RECORDATORIO: Twilight no me pertenece.
Amor sin Miedos por Princesa Lúthien
Summary: Frente a ella Edward la miraba fría y calculadoramente, odiaba verla llorar pero también odiaba que se hiciera la víctima, él también estaba sufriendo. ¿Por qué Bella no se daba cuenta de eso?
R: M
Género: Romance/General
Capítulo beteado por: Saranya.x
Perderte
— ¡Bella! ¡Bella espera! —Escuché sus estridentes gritos desde una de las habitaciones del piso de arriba justo cuando yo abría la puerta de la que era nuestra casa. Sus pasos eran rápidos y furiosos mientras bajaban las escaleras
— ¿A dónde crees que vas? —Edward estaba jadeando en busca de aire debido a la carrera que había hecho para detenerme el paso, me tomó de los hombros y me apartó de la puerta al tiempo que él la empujaba con su cuerpo para cerrarla.
Noté sus felinos movimientos y su cabello más revuelto de lo normal, sus manos temblaron mientras me quitaba las maletas y las dejaba caer a unos pasos de nosotros; de alguna manera supe que su corazón ardía y dolía tanto como lo hacía el mío. Miré las inertes maletas y tragué seco, me tenía que marchar con o sin ellas y ya que Edward no iba a cooperar decidí dejarlas allí y seguir mi camino.
—Dímelo, ¿a dónde te vas? —Pidió en un susurro mientras se apretaba con los dedos el puente de su nariz.
—Eso no te importa —dije en tono controlado mientras me giraba de nuevo hacia la puerta.
— ¡No! —rugió—. Isabella, escúchame bien, tú no te vas hasta que me digas a donde te largas —sus hermosas facciones se había ensombrecido en un mueca de enojo, mi cuerpo quedó apresado entre sus manos, sus dedos presionaban mis pálidos brazos, estaba intentando enormemente no lastimarme y no dejarme hematomas, pero luego pensé que no importaba que pasara con mi piel, se sanaría, lo que ahora me preocupaba era mi corazón que se desintegraba en mi pecho al sentir la cálida temperatura de su cuerpo cerca del mío.
—Jamás te importamos —eso no era del todo cierto pero necesitaba irme y provocarlo, parecía la única manera de que me dejara marchar—. ¿Por qué ahora quieres saber a dónde nos vamos? —Dije débilmente mientras bajaba la cabeza en un gesto sumiso y de humillación.
—¿Cómo te atreves a decir que no me importaban? ¡Maldita sea!—Dejó mis brazos libres y se giró para golpear la pared con su puño, volvió lentamente su rostro hasta que nuestros ojos se encontraron y siguió hablando sin apartar su mirada de la mía—. Ustedes son mi vida. Hago todo, absolutamente todo por ustedes, por ti y por mis hijas, porque… porque las amo —sus ojos cambiaron a un verde oscuro, tenía una expresión dolida y casi demente en su rostro.
Incapaz de seguir sosteniéndole la mirada cerré los ojos mientras que mi mente se llenaba con cientos de horribles imágenes: Aquella vez que fui a buscarlo a la escuela de música, él parecía tan a gusto allí rodeado de todas esas chiquillas; cerré los ojos al recordar como su risa cambió y luego sólo escrutó mi visita allí y me pidió que jamás volviera. ¿Qué era lo que tanto escondía allí? Entonces fue obvio que él tenía a alguien más.
—¿Acostarte con otras hace parte del plan de "hacer todo por nosotras"? —Pregunté con voz rota, pasé mis manos por mi rostro intentando calmarme a mi misma.
—Ya te dije que no me acuesto o acosté con nadie, ni siquiera contigo que eres mi esposa —dijo desesperado.
¡Dios! No aguantaría ni un minuto más allí, tenía que irme, tenía que hacerlo por los dos y por nuestras hijas, con manos temblorosas tomé el picaporte para abrir la puerta.
—Necesito y tengo que saber, ¿a dónde te llevaste a mis hijas? —Bien, él tenía razón, tenía que decirle eso, después de todo el es el padre.
—Estamos en casa de mi madre y pronto nos vamos a ir, para siempre —susurré.
—Bella, no hagas esto por favor —tomó mi rostro entre sus manos y lenta y cuidadosamente se acercó a mi boca, sobre ella susurró un suave "Te Amo" para luego empezar a mover sus labios dulcemente sobre los míos.
Suspiré, ese sería nuestro último beso así que me entregue a él por completo, para así llevarme todo de él, para que así nunca jamás olvidara el sabor de su lengua que era un afrodisíaco para mis sentidos o la humedad de su saliva que se mezclaba con la mía creando un sabor único y delicioso o lo cálido de sus labios acariciando los míos. Lo besé con amor y alevosía para que viviera en mí por siempre. Mis manos que antes acariciaban el cabello de su nuca se deslizaron hasta quedar sobre su pecho, con gran dolor lo empujé y me separé de su lado, negué suavemente con la cabeza y dejé que las lágrimas salieran descontroladas, Edward tomó aire y pegó nuestras frentes.
—Bella, no entiendo por qué te vas. Sólo estamos atravesando una etapa difícil —noté la convicción en cada una de sus palabras pero no quería, no podía escucharlo.
—Nadie dijo que el matrimonio fuera a ser fácil, o es que... —él dudo—¿Ya no me amas? Porque no te lo voy a creer, ¡no! no lo creería, no después de que me besaras como lo acabas de hacer—desesperado se llevó las manos a la cara.
—Edward —tomé sus manos delicadamente y las puse sobre sus mejillas para que lograra verme —Edward, te amo, pero no quiero esto. Entiéndeme, no sólo hago esto por nosotros, no quiero que nuestras hijas crezcan escuchándonos pelear y gritar. No es solamente una etapa difícil como dices. Esto ya no funciona. Quiero irme con mis hijas y apartarme de todo esto, de mis celos, de nuestros gritos, de tu incomprensión, de las mentiras, quiero alejarme de todo eso —el llanto casi no me dejaba hablar.
—Por favor, déjame ir—le rogué y el hizo algo que jamás creí.
—Márchate entonces —él cedió. Se rindió, prefirió vivir sin mí. Tal como yo se lo pedí.
En cuanto llegué a casa de mi madre me encerré en el baño y lloré por todo lo que perdí. Había cosas que Edward jamás me había podido negar y nunca antes había deseado con tanto fervor que me negara el apartarme de su lado. Pero él no lo hizo, simplemente nos dejó partir.
----
Dejé de maquillarme cuando el recuerdo vino a mi mente, nítido y fresco como si hubiera sido ayer. Respiré hondo y no permití que el dolor de mi desolado pecho me distrajera, tenía que pensar en que le diría a Edward después de lo de ayer.
Suspiré, aún sentía el sabor de su boca en mi lengua. Hmmm, era mucho mejor de lo que mis débiles sentidos podían recordar y como si jamás hubieran pasado los años sus besos me seguían nublando los sentidos, haciéndome estremecer y desearlo. Era inútil querer olvidarlo, él seguiría influyendo en cada parte de mi vida y no sólo por lo que teníamos en común sino porque le amaba y eso era algo inevitable.
Dando paso a mi valentía salí de mi habitación y maldije en mi mente al encontrarme cara a cara con Edward. ¡Mierda! Por estar concentrada en sus labios no había tenido tiempo de pensar en que iba a decirle, nos dimos un "Buenos días" y luego… nada, sólo silencio.
—Edward, lo de ayer…—el me calló y gesticuló distraídamente con sus manos hasta que una de ellas llego a mi nuca que acarició tiernamente.
—Ya Bella, déjalo. No te preocupes de nada, ¿va? —Me miró a los ojos y luego sonrío ampliamente. Me mordí los labios antes de responderle, pero...
— ¡Papito! —Gritaron las gemelas que pronto aparecieron frente a nosotros, sus rizos dorados habían desaparecido y ahora sus cabellos estaban aplastados y cientos de gotas se deslizaban desde su cabeza hasta caer al piso, sus pequeños cuerpecitos sólo estaban cubiertos por su ropita interior llena de conejitos.
—¡Mira nuestros vestidos!— Gritó Lizzy quien se acercó corriendo hasta a él—. ¡Ven! Vamos—le gritó y Nessie se le unió para prácticamente arrastrarlo hasta la habitación.
Justo en ese momento lo amé más y sonreí. Seguía siendo tan tierno como siempre y entendí que él no quería hacerme pasar por un mal momento. ¡Qué tonta había sido al haberme apartado de su lado!
Anoche mientras lloraba pensé en nuestra relación, esos hermosos años cuando sonreíamos y estábamos locamente enamorados. Con masoquismo instalé en mi mente las escenas del día en que nos escapamos de casa para casarnos en Las Vegas con dos desconocidos como testigos, tres días después nuestros padres nos presionaban para que hiciéramos nuestro matrimonio legal ante Dios, sonreí cuando recordé su rostro tan feliz mientras me esperaba al lado del altar con esa hermosa sonrisa de triunfo muy parecida a la que tenía el día que le dije que íbamos a ser padres, el gesto de mi cara fue cambiando sombríamente al igual que en mi mente veía cambiar la sonrisa de Edward en una mueca llena de indiferencia y fastidio.
"¡Deja de hacerte la victima!". Las palabras sonaban altas, fuertes y claras en mi cabeza, él me las repitió una y otra vez en diferentes ocasiones. Recordaba el tono de voz furioso y melancólico que usaba cada vez que me lo decía y a pesar de las tantas veces que me lo advirtió yo jamás le presté atención hasta que ya fue demasiado tarde, y al fin comprendí que yo había arruinado todo haciéndome pasar por la esposa falta de cariño y de amor, creyendo que la única afligida, destrozada y rota era yo.
En mi defensa estaba el que le necesitaba. Yo le amaba y lo quería sólo para mí, que se dedicara por completo a su familia. Cuando Edward empezó a trabajar el doble para mantenernos a mis hijas y a mí nuestro tiempo juntos se fue limitando, yo, en un tonto intento de monopolizarlo había empezado a alejarlo de todo, primero de sus amigos, luego de su familia y más tarde de mí.
Fue extraño como sucedió todo, yo empezaba a alejarlo de cosas y sin darme cuenta lo alejaba también de mi, él empezó a odiarme, con una razón más que justificada yo lo fastidiaba y no lograba entender que estaba pasando, cegada por los celos mi mente creyó que él había buscado otra compañía y mis pensamientos tomaron fuerza cuando vi al ejército de damas que perseguía a mi esposo. La carne es débil, pensé, era imposible que Edward no me hubiera sido infiel, empecé a gritar, a discutir, a arruinar todo sin siquiera dejar un punto de retorno.
Luego de que las gemelas estuvieron listas desayunamos entre risas y el teléfono sonó, iba a ponerme de pie para poder contestar pero Edward se me adelantó, me guiñó un ojo mientras hablaba y como estúpida me quede mirándolo y soñando en como se sentiría estar así siempre, los cuatro compartiendo y tan felices…
—Bella, ¡Bella! —Su voz me trajo de vuelta al mundo real —Eh… ¿Qué?— Edward me miró raro y luego señaló el teléfono.
—Es para ti—dijo entregándome la bocina del teléfono, me miró y luego fue a la mesa y siguió desayunando.
—¿Hola?—Saludé después de aclararme la voz.
—¿Bells? ¿Quién contestó?— Preguntó Mike curioso y mis labios se curvaron en una sonrisa al escuchar su voz.
—¡Mike! ¿Cómo estás? —Pregunté emocionada.
—Eh… bien, ¿estás con tu ex? — Mi mirada se encontró con la de Edward que ahora seguía todas mis acciones con la mirada.
—Sí —respondí secamente dando por terminado ese tema, y como siempre Mike me siguió la corriente.
Hablamos durante unos minutos más en donde le recordé que estaba en mis "vacaciones Familiares" y él me pedía una y otra vez perdón, hace unos días le había llegado el original de un libro que alguien más tenía que editar y no lo hizo y por ende...
—Eres la única que podría leerlo y hacerle las correcciones pertinentes en menos de tres días, por favor Bella, no me abandones ahora —ya me lo imaginaba haciendo pucheros e intentando deslumbrarme con sus encantadores ojos azules.
—Pero… —intenté discutir de nuevo con él y fue en vano.
—¿Pero? Ningún pero Isabella, además ve el lado bueno, te libraras del buenote de tu ex unos días, ¿no te gusta la idea? —Suspiré, él tenía razón, eso me distraería y, ¡joder! Ya empezaba otra vez a soñar con una vida perfecta al lado de Edward y no podía permitirme eso, no si quería seguir en mis cabales cuando él se fuera y luego pensé en la verdadera razón por la que él estaba aquí. Mis hijas. Las miré, ellas se habían quedado calladitas y comían muy despacio, obviamente prestando atención a mi conversación.
—No, Mike, no puedo, ya te lo he dicho.
—¡Bella! Vamos mujer, no entiendo por qué haces tanto berrinche, al final sabes que terminarás aceptando —caminé ansiosa y distraídamente con cuidado de no tirar el teléfono, y al final accedí a hacer el trabajo, aunque Mike necesitó de media hora más para convencerme, obviamente el me iba a pagar las horas extras, el problema es que no quería desaprovechar los pocos días que mis hijas podían estar en "familia".
Distraídamente regresé a la mesa y besé a mis hijas en la cabecita para cortar el ambiente tenso que se había creado y les pregunté que a donde "habíamos" decidido ir, ya vería que hacer con el libro para editar, mis hijas no eran las culpables de que un tonto lo hubiera pasado por alto, además Mike había prometido que el libro era corto y supongo que eso era una buena señal.
Antes de partir a no-recuerdo-donde con mi hermosa "familia" le pedía discretamente a Edward que tomara otra ruta, así podría pasar por el dichoso original y luego seguir con el plan previsto. Como la mañana anterior Edward me pidió las llaves, esta vez se las entregué sin rechistar, no quería otra escenita como la de ayer, tenía que alejarlo todo lo que pudiera, no quería seguir pendiente de su existencia, después de todo él se marcharía y yo no tendría que preocuparme por él sino hasta el cumpleaños de las gemelas.
Él se va a marchar.
Él se va a marchar.
Él se va a marchar.
Me repetía insistentemente. Esta vez tenía que ser diferente, no iba a permitirme soñar ni creer en bobadas cursis, no podía sólo echarme a llorar cuando se fuera otra vez. Era hora de dejar de echar sal a la herida y dejar que las cosas siguieran su curso normal, dejar que mi herida cicatrizara. No iba a pensar más en él, ni a derramar lágrimas por su ausencia, no dolores en el pecho por falta de su amor. No tengo por qué aferrarme a un hombre. ¡Soy joven y hermosa! También bipolar. No me podía jurar que iba a dejar de amarle de un momento a otro, no me podía prometer no pensarle y extrañarle, pero quería intentarlo. Sonreí tontamente ante mis pensamientos. Tenía que intentarlo.
---
—Chicas, no tardo ya vuelvo —les avisé mientras me bajaba del auto.
—Nos traes dulces —escuché gritar a Nessie, rodé los ojos y caminé hasta la puerta de la mini mansión en donde estaban instaladas las oficinas de la editorial, Mike me esperaba en la puerta de la entrada junto con una carpeta en las manos.
—¿Qué haces ahí Mike? —Le pregunté acusadoramente.
—Iba… para tu apartamento, no llegabas y empezaba a creer que no vendrías —musitó distraídamente mientras miraba por sobre mi hombro.
—Eres igual o peor mentiroso que yo —Mike me miró a los ojos por un rato y luego sonrió coqueta y sensualmente, curvando los labios en una sonrisa ladina.
—Sólo quería ver al tal Edward, es muy guapo —susurró.
Rodé los ojos y le di un beso en cada mejilla, tomé la carpeta de sus manos llena de hojas y me fui musitando un cansado "Mike, tu no cambias"
Caminaba de vuelta al auto y noté que Edward se había bajado, ahora estaba recargado sobre la puerta del copiloto. Parecía sacado de una revista de ropa para hombres; una de sus grandes y torneadas piernas estaba levemente apoyada en el auto mientras que con la otra le daba soporte a todo su cuerpo, sus fuertes brazos estaban cruzados a la altura del pecho haciendo que los músculos de sus bíceps se marcaran apretadamente bajo el delgado material de su camisa blanca haciendo que sus poderosos hombros se vieran más grandes, su cuello estaba cubierto delicadamente por una bufanda gris y la fría brisa londinense hacía que sus broncíneos cabellos se mecieran rítmicamente con el viento, sus labios estaban apretados queriendo retener cientos de palabras que moría por saber, su entrecejo estaba leve casi imperceptiblemente arrugado y sus ojos, los más verdes que había tenido la oportunidad de ver brillaban con un toque hostil.
Pero sus ojos no me miraba a mí y en cambio estaban fijos en… en algo que estaba detrás de mí.
—¿Edward? —Le pregunté, pero no me prestó atención así que volví a insistirle, sus ojos volvieron a mí, ahora distantes y fríos y se quedaron allí prendados a mi mirada, inamovibles y torturadores. Estaba tan concentrado en sus pensamientos que, puedo jurar que casi alcanzaba a escucharlos. ¡No es lo que tú piensas! Quise decirle, más, ¿de qué me serviría? No quería iniciar una confrontación que sabía ninguno ganaría y que terminaría por destruir el delgado hilo de nuestra del que colgaba nuestra rara relación.
—¿Me das permiso? —Pregunté con voz suave. Él arqueo una de sus cejas y después de volver a mirar atrás de mi espalda se retiró y me abrió la puerta, entré y le vi rodear el auto mientras jugaba con las llaves en sus manos. Condujo en silencio mientras las niñas le hablaban, él les respondía con monosílabos, pero parecía no estar pendiente de la situación. No parecía ni triste ni feliz, no mostraba ninguna emoción, bufé y rodé los ojos, odiaba cuando hacía eso. ¿Por qué le costaba tanto ser sincero?
—No me mires así —murmuró en tono acusador.
—¿Así cómo? —Le rebatí.
—Como si quisieras saber todo lo que pienso.
—No soy la única… ¿Recuerdas?—
—Claro que lo recuerdo— Edward lanzó una carcajada ante sus pensamientos que seguramente eran los mismos que pasaban por mi mente. Me fue imposible no reírme con él.
¡Dios! Si simplemente todo fuera tan fácil como ahora mi vida sería distinta. Edward a mi lado, riéndose conmigo, las niñas atrás jugando, todo parecía encajar pero como años atrás mí tiempo con él pasó demasiado rápido, sin siquiera darme cuenta las niñas ya estaban acostadas y calientitas en sus camitas.
Edward fue a su habitación justo cuando sonó el timbre, miré el reloj de mi muñeca, iban a dar las diez. Distraídamente caminé hasta la puerta y la abrí para encontrarme con…
—¡Emma! Cariño, ¿cómo estás? —Escuché a Edward y de pronto estaban abrazándose ante mi incrédula mirada.
—Creí que no me llamarías Ed, ¡tanto tiempo!
Ella le sonrió amistosamente y luego me miró, Edward la copió y se apresuró a decir:
—Emma, está es mi… Bella —se miraron cómplices.
—Hola, Bella. —Emma me ofreció su mano —es un gusto conocerte— agregó.
Tomé aire antes de apretar su mano suavemente y sonreírle cálidamente, por suerte tenía experiencia en eso de fingir sonrisas, respiré e intentando evitar el incómodo silencio que sabía venía a continuación opté por ofrecerles a ambos algo de beber, pero se excusaron diciendo que ya habían hecho planes.
Ellos ya habían hecho planes.
Edward ya había hecho planes.
Yo no estaba en sus planes.
En cuanto se fueron me dejé caer en el sillón, arqueé una ceja, exhalé y al final tomé un cojín y lo apreté fuertemente contra mi cara y… grité.
—¡¿Quién se cree ese hijo de… su mamá?!—Me puse de pie y empecé a caminar nerviosamente por todo el apartamento —¿Cómo se atreve a traer a otra a MI casa? Es que… —cientos de incoherentes frases salían de mis labios.
Fui a la cocina y me preparé un té, tenía que mantenerme ocupada con algo, a lo mejor y eso me distraería y lo hizo… bueno en parte, ya no tenía un ataque de nervios pero ahora eran los recuerdos los que invadían mi mente.
Dejé el té intacto en la encimera de la cocina y fui hasta la sala, me aovillé en el sillón más grande y crucé mis brazos fuertemente sobre mi pecho que dolía, la triste soledad me inundó por completo mandando una señal a todos mis sentidos hasta que al final colapsé y las lágrimas no tardaron en llegar. Reviví aquellas noches en las que me quedaba esperando a que Edward llegara y me abrazara antes de dormir. Me quedaba levantada preocupada por si algo le había sucedido pero no valía la pena, él llegaba y me ignoraba olímpicamente, iba al cuarto de las niñas y entonces ya no lo veía más.
Después de que no nos podíamos separar el uno del otro, después de todo el amor que nos juramos el uno al otro, después de todo lo que vivimos… después de eso ya no había nada, sólo los recuerdos, esos que quería olvidar y no extrañar.
---
Toc-toc-toc
¡¡Wenas!! ¿Alguien me lee aún?
Esperó que sí, en fin siento haber tardado y que el capí sea tan corto pero… =/
La inspiración me abandonó…
Espero no haberlas decepcionado y espero tener pronto el próximo cap.
Gracias especiales a Dulce y Fuerte por darme ánimos y todas esas cosas que hacen los amigos L=
Millones de besos y abrazos.
Con todo,
Princesa Lúthien
No padezco de mi locura… Disfruto cada minuto de ella
princesaluthien . blogspot . com
