ALMAS GEMELAS

DISCLAIMER: Los personajes de crepúsculo no me pertenecen. Son de la autoría de Stephenie Meyer; excepto algunos de mi invencion.

LA IDEA SURGIO DESPUÉS DE LEER QUE LAS ALMAS DE LOS VAMPIROS RENACEN Y NUNCA MUEREN.


Habían pasado ya casi dos años desde que había visto sonreír a mi princesita. Cada día Esme Edward y yo tratábamos de sacarle una sonrisa como la de antaño pero era casi imposible lograrlo.

Nos habíamos mudado a Tennessee, cerca de los montes Apalaches. Habíamos tratado, como el psiquiatra nos recomendó alejar a la niña de todo aquello que pudiera ser un detonante para agravar su salud mental. Ya que, si bien mi pequeñita convivía con nosotros y no recordaba haber sufrido la violación conscientemente su cuerpo si reaccionaba si alguien ajeno (algún hombre) trataba de acercársele.

Según el especialista esta era una reacción completamente normal pues su cuerpo temía que algún agente externo fuese a lastimarla nuevamente y sus lágrimas y sus rechazos se habían vuelto su mejor escudo de protección.

Jamás imagine que nuestra vida pudiese llegar a cambiar en tan solo un segundo. Nunca imagine ni en mis más horribles pesadillas que algo así le pudiera suceder a alguno de mis pequeños hijos.

Si bien Rosalie había mejorado con el tratamiento y había continuado por llamarlo de alguna manera con su vida normal, también es cierto que mi niña, mi princesita se volvió una pequeñita muy frívola y muy caprichosa.

Me dolía que se comportara de esa manera. Era realmente extraño ver como su comportamiento daba un giro de 360° cuando estaba en casa y cuando se encontraba frente a algún extraño.

Por explicarlo de alguna manera, Rosalie era una niña muy linda y muy tierna cuando estaba en casa. Casi podría asegurar que era la misma niña que habíamos conocido en Rochester. Tomaba alegremente sus clases de piano al lado de Edward y ambos convivían como si realmente no hubiese sucedido nada, jugaban y se divertían juntos. Pero la situación cambiaba drásticamente si alguna niña se le acercaba a Edward. No permitía que nadie tocara a su hermanito y si mi pequeño prefería jugar con ella Rosalie literalmente le hacia la vida imposible a esa persona. Fue así como muchas niñas en su nuevo colegio se alejaron de Edward.

Favorablemente, mi hijo no se molestaba, por el contrario le agradaba pasar el tiempo con su hermana y para él, mientras Rosalie se sintiera segura no había nada mas importante.

Algunas otras veces, su cambio no se limitaba solo a esos pequeños detalles; por ejemplo tenía días en los cuales mi pequeña niña simplemente se encerraba en su habitación y lloraba por horas. Y no permitía que absolutamente nadie entrara a su habitación a consolarla. Cuando eso sucedía me sentía realmente impotente por no poder hacer nada para aliviar su dolor. Era realmente doloroso verla sufrir así; sin embargo cuando la tristeza terminaba salía de la habitación y sonreía como si no hubiese pasado realmente nada.

Otras veces, llegaba a casa y me la encontraba cocinando al lado de Esme. Me gustaba verla así, sonriendo, feliz. Hacia cualquier cosa que lograra sacarle una sonrisa a mi pequeña muñequita. Tanto Edward como yo, éramos capaces de soportar largos días de compras en Nueva York solo por verla feliz, por verla sonreír.

Interiormente daba gracias de que mi pequeñita no recordara lo que le había sucedido, aunque algunas otras preferiría que lo recordara, para poder avanzar en su terapia y aliviar todo su dolor.

Si bien es cierto que cuando mi niña era feliz, yo lo era. Deseaba que hubiera alguna solución para aliviar todo ese dolor. Un ángel como ella no debería nunca de pasar por algo así.

Procuraba cumplir cada promesa que le hubiese hecho en el pasado. Según su terapeuta, por cada promesa cumplida era un pequeño detalle que le hacía ganar más confianza, tanto en ella misma como en las demás personas.

Y fue, precisamente eso, una promesa cumplida, lo que le devolvió la sonrisa a mi pequeña princesa.

Todo sucedió una fría tarde de principios de febrero. Extrañamente el meteorólogo no se había equivocado y el día amanecido hermoso. Los rayos del sol se colaban por la ventana haciendo que los copos que habían en los arboles brillaran como verdaderos diamantes.

Edward y Rosalie nos habían pedido tanto a Esme como a mí ir de día de campo; sin embargo, y debido a que había estado nevando ambos nos habíamos negado a llevarlos, argumentando el mal clima y que en casa había suficiente espacio como para que pudieran jugar con sus trineos. Al ver la carita de tristeza de mi Rosalie, le prometí llevarla el día que amaneciera soleado. Ella sonrió y me abrazo, al tiempo que me daba las gracias y me decía que me quería.

Recuerdo muy bien que esa vez, Esme me acuso de ser un padre en demasía consentidor a lo que yo solo argumente que ella era igual, y que no había nada que sus hijos desearan que no tuvieran. Ella me devolvió una sonrisa igual al tiempo que observábamos felices a nuestros hijos jugar por la ventana.

No sé si fue la suerte, o la casualidad lo que nos llevo hasta allí. Curiosamente ese día soleado fue mi día de descanso, por lo que, no tenía que presentarme en el hospital sino hasta dos días después, así que, confiando en el meteorólogo le propuse a mis pequeñitos pasar el fin de semana acampando en los Apalaches, a lo que ellos asintieron gustosos.

Teníamos el equipo de acampar necesario, por lo que solo nos llevo una vuelta al supermercado por bombones y comida enlatada llegar hasta allí. Ya le había avisado a Esme, por lo que, ella discretamente había hecho las maletas de los niños, pues por la noche, cuando llegara se llevarían una gran sorpresa.

Llegamos a los Apalaches sobre el medio día, pues habíamos decidido dormir en casa para comprobar la credibilidad del meteorólogo, por lo cual habíamos salido de casa apenas se habían filtrado los primeros rayos de sol.

Fue un fin de semana realmente espectacular. Mis niños habían querido acampar cerca de un riachuelo y así lo habíamos hecho. El día que llegamos habíamos ido a pescar, y por la noche habíamos asado malvaviscos y contado historias alrededor de una fogata. Esa noche dormimos felices.

Me alegre tanto de haber cumplido mi promesa. Ya que con ello había pasado además tiempo de calidad con mi familia. Esa noche los observe a todos dormir tranquilamente mientras daba gracias al ser superior por haberme dado una familia tan maravillosa. Fue con ese pensamiento que caí en brazos de Morfeo y vaya que si descanse, pues a la mañana siguiente, le había prometido hacer senderismo al amanecer a mi familia y por la tarde un poco de bicicleta de montaña.

Fue esa, la siguiente tarde la que cambio nuevamente nuestras vidas. Después de una mañana tan agotadora habíamos regresado al pequeño campamento que habíamos montado. Habíamos llevado un camper, por lo cual estábamos seguros de que nuestras pertenencias no se perderían. La mañana había transcurrido entre risas y juegos, pero habíamos vuelto para comer un poco.

Fue esa mañana también, la que le había enseñado a Edward y a Rosalie como utilizar una brújula y como orientarse en caso de perderse. Jamás imagine que eso nos fuera a servir tanto por la tarde.

Como una sorpresa extra a cada uno le había llevado un walkie-takie para poder estar comunicados, por lo que los niños se la habían pasado jugando a ser soldados y tener una misión. Habíamos inventado algunas pequeñas señas a base de números como por ejemplo 63 emergencias o 48 hombre herido, o cosas similares.

Aproximadamente, a las 18:00 horas habíamos montado en bicicleta, recuerdo haberles advertido a los pequeños no alejarse mucho, pues, si bien era cierto que estaba cumpliendo mi promesa, tampoco quería que les sucediera algo, pues era época de hibernación para los osos y solían ser demasiado violentos cuando despertaban o eran molestados. Yo mejor que nadie sabía como solían ser de violentes, no en vano había atendido a varios campistas en el hospital por ataque de osos.

Escuche por los walkie-takie a Edward retar a Rose a una carrera para saber cuál de los dos era capaz de llegar más lejos. Esme y yo nuevamente les advertimos sobre alejarse, a lo cual los pequeños asintieron prometiendo no alejarse mucho.

Habían pasado alrededor de diez minutos cuando un grito estremecedor se escucho a lo lejos.

Inmediatamente sentí que el pánico se había apoderado de mi cuerpo, pues ese grito lo había proferido mi pequeña Rosalie, de eso estaba completamente seguro. Recordé que los pequeños no habían querido soltar sus walkie-takie así que inmediatamente me comunique con mi niña, quería saber que le había sucedido.

Llorando, y en un probable estado de shock, Rosalie solo había pronunciado, 63, 48, 24. Lo que inmediatamente identifique como las claves con las que habíamos jugado por la mañana. Me impacte al relacionar lo que había dicho mi princesa: hombre herido, emergencias, oso. En ese instante, mi lado racional conecto y le pregunte a mi niña si el oso aun estaba cerca, a lo que, para mi alivio contesto que no, pero dijo que había un niño al que el oso había atacado y que estaba mal. Inmediatamente le pedí que intentara darme su ubicación. Alcance a escuchar como revolvía su bolsa y me decía que su brújula marcaba el sur, que se encontraba cerca de una cueva. Nuevamente me tense, aunque mantuve la serenidad como doctor. Encendí el camper y me dirigí hacia donde ella me había indicado.

Me sorprendí mucho cuando vi a Edward comportarse tan sensatamente, pues había regresado al campamento en lugar de correr hacia Rosalie. Edward me explico después que había encontrado una frecuencia en la que solo se comunicaba con Esme y había sido ella quien le había pedido regresar y por eso lo había hecho.

Cuando nos acercamos lo mas que pudimos con el camper me di cuenta que mi niña estaba con un pequeño que no superaría ni los doce años abrazándolo y pidiéndole que no la abandonara y que resistiera que su padre pronto estaría allí y que él lo curaría.

Me partió el alma escuchar esas palabras, pues eran realmente pocas las personas que sobrevivían a un ataque de oso.

Corrí hacia donde estaban los pequeños junto con un pequeño botiquín que llevábamos. Esme me ayudo a inmovilizar al pequeño y a aplicar un torniquete para parar la hemorragia que tenia.

En cuanto estuvimos en el camper, llame al hospital, avisando para que tuvieran lista una camilla pues llevaba a un pequeño que había sido atacado por un oso. Mientras íbamos rumbo al hospital escuche como mi Rosalie le hablaba al desconocido, o mejor dicho, a Emmett, que era como lo nombraba, que había cosas peores, que tenía que sobrevivir. Que no podía dejarla. Fue un autentico shock escuchar como mi pequeñita le relataba a aquel desconocido lo que había sucedido aquella noche. La noche en que mi pequeñita había sufrido la violación por ese maldito. Fue doloroso escuchar como ella realmente recordaba cada detalle de aquella noche.

Fui egoísta pero realmente agradecí que ella recordara todo y pudiera sacarlo. Nadie, absolutamente nadie la interrumpió cuando se dirigía al desconocido. De reojo pude ver como Esme abrazaba a Edward, intentando contener su furia, pues por el retrovisor pude ver como tenía sus pequeñas manitas crispadas. Yo no podía hacer absolutamente nada, sino concentrarme en cómo conducir, pues Esme había asegurado que ella no tenía el temple para conducir rumbo al hospital y había sido ella quien iba conteniendo la hemorragia del pequeñito.

En cuanto llegamos al hospital una camilla ya nos esperaba afuera, me adentre junto al pequeño que aun tenía aferrado una manita de mi Rosalie, rumbo a un quirófano.

Lo último que recuerdo de aquella noche, fue la carita lacrimosa de mi pequeñita asegurándole que lo iba a salvar…

Afortunadamente, y por increíble que parezca el pequeñito solo había sufrido una herida de gravedad, cerca del estomago, la cual era la que Esme y yo habíamos contenido. Las demás eran heridas superficiales que con el tiempo sanarían.

Fue así como tres días después Emmett había despertado, y lo primero que había visto, había sido el rostro de mi princesa, a la cual había descrito "como un ángel"

Habíamos tenido teorías acerca de cómo es que Emmett había llegado al bosque y como se encontraba solo, pero eran solo eso: Teorías, pues absolutamente nadie había reportado a un niño perdido, ni había registro de nadie que fuese buscado por la policía por haber sido raptado ni nada similar.

Cuando el pequeño estuvo más consciente, y fuimos capaces de preguntar qué es lo que había sucedido el nos relato que sus padres habían fallecido hace pocos días y él había quedado a cargo de su hermano, quien lo había echado de la casa diciéndole que solo era un estorbo.

La furia invadió mi cuerpo nuevamente, pues según Emmett el había corrido al bosque, huyendo de su hermano para que no lo golpeara nuevamente, y se puso histérico cuando le dije que se le iba a notificar a su hermano el lugar en donde se encontraba, en ese momento entro Rosalie y Emmett drásticamente cambio su actitud pidiéndole al Ángel quedarse a su lado.

Realmente no pude poner ninguna objeción a que este pequeñito se uniera a la familia; después de todo había sido él, quien le había devuelto la sonrisa a su princesa.

Días después, cuando Emmett fue dado de alta y una vez que estuvo instalado en casa, tanto Carlisle como Esme habían localizado al hermano de Emmett y habían hablado con él, por lo que se habían dado cuenta de que era un hombre que no tenía el menor sentido de la responsabilidad, ni de la culpa, pues en cuanto ellos le habían dicho del accidente que había sufrido Emmett solamente había preguntado si el mocoso había muerto, fue en ese instante, cuando se dieron cuenta que ese hombre no tenía el menor interés en el pequeño, que le habían pedido que les cediera la custodia del pequeño, y este, sin ni siquiera investigar si es que ellos eran narcotraficantes, drogadictos o pedófilos se las había cedido, claro, no sin antes pedirles una suma a cambio del mocoso, como él lo llamaba.

Fue así, como al estar instalado en casa, le mostraron a Emmett su nueva acta de registro. Había dejado de ser Emmett McCarthy para ser ahora Emmett Cullen, por lo cual el pequeño había estado sumamente feliz, arguyendo que nunca más se separaría de su ángel…

Así es como había llegado Emmett a sus vidas, como un tornado lleno de alegría y con ojos vivaces, mismos que habían devuelto la alegría a su pequeña princesa.


Uff. I´m sorry.

Realmente lamento haber actualizado hasta ahora.

Espero que les haya gustado.

Por fa dejen un review con su opinión.

Me gustaría saber que piensan de esto que escribí.

Ahora solo faltan Alice, Jasper y Bella. La idea sobre Alice y Jasper ya la tengo. De hecho ya la comencé ahora solo me falta aterrizarla completamente.

Besos y hasta el siguiente

Serena Princesita Hale