Playlist de este capítulo:
- All I wanted - Paramore.
-A Falling Through - Ray LaMontagne
-Good riddance - Green Day
-Bullet the blue Sky - U2
El comandante que nos había guiado todo el camino, había tenido que quedarse en las caballerizas con la orden de sacar los tapones de los rifles y alistarlos en hilera. Ahora teníamos a Kakashi; que durante toda la marcha por el desfiladero iba a la cabeza del regimiento.
Había un silencio sepulcral en la compañía; todos tenían cara de cansancio y estaban claramente asustados. Lo peor era que debíamos llegar a los lindes de la hondonada al amanecer, pero el terreno escarpado nos había complicado y habíamos tenido que trepar hasta el borde de la calzada, para volver al camino. Era bien entrada la madrugada, sin embargo aún quedaba bastante noche por delante.
Naruto iba a mi lado, como había estado todo el camino desde el campamento. Éramos parte de la 1era División de Infantería Ligera, a diferencia del grupo que venía atrás de nosotros; que eran de la 2da División de Infantería Acorazada (A ellos no se les permitía venir a la cabeza, porque vienen con tanques). Neji, el primo de Hinata pertenece a esa división.
Estallidos de balas se escucharon a lo lejos, causando conmoción entre todos los presentes. Hubo una orden de silencio, y eso bastó para callarlos a todos. Luego hubo una breve conferencia con el comandante Hatake, y señalando unos cerros que se encontraban a unos 2 kilómetros de donde estábamos, agregó que teníamos que llegar antes del amanecer si queríamos regresar con vida. Carraspeó, y detuvo su mirada en nosotros, y añadió con voz ronca dirigiéndose al regimiento: "Espero que esto os haya enseñado una lección jóvenes. Ahora daos prisa, hay que ser valientes ahora, y no dar paso atrás". Y siguió trotando, seguido por el resto del regimiento. Seguimos toda la noche al mismo paso, y al llegar el amanecer, habíamos recorrido centenares de metros; fácilmente unos 500.
Cuando comenzó a caer el frío matutino logramos llegar a destino. A partir de ese momento las filas perdieron la uniformidad y comenzamos a avanzar en aparente desorden. Por sobre nosotros volaban los F-16, y junto a las "filas" desfilaban los tanques. Recorrimos el resto del altiplano con aparente calma, mientras los comandantes a cargo daban órdenes de agruparse en los batallones designados. El mío era el primer batallón, a cargo del Comandante Hatake, avanzamos de frente por la arena fría, y momentos después nos desplegamos en guerrillas. A mí me correspondía dirigir el ala izquierda de mi compañía.
El segundo batallón iba al mando del Comandante Asuma, que también nos siguieron hasta la mitad del camino, para luego desplegarse hacia uno de los costados. La tercera compañía (Acorazados) se instaló a la izquierda de nosotros.
Y toda la batalla, supuse, se desenvolvería en un clima de mierda; por no decir otra cosa. El cielo estaba totalmente gris, y el paisaje cubierto por una espesa neblina; y por supuesto: Hacía frío. Mal día para iniciar una guerra.
Se supone que la obligación de un oficial a cargo, era alentar a su tropa a avanzar, a hacer bien las punterías y a procurar el orden en las filas; pero al mismo tiempo velar por la seguridad de cada uno de sus miembros. Yo intentaba cumplir lo mejor que podía mi trabajo, no cesando de gritar: "¡Apunten bien esas armas!", "¡No hay que aflojar!", "¡Es ahora o nunca!".
Al poco rato de estar todos ocultos tras las trincheras, sentimos la primera detonación de los cañones enemigos, acercándose; y seguido de ellos, una lluvia de balas cayó sobre nosotros. El comandante dio la orden a los acorazados, y éstos dieron su primer disparo. Todos volteamos y enseguida di la orden para disparar.
Eran cerca de doscientos tropeles que nos hacían fuego, tanto de artillería como de fusilería. Y una bandera con un símbolo de la nación enemiga flameaba en lo alto.
Para nuestra suerte, el terreno no era tan arenoso ni escarpado, lo que nos hizo el avance relativamente sencillo. Aún así las compañías se confundieron y empezaron a caer los primeros cadáveres. Continuamos avanzando arrastrándonos por la arena, ensuciándonos y llenando nuestras manos de rasguños, hasta que logramos cruzar las barreras enemigas.
Naruto, que era el encargado del ala derecha de mi división, dio la orden de "darles con todo". Logramos traspasar la primera línea, y continuar avanzando lo más posible. De pronto, el estallido de un cañonazo nos hizo estremecer; volteamos y nos sorprendimos horriblemente al ver uno de los aviones en llamas, cayendo desde el cielo. No les puedo explicar lo que sentí en ese momento, porque ni yo mismo lo sé; solo recuerdo que Asuma gritó "¡Aléjense!" a los 16 conscriptos que se encontraban en el perímetro. De todos ellos, solo lograron salir 5; el resto había muerto aplastado y calcinado, junto con los tripulantes de la nave, y 23 soldados de las tropas enemigas.
En eso, una bala impactó en el brazo de Inuzuka, mi compañero de tropa. Éste cayó al suelo, sujetándose el brazo; y no era para menos, le había impactado una bala de un rifle en su extremidad izquierda. Naruto, sin abandonar su posición, dio una orden al soldado médico de la subdivisión, Aburame, quien corrió hacia Inuzuka; y no tomé atención del resto. Yo me coloqué delante de ellos, haciendo que las balas se desviaran de ambos, después de todo, eran los mejores amigos de mi novia, y seguramente, si volvía con vida, ella me asesinaría por haber dejado que les dispararan.
Logramos que un buen número de enemigos cayeran, apresurándonos el paso. Intentaba concentrarme lo más que podía en la batalla; no cesaba de gritar órdenes y oír disparos. Mis gafas y casco estaban llenas de tierra, y mis manos estaban ensangrentadas y llenas de arena.
Cuando faltaban 50 metros para llegar a las trincheras enemigas, el comandante Asuma se colocó junto a nosotros, y estando dando órdenes para continuar el fuego, vociferó dos palabras que creo que nunca olvidaré "Sigan corriendo". Al principio no entendí de lo que hablaba, pero luego comprendí, al ver a centenares de cadáveres detrás de nosotros. Entre ellos se encontraban varios de mis conocidos; Nara, Akimichi; y otros chicos que no logré reconocer. Esa sería una escena que me seguiría hasta el final de mis días: sus cadáveres ensangrentados, destrozados, y en gran parte quemados.
Continuamos disparando, y avanzando. El enemigo no daba pie de rendirse, y seguía impactándonos sin piedad. Corrimos hacia la falda de una baja colina donde estaban las trincheras enemigas, y Naruto me gritó algo que no logré entender. Asuma me tomó de un brazo, y me arrastró hasta uno de los costados mientras me gritaba "¡DESVÍATE, IDIOTA!". Ahí logre entender lo que Naruto me estaba gritando… ¿Y Naruto?
Corroboré mis horribles sospechas, cuando vi a mi mejor amigo retorciéndose de dolor en medio de las líneas enemigas. Su pierna había recibido un impacto increíble. Se la había, prácticamente, molido desde el tobillo hacia abajo; era lo más morboso que había visto en mi vida.
Aburame y yo corrimos hacia donde estaba él, y esquivando a duras penas las balas que nos tiraban los otros imbéciles, logramos meterlo en la zanja de tierra en la que estábamos protegiéndonos.
-¿Cómo te sientes Dobe? –Le grité. Él me miró con los ojos bañados en lágrimas y sonrió; este idiota no cambia nunca.
-¡Excelente, creo que lo necesitaba! –Rió con fuerza. Me miró serio un segundo y luego agregó- Teme, si no vuelvo a casa… Dile a mi esposa y a mi hijo que los amo.
-No seas ridículo, si vas a volver idiota. –Dudé de mi palabra unos segundos, y decidí aprovechar el momento- Pero si llego a morir, dile lo mismo a Hinata. –Naruto asintió y desvió su mirada hacia Asuma.
-¿Crees que puedas continuar, Naruto? –Preguntó Asuma. Por un momento lo consideré como algo totalmente estúpido, pero luego comprendí que sería el doble de peligroso dejarlo ahí. A pesar de todo lo que estaba pasando, yo tenía mi cabeza puesta muy lejos de la batalla; lo único que quería era que toda esta mierda terminara, para poder irme a casa con mi futura esposa y mi hijo.
-¡Claro que sí, mi tropa y el sordo de Sasuke me necesitan! –Se levantó como pudo, y dejó caer un par de lágrimas al sentir el dolor de su pie.
-¡Este es el plan! Desde las trincheras hasta el fuerte hay cinco metros que tendremos que cruzar corriendo. Naruto, tu cruzarás con Inuzuka y con Lee. ¡Sasuke, tu cruzarás después de ellos, y luego iré yo! ¡Ahora muévanse!
Logramos seguir y cruzar las trincheras enemigas. Ahí nos refugiamos detrás de unas barras metálicas que estaban incrustadas al piso, esperando la orden del comandante Hatake que nos esperaba al otro lado de la línea. Nos miró completamente irresoluto, y dio la orden de avanzar.
Todos comenzaron a pasar por delante de los cañones que nos amenazaban a cada instante, y algo que nunca olvidaré fue la cara de satisfacción de Naruto al encontrarse al otro lado de la línea. Hatake vociferó, y las demás compañías comenzaron a avanzar junto conmigo. Corrí, esquivando las balas del enemigo. Pero sucedió algo que no planeaba en lo absoluto…
Sentí una fuerte presión en el pecho, seguido de una sensación de humedad, para culminar con el dolor más insoportable que hubiera imaginado alguna vez.
Naruto gritó mi nombre como si le estuvieran arrancando el cabello a mechones, y logré divisar a Inuzuka y Lee sujetarlo para que no corriera en mi dirección. Aburame se precipitó sobre mí, y comenzó a presionar mi herida con fuerza. Yo sólo podía ver manchones e imágenes distorsionadas, y escuchar una voz lejana diciéndome "¡Uchiha, quédate con nosotros! ¿Me oyes? ¡Te impactó una bala de bazooka en el pecho, te estas muriendo!".
"Te estás muriendo"… Esa frase sonaba menos dolorosa cuando la veía por la Televisión, sí… Y ahora que lo pienso, la muerte no me hubiera importado tanto si no estuviera dejando una joven embarazada detrás de mí. Hubiera preferido una muerte menos dolorosa; ojalá de anciano, y junto a Hinata; con mis hijos en la universidad, y todos felizmente casados. Hinata…
-"Aburame, dile a Hinata que lo siento"- Solté con el poco aire que me quedaba en los pulmones. Mi voz no había salido con la fluidez ni con la fuerza que me hubiera gustado, pero esperaba que él hubiera comprendido. Decidí dejarme llevar por las sombras; no le daría más trabajo a la muerte. Ya que me hubieran matado en medio del camino y a horas e haber llegado, era patético.
Amor, lamento no poder quedarme un minuto más. Creo que… no podré llegar a casa para Navidad; ni para conocer a nuestro hijo.
That's all. Este capítulo es corto pero intenso, un golpe emocional. Me hace sentir pésimo, lo siento.
El próximo capitulo será relatado por Hinata, trabajo en ello.
XO.
