RECORDATORIO: Twilight no me pertenece.

Amor sin Miedos por Princesa Lúthien
Summary: Frente a ella, Edward la miraba fría y calculadoramente, odiaba verla llorar pero también odiaba que se hiciera la víctima. Él también estaba sufriendo ¿por qué Bella no se daba cuenta de eso?
R: M
Género: Romance/General


Capítulo 5 – ¿Miedo?

Hoy el cielo estaba despejado y había una temperatura que oscilaba entre los 15° y 18° ¡Un milagro! Si tenemos en cuenta que podía contar con los dedos de mis manos los días que habían sido cálidos durante todo el año, incluso, me atrevo a decir que me sobrarían. Los días medianamente soleados eran muy escasos así que, ya que las nubes había decidido ausentarse durante un rato, Edward y yo pensamos que sería lindo pasar el día fuera de casa. Luego de haber alistado todo para un día de campo, mi adorable familia y yo salimos directo a mi lugar favorito en todo Londres. El Greenwich Park, tan verde, tan amplio, tan hermoso. Londres, de por si era una ciudad muy contaminada pero si querías respirar aire de verdad, era indispensable venir a este lugar. Está situado en una colina detrás del museo nacional marítimo, y ofrece unas increíbles vistas panorámicas de Docklands y de la parte baja del Támesis y por supuesto no puedo olvidar mencionar que por aquí, pasa el meridiano al cual hace alusión el nombre del parque. ¡Como amaba este lugar! Iba a sentarme en una silla de las que estaba situada alrededor del amplio lugar pero, obviamente, las niñas tenían otros planes y me llevaron corriendo hasta la mitad del parque, estuve a punto de caer varias veces pero hubiera sido vergonzoso así que me esforcé de sobre manera para no besar el suelo, pero claro, no todo puede ser como uno quiere y cuando creí que había logrado mi cometido resbale con no quiero saber qué y al suelo fui a dar casi llevándome a mis hijas conmigo. Por suerte las niñas no cayeron y mi poco agraciado aterrizaje se vio muy natural, como si me hubiera echado sobre la hierba por la emoción. Al menos nadie había notado mí ineptitud a la hora de correr o eso era lo que creía.

—Chica torpe— se burló Edward junto con mis hijas — ¿Estás bien?

Asentí mientras me frotaba las rodillas calmando un poco el dolor. Edward me miro dulcemente y empezó a organizar nuestro improvisado día de campo al mejor estilo americano con manta a cuadros y todo. Me senté sobre ella dejando que mi cuerpo absorbiera toda la vitamina D mientras podía; suspiré y cerré los ojos totalmente satisfecha.

Como era de suponerse, mis hijas se aburrieron pronto de hacer nada y se pusieron a escarbar en sus mochilas de princesas, sacaron Barbies, cuadernos y lápices de colores hasta que soltaron un chillido alegre e imaginé que había encontrado lo que querían —Mami ¿nos pintarías la cara?— Pidió Lizzy tímidamente al tiempo que Nessie me mostraba las pinturas especiales para la cara que les habían dado en el jardín de infantes. Reí mientras por mi mente pasan imágenes y me vi a mi cuando tenía 16 años con mi loca obsesión por comprar un auto. Desesperada, tome un trabajo con una humilde empresa organizadora de fiestas infantiles en Port Angeles. Edward me llevaba en su flamante auto, un Volvo plateado regalo de sus padres, dos veces por semana a cualquier parte que nos indicaran a mí y a mis compañeros de trabajo. Mi labor era la de pintar los rostros de los niños con lindas figuras. Era divertido y una vez que tuve práctica, me era muy fácil hacer cualquier bosquejo, desde la cara de alguno de los integrantes de KISS hasta una mariposa.

Mientras tomaba las pinturas y examinaba los colores escuché la risa de Edward a mi lado, me fue imposible no voltear a verle y arquearle mis cejas en forma de pregunta —Recuerdo el trasto que compraste con lo que te pagaban por pintarles la cara a esos chiquillos revoltosos— Negué con la cabeza mientras abría las pinturas y las colocaba a mí alrededor y Lizzy me pasaba un fino pincel. Nunca logré que sintiera al menos un poco de respeto por mi camioneta. Con nostalgia, recordé mi monovolumen que era de un rojo desvaído con guardabarros grandes y redondos y una cabina de aspecto bulboso (1) En cuanto lo vi, me encantó y supe que ese era el coche que quería. Además, era uno de esos modelos de hierro sólido que jamás sufren de daños, la clase de carros que ves en un accidente de tráfico con la pintura intacta y rodeado de los trozos del carro extranjero que acababa de destrozar. (2)

—Aunque si me preguntas— dijo interrumpiendo mi flash back —Me gustaba verte trabajar, siempre mirabas a esos niños con una chispa brillante en los ojos, de hecho fue cuando supe que quería que tú fueras la madre de mis hijos—

Deje de respirar sin atreverme a mirarle. De todas maneras ¿qué le iba a decir? Así que asentí débilmente aguantando la sonrisa y quería posarse en mis labios y tome a Nessie, que era la más inquieta de las gemelas y la senté cerca de mí, le aparté el cabello de la cara y me puse manos a la obra. Pensé en algo sencillo y rápido. Tomando el pincel hice trazos finos y calculados con color negro, sólo para hacer el contorno de una inocente mariposa. Miré metódicamente el rostro de mi hija y sólo cuando estuve segura de lo que hacía, empecé a hacer más gruesas unas líneas por allí y agregando otras por acá.

Pronto tuve listas las alas que estaban dibujadas sobre sus mejillas, unte el pincel con pintura blanca y lo pase delicadamente sobre las líneas negras dándole así un aspecto más elegante. Luego de darle unos cuantos retoques, Limpié la brocha con una hoja de papel y enseguida tome el color rosado para el relleno, se vería genial. Pase delicadamente el pincel una y otra vez por sus mejillas, sus parpados y las cejas hasta que por fin logré lo que buscaba. Entrecerré un poco los ojos y volví a tomar el color negro para agregarle un par de detalles a la mariposa hasta que quede satisfecha con el acabado.

—Listo amor — le dije regalándole un besito en los labios. Ella me respondió con una sonrisa para luego correr hasta donde Edward que había estado jugando con un mechón de cabello de Lizzy.

—¿Te gusta papito? — le pregunto inocentemente. Edward la examino durante unos segundos con los ojos entrecerrados dejando que una sonrisa ladina y desmaya chicas se posara sobre sus labios —Te ves hermosa mi princesa— le respondió soñadoramente tomándola entre sus brazos y dejando que Lizzy se acercara a mí.

—Yo quiero una igual mami — Asentí a su petición. Miré una última vez a Nessie intentando recordar la imagen de la mariposa y empecé a trazar las líneas sobre su piel —Hace cosquillas— dijo entre risitas mientras un escalofrío le pasaba por la espalda.

Mientras le pintaba el rostro a Lizzy, recordé las palabras que Edward me había dicho hace sólo un par de minutos y creo que, de hecho, si tenía algo que decirle. —Yo siempre quise que tú fueras el padre de los míos— le susurré tratando de esconder mi rostro ruborizado con mi cabello. Me daba vergüenza confesárselo justo ahora que no éramos absolutamente nada y que sólo estábamos unidos por el bien de mis hijas y porque así lo estipulaba la ley.

Edward pareció un poco confundido durante unos segundos. Casi podía escucharle pensar sobre lo que acaba de decir. Le oí soltar un suspiro que pareció durar años y supe, que por fin había entendido lo que acaba de decir.

—¿Aún piensas igual? — su voz llegó a mis oídos y estuve tentada a mirarle pero me resistí para poder contestarle sin que él se diera cuenta de la expresión soñadora que tenía en ese momento.

—Siempre pensaré igual Edward. No concibo la idea de un mejor padre para mis hijas que tú —me mordí el labio y le guiñe un ojo a Lizzy cuando la vi apretar los labios para no reírse.

—Listo mi niña— también le di un besito a Lizzy antes de que ella me abrazara fuertemente. Su demostración de afecto fue tan espontánea que terminé cayendo de espalda con ella sobre mí. Mientras risas incontrolables salían de mis labios, a nuestro "abrazo" se unieron Nessie y Edward que muy amablemente nos giro para soportar todo nuestro peso. Rodamos un par de veces sin dejar de reír hasta que nos quedamos sin aire.

—Las amo— dijo Edward luego de unos interminables pero cómodos segundos de silencio. Sonreí escondiendo mi rostro entre el cuello de Edward y la cabecita de Nessie pensando en que quizá yo también podría estar incluida en aquella frase.

Luego de que estuve segura de que mi sonrojo había desaparecido me senté de nuevo mientras mi familia y yo nos enfrascábamos en una conversación casual. Adoraba la forma en la que mis hijas reían, lo inteligentes que eran, lo rápido que dejaban atrás su inocencia; sentí pena por Edward que se perdía la extraordinaria experiencia de ver crecer a nuestras hijas. Nos vimos interrumpidos por los sonoros gritos de un adolecente que estaba promocionando algo. Como un líquido de un aspecto bastante sospechoso.

— ¡Burbujas! — Gritó Lizzy.

Así que eso era el extraño líquido. Jabón.

Como si se hubieran puesto de acuerdo, las gemelas giraron sus rostros hasta que sus ojos se encontraron con los de su padre y le hicieron un puchero diciéndole implícitamente que querían hacer burbujas. Se enfrascaron en una guerra de miradas hasta que Edward suspiró y rodando los ojos se puso de pies y alcanzó al chico que vendía el juguetito para hacer burbujas.

En cuanto las niñas tuvieron en sus manos el dichoso implemento se fueron corriendo no muy lejos de donde estábamos y decenas de burbujas se posaron en el cielo viajando suaves al armonioso ritmo del viento. Más niños se les acercaron y reventaban las burbujas, de vez en cuando, les veía saltar intentando reventar las que estaban más alto mientras reían y soltaban grititos llenos de alegría.

Respire hondo mientras dejaba que toda la felicidad que había en el lugar me contagiara. Había algo en este parque que me hacía sentir como casa.

—¿Sabes? este parque me recuerda a algo— Escuché la voz de Edward muy cerca de mi oído mientras con movimientos lentos se acomodaba tras de mí. Sus piernas rodearon las mías, el peso de sus manos en mi estómago era ligero y el calor de su pecho contra mi espalda era la gloria. Me tragué un suspiro y rápidamente pensé en algo para seguir la charla intentando no empezar a soñar despierta.

—¿Y ese algo sería…?—

Edward bufo y casi podía jurar que había rodado los ojos. ¿Qué le pasaba?

—Cierra los ojos—Mandó. Volteé mi rostro para que pudiera ver mis ojos llenos de incredulidad ¿De cuándo acá podía él obligarme a hacer algo? —Te digo que los cierres— Gruñí ante su tono de voz pero al final accedí. Después de todo sólo tenía que cerrar los ojos ¡Que trabajo! —Bien, lindo. Ahora, imagina que en lugar de las voces y las risas de la gente escuchas el suave barullo de los árboles mientras se mecen al ritmo del viento y el correr del agua que se estrella contra las rocas. ¿Puedes oler los tulipanes? —Respiré hondo mientras mi mente viajaba a

—El prado— susurré quedito.

Los brazos de Edward me apretaron más contra él y su aliento chocó contra mi mejilla cuando dulcemente me corrigió "Nuestro Prado". Sí, él tenía razón era nuestro o… al menos lo fue durante un tiempo.

—Sí, supongo—

Luego de eso ninguno dijo nada no era un silencio cómodo o incómodo. Sólo silencio. Blanco y solitario.

Los minutos fueron pasando y con ellos, el día se fue nublando. Salté cuando una gota de agua me cayó en la nariz y fruncí el seño mientras pensaba lo rápido que pasaba el tiempo cuando lo estabas con las personas más importantes para ti… y no sólo me refería a mis hijas.

Solté una risita tonta mientras me levantaba de la manta. Me apresuré a ponerles los abrigos a las chicas, que estaban exhaustas mientras Edward recogía las cosas de nuestro "Día de Prado" y los cuatro corrimos hasta el auto que por supuesto Edward "me-creo-el-macho-alfa-dominante" Cullen, no me dejo conducir.

—Tengo más experiencia conduciendo por el lado derecho del auto que tú— gruñí mientras saltaba intentando quitar las llaves de la mano de Edward. ¿Por qué diablos tenía que ser tan alto? Además no es como si las gruesas gotas de lluvia cayendo sobre mis ojos me ayudaran.

—Pregúntame cuanto me importa— Dijo burlándose de mi… obviamente —Ahora, entra— Muy caballerosamente abrió la puerta del copiloto y casi lloro al ver el agua empapando el tapizado de los asientos de mi hermoso auto, así que no tuve de otra que entrar corriendo. Ya me las pagaría…

¡Sabía que había una razón por la cual nos habíamos divorciado! Hacerme enojar era su talento natural y obviamente, empapar las cosas que me gustaban…era una diferencia irreconciliable.

Se apresuro a subir y puso la calefacción en cuanto entró. Encendió el auto mientras yo seguía refunfuñando en mi mente.

—No te enojes cielo—Dijo buscando mi mano y conduciendo al mismo tiempo ¿Cómo la hacía? —Es por nuestro bien. Este auto no se parece en nada a tu camioneta—. Se quedo en silencio para luego rematar con un: —No sé cómo has sobrevivido tanto tiempo. Quizá debería comprarte un Mercedes Guardian… es antimisiles— asintió para sí mismo, como si tomara nota de eso en su cabeza. ¡Era un estúpido!

—Cállate—

—De acuerdo gatita—Me guiño el ojo y me libere de su agarré cuando tuvo que utilizar su mano para poner el cambio pero, en cuestión de segundos sentí sus dedos acariciando el dorso de mis dedos y luego de un forcejeo, nada saludable y por supuesto de mi parte, terminamos con las manos entrelazadas.

—Estás muy gracioso hoy ¿no? — dije restándole importancia a su heroica hazaña.

¿Qué? Fue lo único que se me ocurrió para arruinar ese momento romántico de "tomémonos de las manos y tengamos diez hijos"

—Tú me pones de buen humor ¿qué puedo decir? — y por supuesto, allí no pudo faltar su sonrisa "La que no mato, la dejo boba" (3) marca Edward Cullen® (Sólo a la venta en puntos de venta autorizados)

—¿Verme enojada te pone de buen humor?

Oh sí, otra razón por la que era ex esposo.

—Sabes que sí— murmuró con una mirada de lo más comprometedora e imágenes poco decorosas de viejas discusiones que terminaron en un muy buen sexo nublaron mi mente por varios segundos.

¡Dios! ¿Por qué la vida se encargaba de recordarme que no tenía un orgasmo hace años? Rodé los ojos mientras quitaba ese oscuro pensamiento de mi mente y me preocupaba por cosas más importantes como los servicios, hacer la colada sin caerme dentro de la lavadora, comprar aquel libro que me llamo la atención, llamar a Mike… Seguí haciendo un alista de tamaño descomunal y cuando estuve en casa me permití sentirme más tranquila. Luego de que me puse algo seco y cómodo, tome un libro y me senté en la sala dispuesta a disfrutar cada letra de él pero… tanta felicidad, no podría ser cierta y fue cuestión de minutos que mi karma personal llegara a mi lado. Se quito los zapatos y bajo mi mirada de escrutinio se acostó sobre el mueble con mis piernas como almohada.

—Léeme— claramente, el sonido de su voz no sonaba como una sugerencia. Parpadee varias veces antes de poder responderle.

—Creí que harías la cena— Le recordé para que se fuera y no interrumpiera en mi momento de lectura.

—Pedí comida india— Arqueó una ceja como retándome a que le respondiera algo. —Léeme—

—¿De nuevo intentando mandarme?— le refunfuñé con adolecente. Rodo los ojos y tras soltar un largo y bastante dramático suspiro me pidió con más tacto que le leyera. No pude más que aceptar y deje que mis ojos se deleitaran con las graciosas curvas de las letras y los detalles de cada palabra que por sí sola no significaba nada pero que cuando salían de mis labios, seguidas de frases románticas e impregnadas de sentimientos, creaban algo que yo llamaría una obra de arte.

Leí en voz alta durante casi una hora, Edward escucho atentamente hasta que el sonido del teléfono nos interrumpió. Dejé mi libro en la mesa de centro y corrí a contestar.

—¿Hola?

—Comunícame con Edward— Me quedé en blanco luego de escuchar aquella voz y un escalofrío recorrió mi espalda cuando la imagen de su rostro llegó a mi mente.

No dije nada mientras caminaba hasta la sala, donde Edward ojeaba el libro con interés. Le mostré el teléfono.—Es… Alice— aclaré y en cuanto lo tomo, me escabullí al cuarto de las gemelas. Jugué con ellas durante varios minutos en los que supuse, Edward seguiría hablando con su prima.

—¿Mami? — Lizzy me llamo desde su cama. Me levante del suelo y me senté con ella poniendo a Nessie sobre mis muslos.

—Dime cielo— dije mirándola y jugando con los suaves rizos del cabello de Rennesme.

—Papi y tú aún se quieren ¿verdad?— Me remojé los labios con la lengua y me aseguré de que mi rostro no mostrara lo que estaba sintiendo. Mi corazón se aceleró y un suspiro quiso salir de mi pecho cuando recordé las palabras que cambiaron mi día por completo.

"Volverte a conquistar"

—Creo que sí— tartamudee sin querer.

—Entonces porque no vuelven y ya — Dijo Nessie volteándose para mirarme y arrugando su frente como si no entendiera lo que estaba mal y de hecho, no lo hacía.

—Muchas veces el amor no es suficiente— Fue mi única explicación y tras una sonrisa tranquilizadora de mi parte salí de su pequeño refugio de fantasía y color.

Edward me esperaba afuera y me tomo en sus cálidos brazos cuando cerré la puerta. —El amor no podrá ser suficiente pero no por eso nos abandonara— musitó mirándome directamente a los ojos, dejándome saber que sus palabras eran totalmente ciertas y quise decirle que lo sabía, que lo amaba y que el amor que sentía por él jamás cambiaría, pro mis labios tenían otros planes y en lugar de moverse para hablar, fueron directo a su enloquecedora boca que empecé a besar con desenfreno y miedo, dejé que mi lengua jugara con la suya y que mis manos vagaran por su cuerpo intentando que mis sentidos se llenaran por completo de él pero nunca estaría satisfecha.

El beso se terminó antes de lo que yo quise pero sin embargo no me alejé de él y de su calor. Simplemente me quede allí, abrazándolo y él a mí.

—No sé qué me pasa— admití en un susurró. Edward tomó mi rostro en sus manos y suspiró, tomando valor, antes de hablar.

—¿Sabes? tú dolor tiene nombre

—¿Edward Cullen? — bromeé intentando detener lo que estaba por pasar pero él no me siguió el juego y puso una sonrisa triste mientras negaba.

—No, tu dolor se llama "Miedo" y tienes que dejar ir esos que te hacen daño porque te… nos están destruyendo.

No supe cómo responder a eso pero no importo porque Edward no me dejo hablar sabiendo que yo era lo suficientemente cobarde y orgullosa como para aceptar la gran verdad que acababa de salir de sus labios.

Cerré los ojos fuertemente sabiendo lo que se avecinaba. Las palabras que no quería escuchar.

—No sé cómo, ni porque llegamos hasta este punto. Lo único que tengo claro es que tu y yo nacimos para amarnos. Déjate amar. Por favor.


(1) Fragmento: Crepúsculo de Stephanie Meyer pág. 16
(2) Fragmento: Crepúsculo de Stephanie Meyer pág. 16
(3) Slogan de un producto anti cucarachas.

¡Wenas!
LOL! Ya iba plagiando el libro en la parte de la camioneta ¿no?
Sí, corto lo sé pero... ¿Prefieren que me tarde más? En fin… ¿Les gusta el rumbo que está tomando la historia?