Como último capítulo de este…trabajo, el tiempo en el que se cuenta será presente; espero que no sea incómodo para la gente, pero me es necesario contarlo de esta manera. No se si será que me siento más comoda o que el tema final sea más apto para este tipo de cambio…tal vez simplemente es mi incapacidad de contarlo de otra manera en este momento.
De cualquier manera, espero que les guste y que haya salido como tengo las esperanzas de que saliera.
Ahora les pido perdón otra vez por la tardanza, les había comentado que el capítulo ya estaba a la mitad, pero esa mitad se convirtió en nada después de que lo analicé, simplemente no funcionaba de la manera que yo quería y todo terminó en la basura...tres veces, (aunque todavía tengo algunos scraps). Ahora, he estado ocupada entre mis exámenes finales y tratando de escribir algo que contenga sentido en este capítulo.
Ahora sí, les ruego, por el bien de mi atrofiada salud mental, unas palabras de opinión no me vendrían mal. En el último capítulo tuve un total de 147 hits y sólo 5 comentarios…no sean malitous! Como reviews porque no tengo dinero…
Gracias por todo chicos.
NOTA: Les recomiendo que para este capítulo escuchen Glósóli de Sigur Rós, o si quieren Svo Hljótt del mismo grupo. Y si no, pues de todos modos cuando puedan chequenlos. They are utterly ethereal…and yummy :)
Todavía…
El tiempo empieza con su largo y dolorosamente lento recorrido de tics y tacs que resuenan en el subconciente de sus mentes. Pero más que ese ligero malestar de desesperación se concentran densamente en la falta de comida y de agua que han aguantado. La carencia de tales cosas tiene repercusiones de lo más fatales; Robin observa con interés su abdomen que sube y baja al ritmo de su respiración, brillante por el sudor y las manchas de sangre que parecen adherirse a su piel. Su piel sigue brillante y fuerte como si no hubiera pasado un día, pero el vacío que siente es tan grande que pasa horas y horas tratando de deshacerse de este, muy metido en lo suyo como para darse cuenta de los que pasa a su alrededor.
No es como si fuera la gran cosa.
-Extraño a R…a todos-el pequeño error lo nota Cyborg, que no dice nada porque al final no importa; sólo han pasado tres años, pero esos tres años para ellos han sido la eternidad.
-¿Qué tal si no lo lograron?-pregunta Robin con una voz amarga. Camina apresurado por todo el calabozo y se aferra a su cabello como si la simple acción le diera una respuesta.
-Tal vez no, tal vez si-La respuesta hace que Robin grite de enojo, patea con recelo la pared de su prisión y murmura incoherencias.
-Necesito saber, Cyborg, ¡y tu no me das respuestas!-farfulla, saliva chocando contra las morenas mejillas de Cyborg. Una explosión de indignación se crea en su mente y al segundo siguiente tiene a Robin bajo su fuerte agarre.- ¡Han sido mil días Robin, MIL, donde lo único que dices es eso!, ¡Ya me cansé!-después su puño aterriza en las mejillas cinseladas del chico bajo él y luego tiene un fuerte dolor en el lado contrario de su cara.
Hay golpes expertos y gritos de furia; ruedan, se avientan contra las paredes, gritan como salvajes. Al final quedan jadeando de cansancio y sollozando.
Más tarde hay disculpas susurradas. Se llega a la conclusión de que su impulsividad surgió por la simple desesperación. Un abrazo más tarde y los dos se preparan para lo que viene, porque se oyen pasos pesados llegando a donde están.
-Despierten chicos, es hora de morir-
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Lágrimas transparentes se deslizan sobre su manchada piel, Cyborg nota el cambio en la respiración de Robin pero no dice nada, perturnado por los recientes hechos.
Para él ya no hay lágrimas que derramar.
-¿Cuánto tiempo?-pregunta Robin con voz cortada, soba sus ojos bruscamente con sus guantes y se niega a derramar más lágrimas.
-Diez y ocho años-Cyborg siente una presión en el pecho cuando nuevas lágrimas salen a flote de los ojos de Robin, después de un momento de contemplación se da cuenta que son celos.
Porque Robin todavía tiene lágrimas que llorar.
El descubrimiento le deja un sentimiento muy raro en su pecho y en su cerebro, pero éste mismo se borra tan rápido que no se da cuenta. Desaparece. Se esfuma. Y eso que sintió ya no existe, es probable que ya no vuelva a pasar. Sus ojos empiezan a perder el brillo que Robin todavía posee en los suyos…orbes azules que todavía tienen un tinte de esperanza que ahora en vez de traerle tristeza sólo le traen enojo.
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Robin sabe que esa sesión de tortuta no fue buena en el momento que cuatro brazos avientan a Cyborg dentro de la habitación y éste cae indecorosamente en el suelo, gruñendo por el dolor. Sus ojos se ven salvajes y hay un tintineo que realmente pone nervioso al petirrojo.
-Cyborg…-exclama con esperanzas de que su amigo le escuche, el chico parece reconocer la voz pero su estado lo incapacita de poder decir algo. Robin espera.
Porque es lo único que puede hacer.
-Era Raven…-el nombre suena tan raro al salir de los labios de Cyborg…suena tan raro escucharlo.
-¿Qué?-hay más incredulidad que esperanza, pero se espera. 25 años y se espera.
-Tenía su apariencia-vuelve a decir, alza una mano y la pasa suavemente en el pesado aire, como si acariciara una mejilla, después se para salvaje y golpea la puerta de su prisión, chillando como niño pequeño.
Robin no dice nada. Hasta que abren la puerta. Es su turno. Para cuando regresa, él que lo quiere sacar de su estupor es Cyborg que solloza pero sus ojos no están húmedos.
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No reciben comida, ni siquiere agua, las heridas no se cierran y sangran como cascadas por cualquier movimiento. Lo único que reciben por parte de los demonios son cosas que no quieren: caricias, toques, placer que les arranca la cordura más que la tortura.
Dos gritos suenan de lo más profundo de aquel edificio oscuro. Miles de risas contrastan mientras Robin gime de culpable placer y Cyborg simplemente jadea por la intensa sensación.
Las lágrimas no surgen ni brotan como sus abiertas heridas.
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-¿Cuánto más tenemos que esperar?-masculla Cyborg mientras trata sus heridas, que se manchan de escarlata y le hacen brillar a la luz de la Luna Roja, que sólo sirve para que se vea más horrible de lo normal. Su apariencia debería asustar a Robin, pero el hecho de que este lúcido después de esa sesión de tortura lo sorprende más que otra cosa. Esas particulares sesiones no son buenas para ninguno de los dos.
-Tal vez ya no hay que esperar-la frase para oídos ajenos sonaría como una brisa cálida para sus lastimadas almas, pero la realidad de la sitaución sólo hacen que los ojos de Cyborg pierdan todo brillo. Robin se siente culpable, ya que aunque más fuerte, Cyborg parece desvanecerse del mundo más rápido que él. Con un vistazo a determinada pared del calabozo se da cuenta que han pasado 32 años, contados por el grupo de líneas de cinco rasgadas en la pared.
No viene nadie.
Ninguno de los dos llora.
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-No llegan-Cyborg ha adoptado esta pequeña manía desde hace algunos años, en la noche (o lo que suponen que es la noche) murmura al espacio interminable arriba de ellos las dos palabras que Robin no sabe si apreciar como ancla (porque Cyborg sigue ahí con él), u odiar con el alma.
-No llegan-murmura el moreno nuevamente, trazando líneas en el sucio piso del calabozo, uno de los garabatos se asimila a una cara de grandes ojos y una gema en medio de la frente. Robin tiene las ganas de salir del calabozo y azotar la puerta solo para molestar a Cyborg, pero la incapacidad de hacer tal cosa termina en que se para lastimoso y se aleja de su amigo, murmurando barbaridades de las que no se da cuenta y meciéndose como un pobre desesperado.
Las lágrimas ya se terminaron.
…37 años son mucho de cualquier manera.
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Su conciencia le dice que hay algo ahí fuera que piensa en él. Que todavía hay algo en algún lugar que lo considera.
El estado demacrado de Cyborg le trae a Robin un consquilleo molesto en las oriyas de sus ojos, pero después de tantos años en ese lugar las lágrimas ya no caen, y el cosquilleo no se alivia porque no hay como.
Uno puede suponer que el tiempo en ese lugar es como los demás, y al principio Robin se dice así mismo que pasa de manera más rápida y que por eso no han llegado sus salvadores. Se lo dice cuando las creaturas de apariencia horrible lo sacan para pegarle como a un profeta caído y para torturarlo como pelílcula que no salió en los cines. Se lo dice cuando no importando la falta de comida, todavía hay fuertes pectorales, sangrientos y grises que porta con disgusto.
Después de 42 años uno se da por vencido.
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Simplemente ya no hay nada más, no se siente, no se palpita.
No se vive.
Ni siquiera cuando túnicas blancas se divisan desde lo lejos cuando la puerta del calabozo se abre.
-
El repentino cambio de aura vital alrededor de Airin la deja sin respiración por unos minutos. No puede ser, se dice así misma, dejando un cuerpo en el suelo y volando como sus alas le permiten, pasando con flashes de rojo y negro a las creaturas que todavía quieren poseer su cuerpo como premio.
Pasa por las paredes de mármol y se adentra a la fuente de tan fuerte aura.
Abre con cautela la puerta gigantesca, gimiendo de ansiedad por el rechinido de esta. Cuando abre la puerta lo único que puede hacer es observar atónita las miles y miles de caras de mármol que le ven con algo no menos que esceptiscismo.
-Oh, Azar…-su mente crea las primeras palabras con sentido después de ver el escenario que se le presenta: ¿Quién activo al ejército mágico?
No llega a terminar su pregunta mental cuando las miles y miles de estatuas vivas salen a la interperie y toman lo ajeno como suyo.
-
-¿Quién los activó?-grita Arella entre respiros y jadeos, sus ojos violetas están salvajes por la furia y la ansiedad que le come el pecho con lentitud.
-Creo que fue Azar misma-murmura Marcus entre respingos, cuando ve que Arella no parece escucharlo suspira de resignación, con un gran suspiroo empieza a murmurar palabras a gran velocidad, tomando su pierna fuertemente.
Arella mira todo con escepticismo, nerviosa por las posibilidades de algo así ocurriendo.
-¿Y si no?-su tono es de libre interpretación. Sabe que si el ejército no tiene al comandante correcto es más fácil tirarse al suelo y morir de una vez.
-No…no nos han hecho nada Arella, sólo hay que tener Fé-suplica el de los cabellos azules, después sigue con su rápida murmuración. Hace movimiento coordinados con su mano.
-¡FÉ!-chilla con indignación, sus ojos agrandados y asustados le dan más lástima a Marcus. El estado frenético de Arella es comprensible en momentos como este, pero el hecho de que Arella este tan desesperada como para perder esa pizca de cordura que todavía le sobraba es de estirpe alarmante.
-Por favor, Arella…-suplica nuevamente, ojos llorosos por el inmenso dolor; viaja sus ojos en ritmo de los pasos apresurados de Arella, que camina dando círculos y casi sacando humo del piso.
-¡Arella!-después de una pequeña explosión de poder y una marca de mano impresa en la mejilla de Arella, ésta se enuentra postrada en el piso mientras una mano magistral le acaricia suavemente la espalda.
-Todo va a estar bien-murmura entre los cabellos que le cubren.
-
Un estruendo hace que las paredes tiemblen como monjas en presencia de seres malditos, miles de escombros entran como centellas a gran velocidad en el cuarto donde los heridos tratan sus líneas escarlatas. Los que no se encuentran en el lugar están en atención médica en los refugios o están muertos.
-¿Dónde está Eprhem?-pregunta Arella mientras examina la cabeza de Ste´fan, que duerme pacífico a pesar de la lluvia de sangre que acaba de ver.
Airin aprieta los labios, mientras voltea hacia otro lugar y silenciosas lágrimas caen de sus ojos. A veces odia tener sentimientos.
-¿Dónde está Ephrem?-pregunta nuevamente Arella, su voz se corta y corre tan rápido que los demás están estupefactos momentanemente por la reacción tan inesperada de Arella.
-
Sus pasos resuenan sobre el mármol del edificio, su cuerpo resbala por los charcos oscuros y sus lágrimas caen libres, llevadas por el viento y la velocidad de sus pasos.
No otro por favor. Piensa freneticamente.
Su visión está nublada, y ahora lo único que puede ver son sus temblorosas manos tocar la madera de la puerta, su vista se llena de azul y rojo y negro y oye el crujido de sus pasos sobre el pasto, los huesos y la carne.
Hasta que cabello color rojo flamante se divisa en su rango de visión. Sus rodillas arden y la cara de Ephrem no dice nada. Ojos de piedra preciosa le ven sin vida.
-No otro…-
-
46 años en el olvido y los dos chicos se descomponen en divagaciones que no llegan más allá de pesadillas y especulaciones que pasan como brisa en sus enterradas conciencias.
Una explosión después y los dos chicos siguen ahí, ajenos al mundo exterior. Al mundo más allá de su calabozo y su maldición. Las piedras y el polvo caen sobre sus caras, que siguen igual de jóvenes pero grises y sin una pizca de alma. Las sangre fluye y fluye…pero las lágrimas no.
Azar abre la puerta con gran premura, su mirada firme y aliviada al ver las dos formas postradas en el piso. Ojos vacíos miran el techo del lugar; Azar hace una mueca de vergüenza. El brillo de la sangre la tiene dando un paso para atrás, la presión de su pecho se hace gigantesca.
Raven va a querer muchas explicaciones.
-Robin…Cyborg-susurra, su voz haciendo eco, el sonido chocando y haciendose más grande cuando llega a los oídos de los chicos. Pero no pasa nada, la sangre incrementa y las esperanzas disminuyen…
-Robin. Cyborg-exclama, acercándose a los cuerpos e incándose sobre éstos.
-En el nombre del Padre…-
Espera que esto funcione.
-
-Robin-murmura, y los ojos azules al fin, al fin parpadean en un dejo de reconocimiento, pero no es mucho antes de que sus ojos vuelvan a perder ese brillo. Las pupilas se dilatan y su corazón vuelve a parar. La desesperación se quiere hacer huesped de la mente de Azar, pero con la situación en manos es muy difícil que se haga una realidad. El cuerpo de Robin es gris, y el sudor sale copiaosamente de sus poros, haciendo rosa la mezcla que lo rodea. No se mueve.
Pero sigue vivo. (Tecnicamente)
Azar toma una bocanada de aire, omisa al pesado sentimiento que lleva este hasta que se da cuenta…
El aire…
-Lo lamento-murmura mientras ve hacía arriba, tocando la frente de los dos chicos y murmurando tan rápido que su boca tiembla de manera frenética, sus labios se rasgan y sangre cae en la piel de los dos jóvenes.
Azar mira con ojos sin emoción lo que sucede después. El aire se aclara y se forma una burbuja de espacio alrededor de los tres, conectándolos en una fuerza que saca ligeros listones de energía pura.
Momentos pasan; hasta que cuerpos se mueven, piernas se flexionan, brazos se contractan, piedras se agarran y el dolor termina. Cuatro líneas escarlata nuevas y la sangre deja de fluir.
Porque ya no hay.
Lo demás es color blanco y negro y después una brisa acaricia los sentidos.
-
La espera es extenuante, pero no hay otra manera. Sus labios siguen murmurando, su propia sangre escurre sobre su barbilla y aterriza en el gran charco del piso. Los dos cuerpos no se mueven, no respiran…no viven.
Pero es la única manera. Si la destrucción de su cuerpo es inminente…que así sea.
Un ángel no es nada a comparación del destino del universo.
Observa inexpresiva los cuerpos pasivos, pero su murmuro no se detiene, y la sangre en vez de chorrear explota de su boca que ahora es sólo un borrón de velocidad. Tiene que terminar antes de que los cuerpos ya no puedan ser habitados. Es una larga excursión y lo que pudieron ser segundos ahí, para ella son horas de interminable dolor.
Hasta que los dos chicos toman una bocanada de aire y el color vuelve a sus mejillas. Es un cambio drástico que los deja adoloridos y sumamente exhaustos; vale la pena.
Hay un momento donde los dos nuevos seres se ajustan nuevamente a lo que está sucediendo, sus ojos sólo reflejan incredulidad y algo de dolor, pero la situación los tiene tan confundidos como sorprendidos.
-Rae…-
-Vayan-in terumpe, su mirada de desesperación no hace nada con las maravilladas expresiones en las faces de los dos chicos, que miran, respiran y tocan como bebes que quieren descubrir lo maravilloso que es el mundo. Pero no lo es, y el aire pesado del calabozo y del infierno mismo les pega fuerte después de unos minutos donde Azar se abstiene de presionarlos más, teniendo miedo que la restauración no este completa y que el trabajo se deshaga. El miedo se multiplica y se transforma en deducción rápida. Con unos murmuros más de su boca color carmín crea aire puro alrededor de los dos jóvenes y estos brillan como foquitos de una serie de luces.
-Vayan-solloza, empujando con sus sobrantes fuerzas los cuerpos de los chicos y viéndolos correr como si vieran la luz a lo jejos.
Unos momentos más tarde siente que su cara toca lo pegajoso de la sangre. Sus túnicas ahora son mitad blancas y mitad rojas.
"Deja que me recupere"
Por favor.
-
La sangre palpita con enegría a través de sus venas, feliz como miles de pequeños niños que saltan en el agua después de una lluvia. Está fresco y vivo.
Vivo.
Nunca supo que el simple hecho de existir se pudiera sentir tan glorioso. La brisa, aunque pesada, se siente y se disfruta, simplemente no puede dejar de sonreír y la cara le duele.
Hola, soy humano. (1)
La risa de Cyborg retumba sobre las paredes y hace cosquillas a su cansada alma y no pueden parar de correr porque algo los espera del otro lado.
-¡Ya vamos para allá!-grita Robin, gotas de sudor viajando sobre sus mejillas. Y sus ojos le duelen, la garganta se presiona sobre si misma y la cabeza le da vueltas.
Cyborg llora como niño pequeño, maravillado por las mismas emociones que siente desde su corazón, sus ojos vuelven a brillar con esas lágrimas que se quedan atrás por la velocidad que tienen al correr. Hay un dolor profundo en su corazón, del cual está seguro Robin también lo tiene.
Pero eso no lo detiene de disfrutarlo como a un helado afuera en los pastos de la Ciudad Salto.
El pasillo termina en menos de lo que se dan cuenta.
-
-Es un desastre total-es lo único en lo que piensa Airin en ese momento, sus ojos perturbados y fascinados al mismo tiempo, están fijos en la figura de Arella, que llora, gime y solloza en las túnicas de Marcus. No se había dado cuenta antes, pero Arella así se ve diminuta.
El hecho de que no sepan que es lo que pasa afuera si acaso por algún sonido que viene del aparato mágico que se une a Jonathon, los deja más desesperanzados.
Su mente está a punto de seguir con esa misma línea de fatalismo cuando una fuente de poder mágica poderosa se crea en el centro del cuarto. Todos se ponen en posición y esperan con los ojos bien abiertos.
Lo que sigue después es un borrón de acontecimientos que Airin no puede describir con tantos detalles. Lo que recuerda es que aparece Cyborg en medio del cuarto y después un borrón de morado y blanco se aferra al pobre chico. Los gritos resuenan y la gente corre a ayudar al caído. Para cuando la conmosión desciende a un punto más soportable Cyborg se encuentra en una cama con una taza de agua que se vuelve a llenar magicamente y una sopa ligera y caliente que descansa en la mesita de lado. El senado entero se encuentra alrededor de él, observando fascinados la simple presencia del chico. Éste se sonroja y prefiere mirar a la enfermera, que murmura y hace mociones grandes con las manos, sacude la cabeza y sigue con su diagnóstico con movimientos exactos, como un baile. Cyborg siente la magia de esta viajar por su sistema y su débil cuerpo ya empieza a tener las repercusiones de su paseo por la cocina infernal.
-Necesito que lo dejen en paz-bufa la enfermera, sabiendo que las miradas lanzadas al chico no hacen nada de mejora para su bienestar, que como va, está en el punto de ser casi nulo.
-Necesitamos hacerle unas preguntas-interfiere Mika'il, vocero de Ste'fan, que aunque débil está parado ahí.
-Si no lo dejan descansar no habrá respuestas-farfulla, después empuja al más cercano y le ordena a Ste'fan que se acueste y descanse porque si no las consecuencias le harán preferir morir en manos del mismo Luzbel. Ste'fan estás más que preparado para obedecer.
-Perdónalos cariño-su vista se suaviza y Cyborg ni siquiera se da cuenta de lo que pasa en ese momento, sus ojos se sienten pesados y lo último que ve es la mano que se presiona suavemente a su cabeza.
Tampoco llega a ver la sombría expresión de la enfermera.
-
No tiene tiempo de acostumbrarse a las explosiones cuando se hace víctima de una, que lo lanza metros lejos a la pared con la desgracia de ser destruida por la fuerza del impacto. Supone que el infierno mismo, como ejemplo de su presencia, impide que muera.
Duda que en la Tierra o cualquier otra dimensión pudiera sobrevivr tan fuerte golpe. Sólo espera que si llega a salir de este lugar pueda encontrar ayuda médica. Luego recuerda que aunque en el infierno uno simplemente no puede caer y morir, las heridas que se infringen en su cuerpo deberían ser más que obvias. Luego recuerda a la hermosa dama que los ayudó y sonríe un poquito.
Que ventaja.
Con una contracción de sus músculos un tanto presuntuosa se levanta del piso y empuja las pocas rocas que lo presionan. Después se decide con firmeza y checa que los poderes que recibió por el incidente con Jonathon todavía estén ahí. Pero lo que sale de sus manos son pequeñas explosiones que no tienen nada de espectacular, simples vibraciones de magia que no se quieren esfumar, como las sobras de una fogata, lucecitas que tiemblan por el deseo de permanecer en el mundo material. Tal vez ayude de algo.
Demonios.
Fue bueno mientras duro, piensa, para luego tirarse al piso cuando ve un cuerpo volar hacia él, éste choca contra la pared y se queda ahí, sin vida y sin una pizca de poder. Robin cree que el cuerpo no era con intenciones de hacerle daño, sino una simple consecuencia de una batalla que se desarrolló cerca de él.
Se acerca a una de las esquinas del interminable laberinto y decide hacer algo increíble. Se sienta en el piso y medita.
El poder viene de ti mismo, como llamitas que siempre están ahí, tu tienes que soplar para que se hagan más grandes, la magia que recibiste ese día fue como el Jack Daniels para hacerlas más grandes, ahora tu las tienes que controlar.
Tal vez el simple hecho de que está en la esquina lo ayuda a no ser parte de los cuerpos voladores que chocan contra todo, las explosiones y los lazos de poder escuro no lo tocan y ni siquiera se acercan al rango de su presencia. Mantiene sus ojos abiertos en lo que espera es la meditación intensiva que no cubrió en su tiempo con Ra…
El panorama se deshace en colores infinitos y se adentra a las sombras, que después de tanto tiempo de intentar, vuelven a resurgir y su poder le habla. Como brisas que le murmuran reproches por su falta de concentración.
-No pude…con todas las torturas que me cargué en los hombros no me sorprende la falta de concentración que tengo-responde a las voces que le hablan; están le vuelven a decir algo y el asiente freneticamente, devez en cuando murmurando sus réplicas. Para cuando terminan el color vuela y es más vivo que antes. Robin sonríe.
Su poder cambia y se transforma, no es como lo tenía cuando la transfusión era reciente, pero es lo suficiente para ayudar.
No sabe contra quien pelea, pero algo es claro, los más feos son sus enemigos.
-
La batalla sigue ardiente y no tiene tiempo siquiera de instruirse en el pegajoso sentimiento de la sangre negra que escurre por sus cejas y que siente por sus brazos.
Hasta que ve lo que no sabe si es su peor pesadilla o lo que deseó ver aún después de 46 años. La silueta es lanzada por una explosión de magia que le pone los bellos de punta. Segundos después la chica es tocada en la frente por un Demonio con una alarmante semejanza a Sócrates, que parece decirle algo con rapidez; este aconteciemiento le quita las pocas esperanzas que surgen desde su subconciente, y el golpe lo deja momentaneamente sin repiración. El demonio quita la mano de la frente de ella y después ésta se disuelve en la remarcable bola negra de energía. Luego todo se vuelve a voltear porque el Demonio pelea contra los que deberían ser de su misma especie, rasgando y cortando lo que se acerca a sus brazos. Son tan suaves sus movimientos que Robin no puede hacer nada más que aprovechar la distracción para digerir la nueva información.
Tal vez sea ella. El pensamiento es rápido, vago y sumamente improbable, pero éste le sigue molestando y decide ir en busca de su gran amigo moreno, que por alguna razón se separó de él en el momento en que llegaron a toda la conmosión.
Necesita encontrar a Cyborg.
Después de un rato su busqueda le deja un vacío horrible en el pecho. No importa cuantas veces haya gritado el nombre del moreno, éste simplemente no aparece. Por si las dudas sigue con su griterio, ahora más concentrado en encontrar al muchacho que en lo que pasa a su alrededor. De su mente puede digerir varias cosas de cualquier manera; como que son más demonios los que parecen estar de su lado, al menos ha visto tres que parecen más que felices en participar de la fiesta de manjares.
No es hasta momentos después (no sabe si son horas o simples segundos) que se da cuenta que Cybor no está. El vacio incrementa de manera alarmante, y la presión en sus ojos hace que se talle con fuerza.
-¿Tu eres Robin no?-pregunta una voz siniestra detrás de él. La reacción es repentina y segundos después Robin mira el espacio donde antes supone estaba el demonio. Se oye una risa a lo lejos y de entre los cuerpos se para el Demonio que se parece a Sócrates.-Como ya habrás visto, es de suma irrelevancia luchar contra mí-anota con una inclinación de la cabeza. –Gracias por la ayuda-menciona mientras pasa sus pies por los cuerpos tirados en el piso. La expresión de placer en sus facciones al disfrutar de la carne en sus pies le da a Robin las ganas de vomitar. Pero lo desagradable se intensifica cuando el demonio alza lo que parece ser una columna vertebral muy larga; la chupa con regocijo y sigue inspeccionando.
-¿Por qué?-pregunta Robin, el hilo de la conversación es más que obvio.
-Simple masoquismo, y el hecho de que nos gusta ponernos del lado del que va ganando-sus ojos brillaron con una excitación que creó escalofríos a Robin.
-Creo que deberías ir ¿sabes? En poco tiempo se darán cuenta de lo que ha pasado, y los refuerzos no son algo para jugar-
-¿Ir…?-pregunta Robin, la escondida frase en el tono del demonio hace que el corazón le empiece a palpitar con considerada velocidad.
-Si, ir. Creo que también te está buscando, tu sabes, la deliciosa de los cabellos morados-su lengua rosa pasa sobre sus dientes negros, lo cual distrae a Robin momentaneamente de la enunciación que acaba de escuchar. Su cerebro tal vez se niega a tomar ese rumbo.
Pero la tentación es demasiada.
-Debes apurarte, niño, porque ya siento el enojo de mi jefe-La mirada que le lanza le trae al mundo exterior, como un flash de reconocimiento que lo tira y sus rodillas rompen algunos huesos que se encuentran bajo él.
Después todo se disuelve en colores que varian del negro rojo y gris…y sus ojos sólo quieren encontrar el lavanda.
Allá voy.
-
El mundo no es más que sentidos y pasos que retumban en las paredes. Un tambor suena a lo lejos, incrementando el sonido en sus oídos y sacando lágrimas de furia porque simplemente no encuentra nada.
-¿Dónde éstas?-murmura a lo lejos, mirando para todos lados y checando cada cuerpo caído que todavía tenga una forma que se asimile a la de un humano.
-¿Dónde estás?-la presión es demasiada, y por un momento no hay nada más que el sonido de tela resbalando sobre la pared, donde ahora Robin se encuentra, acurrucado en la esquina con las piernas flexionadas, un pequeño caparazón que no hace nada para calmar ese tambor que escucha retumbar desde sus adentros. Si alguien más lo viera en ese momento, pensarían que es un niño pequeño que ha perdido a su mamá.
Sus ojos empiezan a perder el brillo de reconocimiento que Azar logró poner en su alma, y ahora lo único que ve son las forma bizarras del espacio que le rodea. Todo es un manchón de negro y rojo y el ocasional amarillo por las antorchas del lugar.
Hasta que una mancha blanca pasa desde lo lejos. No se da cuenta cuando su cuerpo se empieza a mover involuntariamente, ni cuando corre con las fuerzas que le quedan.
Y ahí, tan sorprendida como él, está Raven, que se ve sumamante cansada. Sus ojos lavanda se ven con la misma oscuridad que siempre la caracterizaron, pero la resignación hace que una pequeña voz en la mente deRobin grite con todo lo que tiene. Raven parece entender, pero la sospecha que nada en los ojos de Robin como pirañas que retan con salir es más obvia que la esperanza que también se palpa en sus orbes azules.
El hecho de que sus ojos no tengan el antifaz en ese preciso momento le quitan todo el encanto de ese secreto que guardaban para momentos más apropiados.
Pero es él.
-…Tú-el murmuro es uniforme, ni Robin ni Raven tienen idea de quien lo masculló. Pero algo es obvio.
-Robin-Raven no parece querer esperar, el deseo de volver a verlo vuelve tan fuerte que ésta no puede detener los líquidos que salen de su boca por la simple presencia del joven enfrente de ella.
Luego todo es una explosión de luz que los lanza a los dos a paredes opuestas en la mediana habitación. Un choque de energía que hace que las antorchas se apaguen y que pequeñas centellas de luz pasen por los cuerpos de ambos titanes.
Ninguno tiene el valor de acercarse al otro después de esa explosión. La indesición de saber si cada uno es el que representa se palpa en el aire por un dejo de sombría sospecha.
-¿Eres tú?-es lo primero que sale de los labios de Robin, que aunque intacto vuelve a adoptar esa posición de bolita en la pared apuesta. Las antorchas apagadas no le ayudan al aumento del tambor que resuena en su cerebro, pero sus pupilas se ajustan y puede ver la posición sentada de quien sea este del otro lado.
-Yo también podría preguntarte eso-el tono se escucha como una mezcla entre enojo, esperanza y duda.
Hay un silencio ensordecedor para cada uno de ellos. El tiempo pasa como lentos segundos que Robin ya ha perdido, sabe que si no se decide las consecuencias van a ser más que graves.
-¿Cómo puedo saber que eres tú? Muy bien podrías saber todo lo que te pregunte…-la pesadez de la situación se hace cada vez más tangible en el aire, y por lo que sucede Raven puede sentir las emociones como perros que le ladran a la cara.
-Yo soy Raven-murmura ella, el sonido le saca un sollozo de sorpresa a Robin, lágrimas invisibles se crean en sus ojos. El chico desde lo lejos parece tener una cara llena de tristeza.
Tiene que ser él. Piensa Raven, que ve el brillo irreal de esas lágrimas caer como cascadas distantes en su rango de vista. Robin parece querer decir algo, pero el nudo que le arrolla la garganta es más de lo que puede manejar en ese momento.
Después toma una bocanada de aire que parece costarle.
-Y-yo soy Robin-
Todavía…
Hay Lágrimas que derramar.
-
¿Y quien dijo que no habría un epílogo?
Epílogo: Confianza.
Pero para ese no se preocupen, que ya está hecho, lo pondré aquí tal vez en una semana, depende de mi evilness y de mis maestros O.o
Human de Sol Seppy. Escúchenla.
The cliffhanger x3
