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Su mundo se contornaba en un espacio de murmuros que acariciaban su cansada piel.
-Vas a estar bien-la voz le decía, miles de manos masajeaban sus punzantes músculos.
-Ahora si eres bienvenida-le dijo otra voz, sacudiendo una mano sobre su cabellera violeta. Su risa era como pequeñas campanas que resonaban sobre su cuerpo, curándola de toda enfermedad que pudo haber tenido.
Sus ojos se abrieron abruptamente, tomando el enfoque de un muchacho de cabellos negros y mejillas cinseladas, ojos cubiertos por un antifaz.
Se levantó de la cama, su respiración agitada en emoción que viajaba sobre sus venas, volteó al sentir una presencia conocida. Starfire y Chico Bestia la observaban.
Dos lágrimas gemelas cayeron de sus ojos, escurriendo sobre sus mejillas y cayendo al piso al llegar a su mentón.
-Ustedes dos han poseído a mis amigos-exhaló, sintiendo la energía pura que viajaba por sus venas.
-Teníamos que hacerlo-explicó Starfire, tomando la mejilla de Raven y sonriendo etereamente.
-Y que hay de…-no se dignó terminar. Muy apenada con su inconciente comportamiento de muchas semanas.
-Chico Bestia usaba los pecados veniales para traspasar toda esa energía vital, el estímulo humano previniendo que sintieras dolor al momento de tus encuentros, la fusión tenía que ser discreta y suave, o te darías cuenta y el proceso se haría aún más difícil, siendo que tu parte demónica estaría al tanto de luchar con más fervor la transformación que sufría—
-¿Quiénes son realmente?-preguntó con voz pequeñita, el peso de los sucesos dejándola en un estado de vertiginosidad que a cada momento le quería sacar las lágrimas de los ojos.
-El es el nuevo Ángel Astaroth…espera, tal vez tendría que decir "Nuevo otra vez" porque en un tiempo si lo fue y…Como sea, yo soy tu servidora y madre Azar, rigiendo por el momento en el cuerpo de tu amiga, pero no te preocupes, están al tanto de lo que pasa y de lo que haremos por el momento-
-…-Las palabras no le llegaban a los oídos, chocaban con una fuerza que le hacía cosquillas y la dejaba más débil ante todo.
-Tienen mucho que explicar-su voz estaba cortada por la incredulidad de su estado físico, pero aclarando su garganta trató de verse estricta, esperando las palabras de explicación.
-Jajaja, tan directa, mi niña. Muy bien, primero te diremos que somos, que pasó y como sucedió todo. En primera queremos aclararte que hay en el universo aunque varios rangos en el cielo, sólo dos tipos de ángeles; los que sienten y los que no, es una cosa muy complicada que al paso del tiempo vas a poder entender, por el momento los que estamos aquí, tanto Yibril como Airin, Mikaíl, Astaroth y aquí tu servidora somos de los que sienten, desfortunadamente de los miles de ángeles que hay nosotros somos una tercera parte de los "que sienten", ya sabrás, por simple matemática, que somos muy pocos…-Su expresión se tornó un tanto sombría con su explicación, pero sacudió la cabeza y siguió.
-Nuestro Señor nos mandó a nosotros por razones de simple lógica, al sentir y ser independientes de las órdenes que nos pudiera dar, podríamos tener la capacidad de tomar decisiones drásticas que otros ángeles desafortunamente serían incapaces de tomar, por eso tomamos el cuerpo de tus amigos y los usamos a nuestra ventaja. En primera, para pasar mi temporal sangre angelical al escuadrón de vampiros de Jonathon-terminó tranquilamente en ese tramo, esperando para ver los engranes del cerebro de Raven trabajar.
-Por eso tomabas su mano en las conferencias, era un simple signo de confusión que creabas para que no descubrieran tus otros planes…las, las marcas de colmillos que tienes no son de él…Si no de los demás vampiros-
-Exacto, ahora, el día de ayer no te dejamos salir porque la lluvia no era lluvia, sino agua bendita, con tu sangre demónica en sus últimas etapas de vida pues lo único que haríamos sería matarte con una gota-se encogió de hombros en ese momento, sonriendo conocedora y sacudiendo su mano sobre el cabello de Raven nuevamente.
-Y…-
-Ahora nos acompañaras al infierno porque necesitamos traer unas…cosas de regreso-
No tuvo tiempo de procesar la información antes de que la tomaran de la mano. El mundo se deshizo mientras sentía que la jalaban de todos lados.
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Se sentía el mismo bochorno, la misma pesadez, el mismo aroma a carnalidad que cuando la última vez que había estado aquí…Y como siempre, seguía odiando el lugar como si del mismo demonio se tratara.
Caminaron de entre las cenizas y el azufre, desplazándose con un halo invisible que impedía manos y bocas de tocarlos.
Raven ya no sentía esa atracción que le carmomía los huesos…Al menos no tanto.
El control, el poder, el disgusto, sentimientos que flotaban tanto dentro como fuera de su ser le fueron abrumadores en una presión que deseó se fuera para siempre.
Hasta que el mundo explotó en puro placer, mezclándose con el rojo, el verde, el morado, el amarillo…el colorido que daba vueltas sobre ellos.
La tentación no era fácil de sobrepasar.
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El sube y baja de su pecho descendía en número por minuto, llegando después de incesantes instantes a un tranquilo movimiento que señalaba su mejor estado de tranquilidad.
Dos pares de ojos se abrieron simultaneamente, enfocándose en el abdomen moreno de un pelinegro con antifaz.
-Esta es una manera muy incorrecta de volver-se trinchó Chico Bestia, sobando su cabeza en forma suave, haciendo arcadas por los sudorosos pectorales que lo miraban con burla. Pensó que después sería bueno cambiar el tapizado del techo donde se encontraban.
-Yo creo que es perfecta…o no. Estoy algo confundida-admitió Starfire con un ojo entrecerrado, sobando su cabeza de la misma manera que Chico Bestia. Después de unos momentos más se acostaron en el piso nuevamente, mirando el techo con ojos desenfocados.
-Los efectos nos van a durar mucho ¿verdad?-preguntó el rubio una voz casi inteligible, su mente borrosa por lo que creía era el precio de tener a un ángel dentro de su propio cuerpo, muy en cuenta de que compartía la miseria con una chica de cabellos color fuego.
-Espero que no-llegó a musitar la pelirroja.
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Después de cerrar los ojos ante la propuesta de Astaroth, sus mentes se inundaron de algo que les hizo débil por ahí en las rodillas. Con un suspiro doloroso los dos chicos de ojos de gemas preciosas cayeron al suelo de la fría cámara de donde estaban, un brillo se creó desde sus interiores y se expandió hasta que sus cuerpos gritaron en extasis monumental por la transformación que habían sufrido…o disfrutado.
Respirando rejuvenecidos y brillando como diamantes se levantaron de sus lugares en el rincón, desatándose de las cadenas que los amarraban y llevando a cabo su plan desde el momento en que sus disfraces estuvieron terminados mental y fisicamente.
Dentro de las verdaderas y originales mentes que yacían encondidas por el momento, el único sentimiento que viajaba era pura euforia como en un viaje psicodélico de sustancias ilegales que nunca probaron en la Tierra.
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-Tal vez deberíamos ir a Alcohólicos Anónimos-masculló Chico Bestia con un doloroso pinchazo que surgía desde su cabeza. La temperatura del cuarto parecía bajar y subir en un alarmante lapso de tiempo, provocando que sudor frío se deslizara por su escultural cuerpo.
-Ughnn-recibió como respuesta; una mano deslizándose sin intención sobre su brazo, causando que mirara a los ojos sumidos y ojerosos de la pelirroja.
-Sabíamos lo que iba a pasar-trató de consolarla, acercándose lenta y quebradamenta al cuerpo resbaloso y frío que se encontraba cerca de él, abrazándola fuerte contra su pecho, sintiendo como dagas al corazón las lágrimas contrariamente calientes que caían de los ojos de Starfire.
-Que vuelvan-sollozó Starfire, su cuerpo caliente y frío como nunca antes lo había sentido.-Debes ser fuerte Starfire-demandó Chico Bestia, sacudiendo contra su voluntad el cuerpo de la chica, temblando por el dolor que explotaba de sus venas y lo dejaba más presionado. Su fuerza de voluntad se deshacía con cada respiro y cada sollozo que escuchaba de los labios ajenos.
Sin más que hacer cerró los ojos y sintió el gritó salir de su boca, acompañado micras de segundo después por el de Starfire.
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-¡Astaroth!-gritó Raven, mirando la casi derrotada faz del rubio, su expresión relajada y tranquila.
-¡ASTAROTH!, ¡NO!- un jalón de lo que sea que la detenía y al siguiente segundo estaba a lado del chico, traspasando su mente con fuerza brutal y sacando lo que sea que estaba dentro.
El fuego terminó después de varios minutos (que parecían horas) con la ayuda de los ángeles, que respiraban erradamente por el cansancio y la tentación que habían experimentado hace sólo unos momentos, u horas. No importaba.
-Debes tener más autocontrol, Astaroth…-
Eso que había pasado era lo más sencillo en el armamento de aquella criatura endemoniada. Pero para Astaroth era más que eso. Era lo mismo que lo tiró del cielo hasta los confines de donde sea que era el infierno. El simple e irrefutable recuerdo le trajó memorias que simplemente ya no quería volver a vivir; y en un estado tan débil como el que le causaban ahora las llamas pensó en un instante que todo terminaría si simplemente se dejaba comer por éstas.
-Lo siento-pronunció cortado, frotando su frente en signo de fatiga, caminando delante de las dos mujeres y dirigiéndose a donde sus pies le acarrearan.
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El tiempo parecía ir más lento con cada grito que daban sus cansadas gargantas, como si éste escuchara una ridícula demanda de lentitud que era obviamente innecesaria e indeseable.
La puerta se abrió y de entre los escombros y el polvo que seguían cayendo del techo, algo rojo se salpicó sobre sus cuerpos, manchando cada centímetro del cuarto como tormenta de sangre.
-Ups…lo siento-musitó una voz cerca de la entrada, pasando algo invisible sobre sus ojos y limpiandolos parcialmente de la sangre que los cubría. Vista divertida al ver dos ojos flotantes entre el camuflaje de sangre que usaba.
-Oh-murmuró con realización al ver los dos cuerpos sorprendidos y manchados de la sustancia escarlata que se ponía rosa por el copioso sudor que transpiraba de sus poros.
-Ahh…-sonrió serena, dando un flic de su muñeca y viendo las partículas rojas deshacerse en pequeñas haditas brillantes que dejaban un leve pop detrás de estas al desaparecer.
Colocó los cuerpos de los titanes en las camas y pasó su mano sobre el espacio que había sobre cada uno de ellos, murmurando algo como un respiro y cerrando las puertas con un click resonante al salir de la habitación.
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Todo lo que se podía distinguir de las flotantes e indescriptivas imágenes que pasaban alrededor de su mente eras los rasgos rojos, negros y azules que le servían como referencia…
Después quitó sus manos de la barrera invisible y volteó para devolver la mirada a los ojos expectantes que estaban detrás de ella. –No va a ser muy fácil pasar del otro lado-
-No importa-exclamó la oscura, parada los más lejos de la barrera y mirando hacia todos lados en signo de alarma.-Haremos lo que sea para pasar…-Su mirada se vacío repentinamente, recordando con un nudo en el estómago lo que cambiaba las cosas drasticamente.
No se que estoy buscando.
Porque nunca le dijeron, y el simple hecho de no saber que hacía allí le ponía los pelos de punta en reminiscencia de los buenos tiempos que pasó en ese lugar. Y por tan enfermizos que fueran, el simple recuerdo le traía temblores hasta en las puntas de sus pies que se apreciaban sin sobra. Con una sacudida de su cabeza salió de su interna discusión y avanzó hacia donde los demás se dirigían, lanzando furtivas miradas hacia la gente que les pedía ayuda, signo claro que se veía por el aura pura que despedía cada uno de sus poros.
¿Ahí estaría Robin?.¿En el mar lleno de extremidades sudorosas e infestadas de olores de carnalidad, sangre y deseperación?, ¿Cómo uno de ellos?
Un abrupto movimiento de la Tierra los hizo flotar entre los escombros de huesos que como ellos yacían pasivos en el espacio.
De ahí salió el famoso demonio que pasea en las películas piratas, toda su gloria que brilla de porcelana imagen que creaba el oleaje escarlata que choca contra sus numerosas extremidades; el olor y el aura temblorosa de su origen causando gritos por todos lados, gente deseperada que luchaba por alejarse de tan cruel destino que les deparaba. Con una esfera de poder invisible creada por Azar, la gente en frenético ambiente no pudo acercarse a ellos, chocando como energumenos alrededor de la ésfera y corriendo para donde sus piernas los llevaran, algunos no tan suertudos en su camino de escape y cayendo en la garras del Leviatán, ácido de origen desconocido cayendo en todos sus cuerpos y deshaciendolos dolorosamente lento.
Raven observó con interés, un dejo de alegría en su subconciente al saber que no estaba deseosa de unirse a la diversión, recordando de antemano que años antes era la cómplice de actos tan atroces como los que en ese momento veía.
Recordó con morbo las miradas que le lanzaban los humanos, ahora sólo dirigidas hacia el calamar gigante.
-Avanza, cariño-Azar hizo un movimiento vago con la mano, tocándole después la espalda y dando un pequeño empujón, sacando a Raven de su reminiscencia y haciéndola flotar en dirección del Leviatan. De su lado iba Astaroth, ojos azules puestos en la creatura delante de ellos, su expresión de piedra y su cuerpo tenso en desesperación.
El Leviatan, al reconocerlos, cambió de forma instantaneamente, sus músculos contrayéndose y sus extremidades tomando forma. Después vió para el "cielo" murmurando algo y desapareciendo en el fino aire como si no hubiera estada ahí.
Belphegor, alto y musculoso, reemplazó el lugar de su compañero. Al reconocer las caras de Raven y Astaroth dio una risita.
-Pero que tenemos aquí…-conjeturó altivo, caminando sobre la sangre con pasos largos y eficientes. Éstas abriendo paso y alzándose como olas gigantes danzando a lado del demonio. Raven rodó sus ojos mentalmente; bajó hasta tocar el piso. Astaroth de su lado.
A cierta distancia el demonio hizo una mueca de disgusto, parando en seco a unos metros de los dos chicos y subiendo la mirada de forma molesta y burlona,-Así que ya los tienes tu, Viejo…que lindo-dijo con una risa resonante, mandando escalofríos bien apreciados a los dos.
El tiempo pareció detenerse, las olas desaparecieron y la gente dejo de gritar, corriendo a lo oscuro del espacio donde se encontraban. El escenario cambió bruscamente, y ahora se encontraban en una ciudad utópica, pájaros, casas y edificios en perfecta harmonía con lo demás.
Raven recordaba muy bien de que era ese lugar, sus ojos siguieron a la gente que se acercaba sospechosa, todos dirigiendo ojos nerviosos al demonio que se encontraba cerca.
Y después, como si toda sospecha se desvaneciera de sus maltratadas mentes se instruían en disfrutar del paisaje.
Luego todo fue un caos.
-¿Los ves, Rae? Un impulso tan fuerte de deseo se crea en sus mentes, un gusto anormal por lo que sea que recuerdan de su previo habitat; enfermizo y exagerado corriendo por sus venas como una droga de la que necesitan desesperadamente, Y Baal se los quita, como un bebé sin su mamila, sólo que cómo podrás ver, de una ah, intensidad irreparable-Su mano agarró fuertemente el cabello de una pelirroja que se encontraba cerca, que previamente corría despavorida en busca de ese pajarito, sus ojos saltones y rojos se dilataban de una manera peculiar. Forcejeaba con fuerzas, y el Demonio la traía a su pecho, acariciandole el cabello. Con una sonrisa diminuta volteó para ver a los invitados, trazando con una de sus manos la nuca y la espalda de la joven, que instantaneamente se relajaba.
-Dime lo que quieres…-
-Yo…no-la chica dio un sollozo, luchando fuerte para safarze del Demonio, que la seguía acariciando como si nada.-Déjame en paz…-chilló, su voz bloqueada por el cuerpo que la sostenía.
-Yo puedo hacer que dejes de sufrir-dijo Belphegor, su sonrisa creciendo milímetro a milímetro. Desvió su mirada de Astaroth, enfocándose ahora en la de Raven, sacando su lengua rosa y pasándola suavemente sobre sus labios inferiores.
-Pero…yo…vi l-lo que le hiciste a-a John-murmuró quedamente, y con gran sollozo colapsó en los brazos del "joven".
-Yo no le hice nada mi querida niña, es más, ahora está en un lugar que disfruta sumamente…he de saber que te quieres unir a él-
Con un movimiento de esa cabellera roja, y los ojos desesperados de Raven, la chica se fue deshaciendo en miles y miles de hojitas negras, deslizándose suavemente en el aire falso del lugar y atravesando el piso.
-Otra recluta para nuestro ejército, ahora su nombre será…Erytheia, que bello nombre para una nueva-su repentina risa resonó a lo largo del espacio, retumbando en sus términos nerviosos como si de una bebida exótica se tratara.
-¿Qué es lo que quieren mis pequeños?-preguntó con voz dulce, caminando hacia ellos y tocando sus mentones con el dedo índice, mostrando una expresión de triunfo cuando los dos mencionados temblaron por la caricia. De pronto apareció detrás de ellos, pasando ambos brazos sobre sus hombros y recargándose sobre éstos, empezando a caminar y llevándolos fuera de ese lugar.
La clara calma hizo que las dos entidades aprovecharan la oportunidad.
Detrás de ellos venía Azar.
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-Tan preciados-
Su mano viajó por el cabello rubio del chico, susurrando dulcuras a sus oídos y viendo con satisfacción el color que se venía a esas mejillas sonrojadas, feliz de poder hacer algo que no tuviera que ver con fuerza brutal. Con un último beso se paró de la cama y avanzó hacia Starfire, que yacía jadeando en horribles sueños.
-Les deben muchas disculpas-reprendió a la nada, sentándose cerca de la temblorosa chica y susurrando habladurías a su oído.
Pasó un rato para que Starfire dejara de zarandearse en las sábanas, y el color regresaba su ahora bronceada piel, suspirando en descanso, sus músculos se estrecharon y relajaron.
Levántandose de su apocento en la cama rosada se sentó en el escritorio entre los chicos, esperando con ansias lo que sucedería después. Con ojos alerta observó las pestañas de ambos chicos moverse con esfuerzo, y después ojos de piedra preciosa parpadeaban por la luz; se sentaron lentamente en las camas, mirando el lugar como si de un sueño se tratara. Después de unos momentos más de silencio Chico Bestia decidió hacerse presente en el mundo de los despiertos, -No nos dijeron que se sentirian tan mal los efectos secundarios-gruñó con voz rasposa, como si no hubiera hablado por milenios. Airin creó un vaso con agua frente a este, viendo aliviada los ánimos del chico al tomar el líquido.
Cuando una garganta del otro lado del cuarto se aclaró, Airin se rascó la nuca en pena, creando otro vaso y viendo expectante a Starfire, que tomaba el recipiente energeticamente, tomando tragos grandes, haciendo que dos líneas brillantes se crearan en su barbilla. Gotas de agua cayendo sobre su pecho.
-Les debemos una disculpa-conjeturó al ver el silencio casi tangible del cuarto, jugó con sus manos en su regazo por un momento, esperando la réplica de los dos.
-Yo creo que valíó la pena…era un precio que pagar al tener semejantes presencias en nuestro cuerpo. Aunque por tanto que lo haya apreciado no deseó volverlo a hacer-respondió Starfire, una sonrisa ancha en su faz. Airin sonrió.-Me alegra saber eso-
-¿Cuánto tiempo hemos estado…indispuestos?-preguntó la pelirroja, mirando el techo ponderando.
-Pues tres días-
-¡¿Qué?!-Airin rió por los ojos agrandados que le oservaban incrédulos.
-No se preocupen, creo que ya han hecho demasiado por nosotros, así que por el momento los dejamos descansar, estamos esperando la llegada de los demás para terminar con todos de una manera tranquila…lo único que quiero por ahora es irme a dormir-enfatizó su punto al bostezar como león, despues hizo una parada dramática y caminó hacia la salida del cuarto mientras hablaba-Todavía tenemos que registrar las casualidades de la batalla-
Con un portazo salió del cuarto.
-Se oye sospechosa-anotó Chico Bestia.
Se paró débil de la cama y dirigió su algo agotado cuerpo a la entrada de la habitación, donde posó su mano sobre el pomo dorado de la puerta y giró.
-Está atascada-su voz acarreaba más la resignación que la sorpresa. Ya se esperaba esto de Airin.
-Pero no hemos hecho nada, Chico Bestia, tenemos que ayudar-
-Lo sé, pero nuestros poderes no llegan a los suyos y bueno, no es como si tuvieramos que gastar nuestra energía sólo para salir, tenemos que recuperarnos por si las cosas se salen de control, así estaremos listos-
Starfire asintió sombría.
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Era un mar de sangre negra plasmada como obra de arte alrededor de las paredes y del suelo, agraciando las bellas facciones de las tres entidades ajenas a ese lugar en el espacio.
-¿Estás bien Astaroth?-
-Si, sólo terminemos esto para irme a dormir un rato-sus hombros temblaban por el cansancio y las heridas en su fuerza vital.
-Creo que es mejor que te vayas a recuperar en este instante cariño, lo que menos queremos es dejar un cadaver angelical aquí donde todos se lo pueden comer-
Astaroth apretó los labios en forma molesta-No voy a morirme ni ahora ni después Azar, con tu permiso-Colocó su mano sobre el hombro de Azar y empujó no tan gentil la extremidad del ángel. Azar tomó su brazo y lo hizo voltear para que mi mirara sus ojos violeta de cerca.-Astaroth, sabes muy bien que no dejariamos tu cadaver aquí. Pero como no podemos cuidar de ti en este estado tan débil en el que estás no tienes de otra pero irte inmediatamente a la fuente de la Salud en el segundo rango…una orden es una orden-la voz de Azar se vacío completamente de sentimientos, preocupada más en ese momento por el posible problema que causaría un cadaver angélical que por el bienestar del ángel oscuro.
-Una orden es una orden-volvió a repetir, después sus facciones se suavizaron considerablemente, observó los ojos violetas de Raven por un momento.
Segundos pasaron y Raven, algo reluctante asintió con la cabeza. Azar creó una capa de protección sobre sus cuerpos, el sonido rebotando para que Raven no pudiera escuchar sus siguientes palabras. –Se que en este momento eres muy capaz de terminar la misión Astaroth…-
-¿Entonces por qué no me dejas permanacer aquí?-farfulló con tono vicioso, sus dientes apretados de ira.
-Porque cuando lleguemos al punto final tu distracción va a ser más grande que la de ahorita, no puedo, por el bien tuyo y de Raven, dejarte aquí en un estado tan débil, lo que menos quiero es que te vuelvas a transformar en lo que nunca debiste-
Lágrimas se crearon en los ojos azules del ángel, alzó una mano para detenerlas, pero estás, como cataratas cayeron antes de que pudiera alcanzarlas. De reojo vio los ojos agrandados de Raven.
-Necesitas irte ahora mismo Astaroth, más que por el bien de todos, por el tuyo-Azar alzó su mano y acarició el hombro vestido del joven. Con un último suspiro, Astaroth asintió con la cabeza, una flash después y ya no estaba.
-Terminó siendo que si necesitaba descansar-Raven arqueó la ceja a la obvia mentira de su fundadora, su boca se abrió para decir algo; al final la cerró con un choque de sus dientes. Su miraba todavía recriminante.
-Está es la última base Raven, tengo fe en que podrás llevarla a cabo con éxito-
-Lo dices como si no me fueras a acompañar-conjeturó Raven de manera desinterasada, sus emociones guardadas casi un éxito en los ojos de Azar.
-Sólo digamos que yo tengo que comer el plato fuerte para que sigas con los demás…-Raven entendió el significado de eso-Si…si quieres voy yo. Es decir…yo se como maneja él sus asuntos y-paró abrupta cuando Azar alzó una mano.
-Creo que es más apropiado que lo dejemos así cariño-Azar se acercó hacia donde Raven, tomándole los hombros y girándola para donde la puerta vieja y maltratada se encontraba.-Creo que esta es tu oportunidad-Dejó de sentir esas manos largas y ligeras en sus hombros.
-No se porque le sigo haciendo caso-bufó, agarrando el pomo de la puerta y girándolo.
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Su cerebro no sabía si sentía repulsión por lo que veía y deseo por unirse a tan apetecibles actos…con una sacudida de su cabeza siguió avanzando en intento de buscar algo que realmente no sabía que era.
De reojo divisó a Naamah en el altar alto que dirigía a los pasillos del Laberinto. Su cara hizo una mueca de disgusto al ver los dientes aperlados de esa particular demonio.
Después todos aquellos que se encontraban en el suelo de la cámara interrupieron sus actividades placenteras para oler el fuerte aroma de la nueva identidad de la chica que entraba por la puerta.
-Awww, pero si es la dulce Andras(1)-exclamó una creatura detrás de ella, sus manos rodeando la cintura de la mencionada y pegándolo contra su cuerpo, que estaba repleto de olores que causan múltiple nudos en el estómago de Raven.-Tsk, tsk, no pongas esa cara Raven, yo se que te encantaba este olor antes de…irte-
-Exacto, es pasado Allocen, pero gracias por la oferta tan tangible que puedo sentir detrás de mí, siempre fuiste muy apetecible-sus nervios estaban a mil por hora en su cerebro, pero su resolución era más fuerte que el miedo que sentía. No hizo caso de las hambrientas miradas de las demás creaturas.
Con una explosión de determinación se volteó para ver a los ojos al ángel caído que le miraba con lujuría, plantó sus labios sobre los del joven en frente de ella.
Y luego sintió asco y alivio al ver la cascada de sangre negra que viajaba hasta su hombro y bajaba por su espalda, sus dos manos temblorosas implantadas como si pertenecieran ahí en el cuello y la cabeza del antes ángel caído.
-¿Quien sigue? Acaso tu Armaros, o tu Enepsigos, ¿Forcas, Gaap, Marbas? Que gusto verlos después de tanto tiempo-
El único ángel caído que se quedo ahí fue Gusion(2), que miraba todo con ojos aburridos.
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Un rayo de electrones se divisaba a lo lejos de los múltiples pasillos donde ahora se desarrollaba la masacre. Sus pulmones se contractaban en una obscena y repentina esperanza. Sintió momentos depués que una fuerza la tiraba hacia el otro lado de la cámara.
Raven parpadeó lentamente, su retaguardia flamante por el sentón que se dio al caer en el piso.
-Fíjate mejor la próxima vez, muñeca, porque tal vez no pueda estar a la siguiente-la voz se oía distante pero firme a la vez. Parpadeó para deshacerse de su estado de shock mirando a los ojos ese ángel caído que asemejaba a Sócrates de manera perturbadora.
-¿Beur(3)?...¿Por qué?-
-Luego te explicaremos nuestras razones, pero no tengas muchas esperanzas Raven, que por algo terminamos aquí, anda- la mano del ángel caído tocó su frente por el más mínimo de los instantes, Raven sintió pánico instantaneo al haber bajado su guardia ante un ser que bien pudo destruirla en instantes. Se culpó por su estupidez, viendo a Beur con ojos molestos; éste negó con la cabeza el reproche y después separó su mano. Los ojos violetas de Raven se agrandaron por un momento y sin más ni más, supo exactamente lo que debía hacer, penetrando las paredes del Laberinto y buscando con su mente.
Ya se lo que necesito encontrar.
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-¡Cyborg!-el nombre reverberó a lo largo del gran pasillo, sus alborotados respiros chocando con los ladrillos gigantescos mientras corría en dirección del titán caído, víctima ahora de Abbadon, que avanzaba felinamente en dirección del titán, que aunque no herido parecía estupefacto en lo que sabía podría ser su fin. Raven sintió un gran sentimiento de afecto al ver la firme mirada de Cyborg ante su muerte.
Haciéndose prisionera de esos sentimientos de afecto y satisfacción se dejo llevar por la brisa que creaban éstos, llenándose plenamente de la fuerza y expulsando como bala hacia donde se inclinada el demonio. Hubo un gran flash de luz que hizo que Raven rodara sus ojos exasperada, no importando el estado de todo lo demás sino de la figura sorprendida de su mejor amigo.
Con pasos lentos e inseguros (que claro, no dejo que se notara) avanzó hacia donde Cyborg yacía.
-…Cyborg-Se calló abruptamente cuando Cybrog alzaba su cañon sónico en dirección de su cara. Calientes y desesperadas lágrimas queriendo bajar de sus morenas mejillas.
-Dime que no es cierto…-raspó él, activando el cañon como si fuera lo que más le dolía en toda su vida.
Raven apretó sus labios. Después pasaron los segundos más lentos que en su vida pudieron asimilar.
-Te voy a contradecir como siempre lo hago Cyborg-lueo rodó sus ojos en lo que esperaba fuera una buena muestra de que en realidad era ella; al ver que Cyborg sólo parpedeaba, gruñó.-Creo que es claro que cuando no te he hecho pedacitos es porque realmente soy yo…-no dejo que las líneas brillantes en la mejilla de Cyborg le afectaran.-Vine desde muy lejos para llegar aquí y que me des la bienvenida con tu cañon sónico-sabía que no era complemento a su personalidad la auto-compasión que ahora parecía salir de la nada.
-¿Cómo rayos sabré que eres tú s-si ya me han hecho esto varias veces?-su voz era rasposa y cortada.
Raven tragó saliva-Tendrás que confiar en mí en este momento, Cyborg, soy yo, te lo juro-
-¡Eso me dijeron las demás!,¡Y no lo eran!...¡No lo eran!-con una bocanada de aire y un sollozo empezó a llorar.
Raven nunca había visto algo tan triste. Se dejó caer en frente de su mejor amigo. Sabiendo que podía ser lo último que haría en su vida abrazó a Cyborg con todo lo que tenía, lágrimas calientes viajando por sus mejillas y cayendo en el metálico cráneo de su amigo. Escuchó como este hacía un sonido de sorpresa al sentir la singular lágrima trazar su frente y unirse a las suyas en sus vastas pestañas.
Después lo hizo desaparecer a un lugar mucho más seguro.
No sin antes murmurarle al oído –Tengo muchas cosas que explicarte-
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Su mundo se deshizo lentamente cuando vio una capa verde pasar por el rango de luz de una antorcha.
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Ojos azules brillaban en la oscuridad adquirida por la batalla que se había desatado en ese mohoso y sucio calaboso en lo más profundo del infierno.
De alguna manera supo que era él…pero su aura se sentía mucho más oscura. Manchada, sucia como previamente lo había sentido con el aura de Cyborg.
Pero el simple hecho de que se encontraba ahí, tan apuesto como siempre lo veía en sus más horrendos sueños, destilando energía oscura como si fuera la cosa más normal.
Por un momento tuvo las ganas de que fuera alguien más.
Era tan difícil verlo en ese estado tan resignado y oscuro.
-Te extrañe-las palabras le durmieron el cuerpo completamente, como si la razón de sobrevivir a tanto dolor estuviera en esa simple voz que resonaba en la ahora vacía recámara. Sus profundos timbres haciendole cosquillas hasta en el cabello. Timbres graves que antes tenían ese tinte de inocencia que ahora se encontraba inexistente.
Los recuerdos pasaban tan rápido por su cabeza que la marearon, haciendo que el jugo gástrico de su estómago saliera disparado de su boca, la presión de su presencia como aquella fuerza angelical que había sentido cuando Airin se transformó.
La única diferencia era que estaría lista para sufrir la forma de aquella persona que disponía de su corazón como un juguete.
-Robin-no importó su repentino estado demacrado a la imagen que proyectaba el joven de los cabellos negros.
Después hubo un flash de luz y sintió que su cuerpo chocaba con la pared opuesta de lugar.
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Supongo que este pequeño final no me ayudara para mi salud física cuando vea que están enojados por tanta tardanza.
Realmente lamento la demora, pero entre mi salud decayente, las tareas de último momento, los exámenes y mi curso de chino mandarín…ahí ustedes hagan las mátemáticas.
Para los que no se den cuenta todavía, este es el penúltimo capítulo de esta pseudohistoria llamada El Compromiso.
El último va a ser de los más largos que he hecho y antes de que me digan algo más; no se preocupen, que llevo la mitad del capítulo ya hecho y lo demás ya lo tengo en mi libreta. Ahora sólo tengo que pulirlo y estará listo.
-Vine.
