RECORDATORIO: Twilight no me pertenece.

Amor sin Miedos por Princesa Lúthien
Summary: Frente a ella Edward la miraba fría y calculadoramente, odiaba verla llorar pero también odiaba que se hiciera la víctima, él también estaba sufriendo. ¿Por qué Bella no se daba cuenta de eso?
R: M
Género: Romance/General

Capítulo 4 – Canción de Cuna (Parte I)

Eran casi las tres de la mañana cuando entre a la cocina, mis parpados pesaban más de lo normal y el cansancio empezaba a vencerme. Bostece audiblemente mientras preparaba un café y me abrazaba en un intento de buscar un poco de calor, ese que no me estaba dando mi esposo, y… ¡claro! no es como si él pudiera hacerlo, ya que al señor no se le daba la gana de llegar a casa a la hora que era. Ya estaba a cansada de recordarle a Edward de que tenía una familia y que si quería que nuestra relación funcionara, debía estar en casa.

Mire el reloj por millonésima vez en las últimas 8 horas, y él seguía sin dar señales de vida. Tomé el celular y comprobé que estuviera prendido; lo estaba, tenía toda la señal, pero ni una sola llamada o correo de voz. Esta situación me enloquecía, extrañaba mi vida de antes, extrañaba a mi amoroso y cariñoso esposo, extrañaba que compartiéramos nuestro reducido tiempo libre con nuestras hijas, extrañaba que me besara y que luego me hiciera el amor una y otra vez hasta quedarnos dormidos y completamente saciados en los brazos del otro.

Suspiré sin poder evitarlo y antes de que empezara a llorar decidí distraerme sirviendo un poco de café caliente, llevé el pocillo a mis labios y dejé el aroma del café invadiera mi nariz, ¡Dios! Como me gustaba ese olor, me recordaba a Edward, tan caliente, delicioso y…

¿Bella? — Su voz me hizo saltar. Todo mi café cayó sobre mi pecho y ¡diablos!, eso ardía, sentí como las hirvientes gotas se deslizaban rápidas dentro del provocativo escote de mi pijama y tras soltar un leve chillido Edward tiró sus llaves sobre la mesa y se apresuró a tomar un trapo, lo humedeció un poco y se acercó a mí, suavemente lo paso sobre mis pechos haciendo un poco de presión y enseguida un estremecimiento se apodero de mi cuerpo, al principio creí que era por el contacto de la fría agua sobre mi ardiente piel, pero cuando levante mi cabeza y me encontré con sus brillantes ojos supe que aquella reacción había sido causada por él, por su cercanía.

Ambos dejamos escapar largos suspiros y simplemente nos quedamos allí, inmóviles. Trague saliva fuertemente cuando vi como el trapo caía al piso sin hacer ruido, y entonces ocurrió. Edward se lanzó contra mis labios, los lamio y mordió un poco antes de que mi ansiosa boca reclamara su contacto. Sus suaves labios moviéndose con necesidad sobre los míos era la maldita gloria. Sentí como una de sus grandes y fuertes manos se colaba por entre mi espesa cabellera hasta que encontró mi nuca, sus dedos se enredaron con algunos de mis cabellos y con un fuerte tirón me alejo de él durante un breve instante en donde nuestros ojos se encontraron, su sonrisa ladina se asomo y con excesiva ternura su nariz acaricio la mía haciéndome sonreír. Sus labios entonces volvieron a los míos y suave y muy lentamente de nuevo me besó.

Dejamos que nuestras lenguas se encontraran y con sensuales y deliciosamente húmedos lametones nuestro beso fue entrando en calor, al igual que nuestros cuerpos. Mis manos reposaron en su estrecha cintura y temblé cuando uno de sus dedos delineo mi columna haciéndome echar mi cabeza para atrás mientras suspiraba de placer. Su lengua dejo un húmedo rastro por todo mi cuello, hasta que su hábil boca se vio frenada por uno de los tirantes de mi pijama, mis ojos buscaron su rostro justo cuando un sexy gruñido salía de su pecho, con sus dientes atraparon el delgado pedazo de tela y lentamente lo deslizo hacía abajo, le ayude sacando mi brazo del molesto tirante y como lo había predicho mi seno quedo totalmente desnudo, a su merced.

Su mano más cercana encontró con facilidad mi pecho, me mordí los labios cuando con su cálido toque me apretó haciendo que mi ya de por más excitado pezón se clavara en la palma de su mano, un gruñido, su ah, su sensual gruñido volvió a retumbar en mis oídos, le seguí yo luego de que su boca de apropiara con deleite de mi sensible pezón, con gran habilidad lo tomo entre sus labios y con su lengua lo hizo rodar.

Mi respiración fallo de inmediato; cerré los ojos y me dejé llevar por la increíble sensación de tener a mi esposo cerca, tocándome, amándome. Gemí y mis manos buscaron su cobrizo cabello, lo hale con más fuerza de la debida y acerque sus labios a los míos pidiéndole implícitamente que me diera más y más. Por supuesto Edward lo entendió enseguida y sus manos, rápidas y ligeras se apoderaron de mis nalgas, juguetón como era las apretó y dejo salir esa gutural risa que me hizo sonreír. Durante varios minutos y sin dejar de besarme, Edward acaricio mi cuerpo con amor, pronto sus dientes atraparon mi labio inferior antes de tomarme de la cintura y estamparme contra la fría pared, de inmediato una de mis piernas buscó su cintura, la enrolle como pude y de inmediato Edward embistió contra mí, hmm que duro estaba, mis caderas se movieron con las de él sintiendo como el rose de mi necesitado clítoris con la ropa empezaba a llevarme hacía la locura.

Gemí inconforme al no encontrar los botones, así que interrumpí nuestro beso, fulminé con la mirada la bonita bufanda que traía puesta y de un tirón se la quite y ahhh, por fin los botones, sonreí picara y sin querer tener que esperar más le abrí la camisa de un solo tirón, mientras escuchaba en repiquetear de los botones en el suelo puede deleitarme con el poderoso torso de Edward, me encantaba lo musculoso que era y sin embargo seguía siendo delgado, esa estrecha cintura me volvía loca, eso y sus abdominales que estaban muy bien definidos y rodeados de aquel bello rubio que decencia seductoramente hasta dentro de su pantalón.

Me encanta cuando me miras así— su entrepierna se apretó contra la mía y al tiempo de que un suave gemido salía de mis labios sus caderas se movían ondulantes y sensuales contra las mías. Me apresure a quitarle la camisa intentado tocar todo a su paso, su tersa piel se deslizaba bajo mis manos y de su llamativa boca salían cientos de suspiros que tenían escrito mi nombre, me deleite con lo suaves pero firmes músculos de sus fuertes brazos y con la tibia piel que cubría su vientre.

Era bueno saber que aún después de tantos años esta parte de nosotros estuviera intacta, cuando estábamos, así tan juntos sabía que nuestro amor aún vivía y que no importaba qué pasara o como, nosotros siempre íbamos a amarnos. Siempre.

Mi pijama se deslizo lenta hasta el suelo quedando a mis pies, estaba desnuda a excepción de la pequeña tanga que en realidad no dejaba mucho a la imaginación, me mordí los labios y de una patada intenté apartar mi camisón aunque lo único que conseguí fue resbalar, instintivamente me agarré del cuello de Edward intentando no caer, claro que el sólo rio y nos dejó tendidos en el suelo. Mientras dejaba que su risa cautivara todos mis sentidos hice un puchero lo que lo hizo reír aún más. Su fornido cuerpo rodó hasta quedar sobre mi y mordisqueo sensualmente mi quijada.

¿Sabes? Ya no eres tan caballeroso como cuando me enamoré de ti— Le dije mientras acariciaba su espalda, sentí como su cuerpo tembló cuando con un suave toque deje vagar mis dedos hasta si glorioso trasero, fue cuando caí en cuenta de que aún llevaba su pantalón.

Pues en cambio tú, sigues siendo tan torpe como cuando me enamoré de ti— Dijo sobre mis labios, nos fundimos de nuevo en un apasionado beso, sus piernas se enredaron y desenredaron una y otra vez hasta que su fuerte cuerpo quedo en medio de mis piernas, sus suaves y deliciosos movimientos no se hicieron esperar y de nuevo me encontré gimiendo en voz alta.

Sus manos parecían estar en todos lados, en mi vientre, en mis senos, en mi espalda, en mi rostro, justo como sus labios que le brindaban a mi cuerpo suaves y sensuales caricias que me excitaban más que cualquier otra cosa en el mundo. No sé en qué momento quedé sentada entre sus piernas, los bellos de su esculpido pecho resoban mi espalda pasando haciendo que cientos de escalofríos tomaran el control de mi menudo cuerpo. Sus labios y sus dientes se entretenían con mi esbelto cuello mientras que mis manos vagaban por sus muslos, en mi baja espalda alcanzaba a sentir el potente miembro de Edward que arremetía contra mi muy lentamente. Sin una gota de vergüenza tome una de las manos de Edward que había estado trazando figuras sin sentido por sobre mi vientre y la arrastre hasta dentro de mis bragas.

Estás mojada, muy, muy mojada—Dijo con su hermosa voz de barítono levemente distorsionada por el placer que yo sabía él estaba sintiendo, sus dedos se deslizaron lentos entre los pliegues de mis labios, acaricio mi entrada y luego resbalo sus dedos hasta que se encontraron con mi palpitante clítoris que ansiaba ser tocado por sus hábiles manos.

Tócame Edward, tócame— Le rogué con voz suave.

Es lo que más ansió mi amor—Entonces lo tomó entre sus dedos, lo froto y lo pellizco enviando aquella señal de placer que se extendió de inmediato por todo mi cuerpo, me arquee fuertemente contra él, mi trasero se apretó aún más contra su pene y su gemido se perdió en mi cuello. Mientras las oleadas de excitación seguían, agarre el cabello de Edward y atraje su boca a la mía en un necesitado y muy torpe beso, entonces sus dedos ganaron más confianza y se movieron rápidos y ligeros contra mí.

Los labios me temblaban y todo mi cuerpo se estremecía ardiente de deseo, moría por decirle que no se detuviera que me encantaba como sus labios me besaba, como su mano acariciaba mi seno con ahínco y como sus dedos me brindaban el mayor de los placeres; pero era incapaz de pronunciar ni siquiera media palabra así que lo único que salió de mi pecho fue un largo gemido lleno de necesidad y satisfacción por igual, poco a poco el placer fue aumentando hasta mi cuerpo se tensiono, y por fin todo estallo en oleadas y más oleadas de relajante placer, deje que el calor del orgasmo me poseyera por completo.

Cuando los temblores de mi orgasmo se hubieran terminado me voltee y empuje a Edward de tal forma que quede tendía sobre su cuerpo. Empecé besando sus labios de forma suave y delicada agradeciéndole por estar conmigo, por amarme y en fin por tantas cosas.

Deslice mi lengua desde su clavícula, pasando por su delicioso abdomen, rodeando su ombligo hasta que choqué con el borde de su pantalón, me mordí los labios y miré los brillantes ojos de mi amor mientras con mis manos desabrochaba el cinturón y el molesto botón de su pantalón que deslice rápidamente por sus largas y fuertes piernas.

Trepe por su estilizada figura hasta encontrarme con… sí, con eso que se marcaba de la manera más sensual contra sus apretados bóxers. ¡Dioses! Ansiaba tenerlo muy dentro de mí y embistiéndome mientras le escuchaba susurrar mi nombre, temblé de solo imaginármelo. Suspire largamente y dejé delicados besos en su abdomen mientras me deshacía de sus bóxers, Edward me ayudo con sus piernas y pronto estuvo totalmente desnudo, a mi merced. Uff ¿Acaso había algo mejor que Mi Edward tendido el piso totalmente desnudo y con aquella hermosa y muy dura erección?

Gemí y me fue inevitable no llevármelo a la boca. Di una larga chupada en la punta de su erguido miembro y pasé saliva amando su concentrado sabor, entonces mi lengua recorrió con deseo cada zona de su pene y cuando estuvo lo bastante empapado lo volví a rodear suavemente con mis labios. Sin dejar de darle placer con mi boca, busque a tientas una de sus manos y la llevé hasta mi cabeza, él enseguida enterró sus dedos en mi cabello y arqueándose violentamente empezó a marcar un ritmo del que ambos estábamos disfrutando. Mis movimientos eran lentos pero constantes sobre él, Edward se había puesto sobre el codo de su brazo libre, suaves gemidos que me excitaban salían de sus labios revueltos con palabras que no lograba entender del todo bien al tiempo que sus dedos acariciaban mi nuca presionándola ligeramente cada vez que entraba en mi. Le sentí temblar y arquearse, ¡Dioses! Estaba a punto de tener un orgasmo, me encantaba verlo llegar y hacía millones de años luz que no lo había visto, ahora no me iba a probar de ese privilegio, así que, con una risita me aparte de él sólo para escucharlo gruñir.

Yo odiaba estar arriba, era incomodo besar a Edward, y a él le gustaba tener el control de las cosas, así que ninguno se quejo cuando de repente me vi acostada de nuevo en el piso. —Te gusta hacerme sufrir ¿no es cierto? — Dijo con la voz distorsionada y sensual mientras que con su rodilla abría mis piernas, rápidamente se acomodo entre ellas y gemí al sentirlo tan cerca, llevé una de mis manos hasta su cuello y con más necesidad que violencia lo atraje hasta mi para luego devorarme sus labios. Mi cuerpo empezó a pedirme a gritos más de él, y sin querer contenerme busque su miembro con mi mano y lo ubique en mi entrada, un segundo después él embistió contra mí y me lleno por completo.

Cada milímetro de su glorioso y duro pene entro en mí haciéndome gritar y perder la razón al mismo tiempo, los movimientos ondulantes de su cadera contra la mía eran malditamente enloquecedores, perdí la noción del tiempo y del espacio, pero Edward se encargo de regresarme a la tierra musitando suaves palabras a mi oído y dejando sensuales caricias por todo mí cuerpo. Bebí su aliento mientras me concentraba en aquel delicioso estremecimiento que me recorría el cuerpo con cada penetración. El pensamiento de que ahora toda mi humedad rodeaba su fuerte erección me hizo retorcerme de placer bajo sus brazos, planté uno de mis pies en el suelo y enrolle mi pierna libre alrededor de su estrecha cintura adentrándolo más en mí, rodé los ojos y me arquee, mis pechos se maravillaron con el exquisito rose de mis pezones contra los suaves bellos de su increíble torso. Edward siguió envistiendo con desbordante pasión mientras yo intentaba no cerrar los ojos ante el tan innegable placer que estaba recibiendo.

Desde la parte baja de mi cuerpo, miles de ondas eléctricas salieron disparadas y llegaron a lugares dentro de mi que ni siquiera sabía que tenía, el éxtasis del orgasmo me hizo gritar y arquearme contra Edward que me sostuvo contra él mientras se derramaba dentro de mí con un gruñido que sonó como mi nombre.

Agotados, sudorosos y sobre todo satisfechos nos quedamos tendidos en el suelo sobre nuestros costados, los dedos de Edward recorrían mi cuerpo perezosamente mientras que con mi mano peinaba un poco su salvaje y encantador cabello —No te imaginas cuanto extrañaba hacerte el amor y rodearte con mi cuerpo— musitó suavemente haciendo que mi mirada se posara en sus ojos, le sonreí y me acerque a él con la intensión de besarle. Suspiré largamente cuando nuestros labios se encontraron, tiernos y románticos.

¿Por qué estás despierta a esta hora?— Preguntó suavemente mientras me abrazaba y justo allí, sentí que algo en mi se rompió.

¿Por qué lo estás tú? — Contraataque y ante el ceño fruncido de Edward me deshice de su ya no tan cálido agarré. Rápidamente busque mis bragas y me las puse mientras con mi mirada localizaba mi camisón, cuando estuve correctamente vestida me dispuse a ir a mi habitación, aún después de haberme entregado a él en el piso de la cocina me quedaba algo de orgullo.

Espera un momento ¿Qué hice mal?— Le escuche decir y me tomo del brazo para quedar frente a él.

Nada… ¿Por qué llegas hasta ahora? se está convirtiendo en una costumbre y no, no me gusta porque yo no puedo dormir sabiendo que aún estás fuera pensando que te puede pasar algo o que estás con alguien más y sinceramente ya me cansé de tener que esperar a que te dignes a llegar a casa.— Le dije cruzándome de brazos e intentando no subir la voz.

Si no te gusta entonces no debiste hacerlo, no es como si yo te lo estuviera pidiendo— Dijo abrochándose el botón del pantalón, sus frías palabras me azotaron en el rostro como si de una cachetada se tratara dejándome congelada.

No se trata de eso Edward, ¿qué es lo que no entiendes? Me preocupas— Le escuche suspirar y tomar su camisa, se la puso sobre sus hombros y empezó a caminar hacia la sala, pero no podía dejarme así, ¿por qué siempre me daba la espalda en estos casos? ¿A caso estaba escondiéndome algo?

Estoy aquí maldita sea, háblame. —Le grite cuando logré salir del trance y alcanzarlo.

Él me miro fría y largamente a los ojos —Hago cosas por ti que no haría por nadie y tú ni siquiera te das cuenta— musito entre dientes luego de varios segundos y partió al cuarto de huéspedes donde durmió hasta el día que decidí dejarlo.

Esa fue la última vez que hicimos el amor.

Eran casi las tres de la mañana cuando el sonido de la puerta me despertó, en medio de mi inconsciencia escuché los pasos de Edward, me senté y me talle los ojos que me ardían después de haber llorado durante horas y horas, ¿Dónde había quedado el "No iba a pensar más en él, ni a derramar lágrimas por su ausencia, no dolores en el pecho por falta de su amor"? si en el olvido. Me sentía jodidamente débil y al estirarme descubrí que —auch— el sillón no era el lugar más como para dormir.

—Bella ¿Por qué estás despierta a esta hora?—

¿Alguna vez dije que odio los Déjà vu's? ¿No? Bien pues, los odio.

—No te estaba esperando, si es lo que crees — Me apresuré a decirle. La luz de la luna de colaba por la ventana y a penas si alcanzaba a reconocerlo, pero la verdad es que no importaba donde o que tan oscuro estuviera, yo adivinaría su silueta al instante —ya supere esa etapa, hace pff… siglos— dije intentando sonar divertida justo antes de prometerme no preguntarle nada por la señorita "Creí que no me ibas a llamar" o más conocida como Emma.

Su risa invadió el lugar, ya me lo imaginaba rodando los ojos, hice un puchero. ¡Dioses! A veces era tan tonta.

—Calla, vas a despertar a las niñas— Dije rascándome la espalda y haciendo movimientos raros en un vano intento por quitar los nudos que había ganado por quedarme dormida en el sillón que se hundió con el peso de Edward que con un fugaz movimiento me puso de medio lado justo delante de él. Salte en mi puesto al sentir sus grandes manos en la parte baja de mi espalda, las extendió y haciendo un poco de presión lentamente las subió hasta llegar a mis hombros, un leve y casi imperceptible gemido se escapo de mis labios sin querer. Me mordí los labios al tiempo que cerraba los ojos y me dejaba llevar por el contacto de las manos de Edward que hacían un excelente trabajo con los recientes nudos de mi espalda.

Nunca, en los dos años que llevábamos separados le había dejado tocarme, pero claro que él tampoco lo había intentado y en fin, a quien le importaba cuando esas manos hacían magia conmigo. Sus hábiles dedos me hicieron estremecer más de una vez rozando y apretando los músculos de mi espalda que cedían rápidamente ante su contacto como embriagándose de lujuria y placer, su mano derecha se convirtió en un puño y siguió un recorrido por mi espalda y llego a un punto en el que no pude evitar soltar un gemido de satisfacción.

—Hmmm, Ahí Edward, justo ahí— Dije sin ser realmente consiente de mis palabras al tiempo que volvía mi cabeza para atrás maravillándome por las sensaciones tan placenteras que estaban embargando mi cuerpo, fácilmente podría decir que esto era tan bueno como el sexo con Edw… como el sexo.

—¿Te gusta?— Su aliento recorrió mi cuello y como si de una gatita en celo se tratase asentí y no lo aparte cuando sus labios empezaron a dejar suaves roses por la extensión de mi cuello, sus manos entonces, dejaron de masajear mi espalda para viajar por el contorno de mi cuerpo y posarse dulcemente sobre mi vientre, pego mi espalda con su pecho, sentí la humedad de su lengua hacer un camino, y más tarde la suave succión de sus labios en mi cuello. Mis manos, con un roce de mariposa viajaron desde sus manos, pasando por sus antebrazos hasta encontrar aquella mata de cabello que tanto me volvía loca, mi cara cambio de ángulo y los labios de Edward estaban ahora sobre mi mandíbula, rosados y llenos estaban llamándome, invitándome a ser besados.

—Ni siquiera lo pienses Edward— Dije sin alejarme, me encantaba lo que Edward me hacía sentir, pero eso no significaba que fuera correcto.

Su suspiro golpeo justo detrás de mi oído haciéndome temblar. Sus brazos me apretaron una última vez antes de poner se de pies —Ven princesa, es hora de dormir— Edward me alzo en contra de mi voluntad y me llevo hasta la habitación, con su pie quito las sabanas y me puso gentilmente sobre la cama. Como si de alguna de nuestras hijas se tratara me acobijo y me beso la frente y las mejillas antes de salir de para su habitación.

Ay, diablos, diablos, diablos. ¿Qué era lo que había acabado de pasar? ¡Que alguien me explique!

Ahora que lo pienso, concienzudamente no sé si Edward nació para alegrarme la vida, lo digo porque después de todo el participó en el dichoso ritual para que yo quedara embarazada; o si sólo vino al mundo para mostrarme lo tonta y frágil que era.


Wenas people!

Ay mis chicas, ahí si como dijo Carla...

¡¡¡NO LE PIDAN ABSOLUTAMENTE NADA A UNA ESTUDIANTE UNIVERSITARIA!!!

En fin...siento haber tardado niñas, pero entiendan, soy una maldita nerd o muy entregada a mis estudios como prefieran llamarlo y pues a penas tengo tiempo para mi =/

Hablando de este cap, pues que les digo, definitivamente debería ser más largo, pero la inspiración no esta de mi parte y en cuando a lo de "Canción de cuna" bueno ya en la siguiente parte se daran cuenta porque se llama así. Ya todo está friamente calculado para la segunda parte y espero publicar a más tardar el domingo...

Para las chicas que siguen Sangre Inocente, pues si Dios quiere, pronto habrá actualización y para las niñas que no la siguen... ¿Qué están esperando?

Saludes a mis amores Mili, Sofi, Carli, MaryP y Cammi ¡¡Las amo!! =D

Millones de besos y abrazos a todas, gracias por leerme.

Con todo,
Princesa Lúthien
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