HOLAAAA!

Lamento de veras la demora, ha sido un infierno la primera semana de clases!

Waaaa!

En fin, he terminado el tercer capítulo de este fic! Gracias a todos por sus coments! De veras que no tienen idea lo feliz que me hace leer todo eso!

Nos vemos abajo!

-Arya

La Cena (Parte 1)

Alice llegó cargada de bolsas adornadas con nombres como "Gucci", "Prada" y "Dior". Ni siquiera creí que en Forks existieran tiendas de marca.

-Lo he comprado en Seattle-dijo al ver que no daba crédito a las prendas que sacaba de aquellas bolsas. Estábamos en su habitación, que ahora compartía conmigo, al estar faltos de recamaras. No me molestaba compartir, ni siquiera quería incomodar a Alice, era verdad cuando decía que no necesitaba un cuarto. De cualquier manera, Carlisle ya se había puesto manos a la obra con la transformación del cuarto de TV a mi recamara. Como si yo necesitara una… como si los vampiros necesitaran cuarto de TV.

-Alice, no necesito toda esa ropa-dije molesta.

-No vas a vestir esos harapos por siempre-dijo ella con resignación.

Yo miré mi sudadera negra y mis mezclillas. No estaban tan mal, decían "Bree" por todas partes. A mi me agradaban.

-Compré lo que creí que te gustaría-continuó-no pude encontrar mucho, pero a la siguiente vez, ¡Tu y yo iremos de compras juntas!

Alice y las compras se llevaban bien, yo no. Me sentía un pez fuera del agua entre tanto lujo. Los Cullen podían comprar ropa de marca, autos lujosos, vidas de ensueño… ¿Pero para que querían todo eso?... yo jamás había vivido en aquella atmósfera. De neofita, con Riley, la vida era miserable, sin ningún lujo. Lo que queríamos, lo robamos, si intentaban detenernos… los matábamos. Simple. Efectivo.

De humana, estoy segura de que jamás me habría podido dar el lujo siquiera de imaginarme vistiendo un Dior.

Sin embargo, Alice me lanzó un vestido color negro con azul aguamarina, y me miró con advertencia.

-Hoy, Edward organiza una cena. Vas a conocer a Bella.

-Nosotros no cenamos-repuse.

-Pero ella sí. Hoy es tu oportunidad de practicar el autocontrol.

Me estremecí. No había visto a Bella desde el claro. No quería perder el control, por mas endemoniadamente dulce y deliciosa que pareciera la sangre de la humana. Tenía miedo de Jane, ella me aterraba mas que mi deseo de sangre.

-Alice…

-No puedes pasártela encerrada aquí Bree. Tienes que aprender a relacionarte con humanos poco a poco. Además Edward no permitirá que le hagas daño, te detendrá a tiempo-dijo Alice sentándose a mi lado en el sofá. Tomó uno de los mechones negros que caían sobre mis ojos, y lo colocó detrás de mi oreja en sentido tranquilizador. Alice era la mejor amiga del mundo… aunque no podía saberlo, jamás había tenido un amigo….

Bueno…

Solo dos, aunque no sabía si se les podía llamar amigos.

Levanté el vestido para verlo bien. Era un vestido recto, y al parecer, estrecho que me quedaría pegado al cuerpo. Era todo color negro, a excepción del escote, color aguamarina, que salía hacia fuera de la tela formando una "V" que me recordó el traje de un marinero.

-¿Te gusta?

-Si.

No mentía, en realidad me gustaba. No que yo me vistiera así jamás, incluso me esforcé por imaginarme entrando ahí… pero no lo conseguí. No podría imaginarme luciendo sexy o bonita jamás. Porque no era bonita, mis cabellos negros ligeramente rizados eran pastosos y descuidados. Y mis ojos eran pequeños y de un rojo aterrador. A pesar de ser vampira, no era una vampira bella. No como los Cullen, que brillaban e impactaban sin importar que fueran por ahí en pijamas y con el pelo revuelto.

-Te verás hermosa, ya lo he visto-dijo Alice sonriéndome.

Yo sonreí también, era raro que yo sonriera. ¿En realidad Alice me había visto bonita aunque fuera solo en una visión?

La discusión que había mantenido con los Cullen semanas atrás, había terminado bien. Ellos estaban ahora enterados del secreto de Jane, pero habían acordado no decir nada, ni siquiera a la humana (Por seguridad de ella). Entendí que, por mas que el tal "Aro" adorara a la diabólica Jane, ni todo su amor por ella se comparaba a su amor por las reglas, el orden y el cumplimiento de ambos. Ella no se arriesgaría, por lo que yo estaba a salvo temporalmente. Esa idea me encantó.

También les había contado sobre todas las mentiras que Riley nos había dicho, como el que estallaríamos con el sol. Emmett rió a carcajadas ante la idea. A mi también me pareció ridículo.

Entonces no pude evitar pensar en Diego, y en su perfecto cuerpo reluciendo bajo el sol. Si el hombre era maravilloso en la noche, brillar lo hacía parecer un bello ángel que solo vería en mis sueños. Intenté fijar mi mente en la imagen de Diego y yo en aquella caverna, recordar el contacto de su suave y fría piel con la mía, al acariciar mi rostro… el sabor de sus labios. Pero era difícil tener un minuto a solas en aquella casa.

Cuando Alice no se disponía a platicar conmigo de cualquier banalidad, Emmett me enseñaba tácticas para taclear a un oso. Si no, Carlisle me estudiaba rigurosamente como si fuera una débil humana a quien curar, o Esme me hacía preguntas de mi vida como humana.

En el peor de los casos, tenía a Jasper pegado a mi la mitad del día asegurándose de que me apegara a mi dieta de dos bolsas de sangre diarias, incluso Alice le había reprochado el que pasara mas tiempo conmigo que con ella, y el le respondía que no lo hacía con gusto. Y por supuesto, todos estos pensamientos que revoloteaban por mi cabeza, los escuchaba Edward, utilizando su sonrisa divertida y burlona cada vez que nos topábamos. Yo no le encontraba ni un ápice de divertido a mi situación. En todo caso, la que mejor me caía de los Cullen, era Rosalie, porque iba por ahí sin que le importara ni un poco mi vida. Tampoco aparentaba que lo hacía, se ocupaba de sus asuntos, y me dejaba a mi ocuparme de los míos.

No tenía un solo instante para pensar tranquilamente, para recordar a mi Diego. Y por supuesto, lo último que quería era que Edward se enterara de todos los, probablemente melosos pensamientos, que tenía cada vez que pensaba en él. No quería que nadie supiera de Diego, nadie, él era solo mío. Su recuerdo debía ser solo mío.

Y también era un fastidio no poder dormir, probablemente era lo único que extrañaba de ser humana. El poder tener un rato al día para olvidarme de todo, desconectarme del mundo, cerrar los ojos y dejar volar mi mente. Soñar. Pero ni siquiera eso podía hacer.

Cuando escucho a alguien decir "Invitamos a una humana a la cena" imagino que "La humana" es la "Cena"… y no que "Cenaremos", mas bien, "Veremos cenar" a la "Humana". Era imposible de creer. Ridículo.

Alice se vistió con un hermoso vestido morado de un solo hombro y corte griego, y se aseguró de que cada uno de sus mechones puntiagudos estuvieran en su sitio. Yo estuve en el cuarto de baño mirando mi vestido casi por una hora. Es que simplemente me resultaba imposible imaginarme usándolo. Mi mente me decía, "Pruébatelo y ves como te queda" pero me daba pánico.

Jamás había sido una chica arreglada o que cuidara su aspecto, ni como humana (supongo) ni como vampira. Jamás, que yo recuerde, había usado un vestido. Tal vez alguno cuando era una niña, pero no en cuanto hube tenido conciencia de lo que usaba y como lo usaba. Nunca me había creído bonita, nunca había sido invitada a una fiesta elegante (Cena o lo que sea)… nunca había hecho nada por el estilo. También me puse a pensar. ¿Es que a caso mi presencia con los Cullen es tan importante que amerita una cena humana?... en verdad que eran extraños estos vampiros.

-¡Bree, afuera en cinco!-gritó Alice. Esperaba que se refiriera a "Cinco horas" y no a "Cinco minutos".

Yo tomé el vestido con inseguridad, como si fuera a darme una descarga eléctrica o algo así. Me desnudé.

Ahora que lo pensaba… probablemente jamás me había visto a mi misma desnuda, al menos no con el detalle que tal vez ameritara. Aproveché aquel espejo que abarcaba todo el muro del cuarto de baño para admirarme. Si quitábamos el hecho de que mi piel blanca no era nada atractiva, de que mis ojos, incluso a mi me daban miedo, y de que mi cabello era, y siempre había sido un desastre… no estaba tan mal.

De acuerdo, si, mi cuerpo no era desarrollado, porque había dejado de envejecer a los quince… ¿Qué tantas curvas puedes tener a los quince?... me quedaría así el resto de mi vida, incluso pregunté a alguna figura inexistente (Alguna especie de Dios o algo), el porque no había esperado un par de años mas para convertirme, porque debía tener aquel cuerpo de adolescente.

-Ni niña, ni mujer Bree-dije en voz alta.

Pero no era fea. Al menos no tanto como creía. Tenía un cuerpo delgado y esbelto, y unas manos bonitas. Mis piernas estaban torneadas, y mis hombros eran pequeños, por lo que me hacía ver como una chica delicada. Tomé de nuevo el vestido en mis manos. Me horrorizaba la idea de que los Cullen me vieran usar eso simplemente. No quería hacer el ridículo.

Me deslice dentro de él ante las presiones de Alice. Procuré no mirarme en el espejo. Calcé los pequeños tacones azules que Alice me había prestado, y salí del baño.

-¡Te dije que te verías hermosa!-gritó Alice al verme. No era para tanto.

-No me siento hermosa-repuse.

-Es porque hace falta peinarte-dijo conduciéndome a su pequeño tocador blanco. Me senté en el banquito y Alice se posó detrás de mi para cepillar las horribles marañas que se alzaban altaneramente por todo mi cabello. Quise morirme.

Alice cepilló vigorosamente, lo mas fuerte que pudo, pero los nudos en mi cabello no salían. Debo admitir, que el dolor de que te jalen el cabello es probablemente uno de los mas terribles que las chicas experimentan. Mis gritos debieron ser sonoros, porque Esme subió a ver que ocurría en repetidas ocasiones.

Luego de varios minutos desenredando, al fin, los nudos cedieron. Claro que Alice tuvo que aplicas mas de diez diferentes productos para el cabello. Una vez desenredado mi cabello, Alice procedió a atarlo en un moño azul. Me aplicó una colonia cara (Que olía a frutas y me hizo querer vomitar) y me prestó también un collar y un par de pendientes de presión (Porque no tenía agujeros por donde pudieran pasar un par de pendientes normales). Me indicó que cerrara los ojos y luego me dirigió a oscuras hacia el enorme espejo del cuarto de baño, y me dijo:

-Muy bien, abre los ojos…

Fue como un sueño. Es decir, hubiera sido un sueño si yo fuera capaz de soñar. Además, apuesto que en mi sueño, Diego hubiera estado junto a mi usando un traje elegante, de esos negros y caros, tomaría mi mano, como en las películas, y la besaría con una sonrisa pícara en el rostro… Pero Diego no estaba, tampoco el traje elegante. Eso no retiraba el hecho de que todo pareciera una ilusión.

"¿Quién es ella?" pensé.

La extraña que me miraba desde el espejo, era alguien a quien jamás había visto. Tenía los ojos de un rojo brillante, y el cabello negro perfectamente atado a un moño azul. Dos mechones rizados caían a los lados de su rostro redondeado, haciéndola parecer una muñeca de porcelana. Los largos pendientes plateados la hacían ver alta, y el collar en forma de corazón brillaba con tanta intensidad, que probablemente, ni siquiera ella, bajo la luz del sol, hubiera brillado de aquella manera.

Su piel era de un blanco hermoso, tenía los brazos delgados y bonitos, y las piernas largas y torneadas.

Pese a su rostro angelical, como el de una niña, su cuerpo era el de una mujer. Usaba un vestido negro recto, que delineaba a la perfección su figura. Del escote, asomaba una hermosa tela satinada azul aguamarina, del mismo color de sus zapatos. El espejo, probablemente estaba truqueado, como aquellos espejos de feria.

-No puede ser…-murmuré esperando que Alice no escuchara.

-Te dije-admitió en una risita mientras me abrazaba por la espalda.

La extraña del espejo me miraba aturdida, al igual que yo a ella, como si ninguna de las dos nos conociéramos.

-Eres hermosa Bree, siempre has sido hermosa…

La voz de Alice era suave, como una canción de cuna. En el reflejo, pude ver como un Diego, hermoso y resplandeciente, se acercaba a la extraña del reflejo, la abrazaba por la cintura, y le besaba el cuello. Sin embargo, la extraña no se movía en lo absoluto, aún perpleja.

El Diego del espejo, era hermoso, mas hermoso incluso de lo que yo podía recordar, su cabello negro estaba peinado ligeramente, y no tenía ni siquiera un rastro de barba en su mentón. Su piel brillaba como un millón de diamantes al sol. Lo curioso es que solo él brillaba, porque la extraña no lo hacía. Imaginé que ella debería hacer lo mismo si recibiera la luz del sol.

El Diego del espejo acarició los hombros de la extraña, que seguía inerte, le besó los hombros, el cuello, la oreja… y sentí envidia de ella. Tal vez en aquel mundo, donde sea que Diego estuviera… él se hubiera olvidado de mi. Estaba besándola, acariciándola… y ella no podía sentirlo… porque era imposible, era imposible que aquella extraña fuera yo.

El reflejo de Diego se esfumó del espejo cuando la puerta de la habitación de Alice se abrió de golpe. Comprendí que todo aquello había sucedido en cuestión de segundos… Una vez mas, aquello no era real.

-Bella y Edward llegaron, contrólala-dijo Jasper con indiferencia lanzándole a Alice una bolsa de plástico. En su interior, habían por lo menos, veinte o treinta bolsas de sangre fresca.

Podía olerla… olía demasiado bien pare ser verdad.

Alice se cercioraba de que me bebiera todo, hasta que el color de mis ojos indicara que no habría peligro para la humana al menos por un rato.

-¡Ese Jasper!, debió darme tu comida antes de que te arreglara, ¡Si te manchas el vestido!...-chillaba Alice. Yo bebía a la velocidad de la luz. Solo nos esperaban a nosotras.

-Esto va a ser peor-le dije a Alice-mantenerme a dieta y de pronto llenarme con sangre, es cruel. Mañana no podré con la sed.

Era verdad, mientras mas sangre bebías, mas te saciabas, si, pero en poco tiempo tenías el triple de sed. Pasaba lo mismo a la inversa, mientras menos sangre consumías, menos sed tenías. Mi sed la había controlado bien en las últimas semanas, ya que me tenían en esa estúpida dieta de una (o como premio dos) bolsas al día. Pero todos sabían, que en cuanto oliera a la humana, mi sed despertaría como un oso que ha invernado todo el año, no solo el invierno. Retacarme de sangre hasta ponerme morada, era la única manera de que no la atacara.

-Lo sabemos, por eso mañana te llevaremos de cacería.

Me tragué de golpe el último sorbo de sangre que tenía en la bolsa. Esas eran las palabras que mas había temido desde que residía en la casa de los Cullen. La cacería no era otra cosa, que internarse en el bosque, y esperar a que un animal grande pasara por ahí para destazarlo. La sangre de animales, a pesar de no haberla probado jamás, debía ser un millón de veces peor que el vinagre.

La sangre humana era deliciosa, fresca, reconfortante… la de animal… debía ser como comer hojas por el resto de la vida de un humano. De pronto me asusté.

-¿Estas lista?

-No quiero hacerle daño-murmuré.

-No lo harás, lo he visto… a menos que decidas lo contrario.

-No respiraré si es necesario-dije.

Sabía que para no respirar, debía quedarme quieta y callada. El hablar requería de la respiración.

Alice se cercioró de que me bebiera la última gota de sangre, y luego me llevó escaleras abajo. Toda la planta inferior estaba inundada de un odioso olor a mariscos, carne, pasta… comida humana. Y entonces la sentí.

Ni bien había llegado a la mitad de la escalera, percibí el olor dulce de su sangre, podía escuchar el latir de su corazón, y sentía el pasar de la sangre por sus venas. Me tapé la nariz y la boca con ambas manos, pero el aroma era tan fuerte que incluso así podía oler. Corrí escaleras arriba para asegurarme que mis ojos no estuvieran aún rojos. Pero no lo estaban, eran de un bonito rojo apagado, casi negro. Alice fue por mi de nuevo.

-¡No puedo!-casi grité.

-¡Tranquila!, no va a pasar nada.

Yo inspiré profundamente.

-Anda, que nos están esperando.

Alice corrió através de la puerta, y luego escaleras abajo. Yo me armé de valor. ¿Me iba a caso a acobardar ante la presencia de una humana?

La extraña del espejo me miró con incertidumbre.

-¡No me mires así!-le dije-¡Tu no eres la que tiene que estar abajo con ella!

Fue entonces cuando me di cuenta de que al estar allí, me había vuelto completamente loca, al grado de gritarle a mi reflejo en el espejo del cuarto de baño.

TERMINADOOOO!

*FIESTA*

Les gustó? *-*

Verdad que si! Jajajaja, déjenme review! Pliiis *-*

Si les gustó, porque si, porque no, porque que? :D

Oh! Por cierto, mi amiga Mary y yo creamos un club de fans de Diego! *-* si quieren unirse, pónganlo en el review!

Bueno pues, espero que les haya gustado el cap, me apuro con el cap 4 :D

No prometo nada, pero espero actualizar en un par de días, es que la escuela me trae loca.

BESOOOS!

Galletitas de chocolate a los que dejen review jajaja!

-Arya