Epílogo alternativo de la historia. No es para los que no soportan los finales tristes, así que les digo ahora antes de que empiecen a leer.

Realmente no pensaba subir esto, es corto y no tiene muchos detalles, pero me lo encontré y no subirlo en mi reciente mentalidad no fue justo, así que aquí está.

Les advierto, no es feliz.


Epílogo alternativo: -Soy yo…



El calabozo empieza a brillar opacamente, y los ojos de Robin tratan de acostumbrarse a la rara vista, que le hace sentir como si estuviera en un recuerdo; borroso y saturado, con algodón suave en su cerebro. A lo lejos ve una sombra que se arrastra dolorosamente y el flash repentino de ojos amatistas le presiona tanto el corazón que por un momento siente que la sangre se le viene a la boca. No se da cuenta cuando al ritmo de su corazón le sigue una mantra de desesperación y esperanza que también retumba en las paredes.

-Qué seas tú, qué seas tú, qué seas tú…-

Raven se acerca lastimera pero resoluta, con una de esas sonrisas que sólo los más cercanos a ella pueden notar.

-Soy yo- raspa su voz, la debilidad y la emoción le llegan como si fuera una brisa confusa, que es caliente y fría a la vez. Su corazón lo distrae de ese sentimiento cuando Raven al fin termina de gatear hasta donde él está. Ojos profundos le miran y Robin no puede respirar, hay un fuego que empieza desde su corazón y el sentimiento en tan foráneo y nuevo que lo siente bien, cual representación de amor. Labios secos y parchados le besan la frente, la nariz y al final un rose contra sus labios.

Las lágrimas fluyen libres, pero los dos tienen miedo de que un rose más fuerte sea la gota que falta para que se derrame el vaso, y que la ilusión se termine. Así que se quedan así por el más largo de los momentos, y para cuando creen que es importante regresar, al fin, Robin rompe el espacio que hay entre ellos y acurruca su cabeza en el regazo de Raven, que deja salir un sonido que suena al mismo tiempo como risotada y como sollozo atorado.

Robin, entre sus lágrimas y sus ojos fijos en Raven, no nota que el calabozo se ve más oscuro y lejano, como si se apartaran de ese lugar.

Raven sonríe suavemente mientras que sombras se forman de las orillas y una fuerte luz roja empieza a verse del techo del calabozo. Raven murmura una melodía rota y entona –Soy yo, Robin.

Sus manos acarician el rostro del petirrojo y pasan por sus párpados para cerrarlos suavemente. Manos oscuras se empiezan a divisar acariciando el cuerpo del muchacho, pasos apresurados y alas en frenético movimiento se oyen a lo lejos; el rugido de una creatura se oye estridente.

Robin vuelve a abrir sus párpados alarmado y siente en el fondo de su alma un llanto que le jala con fuerza. Gritándole hasta que siente sus oídos explotar para no volver nunca más.

Raven, con cuatro ojos color escarlata y lágrimas ardientes saliendo de sus ojos, lo mantiene en su regazo con un firme agarre y le susurra.

-Pero no soy Raven-