Disclaimer: The Twilight Saga, así como sus personajes, pertenencen a Stephanie Meyer. La trama es mía, así como algunos personajes :D


Between a Vampire and a Werewolf

VII. Salvada

Lizzie POV

Cuando estuve segura que Seth no me había seguido, me detuve a retomar el aliento.

- Si fuera vampiro ahora estaría en Canadá. – me repliqué en voz alta.

Después de retomar el aliento, seguí caminando o, mejor dicho, zapateando por el bosque. Estaba tan molesta que no me detuve cuando el bosque me empezó a parecer diferente. Camine varias horas sin detenerme y sin que mi enojo cesara. Para cuando pare, me di cuenta que estaba perdida. Había oscurecido y el bosque lucia tenebroso.

"Fantástico" pensé sarcástica.

Me senté debajo de un árbol y recosté la cabeza en este, necesitaba pensar. Estaba tan arrepentida de lo que había dicho que no me daban ganas de buscar una salida del bosque. Mi estomago comenzó a gruñir y con razón, sólo había comido un chocolate caliente y una galleta en el desayuno antes de esa descomunal reprimenda. Al recordarla me enfurecí de nuevo. Me levanté y seguí caminando pateando todo lo que se atravesaba: hojas, piedras ramas…

– Una chica tan linda como tú, ¿qué hace sola en el bosque? – dijo una voz detrás de mí. Me puso la carne de gallina.

Me giré lentamente para ver de quien se trataba y me quedé congelada al darme cuenta quién era. En la oscuridad pude reconocer que era un vampiro. Su piel blanca como la nieve y sus ojos rojos de sangre lo delataban. No podía hablar.

– ¿Estas pérdida? – preguntó con fingida dulzura.

–No,…yo… estoy bien. – murmuré presa del pánico.

– Pareces asustada… – susurró acercándose.

Este era mi fin. Iba a morir en las manos de este vampiro y mi amada familia tal vez nunca lo sabría. Iba a morir sin poder disculparme con Edward o con mamá. Seguramente este sujeto quería matarme lenta y tortuosamente, lo sabía por la forma en que me miraba. Nunca volvería a ver al fastidioso de Jacob ni a mi amigo Seth, nunca más volvería a reirá junto a Ness. Y por alguna razón, también pensé en Alec en esos instantes. Iba a morir y nada lo evitaría.

– ¿Sabes lo que soy? – preguntó para mi asombro.

Por algún estúpido impulso le respondí.

–Sí, sé lo que eres.

– Esplendido porque así puedo decirte que tu sangre es una de las más apetitosas que he olido y que próximamente voy a saborear. – declaro mirándome directo a los ojos, cosa que me aterro más.

Instintivamente retrocedí un paso y él avanzo uno.

– No creas que vas a poder escapar…– me amenazó.

Iba a lanzarse sobre mí cuando un árbol arrancado de raíz le cayó encima. ¡Alabada sea mi telequinesis! Sin pensarlo dos veces salí a correr lo más rápido que me permitieron mis piernas y mi extenuado cuerpo. Sabía que no podía correr más rápido que un vampiro pero no iba a morir sin luchar. Esquivaba árboles en la oscuridad lo más rápido que podía tratando de alejarme del vampiro. Sabía que ese golpe no lo detendría y que me daría caza. Aún corriendo, me giré para ver atrás y saber que tanta ventaja tenía, si es que tenía alguna.

– ¿Por qué huyes de mí? – preguntó frente a mí haciéndome parar en seco y proferir un grito ahogado.

Mi corazón latía desbocado, parecía que se me fuera a salir del pecho. Trate de concentrarme en el miedo que me invadía y otro árbol vino a estrellarse en su cabeza.

– Pero, ¿qué diablos…? – se giró enojado a ver a su agresor.

Aproveche de nuevo para huir. No podía correr para siempre, me era totalmente imposible. Además que no había dormido en más de veinticuatro horas, estaba hambrienta y todo el bosque estaba oscuro imposibilitando más mi huida. Colapsaría en cualquier momento y moriría a manos de ese vampiro. Sin embargo seguí corriendo sacando fuerzas, no sé de dónde.

De repente, sentí como me cogían de la cintura y me alzaban en vilo.

– ¡Ya me canse de ti! – rugió lanzándome hacia un árbol.

Una rama se enterró en mi pierna derecha manchando mi pantalón blanco de sangre.

"Ahora sí llegó mi fin" pensé horrorizada al ver mi pierna sangrar.

El vampiro se acercó a mí con los ojos negros de sed.

– No sabes lo bien que hueles… se me hace agua a la boca ahora mismo – murmuró mirando mi pierna.

En algún rincón de mi cuerpo, me quedaba algo de enojo de hace algunas horas y lo utilice para mostrarme valiente.

– Mi familia me va a vengar. – le espeté lo más fuerte que me dio la voz.

– ¿Acaso tu familia caza vampiros? – dijo sarcásticamente.

– No son humanos…– le advertí mientras esbozaba una sonrisa sombría.

El vampiro me miró extrañado y de nuevo miro mi pierna sangrante.

– Y… ¿Quiénes son? – preguntó tomando la rama que atravesaba mi muslo.

No respondí. Él me miró fijamente, sonrió y empezó a sacar lentamente la rama lo que me provoco un inmenso dolor. Trataba de no gritar pero era imposible, me estaba torturando mientras sacaba esa rama. Cuando terminó, lamió la rama y vi en sus ojos el deseo de sangre.

El terror que me invadió fue tal, que cientos de piedritas empezaron a caerle en la cabeza. Miraba las piedritas claramente confundido, no tenía ni idea de su procedencia ni de quien las lanzaba. Aunque estas piedritas no le hacían daño lo estaban exasperando.

– ¡Te voy a encontrar…! – le gritó a un atacante inexistente, ya que la piedritas eran lanzadas gracias a mi telequinesis.

Salió corriendo siguiendo el rumbo de la última piedrita y desapareció. Trate de levantarme, rogando al Cielo que buscara a su agresor el tiempo suficiente para que yo pudiera tratar de escapar.

Logré ponerme en pie y cojeé hasta que llegué a un claro atravesado por un río. Llegué hasta el río y enjuagué mi herida, pero la sangre seguía saliendo. Me arrastre hasta un abeto y me recosté de él. Si el vampiro abandonaba la búsqueda de su "agresor" volvería por mí. Buscarme no le sería difícil y aun más sangrando.

Respiré profundamente varias veces hasta que mi corazón logró serenarse un poco, aunque no del todo. Miré el cielo y estaba nublado sólo algunas estrellas y la luna eran visibles. ¿Qué hora sería? Pensé en mi familia, ajena a todo lo que me había pasado.

Inevitablemente comencé a llorar desconsoladamente apoyada en la pierna buena. No sé cuánto tiempo estuve llorando, sin embargo, lloré con todas mis ganas a pesar de estar totalmente extenuada. Entré en una especie de estado quimérico, me sentía elevada del piso, como si mi espíritu fuera a abandonar mi cuerpo. Aún así continué llorando.

Entonces, sentí que unos brazos fríos me alzaban del suelo. Era él, el vampiro que me estaba persiguiendo. No me moleste en levantar la cara hasta que senté que empezó a correr. ¿Por qué no me mataba allí mismo?

Al levantarla me di cuenta de la verdadera identidad de ese vampiro, porque era un vampiro él que me estaba alzando. Era Alec Vulturi él que me sostenía en sus brazos y que ahora corría a una velocidad exorbitante por el bosque.

– ¿Qué…haces? – susurre con voz quebrada por el llanto que aún no había parado del todo.

– Te pongo a salvo. – me miró directo a los ojos.

Esos ojos color escarlata me hipnotizaron. Al principio lo observé con miedo pero después lo observé detallando su perfecto rostro, admirando cada detalle de él; todo y en especial sus labios. Sentí como mis mejillas ardían.

– ¿Y mi familia? – susurre aún presa de sus ojos.

– Deben estar buscándote. – contestó poniendo mi rostro a unos centímetros del mío.

La cercanía de nuestros cuerpos me permitía oler su embriagante aroma.

– Mmm– fue lo único que pude decir, estaba a mi límite.

En los brazos de Alec me sentía protegida…me sentía completa. Recosté mi cabeza en su pecho y casi al instante me quede dormida. En mi inconsciencia sentí unos labios en mi frente.

– ¡Aléjate! – me despertó el grito de Alec.

Con un esfuerzo sobrehumano levante la cabeza y divise un gran lobo frente a nosotros que gruñía. Trate de enfocar la vista para ver el color de su pelaje. Era color arena.

– Seth…– balbuceé.

– ¡He dicho que te largues! – amenazó Alec sin escucharme. Su era cortante.

– Alec… él…no…– las palabras me salían difícilmente.

Seth fue detrás de un árbol, cambió de fase y regresó serio, tal vez lo más serio que le vi jamás.

– ¿Dónde la encontraste? – le preguntó con tono frío a Alec.

– Eso no importa, esta herida y hay que llevarla con Carlisle. – replicó Alec en el mismo tono.

– Dámela, yo la llevo. – habló Seth mirando a Alec a los ojos, su voz tenía un deje enojado.

Alec hizo ademan de entregarme a Seth pero me agarré fuertemente a su cuello. Yo quería seguir disfrutando de ese esquicito olor que emanaba su cuerpo… y algo me decía que también quería seguir en su compañía.

– Lizzie…soy yo. Deja que yo te pueda cargar. – me habló dulcemente Seth.

Negué con la cabeza.

– Tú sabes dónde está Carlisle, búscalo y dile que ella necesita que la revise. – le sugirió Alec, aunque sonó más como una orden.

Seth me miró, inseguro de irse pero al final lo hizo. Fue detrás del mismo árbol, cambió de fase y desapareció en la noche. Alec prosiguió con su carrera y llegamos a los pocos minutos a mi casa.

Abrió la puerta de la cocina y me sostuvo con un solo brazo. Recosté de nuevo mi cabeza en mi pecho. Subimos las escaleras y llegamos a mi cuarto. ¿Cómo sabía que era mi habitación?

– ¿Cómo sabes qué es mi cuarto? – pregunté tan bajo que parecía un suspiro.

– Tiene tu olor por todas partes. – respondió mientras me recostaba en mi cama.

Se acercó a la puerta y sentí gran angustia ante la idea de que se fuera.

– No...te vayas. – le pedí esforzando mi voz.

Se acercó a la cama y se recostó a mi lado. Nuestros cuerpos estaban a escasos centímetros.

– Trata de dormir mientras llega Carlisle. – dijo pasando su mano helada y suave sobre mi mejilla.

Moví mi cabeza en un esfuerzo por descansarla en su pecho. Él al ver mi intención, se acercó y me rodeó con un brazo pegándome firmemente a él. De nuevo en sus brazos me dormí al instante.

Alec POV

– No…te vayas. – me pidió cuando me disponía a esperar a Carlisle en la sala.

Me acerqué a la cama y me recosté cerca de ella. El olor de su cuerpo era embriagador, era como la miel para las moscas. Ella era la miel y yo era una mosca.

– Trata de dormir mientras llega Carlisle. – acaricié su mejilla casi como un acto reflejo.

Movió su cabeza débilmente buscando recostarse en mí, por lo que la rodeé con un brazo pegándola a mi cuerpo. A esta distancia su aroma me aturdía. A los pocos segundos cayó dormida profundamente.

¿Qué tenía esta humana? Su aroma, sus ojos, su voz todo en ella me resultaba atrayente. Sentirla en mis brazos resultaba reconfortante como si ahí fuera su lugar. Su cuerpo encajaba a la perfección en mis brazos.

Acaricie sus rizos sintiendo su textura y oliendo su exquisito aroma. Acerque mi rostro al suyo, su piel se sentía suave bajo la mía. Sus labios rosados resaltaban en su cara pálida y se me hicieron irresistibles. Estaba a punto de besarla cuando oí que llegaba Carlisle, Esme y Seth, el estúpido licántropo.

La recosté con sumo cuidado en las almohadas y me pare al lado de su lecho.

– ¡Oh mi pobre niña! – se alarmó Esme al llegar y verla mal herida.

– ¿Cómo la encontraste? – preguntó Carlisle sacando instrumentos de su maletín.

– Salí a dar una vuelta y bueno, la encontré. Estaba llorando debajo de un abeto y no sé cómo se hizo lo de la pierna. – le expliqué.

– Esto es mi culpa…– sollozó Esme sin lágrimas tomando su mano.

– No es tu culpa, cariño. Lizzie fue irresponsable al internarse tanto en el bosque. – La consoló Carlisle. – Seth avísale a los demás. – le dijo al perro.

El lobo me miró por segundo y después salió de la habitación sin decir nada. Carlisle revisó la herida de Elizabeth después de aplicarle un sedante. La limpió, la cosió y le vendo el muslo quedando con una pierna desnuda y la otra con lo que quedaba de pantalón.

– ¿Cómo esta? – pregunté preocupado.

– Ha perdido mucha sangre pero la herida no es tan grave. Necesita descansar, su cuerpo estuvo a punto de colapsar por la falta de sueño y de comida. – informó.

Asentí y me dirigí a la puerta.

– Alec, – me llamó Esme. –gracias por encontrarla y traerla. Sin ella, la vida de la familia estaría incompleta.

"La mía también" pensé melancólicamente.

Al salir, me encontré con el resto de los Cullen aguardando por entrar.

– ¿Se puede pasar? – preguntó Rosalie casi rogando.

– Adelante. – le dije y entró de la mano de Emmett.

– ¿Tú… la salvaste? – inquirió Reneesme.

– Sí, algo así.

– Gracias… nunca lo pensé de ti pero igual gracias. – dicho esto entró a la habitación de Elizabeth.

Bella, Alice y Jasper me agradecieron con la mirada y siguieron a Reneesme. Edward me miró de una forma que no supe determinar.

– Ten cuidado…– habló con cautela y entró a la habitación de su sobrina.

Entré a mi cuarto y me tiré en la cama. Seguía con su olor en mi cabeza. "¿Por qué estuve a punto de besar a esa humana?" medité.

"Tú sabes por qué" me respondió mi conciencia. Y lo sabía pero no quería aceptarlo.


¡Hello! Bueno, este capítulo me gusto mucho, espero que a ustedes también. Perdón por subir hasta hoy, yo ya tenía el capítulo terminado pero no he tenido a la mano el compu. Hasta hoy pude subirlo.

Gracias por sus reviews a: minami016 , LiahDragga

Recuerden que cualquier cosa que quieran decirme presionen el botón verde :)

Hugs,

Paula