Disclaimer: The Twilight Saga, así como sus personajes, pertenencen a Stephanie Meyer. La trama es mía, así como algunos personajes :D
Between a Vampire and a Werewolf
XIV. Problemas en el Paraíso
Lizzie POV
– Oh, oh. – fue la respuesta de Alice y sus respuestas nunca eran así.
Sin previo aviso, la puerta de mi cuarto se abrió mi padre entró furioso como nunca lo había visto.
– ¡¿Cómo te atreviste pedazo de idiota? – le gritó a Alec mientras se abalanzaba sobre él.
Todo pasó tan rápido que me costó trabajo verlo con claridad. Mi papá estaba sobre Alec dándole la golpiza de su vida, y aunque no me preocupaba la resistencia de mi novio ya que a un vampiro los golpes no le afectan aunque si le duelen, necesitaba que dejaran de pelear.
– ¡Alice haz algo! – pedí presa del pánico, Alec no se estaba defendiendo.
– No deberías preocuparte por esta tonta peleíta, hay algo más… – respondió Alice muy seria para mi gusto.
– ¡Emmett détente! – gritó mi madre al entrar.
– Basta – dijo Edward y separó a mi padre de Alec.
– ¡Eres un estúpido! ¡Como se te ocurre enamorarte de mi hija! – gritó mi padre furioso tratando se zafarse del agarre de Edward.
– ¿Qué estás diciendo? – preguntó mi madre asombrada.
Sentí las miradas de todos en la habitación cuando ayude a Alec a levantarse del suelo y tomé una de sus manos. Miré al suelo unos segundos, tomando fuerzas, finalmente levante la mirada. La cara de estupefacción de todos, excepto Alice, no era suficiente para derrumbar mi determinación: lucharía por Alec contra todo y contra todos.
– No es tan grave como todos están pensando… – empezó a decir Alice.
– Alice… ¿Lo sabías? – la interrumpió mi madre sin dejar de mirarme.
– Hace una semana. Rosalie, confía en mí, no tienes de que preocuparte. – afirmó Alice mientras me dirigía una pequeña mirada de apoyo.
Alec que había permanecido en silencio, habló:
– Emmett, – el aludido lo miró serio – yo no tenía ningún derecho a enmaromarme de Liz, pero lo hice. Sé que no la merezco, y es algo con lo que tendré que vivir el resto de mi existencia, pero la amo como nunca he amado a nadie.
Mis padres nos miraban asombrados. Por sus expresiones supe que iba a salir bien librada de esto, pero una duda caló en mí: ¿Cómo se había enterado mi padre? Iba a preguntar cuando me interrumpieron:
– No es el momento. – dijo Edward mirándome.
Asentí con la cabeza.
– Mira, yo no soy muy bueno expresando lo que siento, y en este momento se me dificulta mucho, porque se trata de mi niña – sentí el color en mis mejillas – pero veo que eres sincero y que en realidad la amas. – mi padre sujetaba a mamá por la cintura y se me hizo un nudo en la garganta al verlos así.
– Gracias. – fue lo único que pude decir mientras sostenía más fuerte la mano de Alec.
– Sólo… cuídala. – habló suavemente mi madre y salió de la habitación seguida por mi padre.
Respiré aliviada cuando vi que todo se había solucionado, por lo menos con mi familia; las cosas con Seth además de ir mal no las podía pasar por alto.
– Lizzie hay algo que debes saber. – informó Edward después de que mis padres salieron.
Lo miré expectante.
– Emmett se enteró de lo tuyo con Alec porque… – hizo una pausa y presentí que lo que venía no iba a ser bueno – Seth vino a decirle.
Enterarme de lo que había hecho Seth era como una bofetada. Mi mejor amigo me había traicionado. A pesar de todo no lo podía culpar, Seth estaba herido y se debía sentir más traicionado que yo en estos momentos, tal vez era lo justo.
– No es lo que estas pensando Alec… – habló Edward mirando seriamente a Alec.
Me giré apara observarlo y su expresión me desconcertó: su mirada no tenía ese brillo especial que tanto me gustaba y miraba a Edward, como si estuvieran teniendo una conversación mental.
– ¿Sigue aquí? – pregunté por Seth.
– Está en la cocina. – respondió Alice un poco más relajada.
Miré a Alec que me miró incómodo.
– Voy a hablar con él. – me miró serio y salió de la habitación.
Baje a la cocina y Seth estaba sentado mirando sus manos, lo conocía lo bastante para saber que estaba hecho un mar de nervios. Verlo de esta forma me hizo sentirme culpable, él me delató porque estaba con el corazón roto.
– Hola. – logré articular.
– Hey. – se giró y me miró.
Guardamos silencio un momento.
– Lo siento. – las palabras salieron de su boca con mucho dolor.
– Lo siento también, no quería que te enteraras a así. Seth yo – tenía que decir las cosas bien si no quería perder su amistad para siempre – te quiero como un hermano, sólo como eso. No quiero perder tu amistad, pero entendería que te alejaras de mí.
– No quiero alejarme de ti, aunque eso suponga que te tenga que ver con esa sanguijuela. Te quiero en mi vida; así, tal vez un día te vea como te veía antes, como mi mejor amiga.
Sonreí melancólica, recordar aquellos días en que éramos inseparables, que éramos como hermanos, me ponía nostálgica. Una lágrima resbalo por mi mejilla y Seth la limpio con su mano.
– Sólo te pido que me tengas paciencia, no puedo asimilar esto muy bien. – pidió tomando mi mano entre las suyas.
– Toda la que necesites. – le besé la frente.
Seth sonrió a medias y me besó el dorso de la mano. Acto seguido, salió por la puerta de la cocina perdiéndose en la espesura de noche. Suspiré, no era la reconciliación que esperaba pero era lo único que podía recibir de Seth, por lo menos por ahora.
Miré el reloj de la cocina: eran las 11:30pm. Nessie aún no iba a llegar; tendría que esperar a mañana para enterarse de todo lo ocurrido hoy. Recordé a Alec y subí las escaleras como alma que lleva el diablo, con el corazón lleno de júbilo.
– Toc, toc. – entré al cuarto de Alec.
Él estaba mirando por el gran ventanal de la habitación, pensativo.
– Ya hablé con Seth. – anuncié mientras lo abrazaba por la espalda.
– ¿A sí? – preguntó girándose para encararme.
Su mirada tenía mil emociones mezcladas pero la que más destacaba era la preocupación, no por Seth, por mí.
– Supongo que quedamos como amigos. – respondí con una sonrisa.
Alec me miró aliviado y tomo mi rostro en sus manos, su aliento era frío sobre mis labios.
– ¿Y nosotros cómo quedamos? – preguntó mirándome directamente a los ojos.
Estábamos iluminados por la luz de la luna y los ojos ambarinos de Alec lucían hipnotizantes, totalmente atrayentes.
– No sé – bromeé – dímelo tú…
Alec sonrió y acortó la distancia de nuestros labios. Ese beso fue diferente, me sentía completa con ese beso, como si no importara nada más, como si me encontrara en mi paraíso particular y no podría ser con nadie más que no fuera Alec.
Cuando mi cuerpo necesito oxígeno, nos separamos. Aunque toda mi vida me sentí feliz, con mi familia y mis amigos, ahora me sentía más que feliz, me sentía completa.
Alec POV
– Ya es tarde. – le dije a Liz después de besarla.
A pesar de que nunca había sentido atraído hacia una mujer o interesado en el amor, ahora pensaba que sin Eli, sin mi mujer, no podría seguir existiendo.
– ¿Tarde para qué? – preguntó Lizzie.
– Para ti. Ven, te acompaño a tu cuarto. Mañana será un nuevo día y veremos qué hacer. – sonreí. Tenía todo el tiempo del mundo para compartir con Liz y nadie nos lo impediría; y muy a mi pesar, ahora no tendríamos que esconderlo más, y todo gracias al perro.
Lizzie me regaló una despampanante sonrisa mientras tomaba mi mano y salía hacia la habitación del lado. Cuando Liz estuvo metida en su cama, me dispuse a irme para dejarla dormir.
– Que descanses. – besé su frente.
– No te vayas. – pidió ella agarrando mi mano.
– Si tu padre me encuentra aquí no va a estar muy contento. – sonreí.
– No tiene por qué enterarse. – me jaló hacia ella.
Al final, no me resistí y yo terminé acostado por encima de sus cobijas con Lizzie en mis brazos.
– Te amo. – susurró.
Besé su frente.
– Y yo a ti. – bostezó una vez más y cerró sus ojos. Después de unos segundos su respiración se volvió más pausada y supe que se había dormido.
Verla dormir en mis brazos, como la vez que la rescaté en el bosque, me traía paz, me hacía feliz.
Habían pasado casi dos meses desde que Liz y yo éramos novios, habían sido los mejores meses de toda mi existencia. Por petición de Eli, me tocaba tolerar las visitas del perro, ella sabía que no le tenía confianza a ese perro pero por ella haría lo que fuera.
Hoy daríamos un paseo en el bosque, necesitamos nuestro tiempo a solas porque últimamente nos la pasamos con Jacob y Nessie, como en una cita doble.
– ¿Lista? – pregunté entrando al cuarto de Liz.
– Sí. – Respondió con una sonrisa – Vamos.
Estábamos saliendo por la puerta de atrás de la cocina, cuando una voz detrás de nosotros nos detuvo.
– ¿A dónde creen que van los dos tortolos? – preguntó Jasper.
– A dar un paseo. – contestó Liz tranquilamente.
– Solos. – enfaticé la palabra.
– Ya lo sabía. – contestó Jasper a mi afirmación.
Jasper se había convertido en una especie de mejor amigo para mí. Él era un gran consejero para alguien tan inexperto en el amor como yo, además de que compartíamos gustos similares. Aunque toda la familia me había aceptado (incluso Emmett y Rosalie), Jasper era el único que no veía como el novio de Liz, él me veía como un amigo.
– Diviértanse. – nos deseo Jasper y paso a la sala para echarse a ver televisión.
Liz y yo, finalmente, salimos hacia el bosque. Llegamos al claro donde la encontré aquella vez malherida, se había convertido en nuestro lugar.
– Hace buen clima hoy. – apunté, ya que el cielo estaba totalmente despejado, algo raro en Forks.
– Sí… – Liz miraba un punto distante del prado, se comportaba distraída, igual como se había comportado toda la semana.
– Muy bien, Lizzie. ¿Qué te pasa? – pregunté haciendo que me mirara. Estábamos sentados debajo del abeto de aquella vez, yo tenía a Lizzie recostada en mi pecho.
– No es nada. – dijo sin mirarme.
– No rehúyas mi mirada, algo te sucede. – ella sabía que yo podía saber que pensaba solo con mirarla.
– Alec – se giró a verme –lo que se sucede es… yo siento que… – ¿Por qué se trababa? Respiró profundamente y prosiguió – Alec, ¿qué pasa si tus maestros se enteran de lo nuestro? – pude ver el miedo en sus ojos color plata.
Ya había meditado mucho eso. La solución era muy simple: volvería a Volterra en unas cuantas semanas, mientras antes mejor, reportaría la conclusión de mi misión (que Reneesme no era peligrosa) y esperaría un tiempo prudencial para renunciar a la guardia.
Jane, ella era la única que no había incluido en mi plan, no porque no me importara, sino porque no sabía cómo. Algo se me ocurriría antes de mi regreso a Volterra. Era de lo más simple, sin exponer a los Cullen ni mucho menos a Liz.
– ¿Y bien? – inquirió Liz ante mi silencio.
Le conté resumidamente mi plan.
– ¿Y Jane? – Lizzie sabía que yo amaba a mi hermana.
– Ya pensaré en algo. – Besé su frente – No te preocupes, no permitiré que nada te pase.
Lizzie sonrió a medias, algo me ocultaba. La apreté contra mi pecho y desee estar imaginando esa mirada preocupada.
– Ya sé que te puede alegrar – dije como un niño que esconde una sorpresa – espérame aquí.
La deje en el abeto y corrí a velocidad inhumana hacia un lugar cerca a la montaña. Allí había descubierto un rosal de rosas rojas, la flor favorita de Eli. Venía de vez en cuando para cortar unas para ella, eso siempre le sacaba esa sonrisa que yo tanto amaba.
Regresé igual de rápido, con las rosas en mis manos, pero no encontré a Liz. La busque con la mirada por el claro y no estaba. Instantáneamente solté las rosas y comencé a llamarla.
– ¿Lizzie?
No hubo respuesta.
– ¿Liz?
Nada.
Opté por olfatearla. Para mi desgracia, su olor estaba mezclado con el olor de su sangre. Angustiado emprendí la búsqueda de Liz por el bosque. Mientras la buscaba un grito desgarrador me hizo parar en seco.
– ¡Alec! – era Lizzie.
Corrí lo más rápido que pude al lugar donde provenía la voz de Lizzie y lo que vi me dejo pasmado. Lizzie estaba de pie mirándome con los ojos llenos de lágrimas, lucía bastante golpeada y tenía un brazo sangrando profusamente.
– ¿Qué ocurrió? – pregunté mientras tomaba su lacerado rostro en mis manos.
Se limito a echarse a llorar en mi pecho, mientras su brazo seguía sangrando. A unos cuantos metros pude ver un cuchillo que relucía el rojo de la sangre de Liz. Alguien le había hecho daño y yo lo haría pagar por su fechoría; un sentimiento de odio hacia su agresor empezó a crecer en mi pecho, apreté a Liz contra mi pecho y bese su coronilla. Su agresor no sobreviviría esta noche, de eso me encargaría yo.
– ¿Alec? – Lizzie levantó su rostro al mío. – no lo busques.
Sabía a quién se refería.
– ¿Qué no lo busque?... – enarqué una ceja – ¡¿Qué no lo busqué? ¡¿Crees que voy a dejarlo vivo después de lo que te hizo? ¡¿Por qué no habría de buscarlo? – grité furioso.
– Porque ya debe ir camino a Italia.
Hello!
Sé que merezco su odio eterno por no actualizar en tanto tiempo, y aunque mi excusa suene trillada, es la verdad: el cole consumió todo mi tiempo. Pero ahora estoy en vacas y prometó compensarlas y empiezó por este cap que trate de hacer algo más largo para compensarlas :DD
Gracias por sus reviews a: LiahDragga , alele22 y a
- MelxCullenxHale: Me alegra saber que estas de vuelta ;)
