Hi! :)
Como podéis ver, me he superado a mí misma actualizando tan rápidamente xDD
Como siempre, muchas gracias por todos los comentarios y agregaciones a favoritos. ¡Sois unos soles tremendos! Y por otra parteee... Aquí es donde la historia de Crepúsculo se empieza a ver alterada por mi horrenda imaginación. A partir de ahora, aunque el argumento es el mismo, las escenas y los diálogos no tienen nada que ver con el primer tomo de la saga. Ya veréis por qué más adelante.. Juasjuas! *,...,*
Espero que lo disfrutéis y que os guste :)
Un besazo!
- Note: todos los personajes pertenecen única y exclusivamente a Stephenie Meyer.
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Sus preciosos ojos dorados brillaron a la luz de un rayo de Sol que se había colado de repente por entre el ramaje de la copa del árbol. Tenían una expresividad inhumana. Era como estar leyendo en un libro. Sin necesidad de palabras, sin necesidad de gestos, solo con la mirada.
-Edward...-dijo la voz más dulce que jamás pude imaginar.- Yo...tú ya sabes lo que siento por ti. Me importas muchísimo. Más de lo que jamás podrías imaginar.
Sé que sabes que, de no ser así, no estaría aquí contigo. Pero quiero que lo escuches de mis labios, que te lo creas; porque realmente, es algo que necesito.
Nunca en mi vida, tanto humana como vampírica, he sentido esto por nadie. Y quiero que tú también comprendas mi situación y mi opinión al respecto...
-Bella, no es necesario que vuelvas a explicármelo...a pesar de todo, lo entiendo. –la corté, poniendo una de mis manos sobre la suya helada. Inmediatamente, un cosquilleo antinatural me recorrió la espina dorsal.
-No, he cambiado de opinión. –dijo de pronto con voz, aunque involuntariamente, seductora.
La miré interrogante, alzando una ceja. Aquello era nuevo...
-Verás, estoy cansada de no poder tocarte, de no poder acercarme tanto como querría a ti por el poder que ejerce mi monstruo interior sobre mí. –me explicó con total claridad. En sus ojos se veía que lo decía sinceramente.- He decidido que voy a correr el riesgo.
La miré gratamente sorprendido. Aunque siempre había sabido que tarde o temprano tomaría esa decisión. La decisión de dar un paso más o de alejarse para siempre de mí. Gracias al cielo, había optado por dar un paso más...
-¿Y qué conlleva correr ese riesgo? –inquirí alzando una ceja.
Suspiró.
-Conlleva la posibilidad de que tu corazón deje de latir cuando me hagas tuya. –respondió claramente.
Me quedé totalmente impresionado por su claridad. Hasta ahora solo había lanzado indirectas respecto a lo de pasar la noche juntos, pero ahora lo decía claramente.
-Con lo de que mi corazón deje de latir ¿a qué te refieres? –inquirí sin saber a cual de las dos posibilidades hacía referencia con esa frase.
Me miró fijamente.
-Veo que sabes escuchar de vez en cuando. –sonrió.
-Se me da bien escuchar lo que realmente me interesa.
-No sé, Edward...-dijo bajando la vista.- Por supuesto, quiero tu opinión al respecto, porque sinceramente, no sabría qué hacer en esos momentos.
-¿Mi opinión? –inquirí aún asombrado de que contase conmigo para hablar sobre mi mortalidad.
-Verás, no es fácil ser lo que somos. –me explicó.- Existen muchas razones por las que no quiero que seas como yo; por ejemplo: tus expresiones, tus rabietas, tus leves "lápsus" mentales...Corres el riesgo de perderlo cuando te conviertas en vampiro.
-No me importa.-respondí inmediatamente.- Haré lo que sea por estar contigo para siempre.
-Espera. –me rogó con voz suplicante.- Quiero explicarte como funciona esto, luego, lo decidiremos los dos. También sería difícil para mí puesto que hace muchos años que no pruebo la sangre humana, pero quiero que los dos tengamos opinión en esto.
Asentí. Un silencio reflexivo se apoderó de nuestras bocas. En mi caso, pensaba en qué tenía que hacer. ¿Abusar de su autocontrol o esperar a que ella me diera luz verde para actuar?
Me decanté por algo intermedio.
Para pensar más cómodamente, Bella se había tumbado sobre la fresca hierba que crecía a los pies del árbol. Durante unos segundos, miró al infinito pensativa; para luego posar sus ojos dorados en los míos verdes.
Lentamente, sin apartar mis ojos de los suyos y avisándola con la mirada. Me tumbé a su lado, de lado para poder verla mejor.
-¿En qué piensas? –le pregunté mirándola fijamente.
-En algo que me gustaría llevar a cabo...-murmuró.
-¿Y a quién incluye ese algo?
-A ti, solamente a ti...-susurró seductora y a la vez dulcemente.
Con delicadeza, fui inclinándome hacia ella, poniendo mis manos a ambos lados de su cabeza para apoyarme. Sus ojos tenían grabado un brillo de seducción y a la vez ansia que me volvieron loco, haciendo que perdiese el poco autocontrol humano que poseía en esos momentos.
Al fin, ese momento con el que yo llevaba soñando tanto tiempo, estaba sucediendo de verdad. Al principio, mis labios solo rozaron levemente los suyos, produciéndome un cosquilleo totalmente inhumano, y sintiendo su frío aliento irresistible inundando mis pulmones. Por miedo a hacer que perdiese el control, me limité solamente a presionar mis labios contra los suyos y dejarlos allí, inmóviles.
Para lo que ninguno de los dos estaba preparado era para la reacción de Bella.
Enredó sus gélidas manos en mi cabello, produciéndome unos placenteros escalofríos.
De repente, me encontré completamente encima de ella. Sus labios ejercían presión sobre los míos, entreabriéndolos de beso en beso para compartir mutuamente nuestros alientos. Aquello me hizo sentir sensaciones nunca antes experimentadas, el frío cuerpo de ella contra el calor del mío.
Una ligera convulsión en mi cuerpo me avisó de que estaba abusando un poco del autocontrol de Bella. Sabía que ella, al igual que yo, deseaba besarme con toda su alma. Pero no quería causarle una desgracia.
Sin embargo, me sorprendió que aun notando los cambios que se habían producido en nuestros cuerpos, me atrajese aún más hacia ella; haciendo que nuestros cuerpos se pegasen.
Estiré un poco más de la cuerda y con dulces presiones de sus labios en mi labio inferior, consiguió que su lengua se adentrase en mi boca, recorriendo cada milímetro de esta, haciéndome sentir el hombre más feliz de la Tierra.
Le acaricié la mejilla con ternura, y noté como se estremecía entre mis brazos.
Si el placer que ella me estaba otorgando a mí era la milésima parte de lo que ella sentía, entonces, aquello no era real.
Y justo cuando creía que seríamos capaces de dar el paso, la helada presión de sus labios en mi cuello me advirtió de que Bella se estaba descontrolando por momentos, su respiración comenzaba a ser muy agitada y sus colmillos ya no tenían aquella inocente apariencia humana de siempre.
En esos momentos, me di cuenta de que todo podía ser una técnica vampírica de intento de posesión. Podía ser que, en el mismo momento en que nuestros labios habían compartido alientos, el olor de mi garganta la hubiese "trastornado"...
No quería arriesgarme a causarle una desgracia a nadie, por lo que, despacio y con extremada delicadeza, me aparté de ella con amabilidad. No aparté mis ojos de los suyos, cerrados, ni una sola vez. En unos segundos, cuando ella percibiese la distancia de nuestros cuerpos, podría comprobar su estado...
De repente, y aún entre mis brazos, abrió los ojos al máximo y la inhumanidad y la lujuria brillaron en ellos, confirmando mis más oscuros miedos. Me observó detenidamente, hasta posar sus ahora negros ojos en los míos. Algo no iba bien...
-Bella...-susurré. El miedo comenzaba a inundar mi voz.
Al oír mi voz susurrando su nombre, un sentimiento interior se activó en ella. Pero eso solo fue durante unos breves instantes. Inmediatamente después, se incorporó con tal elegancia y rapidez que fue entonces cuando estuve seguro de que el cuerpo de mi amada ya no lo dominaba su mente, ahora; lo dominaba el monstruo de su interior. El monstruo al que todos temían...
Me quedé inmóvil sobre la hierba, incapaz de mover un solo músculo. El pánico se había apoderado de mí. No tanto por el hecho de que lo más probable era que dentro de unas horas, con suerte; mi corazón dejaría de latir para siempre y que mis venas quedarían vacías de ese líquido de vida al que llamamos sangre; sino porque estaba seguro de que después de esto, no volvería a ver a Bella. No volvería a tenerla cerca de mí, y eso para mí era algo insoportable.
Mis ojos erraban nerviosos por todo el bosque. No sabía qué era mejor...¿Correr? No, estaba seguro de que ella me alcanzaría antes de que alguien pudiese oír mis gritos. Pero ¿de qué me serviría gritar? Tan solo conseguiría que alguien más muriese aparte de mí.
"Tonto, tonto y mil veces tonto." Me recriminó mi voz interior. "Sabías que esto podía llegar a pasar y sin embargo tiraste más de la cuerda, dejaste que las cosas se descontrolasen y ahora no eres capaz de volver a controlarlas."
Aquella vez, mi conciencia tenía razón. Pero ¿qué podía hacer yo por remediarlo? Nada, absolutamente nada. Fue entonces cuando noté la mirada asesina de Bella clavada en mi garganta, estando a tan solo un metro de distancia de mí.
-Bella, tú no eres así. Sé que eres fuerte y que no dejarás que el monstruo te domine. ¡Bella, vuelve por favor! -murmuré humedeciéndome los labios, y notando como un líquido vomitivo atravesaba mi garganta. Sangre.
¿Estaba tonto o qué? Era la sangre, la sangre que manaba de mis labios la que había hecho que la naturaleza venciese a la mente.
Clavó sus ojos en los míos y vi reflejada la lucha interior de la que intentaba salir victoriosa. Una lucha que ahora estaba en activo...
-Edward...-dijo con voz espesa ella.- El olor es demasiado. Lo siento...
Rápidamente, me limpié los labios con la manga de mi chándal y muy a mi pesar, me tragué la sobrante. Una náusea secundó a la ingerta, pero aguanté las ganas de vomitar para ver la reacción de Bella. Para mi sorpresa, ella ya no se encontraba a mi lado. Mi vista erró, nerviosa, por todo el paraje hasta encontrarla apoyada contra un árbol; lejos de mí.
Lentamente, sus ojos volvieron a adquirir ese color tan bonito que tanto me gustaba. Y sin previo aviso, sin decir una palabra, sin hacer notar su vuelta al poder; varias lágrimas de un color rojo oscuro surcaron sus mejillas.
Me quedé sin aliento, incapaz de pronunciar palabra. Saber que todo había sido por mi culpa, que si yo no hubiese estirado más de la cuerda ella no estaría así me carcomía por dentro.
-Lo siento Edward...-gimió.- Lo siento muchísimo, tengo menos autocontrol del que pensaba.
Tragué saliva.
-No Bella, perdóname tú a mí...-susurré, aunque sabía que ella me oiría.- Forcé demasiado la situación, yo soy el culpable de que te hayas descontrolado...
-¡¿Es que no lo entiendes, Edward?! –gritó.- Yo no quería esto, yo...¡Yo te quiero! Pero por lo visto, eso no es suficiente...
Me incorporé con rapidez y comencé a andar hacia ella hasta tenerla muy cerca de mí.
-Nunca jamás digas que no es suficiente –le advertí casi gritando.- Tenerte es lo único que me mantiene vivo.
-Y a mí también, Edward...-susurró acercándose de nuevo.- Pero lo que odio, lo que detesto es que mi naturaleza me impida acercarme a ti tanto como deseo. ¡Es horrible tener que conformarme con simples besos cuando lo que deseo es mucho más!
Sonreí comprensiblemente.
-Pero Bella, has de entender que esto es todo lo que tenemos, por el momento...-le susurré al oído.- Y, personalmente, no quiero arriesgarme a perderte; de ninguna manera. Yo también sufro mucho al no poder tocarte todo lo que me gustaría, pero me reprimo porque sé que algún día, esto cambiará; y entonces...entonces no habrá barreras que nos separen.
Me miró a los ojos, y no hicieron falta más palabras para saber qué sentíamos y qué deseábamos. De un salto, la cogí en brazos, y antes de que pudiera susurrarle cuánto la quería; sus labios ya estaban pegados a los míos.
Deseé que aquella sensación de felicidad y paz interior nunca acabara. Que jamás nos separásemos porque realmente, no existía ninguna razón en el mundo que justificase que me perdiese esto.
