Aclaraciones:
—diálogos.
"pensamientos".
(N/A: nota del autor)
[1], [2], etc. Notas al pie.
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El guerrerito deHoujutsu.
(Basado en: El soldadito de Plomo, un cuento de Hans Christian Andersen).
Autora: Petula Petunia.
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Yuuri frunció el seño, entrecerró los ojos, apoyó las palmas de su mano sobre la mesa de su escritorio y se agachó lo suficiente para que su rostro quedara a muy escasos centímetros de "él". Greta, completamente sobre la mesa, imitaba el gesto de su padre, y como un gatito serio pero curioso, también observaba atentamente a "él".
Su mirada solemne hacía juego con su porte hierático, a pesar de su reducido tamaño y precario estado, se mantenía orgulloso como el símbolo que ejemplificaba. Era un guerrerito de juguete, hecho en una aleación de metal y houjutsu. Un juguete humano que seguro llegó de casualidad porque lo habían encontrado en la playa de tierras Voltaire mientras pasaban esas vacaciones ahí. A pesar del maltrato por la sal del mar, y haber estado al contacto del agua por quién sabe cuánto tiempo, se veía tan desgastado como lo estaría cualquier juguete en las manos de un niño de diez años.
Pero esa no fue la razón por la que padre e hija rescataron al guerrerito y lo trajeron a la oficina temporal del Maou. Para suerte del rey, ni su prometido ni su asesor político estaban en las cercanías, o le hubieran obligado a tirar al solado de inmediato. No tanto por la insipiente cantidad de houjutsu en la aleación, y sí por la cantaleta de "ya te he dicho, Yuuri, que no andes recogiendo basura del suelo".
Volviendo al meollo del asunto, y para no dejar a nuestro pelinegro favorito como un tipo con complejo de Diógenes, debemos repetir que el rescate del guerrerito no se debió a un desorden mental… grave.
— Papi. — Greta se sentó de rodillas en la mesa y miró al japonés con una cara entre preocupada y totalmente crédula. — El guerrerito tiene un rostro triste.
Yuuri volvió a mirar el juguete y se puso nervioso. Pensó que quizá Wolfram tenía razón en eso de que su excesiva credulidad era tan maleable que hasta un niño podía manipularlo pero, en su mente la idea se ancló caprichosa. Nunca antes había notado tanta expresividad en un rostro seguramente hecho en serie. De nuevo, Shin Makoku y el mundo donde este reino se situaba, estaba lleno de sorpresas e "imprecisiones de carácter legal" que estuvieron a punto de meterlo en líos más de una vez. No se olvidaba aún que uno se comprometía a golpes, los tiburones eran vegetarianos y los dragones animales protegidos, así que… ¿qué tal algún tipo de regla y/o artículo sobre garantizar los derechos de un juguete que te mira con más expresividad que una actriz de telenovela del mediodía? Podía ser un disparate, como él antes pensara de la relación entre hombres; pero al menos debía aceptar que esa cara le decía algo.
Sin embargo, en la vida de todo Maou, había tiempo para ser enclenque y tiempo para ser maduro. La situación ameritaba correr hacia la segunda opción. De modo que, poniendo el tono de voz más comprensible y dulce, decidió dejar las cosas en claro. — Lo siento, Greta. Pero por más que pensemos que el guerrerito está triste, no hay forma de saber lo que siente. Además, es un juguete no un ser vivo.
— Pero papi…— iba a insistir Greta cuando el prendedor de plata en forma de hadita que llevaba puesto en el cabello, se deslizó y cayó sobre el guerrerito. Padre e hija se quedaron mudos en los siguientes segundos. Yuuri elevó una ceja asombrada y escéptica, pero la ingenuidad de Greta solo pasó por la credulidad total. — ¡El guerrerito estaba triste porque se enamoró de la hadita a primera vista y no podían estar juntos! — exclamó contenta. — ¡Mira qué felices se ven ahora que están abrazados!
Yuuri entrecerró los ojos mientras envidiaba la mente de los niños que todo lo veían con inocencia. Para él, la pose en que había caído la hadita y la primera expresión que creyó notar en el hierático guerrerito, estaban completamente en la categoría rated M. — Greta, ya te dije…— trató de volver al tema principal rápido. — Es solo un juguete viejo y tu prendedor de cabello es solo un adorno… Tenemos que tirarlo antes que Gwendal y Wolfram vengan y se enteran que trajimos un juguete humano.
— Pero Yuuri…— los ojos llorosos de la pequeña estaban a punto de romper la "severidad" de sus palabras ("severidad" según el rey, no nosotros).
— Greta, lo siento. No hay forma. Si no fuera un juguete humano con houjutsu, quizá te dejaría quedártelo pero no es el caso. Además, son juguetes y por más que les preguntemos sobre su situación amorosa, no lo sabremos.
— ¡Pero! — iba a reclamar la princesa cuando la puerta se abrió de par en par y Yuuri casi juró que escuchó el efecto de sonido que da la introducción a un científico loco.
— ¡Creo tener la solución a sus dudas!
— ¡Anissina! — exclamaron en dos tonos diferentes la familia. En Greta fue como si recibiera a su salvadora, y en Yuuri fue algo como "oh no, ella en tierras Voltaire. Y Gwendal me dijo que no rompiera nada. Ahora me voy a meter en problemas con toda seguridad".
— Escuché que necesitaban dar vida a algo. — replicó la pelirroja mientras Greta le daba un cariñoso abrazo.
— Esto… con todo respeto Anissina. — empezó Yuuri sin saber bien cómo convencer a la científica de sus avanzas censurables contra la vida natural. — En realidad esto era algo subjetivo no literal…
— ¡Pues no hay problema! — exclamó la mazoku ignorando abismalmente al pobre rey. — ¡Justamente traía mi nuevo invento! "Dalevidaalosobjetosinanimados-kun".
— ¡Estoy seguro que habrá problemas! — exclamó Yuuri estirando los brazos a todos lados con la sutileza de un pulpo. Pero era demasiado tarde, las dos camaradas habían dejado la oficina llevándose al guerrerito con rumbo desconocido. Desconocido porque en el castillo Voltaire los laboratorios estaban prohibidos.
— Sabes, Anissina. — comentó Yuuri resignado a pagar las reparaciones resultado del siguiente experimento. — ¿nunca te has puesto a pensar que en un punto confundes las buenas intenciones con las ambiciones propias de un científico loco?
— ¿Por qué dice eso, Heika? — le miró la pelirroja subida en el quinto andamio. Aquel que le permitía llegar a la cabeza del enorme ingenio de metal.
— Quizá sospecho demasiado. — soltó mortalmente sarcástico el chico, Greta a su lado sosteniendo al guerrerito. — Pero ¿cuándo el dar vida a un objeto inanimado terminó en un robot de diez metros de altura en una caballeriza?
— Oh, Heika, que ingenuo es usted. — rió la pelirroja, con esa risa que a Yuuri le aseguró que estaba ante un personaje "caótico neutral". — Aún si le diera vida al cuerpo de ese soldado, es imposible que hable o se mueva porque sus brazos, piernas y boca no tienen bisagras para eso. — Repuso dándole un golpe cariñoso al robot, le había colocado unos cables extraños cuyas extensiones terminaban a los pies de Greta. — Así que lo lógico es transportar el "alma" del guerrerito a un cuerpo que pueda comunicarse.
— En el caso que tuviera alma. — suspiró agotado el chico, antecediendo el caos a presentarse. — ¿Por qué no transferirlo a un cuerpo más manejable?
— No tengo uno tan pequeño. — dijo Anissina con al subtexto claro de "mis obras nunca son a pequeña escala". — Sin obtener otra réplica del atribulado rey, la científico descendió del andamio, caminó hasta Greta mientras le indicaba que dejara al soldado en el suelo y se apartara, y comenzó a conectar los cables sueltos a él.
— Hiciste muy bien, hermano. — le animaba Wolfram mientras ambos estaban ya cerca a la entrada del castillo Voltaire. — Esos niños realmente disfrutarán mucho los viejos juguetes.
El general se limitó a responder con un gruñido temerario. Claro que el menor estaba acostumbrado a lidiar con el ánimo de su hermano, y sabía además que su mal humor no era debido a un alma complicada o un pasado de oscuridad. Simplemente, los hermanos habían decidido donar viejas cosas que tenían guardadas a la caridad. Bueno, el concepto de Wolfram para "cosas viejas" era el antónimo de Gwendal, que más bien las veía como "adorables y lindas cosas que no vale la pena tirar".
Con todo, el general tenía que mantener una imagen (aunque la verdad, uno no sabe para quién, ya que todo Shin Makoku estaba al tanto de sus tendencias a lo moe) así que haciendo tripas corazón tomó la mayoría de juguetes que había guardado de su infancia (y de las de Conrad y Wolfram) para acompañar al menor a regalarlas a un orfanato.
— Estoy más preocupado por Heika y Greta. — dijo Gwendal tratando de cambiar el tema. Aunque era cierto que estaba algo preocupado, y no sabía realmente por qué. No es que ambos fueran a destruir su castillo en la corta ausencia.
— Tranquilo, Yuuri debe estar por ahí paseando con Greta. Lo máximo que pueden hacer es empacharse con los chocolates que guardas en el segundo cajón de tu estante. — contestó Wolfram con una sonrisa de oreja a oreja y su habitual descaro.
— No… no sé de qué hablas. — se sonrojó el general añadiendo casi de inmediato. — de todos modos, no sé por qué tengo un mal presentimiento…
-oh, vamos- siguió de buen talante el menor- ni que Anissina estuviera aquí para…
El Maou corría vigorosamente aunque no sabía para qué. Varios soldados lo seguían y otros se habían dispersado. Pero, de todos modos, era inútil. Luego de la explosión, y de ver que Greta estaba bien, no necesitó saber que "algo había salido mal" con la invención de Anissina. Era suficiente con el humo, la destrucción y el robot gigante que avanzaba sin detenerse a meditar en nada. Incluso podía ver cómo el pequeño guerrerito había terminado semi fundido en la frente del mecha, siendo prácticamente solo visible su particular rostro.
— ¡Lo sabía, lo sabía! — gritaba mientras trataba de seguirle el paso al robot.
Este parecía no seguir un patrón específico, aunque tampoco lucía con la intención de querer causar mal alguno. Se trataba simplemente de una máquina funcionando por inercia. Aunque la inercia podía ser muy peligrosa. Sobre todo cuando esta armada con misiles y armas de largo alcance.
— ¡Pero qué más podía esperar! — volvió a gritarse el Maou. — ¡Es un guerrero de juguete! ¡Obviamente está hecho para pelear! ¡Encima tengo que detenerle antes que Wolfram y Gwendal lleguen y se enteren de…
— ¿Que Anissina está en el castillo y uno de sus experimentos causan destrucción desproporcionada?
Yuuri volteó pálido como un fantasma para notar a los dos jinetes hermanos a una buena distancia de él.
— ¡¿Qué diablos sucedió acá, enclenque! — le reprendió el rubio mientras controlaba a su caballo, algo tenso por todo el ruido alrededor.
— ¡Ya tendrá tiempo de explicarlo, Heika! — intervino Gwendal. — ¡Por ahora hay que detener a esa cosa! — dijo haciendo una señal para que el chico se subiera con ellos.
El Maou obedeció a regañadientes, no sabía con quién montar al final, si con su prometido que era capaz de reprenderlo mientras usaba su magia, manejaba a su caballo con una mano y seguro podía manejar la espada con las orejas; o con el General de quien no sabía qué más temer, si su silencio mortal o sus gritos de muerte.
Por esta vez prefirió la muerte, así que se sujetó con fuerza de la cintura del mazoku de tierra, y los dos caballos comenzaron a galopar en dirección hacia donde corrían los soldados. Uno de ellos, al verlos, les avisó del problema que acababa de presentarse.
— ¡General, esa cosa ha empezado a perseguir a Lady Kavernikolff y a la Princesa! ¡Ellas se han refugiado en los graneros!
— ¡Si no fuera suficiente con toda esta destrucción! — maldijo Gwendal mientras los caballos eran espoleados y cabalgaban temerarios a pocos metros del ingenio de metal.
— ¡Hermano! ¡Tenemos que encontrar una forma de detenerlo, mira! — señaló Wolfram hacia la zona de granero. Anissina y Greta estaban adentro y lucían muy atareadas. Aunque los muchachos lo resumieron en "doncellas en apuros".
— ¡Wolfram, cuando te de la señal, usa tu fuego! — indicó el General mientras Yuuri escuchaba como empezaba a invocar a su poder terrestre para luego estirar los brazos hacia el robot y escuchar una advertencia de que se agarrara fuerte para no caerse.
El suelo alrededor del robot tembló, y este perdió el equilibrio, en ese punto Gwendal dio la señal y unas poderosas bolas de fuego rodearon a la creación. Sin embargo, el houjutsu brilló logrando hacerlo escapar, aunque ahora iba cojo de una pierna, la cual había quedado media derretida y media enterrada en los antes, lindos jardines.
A rastrar, el mecha trataba de llegar hacia el granero. Los soldados aún mantenían una distancia prudente, escarmentados por años, acerca de que los inventos de Lady Kavernikolff no solo eran peligrosos sino tenían el pésimo hábito de explotar cuando menos parecía. Gwendal, Wolfram y Yuuri desmontaron con cuidado.
— ¿Qué diablos tiene en la cabeza? — preguntó el demonio.
— Un guerrero Svelero de la producción 12-RB, son muy raros de encontrar…— analizó Gwendal.
— ¡Hermano! ¡No puedo creer que colecciones cosas humanas! ¡Encima ni siquiera es lindo! ¡Aunque debo decir que su rostro es muy expresivo, más que el robot mismo!
— ¡Ese juguete no es mío! — se defendió el general. — ¡Tú mismo lo dijiste, no es para nada lindo!
— ¡Es mi culpa! — exclamó Yuuri. — ¡Lo siento, Greta y yo lo encontramos en la playa y lo trajimos al castillo y de una forma u otra, Anissina terminó tratándolo de volver a la vida!
— Creo que te saltaste la parte que explica por qué ella trató de hacer eso. — le recriminó Wolfram, los brazos cruzados en busca de una respuesta lógica. Aunque, los descruzó rápido, sabía que con Anissina no había mucho que justificar.
— Mira…— empezó Yuuri. — es que Greta pensó que el guerrerito estaba enamorado de…
— ¡Otro robot! — gritó Gwendal de pronto señalando como el techo del granero se levantaba, dejando ver un mecha con silueta femenina.
— Se parece el prendedor de cabello que le regalé a Greta…— comentó Wolfram viendo a la máquina que, ni corta ni perezosa dio un salto hacia ellos.
Los soldados y los tres guerreros estaban reuniendo fuerzas para lo que asumirían sería una pelea de todos contra dos robots dementes, cuando el robot cojo hizo algo inesperado. Si se entiende esa palabra por tocarle el trasero a su contraparte femenina que en lugar de apenarse respondió con un misil que el otro logró evitar con suerte.
— ¿Qué diablos?- se preguntó Yuuri entre consternado y avergonzado. — ¿No se supone que era amor a primera vista?
— ¡Muy bien todos para atrás! — ordenó mientras tanto Gwendal, notando que el core del robot lisiado empezaba a sobrecalentarse y su enemiga no parecía interesada en notarlo.
— ¡Mira, están abrazándose! — mientras llegaban junto a la científico y la princesa, esta última daba ánimos a los que consideraba "amantes reunidos". Nadie de los presentes trató de explicarle que lo que ella consideraba "amor verdadero" podía ser procesado como "acoso sexual".
Finalmente, la robot pisó una de las manos del robot, y apuntó uno de sus misiles de brazos directo al core, disparando apenas dando tiempo para que los espectadores se cubrieran.
Greta soltó un grito de pena en brazos de sus dos padres. Bastante afectada por el evidente fin que estaban teniendo las dos máquinas, incendiándose por completo con un fuego secretamente alimentado por Wolfram y los otros maestros de dicho elemento.
Yuuri, culpable por lo acontecido (porque bien dicen que quien no detiene una barbaridad, está permitiendo que suceda) trató de animarla recordando cierta historia terrestre. — Tranquila Greta. — le dijo susurrando entre las explosiones.
— Pero papi, ellos…— sollozó la princesa.
— ¿Sabes? hay un cuento similar. — siguió el pelinegro. — Es un poco triste pero, dicen que un soldadito de plomo lisiado se enamoró de una balerina de esas de papel, y aunque fueron separados de forma cruel, y el soldadito terminó en las llamas fundiéndose, la balerina saltó con él y ambos se fundieron en uno solo. Y dicen que cuando buscaron entre las cenizas encontraron que se habían fundido en forma de un…
— ¡El fuego se apagó! — gritó uno de los soldados mientras el resto dejaba escapar un vergonzoso "oh" por el espectáculo.
— Yuuri. — le interrumpió Wolfram mientras Gwendal y Anissina le cubrían ojos y oídos a Greta. — ¿Le ibas a contar una historia tan pervertida a nuestra hija?
— ¡Maldita sea! ¡Iba a decir forma de corazón! ¡El cuento termina con forma de corazón no con forma de eso! — no había precio para describir el rostro de Yuuri o de alguno de los presentes, pero basta con mencionar, que la princesa permaneció siendo inocente por muchos otros años más.
Shinou bendiga el don de la censura.
-Fin-
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