Espejismos que no desaparecen.
La fuerza era completamente diferente, era destructiva, era como un imán.
La volvía loca.
Pero no podía parar, sucumbiendo su cuerpo a las delicadas caricias de cada uno de ellos, desde las manos de Starfire hasta los labios de Chico Bestia. Eran indispensables en su pequeña travesía fuera de la depresión negada (seguía igual) que tuvo desde que desaparecieron…
Ni siquiera podría pensar en ellos sin explotar en un sinfín de emociones que sabría dejarían a todos a sus pies; con ojos en silecioso reproche, vacíos de toda vida. (Sospechaba que de alguna manera…Starfire y Chico Bestia sobrevivirían al jaleo)
Sabía muy bien que algo había cambiado con ellos; desde su manera de expresarse hasta su encanto.
Siempre se percató, aún en los confines de su mente, que Starfire y Chico Bestia podrían tener el mundo a sus pies si el deseo se creaba dentro de sus inocentes mentes.
Pero nunca supo que también la tendrían a ella.
Algo había cambiado en los dos. Algo que los hacía etereos y completamente maravillosos, como un brillo invisible que viajaba por sus poros, haciendo que temblara por la brisa suave que la acariciaba. Eran fuera de este mundo.
Supuso que el cambio tenía que ver con su desaparición de casi un mes, o tal vez era el simple e irrefutable hecho de que los quería más de lo que había pensado previamente. Y su manera de verlos era un esperado comportamiento después de estar tan sola por tanto tiempo.
Ni siquiera se lo creía ella misma, recordando en un mar de imágenes lo que ahora disfrutaba más que un buen libro de literatura victoriana.
Los rulos de Gar (había pedido que lo llamaran así) brillaban con una luz tan mesmerizante, tomando diferentes tonos dependiendo de la luz en la que estuviera; platino, dorado, cenizo. Y sus labios rosados la tendrían distraída solo porque estaban ahí.
La piel de Starfire brillaba como bronce y su cabello se tornaba sangre, fuego, carmín y de miles de tonos como el de Gar.
Descartaba obviamente los encantos de Starfire, y no porque fueran menos, si no porque ella era una niña como ella. (Aunque sabía que después de esas semanas a las que se acostumbro a la irresistible presencia de sus dos amigos, Starfire se iba de noche a pasear a un lugar que sabía muy bien olía a sangre y a la esencia de Jonathon)
Los dos eran tan…
Fuera de las especies humanas que había conocido (fuera de los tamaranianos que había visto también)
-Te besaré-le dijo el clon de Chico Bestia (todavía no estaba segura de que fuera él).
Siempre trataba de alejarse, de tener un poco de cordura y tener bien firme la noción de que su corazón estaba en las manos de alguien más. Pero había una fuerza que la ponía vertiginosa, la mareaba y la dejaba tirada para estar completamente a la voluntad del cuerpo del chico de ojos azules y cabellos dorados.
Nunca pensó sentirse así por Chico Bestia, era irónico, era improbable.
Era completamente real.
Así fue como se dejo de los besos lentos, abiertos, húmedos y calientes de Chico Bestia, y la imagen de Robin se formaba en su cabeza, peleando por su atención, pero ganaba Chico Bestia por simple presencia.
Realmente tendría que explicarle mucho a Robin cuando llegara.
-Lo que hacemos es simple y sencillo apoyo en reciprocidad-le explicaba Chico Bestia (su vocabulario había aumentado drasticamente), trazando sus manos sobre los senos de Raven.
Poseía una ligereza…una ternura que era irreal, una delicadeza que le hacía dudar aún más.
Porque Chico Bestia no podía ser de esa manera.
Pero en ese momento no importaba, porque su mente se concentraba más en la boca del chico, tratando de no derretirse por las habilidades que tenía éste con sus labios. Los pequeños pulsos de temperatura que mandaba su lengua a la de Raven la tenían con una sed de más, su mente se nublaba de tal manera que la respiración ya no se hacía necesaria y sus ojos se dilataban en puro placer.
Y cuando terminaban la dejaba raramente vacía e inutil, como si el simple beso haya sido más que por terapía, por razones completamente diferentes a una relación que consistía de sentimientos entremezclados.
Como si Chico Bestia lo hiciera por algo que no tenía nada que ver con la desesperación de los dos.
-
-Van a atacar en dos días-dijo Starfire, una mano hecha puño encima de la mesa y la otra bajo ésta. Muchos sospechaban que tomaba la mano de Jonathon.
-¿Cómo podemos estar seguros de que la información no es falsa?-inquirió Ephrem, paranoico después de la traición y petulante ante cualquier situación que demandaba confianza.
-Tenemos nuestras fuentes-se limitó a decir la chica, viendo conspirante y confidente a todos en la sala.
Los del senado se habían resignado desde hace unas semanas a la información limitada que obtendrían de los dos nuevos guerreros, sabiendo que si preguntaban por más lo único con lo que terminarían sería con los oídos vacíos y gaste de energía. Claro, eso no los detenía de ponderar en la privacidad de sus propias mentes.
-¡Ni siquiera estamos seguros de que sean ustedes y nos piden que no inquiramos más de lo necesario!-
-Ya lo habíamos hablado Ephrem, estamos seguros de que son ellos, aún cuando no podamos traspasar sus paredes mentales para comprobarlo; Yibril está muy seguro de que son ellos-
-Pero…-resignado y sin mucho aire en los pulmones, Ephrem guardo silencio, sentándose nuevamente y observando molesto la madera de la mesa.
-¿Qué haremos?-preguntó Airin, volviendo su atención al tema en mano.
-Haremos muchas cosas-
La sonrisa triunfante de Starfire hizo que los del senado se alejaran un poquito, sonriendo nerviosamente en el proceso.
-Lo único que necesitaremos será algunas creaturas del Zoológico Universal y lo tenemos todo listo-
No se molestaron en preguntar para que.
-
-Algo te está molestando, Raven- ni siquiera era una pregunta, lo cual ponía a Raven en una situación un tanto incómoda.
Siempre le había desconcertado la manera en la que Starfire había llegado a leer algunos de sus inexpresivos gestos por más que los escondiera, pero no le molestaba porque la chica solía no mencionar nada por el miedo de que algo explotara cerca de su cabello, prefiriendo callar cuando la curiosidad se hacía fuerte al ver las distintivas etapas en la personalidad de Raven. Había usado ese miedo para su propio beneficio, y así Starfire solía no meterse en los asuntos ajenos. Pero ahora; se había vuelto lúcida y confidente, con su misma personalidad noble, gentil, y animada, con la única diferencia de estar segura de sus acciones, como si supiera exactamente lo que pasaría después. Lo cual le sacaba el aire a Raven cada vez que lo recordaba.
-Será tu pequeña travesía con Chico Bestia-esa sonaba como pregunta, pero Starfire sabía mejor, lo peor de todo…
Era que Raven también lo sabía.
No dijo nada, muy en cuenta de que Starfire ahora parecía la luz de la sabiduría misma, como si nada se le pasara por su antes ingenua y tenaz mente. Era contrastante con la Starfire que había conocido cuando tenía doce años, tan inocente e ingenua.
Y aquí había una persona completamente diferente.
-No estás haciendo nada malo-le explicó. Pero Raven de cualquier manera dudaba, inconcientemente recordando los pasados prejuicios que tenían los de la ciudad con "La Demonio", lo cual le dejo vulnerable ante cualquier cosa que pareciera no ser buena del todo.
¿Quién eres tú para decírmelo? Su mente se preguntaba con desidía, auto-reproche que contenía miles y miles de adjetivos despectivos que señalaban poca integridad moral; se los repetía hasta cuando lavaba sus dientes, a ver cuando se le pegaba la descripción a la mente. Pero no sólo para que lo viera la demás gente, sino para ella misma. Tendría que deshacerse de todos los espejos de la ciudad para que estos no le tormentaran con su simple presencia.
Luego supo que sería mejor encarar lo que le viniera en frente, sin dar la espalda o evitar el enfrentamiento.
-Es una lástima que sigas metida con esa manera de ser tuya-
-Déjame, Clon-farfulló lasciva, observando los ojos agrandados de Starfire, que después sonreía serena.
Celestial.
Tragó sonoramente saliva.
-Eres mejor de lo que piensas, sabes eso ¿no? No te puedes hacer la víctima en tu mente por el simple hecho de que gastas tiempo y neuronas para algo tan trivial como eso-
La revelación le dio una cachetada que hizo que le doliera el cerebro.
-Te sugiero que mejor dejes llevarte por la situación y luego piensas en eso, tenemos mucho que hacer para pasado mañana y no podemos dejar de usar tu inteligencia para ver si eres un zorra o no,…¡Pero! Si realmente lo quieres saber yo te lo diré Raven. ¡No lo eres!-
No lo podía creer, su propio subconciente le escupía en la cara todo lo que ella nunca se pudo admitir. Tanto el comportamiento de víctima o el tan famoso self-pity, como la tenacidad mañosa que adquiría por infantil negación de los hechos.
Esta Starfire la dejaba con la boca abierta y con cara de a seis.
Ocultó su sorpresa ante las verdades con algo que consideró ser anticlimático y completamene fuera de personaje–Dijiste zorra-
Starfire volvió a sonreír, parándose de su cama rosa pastel y sentándose a lado de Raven, pasando una mano por el cabello de la chica, haciendo que esta instantaneamente se relajara con la caricia. Como aquel enfermo cachorro. Era una de las caraterísticas de esa Starfire, que trataba a todos con suma delicadeza, como si fueran pequeñas creaturas que necesitaban de su ayuda.
-Yo se que quieres a Chico Bestia como un amigo por el que darías la vida, el lo sabe, Robin lo supo, y te aseguro que eso no va a cambiar tus sentimientos por Robin-notó que Starfire acentuó su punto con el verbo en pasado que se ataba con Robin, lo cual la hizo más sospechosa ¿Cómo sabía con exactitud que Robin tal vez ya no era más que medio cuerpo comido por los gusanos?
Pero no dijo nada, supuso que esta versión de Starfire quería molestarla con recuerdos que todavía la dejaban sin respiración en las mañanas. (Por razones tanto sangrientas como apasionadas)
-Lo único que estás haciendo en este momento es aferrarte a lo poco de cordura que sé que te queda en esa mente tan peligrosa que tienes en la cabeza-
-Todavía dudo poder confiar en ti-dijo Raven, tratando de cambiar el tema a uno que no le pusiera los bellos de punta, pero gruñó por la bajo cuando Starfire parecía no querer cambiar de asunto; antes de que la susodicha pudiera decir algo la interrumpió.
-Ya se. Me dejo de esta locura y todo arreglado- Y si llego a ver a Robin le diré de mis pecados con la sinceridad que se merece.
Si es que lo llego a ver otra vez.
-No lo entiendes ¿verdad? Tú no amas a Chico Bestia, y es por eso que lo usas como un arco que te permite soporte en el mundo de los vivos, en el mundo de los que sienten; Raven, a veces es exasperante ver que cada cosa que haces la relacionas con algo malo-
Raven no dijo nada, muy ocupada con el tono que llevaba Starfire más que por lo que había dicho. Sus palabras habían tenido su misma paciencia de los años en que la conoció, pero también tenían un tono patronizador y estricto, como aquella madre que le explica a su hija de cinco años los buenos hábitos que debe adquirir con el paso del tiempo.
-Tú no eres Starfire-trató en vano, queriendo salirse del tema principalmente por el tono que llevaba Starfire en sus palabras, ese dejo escondido de algo que vivía dentro de ella.
Algo que antes no estaba.
-Jajaja, eres tan increible-rió la chica, nunca negando la premisa de Raven, lo cual la ponía más reluctante de lo que ya estaba, escuchando la foma usual de hablar de la pelirroja, con ese escondido misterio que la hacía completamente otra en sus ojos.
-Yo soy yo, Raven-le aseguró, pasando sus manos nuevamente por el cabello de Raven, efectivamente calmandola de lo que sea que iba a decir.
-
El dolor era insoportable, como si pequeños clavos viajaran por sus venas, rasgando lo que fuera que se encontrara en el camino.
Ni siquiera el incidente de sus poderes desatados la había dejado tan débil fisicamente, y por más que trataba de filtrar su poder, el dolor seguía tan feroz y horripilante como había llegado.
Sollozó miserablemente en la oscuridad, tratando de que sus pequeños gemidos no llegaran a los oídos de Starfire, que dormía serenamente en su cama rosa pastel, ilusa del mundo exterior.
Pero duele tanto.
Trató nuevamente, agarrando las sábanas de la cama y apretándolas en silencioso grito de angustia, perfilando algo de su poder para bajar algo del dolor, al menos así se haría más soportable.
No quería despertar a Starfire.
No confiaba en la persona que dormía no menos de tres metros lejos de su propia cama. Se acostó lentamente al ver que el dolor ya no la hacía gritar, aún así no hizo caso de las lágrimas que sentía bajar por sus sienes.
Me he sentido peor que esto, lo puedo manejar.
Su nueva mantra se pegaba a su frente, mientras su respiranción se equilibriba, con un poco de cordura manejada trató de desconectarse de su cuerpo para dejar que este sufriera sin que su mente se dañe con cualquier cosa irreparable.
Así, con su forma de cuervo salió de su cuerpo.
Trató en vano de viajar por los pasillo del edificio, ignorando los gritos metafóricos que le mandaba su cuerpo, pidiendo misericordia con el fuerte dolor que rasgaba a sus extremidades; con un suspiro de reluctancia regresó a su cuerpo, y aún con el dolor que lo inundaba, logró una ligera siesta que al día siguiente la dejo decaida.
-
-Duerme mucho, y si no está con Chico Bestia haciendo quien sabe que cosa, está en la ventana y siempre mirando a las orsas rojas de fuera, me preocupa mucho Yibril-le dijo Starfire al chico de las túnicas pesadas, tomando un sorbo de su té y mirando al ángel con algo que decía "dame respuestas".
-El proceso es muy difícl Starfire, es como querer mezclar agua con aceite, tarde o temprano se separan-
-¿Pero con Raven funcionara?-
-Por supuesto, es una falta que estamos dispuestos a realizar, aunque va a ser difícil-
-¿Crees que lo pueda sobrevivir?-
-Si, o eso esperamos-
-Yibril, se ve débil cada día que pasa, y cada vez duerme más, la última vez que la vi comer fue hace dos días, y ni siquiera pudo dejar la comida en su estómago…-su tono era preocupado, y la confidente mirada que había obtenido hace unas semanas ya no estaba al frente de su expresión.
-Prométeme que va a sobrevivir el cambio-le imploró al chico, sus ojos brillando con lágrimas que no quieren derramarse.
El chico asintió.
-
Era tan bizarro, y completamente nuevo. Vivir a la voluntad del cuerpo de Chico Bestia, como si fuera su píldora antidepresiva, que en realidad sólo parecía funcionar cuando el chico estaba ahí.
Las demás veces sólo quería dormir hasta que él llegaba a su cuarto, con una taza de té y pan tostado, todos los días.
Lo único que alcanzaba a digerir era el té.
Después de estar acostada por tanto tiempo decidió probar su fuerza, y como gato se deslizó en el regaso del chico, bebiendo de su frío cuerpo. Notando vagamente la falta de calor corporal que ahora parecía caracterizar al chico de los rulos dorados.
Dudosa tocó el hombro del chico, acercando sus labios a los de este y hundiendose en ese paraíso que era la boca del muchacho.
En esa particular píldora contra la depresión.
Se separó de él cuando algo explotó en el cuarto, y con idénticas miradas voltearon al ver el escritorio hecho pedazos alrededor del cuarto.
-Hoy habrá un tormenta- le dijo al rubio, pasando sus manos por los hombros del oji-azul.
-Aprovecharé para drenar mi poder, ya que no he tenido tiempo de meditar-
-Si has tenido tiempo de meditar-le dijo al oído, la brisa de su aliento trayendole un sonrojo a las mejillas.
-Tienes razón-no había porque negarlo, era la verdad, estaba muy ocupada durmiendo, teniendo pesadillas y comiendose a Chico Bestia como para pensar en sus poderes que se desparramaban.
-Pero no importa-la frase era extraña saliendo de su propia boca.
Por que las cosas siempre importan.
En ese momento parecía que no tenía tiempo, deshaciendose de ese pensamiento y disfrutando de su medicamento.
La culpa ya ni siquiera se había puesto frente de ella.
-Te estoy usando-le dijo entre besos, causando que el rubio riera ligero.
-Yo también, así que estamos a mano-le respondió, regresando a sus delicadas pero firmes caricias con el cuerpo que tenía encima.
-
Después de una ducha y tres horas de siesta decidió salir para filtrar su poder, sabiendo muy bien que el día siguiente tenía la probabilidad de ser el último.
Y no lo volví a ver. Se dijo asímisma al salir del cuarto (en ese momento no sabía si hablaba de Robin o de Chico Bestia. Caminó tranquila hacia la salida del edificio.
Una mano en su hombro la saco de su discusión mental, volteó y se encontró con los ojos verdes de "Starfire".
-¿Por qué no mejor meditamos?-le preguntó serena, su mano todavía en la curva del hombro de la oscura, como para detenerla.
-Mañana va a ser un día muy ajetreado-decidió responder, encogiéndose de hombros para que Starfire quitara su mano, pero ésta se veía persistente, y aún con el movimiento mantuvo su mano en el mismo lugar.
-Si, por eso creo que meditar sería más conveniente, tú sabes, para los nervios-anotó la pelirroja, tranquila, animada pero con un tono patronizador que a Raven ya le molestaba. Y como siempre ese sentimiento de que no hablaba con Starfire la puso paranoica. El problema era que "Starfire" nunca le había dado una señal de ser mala.
-De acuerdo-decidió seguir su juego por un momento, las dos caminando hacía el cuarto en silencio relativo.
Al llegar se acercó a la ventana lentamente, probando su teoría.
-Creo que te enfermarías si sales ahorita, ¿Por qué no empezamos la meditación?-preguntó dulcemente Starfire, sonriendo de manera que sus ojos estuvieran parcialmente cerrados, aún con esa sonrisa Raven pudo ver el nerviosismo que escondía.
Había algo en la lluvia…
Pero el pensamiento se fue tan rápido como vino, supuso que era la culpa de la poca comida que había digerido en esas semanas, concluyendo que su debilidad mental se debía a lo débil que se encontraba su cuerpo.
-Ok-respondió, flotando cerca de Starfire y murmurando la mantra que ahora se le hacia rara a los labios.
-Azarath, Mitrion, Zinthos…-después de un largo momento peleando por su concentración, al fin empezó a sentir que las cuatro paredes del cuartro se deshacían en miles de colores, trayendola a un sinfín de vacíos con estrellas tintineantes que le calmaban las dudas de todo lo ocurrido: como la nueva aura que presentaban sus dos amigos, el misterioso plan de no dejarla salir en esa tormenta, las miradas diferentes de Yibril y las dos marcas en el cuello de la pelirroja.
Después de un tiempo indeterminado abrió sus ojos, notando la falta de sonido en el cuarto al ver que las gotas de la tormenta ya no se escuchaban, viendo que el cielo en vez de un morado grisaceo ahora era completamente violeta.
-Supongo que estás lista para mañana-conjeturó la morena, tomándole la mano y llevándola a la cama.
-¿Qué haremos?-preguntó Raven, sintiendo que su mente se despegaba de su cuerpo por el repentino sueño que invadía su cuerpo. Las manos de Starfire peinaban su cabello, calmandola más y metiendola a un trance de tranquilidad que era sospechoso. Muy sospechoso.
Pero tengo tanto sueño. Se dijo, concentrándose en las mágicas manos que viajaban por su cabellera violeta.
-Todo va a estar bien Raven-fue lo último que escuchó antes de que el sueño la consumiera; con un bostezo de león se dejo llevar por los sueños que querían tomar parte de su mente.
-
Despertó de un sueño vivido de Robin, respirandoagitadamente y gruñendo por lo mojado de las sábanas y de su latiente y reciente climax de un mar de emociones que se entrelazaban entre sí.
La incomodidad de su ropa se deshizo cuando Starfire requirió su presencia desde fuera del cuarto. Con un gruñido de entendimiento cruzó el cuarto para el baño, tomando su usual ducha y vistiendose sin la importancia de un cepillo, optando por la limpieza de sus sábanas sobre su apariencia personal. Salió del cuarto erradamente, con ese mismo sentimiento de debilidad del que por buena fortuna se llegaba a acostumbrar.
Llegando a donde borrosamente vio que Starfire se dirigía, avanzó un poco y se sentó ciegamente en una de las bancas, tomando la mano que estaba en la mesa y entrelazando sus dedos en ella, relajándose en los tonos azules de la madrugada.
-¡Raven!,¡Oh, por Azar!-chilló Arella al ver la decayente y decrepita forma de su antes determinada hija, omisa al intimo toque que realizaba Raven con el rubio de los ojos azules, corrió a donde se encontraba y se incó a sus pies, tomando su cara en sus dos manos y observando los ojos muertos e inmóviles de la chica.
-¿Qué te pasó hija? ¡¿Por qué no me dijeron que ha estado así?-su voz se deshizo en simples sollozos que tomaron el aire del cuarto, internamente culpandose por su propia incapacidad de ver que su descendencia se presentara completa y feliz a cada una de sus conferencias. Después de dos semanas Yibril y Starfire la habían llenado de explicaciones que contenían entrenamientos y meditaciones que justificaban la ausencia de su hija; pero ahora que veía a su legado no más que hueso y gigantes ojos violetas se había dado cuenta de lo confiada que había estado ante el asunto. El papeleo y los constantes viajes alrededor de la dimensión simple y desagradable justificación para ver el bienestar de Raven.
Su cansancio había causado esto. Un simple saco de huesos frágiles y más que pálidos con un par de ojos violetas que parecían ser mutilados por un dolor profundo al cual querían esconder.
-Raven-le llamó, mientras la presión en su corazón se hacia casi insoportable al ver que la chica parecía divagando en un mundo muy lejano al que ahora estaban.
-Raven-intentó nuevamente, tocando la mejilla de la chica. Lágrimas salieron de sus ojos al ver que Chico Bestia tocaba la mano de la chica, y esta volteaba como perrito a su madre.
-Te está llamando tu madre, Raven-
La chica parecía pelear con algo interno, y después de unos momentos volteó para mirar a su madre, instantaneamente perdiendo la conexión al mundo real y perdiendo su breve y enfocada mirada hacia el lado donde estaba Airin.
-Tu madreestá pidiendo tu atención Raven-conjeturó el ángel, y Arella sintió algo picar a su cerebro en conocimiento que crecía lentamente, mirando a Raven asentir con la cabeza para pasar su mirada sobre donde estaba Arella, pero fallando nuevamente, ahora posandose en Chico Bestia una vez más.
Decidió probar su hipótesis suavemente –Marcus, hablale por favor-sugirió adolorida, tosiendo para agragarle efecto a la situación, viendo con ojos aliviados como Marcus parecía tomar las riendas de la experimentación –Raven, ¿estás bien?- su pregunta era completamente irrelavante, sabiendo muy bien que la chica estaba lejos de soportable, pero obtuvó el resultado requerido para saber que era lo que pasaba.
Raven no le hacía caso.
-Yibril, a ver inténtalo tú-inquirió Arella, viendo de reojo las cambiantes facciones del ángel oscuro, que parecía entender la recuesta silenciosa de Arella.
-Raven-intonó bajito, y Raven volteó lentamente para verle.
-¿Qué le hicieron a mi hija?-preguntó al ver que Raven seguía viendo a Yibril, como preguntandole que necesitaba de ella.
Poniendole atención.
Al ver que nadie decía nada, procuró seguir con su interrogación sin explotar –Es obvio que a los únicos que parece escuchar son a ustedes, que obviamente no tienen una pizca de aura humana en sus venas, descarto por el momento a Chico Bestia, aunque este acontecimiento me pone un poco más…al tanto de lo que pudo haber pasado cuando ustedes se perdieron-
Chico Bestia eligió el peor de los momentos para reír ligero, rascando su nuca en pena fingida y mirando fijamente hacia donde Arella todavía se encontraba, postrada en el suelo en frente de Raven, que nuevamente había adquirido esa mirada perdida. Arella le miró en explosivo reproche, causando que el susodicho se sonrojara.
-Aquí no-le respondió a su pregunta previa, tomando la mano de Raven y sacándola del cuarto.
-¿Alguien me va a decir algo?-imploró desesperada, usando su arma de protección maternal para obtener su respuesta. Vio la clara inconformidad que surgía en los ojos de Starfire, aprovechó ese tiempo para dedicarle una mirada, haciendo que la pelirroja se moviera con clara reluctancia.
-Arella…-empezó Starfire.
-No, Starfire, no podemos decirle, todavía no-interrumpió Airin, tomando el hombro de Arella y ayudándole a levantarse, con toda la conmoción había olvidado su posición en el piso; recordando su supesto enojo con los sospechosos, con la dignidad que pudo se separo de la manos de Airin, sacudiendo sus túnicas y mirando a los involucrados con algo no menos que reproche maternal. Dándose cuenta de que su recuesta por respuestas caería en oídos sordos decidió tomar otro camino.
-Si no me van a decir que rayos le ha pasado a mi hija, y viendo como mi simple deseo de sacarla de la batalla que se desatará en unas horas no va a ser escuchada me veo con la necesidad de saber que al menos van a cuidarla-su tono era firme y preciso, como retándolos a negarle ese deseo. Los demás asintieron en respuesta, alegres por la gran inteligencia y calma que adoptaba la madre de Raven.
-También espero que cuando sea el momento apropiado, me digan que es lo que la tiene en este estado tan decrepito-
Salió digna del cuarto, sus túnicas volando suavemente por la velocidad de sus pasos, cerrando la puerta firmemente y perdiéndose en los pasillos.
Mientras tanto, en el interior de la sala todos suspiraban en alivio.
-
-Tengo mucho sueño Chico Bestia, pero no puedo dormir cuando en una hora nos van a atacar-divagaba la oscura, dejandose llevar por los brazos de Chico Bestia, que circulaban su cintura y la acomodaba en lás sábanas de la cama.
-No te preocupes Raven, te vamos a ayudar-la palabras se borraron en su mente, el cansancio que la dominaba se hacia casi insoportable, cerró los ojos por un momento, mientras su cuerpo empezaba a sentir los mismos síntomas de dolor irreparable que viajaba por sus venas.
-Tengo mucho frío…pero mi cuerpo me quema-dijo entre jadeos, moviendose en intento vano de disminuir el dolor que le calaba los huesos y en sufrimiento que quemaba sus venas.
-¿Qué me está pasando?-pregunto a la figura borrosa y brillosa que observaba como salvador.
-Tal vez la depresión te está causando que pierdas el control de tus poderes-sus palabras se seguían borrando en su mente, pero el significado de estas le pegó fuerte a la mente. Agarró las sábanas de la cama y abrió su boca en silencioso grito de angustia.
-Para no dañar cosas en el exterior, tus poderes eligieron quedarse ahí, dentro de ti-susurró a su oído, acariciando con su pulgar los nudillos de la chica, haciendo que esta se calmara relativamente.
-Me estoy destruyendo-alcanzó a murmurar, muy adolorida para darse cuenta de las consecuencias que eso conllevaba.
-Y no me dijiste nada-concluyó entre jadeos resignados, tratando muy fuerte de quedar consciente ante la situación, pero su mente solo le dejaba ver esa borrosa mancha blanca y rubia con dos puntos azules que brillaban como dos estrellas.
-No te preocupes Raven, vamos a ayudarte-repitió Gar, pasando una mano sobre los ojos de la princesita de hielo, cerrandolos lentamente y levantándose de la cama.
-Todo va a estar bien-murmuró a la nada, cerrando la puerta de la recámara y pasando sus manos sobre la madera de esta. Cuando volteó había una entidad brillosa de cabello pelirrojo, recargada en la pared y vistiendo una capa blanca que con trabajos se distinguía.
-Ya me había cansado de tener que usar esa ilusión para esconder mi brillo, uso la capa para deshacerme de la molestia-dijo en explicación, dando una vuelta en su propio eje y sonriendo contenta.
-Sabías que eso sólo te hace insoportable a los ojos ¿verdad?-murmuró entre risas, mirando el brillo que parecía ser la cara de Starfire.
-Necesitas la ilusión Starfire-le comentó, riendo abiertamente cuando la marca brillosa gruño en descontento.
-De acuerdo-con un flic de su muñeca el brillo de su cuerpo disminuyó considerablemente, y su expresión se veía aburrida.
-Airin no me quiso decir como le hacía para no brillar-
-Airin no brilla porque su forma humana es algo que creó ella, no algo que tomó como posesión-anotó el chico de los rulos dorados, tomando la capa que había generado la pelirroja y poniendola suavemente sobre sus hombros.
-Asumo que ya está terminando las últimas fases de su transformación-conjeturó Starfire mientras veía la puerta del cuarto.
-Si, todo esta como lo esperabamos, antes de dormirla se quedó con la impresión de que se estaba muriendo por sus poderes desatados; aunque los dos sabemos que no es verdad-aclaró innecesariamente, como tratando de no culparse por el sufriemiento de la chica.
-Sabes que fue necesario lo que hiciste-le aseguró la morena, posando una mano en su hombro y moviendolo a la salida del edificio.
-¿Qué hora es?-
-Las cinco de la mañana con treinte y seis minutos-contestó en automático.
-Media hora, entonces-
-Que cliché ¿no?, con los seis y todo jijiji-su risa creció hasta tomar un tono de dejo histérico que se disolvía cuando empezaba su renovada carcajada, como un ciclo de ecos que chocan entre sí, dejando una mezcla confusa de risas y resoplos.
-Aprovecha esa risa tuya, Starfire, porque luego tendremos muchas cosas que explicar-sin más ni más los dos desaparecieron en el fino aire. La única pista de su previa presencia marcada con sonidos fantasmagóricos que señalaban la risa de Starfire.
-
Un venado pastaba tranquilamente en el parque de Azarath, mientras sus instintivos ojos escaneaban a los demás animales que caminaban y divagaban sueltos en la cuidad. Pequeños puntos en el cielo indicaban a las aves que volaban, aprovechando ese momento de libertad para estrechar sus alas y disfrutar del aire, que a cada paso de los segundos se hacia más pesado. Las primeras pinceladas de naranja manchaban el cielo con un tono grotesco de naranja, rojo y morado, mezclandose entre sí y trayendo un dejo de seguridad que se terminaría en cualquier segundo.
Y ahí empezó, el aire se llenó de un aroma a azufre, caliente y sofocante para los animales alrededor, que aún con la presión de su sexto sentido seguían ahí, como si el universo no pudiera estar más tranquilo.
Hasta que creaturas de formas y tamaños diferentes descendieron a velocidad rompe-cuellos sobre la gran roca de Azarath, el aire caliente de alrededor de ellos marcándolos como espejismos que no desaprecerían pronto, el brillo en sus diferentes y deformes ojos con intento de destrozar la mínima partícula que se les cruzara.
Después las explosiones ocurrieron, los animales emanando una luz blanca que parecía tener vida propia, enrosacando a los demonios que seguían bajando de entre los cielos, y todo explotaba en pequeños copos de luz que flotaban y rasgaban los cuerpos que se acercaban.
-
-¿Por qué rayos no nos dejan salir?-bufó Arella de entre los brazos de Yibril, que la sostenía fuerte a su cuerpo y le impedía la salida.
-Porque arruinarían todas las planeaciones que tuvimos que realizar alrededor de la ciudad-explicó Airin, y como aclaración pasó sus manos sobre las gigantes puertas del edificio, haciendolas transparentes para poder ver lo que sucedía afuera. Al ser la entrada del edificio principal la mayoría de las creaturas se habían congregado ahí, y para el placer y repulsión de los del senado, la mayor parte de los demonios parecían sufrir de un dolor intenso, algunos todavía luchando para llegar a las puertas principales, otros menos llegando y golpeando la entrada con fuerza que hacia todo temblar.
-Los animales era lo único que podíamos sacrificar-empezó, pero viendo la confusión en la mayoría de las caras trató de elaborar-Están rellenos de energía vital que nos han ofrecido los Guerreros Celestiales, son una distracción que obviamente los demonios no pueden ver, y esas luces blancas provienen de ahí, por el momento no podemos arriesgar que salgan ustedes, ya que esa fuerza arranca lo que le venga en su camino-
-¿Que hay de los que ya están afuera?-cuestionó Ephrem, mirando como una creatura de ojos gigantes chocaba con las puertas donde estaba más cerca, resbalándose en su propia negra sangre y cayendo con un plop sonoro en el pavimento que rodeaba a la construcción.
-Ugh…-
-Hemos puesto a estos misiles en el centro de la ciudad, donde es más probable lleguen las creaturas, el efecto no tardará tanto para deshacerse, por el momento estamos esperando las señales del escuadrón de vampiros que tiene Jonathon en el norte-
-Pero Airin, aún cuando los vampiros tienen más resistencia con los demonios, los que había en la dimensión no pueden ser más de diez mil y muchos de ellos decidieron quedarse neutrales… ¿Cómo…cómo puedes esperar que puedan hacer algo contra esas, esas c-cosas?-señalo Arella a las pocas creaturas que quedaban en el suelo, gritando a niveles altos que resonaban con las paredes interiores de donde estaban, mirando las puertas traslúcidas como pantalla de primera fila.
-Por que han sido reforzados-
-¿Reforzados con qué?-
La pregunta se quedó impreganda en el aire; los gritos se deshacían en un muro de aire pesado que descendía nuevamente sobre la ciudad. Los cuerpos que quedaban sobre el pasto se combustían nuevamente en el suelo, que parecía estar bañado de algo que los mataba lentamente.
Y de grandes cracks en el viento aparecieron más creaturas, algunas llegando desde arriba, el suelo parecía sacar humo, quemando las extremidades que lo tocaban, pero no era suficiente, seguían llegando miles y miles, muchas de ellas cayendo sobre otras, arrimándose y luchando por un espacio libre, cambiando de forma para semejar personas humanas. Hombre, mujeres, niños y adolescentes de belleza tentadora, formados como en el ejército y sonriendo lujuriosamente hacia la entrada.
El movimiento del pasto cesó, y de entre la masa de gente salió un señor. Viejo, de mejillas cinseladas y nariz delgada y derecha, con ojos amarillos que parecían otra entidad completamente ajena a la persona que los portaba.
-Sólo queremos a la chiquilla-conjeturó en un tono grave de voz, alzando su mano en forma de invitación, su impecable traje sólo le hacía ver más sucio que nada. Con un parpadeo de los ojos y se podía divisar la sangre que lo cubría completamente.
-Sólo queremos que se vayan-anunció Airin, acercándose a donde estaba la puerta y parándose justo enfrente de ella, notando desinteresada el paso que retrocedía el demonio.
-Lo haríamos si nos dieran a Raven-anotó con disgusto en sus facciones perfectas, enojado mayormente por su incapacidad de acercarse más a la puerta, clara señal de su debilidad por el choque de energías vitales.
-Pero también es claro que no sólo quieren a Raven; quieren muchas cosas más, cosas que no les podemos permitir tener-
El demonio rodó sus ojos en gesto exasperado, haciendo un movimiento vago con la mano, como si espantara a una mosca –Tan derechos y rectos; si para lo único que sirven es para obedecer órdenes, les aseguro que ni siquiera han de distinguir entre lo bueno y lo malo. Es una lástima que estos humanos piensen tan bien de ustedes, si son peor que nosotros, Airin, y los sabes, si acá tu Viejo te comanda destruir toda la dimensión con estos humanos lo haces sin parpadear…-susurró, acostumbrándose ya al aura de Airin, pegándose más a la barrera.
Sorpresivamante Airin perdió toda expresión en su rostro determinado. Con el cambio repentino parecía una estatua postrada en frente de la puerta, observando al sonriente demonio de entre pestañas inmóbiles.
-Admítelo, es cierto, acá mis ángeles caídos me han dicho como era ser un ángel-su vos tomó un tono conspiracional, y de repente empezó su discurso en un tono de voz que resonaba hasta en lo más profundo del edificio.
-¿Por qué crees que son más los que bajan que los que suben, mi reina? La última vez que tuvieron un condenado fue hace mil años, el pobre Catharto no hacía nada y decidó mejor aburrirse sin sentir algo-
Y las expresiones se esfumaron de las caras de los ángeles presentes, notó Arella.
Pero lo que la dejó con la boca abierta no fue la repentina salida de Airin hacia el exterior, que tomaba el cuello del demonio y lo crujía entre sus dedos, que se manchaban de sangre negra que se esfumaba al caer al piso.
Fue las idénticas y vacías expresiones que también portaban Starfire y Chico Bestia.
Una luz salió del cuello del demonio, y los que se encontraban cerca de él saltaron en furia ciega que despegaban sus poros.
-Adiós Azazel… ¡AHORA!-gritó, soltando el cuerpo del demonio y entrando con un salto al pasillo, previniendo así que las demás creaturas la alcanzaran.
Arella se acercó a la puerta transparente y desde ahí vio algo que la distrajo un momento de su danzante hipótesis. Del cielo caían gigantes mantas de un material que parecía brillar, que como lluvia pequeños destellos de luz caían sobre los demonios, envolviéndolos en una luz, dejando una singular pluma en donde antes estaban todas las "personas".
-Ahora si podemos salir a luchar lo que queda-susurró Airin.
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