¡Hola holita, vecinitos! :)
Sí, lo sé... Llevo más de un año sin publicar, no tengo perdón (explicaciones aquí: .net/u/1424064/Paradise895 )
Pero bueno, nunca es tarde para resurgir de entre nuestras cenizas, ¿no? x]
En fin, aquí tenéis el siguiente capítulo. Es de los más cortitos de la historia, así que seguramente la semana que viene publicaré el próximo.
Como ya dije en el capítulo anterior (sí, hace eones...), a partir de aquí la historia cambia mucho. Vamos, vosotros mismos lo comprobaréis a lo largo de este fragmento.
No es un Out of Character ni nada parecido, pero yo decidí ponerle algo más de chicha que la Meyer por aquello de que Inverter Twilight no tiene secuelas.
A la pregunta de adriene cullen sobre cuántos capítulos quedan para el final, por el momento sigo escribiendo el 22 (que es el penúltimo), y aún estoy considerando la posibilidad de que haya epílogo, así que seguramente unos seis o siete capítulos :]
Finalmente, muchísimas gracias a todos por seguir leyendo aún cuando parecía haber desaparecido del mapa, a los que han agregado esta historia o a mí a sus favoritos y, especialmente, a todos aquellos que habéis comentado. Me alegra muchísimo conocer vuestras opiniones y, de verdad, si algo no os gusta o no os cuadra, no dudéis en comunicármelo. En serio, no muerdo;]
¡Disfrutad del capítulo! ^^
Capítulo 17. Omnisciencia
¡Había soñado tantas veces con ese momento!
Había llevado a cabo mis más oscuros deseos para con Bella.
Pero, a pesar de toda la euforia del momento, a pesar de todo lo bueno acontecido hacía tan solo unas horas, una gran sombra se cernía sobre mi corazón. Aquella experiencia podía haber sido potencialmente placentera para mí, pero ¿qué pensaba Bella al respecto? ¿Había vencido por fin el amor a la sed? No lo sabía, y, aquella pregunta se ocultaba inconscientemente en lo más profundo de mi alma, intentando evitar pensar en ello. ¿La razón? Ni yo mismo lo sabía. Podía ser que no quería reconocer mi comportamiento egoísta… Sí, tenía que ser aquello.
Mientras pensaba en todo aquello, una duda y un vertiginoso pensamiento asaltaron mi mente. Esme... ¿Qué había ocurrido con ella? ¿Lo había oído todo? No habíamos sido especialmente discretos, así que era casi seguro que se hubiese cerciorado de ello. Sin embargo, no había hecho acto de presencia en toda la noche.
Y Bella, cuya cabeza reposaba sobre mi pecho desnudo y parecía ajena a todas las dudas que me embargaban en ese momento, alzó entonces su mirada hacia mí.
-¿Qué te ocurre, Edward? –inquirió, rozando mi mejilla con una de sus manos.
Bajé la mirada y recorrí con mis manos su espalda, haciéndola estremecer levemente. Sus brillantes e intuitivos ojos dorados me digirieron una mirada dulce. ¡Se la veía tan dichosa! Siempre que pensaba en Bella evocaba la imagen de un ángel, y, sinceramente, no tenía una explicación lógica para ello. Su piel, fría y de tacto marmóreo, la asemejaban más a una estatua nocturna, una estatua que cobraba vida todas las noches para convertirse en una joven de exuberante belleza y elegancia. Pero que debía pagar un alto precio por ambas cualidades.
-Nada que tenga importancia. – contesté, esbozando una ligera sonrisa. - Me preguntaba si Esme se habrá dado cuenta de...bueno...de lo ocurrido esta noche.
Me dedicó una mirada comprensiva.
-No, no lo ha hecho. – repuso pausadamente.- La llamaron para un asunto urgente en Washington, y salió muy deprisa de casa. No me centré mucho en sus pensamientos, puesto que lo que estábamos haciendo nosotros en esos momentos tenía más importancia para mí.
Estaba seguro de que, de haber podido sonrojarse, ella lo habría hecho. Le acaricié la mejilla con ternura.
-No te preocupes, seguro que está bien. –contesté, intentando restarle importancia.- Pero tú... ¿Estás bien?
Aun amparados bajo el oscuro manto de penumbra que cubría la habitación, pude darme cuenta de que sus ojos se oscurecían. Se incorporó en el colchón y, mientras se enrollaba una de las sábanas alrededor del cuerpo, exhaló un profundo suspiro.
-Ha sido...duro. – comenzó, para después añadir-: Y lo sigue siendo. El olor irresistible de tu sangre es una continua tentación. Por si la proximidad entre ambos cuerpos no fuese suficiente, a cada movimiento que hacías, a cada beso que me dabas y a cada sentimiento que me profesabas, el olor se hacía más intenso aún, intentando atraparme entre sus redes. – hizo una pausa antes de continuar.- No espero que comprendas esto del modo en que yo lo hago, puesto que solo se llega hasta ese punto cuando eres uno de los nuestros. La sed, Edward, es algo que pocos vampiros han llegado controlar como mi familia y yo lo hacemos. Al contrario que muchas otras facultades, esta no está escrita en tu código genético cuando "renaces". La abstinencia que tenemos nosotros es algo que hemos ido adquiriendo a lo largo de los años. Por descontado, a casi todos nosotros nos convirtió Charlie, y él, que es el vampiro con mayor índice de abstinencia que conozco, se ha ocupado de enseñarnos, de detenernos cuando el olor dulce de la sangre nos reclama. Para mí es como es como el padre que nunca tuve.
-Bella, sí que tuviste un padre. –contesté en un susurro. Clavó sus ojos dorados y refulgentes en los míos.
-Cierto. Lo tuve. Pero ¿Dónde ha estado él durante los últimos noventa años? – inquirió arqueando una ceja. - No le echo en cara que haya muerto. –me aclaró.- Pero me resulta un poco difícil pensar en él de esa forma, porque, no era exactamente un padre. Me mantenía sí, pero Charlie también lo ha hecho y además me ha cuidado y ha intentado comprenderme desde el principio. Algo que mi padre biológico no supo o no pudo hacer. De todas formas, los recuerdos que tengo de él no son muy nítidos, tampoco pasaba mucho tiempo conmigo. Y en el fondo, sé que él me quería… A su manera.
Sonreí, y alargué una mano para rozar su mano con esta.
-Estoy seguro de ello. –repuse.
Bajó la mirada, y se sumergió por completo en su mente. Su mente...Era todo un misterio para mí. Tenía que admitir que casi todas lo eran, pero la suya lo era de una manera muy particular. La forma en que analizaba cada frase pronunciada, cada expresión y cada pensamiento parecía una compleja maquinaria, difícil de descifrar y difícil de comprender. Su dulce voz me sacó de mis pensamientos.
-¿Sabes una cosa? – inquirió, más para ella misma que para mí. - Antes de conocerte, yo no era muy creyente. Nunca me arrodillé ante Dios, rogándole perdón por las vidas arrebatadas; me conformé con pensar en la remota posibilidad de que realmente hubiera alguien por ahí arriba, observándome, analizando mis movimientos, mi forma de actuar…Y solamente lo hice porque quería estar preparada por si algún día llegaba a morir realmente. Nunca me hubiese imaginado que, tanto tiempo después, me encontraría en esta situación. Durante todos los años que hemos pasado juntos, mi familia siempre me ha tomado por alguien muy especial…
Me dedicó una sonrisa afable y después continuó con su explicación.
-El día en que te conocí, Edward, pensé que Dios te había enviado para castigarme por todos mis pecados. Por eso no fui al instituto en los días siguientes, Edward. Me fui, a Alaska. Necesitaba pensar y tomar una decisión al respecto siendo plenamente consciente de lo que ello implicaba.
Por nuestra seguridad, Edward, intenté alejarme de ti. Pero tu misteriosa personalidad y el hecho de que después descubrieses lo que éramos, me lo impidió. Me cautivaste.
Desde entonces, sé que me equivoqué. Tengo la certeza de Dios está ahí arriba, porque, de lo contrario, ¿qué estamos haciendo nosotros dos aquí?
Edward, tu has sido el mejor regalo que me han hecho a lo largo de toda mi existencia.
Mientras decía todo esto, sus ojos no se habían apartado de los míos. Evaluaban mi expresión sin descanso. Le puse un dedo debajo de la barbilla y, lentamente, me fui acercando a sus labios. Antes de volver a sumergirme en los profundos abismos, pude percatarme de la sonrisa traviesa que Bella esbozó antes de que la besara.
Me separé lentamente de ella y me atreví a formularle una pregunta que llevaba tiempo rondándome la cabeza.
- Antes de mí... ¿Hubo alguien más? –inquirí con voz pastosa. Solo quería saberlo porque me picaba la curiosidad. Y mientras decía esto, había ido bajando la vista. Pero, ante el inminente silencio de Bella, me obligué a alzarla de nuevo.
Estaba pálida, más de lo que ya era por naturaleza. Sus ojos se habían vuelto claros, muy claros, y miraban al techo totalmente inexpresivos… ¿Había dicho algo tan malo?
-Bella... ¿Estás bien? –inquirí preocupado.
-Sí… Quiero decir, hubo alguien. –se limitó a contestar, sin ni siquiera mirarme. Era fácil adivinar por el tono frío e iracundo con el que había formulado la respuesta que aquel no era un recuerdo agradable. Me maldije a mí mismo por haberle preguntado al respecto. Odiaba verla así. Tan fría, tan antinatural, con una expresión marmórea de la misma expresividad que la Venus de Milo.
-Bella, lo siento. –me disculpé.- No es necesario que me lo cuentes si no quieres...
De repente, volvió a clavar sus ojos en los míos; y vi ira reflejada en ellos.
-El problema, Edward...-comenzó.- Es que sí que quiero contártelo. Quiero que lo sepas todo acerca de mí, que sepas a que te enfrentas. Pero los recuerdos son demasiado dolorosos como para rememorarlos. Él pertenece a la etapa más oscura de mi vida...
-De acuerdo...-la corté. Me dolía tanto verla así...- No es necesario, me conformo con tu respuesta. No quiero que me des detalles si eso te produce dolor.
Se lanzó sobre mis brazos sin previo aviso y apoyó su cabeza contra mi pecho. Pude notar la sangre color carmesí resbalando por mi pecho. Últimamente, su olor casi no me afectaba. Le acaricié el pelo con dulzura y la besé en la sien.
-Olvídalo, Bella. – le rogué. - Si te hizo tanto daño, no merece la pena recordarlo...
-Gracias...-susurró, y fueron las últimas palabras que oí antes de caer dormido sobre la almohada. Aquella había sido una noche muy larga...
