ALMAS GEMELAS

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, excepto algunos de mi invención. Son propiedad de Stephenie Meyer. Esto es algo que solo dio mi loca imaginación.


LA IDEA SURGIO DESPUÉS DE LEER QUE LAS ALMAS DE LOS VAMPIROS RENACEN Y NUNCA MUEREN.

Recuerden, todo va desde la perspectiva de Carlisle.

CAPITULO VI

JASPER

Habían transcurrido cerca de seis meses desde que nos habíamos mudado a Philadelphia. Contrario ha lo qué hubiésemos podido creer Rosalie Emmett y Edward habían aceptado de muy buen grado la mudanza, así como a su nueva hermana.

Alice era un verdadero torbellino de energía con una chispeante sonrisa. Mi pequeña hada –así solía llamarla debido a su altura- era tan vivaz y tan alegre qué lograba contagiarnos a todos de su singular alegría. Había logrado hacer sonreír a mi princesita y sé había convertido en la compañera de bromas de Emmett, mientras, por breves periodos, era capaz de mantenerse en calma, escuchando a Edward mientras tocaba el piano. Su melodía favorita chopsticks.

Habíamos logrado rescatar sus papeles y encontramos una grata sorpresa. Alice, pese a lo pequeña y menudita qué parecía, era un poco mayor qué Emmett y Rosalie, sin embargo y gracias a los electrochoques, Alice de alguna manera había sido capaz de suprimir el año de horror y de torturas a la qué había sido sometida, por lo qué, por increíble qué sonase, juraba tener la misma edad de Edward.

Esme y yo nos preocupamos, por supuesto, pero consulte a un viejo amigo al cual, si necesitaba realmente su ayuda, -según dijo- debía contarle toda la verdad y así lo hice. Después de exponerle por completo el caso de Alice, me explico qué debido a los electrochoques qué había sufrido, tendría un estado de amnesia permanente, por lo cual no era recomendable intentar hacer qué recordara.

Me explico, qué cuando los seres humanos sufren un trauma demasiado fuerte o uno qué les hace un daño lo suficientemente terrible –el cual varia de persona a persona- el mecanismo de autodefensa del cerebro tiende a bloquearlo y qué, aunque en alguna parte de su memoria, ese recuerdo estaría, no lo recordaría conscientemente. Me explico qué también en algunos casos no es muy recomendable intentar hacer recordar a las personas, pues estas pueden sufrir una alteración mayor, qué en algunos casos solo los más afortunados pueden superar y en otros, simple y sencillamente deben sobrevivir a base de terapias psicológicas para ayudarles a controlar su dolor, algunos otros, sobrevivirán a base de medicamentos y solo en el peor de los casos, un grupo reducido sé suicida.

Por supuesto, con la explicación qué me había dado, y después de contarle a Esme absolutamente todo, acordamos qué lo mejor para Alice era llevarla a terapia, por recomendación de mi viejo amigo, por supuesto.

Sentía mucho miedo de saber qué es lo qué sucedería y aunque no me lo decía, sé qué Esme también estaba alterada, sin embargo, mi colega y amigo nos había explicado qué era necesaria una valoración, para un futuro lejano, si es qué Alice deseaba recuperar sus recuerdos, debíamos tener la suficiente madurez y armas necesarias para manejarlo, ya qué debíamos cuidar los detalles para evitar un choque postraumático aún mayor, pues ya sería muy duro en sí mismo, recordar qué habían sido tus propios padres quienes te habían abandonado en tan horrible lugar.

Cuando el doctor Stephens salió sentí un miedo aún mayor. Pues aunque Alice salió con una enorme sonrisa de su consulta, sinceramente no sabía a qué atenerme. Podría ser, qué fuesen buenas o malas noticias, según la perspectiva de quien lo vive, por lo qué, aparentando una calma qué no tenía, le pedí a Alice qué nos esperara tranquila, y nos llevamos una grata sorpresa al darnos cuenta como es qué, aún y con su vibrante energía, la pequeña hada acepto quedarse quieta mientras hablábamos con el doctor.

Tanto Esme como yo, entramos tomados de la mano. No sabíamos lo qué enfrentaríamos y era muy probable qué no fuesen noticias nada agradables. Sin embargo, la vida suele dar grandes sorpresas y como lo fue en nuestro caso algunas pequeñas recompensas.

El doctor Stephens nos observaba desde su lugar. Su rostro no detonaba emoción alguna, en esos momentos, lo único qué pude pensar es en los rostros de mis pacientes, pues ellos deben pasar por un proceso de temor igual al qué ahora Esme y yo vivíamos.

-Les tengo buenas noticias, -comenzó el doctor Stephens. Con las pruebas y valoraciones qué hemos venido realizándole a Alice a lo largo de estos meses, he llegado a la conclusión de qué tienen a una niña muy sana y feliz.

La condición qué Alice presenta es excelente. Con las pruebas y las valoraciones hemos descubierto qué no ha perdido ninguna de sus habilidades mentales ni motoras. Afortunadamente la pseudo terapia de electrochoques no ha afectado su desarrollo. Sin embargo, esas visiones qué cree tener yo las atribuyo a qué si bien ha superado el dolor inconscientemente ella vive una realidad en paralelo, en el qué cree o da forma a imágenes en su cabeza de lo qué sueña. Esas "visiones" como ella las llama, no son más qué ideas prefabricadas de sus anhelos, qué si bien no le causan daño, si deben ser controladas, pues debe aprender a distinguir la realidad de la fantasía. Pero creo, sin temor a errar, que esa no es su preocupación, ¿Cierto?

Sé qué su verdadera preocupación estiba en el hecho de qué Alice pueda o no recordar las torturas a las qué ha sido sometida. Respecto a ese punto me permito explicarles qué una parte consciente de ella recuerda haber estado en un psiquiátrico, más no así su desafortunada estancia en el lugar. Eso es un buen indicio, pues aunque la he cuestionado sobre sus recuerdos, me dice qué es como sumergirse en un cuarto obscuro.

Desafortunadamente para ella, no recuerda más allá del día en el qué los conoció. Su amnesia sé extiende incluso a sus años anteriores de vida, pues aunque es consciente de haber pasado por diversos grados de educación escolar, por llamarlos de alguna manera, no lo es de quienes fueran su familia.

Para Alice, no existe más familia, amigos o cariño y tristeza y alegrías qué la qué ha vivido a su lado. De hecho, estoy completamente seguro de qué su familia biológica podría pasar a su lado y ella ni siquiera los reconocería. Aunque no lo recomendaría, ya qué este también podría ser un factor detonante para desencadenar sus recuerdos anteriores.

La vivacidad y tenacidad qué ha mostrado Alice es envidiable. Muestra unas ganas intensas de vivir, más no así de recordar su pasado. Mi consejo como médico tratante es no forzarla a recordar y ayudarle a construir un nuevo futuro y nuevos recuerdos.

Así habían pasado tres meses desde ese diagnostico. Esme y yo habíamos llegado a la conclusión de qué Alice no necesitaba recordar y qué no la forzaríamos a ello, por lo qué aún con algo de miedo, decidimos que si en algún futuro Alice recordaba algo, allí estaríamos nosotros para apoyarla en lo necesario, por lo qué toda la información qué habíamos reunido de su pasado la guardamos, de algo podría servir y en el futuro, ella contaría con nosotros para ayudarle a resolver cualquiera de sus dudas.

Sin embargo, en Philadelphia nos llego una última sorpresa por conducto, de alguna manera, de Alice. Con sus aparentes 13 años, Alice sé había convertido en una especie de torbellino con más energía, por supuesto desarrollaba actividades de acuerdo a esa edad y de alguna manera, eso nos trajo al siguiente miembro de nuestra ya numerosa familia.

Con su carácter tan alegre, Alice era invitada prácticamente a todas las fiestas habidas y por haber en el colegio en el qué ahora estudiaban los chicos y ella.

Sin embargo, su lugar favorito era una vieja heladería, de esas qué parecen muy antiguas y en las qué difícilmente entrarían los jovencitos.

Alice siempre hablaba del error qué había sido encontrarnos primero, pues aseguraba qué ella tenía qué buscar a su Jasper.

No era qué le molestara qué ella hubiese llegado primero a nuestras vidas, pero siempre aseguraba qué Jazz estaba solo y qué la necesitaba. De alguna manera, ella siempre aseguraba qué el la encontraría a ella. Qué solo tenía qué estar en el lugar correcto y ese, al parecer era esa vieja heladería.

Todo lo qué Alice nos decía había comenzado a tener sentido. Fue justo un lunes por la mañana qué todo comenzó. Al parecer Alice había tenido otro de esos desvanecimientos en los qué solía ver cosas qué ocurrirían en días posteriores. Pero ese día no fue así.

Con sus ya famosas visiones, venia siempre un terrible dolor de cabeza, por lo qué aquella mañana Alice no asistió al colegio con autorización de Esme y mía por supuesto.

Pero al medio día, Alice insistió en qué debía estar en la cafetería. Era un día precioso y permitimos qué saliera. De hecho, yo mismo la lleve al regresar a casa, después de terminar mi turno en el hospital.

Alice había insistido en llevar una chaqueta de Emmett, decía qué a Jasper le haría falta. En vano era discutir, pues si habíamos aprendido algo era qué no debíamos llevarle la contra a Alice cuando ella aseguraba qué algo o alguien vendría o sucedería.

La tarde había venido a llenar ese extraño día en Philadelphia y una fuerte tormenta no pronosticada por el meteorólogo comenzó a azotar sobre la ciudad cerrando de alguna manera algunos caminos debido a su intensidad.

Esme y yo nos preocupamos por Alice, pero afortunadamente el fuerte temporal no derribo la comunicación celular por lo qué recibimos una llamada de Alice avisándonos qué sé quedaría en la cafetería hasta qué el temporal pasara.

Atentos al riesgo qué podíamos sufrir si es qué no atendíamos a lo qué Alice nos decía, decidimos confiar en ella, pues además había demostrado ser una niña muy sensata, y quedamos en recogerla después de qué el temporal pasara.

Nunca llegue a saber qué sucedió, y lo único qué realmente conozco es lo qué la misma Alice y Jasper han contado de lo sucedido mientras llovía.

De repente ella lo vio entrar y al instante se levanto. Era como una fuerte atracción, imposible de evadir.

Un torbellino de finos cabellos obscuros se levanto del taburete que estaba cerca de la barra, -dijo Jasper qué a lo lejos vislumbro, y sin saber muy bien cómo o por qué, el se abrió paso entre la multitud congregada en el lugar, qué sé guarecía del temporal, misma qué, de pronto se desvaneció, cuando con pasos finos que cualquier bailarina envidiaría se acerco ella a el.

El parecía un ángel de cabellos rubios y hermosos color cielo. –Aún cuenta Alice.

Me has hecho esperar mucho tiempo —dijo.

Y él, como simple autómata, y temeroso de su reacción, y como buen caballero sureño, agacho la cabeza y dijo:

Lo siento, señorita.

Y por un instante, el tiempo pareció congelarse aquella tarde e incluso el temporal sé desvaneció en un mundo perfecto en el qué solo existían el y ella. Cuando ella le tendió la mano y el la tomo lleno de esperanza y salieron juntos de aquella cafetería, ante la atónita mirada de aquellos que se encontraban en el lugar, pues no era la clase de reunión qué sé esperan, mucho menos Terry el propietario, qué de sobra conocía a Alice y qué al parecer a el nunca lo había visto por el lugar.

Habían comenzado a charlar y Terry llamo para avisar qué Alice estaba platicando con un perfecto extraño y qué le preocupaba. Por suerte, el temporal había amainado y pude salir enseguida en busca de mi pequeña. Pero me lleve una sorpresa muy grande cuando la vi sonreír. Por supuesto también comprendí el miedo y la preocupación de Terry, pues el jovencito estaba lleno de marcas parecidas a las de un corte de navaja o algo similar, pero deje de prestarle atención cuando escuche un suspiro y unas palabras de Alice.

-¿Qué sucede, mi dulce Alice?

-Nada. Es solo que pensé que no ibas a aparecer jamás.

No negare nada. Por supuesto me desconcertó, pero al parecer en ese instante Alice también sé dio cuenta de mi presencia, por lo qué sé levanto de la mesa, con Jasper tomados de la mano.

Me basto un segundo para comprender qué el es a quien tanto Alice aseguraba debía buscar. El la miraba como encandilado, era fácil darse cuenta de ello. Parecía qué su mundo giraba en torno a nuestra hija y al parecer no me había equivocado, pues en cuanto Alice sé acerco a mi el sé envaro y sé porto como un pequeño soldado, cuidando, acechando, analizando y protegiendo a mi pequeña hada.

Sabía qué de nada valia discutir con Alice, por lo qué con una mirada –a la cual no pude resistirme- asentí llevar a Jasper a casa, con nosotros.

Estando allí, nos conto qué el era de Galveston, Texas, pero qué sus padres sé habían separado, al parecer su madre era mexicana y sé lo había llevado a vivir a la ciudad de monterrey, Nuevo León, en donde ella había muerto.

El por supuesto debido a su marcado acento sureño y a su color de ojos y de cabello, e incluso su lenguaje, había sido un marginado social y qué al parecer la única qué lo había tratado bien era una chica llamada María, misma qué lo había inmiscuido en un mundo bajo. Nos conto qué el alcohol, el sexo y las drogas a su temprana edad 14 años había visto y probado muchas cosas.

Nos conto qué sus cicatrices eran producto de las guerrillas entre pandillas de aquellos lugares, así como de haber defendido a María de sus compañeras. –Por supuesto, todo lo qué nos relataba nos lo había dicho mientras Alice había subido a su habitación y a la de sus hermanos buscando ropa para él.

Cuando le cuestionamos como sé sentía, lo único qué pude vislumbrar fue el tormento qué reflejaban sus ojos, por lo qué no supe porque, le ofrecí quedarse en nuestra casa. El acepto de buen grado, aunque no sin terminarnos de contar su historia.

Nos dijo qué había escapado de aquel mundo y aquellos días de tormento cuando decidió buscar a su padre en Galveston. Por suerte, su madre siempre le había dado una copia de sus documentos de identidad, por lo qué no había sido difícil para él cruzar la frontera, sin embargo al regresar, sé encontró con qué su padre había formado otra nueva familia en la qué el simplemente no tenía cabida y lo había rechazado, era cruel, inhumano y doloroso. Sinceramente me pregunto ¿Cómo un padre puede rechazar a su pequeño hijo? Supongo qué mucho influyo el ver el estado en el qué sé encontraba Jasper. Sus cicatrices daban miedo, por supuesto, pero mi mayor miedo era ¿Cómo lidiar con un adolescente qué ha pasado por tantos traumas y golpes en la vida?

Con Alice, Emmett y Rosalie había sido muy distinto, eran pequeños y los conocíamos un poco más, mientras qué Alice no recordaba absolutamente nada de su tormentoso pasado. Vi a Esme y en su rostro vi verdadera preocupación, no hacía falta qué me lo dijera, sabía qué pensaba algo similar a lo qué yo.

Vaya si nos llevamos una gran sorpresa cuando nos dimos cuenta de qué lo único qué le hacia falta a Jasper para salir adelante era Alice.


bueno, les debo una enorme disculpa, pero culpen a las musas y muchas cosas que han pasado por mi vida en los ultimos tiempos. Pero bueno, cuando regresaron aproveche para terminar la historia, por lo que les dire que aun faltan un par de capis y los subire una vez por semana.

Besos y hasta el siguiente. Este capítulo está dedicado especialmente a Holly Rossilyn, Strangeeers y a YouAreMine21

Aún sigo con el otro, pero espero qué el capítulo de Jasper y su incorporación a la familia te haya gustado.

En cuanto a lo qué les explico sobre la amnesia temporal de Alice, solo diré qué no miento es algo real.

Serena Princesita Hale

Hasta el próximo.

Viene Bella.