ALMAS GEMELAS
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, excepto algunos de mi invención. Son propiedad de Stephenie Meyer. Esto es algo que solo dio mi loca imaginación.
LA IDEA SURGIO DESPUÉS DE LEER QUE LAS ALMAS DE LOS VAMPIROS RENACEN Y NUNCA MUEREN.
Recuerden, todo va desde la perspectiva de Carlisle.
CAPITULO V
ALICE
Siguieron pasando los años. Mi princesita poco a poco se fue recuperando con los mimos y atenciones que no paraba de darle Emmett. Ahora con 12 años Rosalie y Emmett asistían al último curso de educación escolar básica, mientras que Edward cursaba el 5° grado.
El que Emmett hubiese entrado en nuestras vidas era un remanso de paz, pues pronto se convirtió en el mejor compañero de juegos para Edward y el mejor caballero con armadura brillante para mi dulce princesita.
Gracias a el Rosalie había recuperado su hermosa sonrisa y había dejado de lado la frialdad con la que trataba al mundo, aunque sea un poquito, pues el dolor y el resentimiento aun hacían mella en su corazón.
Pero, ni Esme ni yo podíamos pedir más de lo que ya le había regalado "a ese hermoso ángel", como nuestro hijo solía llamar nuestra princesita, que el hecho de haber logrado que Rosalie dejara de llorar amargamente por las noches, pues él con su sola presencia había sido capaz de minar a todos sus fantasmas.
Pese a que vivíamos realmente felices en Tennessee sentía que algo nos hacía falta. No sabía explicar que era a ciencia cierta, pero sentía que aun faltaba algo. Sentía que aun había piezas del puzle de nuestra vida sin añadir.
Le había comentado a Esme de mi intranquilidad, por lo que ella, también me conto su sentir. Me dijo que también sentía que algo le hacía falta, pero que no sabía, al igual que yo, definir qué era eso que le faltaba.
Decidimos esperar un tiempo más, sin embargo una propuesta me sorprendió de sobremanera. Me ofrecieron un puesto en el hospital psiquiátrico de una ciudad muy alejada, o por lo menos del lugar en el que estábamos.
Realmente no entendí porque me ofrecían ese puesto, pues vamos, yo no era médico especializado en psiquiatría, sin embargo para ese lugar era para el que me habían ofrecido a][_ñ.nhjv quel puesto.
Se lo comente a Esme y, aunque dudosa, ella me dijo que debía aceptar, pues después de todo, cada cambio de hospital que habíamos hecho nos había deparado algo nuevo, diferente, increíble.
Medite junto a ella todos los pros y los contras, pero cuando Esme me dijo que tenía una buena corazonada acerca de aceptar el nuevo trabajo en esa ciudad Biloxi, en el estado de Mississippi simplemente acepte, pues creía que ella tenía toda la razón. Por algún motivo, sabía que algo nuevo nos esperaba en esa soleada ciudad. Incluso creímos que era bueno para los niños, pues así tomarían algo de sol y una dosis extra de vitamina C, que tanta falta les hacía y bueno, quizás allí, mis niños no se negaran a hacer nuevas amistades, pues aquí en Tennessee su círculo se cerraba prácticamente a ellos tres.
Sin embargo, y debido a lo adelantado del ciclo escolar, era prácticamente imposible cambiarlos de escuela, por lo que cuando se los comentamos los cinco llegamos al acuerdo de que yo aceptaría el trabajo en la nueva ciudad y de que ellos se quedarían en el colegio, como internos mientras terminaba el curso, después, irían al nuevo colegio en Biloxi.
Hicimos nuevamente todos los trámites necesarios para el traslado, inclusive realizamos el embalaje para la mudanza a la nueva ciudad.
Cuando llegue allí me sorprendí de sobremanera. No esperaba un hospital psiquiátrico, así.
Desde el primer instante en el que puse un pie en ese hospital sentí unos terribles escalofríos recorrer mi piel.
Era realmente difícil, sentía como si alguien de allí necesitara de mi presencia, de pronto sentí como si el estar allí no fuese un acto de mi voluntad, sentí como si hubiese llegado porque alguien me llamaba, porque alguien me necesitaba.
Esme me había comentado algo similar. Me había dicho que había algo en esa clínica que la llamaba, sentía como si alguien la necesitara, aunque no sabía porque o para que. Yo simplemente asentí al no saber dar respuesta a sus cuestionamientos y la abrace. Era lo único que podía hacer.
Había recorrido cada pasillo de ese muy extraño hospital. No me acostumbraba del todo a lo gélido del lugar. Pese a que recorrí los pasillos una y otra vez, sentía que había algo que aun no descubría. Casi al final de la segunda semana me di por vencido, pues después de mis constantes investigaciones intentando encontrar algún pasillo secreto me di por vencido y creí que todo lo que creía sentir no era más que producto de alguna extraña paranoia. Sin embargo y que, pese a que en ese preciso instante no se definir si fue lo mejor o lo peor descubrí que no era así.
Anne, una de las enfermeras más antiguas del psiquiátrico una noche tropezó conmigo. Llevaba en sus manos algunos folders que se cayeron al tiempo que chocaba conmigo. Me disculpe con ella por mi distracción, sin embargo ella aseguraba que era su culpa.
Me sorprendió la cantidad de expedientes que llevaba, supuse que irían al archivo o algo similar, sin embargo no era así. Lo supe poco después.
Me despedí de ella después de ayudarle a levantar todos los expedientes, pero el nerviosismo en sus acciones me hizo creer que algo ocultaba. Decidí no darle mayor importancia, sin embargo, un expediente que olvido me llamo la atención y decidí recogerlo.
Intente llamarla, pero al no responderme y al no haberme percatado por el lugar que se había ido opte por llevarlo a mi oficina. Después se lo entregaría –pensé.
Sin embargo, cuando tome ese expediente entre mis manos sentí como si todas las respuestas a mis dudas estuvieran allí. No es como si estuviera paranoico o algo similar, aun más, me sentí mal al comenzar a leer el expediente.
Vaya sorpresa que me lleve al darme cuenta de lo que albergaba.
En el expediente se leía:
Mary Alice Brandon. 11 años. Esquizofrénica con tendencias a creer tener visiones del futuro y nombrar como sus padres a dos completos desconocidos a los que nunca ha conocido, y que sin embargo asegura ser su familia. Asegura tener dos hermanos, una hermana, una cuñada y alguien que necesita de su búsqueda. Sus padres la internaron hace un año, cuando en un ataque de pánico llamo a esa mujer de sus visiones y asegurar que sus padres no eran sus padres. Terapia electrochoques. Fecha de ingreso: Febrero del año 2005. Dr. Alfred Solórzano.
Me sorprendí de sobremanera al leer todo el expediente de Alice. En un principio lo que más me había sorprendido era su fecha de ingreso hace casi un año, no había fecha de alta, motivo por el cual supuse que aun estaba aquí. Su terapia me pareció algo totalmente cruel e inhumana, e incluso fuera de práctica, pues estudios científicos revelaban que era prácticamente obsoleta y que no servía para absolutamente nada. Excepto, claro, causar mayor daño. Había algo que me decía que debía ayudarla. Lo que más me sorprendió fue el hecho de que en los registros que me habían mostrado del hospital Alice no aparecía como interna, de hecho, no había ningún antecedente de ninguna Mary Alice Brandon en el archivo, por lo que, decidí ser cauteloso.
Le conté a Esme acerca de mi descubrimiento y ella me aconsejo que hacer. Tal y como ella me lo dijo, me anduve con pies de plomo y lo primero que hice , por supuesto, fue devolver el expediente de Alice, no sin antes y aunque fuese poco ético, sacar una copia del mismo al lugar al que pertenecía.
Pasaron varias noches hasta que descubrí que en uno de los pasillos había un muro falso que daba a unas escaleras oprimiendo un par de botones. Memorice la contraseña.
No me arrepiento, sin embargo si me reprocho por no haberlo descubierto desde tiempo atrás. El pasaje conducía a unas angostas escaleras que daban a una especie de sótano en el que había algunos pacientes de los que no había registro en el hospital.
Di con el numero "de cuarto" si es que así podía denominársele a aquel lugar en el que estaba la personita que había estado buscando.
Me sentí lleno de ternura y de golpe me inundo la imagen que había visto la primera vez que había visto a Esme en Forks. Alice era una pequeña niña, muy menudita, casi un fideo con un hermoso y largo cabello azabache, no quise interrumpir sus sueños y me dedique a contemplarla extasiado.
Esa misma mañana con el horror de haber descubierto el horror que se manejaba en aquella clínica, volví a casa. Le conté absolutamente todo a Esme. Pero sobre todo, le conté sobre la pequeñita que dormía plácidamente en aquel lúgubre lugar.
El hermoso rostro de Esme perdió su color cuando termine de relatarle los horrores que había encontrado en aquel lugar. De un momento a otro me pidió conocer a Alice. En un principio yo me negué, sin embargo, ella me convenció. Pues algo en su interior también le decía que esa pequeñita necesitaba de nuestra ayuda.
Con sumo cuidado y como estratega –ni siquiera se dé quien había heredado esa cualidad- me dedique, junto a Esme a encontrar una forma en la que lográsemos ella entrara a ese lugar de forma desapercibida.
Por varias noches me dedique a vigilar cada uno de los movimientos del hospital y como cada noche, me dedique a ir a observar a la pequeñita. Parecía tan frágil, tan rompible, cual cristal.
Supuse que debido a su medicación y a sus horribles terapias cada noche la pequeña caía en un terrible estado de inconsciencia. Me sentía tan mal, tan impotente por no poder evitarlo, sin embargo, cada noche acudía allí, con la esperanza de que ella en alguna parte de su inconsciente aun conservara algo de cordura y le susurraba que pronto la sacaríamos de allí. Le susurraba que había comprendido su problema y que debía dejar de hablar de él para evitar que la siguieran lastimando con esos electrochoques.
Le lleve una manta con la cual cada noche la cubría de aquella frialdad. Era una mantita que Esme había tejido y tenía una "A" bordada con unos hermosos lazos rosados.
Una noche, incluso me atreví a llevarle una muñeca y a dejarle una nota. Supe que la recibió porque aquella noche, aun entre sueños y algodones menciono la palabra "Gracias".
Después de un par de noches, por fin logre que Esme pudiera entrar a la clínica sin ser detectada.
Esa noche me impacte. Alice estaba despierta y nos dijo:
Mami, papi. Los esperaba. Sabía que vendrían por mi y que no me abandonarían. Esme en un impulso la tomo entre sus brazos mientras la niña nos relataba todo lo que allí había pasado.
Nos conto como es que desde pequeña había tenido unas visiones y que, aunque todos la creían loca ella nos esperaba. Sabía que nos hacía falta y que sin ella no seriamos una familia completamente.
Yo simplemente asentí, pues nos conto de nuestro encuentro y nos dio detalles que nadie conocía. A partir de ese día, Esme se dedico a hacerle visitas diarias prácticamente, pues Alice le dijo de un pasadizo secreto que conducía al lugar.
Nos agradeció por su muñeca, pues era la primera que tenía en años, ya que su mente no recordaba nada. Después de todo, los electrochoques si la habían afectado. No recordaba a su familia y eso era realmente ¿malo o bueno? No sabria definirlo.No recordaba absolutamente nada de su infancia, según nos había confesado, era como estar en un profundo foso de obscuridad.
Nos conto –aunque con un ligero matiz de tristeza en su voz, más sin embargo, sin ningún reproche-, que hace tiempo esperaba por nosotros, por su familia, para volver a estar juntos. Su sonrisa era tan cálida, tan tierna, tan simplemente indescriptible, con su esencia llenaba todo nuestro mundo.
Esme y yo habíamos investigado y descubrimos que los Brandon eran una acaudalada familia de Biloxi que, al simplemente no poder enfrentarse más a lo que ellos denominaban "Enfermedad de Alice" habían decidido abandonarla en el psiquiátrico y en esa misma fecha fingieron su muerte, incluso una falsa lapida lo probaba.
Tanto Esme como yo creímos que era necesario sacar a la pequeñita de allí antes de que el daño fuera realmente irreversible. Mi pequeña hada se mostro feliz y accedió a hacer todo lo que le pedimos, nos dijo que ya se moría de ganas de jugar con Edward y con Rosalie, de hacer bromas con Emmett y mil cosas más. Cada noche, sin embargo, iba a su habitación y jugaba con ella, me llenaba de orgullo y de satisfacción escuchar de sus pequeños labios un "papá" o una sonrisa suya. Era una niña muy inteligente y adoraba que le contara cuentos para dormir. Se dormía aferrada a mi regazo o a el de Esme quien la visitaba por las noches (debido al pasadizo secreto que conectaba cerca de nuestro hogar) cobijada con aquella frazada que Esme le había tejido con tanto amor y cariño.
Era como si ella realmente fuese una pieza muy necesaria en nuestro rompecabezas, como si el puzle realmente estuviera por completarse.
Descubrí también que la memoria de Alice se había borrado debido a las inhumanas terapias, y creí pese a lo egoísta que eso pudiese sonar que era lo mejor. Mi pequeña hada no tenia porque recordar a las personas que tanto daño le habían causado.
Logramos una fuga del hospital prácticamente limpia. Para no despertar sospecha alguna, me quede laborando allí por un par de meses más, mientras mi pequeña niña estaba en casa a salvo y segura con Esme. Evitando así que cualquier extraño pudiera acercársele o dañarla.
Sin embargo, al final tuve que confrontar a mis otros tres hijos, los cuales no sabían de la existencia de Alice. Todos, afortunadamente lo tomaron muy bien. Ninguno se molesto, sin embargo y por lo delicado de la situación y entiéndase por delicado el no querer que nadie descubriera a la niña debíamos mudarnos a la brevedad posible.
Renuncie a mi trabajo argumentando que para mi era muy doloroso observar a cada uno de esos pacientes y no poder lograr un cambio real en ellos, pues después de todo yo solamente era un médico cirujano, no un psiquiatra.
Esta vez fue Alice quien eligió. Nos mudamos a Philadelphia. Y fue justo en ese lugar en donde encontramos al "último miembro de nuestra familia". Jasper.
Estoy subiendo nuevamente este capitulo porque me di cuenta que por un error lo borre. Sorry
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Besos y hasta el siguiente
Serena Princesita Hale
