RECORDATORIO: Twilight no me pertenece.
Amor sin Miedos por Princesa Lúthien
Summary: Frente a ella, Edward la miraba fría y calculadoramente, odiaba verla llorar pero también odiaba que se hiciera la víctima. Él también estaba sufriendo ¿por qué Bella no se daba cuenta de eso?
R: M
Género: Romance/General
Capítulo 4 – Canción de Cuna (Parte II)
Eran las 4:30 de la mañana y aún no lograba conciliar el sueño. Odiaba no poder dormir por dos razones. La primera es que desde pequeña, durante toda mi adolescencia y después de mi matrimonio, había infundado un casi absurdo miedo por la oscuridad, la soledad y el silencio. Me gustaban las cosas seguras, el sentirme acompañada y la verdad es que, estar rodeada de negrura y nadie que me "protegiera" de ella, definitivamente no me hacía sentir tranquila para nada. Ni siquiera sabía exactamente a que le tenía miedo sólo que no me gustaba. Resople inconforme y me vi forzada a salir de la tibieza de mi cama, caminé rápido y en la punta de los pies intentando tocar lo menos posible el helado piso. Debido a la profunda y tétrica oscuridad que me rodeaba, estuve a punto de chocar contra la pared. Con la mano tantee el liso muro hasta que mis dedos entraron el interruptor de la luz y dándole un suave apretón la claridad inundo mi cuarto. Suspiré aliviada y sonreí al ver que todo seguía tal y como lo había dejado hace un par de horas. No había fantasmas, ni el coco y tampoco estaba Lord Voldemort para fastidiarme la noche y si venían, seguramente los vería y me inventaría algo para que no me torturaran ni llevaran a la fuerza.
Pero sin duda alguna, la oscuridad no era la principal causa de que odiara no poder dormir. El segundo tenía nombres y apellidos. Sin tener nada interesante para gastar mi tiempo, me era inevitable no pensar en él y en que estaba a sólo unos cuantos metros de mí, separados por una tonta pared. Edward Anthony Masen Cullen. Me mordí el labio al recordarlo mientras caminaba de vuelta la cama, suavemente me recosté y pasé las cobijas hasta que cubrieron casi todo mi cuerpo y, como otras veces, suspiré por su culpa imaginándolo tendido sobre su cama, respirando pausadamente. Por algún motivo, razón o circunstancia, fantaseé con que él estaba en mi cama, me puse de costado con vista a la mitad vacía de mi cama y le vi allí, con su cabello todo despeinado y una sonrisa angelical, casi imperceptible, dormía profundamente y sin querer despertarlo me acomode sobre su pecho que era blando contra mi rostro porque su torso, no era nada más que mi almohada, pero no me importó y aspiré intentando recordar su aroma, cerré los ojos y creí sentir su fuerte y pesado brazo acogiéndome amorosamente contra él, segundos después sonreí y no porque me sintiera tonta, sino porque era agradable creer que él estaba conmigo, entones cerré los ojos y al fin pude dormir plácidamente.
Unos grititos llegaron hasta mis oídos invadiendo cualquiera que fuera mi sueño. Hundí mi cabeza en la almohada mientras bostezaba y buscaba con una mano mi celular para poder ver la hora. 7:15am; a pesar de que había descansado relativamente poco no me sentía fatigada o somnolienta, miré con una sonrisa a la almohada que reposaba a mí lado y suspirando la abracé fuertemente, ¿quién hubiera pensado que un buen recuerdo me haría dormir como no lo había hecho en años? Con el mullido cojín, aún entre mis brazos, apoyé la espalda en la cama y miré el techo como si fuera una obra de arte, toda esta situación me hacía sentir como una adolecente insegura y enamorada y de pronto me vi en mi antigua habitación en Forks en donde pasaba horas y horas escuchando música mientras pensaba en Edward, en sus ojos y en como me quitaba la respiración cada vez que me besaba.
Probablemente su pudiera volver al pasado, haría todo diferente.
Cerré los ojos intentado volver a dormir pero los pasitos de mis hijas se escuchaban por todo el apartamento seguidas de unas pisadas más pesadas. Las niñas daban pequeños y fingidos gritos y Edward… parecía gruñir.
Mientras me desperezaba me baje de la cama y me calcé. Lentamente y frotándome los ojos en círculos salí del cuarto para encontrarme a las gemelas acorraladas al final del pasillo por un Edward que estaba apoyado sobre sus rodillas y la palma de sus manos mientras movía su cabeza haciendo que su broncíneo cabello se moviera simulando la melena de un león.
—Vengan acá pequeñuelas—. Soltó un gruñido que hizo que mis hijas gritaran.
¿A qué estaban jugando esta vez? Solté una risita y los tres se percataron de mi presencia. Pude ver en primera fila como las mejillas de Edward se coloreaban tenuemente de un rosa cálido pero pensé que no tenía nada por lo cual avergonzarse, es más, me parecía muy tierno que el jugara con las gemelas. Ya no había tantos padres así.
— ¡Mami! Scar (1) nos va a robar para convertirnos en comida de hienas— Dijo Nessie mientras intentaba "escapar" con su hermana de las garras de su padre.
Puse cara de falso asombro y las miré mientras señalaba a Edward —Pues lo que les va a hacer ese enorme león no será nada comparado a lo que les va a hacer mamá si no se ponen algo en esos piecitos suyos—
Las gemelas dirigieron sus grandes ojos a sus pies y movieron sus deditos descalzos, luego me miraron y salieron corriendo hasta su habitación soltando risas. Creí escuchar un "bruja mala" pero no estaba segura.
Moví la cabeza negativamente al tiempo que una sonrisa bailaba en mis labios y caminé con pasos lentos hasta la cocina, seguramente Edward había distraído a las niñas pero sin temor a equivocarme, diría que estaban famélicas y que pronto vendría corriendo por algo de comer.
—Así que enorme León ¿eh? Temerario y salvaje— Escuché la voz de Edward a mis espaldas que musitó las dos últimas palabras como si se orgulleciera de ellas.
Rodando los ojos me giré para poder verle, en su cara estaba dibujada aquella mirada y esa sonrisa de superioridad que aún siendo encantadoras y porque no decirlo, algo molestas, me hacían reír.
—Sí, que no se te suba a la cabeza grandote— tome un trapo limpio que tenía a mano y se lo lancé en la cara. Como lo supuse, él lo atrapo con una facilidad que me hacía sentir celos.
—Lo tomaré en cuenta— canturreó para sentarse en la mesa.
Aún a espaldas de él, sentía su mirada clavada en mí. Un calor me recorría el cuerpo cada vez que el me contemplaba de aquella forma, más con los años había adquirido algo de práctica y a pesar de que me sentía incomoda, logré no determinarlo exitosamente.
Mientras ponía la mesa, me encontré con los enloquecedoramente hermosos ojos de Edward varias veces ¿Qué era lo que tanto veía?
—Bella—, soltó de repente — ¿Serías mi oveja?
Estuve a punto de atragantarme con mi propia saliva ¿Qué clase de pregunta era esa? — ¿Es eso una proposición?— le respondí sin saber que más podría decir.
—No lo sé… ¿lo es? — Le miré apretando los labios intentando esconder una carcajada. El hambre le hacía daño al hombre. Puse una mano sobre la mesa en la que él estaba y deje mi peso caer sobre ella mientras arqueaba una ceja en su dirección. Le vi rodar los ojos y suspirar —Ok. Sí, es una proposición.
—Amm, así que ¿estás pidiendo permiso para… comerme?
Sentí la sangre acudir a mis mejillas cuando los penetrantes y cálidos ojos de Edward me examinaron lenta y largamente, casi podía sentir sus manos acariciando cada parte de mi cuerpo con aquel contacto suyo tan ardiente y pasional. Una sonrisa, danzó en su rostro —Pues no sería una mala idea pero, para nuestra desgracia, no me refería a eso—
Sentí el aire y en sí todo mi alrededor más pesado, por lo menos de mi parte, — ¿Entonces a qué? Ilumíname oh gran Scar— me burle intentando aligerar el ambiente.
—Me refería a que—, dudó — ¿Quieres salir conmigo? Esta noche. Podríamos ir a comer o a algún café, ya sé que no te gusta bailar, así que ni por un segundo pensé en llevarte pero creo que, no lo sé quizá…—
No me moleste en ponerle atención a lo que decía. Claramente estaba nervioso y hablaba de más en casos como este y no es como si realmente me importara mucho lo que dijera, no después del ¿quieres salir conmigo?
Esto era diferente.
—No— No es que no quisiera pero bueno eso de "salir" ya lo habíamos hecho y termino en un divorcio que me rompió el corazón. No tenía prisa porque algo similar me pasara.
—Vamos, baja la guardia un poco—Susurró poniéndose de pies y acercando su cuerpo al mío.
Mis ojos navegaron por el mar líquido de su mirada y su aliento choco contra mis cabellos antes de sentís sus suaves labios apretándose contra mí frente. No. Me. Jodas. ¿Cómo podía seguir sintiendo esa corriente eléctrica pasar por todo mi cuerpo? Es como si un rayo me hubiera caído encima y se colara por dentro de mi haciendo colapsar a todo mi sistema nervioso. Era una experiencia de lo más vigorizante y bastante extraña, era algo que sólo me pasaba con él.
—No puedo, no tengo con quien dejar las niñas.
Valla excusa.
—Emma las cuidara— replicó luego de haberlo pensado un poco.
—¿Emma?— Pregunté incrédulamente.
¿Edward estaba insinuando que su cita iba a cuidar a nuestras hijas? Ok, esto se pasaba de raro ¡quien entendía a los hombres! Primero sale conmigo, me pide matrimonio, me embaraza, nos divorciamos, sale con otra chica para luego invitarme a salir y por si fuera poco, quiere dejar a la señorita "creí que no me ibas a llamar" como niñera de mis hijas.
—Sí, es una amiga que tuve en… ¿recuerdas el instituto en el que trabajaba?—, preguntó estúpidamente aunque, de seguro la mueca de mi cara le respondió—, pues ella era quien me ayudaba a espantar a las locas y hormonales adolecentes que creían que iba a cambiar a mi maravillosa… familia… por una noche de… tu sabes— digamos que probablemente si lo sabía, pero prefería no pensar en eso. Necesitaba estar sana mentalmente.
—Oh—
Al ver que no agregaba más siguió con su "excitante" relato —Sí, en fin. Ayer le conté sobre el beso que te di hace un par de días y también le conté mis planes de volverte a conquistar—
—Espera—, le interrumpí— ¿le hablaste a tu cita sobre pla-planes de qué?
Estaba atónita y creí haber escuchado mal pero Edward me confirmo que quería algo así como recuperarme. Me tomo de los hombros y lo susurro lentamente, deje que sus palabras acariciaran mis oídos y que sus ojos que hipnotizaran y lo peor es que no pude evitar creerle cuando me beso. Por un momento el único sonido que escuche fue el de mi corazón cambiando de ritmo y aún con los ojos abiertos empecé a mover mis labios contra los ansiosos de él. No distinguí su sabor ya que estaba más concentrada en la tibieza, la suavidad y la fuerza con la que nos besábamos. Su aliento entró en mi boca cuando suspiró, su calidez me llenó por completo y pasé a ser más consciente de lo que hacía dejando caer mis parpados y simplemente disfrutando.
Sentí sus manos en mi cintura cuando en un torpe movimiento me llevó hasta la calidez de su pecho, instintivamente mis manos se aferraron a sus hombros amplios y cuando menos me lo esperé, su lengua empezó a acariciar la mía con una lentitud extrema pero extrañamente satisfactoria. No podía pensar en nada que no fuera él no hasta que escuche a mis hijas riendo, entonces muy despacio el beso termino.
Ahora sí que estaba jodida. Muy jodida.
—Ni una palabra— Les advertí a los tres cuando pude "escapar" del abrazo de Edward y luego de verles rodar los ojos hice que pasaran a la mesa para poder servirles el desayudo y esa expresión en el rostro de Edward me hacía sentir incomoda.
—Quita esa sonrisa, pareces…— Empecé a decirle antes de que me interrumpiera descortésmente.
—¿Enamorado? — él no había dicho eso.
—Tonto y asustas— terminé entrecerrando los ojos.
Ahora estaba muy confundida y no quería meditar sobre ese asunto en específico, tenía trabajo que hacer y pensando en ello pase todo el resto de la mañana y parte de la tarde.
En lo que más gaste tiempo fue en leerla, por ética laboral me gustaba terminar toda aquella novela que comenzaba, después de todo alguien se había tomado el tiempo de escribir y tenido las agallas de mandar su manuscrito a la editorial, lo menos que podía hacer era echarle una buena ojeada y de hecho, esta narración no estaba para nada mal y al parecer el autor se había esforzado por maquetear el texto ¡un milagro! Porque, era un suplicio tener que leer historias editadas en Word, digo, el programa es bueno para escribir cartas y cosas por el estilo, pero no para escribir una novela, no tenía todas las herramientas para decir que tenía una buena edición o no. Ese tipo de relatos, casi nunca eran publicados.
Luego de terminar de leer el manuscrito, tomé las hojas en las que llevaba algunas notas y escribí al final, como recordatorio, llamar al autor, cosa que haría mañana. La historia estaba buena, pero había una que otra cosa que estaba fuera de lugar y definitivamente había que cambiar el nombre, después de todo ¿quién compraría un libo llamado "Forks"? también puse a modo de recordatorio buscar palabras para que el escritor escogiera uno apropiado y si era necesario cambiar algo en el texto del libro para que éste hiciera alusión al nuevo título.
Era reconfortante saber que había terminado gran parte de mi trabajo y quitándome los lentes que utilizaba para leer suspiré y regresé al mundo real donde tenía unas hermosas hijas y un hombre al que amaba y me hacía sentir muchas cosas incluyendo dolor.
Me puse de pies y relaje mi cuerpo prometiéndome mentalmente hacer una clase de yoga, necesitaba urgentemente hacer tronar huesos de los que ni siquiera sabía el nombre y relajar un poco mis músculos. Caminé hasta la habitación de las gemelas y me apoyé contra el marco de la puerta. Edward tenía sobre su espalda, si no estaba mal, el cobertor de una cama y como esta mañana, estaba apoyado sobre sus manos y sus rodillas, pro en lugar de gruñir soltaban un sonido algo raro, me pregunto qué papel protagonizaba ahora. Nessie o Lizzy, no pude distinguir cual, tenía una sabana en forma de capa, el cabello recogido, un bello sombrero sobre su cabeza y en su cara pintado algo que parecía un barba; ella desafiaba valientemente a lo que sea que fuera Edward y fue cuando me di cuenta que él, custodiaba celosamente a nuestra otra hija que llevaba un lindo vestido rosa y una tiara, parecía ser una princesa.
— ¡Ah! La bruja mala viene a ayudar a dragón que tiene a la princesa Elizabeth— Nessie gritó al percatarse de mi presencia.
Entonces Lizzy gritó y se acurruco más detrás de Edward —¡Príncipe!¡sálvame!—
—¡Nunca podrás tenerla de vuelta— Dije uniéndome a juego y haciéndome al lado de Edward que se irguió sobre sus rodillas para abrazarme y ponerme a su altura.
—¿Lo ves? ¡Soy más fuerte! Tengo a la bruja mala de mi parte—. se mofó airosamente de Nessie que nos miró con os ojos entrecerrados.
—Y lanzas fuego—agregué, dándole la razón.
Nessie nos miró como si en serio fuéramos los villanos de alguno de sus cuentos, lentamente dio la vuelta sobre si misma y miró todo a su alrededor, buscando algo con lo que pudiera rescatar a Lizzy de nuestras garras. Sus ojitos brillaron con astucia y sonrió de lado. ¡Nunca se había parecido tanto a Edward como en ese momento!
— ¡Pero yo tengo esto! — Grito de repente y empezó a lanzarnos… cojines que rebotaron contra nuestro cuerpo. Tuvimos que fingir dolor mientras Lizzy se escabullía de nosotros.
— ¡Gracias príncipe!— Dijo Lizzy teatralmente mientras se burlaba de nosotros. Edward gruño y empezó a moverse —Corre— gritaron las gemelas al tiempo. Un segundo después, en la habitación solo estábamos Edward y yo.
—Nunca quise jugar con Alice a las princesas y ahora lo vengo a pagar— se quejo con una sonrisa. Una vez que estuvo de pies, extendió una mano ayudándome a pararme. Una vez que mis pies estuvieron seguros sobre el suelo, Edward tomo mi rostro entre sus manos y examino mi cara hasta que me hizo sonrojar.
—No te queda el papel de dragón— Le dije en un susurro, con ternura le aparte un mechón cobrizo de la frente. Le vi sonreír y su mano atrapo la mía y la puso sobre su mejilla para que yo acunara su rostro.
—Ni a ti el de bruja mala. Eres demasiado hermosa— Vi como sus ojos se paseaban por mis labios y casi empecé a temblar. ¡Aún no había decidió que hacer con él! No sabía si debía besarle o no.
—¿Qué decidiste sobre esta noche?— pregunto en voz baja.
—No me agrada la idea de dejar a mis hijas con una desconocida— omití que debía pensar sobre si quería darnos una oportunidad más.
—Eso lo podemos arreglar. ¿Puedo invitarla a cenar con nosotros?—
Edward había perdido la cabeza.
— ¿Cómo puedes traer a tu cita a cenar con nosotras como si nada? Es descortés, por si no lo sabías — Intenté alejarme pero él no me lo permitió.
—Bella, ella no es mi cita, es sólo una amiga— Me aseguró.
¿Una amiga? La amistad entre el hombre y la mujer no existía, además ella era tan hermosa, sería imposible que Edward no se hubiera fijado en eso. —Tráela si quieres, no me molesta— mentí.
Luego de haber bañado a las niñas y haber pedido comida china por teléfono me puse en frente del espejo y suspiré mientras intentaba ponerme bonita. No quería verme como un espanta pájaros en mi propia casa. El timbre sonó anunciando la llegada de Emma y como Edward aún estaba arreglándose tuve que ir a abrirle yo. Tragué seco y asesiné con la mirada la puerta de la habitación donde se estaba él se estaba quedando, de seguro él lo había planeado así. Insegura me miré una vez más en el espejo antes de abrir la puerta y encontrarme con ella. Emma, tenía el cabello negro como la noche, pero brillante y seguramente sedoso, le caía libro por los hombros hasta casi llegar a la cintura. Su tez era de un canela algo pálido. Sus ojos negros eran amables al igual que la sonrisa que me dedicaba. —Hola Bella— ¡hasta su voz era perfecta!
—Hola, pasa por favor— recibí su abrigo y me di cuenta de que no era muy alta y no tenía acento Inglés por lo que supe que era Americana —Edward está terminando de arreglarse, ponte cómoda mientras voy por las chicas para que las conozcas— la deje en la sala. Antes de salir de la habitación con mis hijas que habían estado viendo Disney, les rogué que por favor se comportaran.
Cuando llegué a la sala, Edward ya estaba allí, tomo a las gemelas y con la sonrisa de un padre orgulloso se las presento a Emma.
—¡Tu nombre es bellísimo Elizabeth, ¿sabías que es el nombre de tu madre pero en otro idioma?— le dijo a mi hija con una sonrisa. Vi como Lizzy abría incrédulamente sus ojos y se giro hasta encontrarse con mi mirada.
—¿Es cierto mami?— Pregunto y yo asentí. — también es el nombre de mi abuelita— recitó orgullosa. Noté como el seño de Emma se fruncía levemente y luego le dedico su atención a Nessie que esperaba expectante por su comentario.
—Tu nombre es algo extraño y ¡me encanta! ¿Qué historia esconde? Jamás lo había escuchado— Dijo con interés.
—Es el nombre de mis otras dos abuelitas Renné y Esme. Lizzy y yo tenemos tres abuelitas— Señaló Ness mientras poní en alto tres de sus deditos haciendo más convincente lo que acaba de decir.
—¿Ah sí?— Dijo mirando a Edward que rodó los ojos.
—Es una larga historia— Le dijo Edward pero al parecer Emma no se contentó con esa explicación así que él se apresuro a seguir con la historia. —En resumidas cuentas, mi madre biológica murió cuando yo aún era un niño, Esme y Carlisle me adoptaron un año después—
—Entiendo— le respondió para luego quedarse mirándonos largamente. Me pregunté que estaba pensando en ese momento para hacerla sonreír de aquella forma. —Son una familia hermosa— soltó en un suspiro.
—Gracias— dijimos los cuatro al tiempo para luego reír.
La cena fue muy agradable y sólo me sentí incomoda al principio, Emma no estaba tan mal como había pensando, incluso empezaba a caerme mejor; casi la beso cuando nos contó que estaba prometida para casarse ¡no intentaba robarme a mi Edward! Le desee buena suerte con su matrimonio y fue de corazón. El dolor de un corazón roto no se lo deseaba a nadie. Casi terminando la cena, el celular de Emma resonó en la habitación, nos anunció que era su novio y que debía irse ya.
—Siento tener que irme así, me estaba divirtiendo— No dijo con una sonrisa de disculpa antes de irse.
Parecía una mujer muy maternal. Si decidía salir con Edward, quizá la dejaría cuidando a mis hijas.
—Hora de dormir— Le dije a una adormilada Lizzy. La tomé en brazos y el hizo lo mismo con Nessie.
En su cuarto, les pusimos la pijama cuando de un momento a otro la melodiosa voz de Edward llegó a mis oídos. Él, le cantaba a nuestras hijas una canción que les había escrito cuando apenas iban a cumplir un año de edad.
Quiero que te duermas como un sol, que se acuesta en un campo de trigo.
Tengo aquí en mi pecho un corazón, igualito al hueco de tu ombligo. (2)
Las niñas suspiraron, miraron a su padre con devoción y rieron cuando él les hizo cosquillas en la barriguita, cerca del ombligo. Puso suavemente a Nessie en la cama y tomó a Lizzy en brazos para hacer lo mismo sin dejar de cantar.
¿Sabes quién temblaba cuando ibas a nacer?
¿Sabes que pensé que por ahí no ibas a poder?
¿Sabes quién te puso en el pecho de mamá?
Recordé entonces el día en que ellas vinieron al mundo. Edward casi se desmaya en la sala de partos. Fue difícil, aún más con lo estrecha que era, pero después de mucho esfuerzo, un bueno doctor y el apoyo incondicional de. en ese tiempo, mi esposo, mis hijas nacieron por parto natural. Nunca podré olvidar el rostro de Edward cuando suavemente me paso a cada una de mis hijas para poderlas amamantar.
Debe ser que me pediste un día una canción, que fuera del corazón, ahí te va.
Vamos a correr un rato que hay tiempo no más, hay tiempo no más, todo el tiempo.
Pase las mantas por sobre los cuerpos de mis hijas y luego Edward se sentó en el borde de la cama mientras sus dedos pasaban una y otra vez por los rostros de mis hijas. Con su mano libre me alcanzo y me puso sobre sus muslos abrazándome suavemente por la cintura no dude en acurrucarme contra su cálido pecho.
Nunca nadie me dio tanta luz, para nadie fui tan importante.
Nunca quise ver tan lejos al dolor, con verte crecer tengo bastante.
Dientes asomando y dibujos en la piel, todas las mañanas mi motor vos encedes.
Mil relojes no marcan las horas como vos.
Suspiré casi al mismo tiempo que Edward viendo los relajados rostros de mis hijas que poco a poco empezaban a caer en los brazos de Morfeo. Sonreí con los últimos versos, era muy divertido cuando ellas apenas eran unas bebes y se despertaban cada dos horas y a pesar de que ahora eran un poco más grandes, seguían levantándose temprano a pedir algo de desayuno y a ver caricaturas.
Debe ser que me pediste un día una canción, que fuera del corazón, ahí te va.
Vamos a correr un rato que hay tiempo no más, hay tiempo no más, todo el tiempo.
Vamos a besar la nieve y vamos a volar vamos a besar este cielo, nada, nada nunca nos va a separar.
Somos una llama en el invierno
Definitivamente ellas eran lo mejor que me había regalado la vida. Mis ojos se llenaron de lágrimas al escuchar como se rompía levemente su voz con la última frase. "Nunca nadie nos va a separar" Ahora sí me sentía como la bruja mala del cuento. —Lo siento— le susurré al oído.
—Ya estoy arto de todo esto Bella— musito apretándome contra él.
—Explica "esto" — pedí.
Su mirada triste se encontró con la mía llorosa y me dio un besito en los labios antes de responder —El estar lejos de mis hijas, de ti. No te imaginas como han sido estos años. Soy un desastre sin ustedes
1-El hermano de Mufasa en "El Rey León"
2-Canción de Cuna de Los Piojos
¡Wenas!
Había olvidado mencionarlo pero, este capítulo es para sidneypatt (si no estoy mal)
Se que le prometí el cap a alguien y si no es para ella -aunque estoy casi segura de que si lo es- sería agradable que me lo recordara. Disculpen mi mala memoria para recordar nombres y sobre todo mi tardaza.
Ojala alguien me lea aún.
Millones de besos y abrazos.
PL
