El infierno y el cielo.

Habían ya pasado varias noches desde el encuentro peculiar entre ella y el Chico Semáforo, que después de su pequeña plática con Marcus le pidió al peli-azul que guardara el secreto de sus encuentros, sabiendo después que Marcus estaba muy bien informado de sus salidas nocturnas al cuarto de música con cierto pajarito.

No paró de especular como Marcus había descubierto sus "travesuras" hasta que alguien se aclaraba la garganta, volteó a ver a su feliz amiga, esta ahora arreglada con una mirada un tanto reluctante.

-¿Rave, por qué reemplazas tu cuerpo con tu almohada?, ¿Porqué nunca estás en las noches?-preguntó ella rapidamente, como si tuviera prisa por saber algo.

-Puedes confiar en mí-aseguró la pelirroja, sonriendo un poquito para demostrar su punto, había sospechado que la chica nunca dormía, después de todo nunca tuvo una pijamada en su cuarto de la Torre T antes, pero ahora tenía que comprobar si eran sus pensamientos sobre una sangre vampírica de la chica, o simple insomnio.

No se imaginaba lo que realmente pasaba.

-Es que…estoy teniendo visitas con el senado por…unos arreglos, pero no le digas a nadie Star, y con nadie me refiero que ni siquiera hables-

-¿Por qué?-

-Por que aquí…las paredes escuchan, literalmente-

-Oh…ya veo-

-Ahora duerme Star-comandó ella en voz baja. Starfire acercándose y dándole un beso sonoro en la mejilla,-Te ayudaremos, Raven-murmuró Starfire, sonriendo dormilona ya por las altas horas de la noche, acostándose en la cama rosa; perdió consciencia de todo lo exterior, viajando ahora en un mar de sueños dulces y bonitos.

A Raven le cayó como agua fría. Le había dicho a Starfire que se pondrían a trabajar para deshacer el arreglo de la boda, claro, cuidó de no dar muchos detalles sobre el asunto.

Starfire parecía feliz ante tal acontecimiento, pero Raven sabía que en el interior, Starfie se preparaba para otra batalla. Cierto petirrojo parecía adquirir más seguridad por parte de su novia.

Pero ahora eso no importaba, sabía que de alguna manera Starfire le ayudaría.

De alguna manera sabía que la pelirroja daría un brazo o una pierna por la oscura.

Sabía que ocupaba un lugar en su corazón gigantesco.

No supo si se sentía feliz, triste, con ira, o traidora.

Feliz, por saber que no estaba tan mal como para que una persona tan optimista como Starfire le quisiera.

Triste por el hecho de que tal vez tarde o temprano, a Starfire se le rompería el corazón en miles de fragmentos.

Ira por el simple hecho de que ella sería de las principales cuasantes, después de todo, no importando cuantas veces le disgustaba, quería mucho a la pelirroja.

Triadora…porque sabía muy bien que empezaba a llamar la atención de cierto petirrojo.

Realmente le apreciaba, y saber que tarde o temprano le rompería el corazón…

No.

Nunca…


La meditación se hacía cada vez más intensa, empezando ya a la etapa de magia de curación, desde hace ya varias noches que habían empezado.

En el día, los cuatro titanes dejarían a Raven atrás, mientras ésta arreglaba más cosas de la boda.

En la noche, un petirrojo y un cuervo se encontrarían en la rama más alta del árbol más frondoso.

Un breve momento.

Un poco nada más.

-Ahora concentrate como te dije-explicó ella, mientras con una pequeña navaja cortaba delicadamente su brazo, haciendo una línea de color escarlata en su delicada extremidad, ninguna señal de molestía por su parte.

-Pero sería como hacer trampa, tu cuerpo se cura sólo-

-Por automático si, pero si me concentro no pasa nada, mira, no ha pasado, ya estaría en proceso-

-Ok…-

Acercó su mano enguantada…

-Quitate el guante-dijo seca.

-¿Por qué?-

-Porque en la magia de curación debe ser todo directo, de preferencia, al menos que quieras tardarte en curar, gastando poder que se pudo haber aprovechado-

-Oh…-

Desechó el mínimo pensamiento que se acercaba al particular y frío tono de la oscura.

Más de lo normal, a eso se refería.

Después de quitarselo, acercó su mano temblorosa a la raya roja que representaba la herida de Raven. Abriendo sus ojos como para ver mejor.

Y una pequeña y diminuta luz se creó en la mano de Robin, éste pasando su extremidad una y otra vez por la línea color escarlta, un poco nervioso al ver que la herida no se cerraba, observando intranquilo las gotas color carmín que caían en el piso de ese cuarto.

-No te pongas nervioso, o no funcionará-el escuchó.

Armándose más de valor, trató de aumentar el tamaño de la esfera azul, sonriendo en triunfo cuando la herida se cerraba. Muy despacio, pero se cerraba.

-De acuerdo, para-exclamó ella, mientras retiraba su mano, viendo al chico con ojos conocedores.

-Estás mejorando, pero todavía no tienes mucho control, con un pizca de poder puedes revivir a un muerto, pero el chiste es tener control, por ahora dejemoslo así, porque se que te has cansado-dijo ella, viendo como Robin flexionaba su brazo, su respiración un poco agitada.

Volteó a ver el brazo descubierto de Raven, que muy para su disgusto ahora sólo llevaba una línea delgada que sobresalía de la piel.

Tenía que practicar más.

-Quiero tocar el piano otra vez-dijo después de unos minutos de recarga, viendo a Raven a los ojos, esta asintiendo ligeramente, parándose agraciadamente.

Se sentó en la banca, para luego sacar una libreta de partituras de uno de los cajones que se encontraba a su lado, cerrándolo sonoramente, para luego abrir la libreta y empezar a tocar sin más ni más.

Algo andaba mal.

Las notas ni siquiera considían con lo que estaba escrito en la partitura, el sonido de las teclas rebotando como pelotas en la sala de música, el distante picoteo de los dedos de Raven contra las teclas percibiéndose bajo el sonido del piano.

Se acercó con cautela hacia la oscura, viendo con ojos curiosos y preocupados como los dedos de Raven casi mutilaban las pobres teclas, mientras ella parecía casi desesperada para que alguien escuchara lo que tocaba, tan rápido el cambio de actitud que a Robin le sorprendió no ver media ciudad destruida.

Pasa algo.

Se sentó cuidadoso a lado de Raven, ésta parando bruscamente al ver que el petirrojo le veía con preocupación. El aura que emanaba la oscura era demasiado obvia, y no se pudo dar cuenta si no hasta ahora.

Era de frustación y completa desolación sobre algo, tal vez tuvo una plática con su novia y ahora se arrepentía de sus acciones.

No podía dejarla ir. No quería.

-Adiós-dijo al fin, y Robin notó la singular gota que caía a una de las teclas, para luego darse cuenta de que Raven se paraba.

¿Adiós?

-¿A dónde vas?-preguntó alarmado, parándose subitamente al ver que el objeto de su afección se alajaba del cuarto.

La tomó del brazo.

-Necesito ir a otro lugar Robin-murmuró ella, y Robin agrandó sus ojos en sorpresa, tanto cambio de actitud le preocupaba, hasta que una idea le vino a la mente.

-Estás en ese periodo del mes-dijo al fin, asintiendo con la cabeza, comprensivo de lo que pasaba. ¿Cómo no lo vio antes? Era tan obvio.

Tan obvio pero él tan iluso de los pensamientos de la oscura.

Raven se sonrojó, olvidando por un momento su malestar emocional, para verle a los ojos un momento.

Había olvidado por un momento que, en efecto, estaba en ese periodo del mes, pero sabía muy bien que su comportamiento no sólo se debía a sus hormonas.

-No es por eso- musitó en voz baja, quitando bruscamente su brazo del agarre de Robin, este agrandando sus ojos, una sonrisa creandose lentamente, como para molestarla un poco.

-¿Entones si estás…sangrienta?-

SLAP…

-No te quieras hacer el listo Chico Metiche, no es de tu incumbencia-farfulló con la respiración acelerada, no parando para mirar la roja mejilla del petirrojo. Saliendo del cuarto rapidamente, una pequeña mariposa viajando en su estómago al sentir la presencia de Robin atrás de ella.

Llegaron a la cocina, y Raven casi le cierra la puerta en la cara al pobre pelinegro, este y sus buenos reflejos haciendo todo más fácil…o menos difícil.

Cuando entró al cuarto vio a Raven preparando un té.

-¿Para eso te querías ir? Pude venir contigo y hacer un té para los dos, ya sé que estás medio hormonal, pero eso no significa que puedas hacer lo que quieras, porque realmente es pesado de tu parte…-no pudo terminar su disconformidad cuando el sonido de un vaso rompiendose se escuchó en la cocina.

Sintió algo cálido y carnoso presionarse a sus labios, pero no pudo darse cuenta de que era cuando el sentimiento se esfumó, tan feroz y rápido que le ardieron los labios.

Le quemaban.

-No. Te. Importa-dijo una voz.

Su cabeza se sentía como ligera, y la abrupta necesidad de esa cosa que había sentido en sus labios le hizo acercarse al objeto de la fuente de tan intenso calor.

La empujó con todas sus fuerzas a la mesa de chocolate oscuro, como si estuviera en un trance, mientras movía sus labios como experto. Circulando la delgada cintura de la oscura en condición de acercarla más.

Su pequeña batalla siguió por unos momentos más, el petirrojo recorriendo con sus manos enguantadas la espalda de la chica, mientras la acómodaba mejor en la mesa, subiendo él también, quedando parcialmente arriba de la oscura, sin interrumpir un segundo su batalla de lenguas.

Sus manos se movían en condición de desvestir, la cuervo jalando expertamente la playera del chico, mientras este desabotonaba el vestido de dormir. Ni una vez parando para respirar, los dos portando un buen merecido sonrojo que se expandía por otras partes del cuerpo.

Y ahora cambiaron las jugadas, mientras éste desataba su lengua y ahora la viajaba por el cuello de la oscura, mordiendo para dejar su marca mientras sentía que la chica también la dejaba, uñas filosas viajando y raspando su espalda. Terminando de quitar el camisón, mientras la chica, en un simple segundo, quito la playera del chico, deshaciéndose segundos después de los guantes tan molestos en ese momento.

Tocaron, exploraron, disfrutaron, pelearon, dominaron.

Y todo por un simple desacuerdo de té.

Y otras cosas también.

Después de que casi, casi terminan teniendo sexo, el cansancio y la falta de oxígeno al fin se hicieron dominanates, los dos colapsando en un nudo de extremidades, respirando hondo y profundo.

-Me deje llevar-musitó una voz femenina, como arrepentida de su aventurita a la cueva de alguien más.

Sacudió su cabeza por el doble sentido que se le venía a la mente.

¡Nunca le había pasado eso!

-¿Dónde aprendiste a besar?-una voz masculina exhaló en su oído haciendo que esta temblara por las cosquillas, el chico sonriendo pícaro.

-¿De qué hablas?-logró decir lo más inexpresiva que pudo, que no funcionó mucho, su respiración agitada no ayudaba en nada.

-Tú me escuchaste-alcanzó a oír, el mismo aliento viajando ahora por su cuello, haciendo que unas hormiguitas viajaran por su cosquilluda parte corporal.

-Jonathon-dijo al fin, un tono escondido en sus palabras.

Retándolo.

-A mi me enseño Starfire-refuró él con desidia, acercándose más a la masa corporal que era la princesita de hielo.

Tal vez en vez de hielo ahora era de lava.

…Mmmm.

-Con razón-bufó ella en disconformidad, como si todo el acto no hubiera sido de su agrado, sabía que la extraterrestre tanía habilidades con la boca, pero el chiste era molestar al Chico Semáforo.

-¿Cómo sabes como besa ella?, ¿Por qué nunca me invitaron a sus excursiones?-preguntó fastidioso, mientras movía sus cejas de manera sugestiva, trazando la mejilla de porcelana de Raven con su húmeda lengua.

-…Pues…Pues porque aunque no lo creas, todos poníamos atención cuando se ponían…románticos en la cocina, tu parecías to-tocar el cielo con la lengua…literalmente-no quería que saliera tan cortado su tono, pero las maravillas que hacia Robin a su cuello eran demasido crueles…

Que ironía.

-Si era el cielo… pero me gusta más lo caliente-

Oh…Azar.

No supo que decir, porque ese sabor de menta inundo sus labios otra vez.


-Entonces ¿Qué es esto, Raven?-preguntó Arella conspiracional, tomando un pedazo de tela negra que yacía ahora en la mesa de la sala de conferencias. Raven agrandó sus ojos como platos por un segundo.

-¿Me vas a decir?-

-…Si-

-Entonces-

-Un accidente…-

El simple y diminuto levantamiento de una de las cejas de su madre hizo que tragara como protagonista de película de terror a punto de ser atrapado.

-Un accidente-repitió Arella escéptica.

-Si-

-¿Y cómo fue eso?, parece que la tela fue arrancada…Raven, dime que fue lo que pasó, ¿te has peleado con alguien?-

Pues de alguna manera si, pero no le diría que fue más faje que pelea.

-No, no he peleado con alguien, no te preocupes mamá, estaba meditando y parece que no lo hice bien, un objeto vino volando y me arrancó ese pedazo del camisón-su tono cambió drasticamente para dar a entender que estaba realmente apenada, como si el perder el control no hubiera sido su culpa. Arella sonrió tristemente hacia su queridísima hija, acercándose a ella y rodeandole con sus brazos.

-Se que esto ha sido muy dificil para ti Raven, pero no te preocupes, ya veras que todo estará bien tarde o temprano-murmuró en los cabellos violetas de su hija, mientras Raven sonreía truinfante sobre su pequeño escape. La sonrisa más bien como una línea racta en sus labios. Apenas visible.

-Disfruta mientras puedas…-dijo su madre en una voz casi inaudible, haciendo que Raven agrandara sus ojos como platos, no pudiendo luchar con el color rojo manzana que se quería ir a vivir a sus mejillas.

Su madre sabía.

-Ten cuidado-volvió a susurrar, mientras se separaba, mirando a Raven con una sonrisa pícara.


-Robin, ¿por qué bostezas tanto?, ¿por qué ya no estás en las noches?, ¿Por qué no le puedo ganar a Cyborg en wii Tennis?, ¿Por qué no hacen tofu en la cocina?, ¿Por qué…!-

SLAP…

-Calmate Chico Bestia, sólo le preguntamos lo que él sepa, pero ahora que lo mencionas, también nos podría decir porque apestas en wii Tennis-

Chico Bestia bufó en descontento, sentándose a un lado del petirrojo, olvidando el claro insulto de Cyborg para ponerle atención al Chico Maravilla.

-No he podido dormir muy bien, así que he estado visitando la cocina para comer algo que me de sueño-

-Pues parece que comes toda la noche entonces, porque nunca llegas-bramó el verde, mientras se cruzaba de brazos en sospecha de su amigo el semáforo, éste sonriendo por el comentario de Chico Bestia, intercambiando miradas con los mismos sonrientes ojos de Cybrog, que se contornaban en una "n".

Sus caras más que obvias ante al comportamiento del verde.

n.n

-Te pregunté algo hermano, no te sonrías porque realmente nos tienes preocupados-bufó él, mientras toda la cálida atmósfera se diluía en el aire, haciendo que Robin se pusiera algo nervioso e incómodo por la pregunta.

-No es eso…es que no puedo dormir, eso es todo-explicó en vano, mientras jugaba un poco con los bordes de su almohada, no viendo a los ojos a ninguno de sus compañeros.

Se paró de la cama para desvestirse y cambiarse a unas prendas más cómodas, mientras Chico Bestia balbuceaba algo incomprensible, quitó su playera y la dejo en un cesto cercano, abriendo el cajón de su ropa y sacando su pijama.

Cyborg frunció el entrecejo, había rayas rojas cruzando la espalda de Robin, poco visibles, pero el las veía. Pensó que tal vez Starfire se cobraba los tantos momentos separados que habían pasado, pero la chica era alérgica a las desmañanadas, se pnía irritante si no dormía por al menos 9 horas...

Alguien más...

Se volteó rapidamente cuando el chico se acercó nuevamente a la cama, ya listo para dormir, desoblando las sábanas y en el proceso de acostarse.

-No nos estas diciendo algo hermano, y lo vamos a descu-

-¡No es nada, entienden!-dijo repentinamente, había olvidado por un momento que tenía los raspones que le había dejado Raven, y sólo recordó cuando por un mínimo segundo, miró la cara de Cyborg.

Le estaba mirando la espalda.

Las caras sorprendidas de sus dos amigos le hicieron caer en la cuenta.

-Lo siento-murmuró incómodo.

-Parece que el no dormir le está afectando el ánimo-conjeturó Chico Bestia, mientras se paraba de la cama como si fuera de carne, pasándose a la suya y acostándose de brinco en las suaves sábanas verdes, cerrando sus ojos, terminando la discusión.

O más bien saliéndose de ella

-Algo te pasa, viejo, sólo te preguntamos porque nos preocupas-se quejó Cyborg en voz baja, como si lo que hubiera visto ya no importara, y Robin hizo una cara de lamentación, pero antes de poder cerrar sus ojos para descansar, vio un tintineo resplandecer del ojo humano de Cyborg.

Ese tintineo.

Su mirada firme y conocedora, calculadora y adivina.

Tenía rázón.

Debía tener más cuidado con sus salidas en la noche.


-Parece que estamos encontrando un patrón en los diferentes lugares que hemos visitado durante este lapso-dijo Airin en tono superior, mientras se balanceaba en su silla divertidamente, jugando con un aparato raro de origen desconocido (-Espero que no te lo hayas robado Airin-especuló Arella en tono de negocios)

El carcelero oscuro sólo rodó sus ojos en descontento –Es la gran cosa-exhaló él con sarcasmo, mientras tomaba un sorbo de su té, absorbiendo el dulce aroma de limón.

-Pues más grande que el tuyo, si-sonrió retadora la ángel traviesa, mientras veía con parsimonia las partes bajas del ángel, haciendo que este se zarandeara en su asiento en disconformidad.

-Como sea, estamos llegando más cerca, sólo nos faltan unas millones de dimensiones más por revisar-dijo Mika'il con tremenda y calmada voz, como si millones para el fueran pocas, lo cual tal vez era posible –Además, yo tambíen estoy poniendo mis cartas en la mesa-declaró.

-¡Eso está super! Ahora tenemos más posibilidad de encontrarlas, como Azar (Diosa, que su alma sea bendecida) (1) ya pasó a nivel más alto, a Mika'il le dejaron el de ángel de los tiempos y espacios-

-Ohhh- Los demás senadores alabaron, mientras felicitaban al senador por su truinfo en unir sus tropas en tan demoniaca pero noble recuesta.

-Eso es muy bueno-alcanzó a murmurar Arella, el simple hecho de que la esperanza crecía hacía que las cosas se vieran de un color más tranquilo, por no decir vivo.

Después de un rato dejaron a Raven pasar en su recuesta de entrada, ya que se había quedado afuera con el hechizo en activado contra los supersensibles oídos del Ángel caído, habían decidido decirle a Raven sus planes desde el día en que Mika'il le había informado sobre algunos aspectos de las conferencias nocturnas, ahora dejando que la hechizera hiciera el tan dificil encantamiento de bloqueo, que para ella no había sido más que una pequeña competencia.

Realmente había sido bueno tener poderes demoniacos.

-Me fue bien en las clases de baile- murmuró ella, mientras su cara se contornaba en una de clara molestia, un ligerísmo color adornando sus mejillas, si no fuera tan pálida dicho sonrojo ni se hubiera notado.

-Eso es muy bueno Raven-sonrió suave su madre, era una sonrisa divertida pero discreta que plantaba en su faz. Le había pedido a Raven sólo hace unas horas que cualquier cosa que se le interpusiera, la chica disfrutaría lo que pudiera de ello, y luego le contaría como le fue.

Sabía que la chica no era de esas, pero… ¡Se veía tan tierna cuando decía esas cosas!

El repentino discurso que empezaba a dar Ste'fan le sacó de sus pensamiento maternos y dulces que tenía, escuchando con oídos atentos a la explicación de las cosas con Mika'il y la nueva tropa que se les unía a la búsqueda del hechizo, de una vez aprovechando la presencia de Raven, ésta hace unos momentos haciendo el encantamiento de bloqueo para discresión.

Cuando hubieron terminado pasó algo que hizo que todos sonrieran tiernamente en respuesta.

Raven sonreía un poquito más.


Supuso que cada regalo venía con un precio, este no era tan malo, pero había una diferencia.

Ya no se sentía tan correcto en esta situación.

Había empezado todo cuando salieron nuevamente con Christ, fueron a visitar una ciudad pequeña y tranquila de la cual habitaban descendientes de humanos y magos alrededor de la dimensión. Christ les contaba todo lo que podía sobre el viaje, lanzando discretas miradas hacia la pelirroja, que no eran de uso porque todos notaban como mojaba el piso con la baba que salía de su boca.

Varias veces era tan altenero como para coquetear enfrente del novio, Starfire con su cara de arrepentimiento por tal suceso.

A Robin no le había pasado por la cabeza, hasta que Cyborg le dio un doloroso piquete en las costillas, como para recordarle que no era soltero por el momento.

Pero era tarde, todo estaba hecho y no cabía duda de que Starfire ya no estaba tan segura.

Visitaron algunas plazas y descubrieron cosas nuevas, escucharon nuevos chistes de Chico Bestia y conocieron personajes importantes de la historia en aquella dimensión.

Después de haber pasado un buen rato caminando y disfrutando, decidieron comer en un pequeño restaurante de comida tradicional. Ordenando animadamente diferentes platillos exóticos de los cuales no sabían si iba a ser algo bueno o asqueroso.

Y de pronto se dio cuenta.

La mirada un tanto esperanzada de Starfire hacia su persona, la manera en que parecía esperar algo con ansias, el repentino picoteo de algo contra su corazón.

Culpa.

Ya desde hace días que no trataba a Starfire como la novia que le era, un rápido beso en las comisuras de los labios y nada más, viendo como la extraterrestre se alejaba después un poco decepcionada ante tal antipático comportamiento hacia su delicada persona. Parece que el aconteciemiento de hace unos momentos si lo había entendido.

No era correcto, no lo era, y no admitía es picoteo al corazón, estaba reluctante, como si no quisiera del todo hacer algo con ella, como si la pasión que antes sentía se fuera diluyendo en el río de la indiferencia, éste llevándose todo consigo.

Sabía que Starfire tenía un lugar muy preciado en su corazón, pero dudaba que fuera el mismo que sentía sólo hace unos cuantos meses.

Starfire ahora ya no estaba en el penthouse de su corazón.

Y ahora estaba aquí, en un oscuro callejón.

Comportandose como lujurioso, presionando su cuerpo contra el de la pelirroja.

Viajando manos enguantadas contra la morena piel que se aferraba a él, trazando dulces y finos cabellos color fuego, mientras que su mente no podía resistirse a los estimulos de la talentosa boca de la extraterestre.

El dulce sabor de duraznos inundando su boca como un río de dulce brisa en la mañana.

Si era el cielo.


Estaba en el infierno.

Le quemaba.

Le ardía.

Pero quería más.

Su respiración se cortaba mucho, recorriendo con su lengua la húmeda cueva, explorando, saboreando, tan caliente sentía todo su cuerpo, la necesidad de romper sus ropas con tal de que el placer no se terminara ni un segundo, escuchando con oídos agudos como las teclas del piano eran apretadas por los redondos y grandes gluteos de su pequeña compañera de juegos.

Cortados gemidos saliendo de la chica en frente ella, él trazando esas curvas con sus manos; sin guantes, sin interrupciones.

Apretando, soltando, trazando, suavizando.

Toda una obra de arte en sus manos.

-Ah… ¡Nn!-

Oh, Dios, como amaba esa voz, fría pero tan llena de fuego, llena de todo, un jadeo saliendo de su propia boca, mientras se aferraba más al cuerpo ahora sonrojado y rojo de la princesa de lava. Ella un poco reluctante cuando empezaron, no pudiendo detenerse cuando los labios del petirrojo chocaron contra los de ella, un sonoro "smack" surgiendo de sus labios unidos. La chica ahora con sus brazos alrededor del cuello del chico, sin detenerse, mientras de movimiento automático friccionaba sus caderas contra las del chico, un jadeo saliendo de sus labios.

Le drogaba.

Le hacia mal.

Iría al infierno.

Pero había estado en el infierno antes… así que no importaba ya.


Bueno ahí lo tienen, un regalote después de tanto esperar, después de las indirectas, de los cambios, de todo.

Espero que con este capítulo realmente todos lo que lo lean me dejen un review, si no recibo 10 tardare en actualizar, porque recuerden:

Se quienes los leen…o al menos cuantos XD.

Espero que lo hayan disfrutado, y si hay problemas me lo dicen.

Los escucho a todos.

(1): Hay a veces tradiciones de mencionar una frase o bendición cuando alguien ya no está, como en la película de el Diario de la Princesa 2, que cada vez que mencionan al rey, exclaman: Que descanse en paz o algo por el estilo, no recuerdo bien de todos modos Xd.