de lleno en la cara, sentí su calor recorrerme. Lo de abrir las cortina era un ritual que siempre me fortalecía; me metí al baño y me di una ducha rápida. Cuando ya había terminado bajé a ver qué estaban tramando el parcito, pero abajo había silencio y nada más, busqué en la sala, pero nada, en el living, nada, en la cocina, nada, comencé a desesperarme, pues ni los padres de James, ni los abuelos estaban. Fui al patio a buscarlos y, gracias a Merlín, ahí estaban pero había dos adultos más, una pareja. La mujer era alta y esbelta, muy hermosa, junto a un hombre más alto que ella y muy atractivo, parecía que discutían, no les di mucha importancia y busque a los chicos con la mirada, los encontré a los dos, no muy alejado de los adultos, observando la discusión de ellos. Me acerqué para ver que sucedía y al llegar, la mujer desconocida, se giró y abrió mucho los ojos, vi que estos eran de un azul profundo; el hombre se dio cuenta, también, de mi presencia y al igual que su mujer quedaron pasmados. Él tenía los ojos grises, hermosos ojos grises. Los miré un poco asustada y busqué ayuda en Dora, ella se ganó a mi lado y me abrazó por los hombros protegiéndome.

La mujer desconocida susurró algo que no logré entender.

-Tú debes ser la hija de los Perazzy –dijo el hombre desconocido.

Yo asentí con la cabeza afirmando

-Mucho gusto, soy Orión Black. –se presentó y apuntando a la mujer, agregó. –y ella es mi mujer, WalBurga Black.

La hermosa mujer me sonrió con arrogancia y anhelo, como si yo fuera lo mejor que hubieras visto ese día. Su sonrisa y mirada me producía arcadas y más al saber que eran los padres del imbécil de Black.

-Bueno, bueno –dijo Dora llamando la atención de todos. –Maylin es mejor que vayas a comer algo, la abuela te acompañara. –terminó, mientras la abuela me tomaba del brazo y me arrastraba a la cocina.

-Nosotros tenemos que irnos. –dijo Orión mirando a su hijo para que este se levantara.

-Si, es verdad. Ya hemos estado demasiado tiempo en esta casa de… -masculló WalBurga y luego susurró. –traidores

-Vamos, Sirius –le llamó Orión, nuevamente, al ver que Sirius no se movía ni un centímetro.

-Es mejor que me vaya. –Susurró Sirius a James –antes que la mierda comience a apestar más.

James se reía de las palabras de Sirius; se despidieron con el saludo que YO y James teníamos antes y que ahora se había apoderado el estúpido de Black

Los Black se fueron altivos, como siempre. Tomaron la red flu y desaparecieron entre las llamas verdes. Dora corrió a cerrar la chimenea para que esta se bloqueara y nadie más pudiera entrar por ella.

Los días que siguieron fueron de completa paz, hasta el día en que los gritos de Dora despertando a James. Se escuchaban en todo el vecindario. Eran las ocho treinta cuando me levante debido al griterío de Dora; me bañe, vestí y después bajé al primer piso a desayunar, aun se escuchaban los gritos de Dora regañando a James por tardar tanto en el baño. Agradecí que ella no estuviera en el colegio, o si no mis tímpanos y todos los de la torre de Gryffindor se reventarían. A los pocos minutos James, con cara de sueño y pocos amigos, se sentó en la mesa a desayunar, mientras Dora seguía regañándole.

-No entiendo cómo puedes ser tan perezoso.-decía mientras movía los brazos histéricamente. –y tampoco entiendo que seas tan presuntuoso, por Merlín.

-Ya, ya, mujer, si el chico sólo tiene el sueño pesado y lo de presuntuoso, bueno es guapo tiene que cuidarse igual que su padre. –dijo Charlus guiñándole un ojo a James.

-Claro, tú dices eso porque eres igual, los dos se demoran más en el baño que una mujer. –rezongó Dora.

-No te estreses, Dora. –dije tocándole la mano con cariño. –recuerda que hoy se va uno y sólo te quedara medio trabajo. –los abuelos y Dora se partieron de la risa mientras Charlus y James, me miraban indignados.

-Perdóname por ser tan perfecto. –dijo James, egocéntricamente.

-Perdónalo Merlín por ser tan imbécil. –dije mirando al cielo, bueno en realidad al techo. Los adultos volvieron a reír.

James protestó, pero antes de seguir, la abuela habló.

-Ya, nada de discusiones. Coman que llegara tarde

El resto del desayuno fue tranquilo y sólo se escuchaban las protestas de James y los regaños de Dora. A eso de las nueve treinta salimos de la casa y nos subimos al auto que Charlus había pedido en el ministerio.

Continuará...