Bien, os traigo nuevo capítulo y una gran noticia (al menos para mí): Tras tres años escribiendo este dichoso fic, anoche conseguí terminarlo por completo.

Lo que significa que, si Dios quiere y hasta que me vaya a Praga en Agosto, os iré subiendo los capítulos de una forma mucho más rápida :)

A los que dijisteis que los vampiros no podían tener hijos, es cierto. Como bien dijo ferdi, la inmortalidad se basa en que no hay cambios en el cuerpo. Bueno, en Amanecer, se descubrió que Edward y los vampiros macho en general, sí pueden tener hijos. Y Meyer, comentó al respecto que solo las vampiresas eran estériles. Llegados a este punto diré que, a la hora de escribir Inverter Twilight, me debatí entre que o podían los dos o no podía ninguno. Y como bien habéis comprobado, en esta historia, la primera fue la elegida xDD

Y sobre las lágrimas de sangre, es sencillo: Anne Rice :D

Por otra parte, me gustaría comentar una cosa sobre el comentario de "Marta". Cuando comencé a escribir este fic tenía 11 años. Ahora tengo 14, y mi forma de escribir ha cambiado muchísimo en estos tres años, al igual que mi opinión sobre este fic. Tal y como ya dije en su momento, la mayoría de los capítulos están sin corregir. Todos necesitan un repaso y pulir algunos aspectos, y yo lo reconozco abiertamente y os digo que, si queréis señalarme algún aspecto que os disguste no tenéis más que decírmelo que yo lo tendré en cuenta a la hora de corregirlo y estaré encantada con el detalle. No obstante, no estoy por la labor de admitir comentarios como el suyo. Porque una cosa son las críticas constructivas o señalar los puntos en los que la historia flaquea, y otra muy distinta, es decir con cuatro palabras que no te gusta y que no merece la pena sin ni siquiera dar un motivo ;)

A los demás, ¿qué puedo deciros? Miles de gracias a los que seguís comentando, los que acabáis de leerla o simplemente, los que la habéis agregado a favoritos. Sois unos soles enormes *Q*

¡Disfrutad el capítuloo! ^^

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Lentamente, me separé de ella; sin dejar de mirarla a los ojos.

-¿Sabes? –inquirí pasándole un brazo por la cintura.- Quiero saber más acerca de vosotros, quiero saber qué hacer cuando te ocurran cosas como estas...

Me sonrió. Supuse que encantada de que no le dijese algo acerca de lo que podíamos o no podíamos llegar a hacer.

-Tienes razón...debería habértelo explicado todo antes de arriesgarme a esto. –razonó.- ¿Qué quieres saber?

-Bueno, antes dijiste algo que me llamó la atención. –le expliqué.- "Edward, no puedo, el olor es demasiado" –cité la frase tal y como ella la había pronunciado.- ¿Es eso lo que os atrae de los humanos? ¿El olor de la sangre?

-Verás...-comenzó.- ¿Cómo podría explicártelo?

-Ponme un ejemplo. –le sugerí.

Sonrió.

-De acuerdo. –asintió.- Cada humano, cada ser vivo de este planeta, tiene un olor distinto al del resto, una esencia que lo caracteriza y lo diferencia de los demás. Nosotros, los vampiros, poseemos un olfato muy especial. Ese aroma puede ser más intenso o más dulce, es decir; posee unas características.

Normalmente, y como tu bien has dicho, es la sangre lo que nos atrae de los seres vivos; pero hay casos, muy extraños pero posibles, en los que el aroma de la propia persona compite con el de la sangre.

-Entonces ¿no todas las sangres son iguales? –inquirí interrumpiendo su filosófica explicación.

-No, cada una tiene un aroma, un sabor que la caracteriza. –me explicó, al tiempo que comenzaba a andar hacia el árbol donde antes nos habíamos situado.- Tu caso, por ejemplo, es muy especial...

-¿Por qué? –pregunté sorprendido.- ¿Acaso mi sangre huele mal?

Me miró fijamente a los ojos y estos refulgieron al resplandeciente sol de lo que empezaba a ser el crepúsculo.

-Todo lo contrario. –contestó con un tono de voz totalmente irónico.- Tu sangre es la más atrayente que he olido hasta ahora; cualquier vampiro en mi lugar ya te habría matado. Huele dulce, exótica; prohibida.

-¿Y cómo es que tu te controlas? –inquirí, curioso en grado sumo.

-Aparte de por la razón evidente, porque no quiero ser un monstruo.-contestó.- Hace tiempo, mucho tiempo; me hice a mi misma la promesa de no volver a probar la sangre humana por grande que fuese la tentación de probarla.

-¿Cuándo fue eso?

-Bueno, creo que cómo me convertí en vampiro nunca te lo he contado ¿verdad?

Negué con la cabeza.

-¿Recuerdas lo que te dije el jueves acerca de mis padres? Pues bien, mi madre ya había muerto de gripe española cuando mi madre y yo "conocimos" a Charlie. Él trabajaba de residente en el "Saint Joseph Hospital" de Chicago. Mi padre y yo agonizábamos en la misma habitación, y fue entonces; según Charlie, que es el que recuerda esto con mayor nitidez, cuando mi padre le suplicó que me salvase.

Los detalles no vienen a cuento, pero fue Charlie el que me convirtió y el que desde ese momento ha cuidado y ha sido como un segundo padre para mí.

-Vaya...-susurré impresionado.

-Pasé un tiempo al lado de Charlie, que posteriormente encontró a Renee; para luego, cansada de seguir la odiosa "dieta", irme por mi cuenta. Me fui de su lado pensando que podría alimentarme de humanos que fuesen lo bastantemente malvados como para merecerse la muerte, y así fue mi vida durante algunos años...Pero después, después, después los remordimientos fueron insoportables. La conciencia de haber acabado con tantas vidas, fuesen malvadas o no, me carcomía por dentro. Incapaz de crear a más de los míos, volví al lado de Renee y Charlie, que me acogieron con los brazos abiertos como si nunca hubiese pasado nada.

-O sea, que tú también tuviste una época rebelde ¿no?

Sonrió de forma melancólica.

-¿Llamarías rebelde a alguien que ha acabado con tantas vidas? –inquirió mirándome fijamente.

-No exactamente. –intenté explicarme.- Llamo rebelde a aquel incapaz de controlar aquello que no conoce, a alguien que se rebela contra algo porque ese algo no es lo que desea. Bella, esa fase la hemos pasado todos. Nadie en este mundo es un santo.

Me dirigió una mirada que solo ella podía dirigirme. Llena de recuerdos, llena de historias que contar. Una mirada sobrenatural.

-A veces, Edward. –susurró.- Somos incapaces de ver la realidad, de salir de nuestro pequeño mundo perfecto y enfrentarse a la realidad, a esa cruda realidad. Y a eso, a ese sentimiento que hace que nos escondamos tras una máscara, se le llama miedo, Edward.

-¿Qué quieres decir, Bella?

-Quiero decir que yo tengo miedo, porque yo vivo en mi pequeño mundo perfecto a tu lado, porque soy incapaz de enfrentarme a la realidad.

-¿Y cual es la realidad?

-La realidad, Edward, es que soy un monstruo. Puede que para ti sea la mujer más bella del mundo, tu alma gemela...-puso cierto tono irónico al pronunciar alma. Solo un tiempo después descubriría la razón.- Pero eso solo son máscaras, exquisitas máscaras, expresamente fabricadas para cubrir la realidad. Ahora, Edward, es cuando me estoy entregando a ti...

Me quedé sin aliento.

-Existen dos realidades, Edward. Una es que anhelo tu sangre, la anhelo demasiado. La necesito. Lanzarme ahora sobre ti; rasgar tu fina y nívea piel y probar tu sangre, mi droga; es lo que más desea el monstruo de mi interior. Esos son los deseos del monstruo que hay en mí...

La miré sin comprender a donde quería llegar a parar, con los ojos abrasados, sin poder pestañear. Allí estaba ella, como un ángel de Boticcelli; serena, impasible. Enfrentándose a la cruda realidad.

-La otra realidad, es que te amo, Edward. Siento por ti lo que jamás he sentido por ningún otro ser en este mundo. Acercar mi rostro al tuyo, posar mis labios en los tuyos y que me hagas tuya es lo que desea la otra parte de mí. –el oxígeno ya no llegaba a mis pulmones.- Quiero pasar mi vida a tu lado, pero no tengo nada que ofrecerte, no tengo nada con lo que tentarte...

Le acaricié la mejilla y la miré a los ojos. Esos ojos dorados, serenos, con miles de historias que contar y que vivir.

-Al contrario que tú, Bella, yo aprecio al monstruo que llevas en tu interior. ¿Crees que me habría enamorado de ti si solo fueses una humana normal y corriente, loca por un tío como otro cualquiera? No, me enamoré de ti porque eres el resultado de dos esencias. Dos esencias muy distintas. Una humana encantadora y con sentimientos, y otra vampiro cautivadora y prohibida . Y es que has hecho algo que creo que muy pocos sabrían hacer: Has llevado a cabo una tregua entre ambas esencias, eres un ser único, Bella. Eres la persona de la que me enamoré desde el primer momento en que la vi.

Bajó la cabeza, y por segunda vez en aquella tarde, varias lágrimas de oscura sangre surcaron sus mejillas, dándole un aspecto macabro y angelical al mismo tiempo. Era mi ángel caído personal.

Enredó sus manos en mi pelo y, bajo el manto anaranjado del cielo crepuscular, nuestros labios se unieron como nunca antes, demostrando el amor que sentíamos el uno por el otro. Entreabrí los labios para decirle una última cosa más.

-Te amo, Bella Swan.

Sus ojos se posaron en los míos, llenos de infinita dulzura, pero con gesto de dolor.

Suspiré resignado. Si quería ser una masoquista el resto de su existencia, podía seguir siéndolo, yo no se lo impediría...

-Bien, ¿por donde íbamos antes de declararnos tan abiertamente? –inquirí de manera socarrona.

Pareció meditar la respuesta.

-Creo que te estaba contando lo que pasó cuando volví. Como te decía, mis padres me acogieron mejor de lo que cabría esperar de alguien como ellos. Por aquél entonces, Rosalie ya se había unido a la familia. Para Rosalie, yo soy como la hermana pequeña, el eslabón débil de la cadena, el único miembro de la familia a la que se siente en la obligación de proteger...-sonrió con pesar.- Resulta irónico.

-¿El qué? –pregunté extrañado.- ¿Qué te quiera tanto?

-No, no me refería a eso. Para mí, los días junto a Rosalie, Charlie y Reneé eran algo parecido a la felicidad. Pero nada comparado con lo que siento ahora...-recordó, melancólica y contenta a la vez.- Poco tiempo después, Rosalie encontró a Emmet.

Fue algo muy duro para ella. Rosalie es la que más prejuicios tiene contra lo que somos, contra nuestra naturaleza. Anhela con todo su ser volver a ser humana, poder envejecer, poder notar los años en su cuerpo, en su alma...

-¿Por qué? –inquirí confuso.- ¿Acaso no es feliz junto a Emmet?

Sonrió.

-Claro que lo es. –se apresuró a contestar.- Sin embargo, desearía poder ser feliz junto a él en otras circunstancias, en circunstancias normales. ¿Entiendes?

Asentí con la cabeza.

-Pues, como te decía, poco tiempo después; Rosalie encontró a Emmet. Estábamos de caza, le había atacado un oso y estaba gravemente herido. La sangre, evidentemente, era toda una tentación. Pero ella acabó con el oso rápidamente y cargó con Emmet durante quinientos ochenta kilómetros, soportando la asombrosa tentación de acabar con él en aquellos precisos instantes. Ahora sé lo duro que fue para ella... Llevó a Emmet ante Charlie y le rogó, le suplicó que le convirtiera, porque ella no creía tener el suficiente autocontrol como para hacerlo pos sí sola.

Mi padre accedió a sus deseos y lo convirtió en lo que es ahora. Llevan juntos desde entonces. Algo sorprendente dado el carácter de cada uno...

No pasé por alto la última frase. Asentí y le pedí que siguiera.

-Poco después, Jasper y Alice se unieron a la familia. La relación de mis otros dos hermanos es increíblemente sincera y pasional. Alice lo es todo para Jasper y Jasper lo es todo para Alice. Creo que, de no ser por la presencia de Alice en la familia, Jasper no estaría junto a nosotros.

Asentí. Cada palabra que pronunciaba, cada información que me proporcionaba, quedaba soldada a mi mente.

-Hablando de Alice y Jasper...El otro día me preguntaste si yo era la única de la familia que tenía el poder de leer la mente. Te contesté que sí porque esa es la verdad. Sin embargo, Alice y Jasper poseen también otros poderes.

Aquella conversación comenzaba a suponer para mí una fuente vital de información.

-Si yo puedo leer la mente a los demás, Alice puede ver cosas respecto a ellos. Cosas que sucederán. El futuro, vamos. Pero su poder no es tan exacto como ella quisiera...-hizo una mueca.- Y es ahí donde entras tú, porque Edward, Alice no es capaz de verte. Eres prácticamente inmune a su poder.

-Vaya, me faltará otra tuerca...-comenté divertido, ansioso por saber más.

-Después está Jasper. Él es único, especial de muchas maneras. Verás, Jasper controla las emociones ajenas. Las siente, las procesa, las controla. Creo que sentiste su poder después de darle una paliza a Mike...

-Fascinante...-susurré con los ojos llenos de admiración.

Bella me miró seria, con gesto sereno pero serio.

-Edward, quiero que sepas una cosa respecto a Jasper. –comenzó a explicarme.- Él no es como nosotros, al igual que Alice fue creado por un vampiro que no era Charlie, con un modo de vida diferente.

-¿A qué te refieres?

-Edward, hasta hace una década o dos, Jasper se alimentaba de sangre humana. –me explicó con gesto sereno.- No pretendo preocuparte, ni mucho menos. Pero quiero que sepas la razón por la cual se mantiene más alejado de ti que el resto de nosotros. La sangre es nuestra droga, una vez probada, es muy difícil abstenerse de probarla de nuevo. Para Jasper es mucho más difícil abstenerse de probar la sangre humana, más que nada porque ese ha sido su alimento durante mucho tiempo y le está costando más que al resto adaptarse.

-Quieres decir...que es peligroso.

Sonrió con malicia.

-Todos lo somos. Pero para él es mucho más difícil abstenerse. No quiero decir que no te tenga aprecio, todo lo contrario, para Jasper, Emmet, Alice, Charlie y Reneé ya eres parte de la familia. Especialmente para los dos primeros, puesto que estos están convencidos de que eres mucho más divertido y gafe de lo que aparentas...

-¿Así que mi mala suerte le hace gracia?

-Sí, pero no les hagas mucho caso. Están idos de la olla... –intentó tranquilizarme haciendo como que les faltaba un tornillo.

-Y respecto a Jasper ¿qué quieres que haga?

-Nada, limítate a no acercarte mucho, a seguirle la corriente. Si él se ve con el control necesario como para no lanzarse sobre ti, deja que sea él quien se acerque, y no al contrario. ¿Entiendes?

-Entiendo. –sonreí. Volví a bombardearla con preguntas.- ¿Y Alice? ¿Pertenecía ella también a una familia como la de Jasper?

-No. –Bella negó con la cabeza, con gesto sombrío.- En realidad, sabemos muy poco del pasado de Alice. El que la convirtió desapareció después. Un verdadero capuyo... –comentó con ira. Al advertir mi expresión de confusión Bella me lo explicó con más detalle.- Verás, los vampiros somos especialmente peligrosos después de ser convertidos. Para nosotros solo existe la sangre. Necesitamos a alguien que nos ayude a entender las cosas y a controlarnos después de la conversión, de lo contrario, nos volveríamos criaturas incontrolables.

Si Alice no hubiera tenido visiones acerca de Jasper y de nuestra familia, se habría convertido en un verdadero animal salvaje sin control.

Traté de imaginar a la pequeña Alice tal y como Bella la pintaba. Fue imposible, Alice parecía demasiado inocente.

-Edward, no somos tan frágiles como aparentamos...-me dijo, adivinando mis pensamientos.- Siempre hemos sabido defendernos, y matar es nuestra naturaleza.

Me estremecí levemente al escuchar sus palabras. Desgraciadamente, seguía siendo humano y no estaba acostumbrado a comentarios como aquel.

-Pero Alice parece una muñeca...-protesté.

-Alice es capaz de muchas cosas además de parecer una muñeca. –contestó misteriosamente.

Asentí.

-¿Alguna otra cosa que quieras saber? –inquirió mirándome a los ojos.

-Sí. –me apresuré a contestar.- Antes hiciste una referencia al carácter de Rosalie y Emmet. ¿A qué te referías?

Me miró con un brillo inteligente en sus ojos dorados.

-Veo que no se te pasa una...-comentó esbozando una media sonrisa.- Bueno, Rosalie y Emmet mantienen una relación muy especial. A Rosalie le gusta exhibirse, y Emmet le sigue el juego. Su relación es puramente física, no hay mucho de mental en ella. ¿Entiendes?

Asentí. Resultaba increíble no haber descubierto esto antes.

-Tengo otra...-le hice saber.- ¿Le caigo mal a algún miembro de tu familia?

Bella me miró con ojos de sorpresa, pero se notaba que ella sabía a qué me refería.

-No, ¿por qué? –se apresuró a responder.

-" (...) para Jasper, Emmet, Alice, Charlie y Reneé ya eres parte de la familia." –Cité.- ¿Qué hay de Rosalie?

Bella me miró con ojos llenos de comprensión, pero de indiferencia al mismo tiempo.

-No es que no le caigas bien...-comenzó al cabo de un rato.- Es simplemente que te tiene envidia. Desea ser lo que tu eres y eso la ciega.

La miré a los ojos. Sabía que había algo más aparte de eso...

-Esta bien. –suspiró resignada.- Cree que no me mereces...

Que desde el principio esperase una respuesta de ese tipo, no impidió que una sombra de dolor apareciese por mis ojos. Bella se dio cuenta y me acarició la mejilla.

-Edward, me importa un bledo lo que Rosalie piense o deje de pensar. –me dijo con gesto sereno.- Ya me enfrenté una vez a ella en este tema y no me importa volver a hacerlo...

Me quedé mirándola fijamente.

-¿Cuándo ocurrió eso?

Sonrió.

-Bueno, voy a contarte la historia desde el principio...-contestó con una sonrisa.

-Adelante. –la animé.

-Te preguntarás por qué fui tan borde contigo el día de tu llegada al instituto. –comenzó. Un escalofrío me recorrió la espalda al recordar la forma en la que me había mirado.- Como te he dicho antes, tu sangre me atrae como ninguna otra. Cuando te sentaste a mi lado en biología, temí perder el control, perder a mi familia y perderlo todo. El olor era demasiado intenso, y por si fuera poco, tu eras incapaz de quedarte quieto durante más de un mísero segundo.

Ideé mil formas de engatusarte para que salieses de allí conmigo, algo que habrías aceptado sin rechistar. Sin embargo, me eché atrás al pensar en todo lo que iba a perder si te mataba. Aun así, en cuanto salí de Biología, dejé a mis hermanos en casa y me fui directa al hospital donde le expliqué la situación a Charlie. Mi padre me dejó el Mercedes y conduje durante tres días hasta Denali, donde tenemos unos amigos como nosotros.

Estaba decidida a quedarme allí hasta que encontrase el modo de que te largaras de Forks, sin embargo, echaba de menos a mi familia. Volví. Decidida a volver a empezar de cero, intentando que olvidases mi mal comportamiento del primer día.

Pero no, tú no lo habías olvidado, o esa fue la impresión que me dio a mí; puesto que ni entonces ni ahora puedo leer tus pensamientos.

Le miré, sonriendo divertido.

-No entendía como podías odiarme tan pronto...-confesé.- Y eso me cabreó.

Alzó una ceja y siguió contándome.

-Justo entonces, ocurrió lo del accidente. Tu estabas empeñado en saber cómo te había salvado la vida. Como si necesitase otro motivo para matarte... Intenté alejarme de ti, hacer como si no me importases, pero soy una egoísta y acabé volviendo a ti. Y cuando parecía que las cosas no podían ir mejor, te atacan en Port Ángeles. Me vi obligada a acabar con todos aquellos payasos y con la loca esa. ¡Dios, Edward! ¡Cómo es posible que seas tan gafe!

Esbocé una media sonrisa a modo de disculpa.

-Me vi obligada a contarte la verdad...-suspiró resignada.- Y aquí es donde entra mi enfrentamiento con Rosalie. Le comuniqué a Charlie que había alguien más que sabía acerca de nuestra naturaleza. Rosalie y Jasper pensaron que había llegado la hora de silenciarte para siempre. Fue la pelea más dura que hemos tenido nunca...-recordó.- Charlie, Alice y Emmet se pusieron de mi lado, insistiendo en que no era necesario matarte. Reneé no se puso de parte de nadie. Solo dijo que ella quería que me quedase.

-Vaya...-musité.

-Emmet y Alice siempre han sido muy buenos. Para Emmet soy su osito de peluche, y para Alice la hermana menor a la que cuidar...-suspiró.- Por si fuera poco, Alice tuvo una visión y eso hizo que Emmet se pusiera de mi parte mucho más a gusto. Al final, Rosalie fue la única que se negó a que siguieras vivo.

Hizo una pausa, y comencé a asustarme.

-Me amenazó con matarte ella si no lo hacía yo. –concluyó con voz fría, dura e inhumana.- Bueno, imagínate lo que ocurrió después...

-¿Qué? –inquirí sin comprender.

-Nos peleamos, pero físicamente. Rosalie es muy burra y orgullosa, cuando vio que tenía las de perder se largó, dejándome a mí con la bronca de Charlie. Odio cuando se pone así...-bufó.- Ahora ella no me habla, pero a mi me da exactamente lo mismo.

La miré con una sonrisa triste.

-No es muy justo, Bella...-comenté en un susurro.- Ella solo quiere que su familia no se desmadre, como seguramente ocurrirá...La verdad es que la entiendo.

Me miró a los ojos.

-No la conoces, Edward. –me dijo con voz serena.- Rosalie no es lo que aparenta. Es fría, dura y con una capacidad de manipulación muy extensa. No la juzgues antes de conocerla.

Suspiré y acabé asintiendo. No podía dejar de sentir cierta lástima por ella. Yo era un intruso en la vida secreta de su familia.

-Interesante historia...-comenté para relajar un poco el ambiente de tensión que se habia creado mientras hablábamos de Rosalie.

Me sonrió divertida.

-Hace calor –comenté, me desabroché la chaqueta y me quite la camiseta, dejando al descubierto una buena "tableta de chocolate."

Los ojos de Bella iban de mi pecho a mis ojos. La boca se entreabrió, pero solo fue para murmurar...

-Edward, ponte la camiseta antes de que cometa alguna locura.

La miré a los ojos complacida.

-Vamos, hombre, que esto no es nada en comparación a lo que debe de tener Emmet...-comenté riendo.

Me miró con cara de sorpresa.

-Existe una pequeña diferencia...-respondió arqueando una ceja.- Emmet es mi hermano y tú eres mi novio...

Mientras decía esto se había ido acercando a mí, por lo que sus labios estaban a escasos centímetros de los míos.

-No deberías exponer algo tentador a alguien como yo...-me susurró al oído con voz seductora.- Es muy peligroso.

Tragué saliva. Incapaz de contenerme, me lancé sobre ella, empujándola hacia atrás, y la besé con pasión.

Bella acarició mi espalda desnuda, produciéndome escalofríos de lo más placenteros.

Besé su clavícula, y recorrí su cuello mientras ella sonreía, con un profundo deseo grabado en sus ojos dorados.

Sin embargo, me apartó con dulzura unos pocos instantes después.

-Este no es lugar más apropiado...-ronroneó.

-Tienes razón. –sonreí, pícaro.- Tal vez en otro lugar...

Me sonrió divertida y se incorporó, levantándome a mí también.

-Como decía antes...-dijo a continuación.- Deberíamos irnos ya.

Asentí con la cabeza y me levanté.

-Sí, Esme es muy capaz de preocuparse si me lo estoy pasando bien...

Rió ante mi comentario.

-Ponte la camiseta, te voy a echar una carrera...-me advirtió. Aquello sonaba divertido pero algo me decía que me iba a cansar más que en una maratón.

Me vestí y me coloqué a su lado.

-¿Desde donde es la salida? –inquirí sonriente.

-Desde aquí mismo. El primero que llegue al coche gana y puede obligarle al otro a hacer cualquier cosa por el. –me explicó.

-De acuerdo. –acepté, me gustaban los retos.

Me sonrió pícaramente y murmuró:

-Uno, dos...¡tres!

Eché a correr con todas mis fuerzas, sorteando los árboles y bajando de lado, tal y como debía hacerse. Me concentré en no mirar atrás, pero me asusté cuando vi que Bella no iba detrás de mí. No la veía por ninguna parte, pero seguí corriendo y saltando de todos modos. Era imposible que se hubiese perdido...Para cuando llegué al coche, Bella ya llevaba un buen rato allí apoyada. Me quedé con la boca abierta.

-¿Cómo se supone que lo has hecho? –inquirí.

-Si nuestra primera naturaleza es matar, la segunda es correr. –respondió con total naturalidad. Al segundo estaba a mi lado.- Somos seres muy rápidos.

-Y yo que estaba preocupado porque no te veía ni oía correr...-comenté.- Podrías haberme avisado...

-Si lo hacía perdía su gracia. – se excusó. - Además, he subido unas cuantas veces a ver como te iba. Corres bien.

-Gracias. –respondí fríamente. Aún cabreado porque había hecho trampas.

Cogí las llaves del coche de mi bolsillo y la miré antes de introducirme en el coche.

-¿Vienes?

Sonrió de forma que en mi cara no pudo ser ocupada por otra cosa que una sonrisa bobalicona, lo cual se había convertido en un gesto desgraciadamente habitual.