I

Un nuevo amigo

El tren escarlata, imponente y majestuoso como siempre, estaba posicionado ya en el andén. James buscaba a sus amigos entre la abarrotada plataforma, a lo lejos vio una mano agitándose entre la multitud y sonrió cuando descubrió que a Remus acercándose a empujones por la plataforma con sus padres pisándole los talones.

-¡James! –gritó al tenerlo a escasos metros de distancia. James corrió hasta él y lo abrazó. –Ellos –dijo Remus y apuntando a dos adultos, agregó –son mis padres. Camille y John Lupin.

James saludó a los padres de James con respeto y una sonrisa en los labios.

-El gusto es de nosotros, James. –dijo John, éste era un hombre alto y delgado igual que Remus, su cabello era castaño oscuro y sus ojos miel y dulces muy parecidos a los de su hijo.

-Remus nos ha hablado mucho de ti y sus otros amigos, James. –comentó la señora Lupin con una sonrisa sincera, agradeciendo de esta forma que ellos aceptaran a su hijo tal y como era. El cabello de Camille era rubio oscuro como el de Remus y sus ojos marrones y delicados.

Sirius gritó llamando a los dos muchachos. Black iba con Peter, que avergonzado le seguía de cerca. Sirius, como siempre, sonreía de forma encantadora.

James estrechó la mano con Sirius y, con una sonrisa tatuada en los labios, abrazó por los hombros a Peter, palmeando amistosamente una de las mejillas del gordito.

-Por qué a mí no me abrazas. –protestó Sirius al ver que James saludaba a los otros chicos con abrazos afectuosos y a él sólo con una apretón de mano.

-No seas marica. –susurró James para que los padres de Lupin no le oyeran.

-Estos son mis padres chicos. –dijo Remus llamando la atención de sus otros dos amigos.

-Buenos días, señores Lupin. –saludó cohibido Peter.

-Hola, señora Lupin, señor Lupin –saludó Sirius educadamente con una inclinación de su cabeza.

-Tú debes de ser Sirius. –dijo Camille acercándose a Black y acariciándole la mejilla de forma maternal.

Sirius afirmó con la cabeza y se sonrojó ante la caricia de Camille Lupin.

-Yo… yo soy Peter. –se presentó el chico a los padres que le sonrieron con cariño.

A lo lejos, Dora, malhumorada, buscaba a James y tras ella íbamos los abuelos, Charlus y yo, pero no sólo Dora buscaba a su hijo, pues, al otro lado de la plataforma, cuatro adultos buscaban a sus escurridizos hijos.

-James, cuantas veces te he dicho que no te separes de mi –regañó Dora a James, mientras la abuela y yo nos reíamos entre dientes.

-Lo siento, sólo viene a saludar a los señores Lupin. –contestó en su defensa James. Dora un poco avergonzada de no percatarse de la presencia de los demás, recobró la compostura y con una sonrisa amable saludó a los presentes.

-Buenos días, chicos –saludó a Peter, Sirius y Remus, luego se dirigió a los Lupin. –buenos días, soy Dora Potter la madre de James, es un gusto conocerlos. –se presentó Dora. – ellos son mis suegros Alicia y Antonio Potter. –dijo apuntado a los abuelos. –Y ellos –dijo esta vez dirigiéndose a mí a Charlus. – Maylin Perazzy, nuestra ahijada y mi marido Charlus Potter.

Todos se presentaron de forma correcta, cuando las presentaciones terminaron, dos parejas se acercaron al grupo, estos eran los padres de Peter y los de Sirius. Se presentaron a los demás, pero, luego de unos minutos, los Black se fueron, en cambio los Pettigrew se quedaron a conversar con los padres de los amigos de su hijo. Yo en mi mundo buscaba con locura a las chicas y por supuesto a Kale, pero nada… no los veía por ningún lado. Estaba demasiado aburrida de la conversación de los adultos y la de los chicos, cuando, a lo lejos, vi la cabellera revoltosa y llamativa de Lily, dejé mi baúl junto al grupo y me fui corriendo a saludarla.

-¡Pelirroja! –grité a unos diez metros de distancia, ésta se giro rápidamente y echó a corre para acortar la distancia.

Me saludó con una sonrisa y un abrazo.

-¿Cómo la pasaste? –le pregunté emocionada.

-Bien y ¿tú?

-Hmmm… bien, ya me amiste con James y todo. –comenté con una mueca divertida.

Oímos, a unos metros, los gritos impacientes de Mari que corría a toda máquina hacia nostras, me apretó contra su cuerpo y apenas fui capaz de preguntarle cómo estaba.

-Bien, bien y ¿ustedes? –contestó, sonriendo de oreja a oreja.

Estábamos poniendo al día a Mari sobre nuestras vacaciones cuando la voz cantarina de Alice irrumpió en nuestro parloteo.

-Hola, chicas –saludó mientras nos abrazaba a las tres de una vez. Algo un poco incomodo he de admitir.

-Me dejas sin aire –dije sin aliento debido al abrazo de Alice.

-No seas dramática. –Protestó Alice –hace más de dos meses que no las veo. –agregó haciendo un puchero

-Ok, ok –accedí y Alice nos volvió a abrazar de forma efusiva. Algo muy propio en ella.

El reloj apuntó las once en punto y los encargados del tren comenzaron a llamar a los pasajeros para que abordaran. Subimos y buscamos un compartimiento para las tres, al final del pasillo visualicé a los cuatro chicos que buscan un compartimiento. Nos adentramos en uno que estaba a tres lugares de la puerta por donde habíamos subido, pero este no estaba solo, un chico de nuestra edad se encontraba dentro, nos miró un poco avergonzado al ver que éramos chicas y nos saludó casi en un susurro.

-¡Hola! –saludó Alice que era la que estaba más cerca del muchacho. – ¿Eres nuevos? –preguntó mientras se sentaba frente a él. El chico asintió con un leve movimiento de cabeza.

-¡Espero que te guste el colegio! –dijo con ánimos Alice y mostrando una de sus sonrisas más dulces.

-Eso espero. –murmuró y se tocó el cabello castaño un poco dudoso.

-No te preocupes –dijo Alice mientras le tomaba la mano. –te va a encantar.

Nosotras mirábamos a Alice con una ceja alzada, ella era adorable con todo el mundo y más con la gente que, según ella, la necesitaba. Había veces que nos asustaba tanta efusividad, entusiasmo y alegría por parte de ella, pero estábamos casi acostumbradas. La puerta de nuestro compartimiento se abrió y cuatro chicos se asomaron por la puerta. Éstos eran nada más y nada menos que James, Peter, Remus y el presumido de Black.

-Hola, chicas – saludó Remus con llaneza.

-Hola, Lupin. –contestaron Lily, Mari y Alice al unísono.

-Hola, niñas. –saludó Peter sonriendo, como siempre de manera amable.

-Hola, Peter. –saludaron las chicas.

-Hola Mari, Alice. –saludó James a las dos nombradas con una sonrisa amable y luego se dirigió a Lily y de forma petulante le saludó. –hola, pelirroja.

Lily bufó y le ignoró por completo, aunque yo y los demás agradecimos que no comenzaran a pelear.

-¿Nos podemos ubicar con ustedes? –preguntó Sirius.

-Ni saludas Black y nos pides lugar. –me apresuré a decir.

-Perdón –se disculpó –buenos días, Alice, Mari, Lily –dijo dirigiéndose a las chicas. –Monstruo –masculló mirándome, le ignoré.

-Claro chicos, pases, pasen –les invitó Alice con su voz amistosa cosa que me molesto. Acaso ésta chica no se deba cuenta que la pobre Lily odiaba a James y que yo detestaba al ego y al presumido dueño de éste: Black, parece que no lo sabía o no le importaba.

Todos se acomodaron un poco apretados, así que James y Sirius se sentaron en el suelo. Nadie recordaba al chico nuevo y esto parecía gustarle, ya que así no había preguntas ni presentaciones que le cohibieran.

-¿Quién eres tú? –inquirió Sirius reparado en el castaño. Él miró nervioso a todos lados tratando de encontrar una salida, pero no había nada que le ayudara a huir, así que y suspiró con resignación.

-Soy Frank Longbottom. –se presentó en un hilo de voz debido a los nervios. Todos lo mirábamos con curiosidad.

-Así que Longbottom –comentó Sirius con las seño fruncido, luego de unos segundos, agregó. –tu madre es Black, ¿cierto?

-Si –afirmó Frank un poco aturdido por la pregunta.

-Me pareció –musitó Sirius y con una sonrisa añadió. –Sabía que había leído tu nombre en el tapiz de la noble familia Black.

"Quemado como todos los renegados. Ya me caes bien" pensó Sirius.

-Y tú ¿Cómo te llamas? –quiso saber Frank.

-Sirius Black.

-Entonces ¿somos como primos lejanos?

-Algo así –afirmó Sirius con una sonrisa. –tengo mucho que preguntarte. –agregó en tono confidencial.

-Cuando quieras. –contestó un animado Frank.

-Presentémonos los demás. –propuso Lily. Todos aceptaron a coro.

Una vez que todos nos presentamos como correspondía, le comentamos sobre las distintas casas del colegio y de qué se trataba; de los profesores y todo lo relacionado con Hogwarts.

Longbottom estaba maravillado con el colegio y todo lo relacionado con este, y sabiendo el significado de las casa, quería quedar en Gryffindor como todos nosotros.

Llegamos cuando el sol ya se ocultaba tras las montañas, dando un toque anaranjado al cielo azul. Hagrid, tan grande como siempre, esperaba a los de primero para llevarlos en las barcas, Frank tuvo que ir con ese grupo.

El camino en los carruajes fue corto para mi sorpresa y alegría, ya que Lily y James habían empezado a pelearse… de nuevo. Las chicas y yo nos sentamos en la parte final de la mesa de nuestra casa. Dumblendore daba el discurso de bienvenida con su sonrisa pura y afable, extendiendo sus brazos, como si de esta forma nos arrullara a todos. La elección comenzó y Mc' Gonagall empezó a llamar a los alumnos de primer año. Cuando ya estuvieron todos los pequeños elegidos le tocó a Longbottom ser asignado. El sombrero seleccionador comenzó a moverse sobre de la cabeza del chico tratando de deducir a que casa debía enviarlo. Había pasado unos dos minutos cuando el sombrero gritó.

-¡Gryffindor!

Todos los leones comenzamos a chillar y a felicitar al nuevo miembro. Se sentó junto a nosotras, ya que los chicos estaban casi al otro extremo de la mesa y al pobre le tiritaban las piernas. La cena pasó tranquila, conocimos mejor a Frank, que nos contó que venía de un colegio de América y que ahora estaba en Inglaterra, por el trabajo de sus padres.

Cuando la cena terminó Dumblendore nos envió a la cama.

-Frank es muy simpático -comentó Alice y su voz sonó amortiguada, pues se estaba poniendo la parte de arriba de la pijamas.

Lily afirmó con una sonrisa mientras salía del baño y luego, agregó

-Es algo tímido.

-Espero que no se envenene con ese dúo –dije refiriéndome a Sirius y James

-Pero son cuatro, May. –apuntó Mari sin entender.

-Si, pero Remus y Peter son chicos… hmmm como decirlo… callados. –respondí. –ellos no se mete en problemas son esos dos los que los meten. Pobres, pobres

-May tiene razón, Peter y Remus son muy tranquilos. –comentó Lily.

Al otro lado de esa misma torre, en el lado que le pertenecía a los chicos, James salía del baño con el cepillo de dientes en la boca.

-¿Gonge eca mi piama? –preguntó. Remus, Peter y Frank no entendieron ni media palabra, pero Sirius, si.

-Está en la mochila de allí arriba. –los otros chicos se miraron preguntándose cómo había sido capaz de entender a James.

-¿Cómo lo haces? –inquirió un sorprendido Remus. –siempre sabes lo que quiere cuando está con la boca llena por comer, o con el cepillo.

-Porque yo también hablo de esa forma, así que sólo tengo que recordar como suenan las palabras y ya. –contestó con resolución Sirius.

Remus le miró y alzo una ceja, sabía que esos eran raros, así que prefirió no agregar nada más. Un fuerte ronquido rompió el silencio de la habitación de los chicos de tercero, todos miraron la cama del pequeño Peter que ya dormía placida y profundamente en su cama.

-Parece un oso. –comentó Frank con una sonrisa.

-Siempre ronca. Ya estamos acostumbrados, sólo tienes que poner un hechizo silenciador en las cortinas de tu cama –explicó Remus.

-Ok, haré eso, porque no me va a dejar dormir. ¿Acaso tiene un monstruo atrapado en la garganta? –Comentó Frank mirando con el seño fruncido a Peter esperando a que el "monstruo" se asomara por la boca del chico, pero ningún salió.

Continuará...