Hi! :D

Ya estoy aquí. Esta vez he tardado menos, porque ando bastante menos liada y ya solo me quedan tres exámenes y dos semanas de curso - Por lo tanto, puedo prometeros actualizar con un capítulo mucho más seguido porque estaré libre y porque espero terminar la historia muy, muy pronto.

Malu Snape Rickman; Tatarata; TheKamikazeDemon; PknaPcosa; Rudby; E.W.C; laurus cullen weasley; Manzana Malfoy; miiaPotter; Leah Masen Cullen; norii & Xiron: Mil gracias por vuestros comentarios, de verdad. Da gusto leeros :)

Espero que os guste el capítulo ;)

Note: Todos los personajes pertenecen única y exclusivamente a Stephenie Meyer.

...

Cuando desperté, me hallaba en el suelo de mi habitación. Durante la noche, me había caído de la cama... ¿La razón? No la recordaba. Me puse unos vaqueros y una camiseta negra, a contraste con mi piel. Pero, al igual que el día anterior, resistí la gran tentación de estrenar mis magníficos boxers. Los reservaba para el sábado, fuésemos a donde fuésemos.

Desayuné, recogí mi cazadora y salí por la puerta de casa. La imagen de Bella con su camiseta roja y sus vaqueros vino a mi mente. Que guapa que estaba con esa ropa...

Entré en el coche y conduje hasta el instituto. Procuré no acercarme demasiado al bosque, aún estaba traumatizado por lo ocurrido el día anterior.

Aparqué el coche en el primer sitio que encontré y me disponía a salir cuando la voz más dulce del mundo me saludó.

-Buenos días.

-Hola –correspondí a su saludo.

-¿Has dormido bien? –inquirió mientras yo salía del coche.

¿Se lo contaba? ¿Le decía lo que había ocurrido en el bosque?

-Bien, solo me caí de la cama –mentí a medias.

Se rió de forma encantadora.

-No tiene gracia –protesté falsamente enfadado, y empecé a andar en dirección al edificio de mi próxima clase.

-Sí que la tiene –replicó mientras me agarraba un brazo para detenerme- Y tú lo sabes.

-De acuerdo, no todo el mundo se cae de la cama mientras duerme –admití- Pero no puedes reírte de mí por ser humano.

-Oh, vamos Edward –protestó- No me estaba riendo de ti.

-¿De quién entonces? –quise saber, y puse cara de detective interesado.

-Abandono –se rindió- Hoy estas...inaguantable.

Me quedé con la boca abierta.

-Pues el señor Inaguantable se va a clase de Lengua–le espeté sacando pecho- Que disfrute de la mañana, Doña Perfecta.

Esto parecía una telenovela. Para darle más dramatismo a la escena...cogí mi bufanda y me la enrollé en el cuello con un suspiró y una mirada orgullosa, a continuación comencé a andar a lo Justin Timberlake, moviendo el trasero de forma sexy.

O al menos, eso pretendía...En un principio, pensé que no lo había conseguido, porque oí como Bella se reía disimuladamente, pero cuando vi a un montón de chicas de último curso mirarme con la boca abierta y la ambición en sus ojos, una sonrisa de satisfacción inundó mi rostro.

Seguí caminando hasta el porche de la cafetería, con las miradas fervientes de las féminas clavadas en mí y una sonrisa sexy en el rostro. Me giré para ver la cara de Bella. No se había movido. Me miró con una sonrisa pícara, dejó sus libros encima del coche y empezó a caminar.

La camiseta negra y con un escote de pico que dejaba ver más de lo que a mi me hubiese gustado, hacia juego con el tono de su piel, y le daba un aspecto todavía más misterioso. Sus caderas, su cintura...sus movimientos, todos eran ágiles y elegantes. Pero sobretodo, eran movimientos que hacían desear al cuerpo que los poseía. Todas las miradas del parking se posaron en ella. A los chicos se les caía la baba, y miraban a Bella como si de una diosa se tratase, habían sucumbido a su poder.

Las chicas, en cambio, la miraban con admiración. Y algunas, con odio, por no poseer el encanto y la perfección de Bella Swan. Una sonrisa irresistible se extendió por su rostro. Cruzó el parking contoneando sus caderas, haciendo perder la cabeza a más de un tío. Mis ojos se salían de sus orbitas...estaba presenciando el primer acto de sensualidad de Bella.

-¿Qué tal he estado? –inquirió divertida cuando llegó hasta mí.

-Increíble –musité sin dejar de mirarla.

Me sacó la lengua.

-Hoy tendrás que ir solo a tu primera clase, tengo cosas que hacer –me avisó con una triste sonrisa.

-De cuerdo –acepté.

-Nos vemos en el almuerzo –se despidió, y empezó a correr hasta su coche para recoger sus libros.

De camino a la clase de Lengua, hice un repaso de lo que había ocurrido en mi nueva vida hasta hoy. Sinceramente, no podía ir mejor. O...quizás sí. Deje las dudas a un lado y abrí la puerta de la clase. Por fortuna, el profesor no había llegado aún.

Avancé hasta mi pupitre bajo la atenta mirada de las alumnas más indiscretas. Suspiré. - ¿Te das cuenta de la que has armado, Edward?- Como no, mi subconsciente me echaba toda la culpa de lo inexplicablemente irresistible que era para las chicas del instituto. Dejé mis libros a un lado de la mesa y me puse a contemplar el paisaje que se veía a través de las ventanas del aula. El bosque...Rápidamente, el recuerdo de aquél frío aliento en mi nuca me hizo estremecer. Sin embargo, al recordar también que alguien me había salvado de aquel terrorífico ser, la curiosidad me invadió por completo. ¿Quién había sido? Desde luego, Bella no.

El profesor no tardo en aparecer. Con un ligero carraspeo llamó al orden a la clase y todos, o al menos yo, fingimos centrar nuestra atención en él. Durante el tiempo de los ejercicios, una nota llegó a mi mesa. La desenvolví sin mucha ilusión y leí su contenido.

"¿Qué harás cuando ella te deje, Cullen? Sabes de sobra que no la mereces"

Aquella nota llamó mi atención. ¿Tanto se notaba que yo no era suficiente para Bella? Desde luego, tenía muy claro que no la merecía. Bella era un ángel. Un ángel un tanto especial. Un ángel...caído. Un ángel sediento...de sangre. Un ángel...sediento de vida "– Ya basta, Edward –me paró una vocecita interior- No debes pensar en ello" No debes pensar en ello...No debes pensar en ello...Llevaba repitiéndome esa frase desde el mismísimo momento en el que había descubierto que Bella no era...humana.

Pero ¿Por qué no pensar en ello? ¿Por qué reprimir mi curiosidad? Hubiese sido irracional por mi parte no pensar en ello. Porque, a pesar de repetirme la frase una y otra vez constantemente, pensaba en ello. Bella tenía razón, ella era peligrosa. Peligrosa...¿Quién en este mundo no es peligroso?

Realmente, todos albergamos un demonio en nuestro interior. La cuestión es: ¿Cuánto poder ejerce el demonio sobre nosotros?

Pero, a pesar de esto...La verdad, la pura verdad, era que amaba a Bella con todo mi corazón. Y, vampiro o no, yo siempre estaría a su lado. A no ser que ella desease lo contrario...Ése era mi error. Mi felicidad, y un cincuenta por ciento de mi vida, dependían de ella. Estaba completamente en su poder.

La clase llegó a su fin, y con ella, mi martirio personal. Salí de allí aún un poco absorto en mis pensamientos, pero con la cabeza bien fría. Decidí que de camino al magnifico sitio al que planeaba llevarme, la iba a bombardear mortalmente a preguntas sobre ella y su familia. Y, que hasta entonces, nada de pensamientos impropios...

Recogí mis cosas de la mesa y salí fuera de la clase. Miré a ambos lados del pasillo, pero no vi a Bella por ninguna parte. Sin embargo, cuando empecé a caminar en dirección a la cafetería, noté un frío aliento en mi cuello. Los recuerdos de la tarde anterior volvieron a acudir a mi mente, pero conseguí disiparlos al ver el rostro de ángel de Bella. A pesar de todo, pude corroborar una teoría que llevaba mucho tiempo rondándome la cabeza...

-Hola Edward –me saludó al tiempo que se agarraba a mi brazo.

-Hola Bella –susurré- ¿Qué tal te ha ido la mañana?

-Pues...ciertamente, no tan bien como esperaba –confesó- He sido testigo de algo que me carcome las entrañas.

-¿De que se trata? –quise saber, curioso.

-Te lo contaré en el comedor –me prometió- Antes quiero hacer una cosa...

-¿Por qué siempre andas con tanto misterio? –inquirí exasperado.

-¿A qué te refieres exactamente? –dijo al tiempo que se detenía.

-Casi nunca me cuentas nada en lo referente a tu vida y a tus gustos como...-titubeé- como...bueno, tu ya me entiendes.

-¿Quieres saber qué hago cuando no estoy contigo? ¿Cómo son mis hermanos y mis padres? –inquirió arqueando una ceja.

-Sería un buen comienzo...-asentí.

-De acuerdo...pero creo que no es ni el mejor momento ni el lugar –repuso.

Me limité a asentir y seguí caminando con ella hasta la cafetería. Sus ojos seguían estando negros.

Pasamos por la mesa en la que anteriormente solía sentarme, solo Mike y Ben se encontraban allí. Intenté que cambiara de opinión, pero cuando pasamos por delante de ellos, Bella le dedicó una brillante sonrisa a Ben y una gran mirada de odio a Mike. No la entendí. No me dio tiempo a pensar, porque antes de que me diese cuenta, unos fríos labios se habían posado sobre mi mejilla. Durante un instante pensé que me caía al suelo. El contacto de sus labios con mi piel era una sensación extraordinaria.

Me quedé a cuadros. Bella me había lanzado indirectas en relación a la publicidad sobre nuestra relación como pareja. No sería bueno que nos viesen mucho juntos...Por si acaso esto no salía bien, y yo aparecía muerto en medio del bosque.

Me estremecí solo de pensarlo.

Pero sabía que ese sábado iba a ser un momento decisivo en nuestra relación. No podría cargar con ese debate interior durante mucho más tiempo...

-¿Por qué has hecho eso? –quise saber cuando nos sentamos en la mesa, cada uno con una bandeja repleta de comida.

-¿Besarte la mejilla? –inquirió suspicaz- ¿Acaso no te ha gustado?

La miré intensamente a los ojos.

-Sabes que sí –respondí- Pero ¿por qué delante de Mike y de Ben?

-Porque Mike se lo merecía –farfulló, y pude sentir en su propia carne el odio que sentía hacia él.

-¿Y podrías decirme la razón de ese merecer? –inquirí arqueando una ceja.

-No –respondió tangentemente.

-¿Y la razón de ese no? –pregunté, curioso pero a la vez enfadado.

-Mike no merece que producirte quebraderos de cabeza –bufó.

-Bella, por favor...-supliqué.

-De acuerdo –suspiró, dándose por vencida.

-¿Si? –la animé a comenzar.

-Todo ha ocurrido en clase de lengua –comenzó- Quería saber qué sentías realmente por mí, y por eso busqué en las mentes de tus amigos. Comencé por la de Ben, sólo sabía que yo te gustaba. Seguí por la de Eric, este no sabía nada de nada. Y entonces...

-¿Entonces? –la animé a continuar.

-Entonces entré en la de Mike –suspiró- En ese momento estaba pensando en ti precisamente. Te iba a enviar una notita con lo que él pensaba de ti y de mi. De nuestra relación juntos, vamos. Me adentré en sus pensamientos cien veces, y sin embargo, no conseguí averiguar que iba a poner. En su mente solo había pensamientos en relación a lo que le parecía lo nuestro, y lo mucho que te odiaba. Hasta que... leí lo que ponía en la nota.

Mi cara no demostraba sorpresa alguna. Y así debía ser, porque debería haber sabido que el chico que más me odiaba de todo el instituto, Mike Newton. Siempre había sido arisco conmigo, nunca se portó bien, y siempre que podía me evitaba.

-Lo suponía –mentí.

-¿De verdad? –inquirió, totalmente incrédula.

-Newton siempre me ha odiado, es una cosa típica de él –me limité a responder.

-¿Y no piensas vengarte? –preguntó arqueando una ceja, pícara.

-¿Vengarme?

-Ya sabes...acabar con él –me dijo displicente- Yo podría ayudarte...

-¿De qué manera?

-Oh...aparte de los colmillos y mi fuerza...tengo un arma más poderosa –respondió picarona.

-¿Cuál? –inquirí mientras acercaba mi rostro al suyo.

-La seducción –respondió. Y sus ojos centellearon como oro al Sol.

¿Seducción? ¿Cómo iba a vengarse de Mike si lo seducía? No tenía ni la más remota idea. Sin embargo, algo me decía que Bella no era tan buena como yo la pintaba en mis dibujos. La miré fijamente, a la espera de que me adelantase algo de su plan.

-Tú déjamelo a mí –intentó tranquilizarme a la vez que me guiñaba un ojo, pero solo consiguió que la curiosidad me invadiese al cien por cien.

-¡¿Qué piensas hacer con Mike, Bella?! –pregunté al borde de la histeria.

-De acuerdo. Si insistes...

-¡Insisto!

-Verás, yo soy la menor de cinco hermanos...-comenzó, empezaba a intuir de qué iba la cosa- Y no solo eso. Emmet y Jasper me tratan como una muñequita de porcelana, me llevan de compras cuando quiero, y siempre me lo consienten todo, o bueno, casi todo. Soy como la hermanita pequeña que nunca tuvieron –suspiró- ¿Qué crees que pensarían si el chico que más odian del instituto intentase ponerle las manos encima a su preciada hermanita pequeña, además de que esta ya está comprometida?

Me quedé con la boca abierta. ¿Así que se trataba de eso? Seduciría a Mike para que él intentase tocarla, sin embargo, ella gritaría. Y sus hermanos acudirían a rescatarla y a amenazar al pervertido de Mike Newton. Había que reconocer que era muy buen plan. Bella no se exponía a que Mike descubriese su naturaleza ni la de sus hermanos, y le propinaría una gran fama de pervertido y acosador de chicas.

-Vaya –conseguí susurrar.

-¿Qué te parece? –inquirió radiante.

-Perfecto –confesé- ¿Pero no es pasarse un poco?

-Oh ¡Vamos Edward! –protestó- Es la oportunidad humana que nunca tuve.

"La oportunidad humana que nunca tuve..." Me quedé mirándola y sopesando que posibles consecuencias podría traernos esto. Desde luego, no todas eran muy alentadoras...Pero al ver la cara de corderito degollado que puso Bella, no pude resistirme y asentí con la cabeza. Esto iba a ser divertido...

-Genial –casi gritó. Estaba contentísima, exuberante, radiante, completa...Y sin embargo, yo no lo estaba. Yo quería a mi Bella sobrenatural. A mi Bella vampiresa.

Quería a la Bella que me había mirado tan gélidamente el primer día de clase. Y esta Bella, no era aquella. Esta Bella estaba empezando a ser humana...

La cuestión era ¿Qué me molestaba de la Bella humana? ¿Lo mucho que se parecía en ese momento a Jessica cuando gritaba? No, no era eso. Entonces...¿qué era?

Y en ese preciso momento, lo entendí. Bella intentaba ser humana para mí. No quería que me sintiese abrumado por su verdadera naturaleza, y eso le hacía comportarse de esa manera humana.

Sin embargo, me callé mis pensamientos y para demostrarle que a mí no podía asustarme fácilmente, le pregunté.

-¿Qué sangre te gusta más, Bella? –inquirí muy bajito, consciente de que ella me había oído.

Su cara adquirió un tono más blanco del que ya tenía. Se puso lívida. Sus ojos se oscurecieron y su expresión se volvió impasible. Los labios le temblaban casi imperceptiblemente.

-¿Para qué quieres saberlo? –inquirió con voz neutra.

-Porque quiero saber más sobre ti, sobre tu familia, sobre tu vida inmortal – me expliqué- Sin embargo, tu eres te empeñas en no decirme nada. Únicamente porque crees que me puedes crear un trauma –le reproché.

-Edward, no sabes lo que dices –dijo fríamente.

-Claro que lo sé –protesté- Sin embargo, tu sigues pensando, muy a mi pesar, que no debo saberlo. Porque crees que me asustaré, y que entonces...

-Y que entonces me iré para siempre –acabó la frase por mí- Pero yo no quiero que sea así, Edward. Me importas, de verdad. Y si ahora te fueses de mi lado...no sé lo que me haría.

-Bella, te prometo, no; te juro por mi vida que no voy a dejar de estar a tu lado. Pase lo que pase –le susurré al tiempo que tomaba una de sus frías manos entre las mías.

Me dirigió una mirada de tristeza y luego, su humor cambió de repente.

-La del puma –dijo de repente- Sin embargo, hay algo que creo que deberías saber.

-Dime –la animé.

-No somos tan diferentes, Edward –me dijo con una gran intensidad en la voz- Puede que nuestras dietas alimenticias no sean muy parecidas, o que nuestros cuerpos y mentes sean muy distintos, pero en el fondo, yo soy una mujer y tu eres un hombre. No hay mucha diferencia.

-Ciertamente, así es –acepté.

Echó una ojeada a su reloj de pulsera.

-Debería empezar a seducir a Mike ya –suspiró- O de lo contrario, no habrá venganza.

-De acuerdo entonces –asentí- Yo solo miro.

-Preferiría que no lo hicieras –me pidió- Es un poco incómodo ligar con alguien que no te gusta con gente delante.

-Esta bien –suspiré- No miraré.

Me deslumbró con una agradable sonrisa y se levantó con elegancia de la mesa. Me mandó un beso con la mano y se dirigió a la mesa en la que ahora solo estaba Mike.

Le dijo algo al oído sin tan siquiera rozarlo, y a este le invadió una alegría irracional. Pude imaginarme lo que pensaba: "Por fin podré meterle mano a Bella Swan"

Y entonces, sentí un monstruo dentro de mí. Una bestia cruel y rebelde. Rugía. Aquella bestia quería salir al exterior a cargarse a Mike. Celos.

Bella ya había salido de la cafetería con Mike pisándole los talones, y babeando cual pervertido delante de unos buenos pechos. Mientras yo salía de la cafetería hecho una furia, noté las miradas de Jasper y Emmet Swan clavadas en mi nuca. Sabía que iban a seguirme. Me adentré en los pasillos de la escuela, pero no había ni rastro de Bella y Mike. Empezaba a rendirme cuando oí un grito justo detrás de mí.

Venía del aula de matemáticas. Casi tiro la puerta abajo cuando entré a la asfixiante habitación. La mano de Mike se hallaba a escasos centímetros del muslo que la falda de Bella dejaba al descubierto.

-¡Serás hijo de puta! –grité, y me abalancé sobre él.

Sabía pelear, Will me había enseñado. Y ahora, yo necesitaba acabar con Mike Newton. Lo tiré al suelo y le sujeté la cabeza al tiempo que le propinaba un buen puñetazo. La mano empezó a dolerme, tenía los nudillos hinchados. La cara de Mike estaba roja de ira, el golpe le había dolido. Me abalancé otra vez sobre él y lo estampé contra un pupitre.

-¡Edward! –oí que gritaba Bella-¡Para!¡Vas a hacerlo sangrar!

-Eso es lo que pretendo –le respondí en un gruñido, sin entender lo que de verdad querían decir las palabras de Bella.

Le propiné otro puñetazo. Y entonces, al ver la cara de terror de Bella, lo entendí.

Si el olor de la sangre llegaba a Bella, Emmet y Jasper, no habría quien los parase. Mike sabría quienes eran los Swan. Vampiros. Me detuve en seco y dejé a Mike tendido en el suelo. Miré con gesto de disculpa a Bella y a sus hermanos. Muy avergonzado por mi conducta.

Lo que no me esperaba era que Mike me propinase una patada en el estómago. Empecé a ver las estrellas.

-¡Como le toques un pelo! –oí que decían Jasper y Emmet. Este último hizo crujir sus nudillos en señal del poder físico que tenía.

-¿Qué vais a hacerme? –les gritó el otro. Se la iba a cargar...

-Estás avisado, Mike –dijo Jasper, con voz grave.

-Vuestra hermanita es una guarra ¿qué más queréis saber? –les gritó con todo el desprecio del mundo. Se la había cargado...

Emmet corrió hasta el y le tiró del cuello de la camisa hasta tenerlo a su altura. Alejó su brazo del blanco y se dispuso a llevar a cabo su cometido. Jasper no le iba a parar los pies. Yo lo sabía.

-¡No! –gritó Bella- No merece la pena que le vuestras manos se ensucien con esta basura. Déjalo Emmet.

Este se debatía en una profunda lucha interior. Hacer caso a su hermana o acabar con el chico mas odioso del instituto. Se decantó por la primera y tiró a Mike lejos de nosotros.

Bella se acercó a él.

-¿Sabes por qué te rechacé, Mike? Por tu arrogancia, por tus aires de grandeza. No eres capaz de sacar buenas notas, solo te preocupa tu popularidad. Humillas a la gente que crees inferior a ti, y odias a los que a ti te parecen superiores. Me das asco Mike Newton.

Dicho esto, se acercó a mí y le pidió a Emmet que le ayudara a cargar conmigo.

-Que puedo solo –protesté, pero Emmet se limitó a apartar a Bella y a cargar conmigo solo él. Sonreía.

-No te preocupes por ese idiota, Eddie –me animó- Si no hubiese estado Bella ahí, te juro que me lo habría cargado.

-Habría resultado divertido –confesé. A pesar de todo, parecía que el día iba a mejorar. No creía que por pegar a Mike me fuesen a llamar la atención...

Eché un último vistazo hacia Mike, para comprobar que Emmet no lo había asfixiado sin querer. Exhalé un suspiro al ver que Mike seguía respirando, aunque con gran irregularidad. Se había puesto en pie y nos miraba con odio.

-Emmet, ya puedo solo –le aseguré.

-De acuerdo entonces –aceptó, y me soltó.

Me apoyé en el marco de la puerta, ya no sentía aquel dolor punzante. A decir verdad, hacia tiempo que ese dolor había desaparecido de mí. Era la falta de oxígeno la que me había obligado a apoyarme en Emmet.

Bella no había abierto la boca, y Jasper la miraba con expresión grave. Jasper era el único que no había tocado a Mike aún, y me pregunté el por qué. Sin embargo, no tuve tiempo de darle vueltas al tema.

Newton se había lanzado contra Jasper en un intento de hacerlo caer al suelo. Le agarró del cuello e intentó asfixiarlo. Definitivamente, Mike Newton era tonto perdido...

Entonces me percaté de la postura de Jasper. Estaba rígido, y parecía hacer un gran esfuerzo. Sus ojos eran ahora como dos piedras de carbón.

-¿Qué dices ahora, Swan? –bufó Mike.

Haciendo un esfuerzo sobrehumano, Jasper lo agarró por los hombros y le dio una vuelta completa hasta que se encontraron cara a cara.

-Digo que eres idiota –gruñó el hermano de Bella, y le pegó una patada en el estomago, tal y como había hecho Mike conmigo, pero más elegantemente. Cosas de vampiros perfectos...-Y te advierto de una cosa: Si vuelves a acercarte a cualquier miembro de mi familia, en especial a Bella o a Edward, te juro que no descansaré hasta verte bajo tierra ¿Lo has entendido?

Sus rostros estaban a escasos centímetros y los ojos de Jasper eran dos pozos negros sin fondo. Mike asintió, de repente con un terror irracional recorriéndole el cuerpo. El hermano de Bella, dejó a Newton en el suelo con cierta delicadeza, no quería romperle el cráneo.

Jasper se acercó a nosotros. Yo lo miraba con la boca abierta y él me dirigió una amable sonrisa.

-¡Bien dicho, Jasper! –le reconoció su hermano- ¿Echarás ahora la revancha?

-No hay revancha, Emmet –replicó el otro- Alice me ha prohibido que juegue contigo. Dice que luego estoy muy violento.

-¿Violento? ¿Tú? ¿Dónde? –preguntó Emmet picarón.

-¿Dónde va a ser? Pues en la cama, hombre –soltó el otro- Dice que romperé la cama si sigo...

-¡Basta chicos! –les regañó Bella- No me apetece hablar de vuestras intimidades ahora mismo.

-¡Pobre Bella!-se compadecieron los dos a la vez- Se siente mal porque ella no sabe tanto del tema.

-Pienso contárselo a Carlisle –se limitó a contestar ella.

Las caras de Jasper y Emmet se volvieron blancas.

-Sólo era una broma, mi queridísima hermanita –le dijo Jasper, y le dio un beso en la mejilla.

-Claro, Bella –le siguió Emmet- No hace falta que se lo digas a Carlisle, si nosotros solo decíamos que tu y Edward...

Me sobresalté al oír mi nombre.

-¡Emmet! –gritó Bella- ¿Quieres que hable con Rose sobre tu preciada colección de videos? –una sonrisa pícara asomó por sus labios.

-¡No! –protestó Emmet- Haré lo que sea, pero no se lo digas, Bella.

Parecía que Emmet estuviese al borde de un infarto. Jasper se reía.

-¡Jasper! –le llamó la atención Bella- Podría decir lo mismo de ti a Alice.

Su hermano paró de reírse inmediatamente. Bella los mantenía a raya. Su don para leer mentes era muy útil en caso de tener dos hermanos que te incordian con tus temas privados.

-Así me gusta, chicos –sonrió Bella, y se acercó a mi para cogerme del brazo y sonreír encantadoramente- Son fáciles de controlar –me guiñó un ojo.

-Eso parece...-comenté echando un vistazo a sus controlados hermanos- ¿De verdad que tienen videos así y Alice y Rosalie no lo saben?

-Muy a mi pesar...sí –respondió suspirando- Pero es mejor así. Se les puede manejar como plastilina mientras tengan secretos que ocultar.

-Muy astuta –reconocí.

-No creas...-repuso frunciendo el ceño- Me costó tiempo darme cuenta de qué hacían concretamente cuando...bueno...cuando se ponían así. Al principio pensé que estaban con Alice y Rose, pero luego me di cuenta de que nombraban a unas tales Denise y Bridget...Me extrañó mucho su comportamiento, porque mis hermanas no suelen tenerlos necesitados. Luego supe que mis hermanas se habían ido de compras aquella tarde.

Me quedé mudo ¿Era eso posible? ¿Podían sentirse necesitados sexualmente sus hermanos teniendo a dos monumentos por novias? Parecía ser que sí...sin embargo, preferí cambiar de tema.

-¿Qué hacemos ahora?

-Ir a Biología –respondió ella- Vamos a llegar tarde.

-Claro –respondí- ¡Adiós chicos!

-¡Adiós, Edward! –respondió Jasper amablemente, quien, junto con Emmet, habían hecho de carabinas.

Me di la vuelta y seguí caminando con Bella, cuando, un mano me aferró el brazo derecho.

-Espera, Eddie –me retuvo Emmet- Quiero pedirte una cosa.

Me separó de Bella.

-¿De qué se trata? –le pregunté curioso.

Acercó su boca a mi oído y me susurró:

-Tienes que convencer a Bella de que no se lo diga a Rose y Alice.

-Claro –respondí yo.

-A cambio...Jasper y yo haremos que Bella entre en razón –me susurró de nuevo al oído.

-¿A qué te refieres, Emmet? –le pregunté sin comprender.

-!Vamos Edward! –me recriminó- ¿A qué va a ser? ¡Pues a acostarse contigo! –este último comentario lo oyó medio instituto.

Me quedé mudo, y ya de por sí, rojo como un tomate. Mataría a Emmet aunque me costase la última gota de mi sangre...¿Cómo podía ser tan capullo de gritarlo a pleno pulmón en uno de los pasillos?

La risa celestial de Jasper llegó hasta mis oídos. El hermano menor de Bella se reía a carcajada limpia delante de todo el instituto. Me quedé mirándolo con la boca abierta. ¿Cómo era capaz de reírse de aquello?

-No me mires así, Edward –me reprochó entre risas- Ha tenido gracia.

-¡¿Qué ha tenido qué?! –explotó de pronto Bella, quien hasta ahora había permanecido callada y con los ojos negros de ira.

La risa de Jasper acabó en el mismísimo momento en que la oscura mirada de su hermana menor se apoderó de su mente. El rostro de Bella se tornó frío e inexpresivo, y su gélida mirada repasó a todos los allí presentes, excluyéndome a mí, como era de suponer. Cinco segundos después, el pasillo estaba desierto, y en él solo nos encontrábamos Bella, Jasper, Emmet y yo.

-Os advierto que esto no quedará así –les dijo fríamente a sus hermanos.

-Bella, por favor...-suplicó Emmet. Parecía realmente preocupado...

-Déjalo, Emmet –le cortó su hermana- Hoy mismo Rosalie se enterará de lo de tu colección de videos.

Emmet se quedó, si cabe, más blanco de lo que ya era por naturaleza.

-Bella, no ha sido para tanto...-protestó Jasper, intentando suavizar el ambiente. Pero lo único que consiguió fue provocar más ira en su hermana.

-Lo mismo ocurrirá con Alice, Jasper –le advirtió su hermana.

-¡Bella! –gritaron los dos hermanos a la vez, pero ella ya no los escuchaba. Me había cogido del brazo y tiraba de mí hasta la clase de biología.

-Bella...no pasa nada, no me importa lo que piensen los demás de mi –intenté calmarla, haciendo que se detuviese en seco.

Su expresión volvió a ser la de antes, dulce y celestial.

-Pero a mi sí que me importa, Edward –protestó, parecía triste- Quiero que disfrutes de tu vida al máximo, que no te pierdas nada. Y si para ello debo alejarme de ti, si para que seas feliz debo renunciar a lo que más feliz me hace es este mundo...Que así sea. Desapareceré...

Agarré su rostro con ambas manos, obligándola a mirarme a los ojos.

-Nunca ¿me oyes? Nunca pienses en alejarte de mí –le dije muy seriamente.

Sonrió de forma triste.

-Puede que dentro de un tiempo cambies de opinión...-susurró evitando mi mirada.

-¿Por qué iba a hacerlo? –le pregunté arqueando una ceja, estaba empezando a enfadarme.

-Las cosas no son tan bonitas como las pintan, Edward –se limitó a contestar, posando sus preciosos ojos dorados en los verdes míos.

-No estoy de acuerdo, Bella –respondí al tiempo que me cruzaba de brazos- Pero dejémoslo por ahora, porque si no llegaremos tarde a Biología.

Sonrió como toda respuesta y comenzó a andar hasta la clase de biología, pero sin ni siquiera mirarme. ¿Se había enfadado? Mas me valía que no fuese así...

-Bella...-suspiré- ¿Qué te pasa ahora?

-Que no me parece justo que te pongas de su parte –dijo al tiempo que giraba sobre sus talones para poder mirarme a la cara.

-¡Vamos, Bella! –protesté- Sabes que no merece la pena enfadarse con Emmet y Jasper. Tampoco ha sido para tanto...

-¿Sabes lo que es que tu hermano mayor grite a medio instituto aquello para lo que aún no estas preparada? ¿Lo sabes? –me preguntó cabreada.

-No me importa, Bella. Si no te sientes preparada para dar ese paso yo no te obligaré...

-No me refiero a eso, Edward –dijo, y en sus ojos se reflejó una profunda lucha interior. Una lucha que Bella llevaba librando desde que me conoció. Una lucha dura y continua. Una lucha entre dos seres muy distintos y a la vez muy especiales. Una lucha sobrenatural. Una lucha que se esforzaba por ganar la parte humana de Bella Swan- Mañana te lo explicaré, te lo prometo.

Suspiré, resignado.

-De acuerdo, creo que podré aguantar hasta mañana –dije con voz traumatizada.

-Eso espero –sonrió, de tal manera que me dejó momentáneamente hipnotizado.

Caminamos hasta el aula de Biología, la clase ya había empezado, pero a mi me dio igual. Nos sentamos en nuestros respectivos pupitres y atendimos al profesor en lo que quedaba de clase.

-¡Mierda! –exclamé- Me toca gimnasia, y con el puño que llevo...

-¿Quieres que te falsifique un justificante? –se ofreció a salvarme Bella.

Negué con la cabeza.

-Pensarían que he estado contigo...-murmuré.

-¿Y que hay de malo en eso? –preguntó arqueando una ceja.

-Dijiste que un exceso de publicidad podría ser un gran inconveniente –le recordé mirándola a los ojos.

-Al diablo la publicidad –maldijo con una sonrisa rebelde- Si no puedes ir dímelo...

-Da igual, Bella –sonreí, agradecido- Iré a gimnasia aunque solo sirva para dar falsas esperanzas a Jessica.

-Entonces decidido: No vas a gimnasia –sentenció ella- Lo último que quiero es ver a Jessica corriendo detrás de ti como una gallina loca.

-Bella, no pasa nada –intenté tranquilizarla- No creo que se ponga así con medio instituto delante...

-Jessica es capaz de eso y mucho más, Edward –me cortó Bella arqueando una ceja, parecía que tenía muchos recuerdos de ella- Viene de familia...

-Había oído rumores acerca de la señora Stanley –comenté- Pero no creo que sean para tanto...

-Nunca sabes lo que las Stanley se pueden traer entre manos –se limitó a responder.

-Vale, interpretaré eso como una advertencia –dije mientras recogía mis cosas de la mesa- Vámonos ya o se me caerá el pelo...

-De acuerdo entonces...-suspiró Bella, y me siguió a través de los pasillos.

Me detuve en la puerta del gimnasio.

-No pasará nada, te lo prometo –bromeé.

-Estaré observando –me advirtió poniendo su dedo índice bajo su ojo derecho.

-Adiós Bella –susurré, no quería separarme de ella.

-Nos vemos luego –sonrió, y me guiñó un ojo. Parecía que a ella tampoco le hacía mucha gracia nuestra separación.

Ya en los vestuarios, me cambié de ropa rápidamente. Ese día tocaba tenis, uno de los deportes que no se me daban muy bien, por no decir que era un completo desastre a la hora de devolver los saques. Si todo salía medianamente bien, era posible que la mitad de los asistentes a aquella clase volviese a casa sano y salvo. Pero estaba seguro de una cosa: Aquél día sería memorable en la vida de los estudiantes del instituto de Forks. Nadie era tan malo en tenis como yo...

En menos de cinco minutos, las parejas para jugar estaban hechas. El problema era...¿dónde andaba mi pareja? No veía a Jessica por ninguna parte, lo que me hizo sospechar que algo raro estaba pasando. Repasé con la mirada a cada uno de los participantes, e iba a hablar con el profesor cuando reparé en una maraña de pelo oscuro rizado. La chica en cuestión estaba de espaldas a mí, hablando con otras chicas, por lo que no podía verle la cara y asegurarme de que aquello no era una pesadilla.

Me acerqué a donde estaba aquella chica.

-¿Jessica? –pregunté, cruzando los dedos para que no fuera ella.

Efectivamente, aquella joven era Jessica. El problema era...que no parecía una chica de diecisiete años, ni mucho menos. ¡Parecía Pamela Anderson! ¡No! ¡Hasta Pamela Anderson hubiese sido más discreta para una clase de gimnasia normal y corriente!

La señorita Stanley vestía una camiseta –si a eso se le podía llamar camiseta, personalmente me inclino a pensar que era uno de los sostenes de su madre- con un escote hasta el ombligo y una mini-mini-falda, por no llamarla braguita. Se suponía que esto era una clase de gimnasia para alumnos cuerdos, no para cabras demasiado exhibicionistas.

Todo esto, de un color –posiblemente, hacía tan solo dos horas, blanco impecable- ahora marrón "caquita".

No sé cual fue la expresión de mi cara en ese momento, pero me quedé mirándola fijamente, sin poder apartar la mirada de ella. Lo que sí supe con certeza en aquel mismísimo momento fue la razón de mi poco elegante despertar.

Había soñado con aquella escena la noche anterior. Pero, era una escena que mi subconsciente se esforzaba por no sacar a relucir. La razón: Aquella imagen me marcaría para el resto de mi vida. Esto sería como el anuncio ese de la tarjeta de crédito:

Ver a tu compañera de instituto, la cual está locamente enamorada de ti, medio desnuda en medio de un campo de tenis, no tiene precio. Para todo lo demás; Mastercard .

Al percatarse de mi reacción, Jessica me miró arqueando una ceja.

-¿Te ocurre algo, Edd? –me preguntó con toda la cara del mundo.

Tardé bastante en contestar, mirándole fijamente a los ojos.

-No...no me ocurre nada –respondí con una fingidísima sonrisa.- Pero, si no te importa, prefiero Edward.

Pareció no saber a qué me refería, porque en su cara se apreció un ligero desconcierto.

-De acuerdo, Edward –se corrigió- ¿Vienes?

-Esto...sí, voy –respondí todo lo normal que pude.

Sin duda no iba a ser fácil. Sabía que Jessica haría todo lo posible para engatusarme, y si eso incluía una pequeña muestra de ella...no quería ni imaginármelo. Toda la carne fuera, sus pechos, demasiado grandes en mi opinión...Toda ella estaba ridícula.

De acuerdo, no estaba ridícula, pero su aspecto era lamentable. Si hubiese tenido un cuerpo bonito, con sinuosas curvas, con pechos bien proporcionados, con una figura envidiable, con una piel tersa y fina, si hubiese sido Bella Swan...

Mientras mi mente se iba volando hasta la perfección divina de Bella, el partido comenzó, y con él, la pesadilla.

-¡Tuya, Edward! –me gritaba Jessica cuando se percataba de que si devolvía el saque se quedaría en pelotas.

Yo me limitaba a no decir nada, y menos aún cuando no conseguía darle a la pelota. El tenis nunca había sido lo mío. Pero, lo peor de todo fue en el momento del saque final.

Me había imaginado una cosa por el estilo, pero nunca pensé que pudiera afectarme tanto.

Quedaba un saque para decidir quién ganaba el partido. A pesar de que no me importaba lo más mínimo quién ganase aquel partido, estaba hecho un manojo de nervios.

La conducta irritante y el intento de seducirme de Jessica me estaban volviendo loco...

-Debemos ganar este punto, Edward –me advirtió Jessica, al tiempo que me guiñaba un ojo.

Me limité a asentir con la cabeza y a prepararme para poder responder bien el saque. Me agaché y flexioné mis piernas una y otra vez, y entonces, entonces ocurrió...

Jessica había flexionado sus piernas como lo hacían exactamente los tensitas profesionales, moviéndose de un lado a otro para calentar cuando se había inclinado demasiado hacia delante. Por lo tanto, su minifalda color "caquita" parecía haberse volatizado, porque ahora solo veía una cosa: El trasero desnudo de Jessica a metro y medio de mí. Lo admito, no estaba totalmente al descubierto, pero lo único que impedía que le viese cierta parte de sus intimidades era una fina tira roja de satén decorado con puntillas.

Creo que fue en ese momento cuando mis ojos empezaron a salirse de sus órbitas...

Me quedé mirando aquella desastrosa obra de la naturaleza. Era como la bebida. Siempre piensas que eso nunca te afectará, pero a continuación te ves con una botella de vodka entre tus manos todas las mañanas, tardes y noches. Pero desgraciadamente, en mi caso era mucho peor. Yo quería a Bella, con todo mi corazón, y sin embargo, estaba mirándole el trasero a Jessica...Yo no era así, nunca miraba por debajo de las faldas.

Aparté mis ojos de aquel desastre instintivamente. Al menos mi parte racional reaccionaba ante mis pensamientos...

Con la emoción del momento anterior al saque, había perdido la noción del tiempo. Ahora la preciosa pelota amarilla forsforita se dirigía hacia mi posición.

-¡Dale, Edward! –me gritó Jessica, incapaz de darle ella a la pelota.

Me preparé a conciencia, a sabiendas de que no conseguiría devolver ese saque. Iba demasiado rápido...De todas maneras, para intentar motivarme un poco más, imaginé la cara de Jessica y Mike, los dos gritando y haciendo el pabilo. Lo que nadie se esperaba fue mi sorprendente contraataque.

Con toda la ira del mundo, golpeé la pelota con la raqueta, sin ni siquiera mirar a donde mandaba aquel proyectil.

-¡Genial, Edward! ¡Muy bien, tío!

Abrí los ojos despacio, sin ninguna prisa por encontrarme con la realidad. Para mi sorpresa, Jessica, el entrenador y varios compañeros de clase aplaudían con ímpetu.

-¿Qué he hecho? –susurré, arqueando una ceja.

-¡Hemos ganado, Edd! –gritó Jessica, al tiempo que se tiraba en plancha contra mí.

-¡Edward! –la corregí con un grito exasperado, al tiempo que la apartaba de mí con cierta brusquedad.

Pareció darse cuenta de mi incomodidad ante la cercanía existente entre sus grandes pechos y yo.

-De acuerdo, Edward –sonrió de forma bobalicona.

Sonreí forzadamente y me di la vuelta para irme a cambiar al vestuario. Varios chicos pasaron por delante de mí, dándome pequeños puñetazos de aprobación en el hombro que más tarde me pasarían factura. Me cambié de ropa rápidamente y me dirigí corriendo a la salida donde me encontré con Bella.

-Hola –sonreí.

-Hola –dijo a su vez- ¿Qué tal te ha ido?

-Bien...mi equipo ganó todos los partidos –mentí a medias.

-¿De verdad? –preguntó Bella al tiempo que alzaba una ceja, irónica, y echaba a andar hacia la salida.

-Claro –dije lo más natural que pude. Sin embargo, sabía que se olía algo y que su reacción no podía ser buena.

Bastó con que me mirara fijamente a los ojos durante unos segundos para que la mentira se fuera al traste. "Maldita Bella-siempre-se-lo-que-piensas"-me maldije mentalmente.

-Bueno vale –admití derrotado- No ha ido del todo bien, verás...

-No me lo digas –me cortó con una sonrisa suficiente- Jessica ha ido a clase de Gimnasia como si se tratase de Pamela Anderson.

Suspiré, resignado.

-¿Cómo sabes lo de Pamela Anderson? –pregunté arqueando una ceja- ¿No se supone que no puedes leer mis pensamientos?

-Así es, no puedo –respondió- Pero puedo leer los de los demás.

-¿De verdad? –inquirí incrédulo- ¿Había alguien más que pensaba como yo?

Bella estrechó los ojos al máximo, mala señal...

-¡No te enfades, Bella! –exclamé- Es propio de Jessica, no se de qué te sorprendes.

Aquel comentario la hizo sonreír levemente.

-De todas formas...no me parece bien que cierto chico le haya mirado "inconscientemente" el culo cuando se ha girado hacia él –me acusó- Y eso ya no es propio de Jessica...

-¡Claro que lo es! –exclamé yo indignado- Si ella no hubiese ido a clase así vestida...

-Pero reconoce que te ha gustado, Edward –dijo con cierto sarcasmo- Vamos, que yo no se lo voy a decir a nadie...

-¡No me digas que estas celosa de esa cabra descompuesta!–casi grité. Era increíble... ¿Bella celosa de Jessica?

-¡Pues sí! – gritó en medio de todo el aparcamiento - ¿Algún problema?

-No, todo lo contrario –contesté fríamente, estaba harto. Recorrí los pocos metros que quedaban hasta llegar a mi amor eterno e incondicional. Me introduje en el coche enfurecido y puse las llaves en el contacto.

Antes de que pudiese darme cuenta, Bella estaba sentada en mi regazo. Su cara era una máscara de sufrimiento...

-Lo siento, Edward –susurró, y me dio un brevísimo beso en la mejilla. Me dieron ganas de coger su rostro entre mis manos y besarla apasionadamente, tal y como había soñado desde que la conocí. Sin embargo contuve mis deseos y sonreí todo lo que pude.

-No pasa nada –la tranquilicé, poniéndole un mechón de su precioso cabello castaño detrás de la oreja.-Perdóname tú a mí.