A la mañana siguiente, los recuerdos de mi primer día en el instituto, se agolparon en mi cabeza. Por una parte, estaba contento, porque a pesar de todo, había conseguido hacer algunas amistades. Pero por otra...debía volverme a enfrentar con la frustrante mirada de Isabella Swan, y eso no me hacía ninguna gracia. La ignoraría por supuesto, a partir de ahora, ella no existía para mí. Por muy guapa que fuese, nuestra posible futura relación de amistad, se había acabado. Me vestí y baje a la cocina, como era de suponer, Esme no estaba allí.
"Edward, hoy me quedaré a dormir en Washington.
Pórtate bien:
Esme"
Decía la nota. Desayuné los primero que encontré, me calé el chubasquero y salí camino de mi amor platónico: mi jaguar. Conduje los más rápido que sabía sin estrellarme contra nada o atropellar a alguien. Derrapé al llegar al aparcamiento, por lo que un montón de miradas ajenas se posaron en mí y mi flamante coche. Mientras salía de allí, vi derrapar al descapotable rojo de los Swan. Los vi salir uno a uno de con una gracia pasmosa, pero mi enemiga mortal no lo hizo. Pensé que podía haber venido andando... Esto era cómico, ni siquiera llevaba un día en el instituto y ya tenía un enemigo mortal.
Las clases transcurrieron con el mismo aburrimiento por mi parte, pero conseguí entretenerme haciendo algunos bocetos de mi coche perfecto. Sin embargo al pensar en la siguiente clase, biología, me acordé de Isabella y empecé a dibujarla sin ser consciente de que mi mente ya había hallado la respuesta a por qué la odiaba tanto.
Al terminar Literatura, una asignatura en la que también coincidía con la cansina de Jessica, que, por obra divina, no me siguió esta vez. Tenía Jessica hasta en el almuerzo, y nunca mejor dicho. Caminé hasta el aula siguiente.
Abrí la puerta con cuidado y nada más entrar, dirigí mi cabeza a mi mesa del odio, pero cual sería mi sorpresa al comprobar que la más pequeña de los Swan no se encontraba allí. Llegué a la mesa aún sin acabar de creérmelo, ¿tan repulsivo era para ella? ¿tanto me odiaba que se había saltado la clase? Cada vez la odiaba más, pero a la vez sentía por ella un sentimiento totalmente contrario a lo racional.
Volví a hacer bocetos, esta vez de paisajes. Cuando Esme me pidiera que le dejase los cuadernos del trimestre, pensaría que era un idiota.
Realmente, dibujaba muy bien. Dibujar era, en tercer puesto, lo que más me gustaba hacer. Terminó el purgatorio y me fui derechito a la cafetería, donde por supuesto, los chicos y chicas del otro día, me guardaban un sitio. Aunque yo quería sentarme entre Tyler y Ben, todas las chicas, excepto Ángela, me pidieron que me sentara con ellas. Accedí a cambio de que el próximo día me tocaba elegir quién se sentaba conmigo. Una propuesta estúpida, porque no sabía que pensarían de mí al elegir a Ben y Tyler como compañeros de mesa...
Miré hacia la mesa de los Swan, no había ni rastro de Isabella.
Intenté hacerme con la conversación principal, pero las cotorras de Lauren y Jessica no dejaban de acribillarme con preguntas como:
-¿Cuándo es tu cumpleaños?
-¿Has tenido novia alguna vez?
-¿Cómo se llamaba?
Esta última la hacían con la intención de saber si su nombre coincidía con el de la otra.
Por una vez, iba a darme el gustazo de fastidiar a alguien que no me caía bien.
-Jessica –respondí con naturalidad, cuando en realidad nunca había tenido novia.
Los chicos no pudieron resistir la tentación de reírse, comenzaron a pegar con el puño en la mesa muertos de risa. La aludida, en cambio, se enfurruñó y cruzó los brazos ante el pecho. Yo no pude ocultar una sonrisa de felicidad. Pero ver como sólo sufría ella no me parecía justo, quería fastidiar a otra pesada más. Y al ver la mueca de Lauren observando a Jessica, lo tuve claro.
-Pero la última que tuve se llamaba...Lauren –mentí de nuevo.
Al segundo, todos se estaban partiendo de risa, incluso Jessica, a la que ahora se le había pasado el enfado. Nunca había sentido necesidad de fastidiar a alguien, hasta ese momento... ¿Podía ser que el hecho de estar tan enfadado con Isabella me obligase a descargar mi furia contra la gente que no me caía bien? No, eso no podía ser posible, ella no me importaba tanto ¿O sí...?
Isabella no volvió por el instituto, o al menos yo no la había visto. Por otra parte, a cada día que pasaba, yo estaba más tranquilo. Había acabado por pensar que había huido de allí. Pero el viernes, cuando estaba sentado en mi pupitre, normalmente desocupado, una voz musical me saludó.
-Hola
Levanté la vista hacia la preciosa cara pálida con ojos dorados que me miraba.
No...Esto era fruto de mi excepcional imaginación, ¿había decidido que iba a hablarme?
¿qué ya no se escondería más? Las palabras se quedaron en el fondo de mi garganta y no supe que contestar a eso.
-Me llamo Bella Swan –dijo con una sonrisa que deslumbraría hasta la más profunda oscuridad- El lunes pasado no tuve la ocasión de presentarme. Tu debes de ser Edward Cullen.
-Si –afirmé con indiferencia.
Tenía un propósito, y no lo iba a abandonar tan fácilmente. Por muy ángel de Boticcelli que fuese la chica, eso no iba a cambiar. Se sentó en la mesa con la misma postura que la última vez, lo más lejos que pudo. Pero esa promesa se rompió cuando el señor Meason llamó al orden a la clase y anunció:
-Bueno, hoy vamos a hacer una practica con el microscopio, las diapositivas de cada uno están desordenadas, y vosotros deberéis ordenarlas correctamente. Poneos con vuestro compañero de mesa.
"Mierda" pensé. En lo que llevaba de curso aquí, no nos habían puesto en grupo ni un solo día, pero precisamente hoy tenía que haber una excepción. Giré mi silla hacia mi compañera y ella hizo lo mismo con la suya.
El profesor repartió los microscopios entre los alumnos de la clase.
-Adelante –nos invitó.
Evidentemente, y con el cabreo que llevaba encima, no tenía ganas de hacer ninguna práctica...a no ser, por supuesto, que fuese fastidiando a alguien, y tenía en frente a la candidata perfecta para ese papel. Pero a pesar de ello, no quería comportarme como ella. En el fondo de mi ser, sabía que yo no era así, y que por mucho que quisiese hacerle tanto daño como ella me había hecho a mí, esa no era una posible solución.
-Las damas primero –le incité con una sonrisa de resignación.
Sonrió con dulzura y cogió el microscopio con una gracia increíble para un ser humano, por lo que me quedé embobado viendo como observaba la diapositiva a través del artilugio.
-Profase –susurró mientras cogía el lápiz para escribir la respuesta en el papel.
-¿Puedo? –inquirí.
-Claro –asintió a la vez que cogía el microscopio.
En el instante en que nuestras manos se rozaron, la electricidad recorrió mi cuerpo en forma de una dulce descarga. En ese momento, todos mis malos sentimientos hacia Bella, se borraron para dejar espacio a otro mucho más intenso, la admiración.
-Lo siento –se disculpó al tiempo que retiraba su mano rápidamente.
Nunca, repito, nunca había sentido algo así. Por supuesto, me había electrocutado alguna vez, pero eso no era nada en comparación con esta sensación. Bella era increíble, en un instante había rozado la eterna felicidad. Pero a pesar de ello, aquella sensación no había borrado el recuerdo del tacto y la temperatura de su piel, piel suave como el mármol y temperatura...helada. Por ese motivo, me quedé absorto mirándola a la cara, mientras ella me devolvía la mirada con una clara incomprensión.
A los pocos segundos salí de mi ensimismamiento y miré por el microscopio que ella había dejado sobre la mesa después del "incidente" corpóreo. Era cierto, la respuesta era profase, yo, que jugaba con ventaja, había tardado algún que otro rato en encontrar la respuesta. Precisamente, yo era bueno en todo, o más bien, en casi todo. Pero ¿qué importaba eso? ¿Realmente existía una persona perfecta? No, no era posible. Pero ¿Y si así fuese? ¿quién podía serlo? La respuesta era increíblemente sencilla: Bella Swan. A pesar de no saber como iba en las otras asignaturas, deducía que no era de forma diferente a esta. Y no había otra persona en el instituto que me atrajese tanto como ella.
Desde que la había conocido, mi mente no pensaba en otra cosa. Y el reconocer este hecho, me dolía en el alma. Porque a pesar de estar muy al fondo, esos sentimientos de odio, dolor...etc, seguían ahí, grabados en mi corazón, y a prueba de fuego.
-Eres buena –comenté con admiración.
-Bueno...digamos que juego con ventaja –reconoció con una nota de misterio en la voz.
Solté una pequeña carcajada. Aquella chica...me intrigaba demasiado. Algo que, por supuesto, no quería que ocurriese. ¿Quién desearía que su máximo enemigo le intrigase a más no poder? Desde luego, ese no era yo.
Seguimos mirando las diapositivas y una vez terminada, llamamos al señor Mason para que recogiese nuestra hoja.
-Bella, deberías haber dejado que Edward comprobase algunas de las diapositivas –le recriminó mientras ojeaba el papel.
-En realidad, ha sido él quien ha comprobado la mayoría de ellas –reconoció con una sonrisa.
El profesor me miró con curiosidad y me preguntó:
-¿Habías hecho esta prueba antes?
"Ya me ha pillado" pensé a la vez que asentía.
-Bueno, no pasa nada. Además es buena idea que tengas a Bella como compañera de Biología –aseguró contento.
Mientras caminaba hacia su mesa para indicar el fin de la clase, yo miraba de vez en cuando a Bella, que tenía la mirada perdida en algo muy lejano.
-Se acabó la clase –anunció el señor Mason. A continuación, todos los alumnos, excepto ella y yo, salieron en tropel hacia la puerta.
-Ha sido un placer conocerte –dijo con una sonrisa, y salió de allí seguida por mí.
"Mierda, mierda y más mierda" ¿Por qué? ¿Por qué a mí y no a otro? ¿Por qué se tenía que sentar conmigo? Al tiempo que pensaba esto, me daba cuenta de una cosa muy importante, cuando estaba con Bella, ella ejercía un poder completo sobre mí, por lo que yo era incapaz de pensar con lucidez. Más, ¿qué podía hacer yo para impedir aquello? Nada, absolutamente, nada.
Llegué a la cafetería y me senté al lado de Mike, no era mal tipo...
-Psst, Psst, Edward, Bella Swan te está mirando –me susurró picarón.
Levanté la cabeza y correspondí a su mirada. Al estar mirándola fijamente, pude percatarme de una cosa que me hizo reír... Delante de mí se alzaba la imagen de Rosalie Swan, pintándose los labios de un tono rojo sangre, con un espejito en la mano, mientras su "hermana" Alice la imitaba por detrás. Cuando la maquilladora hizo ese chasquido de labios, su hermana hizo lo mismo, de una forma más exagerada. Por lo que ella se giró, y la imagen de su hermana imitándola a lo cutre y diciendo:
-Oh, que guapa soy, que tipo tengo –se le quedó grabada en la mente.
Era increíblemente cómico, realmente Alice lo hacía bien. Debería presentarse a la campaña de teatro del instituto... Entonces fue cuando, Rosalie contestó:
-Y a ti que más te da, Alice "parezco un erizo" Swan
Aquello fue un golpe bajo para Alice, en mi opinión, su pelo le quedaba muy bien. Pero claro, también debía tener en cuenta que yo no sabía nada de moda peluquera, ese tema se lo dejaba a estas. Empezaron a propinarse insultos, y de vez en cuando, Alice hacia alguna demostración de cómo era Rosalie en alguna tienda, tocador o espejo. Una vez, hasta cogió el pintalabios de su hermana y empezó pintárselos también, con una gracia enloquecedora. Emmet, Bella y Jasper se mantenían apartados de la discusión. Pero reían como locos ante las representaciones de Alice. Aquella chica me caía bien...
Me empecé a reír con disimulo, mientras Tyler me preguntaba cual era el motivo de ello. Levanté la mirada una vez más, justo antes de irme de la cafetería. Bella, me miraba con gesto de disculpa, y como diciendo "Lo sé, mis hermanas están locas".
Hice un gesto de adiós con la mano y me fui de allí. Caminé hasta el aparcamiento, y una vez allí, me monté en el jaguar.
Conducía lo más rápido que podía. Deseaba, al igual que la última vez que la había visto, salir de allí, huir. Y aunque ahora no me mirase de esa forma, y nuestra relación ya no fuese la misma del odio intenso mutuo que sentíamos, o al menos yo, sentía, algo cambiado...Mis sentimientos por ella...hacia menos de un día que había hablado con ella, y sentía la necesidad de protegerla a toda costa.
Más ¿qué me impulsaba a sentir esas sensaciones? Estaba confuso, muy confuso...Nunca en la vida había sentido esa necesidad, por lo que yo me preguntaba el por qué. Y cada vez que tenía la oportunidad de que mi mente me lo revelase, algo en mi cabeza explotaba...¿Qué me estaba ocurriendo? Estaba cambiado, distinto, hasta Carlisle lo había notado. El miércoles, cuando llamé por orden de Esme, le pareció encontrarme atacado, distinto, sin saber por qué.
Odiaba ser débil, odiaba no conocerme a mí mismo, y por eso, arremetí contra el volanta al descargar mi furia contra el, por lo que perdí el control del coche.
Por suerte, me hallaba en un tramo recto de la carretera, y conseguí no estrellarme contra nada...
Gracias a ese pequeño incidente, mi mente dejó de pensar en el "problema" que me tenía atado a mi subconsciente. ¿Por qué describía a mis sentimientos como problema? ¿Lo eran? ¿Y en ese caso, por qué? La cabeza me iba a mil por hora, y lo que menos me hacía falta en ese mismísimo momento, era pensar en mis sentimientos/"problemas. Oh dios, me odiaba a mi mismo, era un idiota. Aparqué donde me fue posible, y baje del coche para examinar los daños, ninguno. Había habido suerte, en otras circunstancias podía haber acabado estampado contra un árbol, o muerto tal vez...Debía controlar mi furia estando al volante, por el bien de mis padres y por el mío propio. Volví a montar en el coche y me alejé lo más rápido que pude de allí.
Conduje hasta casa, y una vez allí, me tumbé en el sofá. Antes de esto, había subido a mi habitación y había cogido uno de los libros, de ese género sobrenatural que tanto me gustaba, El traje del muerto. Yo era un absorbedor de libros, libro que pillaba, libro que "engullía". Traté de relajarme lo máximo que me fue posible, pero no lo conseguí totalmente. Los recuerdos de aquel día se atropellaban en mi mente, deseba con asombrosa intensidad, no ser un novato en esto de los sentimientos de uno mismo. Saber controlarlos, y eliminarlos de una maldita vez.
En Phoenix, yo llamaba mucho la atención, más que nada, porqué mi piel era muy blanca, y allí todo el mundo estaba bronceado. Yo no era un "bombón" que digamos, 1'80 de estatura, musculoso a medias, pelo cobrizo...Algunas de las chicas del instituto, me habían pedido salir, pero yo las había rechazado en la primera cita que había tenido con ellas. No eran como yo esperaba, no encajábamos. Ellas eran altas, atléticas, muy propensas a ser el centro de atención, y llamarla, por cierto. Yo, por el contrario, pasaba de ese mundo, me aislaba en casa, o salía por ahí con algunos amigos, en especial con Will, un tío al que yo consideraba el hermano que nunca había tenido, y supongo que el igual. Mi padre no se podía quejar de ello, sacaba las mejores notas de la clase...Pero estaba un poco preocupado, al ver que no había ningún tipo de vandalismo en mi persona o comportamiento. No salía con chicas, ni iba a discotecas de moda, a no ser que fuese con Will o con los demás chicos.
No tenía ganas de comer, por lo que subí a mi cuarto, recogí el pijama y me fui a la ducha. ¡Oh! Mi ansiada ducha, el agua que caía por mi piel estaba fría, no soportaba el agua caliente. Terminé, me sequé el pelo con una toalla, y me tumbé en la cama, a la espera de que el sueño llegase a mí. Pero, fue otra cosa, muy distinta, la que vino a mis sueños esa noche.
