El joven profesor tiró con fuerza del pelo del alumno al que tenía agarrado, haciendo que echase la cabeza hacia atrás, el otro solo se quejó levemente, esperándose lo peor. Metió su mano por dentro de la camisa del uniforme del joven, acariciando su espalda con las yemas de los dedos, notando como Kiba se estremecía. Sonrió complacido y tiró de nuevo de su pelo, bajando él un poco, frotando su entrepierna contra el culo del joven y acercándose peligrosamente a su cuello, el Inuzuka se quejó de nuevo, intentando zafarse inútilmente.

-Kakashi. –Se oyó una voz femenina que le hizo al peliplateado suspirar con fastidio, tardando bastante en, por fin, soltar al alumno.- Vamos, Kiba, ven conmigo. –Dijo aquella voz. El joven, como si de un pobre perro maltratado se tratase, agachó la cabeza y fue hasta ella asustado.-

-Kurenai. –Dijo el profesor girándose.- No vas a protegerlo siempre. –Añadió desafiante.-

Aquella mujer comenzó a caminar por el pasillo seguida del joven a una cierta distancia.

-Gracias. –Dijo el castaño, metiendo las manos en sus bolsillos y girando la mirada.-

-Conociendo tu personalidad dudaba que las diese. –Comentó ella aún andando por aquellos pasillos tal vez demasiado rústicos y adornados de aquella manera tan sobrecargada para su gusto. Había varios muebles de madera, con formas de espiral bastante exageradas y una gran alfombra roja que siempre le había parecido de mal gusto.-

-Tampoco esperaba que llegasen a hacerme algo cómo eso. –Dijo el joven, se notaba que aún estaba asustado.-

Siguieron hasta la enfermería, donde Kiba vio a Ino y medio sonrió sin saber muy bien por qué, como alegrándose de verla, esta le sonrió levemente.

-Ino, dale algún tranquilizante y que se acueste con mi permiso. –La rubia le miró y agachó la cabeza, fue a replicar pero Kurenai le cortó. –Hazlo. –Dijo imponente marchándose de allí.-

-¿Qué pasa, no me quieres ayudar? –Preguntó el Inuzuka mirándole interrogante, ella negó con la cabeza y suspiró.-

-No es eso, no tiene nada que ver contigo. –Dijo algo apagada, buscando algo entre los cajones, al parecer lo encontró.- Toma, será mejor que te tomes esto y te vayas a dormir.

El joven miró la pastilla que la rubia le había dado y la miró.

-¿Por qué lo hiciste…? ¿Por qué les traicionaste? –Preguntó curioso el castaño, ella giró la mirada y recuerdos no muy agradables llegaron a su mente…-

FLASHBACK

-Es sencillo. –Comentó el joven de las gafas.- Nosotros no queremos que se vayan por su propio bien y el de sus familias, así que decide si nos vas a ayudar o no, te hemos elegido porque eres la más inteligente y sabes lo que les conviene, y, como te hemos prometido, a ellos no les volveremos a hacer daño, a las chicas no les volveremos a hacer trabajar y tú y tu novio volveréis a casa. ¿Qué me dices Ino, lo harás? –Añadió finalmente posando su dedo índica entre los cristales de sus gafas, colocándolas mientras sonreía de una forma asquerosa.-

-Teníamos pensado huir esta noche…

FIN FLASHBACK

La rubia se giró hacia Kiba y le miró seria.

-Fui una estúpida, Kiba. –Dijo asintiendo finalmente y volviendo a sus supuestas tareas.-

Kiba se levantó, se tomó la pastilla con la ayuda de un vaso de agua y se fue sin decir nada, subió de nuevo al cuarto aún confuso por lo que pudo pasar. Cuando llegó se fijó en que no había nadie, fijo que se estaban matando a golpes; negó con la cabeza soltando un suspiro y se echó en la cama. Se fijó en que en otra cama estaba Sasuke, el supuesto ganador de la otra vez.

-Vaya, el valiente. –Dijo riendo suavemente, el otro pareció ignorarle y Kiba se dispuso a dormir, pero oyó ruidos en los pasillos.-

El resto de alumnos llegaron cansados a la habitación, muchos dirigieron miradas curiosas al Inuzuka sin entender muy bien qué hacía él ahí y no con ellos matándose ahí abajo. Se fueron a ducharse y, Suigetsu, que esperaba turno, ya que iban de diez en diez, esperaba ahí. Se empezaron oír gritos y risas desde las duchas.

-Ya estáis haciendo el tonto ¿No? –Preguntó una chica, entrando sonriente en el cuarto con una fregona. Miró al castaño y sonrió.- Hola, soy Tenten. –Se presentó divertida.- ¿Y tú? Nuevo ¿No?

El joven asintió y sonrió de lado, pensativo, lo llevaban demasiado bien todo.

-Kiba. –Dijo sin más.-

La joven sonrió, apoyada en el palo de la fregona.

-A este me lo cuidáis que es una monada. –Dijo riendo.- Todos encima de las camas que paso la fregona, el que baje los pies se lleva un fregonazo. –Todos obedecieron y a continuación soltó la fregona.- Mejor cuando salgáis de la ducha, que así no me pisáis lo mojado y me alegráis un poco la vista. –Añadió entre risas.-

En ese momento Ino entró en la habitación y todos se quedaron en silencio, ella se sintió bastante incómoda, se acercó a Kiba y le tocó suavemente la frente, este la miró extrañado.

-Es por si la pastilla te provocó algún efecto secundario. –Dijo sonriendo muy levemente y quitando su mano.- Pero parece que no. –Cuando se dispuso a irse Sasuke la cogió del uniforme y la atrajo hasta él, pegándola a su cuerpo.-

-¿Nos divertimos un rato? –Preguntó de forma grosera y lasciva, ella le empujó y, accidentalmente, Tenten puso su pie para que este cayese sobre el cubo del agua de limpiar el suelo y se empapase.-

-Mira, a lo mejor ahora alguien quiere algo contigo, que hueles a limón, como si llevases colonia. –Dijo seria mientras le miraba por encima del hombro. Sasuke se levantó y le pegó una bofetada que le hizo girar bruscamente la cara. Las risas al ver la caída del Uchiha se volvieron un silencio incómodo, hasta que Naruto se acercó hasta él y le empujó, desencadenando finalmente una nueva pelea en la habitación mientras los demás se duchaban.

Solo cinco minutos pasaron hasta que aquel escándalo se paró de repente cuando vieron entrar al director del colegio.

-¿Quién ha empezado esto? –Preguntó seco y tajante, miró a Ino y Sasuke y ambos giraron la mirada, ella con miedo y él con desprecio. Enseguida supo qué pasaba, les pidió a Ino, Sasuke y Naruto que fuesen con él.-

Kiba siguió con la mirada a Naruto, siempre tan callado, era extraño, Suigetsu sonrió al ver el gesto del joven Inuzuka y se sentó a su lado.

-Antes era como tú. –Dijo pensativo, mirando al frente.- Pero la traición de Ino le cambió mucho. Él siempre fue extrovertido, alegre, valiente y bastante contestón. –Dijo medio riendo con nostalgia.-

-¿Y qué pasó? –Preguntó el Inuzuka curioso, mirándole impaciente.- ¿Por qué le afectó tanto? –Suigetsu le puso una mano en el hombro.-

-Era su novia. –Dijo finalmente, provocando sorpresa en el castaño.- Bueno, voy a ducharme, que me toca. –Añadió levantándose y caminando hacia el baño.-

Kiba se fijó en que se acercaba Kankurou, a pata coja ya que al parecer tenía problemas para ponerse los pantalones. Kiba rió suavemente viendo como al final lograba ponérselos y se sentaba en la cama.

-¿Qué te ha hecho? –Preguntó directamente, mirándole.- Te han dado un tranquilizante, estás "yonki" perdido. –Su curiosidad por saberlo era enorme. El castaño negó con la cabeza.-

-No ha podido hacerme nada, una tal Kurenai le hizo dejarme en paz. Lo que me preocupa por sus acciones era qué coño pensaba hacerme. No sabía que los alumnos teníamos comodín.

-Sabes perfectamente qué te iba a hacer, y no creo que si alguna vez lo hace te resulte muy agradable. El comodín llamado Kurenai no va a estar siempre y en todas partes para salvarte. –Explicó mirando al techo.-

-Es que no me van a hacer nada. –Dijo el otro seguro de sí mismo, tenía claro que no iba a permitir que nadie le tocase, aunque ya experimentó en clase, a solas con el profesor, que poco se puede hacer en aquel estado de inmovilización.-

-Con la tontería nos hemos quedado solos, me iría y te dejaría dormir, pero más vale para Tenten que el suelo esté bien fregado cuando lo vea Kabuto. –Se encogió de hombros.-

-Un momento perfecto para contarme de qué conoces a ese tal Gaara. –Dijo el Inuzuka curioso.- ¿Un ex? –Preguntó bromeando divertido.-

Kankurou rió suavemente, aunque sin mucha gana.

-Te gusta demasiado el cachondeo. Nos hacía falta por aquí alguien con un poco de sentido del humor que no fuese Tenten. –Comentó sonriendo antes de cambiar su rostro a una expresión muchísimo más seria.- Gaara… Es mi hermano pequeño. –Dijo directamente y con un tono de voz algo doloroso.- Es bastante duro tener un hermano aquí dentro y que esté en el otro bando. –Kiba le dirigió una mirada, un intento de comprensión.- Pero bueno, para mí ya es como si no lo fuese.

-No digas eso. –Dijo tajante el Inuzuka.- Él se ha ido con ellos porque ha visto más fácil lamerle el culo a ese depravado. –Kankurou no pudo evitar sonreír, se sentía como si Naruto hubiese vuelto.-

-Bueno, dejemos el tema. –Dijo el otro soltando un suspiro.- Oye y… ¿ya le has puesto el ojo a alguna de las chicas? –Preguntó dándole con el codo y alzando las cejas mientras reía pícaramente.-

-No he tenido tiempo como para eso. –Contestó Kiba medio riendo, sin saber cómo entender exactamente la mirada de Kankurou.-

-Ah, bueno, no sé, pensé que a lo mejor ya habías puesto el ojo en alguna para desahogarte, ya sabes. –Dijo guiñándole un ojo y dándole un golpecito en el antebrazo.- Al fin y al cabo en una situación así eso ayuda a liberar tensiones y además el cuerpo tiene sus necesidades.

El menor rió levemente y negó con la cabeza, la verdad era que ni había pensado en qué haría cuando el cuerpo le pidiese algo así.

-Pues no, no he pensado en nada sobre el tema. –Dijo encogiéndose de hombros, aún riendo un poco.- Pero seguro que a alguien encuentro.-

-Sí, seguro que sí. –Respondió su compañero apartando la mirada y clavándola en el techo.- Bueno, los demás están por ahí, búscalos si quieres, yo me voy a sobar. –Dijo antes de ir hasta su cama.-

Al cabo de un rato, Kiba ya no sabía si la pastilla era para dormir o no, pero, definitivamente, el sueño no lo conciliaba, y para colmo el tema del que había estado hablando con Kankurou rondaba su mente.

-Oye Kankurou… -Probó a llamarlo.- Joder… -Susurró con fastidio por la situación. Sin seguir dándole vueltas al asunto se dio la vuelta en la cama, quedando bocabajo y deslizando sus manos suavemente por su abdomen con algo de dificultad por el peso de su cuerpo sobre el colchón hasta llegar al borde de sus pantalones, se dispuso a seguir, tragó saliva y metió lentamente la mano dentro de estos.-

-¿Te ayudo? –Preguntó la voz divertida de Kankurou desde la cama, aún girado y dándole la espalda al chico.- Parece que lo necesitas.

-"Cama trágame". –Pensó el joven cerrando los ojos y parando en seco, mirando hacia la cama del mayor.- ¿Ayudarme? ¿A qué? –Preguntó inocentemente, dando a entender que no sabía a lo que se refería.-

-Es obvio. –Dijo riendo.- No te hagas el loco. –Añadió.- Tranquilo, es normal, supongo que llevas sin hacer nada de ese tipo de cosas desde que llegaste y encima hemos hablado del tema. –Se encogió de hombros después de incorporarse sobre su cama.-

-Es igual. Sigue siendo una situación de lo más embarazosa. –Admitió el Inuzuka bastante avergonzado.-

Kankurou se levantó y caminó hasta el pié de la cama de Kiba, el cual le miró.

-Si no quieres que te ayude con tu problema me voy y te dejo a solas. –Dijo riendo suavemente.-

-¿Pero hablas en serio? –Preguntó el menor mirándole aún bocabajo desde la cama. Se le notaba asombrado, y no por el hecho de ver que era un tío, eso en aquella época estaba más que aceptado, si no por la falta de confianza como para algo así.- Lo siento pero yo no creo que…

-¿Seguro? –Preguntó tajante, el otro se quedó pensativo un momento.- Bueno como quieras. Cuando quieras probar me avisas. –Rió suavemente, cada vez podían ver menos a las chicas, y él necesitaba a alguien, así que pensaba que aquel chico no estaría mal.-

Cuando Kankurou salió de la habitación, Kiba se dio de nuevo la vuelta, quedando boca arriba y bastante sorprendido, al menos en cierto modo. Suspiró y se sacudió el pelo bruscamente. Miró hacia la puerta y al cabo de unos extraños minutos para él, se quedó dormido.

Abrió los ojos en medio de la noche, ¿una pesadilla? Sí, definitivamente había tenido una pesadilla, pero la mano que le tapaba la boca en aquel momento era muy real. Llevó su mirada hacia la derecha, cruzándose con la de Kabuto, que se llevaba el dedo índice a la boca, poniéndolo sobre sus labios y emitiendo un suave "Shhh" con la intención de que el castaño no intentase nada. Le quitó la mano lentamente de la boca viendo como el joven permanecía callado, mirándole interrogante.

-¿No te has quedado a gusto con mi espalda o qué? –Preguntó recordando que aún le dolía, y no poco. Kabuto se limitó a reír suavemente y comenzar a caminar hacia la puerta, Kiba supuso que tenía que seguirle, así que se levantó de la cama y fue andando tras él. Llegaron a lo que era el supuesto despacho del director; entraron en él y allí estaba, tan pálido como siempre y con aquella mirada escalofriante que tan poco agradaba al castaño. El despacho era acogedor, con un toque elegante y rústico; los muebles eran de un tipo de madera rojiza, pero sin perder aquel color marrón tan característico, los sillones, uno tras la mesa y dos en frente, para supuestas visitas, eran de cuero negro y tras la silla del director había una ventana que daba a la calle, con una vistas algo desérticas, pero en aquel momento, que era de noche, era precioso. A la izquierda de la habitación había un sofá de gran tamaño, también de cuero, y finalmente a la derecha había una chimenea, en aquel momento encendida, que fue lo que más llamó la atención del Inuzuka. Subió su vista a la mirada de aquel hombre y le miró desafiante.

-Qué teatrero. –Dijo mirándole aún de aquella manera.- ¿Qué haces con eso encendido a las tantas de la madrugada? –Preguntó alzando una ceja y tomando asiento frente a Orochimaru, en una de las dos butacas.-

Kabuto salió de la habitación y Orochimaru miró al joven de una manera perversa, este giró la mirada molesto y aquel monstruo al que tenían de director le sonrió.

-Quiero que trabajes para mí. –Dijo directamente, el Inuzuka, que enseguida le miró incrédulo, soltó un bufido y una risita, dejando ver que le parecía patético.-

-No se cómo se te ocurre preguntarme algo que va a tener una respuesta tan obvia. –Respondió seguro, levantándose dispuesto a irse, pero entonces entró de nuevo Kabuto, seguido de Ino.- ¿Qué hace ella aquí? –Preguntó girándose de nuevo hacia Orochimaru.-

-Piénsalo, Kiba, te irías de nuevo a casa si me cuentas lo que ellos quieren hacer, tú e Ino volveríais a casa para siempre, con vuestras familias y vuestros amigos. –Kiba se quedó en silencio, no sabía muy bien qué decir, aunque tenía que admitir que la oportunidad era tentadora, y mucho.-

-¿Cómo…? –Empezó a preguntar, pensó la frase un momento y continuó hablando. – ¿Cómo sabemos que no nos mentís?

-Mienten. –Dijo Ino mirando a Orochimaru con verdadero odio.- Mienten porque es lo que me dijeron a mí, me dijeron que yo y Naruto volveríamos a casa, ¡y lo único que he conseguido es ser la enfermera de este maldito sitio! –Exclamó recordando lo que pasó, ahora que la había escuchado, Kiba creía entenderlo todo.-

-Ino, sabes perfectamente que en tu caso el trato cambió. –Respondió su superior con suma tranquilidad. Kiba no salía de sus pensamientos hasta que escuchó aquella última frase.-

-¿Por qué cambió? –Preguntó interrumpiendo la discusión. Orochimaru comenzó a reír suavemente para luego ir aumentando el volumen de sus carcajadas hasta convertir aquella sonrisa en una risa diabólica. Alzó un brazo y llevó una mano a su frente, frotándosela suavemente y cerrando los ojos, como si fuese a explicar algo que fuese difícil de decir.-

Abrió ligeramente los brazos y se encogió de hombros, sonriendo con falsedad y mirando a ambos jóvenes alternativamente hasta clavar su mirada en Ino.

-Digamos que sus padres murieron en un trágico accidente de coche, y por ello nosotros nos quedamos con ella. Ahora mismo, Yamanaka Ino no existe, está muerta. –Explicó volviendo a reír de nuevo de aquella manera tan escalofriante sin dejar de mirar a la chica.

Kiba le miró incrédulo, entre una mezcla de rabia y terror que le paralizó con los ojos como platos. Todo era surrealista, no se lo podía creer, tenía que ser un accidente de verdad, no podían haber sido los responsables de la muerte de sus padres, ¿en qué clase de sitio lo habían metido? Negó con la cabeza mientras cerraba los ojos, se intentaba tranquilizar.

-Pensadlo. –Comenzó de nuevo con sus intentos de convencerlos.- Sé que los rebeldes del grupo, tus amigos para ser exactos, están organizando algo para fugarse de aquí, y eso no me lo puedo permitir, pero tampoco matarlos a todos, así que quiero que me lo cuentes todo a cambio de que yo os deje marcharos a los dos y prometo no hacerles daño a vuestros amigos, pero no diréis nada sobre este sitio y os mandaremos un vídeo mensual de ellos para que veáis lo bien que están.

Kiba rió, la verdad es que le parecía ridículo, pero la tentación de marcharse de aquel sitio era muy grande. –Pues lo siento tío, pero no me lo trago. –Contestó vacilando, sin pensárselo mucho.-

-Muy bien. –Sentenció finalmente Orochimaru.- Vosotros veréis si iros y vivir normalmente o si quedaros y sufrir el castigo de todos los alumnos que intenten escapar. –Dijo finalmente.-

Kiba cerró los ojos y apretó con fuerza los puños, tensando la mandíbula, se sentía vencido por aquel hombre y ya no podía hacer nada.

-¿Por qué yo? –Preguntó alzando la mirada hasta toparse con la del moreno, sin entender por qué le hacían esto si hacía menos de una semana que había llegado.-

-Porque aún no eres muy amiguito de nadie. –Explicó finalmente dando la vuelta al sillón, mirando la noche por la ventana con sus manos entrelazadas.-

Separó sus manos y una la sacudió con desprecio, haciéndole saber a Kabuto que ya no tenía nada más que decir, así que este cogió a los dos jóvenes del pijama y comenzó a caminar hacia la puerta, prácticamente arrastrando a los muchachos.

-Lo haré. –Dijo de repente el Inuzuka, haciendo que Kabuto parase en seco y Orochimaru girase de nuevo el sillón para mirarle, sonriendo triunfante. Se podía palpar cierta tensión en el ambiente, como el desprecio de Kiba hacia Orochimaru o el desacuerdo de Ino hacia la decisión del castaño, ella negó con la cabeza lentamente.

-No, Kiba, escúchame, no debes…

-Lo haremos. –Se corrigió seguro de sí mismo, su mirada se dirigió a la Yamanaka, la cual solo intentó no mirarle.-

Una malvada sonrisa se dibujó en el rostro de Orochimaru, mientras la rubia se limitaba a mantenerse en silencio.

-Está bien, mañana os haré llamar y quiero que me des algo, lo que sea, algo que sea del plan. Ino te obedecerá en todo lo que le digas, créeme, no creo que quiera sufrir las consecuencias. –Y con ello dio por finalizada la conversación.-

Ambos jóvenes salieron del despacho junto con Kabuto en silencio, después de un paseo por los pasillos cada uno se fue a su respectiva habitación.