Disclaimer: The Twilight Saga, así como sus personajes, pertenencen a Stephanie Meyer. La trama es mía, así como algunos personajes :D
Between a Vampire and a Werewolf
XI. I Love You
Lizzie POV
Mi respiración se alteró y mi corazón latía desbocado. Aunque no podía distinguirlo bien, tenía una seria sospecha de quien podría ser la persona, mejor dicho, el vampiro parado en frente mío.
– ¡Elizabeth! Es un gusto volverte a ver. – habló Dimitri con fingida jovialidad. Mis sospechas eran ciertas.
Por unos segundos, el pánico se apoderó de mí. Pude ver cómo una enorme piedra empezaba a levitar, – gracias a mi telequinesis – lista para caer sobre Dimitri, como aquella vez en el bosque. Respiré en un intento por tranquilizarme. Funcionó: la enorme piedra dejó de levitar.
– Dimitri. No esperaba encontrarte por aquí; te hacía en Italia. – contesté sacando fuerzas no sé de dónde.
– Llegué hoy de Volterra, se podría decir que estoy escapado de mis maestros. – explicó con una sonrisa cínica.
– ¿Qué te trae a Forks? – pregunté nerviosa mientras Dimitri acortaba la distancia que nos separaba.
– Para ser francos…tú.
Mi cuerpo se tensionó al escuchar esa frase. Oh, oh.
– No te entiendo. – retrocedí un paso.
– Verás… la última vez dejamos algo inconcluso. Regresé para poder terminarlo, y mira que suerte tengo: te encuentro sola en el bosque, igual que la última vez. – se burló.
– No sabes a lo que te arriesgas. – dije nerviosa. Aunque mis esperanzas eran mínimas; ya no estaba en el territorio de los lobos y los tres robles estaban lejos aún.
– Puedo hacerlo parecer un asesinato.
– ¿Un asesinato dónde la victima queda sin sangre? – inquirí mordaz. – Mi familia no se lo tragara.
– O puedo sólo hacerte desaparecer. ¡Puf!, – chasqueó los dedos – no más Lizzie.
Retrocedí un paso, llena de pánico y Dimitri se acerco uno. Sin previo aviso, la enorme piedra que antes trataba de levitar, se estrelló en la cabeza de Dimitri.
– Tu telequinesis no te va a salvar. – dijo con una sonrisa malévola.
Las piernas me empezaron a temblar y el corazón se me aceleró; ahora sabía de mi don y ya nada me podría salvar. Dimitri se acercó quedando a pocos centímetros de mí.
– Que empiece el juego… ¡Corre! – y desapareció de mi vista.
Me quedé unos segundos estática, petrificada. Si corría era seguro que él me encontraría y, además, no quería ser parte de su juego. A pesar de todo, el instinto de supervivencia prevaleció y eché a correr. Mis esperanzas de vivir eran muy reducidas, pero todavía seguían ahí.
Corrí unos diez metros sin encontrarme con Dimitri, pero salió de la nada y me tomó de la cintura.
– Hueles mejor que la última vez. – susurró en mi oído y me empujó haciendo caer en mis rodillas.
– ¡Auch! – me quejé patéticamente.
Me levanté y seguí corriendo a pesar del dolor de mis rodillas y el ardor de mis manos. Miré a mi alrededor mientras corría y me di cuenta que estaba más cerca de los tres robles de lo que pensaba.
"¡Grita!" me urgió una vocecita en mi cabeza; mi instinto.
Corrí un poco más y empecé a gritar:
– ¡Alec! ¡Alec!
Dimitri llegó de nuevo por mi espalda y me agarró del cabello.
– ¿Qué haces? – preguntó desconcertado y molesto.
No respondí. Un rugido salió de su boca, me lanzó unos metros más adelante y desapareció de nuevo. Me puse en pie y seguí corriendo y llamando al único que quería que me salvara.
– ¡Alec! ¡Alec, estoy aquí!
– ¡Détente! – rugió Dimitri atravesándose en mi camino – ¡¿Qué carajos haces!? – me tomó por el cuello y me levantó del suelo.
– ¿Lizzie? – escuché la voz de Alec a lo lejos.
– Suél… tame… – le exigí con la voz cortada por el estrangulamiento.
Dimitri me miró fúrico y me soltó lanzándome contra un árbol. Empecé a toser y a tocarme el cuello; la espalda me dolía al igual que las rodillas.
– Te salvaste esta vez… pero me encargare de que no tengas esa suerte de nuevo. – me amenazó Dimitri y dicho esto, desapareció.
Me levanté, todavía tosiendo un poco y tratando de recuperar el aliento.
– ¿Lizzie? – llegó Alec.
– Alec – me enderecé para disimular lo ocurrido.
– ¿Estás bien? – preguntó sorprendido.
– Sí, estoy bien. – mentí, la tráquea me dolía.
– ¿Por qué me llamabas? – inquirió acercándose más a mí.
– Es que creí que estaba perdida. – seguí mintiendo.
– Ya veo… – su aliento rosaba mi frente – ¿Nos vamos? Tu sorpresa te espera.
Levanté la mirada y sus ojos ambarinos me hipnotizaron. Asentí con la cabeza y él tomo mi mano para iniciar el camino.
– ¿Por qué tus ojos ya no son rojos? – pregunté curiosa.
– Carlisle me prohibió mi dieta normal mientras estuviera con ustedes. Ahora caso animales. – respondió mirando la luna.
– Ya veo.
El resto del recorrido fue en silencio pero no fue incómodo, era un silencio reconfortante.
Para cuando llegamos a los tres robles mi encuentro con Dimitri estaba casi olvidado y toda mi atención se centraba en la mesa que estaba debajo de los tres robles: adornada con un hermoso mantel dorado y un florero con rosas rojas. Los sillas estaban en cada frente de la mesa y una cena para uno estaba servida.
– ¿La cena es para mí? – pregunté asombrada.
– Es para los dos, pero sólo tú vas a comer.
Lo miré de nuevo a los ojos y su mirada derritió cualquier pensamiento que no fuera él.
Nos sentamos y empezó la "cena para uno que come y otro que no". La comida era crepe de pollo y champiñones, acompañado con vino de cereza.
– ¿Cocinas? – pregunté divertida.
– En realidad, lo compré. – Admitió sonriendo – Pero siempre puedo aprender.
– Seguro. – contesté perdiéndome en su mirada.
El resto de la cena la pasamos hablando de nosotros y de nuestros gustos. Alec amaba el rock al igual que yo, a ambos nos gustaba leer, él tocaba el violín y yo el piano…
– ¿Dónde compraste la cena? Tengo que ir algún día a ese restaurante. – dije cuando termine de comer.
– Algún día te llevare. – respondió Alec acercándose a mi rostro.
Su halito empezó a dificultar mi capacidad mental y sus ojos ambarinos me hipnotizaron, al punto de dejarme sin habla.
– Ven. – me extendió su mano.
Yo la tome y Alec me guió hacia donde las nubes permitían ver mejor la luna.
– La luna se ve muy hermosa desde aquí. – comenté.
– No más que tú. – dijo Alec en mi oído.
Reí nerviosamente. Alec hizo que girara hacia él y lo encarara. Sus ojos ambarinos tenían una extraña expresión.
– Te compré algo… – su voz sonaba como la de un ángel.
– ¿Sí? – susurré.
– Ten. – me tomó una mano y puso en ella una cajita de color azul oscuro.
Bajé la mirada para abrir la cajita. Dentro de ella se encontraba un relicario de oro en forma de corazón y tenía una inscripción:
"Para que siempre me recuerdes.
Te amo,
Alec"
Mis ojos se llenaron de lágrimas al leer lo que decía. Alec me amaba. ¡Alec me amaba! Mi corazón empezó a latir disparado y las mariposas en mi estomago comenzaron a revolotear incesantemente; seguía sin poder creerlo, tenía que cerciorarme.
– ¿Tú…tú… me amas? – susurré con la voz entrecortada.
– Aunque suene imposible y enfermizo, sí. Eres la única mujer en toda mi existencia que ha logrado llegarme de esta forma, eres la única a la que he amado de esta manera. Sin ti, estoy seguro que mi existencia se tornaría más oscura y vil; mi esencia la perdería totalmente.
Eli, tú has logrado hacer renacer al hombre que hay en mí. Tú me salvaste de seguir viviendo como cruel monstro.
Las palabras de Alec me enternecieron totalmente. Mi imposible no era tal cosa. Él me amaba como yo a él y nada cambiaría eso.
Alec POV
– ¿Eli? – susurré pasando mi mano por su cintura en un intento de acercarla a mí.
– ¿Sí? – sus ojos grises estaban con lágrimas en las comisuras. Me dolía verla así.
– ¿Por qué lloras? – pregunté presa del pánico.
¿Y si todo esto sólo la incomodaba? ¿Y si todo fue para nada?
– Es que… es que… tú. – hizo una pausa y continuo. – Alec…yo… también te amo. – anunció con los ojos cerrados.
Sentí como mi muerto corazón se hincho de alegría y mi alma, que creía pérdida, renació con esas palabras. Liz me quería, y no sólo eso: Me amaba.
Tomé su cara entre mis manos y acerque nuestros rostros.
– Te amo… – murmuré en sus labios y la besé.
Al principio, fue un beso lento y tierno, pero después se tornó apasionado. Mis dos manos la tenían aferrada por la cintura y soldada a mi cuerpo. Sus brazos estaban enroscados en mi cuello.
Nos separamos cuando Lizzie necesito oxígeno de nuevo.
– Hoy me levanté preparada para todo, menos para esto. – dijo riendo suavemente.
– Yo tampoco me lo esperaba.
Nos tomamos de la mano y nos sentamos debajo de uno de los tres robles.
– ¿Qué vamos a hacer ahora? – preguntó Eli recostada en mi pecho.
– ¿Hacer de qué? – inquirí mientras la rodeaba con los brazos.
– ¿Qué le vamos a decir a mi familia?
– La verdad. – contesté mirándola a los ojos.
– Si estas a mi lado, puedo enfrentarlo. – dijo Lizzie hiponizándome con sus ojos grisáceos.
– Siempre estaré junto a ti. – le prometí.
Estuvimos un largo tiempo mirando la luna en silencio.
– Alec…
– ¿Sí? – la besé en la frente.
– ¿Qué edad tienes? – susurró cautelosa.
– Supongo que tienes que saberlo. – la tranquilicé.
Eli me miró expectante
– Nací en Florencia, en 1.633. – hice una pausa y Lizzie me sonrió para que continuara. – Mi hermana y yo éramos de una familia rica y poderosa, teníamos el mundo a nuestros pies. Nuestro padre era Giuseppe Lorenzetti, un respetado mercader.
Todo el mundo lo respetaba y admiraba, pero también le envidiaban. Mi madre Martina, era una mujer hermosa e inteligente pero la gente decía que era bruja; llegué a la conclusión que lo decían para crearle mala fama.
Cuando Jane y yo cumplimos dieciséis años, mi padre hizo una gran fiesta. Asistió la alta sociedad florentina y algunos amigos de otros países. Para nuestra desgracia, los enemigos de mi padre habían planeado acusar formalmente a mi mamá de bruja en nuestra fiesta. Cuando dieron las doce de la noche llegó una multitud enfurecida a llevarse a mi madre.
Por la tensión del momento, los poderes de Jane salieron a flote, cosa que nunca habían hecho ya que nosotros éramos muy felices. Los que venían por mi madre empezaron retorcerse de dolor, entonces otros hombres fueron a apresar a Jane.
"– ¡La niña también es bruja! "– gritaron antes de ir por Jane, algo que yo no iba a permitir.
Los privé de sus sentidos, y los otros miembros de la muchedumbre, se dieron cuenta, y vinieron por mí. A Jane y a mí nos obligaron a ver cómo moría mamá y a mi padre lo obligaron a ver cómo moríamos nosotros antes de ser enviado a prisión.
Cuando estábamos en la hoguera, pude divisar en la plaza un grupo de capas negras que se fueron acercando. El humo del fuego terminó por ahogarme y me desmallé. Me desperté sintiendo que me quemaba y pensé que ese era el fin. Gritaba y gritaba que me mataran ya, pero el fuego seguía. No sé cuánto tiempo duró la transformación, pero de un momento a otro, empezó a mitigarse el fuego hasta extinguirse.
Jane despertó primero que yo en ésta nueva vida y me explicó todo lo ocurrido cuando yo desperté: Aro y la guardia nos habían rescatado de la hoguera.
La cara de Lizzie era de comprensión; tal vez trataba de entender mi dolor y hacerlo suyo.
– Lizzie no tienes que tratar de entenderlo, eso ya pasó y ahora sólo me importa mi presente: tú. – puntualicé mientras le acariciaba la mejilla con el dorso de mi mano.
– ¿Cómo sabías lo que estaba pensando? No me digas que ahora resulta que también puedes leer mentes. – dijo mientras ponía su mano sobre la que yo tenía en su mejilla.
– Tus ojos siempre me dicen lo que tú estás pensando.
– Parece que tendré que usar lentes de sol. – bromeó.
Tomé su cara entre mis manos y dije:
– Nunca me prives de la luz de tus ojos.
La sangre subió a sus mejillas y ruborizada se veía totalmente adorable. Acerqué su rostro al mío y la besé.
Mientras nos besábamos igual o tal vez más apasionados que la primera vez, nos interrumpió el celular de Lizzie.
– Maldito aparato. – maldijo mientras lo buscaba en el bolsillo del pantalón. – Oh, oh. – se alarmó cuando vio el quién llamaba.
– ¿Quién es? – pregunté divertido.
– Hola Sethy. – contestó Eli.
Mi anterior diversión fue cambiada por la misma rabia que sentía por ese perro del demonio. Lizzie me miró angustiada.
¡I love this chapter!
:)
