DISCLAIMER: Los personajes de crepúsculo no me pertenecen. Son de la autoría de Stephenie Meyer; excepto Vanessa y algunos otros personajes.
LA IDEA SURGIO DESPUÉS DE LEER QUE LAS ALMAS DE LOS VAMPIROS NUNCA MUEREN Y RENACEN
ALMAS GEMELAS III
ROSALIE
RECUERDEN QUE TODO VA NARRADO DESDE LA PERSPECTIVA DE CARLISLE
Habíamos decidido quedarnos en Chicago por un par de años mas; pues no queríamos levantar sospechas sobre la muerte de Elizabeth; pues después de todo había sido yo quien había firmado el certificado de defunción tanto de ella como el del bebe.
No hubiese querido que Elizabeth sufriera lo que sufrió; sin embargo le daba las gracias al cielo por su llegada a nuestras vidas cada día; pues gracias a ella mi esposa y yo teníamos un precioso hijo al que adorábamos.
La primera vez que Edward me llamo papa me sentí el hombre más feliz del mundo; y ni que decir de Esme pues la primera palabra que Edward pronuncio fue mama…
Habíamos pasado cuatro felices años aquí en Chicago. No sabía porque; pero en el corazón sentía que se aproximaba un gran cambio.
Y así fue. Una tarde supe que los familiares de Edward y Elizabeth Masen habian dado con nosotros. Sentí un gran temor de que quisieran quitarnos a nuestro hijo. Temía más por Esme que por mi mismo e incluso por mi pequeño; así que en cuanto me ofrecieron una plaza en un hospital de Rochester en Nueva York no dude ni un segundo en aceptar.
Platique con Esme sobre el cambio de hospital; mi excusa fue que nos hacía falta un cambio; -decidí no contarle la verdad sobre nuestra partida- pues no quería que ella se preocupara hasta innecesariamente pues yo haría lo imposible porque estuviéramos bien y a salvo con nuestro niño.
En un principio ella se negaba a abandonar Chicago; pero en cuanto le mencione que así podríamos llevar a Edward más seguido a Nueva York a observar el árbol de navidad que se ponía en la plaza Rockefeller ella acepto.
Sabía que ella haría cualquier cosa –al igual que yo- por ver a nuestro hijo feliz y a Edward le encantaban los árboles de navidad así que en cuanto le dije que nos iríamos a Nueva York el inmediatamente empaco sus cosas y nos mudamos.
En el hospital dirían que había renunciado un par de años antes; pues nos iríamos a Inglaterra. Todo el personal se había enterado de la historia de Elizabeth y nos habian apoyado; además todos sabían cuanto queríamos a nuestro pequeño y debido a que nos habíamos ganado el cariño del personal del hospital ellos mentirían por nosotros. Más aun; por la seguridad de Edward.
Edward era un niño muy querido en el hospital. Esme me hacia visitas casi a diario y todo el personal la conocía; mi esposa era quien cada año se encargaba de la organización de la cena navideña y todos los eventos que se fueran a realizar. Así que el personal se despidió de nosotros con lágrimas en los ojos diciendo que nos extrañarían mucho y prometiendo salvaguardar nuestro secreto.
La llegada a Rochester fue muy difícil. Pues en menos de quince días habíamos tenido que dejar todo y recomenzar por temor de mi parte a perder a nuestro ser más valioso; sin embargo todo valía la pena.
Cuando le conté la verdad a Esme del porque de la repentina partida lo comprendió y me dio las gracias por preocuparme tanto por ella y nuestra familia.
A Esme le había gustado una casa a las afueras de Rochester así que la habíamos comprado. Ella era una excelente decoradora así que no tardo más que un par de días en estar lista.
En cuanto estuvo lista nos mudamos. Esme tenía temor de que alguien aquí conociera a la familia Masen o reconociera a Edward; así que había decidido no hacer vida social.
Edward por su parte ayudo en gran medida cuando se negó a ir a la escuela de la ciudad; según nos explicaba nuestro pequeño todas las niñas lo seguían y él no quería estar en una escuela. Prefería tomar clases en casa.
Además, según nos dijo así podría seguir tomando sus clases de piano y no tendría que darse prisa a llegar a casa al salir del colegio. Así que me alegre mucho y no me negué a pagar sus clases particulares.
Por otro lado Esme me dijo que ella se negaba a perder a otro hijo y yo la comprendí perfectamente; pues a mí también me dolería perder a Edward.
La única excepción fue una familia que al igual que nosotros vivía en las afueras de Rochester; aunque no lo suficientemente cerca de nosotros.
Eran los Hale Platt. Si, así es, era curioso que esa familia tuviera el apellido de mi Esme. Pues ese apellido era originario de Oregón. De donde era Esme y no era muy común.
La familia estaba compuesta por cinco miembros: Susan y Ethan Hale y sus hijos: Rosalie, Linton y Jonathan. Rose era la mayor y era apenas un año mayor que Edward.
Rose era una niña preciosa. Tenía los ojos tan azules como las violetas y un hermoso cabello rubio. Es normal que una niña así llamara la atención de toda persona que la veía.
Parecía una autentica muñequita y era muy linda –cuando se lo proponía- porque también solía ser muy caprichosa.
Rose se enfado mucho cuando nuestro hijo no le dedicaba las atenciones que los demás; así que desde el primer momento se juraron guerra a morir. Ella siempre le decía que algún día habría una persona al que el querría acercársele y entonces ella la alejaría de él.
Peleas infantiles. Pero al fin del día peleas.
Por su parte Esme se encariño mucho con Rose. Ella la consentía mucho. Yo, por mi parte también quería mucho a Rose. Era una niña tan dulce con nosotros.
Una tarde mientras estaba en casa escuche como le contaba a Esme que su padre siempre golpeaba a su madre; aunque ella no podía hacer nada. Eso le dolía. Pues se culpaba de ellos; o por lo menos Susan la culpaba porque era una niña.
Rose solía decir que le gustaría que Esme y yo fuéramos sus padres; pues aunque sus padres le daban todo cuanto quería ella quería -¿ilógico? ¿No lo creen?-. Se llamaba cubrir las apariencias. Ella quería una mama y un papa que la quisiera y la mirara con el cariño que nosotros mirábamos a Edward.
Otra tarde cuando llegaba ella estaba en el comedor de la casa y escuche como llamaba a Esme mama; me detuve en el umbral de la puerta y sin que ellas me vieran escuche parte de su conversación; Rose se disculpaba por haberla llamado mama pero le decía que no se arrepentía de llamarla así.
Mi Esme por su parte le dijo que ella la quería mucho y que podía llamarla mama siempre que ella quisiera; aunque le dijo que no la llamara así frente a sus padres; pues ellos se podrían molestar. A Rose se le llenaron sus ojitos de lagrimas y estaba tan feliz que en ese momento entre yo y corrió a abrazarme y me dijo papa.
Me sorprendió un poco que lo hiciera; pues lo hizo un poco inconsciente. ¡Papi!- Me dijo ella- La comida ya esta lista ¡Qué bueno que llegaste! Hoy le ayude a cocinar a mami.
De inmediato se dio cuenta de su error y se disculpo por su acción. Yo solamente la abrace y le dije que no me molestaba que me llamara papi y menos aun a Esme mami. La alce en mis brazos y le pregunte: ¿Quién es la muñequita de papa? Ella respondió feliz ¡Yo!
En ese momento Edward entro en la cocina y se enfado un poco porque tenía a Rose en mis brazos y se enojo con ella.
-¡Baja de los brazos de papa! –Grito furioso Edward-
-No quiero. –le contesto Rose-. También son mis papas. –No es cierto- Le dijo Edward. Y en un arranque tan infantil e inocente como su edad le saco la lengua.
Comenzaron a pelear; pero tanto Esme como yo los calmamos diciéndoles que los amábamos –mucho- a ambos.
Edward y Rose se abrazaron entonces y tanto Esme como yo los abrazamos y les demostrábamos cuanto los amábamos. Cuanto amábamos a nuestros pequeños ángeles.
A partir de ese día Edward y Rose comenzaron a portarse como dos auténticos hermanos. Me atrevería a decir incluso que se llevaba mejor que con sus propios hermanos.
Susan se dedicaba a atender a Linton y a Jonathan. Ella decía que era una desgracia haber tenido una hija. Según me conto un día Esme Susan hubiese preferido que Rosalie fuese otro niño.
Olvidaba mencionar que Rose pasaba la mayor parte del día con nosotros. Susan se lo había permitido y a ella le encantaba el jardín de la casa; decía que a nuestro lado se sentía como una princesa…
Y así era. Ella era nuestra pequeña princesa. Esme se había dedicado a decorarle una habitación en nuestra casa para que ella se sintiera cómoda. Esa habitación no desmerecía en lo más mínimo al lado de la de una princesa verdadera.
Esme y yo éramos felices con nuestro pequeño secreto. Pues los padres de Rose no sabían que ella tenía una habitación en casa; ni mucho menos sabían que ella nos llamaba papa y mama.
Habíamos tenido mucho cuidado para que no lo descubrieran. Susan siempre nos decía que malcriábamos mucho a Rosalie. Pero contaba que agradecía que nos hiciéramos cargo de la pequeña por la tarde; pues según ella ya era mucho trabajo lidiar con Linton y Jonathan.
Nosotros no nos molestábamos por ello. Aunque algunas veces sentí unas ganas asesinas de ser un vampiro o un ser de fuerza sobrehumana para poder matarla sin dejar rastro. ¿Cómo se atrevía a despreciar así a mi princesita por ser niña?
A decir verdad no me sorprendía que sus hermanos también la trataran mal. Por lo menos no después de ver como la trataban sus padres.
Algunas veces, para no despertar sospechas en Susan también llevábamos con nosotros a sus hermanos; los cuales eran en exceso berrinchudos y caprichosos; se dedicaban a maltratar a mi niña; pues según decían ella era una mujer y tenía como tal la obligación de atenderlos.
A Esme y a mí nos molestaba esa actitud y varias veces hablamos con los pequeños y les pedimos no tratar de esa forma a Rose. O por lo menos no delante de nosotros.
A Edward también le molestaba esa actitud y varias veces termino peleándose con ellos por defender a Rosalie. Su molestia llego a tal punto que inclusive nos pidió inscribirlo al mismo colegio al que asistía Rosalie y sus hermanos para poder cuidarla y defenderla de sus ataques; además de que así podríamos recogerlos juntos todos los días y ella podría venir a casa un rato extra y no solamente a tomar sus clases de piano.
Así pasaron tres años más. Y vimos crecer juntos a nuestros pequeños. Amaba tanto a mi esposa e hijos –ya consideraba a Rose mi hija- que no me importaba estar cansado o desvelado. Me daba tiempo para llegar a casa y jugar con Rose y Edward.
Programábamos salidas juntos; como lo haría una verdadera familia. Una vez al mes íbamos a Nueva York de compras. Esme y Rose eran las más felices; aunque Edward terminaba cansadísimo después de esos maratónicos días. De mi ni que decir. Amaba ver a mi esposa y a mi hija felices y, aun más poder pasar tiempo a solas con Edward. Me sentía Superman cuando por las calles elogiaban a nuestra familia. Siempre nos decían que teníamos a la hija más hermosa y a un niño encantador. Eso nos llenaba de orgullo. Pero como toda felicidad tenía sus problemas.
La última vez que fuimos felices fue la Navidad que pasamos en Rochester en el cual llevamos a Edward y a Rose a Nueva York a observar el árbol y el desfile de navidad. Nunca imagine lo que sucedería pocos días después….
Nunca imagine lo que mi princesita podía llegar a sufrir. Ella era mi alegría. Nunca lo comente con Esme; sin embargo yo hubiera deseado tener tanto a una niña. Una pequeña hijita. Y Rose había llegado a llenar ese sentimiento.
Algunas veces mi rabia era casi imposible de contener; la mayoría de esas veces se daba cuando Rose llegaba llorando a casa y nos contaba que su padre la maltrataba.
Me había dedicado a juntar pruebas para poder alejarla de ese hombre. Esme y yo estábamos muy preocupados y habíamos decidido luchar por su custodia; ¿Qué más les daba a sus padres perderla; si después de todo no la querían y nosotros la adorábamos?
Pero no quisimos arriesgarnos en vano y poner sobre aviso a Susan y a Ethan ya que la niña nos había contado como la golpeaban. Vimos evolucionar de a poco a poco la violencia infringida en ella; pues al principio eran golpes que no se veían, pero poco a poco esos golpes se hacían más frecuentes. Me dolía que mi princesita sufriera así.
La gota que derramo el vaso fue una tarde, cuando Rose llamo a casa pidiendo que fuera por ella, que se sentía mal. Me extraño esa llamada y me preocupo aun mas; pues tanto Esme, Edward y yo habíamos estado inquietos desde la noche anterior. Pero nos habíamos contenido pues la recogeríamos por la tarde para llevarla a Nueva York –nuevamente- pues iríamos a ver el desfile de Año Nuevo; después de terminar mi turno en el hospital.
Por suerte había podido cambiar mi turno en el hospital a la tarde anterior y esa tarde estaba en casa y pude ir a recoger a mi princesita. En cuanto llegamos Susan abrió la puerta y estaba a punto de decirnos algo cuando Rose corrió a mis brazos. ¡Papi! ¡Mami! -grito mi princesita- Llévenme con ustedes. Ya no quiero estar aquí. –Lo dijo con lágrimas en los ojos.
Me impacto mucho el ver el estado de Rosalie. Estaba totalmente golpeada y con su vestido totalmente manchado y desgarrado.
-¿Cómo los llamaste? Grito una furiosa Susan. ¡Me golpearon! ¡Me siento mal!
Y diciendo estas palabras mi princesita se desmayo.
Ni siquiera me quede a escuchar los reclamos de Susan. Me dirigí junto a Esme y Edward –quien esperaba en el auto- al hospital inmediatamente con mi nena en brazos.
Al llegar la examine. Estaba tan furioso. No entendía como Ethan y Susan podían golpear así a Rosalie. Ella era un verdadero ángel.
Eso no disminuyo el impacto que me lleve al comprobar el resultado de sus análisis.
Mi princesita no solamente había sido golpeada brutalmente. ¡Mi princesita había sufrido una violación!
Mi coraje y mi indignación crecieron a tal punto que en ese momento llame a la policía.
Fueron días, horas y meses muy difíciles. Llevamos a juicio a sus padres. Fue traumante descubrir que su propio padre había vendido a mi muñequita a un tal Royce King. El tipo era hijo de un banquero. Tenía 17 años y se había encaprichado con mi niña. ¡Por Dios! Rose era una pequeñita de solamente ocho años.
Su padre tenía varias deudas de juego con él y a cambio de perdonarlas el desgraciado le había pedido a mi niña.
Su padre acepto. ¡Yo no daba crédito a las palabras que había escuchado en el estrado! No entendía como un padre así de fácil podía entregar así a su hija.
Por suerte Rose no recordaba nada acerca de la violación pues había caído inconsciente minutos antes de lo que ese monstruo le hizo.
Ni a mi Esme ni a mí nos importo exponernos a que pudieran encontrarnos los familiares de Edward.
Edward quería mucho a Rosalie y cuando vio el estado en el que se encontraba su hermanita. Preguntaba que le había sucedido ¿Quién la había golpeado? Se enfado tanto que fue necesario acercarle una camilla al lado de Rosalie en el hospital; pues se negaba a abandonarla o dejarla sola en el hospital.
Según decía mi hijo él no podía abandonar a su hermanita porque si él la dejaba solita en el hospital ella moriría y ya no tendría con quien jugar, y mucho menos con quien tocar el piano. Pues tomaban sus clases juntos. Esme y yo intentamos llevarlo a casa muchas veces prometiéndole llevarlo todos los días a ver a su hermanita; pero era en vano. Decía que ella tendría miedo si se despertaba y no había nadie a su lado o temería en las noches cuando hubiera tormenta. Yo le había prometido al igual que Esme quedarnos con ella; pero aun así fue imposible alejarlo de su lado.
Días después inicio el juicio en contra de sus padres y quien resultara responsable por la violación y el maltrato que había sufrido mi niña.
Durante el tiempo que duro el juicio yo fui presentando poco a poco las pruebas que tenia sobre el maltrato que sufría mi pequeñita.
Al final pudimos hundir en la cárcel a su padre y al malnacido que había violado a mi niña.
El juez nos concedió la custodia de Rose. Susan fue internada en un psiquiátrico, pues alego demencia. Sus hermanos fueron llevados a un orfanato; pues aunque fue cruel por nuestra parte; solamente nos quedamos con Rosalie y nos la llevamos a Hoquiam. Queríamos que nuestra niña olvidara todo lo que sucedió. Y alejarla de todos los seres que le habian hecho daño o que habian presenciado el daño infringido. Era el principio de su recuperación. Eso nos había recomendado el terapeuta.
Rose no volvió a sonreír como antaño en algún tiempo. Algunas noches mi princesita se despertaba llorando y solamente en mis brazos o en los de Esme se calmaba y volvía a dormir.
Fueron dos años muy difíciles hasta la llegada del siguiente miembro de nuestra familia. Un niño con complexión de oso y sonrisa infantil. El que le devolvió la alegría a nuestra Rosalie.
SI LES GUSTO DEJENME UN REVIEW O DIGANME TAMBIEN SI NO LES GUSTO
PRONTO SUBIRE EL SIGUIENTE CAPI
ES SOBRE EMMETT COMO PUDIERON LEERLO.
NO QUISE CAMBIAR MUCHO LOS HECHOS QUE NOS NARRO STEPHENIE MEYER, ASÍ QUE LES PIDO UNA DISCULPA POR HACER SUFRIR ASÍ A ROSE.
POR OTRA PARTE ¿LES GUSTO COMO ROSE SE ENCARIÑO CON ESME Y CARLISLE? Y COMO CRECIERON JUNTOS ELLA Y EDWARD
UN DATO QUE NO DI. EN HOQUIAM ROSE SERA LA SOBRINA DE ESME. POR ESO INCLUI EL APELLIDO PLATT.
BESOS A TODOS
SERENA PRINCESITA HALE
