Disclaimer: The Twilight Saga, así como sus personajes, pertenencen a Stephanie Meyer. La trama es mía, así como algunos personajes :D


Between a Vampire and a Werewolf

XX. Indifference

Lizzie POV

Esto no era posible, era físicamente imposible.

– Has lo que quieras conmigo, pero déjala ir…

– No creo que sea posible. – habló Félix con voz fría.

No soporte más y les di la espalda, ver aquella pareja me producía demasiado sentimientos encontrados, me recordaba a tantas cosas. A pesar de que me alejé bastante, mi desarrollado oído aún podía escucharlos.

– Por…por f…fa…favor – tartamudeó la chica – Pu…pue… pueden con…convertirme.

Giré mi cabeza bruscamente hacia la casa que había dejado atrás. Regresé lo más rápido que pude y ya que era una neófita, sólo me tomo unos segundos.

– ¿Qué estás diciendo? – pregunté en el mismo tono que Félix, había aprendido a imitar esa clase de voz glacial.

La chica me miró presa del miedo y no la culpaba, tenía razones de sobra para estar tan asustada. Hace más de seis meses que era una Vulturi y, por alguna razón, era una de las de más rango, como si estuviera reemplazando a…

– ¿Quieres ser convertida? – pregunté mirándola directamente a los ojos.

– S…s…sí. – alcanzó a responder la chica de cabellos negros.

Miré a Jane con cara suplicante.

– Félix, vigílalos. – Jane me tomó de la mano y me guió lejos de la casa, para que el vampiro de cabello caoba no alcanzara a oírnos.

– Se supone que eres una Vulturi, no está entre tus funciones ser tan compasiva. – dijo recostándose de un árbol.

– No podemos matarlos.

– ¿Por qué no? Ese vampiro le rebeló a esa humana de nuestra existencia, eso es un buen motivo para que tu telequinesis y tú lo hagan pedazos.

Puse los ojos en blanco.

– Jane, están enamorados. – Me excusé – Para mí, es un buen motivo para salir bien librados de esto.

– Ella no puede seguir siendo humana. – objetó.

– No tiene que seguir siéndolo, ella quiere ser convertida.

Los ojos carmesí de Jane eran serios, pero había a aprendido a conocerla lo suficiente para saber que comenzaba a ceder.

– Te podrá sonar ridículo, pero desde que Edward y Bella estuvieron por última vez en Volterra, nos hemos encontrado con varios casos más de un vampiro enamorado de una humana o de una vampira enamorada de un humano.

Abrí mis ojos sorprendida. Era una perspectiva muy romántica desde mi punto de vista, pero para los Vulturi debía ser una completa molestia. De hecho, dudaba que muchas de esas parejas hubieran tenido un final feliz.

Jane pareció leer mi mirada:

– Sí, muchos no tuvieron el final que tuvieron Edward y Bella.

Suspiré.

– Jane, por favor. Convierte a la chica. Podrías consolarte sabiendo que el vampiro de cabello caoba no quiere convertirla y será infeliz por siempre sabiendo que la mujer que ama está "maldita". – hice comillas con mis dedos a la última palabra.

Jane soltó una carcajada con deje sarcástico. Pareció meditar mis palabras un momento.

– Supongo que puedes llegar, poner tu mejor cara malvada – soltó una carcajada – y decir nuestra decisión. Y sin esperar a que nadie reaccione, morderé a la chica. Pero eso sí, tú quedas encargada de vigilar que la terminé la transformación.

– Muy bien. – sonreí.

Corrimos de vuelta a la casa donde aguardaban el veredicto. Al llegar, el vampiro de cabellos color caoba tenía a su amada humana en brazos, con la cabeza de ella recostada en su pecho. Ambos estaban sentados en una esquina vigilados por Félix.

– Hemos tomado una decisión. – anuncié con la voz más fría que tenía.

La chica me miró fijamente con sus ojos color avellana, pude ver la determinación que tenía, ella no dejaría que la separaran de él. Un nudo se hizo en mi garganta: a mí sí me habían podido separar de… No podía pensar si quiera en su nombre, hacerlo me desgarraba por dentro.

Tomé un profundo respiro, a pesar de que no necesitaba oxígeno.

– Serás convertida. – traté de sonar indiferente, que no se escuchara en mi tono de voz lo mucho que me aliviaba que ambos se salvaran.

– ¡No! – El vampiro de cabello marrón se levantó de donde estaba sentado – ¡No pueden hacerle esto!

Lo miré sorprendida, no me esperaba que él de verdad no quisiera esta clase de vida para ella.

– No es algo que puedas evitar. – el tono de Jane era cortante.

En un movimiento rápido, casi invisible para los ojos humanos, el vampiro se poso delante de la humana de modo protector.

– Como si con eso pudieras evitarlo. – habló Félix de forma arrogante.

El vampiro se abalanzó sobre nosotros, aunque no pudo llegar muy lejos. Con mi telequinesis lo detuve y lo elevé por los aires. Se removió inquieto, tratando de bajar.

– Ahora Jane. – dije sin dejar de mirar al vampiro que trataba de liberarse.

A velocidad vampírica Jane tomó a la humana en brazos y la mordió en el cuello.

– ¡Dana! – gritó el vampiro de cabello caoba.

La humana ni siquiera grito, se limitó a dejarse caer en el suelo cuando Jane la soltó.

– Samuel… – susurró con dificultad la humana.

Bajé al vampiro, que instantáneamente corrió hacia ella.

– Elizabeth vendrá todos los días a vigilar que la transformación se complete. – anunció Jane con ese tono que, si fuera humana, me habría erizado los pelos de la nuca.

Samuel me dirigió una mirada envenenada mientras llevaba a su humana al único cuarto que tenía esa casa en medio del bosque.

Me acerqué al improvisado lecho en el que ahora se quemaba Dana.

– Yo… – dejé la frase inconclusa.

– ¿Te puedes largar? – me espetó Samuel mirándome con rabia.

Lo miré ceñuda y me giré para irme.

– Me alegro que no los separaran. – dije sin mirarlos y salí de la casa.

Félix y Jane me estaban esperando afuera para irnos.

Corrimos todo el camino en silencio hasta París. Esa misión nos había llevado hasta Francia, a veces ser una Vulturi tenía sus ventajas; gracias a eso, había conocido la mitad de Europa. La carrera me reconfortó, me hizo sentir libre, aunque, en realidad, no lo era.

Estaba condena a una existencia en la guardia, pero lo peor de todo era una sin él y sin mi familia. Recordé de pronto a Samuel y a Dana: puede que él no estuviera contento con nuestra decisión, por lo menos estaría al lado de Dana para siempre. Eso era algo que yo no podría hacer, no podría estar a su lado…

Llegamos al hotel en el que nos hospedábamos, era de noche, por lo que pudimos entrar sin problema por la puerta principal. Subimos a nuestra habitación a simular que pasábamos la noche ahí, en realidad, a simular que dormíamos.

– No sé por qué eres tan blanda. – me reclamó Félix sentado viendo televisión un rato después.

– No soy blanda. – dije sin levantar la vista de mi libro.

– ¡Claro que sí! – Escuché que se levantó del sillón – Tratas de salvar siempre a los que juzgamos, te derrites cuando vez algún romance… Apuesto a que si juzgáramos a una camada de cachorros no dudarías en salvarlos.

Jane soltó una risita tonta desde donde estaba sentada, con su portátil en las piernas.

– Espero que nunca tengamos que juzgar a una camada de perritos, – miré a Félix con fingida preocupación – se me partiría el alma.

Jane estalló en carcajadas mientras Félix bajo su cabeza a mi altura.

– ¿Te crees muy chistosita, no? – vi claramente sus intenciones y antes de que me alzara en vilo yo hice lo mismo, pero con mi telequinesis.

Las carcajadas de Jane se hicieron más fuertes, mientras se agarraba el estomago.

– ¡Bájame enana! – gritó Félix a dos metros del suelo.

"Enana…" Un atisbo de mi anterior vida vino como un golpe en la cara. Jacob me llamaba así, traté de recordar su cara con mayor claridad pero seguía viéndola borrosa. Dejé a Félix en el suelo con suavidad.

Iba a decir algo, pero al ver mi expresión se lo calló. Jane paró abruptamente de reírse al verme y se acercó.

– Félix y yo te prometimos que íbamos a encontrar una solución y lo haremos. – me consoló Jane.

Sonreí a medias, eso me parecía una posibilidad tan lejana.

El resto de la semana estuvimos visitando París, aunque de noche. Fuimos de compras, Jane decía que se había cansado de verme con la misma ropa. Por las mañanas escapaba del hotel, sin que nadie me viera, para poder ir a controlar la transformación de Dana. El primer día que fui, Samuel se mostró tosco y grosero, aunque no lo culpaba.

Pero las siguientes dos veces se mostró más amable ya sea porque se dio cuenta que yo había intercedido por ellos o porque Dana ya casi acaba de sufrir la transformación. El último día, me quede hasta que Dana despertó.

– ¿Dana? – la llamó Samuel sosteniendo su mano.

Lentamente, ella abrió sus ojos y lo miró sorprendida.

– ¿Samuel? – habló con voz cantarina.

Sus ojos se abrieron con sorpresa al escuchar su voz por primera vez.

– Supongo que ya no son requeridos mis servicios. – dije mirando cómo se abrazaban.

Me dirigí hacia la puerta pero un brazo me detuvo.

– ¿Eres Lizzie, verdad? – preguntó Dana.

Asentí con la cabeza.

– Quería agradecerte, sé que tú nos salvaste. No sé porque un Vulturi lo haría, pero tú pareces diferente a los otros dos, pareces… buena.

Sonreí y salí finalmente.

El vuelo a Florencia se me hizo rápido y mi rápida conducción nos permitió llegar a Volterra en tiempo record. Mientras estacionaba el convertible rojo – Los Vulturi tenían un estacionamiento secreto para una gran colección de autos – en el que nos transportamos recordé a mi madre y a mis tíos: ella, Edward y Jasper e incluso mi papá amarían un auto como este.

Entramos al castillo y nos encontramos con un gran revuelo. Toda la guardia esperaba impaciente afuera de la sala de reuniones.

– ¿Qué sucede? – le preguntó Félix a Gianna.

– Ha vuelto.

– ¿Quién? – la voz de Jane dejaba ver su nerviosismo.

– Alec. – contestó Gianna.

Sentí que el suelo se tambaleaba… ¿o era yo? ¡¿Alec estaba en Volterra? A pesar de mi piel dura como roca y fría como cristal, me sentí de gelatina. ¿Por qué Alec estaba en Volterra? Todos estos seis meses se irían a la basura si los Vulturi descubrían la verdad, todo mi sufrimiento sería para nada y peor aún, sufriría más por la ejecución de la sentencia de Alec: la muerte.

Sería capaz de enfrentarme a toda la guardia si era necesario con tal de salvarlo e incluso contando con Jane y Félix de mi lado, sabía que no ganaría. Mi corazón se estrujó con fuerza al pensar en una existencia sin Alec. Yo podía soportar una eternidad sin él pero sabiendo que estaba a salvo. En cambio, una existencia siendo consciente de que él había muerto, que jamás lo volvería a ver, simplemente merecía mi muerte. Todo sería una completa agonía.

Los minutos pasaban y yo me volvía más impaciente. Podría haber agujerado el suelo con mi ir y venir. Para distraerme un poco, fui a mi habitación y traje mi ipod. Me senté en la elegante sala de espera (un sofá en L y dos sillones, todos de cuero negro, que contrastaba con el color de las paredes antiguas del castillo) y puse el aleatorio de Simple Plan, con el volumen al máximo.

– ¿Por qué crees que está aquí? – inquirió Jane nerviosa, sentándose a mi lado.

Suspiré.

– No lo sé. – respondí en un susurró inaudible para un humano.

Estaba impaciente.

– ¿Quieres quedarte quieta? Me pones nerviosa con ese movimiento de piernas.

Sonreí a medias. Moverme incesantemente las piernas era una costumbre muy propia de mí desde que era una niña.

– Lo siento. – dije deteniendo el movimiento.

Al cabo de una hora, una larga y angustiosa, la puerta se abrió. Si mi corazón aún hubiese latido estaría disparado. Apagué el ipod y esperé. Nadie salía, era como si el tiempo estuviese pasando más lento, otro segundo más y entraría a la sala a ver qué pasaba.

Al fin salió Demetri, me dirigió una sonrisa arrogante y se perdió por el pasillo. Le siguieron Aro, Cayo y Marco, todos ni se giraron a mirarme. El último en salir fue Alec. Su cabello castaño estaba alborotado, perfecto, sus labios eran una línea recta y miraba fijamente al suelo, como queriendo evitar cruzar su mirada con algo… o alguien.

Sin embargo, la opresión en mi pecho, esa que me hacía querer regresar a Forks por él y esa que me había hecho la existencia miserable, se esfumó. Con sólo eso, con sólo verlo. Mis recuerdos humanos no le hacían justicia a Alec: él era perfecto en toda la extensión de la palabra. Su fuerte pecho se marcaba debajo de su camiseta negra, tenía las manos crispadas en puños y su andar era inseguro, no como si temiera algo, sino con menos garbo de lo que recordaba borrosamente, era como si estuviera indeciso.

Si mis manos pudieran sudar, estarían empapadas, Alec se estaba acercando hacia donde Jane y yo estábamos sentadas. Se detuvo a poco menos de un metro de nosotras y levantó su rostro. Tuve que ahogar un grito, sus ojos no eran color miel por haber seguido la dieta de mi familia, eran rojo carmesí. Su expresión se me antojaba distante, al igual que su mirada, era como si estuviera a miles de kilómetros de mí.

– Hola Jane. – saludó con voz glacial a su hermana.

Aunque no era muy propio de Jane, se lanzó a los brazos de Alec.

– ¡Alec!

Él sonrió imperceptiblemente, casi una mueca y le devolvió el abrazo.

– ¡Qué bueno verte! – sonrió Jane zafándose de su abrazo.

Yo seguía sentada, sin poder mover un solo músculo. Mirándolo embelesada. Jane me miró incómoda, Alec no se percataba de mi presencia.

– Alec… – habló con cautela Jane – ¿No vas a saludar a Liz?

Su cuerpo giró en mi dirección. Sus ojos me miraron sin ninguna emoción, como si fuera una desconocida.

– Oh, por supuesto. Hola, Elizabeth. – su tono despedazó mi muerto corazón.

– H… Hola Alec. – balbuceé torpemente.

Un silencio sepulcral se hizo presente. No soporte más su indiferencia y corrí a mi habitación. Lloré sin lágrimas sobre mi innecesaria almohada, sentía que el corazón se me iba a salir del pecho, no porque latiera, sino porque el dolor era muy fuerte. La horrible opresión regresó y me hizo sentir miserable y sola.

Alec había dejado de amarme y, aunque yo lo siguiera queriendo y deseando con todas mis fuerzas, ya no era correspondida. No podía imaginar una tortura peor que esta. Sólo quería que la pena me consumiera, ¿qué sentido tenía seguir existiendo?

Alec POV

Sus ojos. Sus ojos era lo que más ansioso estaba por ver. Su hermoso color gris se había esfumado hace tiempo, sin embargo, su mirada era lo que necesitaba para cumplir esto, sólo con su mirada sería capaz de aguantar.

Salí cabizbajo de la sala de reuniones, tenía que sacar fuerzas para no arrojarme a sus pies. Respiré profundamente y levanté la cara. Ahí estaba, hermosa en la eternidad como lo era humana: su cabello castaño claro caía en perfectos rizos, su piel pálida como el mármol le daba un toque angelical, sus labios carnosos estaban serios al verme y sus ojos… eran color topacio rojizo, más rojo que topacio pero con un ligero toque anaranjado, (era obvio que no consumía sangre humana) pero miraron como siempre lo hacían y saber que ahora mi mirada no dejaba ver mis verdaderos sentimientos era doloroso, la heriría.

– Hola Jane. – saludé con mi antigua voz fría.

– ¡Alec! – se lanzó mi hermana a abrazarme

Sonreí al ver lo mucho que ella había influido en mi hermana, al igual como lo había hecho en mí.

– ¡Qué bueno verte! – sonrió Jane zafándose de nuestro abrazo.

No se movía, estaba esperando a que la viera, que si acaso la determinara.

« Sé fuerte por ella.» me repetí.

– Alec… – habló Jane – ¿No vas a saludar a Liz?

Me giré lo más lento que pude, como si lo hiciera sólo por educación, como si no me importara.

«Como si eso fuera posible, como si realmente no me importara. » pensé melancólico.

– Oh, por supuesto. Hola, Elizabeth. – mi tono era despectivo.

– H… Hola Alec. – tartamudeó.

No hablé más, tenía que seguir con mi rol indiferente. Sin decir más, ella salió corriendo. Jane y yo la vimos alejarse. Mi hermana se giró a verme con fuego en los ojos.

– ¡¿Qué diablos te pasa? – Me reclamó – ¡Tú no sabes todo lo que te ha extrañado y es así como la tratas!

– ¿Quién? – me hice el tonto.

– Oh, claro. Pensé que lo sabías pero al parecer no: Elizabeth Cullen está enamorada de ti y tú eres un imbécil por comportarte así. – susurró Jane molesta, para que nadie escuchara nada.

Me miró furiosa unos segundos más, esperando mi respuesta. No dije nada. Jane soltó un resoplido y se marchó en la misma dirección que ella.

– Claro que sé todo eso. – susurré para mi mismo cuando Jane se hubo ido.

Para mí no había otra verdad que esa, ella me ama al igual que yo la amaba a ella. Pero yo tenía que ser fuerte, por ella, por ambos, para sacarla de aquí. Para salir juntos de ese infierno.


¡Hello! Aquí está otro capítulo que me gustó mucho, espero que a ustedes también +.+

Gracias por sus reviews a: alele22 , Pixiedust Fairy , lani'sworld , LiahDragga , bellessie

Alice Vulturi : Gracias por avisarme ;)

Trataré de subir otro cap esta semana, ya que estoy de receso escolar.

Kisses,

Paula