Aclaraciones:
—diálogos.
"pensamientos".
(N/A: nota del autor)
[1], [2], etc. Notas al pie.
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El elfo de "Conrart está sobre la tierra"
(Basado en: El Elfo del rosal, un cuento de Hans Christian Andersen)
Autora: Petula Petunia.
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Resumen del cuento original, ya que no es muy conocido, y así pueden entender mejor:
"El Elfo del rosal".
Este cuento, como muchos de autoría de nuestro entrañable bisexual contador de cuentos, es perturbador y digno de ser contada en Criminal Minds o CSI, antes que ponerse en un libro para niños.
Tenemos a un pequeño elfo que vive en un rosal. Un día se atrasa y cuando llega las flores ya se han cerrado, así que decide buscar otra. En su búsqueda, ve a una pareja de amantes que se despiden: el hermano de la joven odia al novio, y como consecuencia de su unión prohibida, el chico decide irse muy lejos. La joven toma una flor, la que ante los besos de ella se abre, el elfo aprovecha y entra en ella. Antes de separarse, la joven cuelga la rosa en el pecho de su amante. Este sin embargo, es emboscado en un bosque solitario por el hermano.
El cruel hombre asesina al chico para que nunca busque a su hermana. Le corta la cabeza y la entierra con el cuerpo. En el ínterin, el elfo se sostiene de una hoja que quedó en los cabellos del criminal, y cuando este regresa a casa encuentra a su hermana durmiendo, nuevamente el elfo salta al lecho de la joven y durante le noche le susurra al oído lo que sucedió. A la mañana siguiente, la chica va al lugar del crimen, adolorida toma la cabeza de su amado (lo único que podía llevar) y lo entierra en una maceta, donde llora día a día. En ella empiezan a crecer jazmines, y mientras el hermano cree loca a su hermana, esta muere de pena. El hermano se lleva la maceta a su cuarto por encontrarla bella.
El elfo increpa a los jazmines el que no hagan nada, ellas le dicen que lloran porque han nacido consciente de la tragedia, mas el elfo decide tomar venganza y le pide a las abejas maten al hermano en la mañana. Pero esa noche, los jazmines se vengaron, lanzando dardos venenosos al hombre y susurrando pesadillas en sus sueños mientras lo mataban lentamente. A la mañana siguiente, la gente que encuentra al hermano muerto cree que los jazmines eran letales pero una abeja hace que suelten la maceta y se descubre el cráneo dentro, dando por sentado que el hermano mató a alguien. Y así, todos murieron felices para siempre.
Ahora sí, continúen con el fic.
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Yuuri había descubierto de la peor forma que podía ser el peor de los románticos. Pero peor para él, de lo mejor para el objeto de sus suspiros. Era tan penoso que se sonrojaba fuerte cuando se atrapaba pensando tan poéticamente en su prometido. Sin embargo, no era solo mala aquella sensación, sabía bien que todo lo que pensaba y sentía era bueno y, había que confesarlo, no solo placentero para el corazón, especialmente cuando no pensaba tan poéticamente y sí fotográficamente.
Aún así, seguía siendo más retraído que una ostra. Era incapaz de decirle algo lindo a Wolfram, si el solo pensarlo cuando estaban con público, le producía hipo, no quería recordar aquella vez en que habló alto sin darse cuenta y casi termina vomitando de los nervios.
Estaba empezando a sentirse como un tonto enamorado a parte de su rutina de ser un crédulo jovencito. No podía confiar en nadie del castillo por ahora, no es que fueran malas personas solo que eran más parlanchines que las chicas de Gossip Girls. Las sirvientas, Greta, las sacerdotisas, Ulrike… pero no solo ellas, los peores eran quienes le juraran lealtad a muerte. Dícese en estos casos de Günter, Conrad, Murata, Shinou, Josak… ¡ah! La idea de decírselo a Gwendal solo había pasado en una de sus pesadillas.
Pero, su corazón, con el paso de las semanas, no hacía más que rebalsar de amor y cursilería. Hasta que al fin, una tarde en la que tuvo por fortuna encontrarse solo durante su descanso del trabajo; se encontró en la parte sur, la más olvidada del castillo. "Este es un sitio tan apacible y secreto". Pensó andando con ligereza, hasta dar con un pequeño y escondido jardín en la zona más intrincada. El sitio estaba bañado por hermosas flores, y crecían de forma salvaje las flores que Cheri cultivara en honor a sus hijos.
Reparando en un manojo de Beautiful Wolfram, se arrodillo ante ellas, acarició con suavidad sus pétalos y aspiró su aroma. — Ah… su piel es más dócil que una flor y su perfume mucho más etéreo…— de inmediato se sonrojó con fuerza. — No… no puedo. — balbuceó. — Incluso si es una flor, con solo llevar su nombre hace que me sonroje…— se llevó una mano a su temblorosa boca reparando al mismo tiempo en un arbusto con las flores de su padrino.
Se acercó a ellas y les dio una palmadita, como se hace con un viejo amigo. Y empezó a hablarle como si lo hiciera con el mismo Conrad. Acerca de todos aquellos sentimientos que se habían ido acumulando poco a poco en su corazón por el pequeño demonio. Y a medida que hablaba su pecho se sentía más libre y su alma segura. Cuando se dio cuenta, había anochecido ya, pero su sonrisa brillaba como un día de primavera.
— Y… eso es, Conrad. — suspiró Yuuri como si se hubiera estado aguantando la respiración por mucho tiempo. — ¡Vaya! — exclamó luego de un momento. — Realmente me siento mejor después de soltar todo eso…— miró hacia el ramillete de Beautiful Wolfram a unos metros de él y se sonrojó levemente. —…Aún no estoy listo para decírselo. — llegó a la conclusión, pero entonces reparó en las flores brillando etéreas a la luz de la luna, una idea floreciendo en su cabeza. — Quizá no pueda decírselo con palabras…— se acomodó en el suelo, donde había estado sentado todo ese rato. — Pero puedo demostrárselo con pequeñas acciones…— sus ojos recorrieron el colorido paisaje, pensando cómo armar un bello ramo de flores para su prometido. — Bien dicen que las flores tienen un "lenguaje" especial…— se volvió a sonrojar con fuerza proyectándose la escena cuando el rubio recibiera una flor en color borgoña por el significado de la belleza, una naranja por la pasión, una lavanda por el amor a primera vista, una amarilla por la amistad y una roja por…— Y cada flor tiene algo que "decir". — sonrió.
— Sin duda todas las flores tienen algo que decir. — le interrumpió de pronto una voz trémula y patética. Yuuri dio un respingo volteando hacia el arbusto de las "Conrad stand upon the eart". — Toooodas tienen algo que decir. — Siguió la voz en un tono deprimente. El pelinegro aguzó la mirada tratando de encontrar al dueño de los comentarios tan sacados de tono, hasta que de pronto reparó en una criatura humanoide del tamaño de una avispa; orejas en punta, cabello dorado, piel brillante como la plata… ojeras, una boina en la cabeza, y totalmente de negro.
— ¿Disculpa…? ¿tú eres? — preguntó, a esas alturas estaba curado de la fauna de Shin Makoku, así que encontrar a alguien hablándole entre las flores no se le ocurría tan disparatado. — ¿Eres un hada…? — preguntó inseguro, ciertamente lucía como tal pero sus ropas le recordaban más a esos poetas trágicos que leyera en sus clases de literatura.
— Soy… el elfo…que habita…las… "Conrad… stand…upon…the…earth…"— habló entre suspiros depresivos la pequeña criatura.
— Ah… entonces vives acá…— alzó una ceja curioso. — Disculpa mi intromisión, pero…— se aseguró por completo que el elfo realmente lucía bastante deprimido, y no solo eso, casi hasta especialmente patético. — ¿Está todo bien? ¿Te dejó tu novia, murió alguien cercano?
— ¿Eh?...- suspiró de nuevo el elfo. — No… ¿por qué lo dices?
— Te oyes bastante deprimido- repuso el rey sin rodeos.
— Ah… eso…— pareció sollozar seco el elfo, mientras se sentaba al borde de un pétalo, cruzando las piernas y los brazos. — No pasó nada de lo que dices…— hizo una pausa trágica, su mirada apagada. — Solo que… te escuché hablar sobre regalar flores… y eso me deprimió.
— ¿Eh? ¿Acaso iba a arrancar tu casa? — Yuuri se sentía culpable de pronto, ahora que lo pensaba, si se ponía a cortar flores, quizá estuviera destruyendo algún hogar o hasta edificio departamental de duendes, hadas o mariposas. — Si es eso entonces…
— Acá…— le ignoró el elfo. — Todas las flores… tienen algo… que decir…— suspiró de nuevo, al punto de exasperar un poco a Yuuri.
— Ah… sí, claro. — asintió el chico algo confuso. — Por eso es que quería armar un ramo de flores… porque quería decirle a alguien lo que siento…
— Ésta por ejemplo. — dijo dando dos golpes a la flor que colgaba arriba sin ánimos de oír los comentarios del japonés.
Para sorpresa del joven Maou, la flor que se había cerrado como todas cuando la noche cayó, se abrió y de ella salió una vocecita suave pero nítida. "Yo lo vi perfectamente, cómo esos niños terminaron con el pobre gatito, tenían cuerdas y rocas y una lata grande…"
— ¡¿Qué? — exclamó Yuuri alterado del comentario.
— Y esta…de acá…— siguió el elfo dando otros golpecitos a la flor sobre la que estaba sentado ahora.
"Yo le vi asesinarle, se acercó cuando estaba oliéndome. Tomó el cuchillo y lo pasó por su cuello, para luego ensañarse con…"
— ¡Oyeee!- exclamó el pelinegro parándose aterrado. — ¿Qué diablos? ¡No…no… no puede ser que sea otra estúpida tradición de este mundo! ¡Es imposible!
Para su suerte, el elfo emo, parecía haber despertado al resto de flores del lugar, que pronto se llenó de pequeños susurros agobiantes y escalofriantes. Yuuri nunca pensó que una flor pudiera tener ese tipo de historias, a lo máximo que apuntaba él era a poner la rosa roja como símbolo de amor pero el escucharle hablar a esta acerca de cómo alguien cercenó la cabeza de un enamorado y la enterró a su lado, las ganas se le quitaron.
— ¡¿Qué… qué pasa acá? — grito todo lo honorable que pudo, logrando que el murmullo se detuviera. — ¿Qué son ustedes y cómo llegaron a este sitio? ¡Porque he visto flores antes en Shin Makoku y ninguna de ellas tiene perfil psicópata!
— Son flores sembradas por Lord Weller. — suspiró igual que antes el elfo. — Yo soy un elfo de las flores, vivo en ellas ¿sabe? Cuando trajo aquí mi casa, pues yo vine.
— ¿Cómo? — la cara de Yuuri se contrajo en una mueca bizarra. — Pero ¿por qué todos tienen esa actitud tan negativa y emo? ¿Qué hay de esos crímenes que mencionan?
— Las flores son grandes observadores. — repuso el elfo.
— ¿Pero por qué todas las que trajo Conrad solo hablan de muerte, crímenes y violencia? — inquirió el pelinegro aunque cuando terminó de preguntar la lúgubre idea de que tenía una respuesta lo hizo escarapelar. —…No me digan… que…
El elfo no dijo nada, se limitó a bajar la cabeza deprimido y señalar detrás del Maou.
— No… no me digas que hay un tipo con una máscara de hockey y un machete ahí. — balbuceó aterrado.
— Tranquilo, Yuuri. — le habló en cambio una dulce voz que solo escuchara en sueños.
— ¿Julia-san? — giró el cuello como si le faltara aceite, suspirando al verla ahí. — ¿Qué… qué haces aquí? — preguntó, de pronto abrió los ojos desorbitados. — ¡No me digas que tú has sido víctima de…
— Conrad no me ha hecho nada. — sonrió algo incómoda. — De hecho… no es lo que crees…— siguió mirando el rostro desencajado de Yuuri. — Él no ha matado a nadie es solo que…— hizo una pausa como para pensar cómo decir lo siguiente. — tiene unos extraños pasatiempos… ya sabes, no solo está su sentido del humor.
— ¿Podrías ser más específica por favor? Estoy recordando que de hecho eres un fantasma. — tembló el joven.
— Bueno…— se rascó la cabeza Julia- mira… es solo que… él colecciona este tipo de flores… ya sabes, flores "testigos" de crímenes. Y las trasplanta acá.
Hubo un silencio incómodo por un buen rato, ambos se miraron sin saber qué decir. Entonces, el elfo, algo aburrido ya, intervino.
— De hecho hace algo bueno por nosotros. — replicó. — Porque… ya saben… las flores "testigo" tienen mala fama, porque siempre que ven a alguien cuentan lo que vieron y en muchos lugares creen que la zona donde crecen las flores hay fantasmas o muertos… con suerte el sitio deja de ser circulado pero otras la gente lo incendia o destruye, según ellos para purificarlos o qué se yo. Lord Weller nos rescata y nos pone a salvo en este sitio.
— Ah. — dijo Yuuri sonando nada crédulo. — Sí… seguro es una buena acción, sin duda…
— Sigue siendo un hábito bizarro. — murmuró Julia, para recobrar rápido su temple natural. — Pero igual, Conrad siempre ha sido una buena persona…
De nuevo el silencio incómodo se presentó.
— Tienes razón…— repuso finalmente el chico. — Siempre es tan sui generis…
— Muy original…
— Único en su género…
Silencio.
— Bueno. — sonrió Julia cortante. — Creo que es tiempo que me vaya.
— Ah, sí, claro. — Asintió Yuuri. — Esto…— miró a los lados, el elfo seguía sentado con todo el ánimo de un caracol bipolar, algunas flores murmuraban bajito pero la mayoría había vuelto a cerrarse. — ¿Me hago un lado para evitar el resplandor y el humo? — se encontró preguntando de pronto.
— No es necesario. — arrugó su sonrisa Julia. — Me voy, ya sabes, volando de aquí.
— Ah, volando…
Silencio de nuevo.
Yuuri suspiró con resignación. — Nos vemos, Julia-san, y gracias por…
— No hablemos mas de esto. — asintió la mazoku parándose al más puro estilo de Superman, y alzando vuelo.
El joven rey la miró con la decepción propia de quien pidiendo magia le dan mesías alienígenas con superpoderes.
— Entonces ¿qué flores elegirás? — preguntó el elfo, aunque no se oía realmente interesado, parecía buscar cualquier excusa para volver a su cantaleta perturbadora.
— Sabes, creo que buscaré otras flores, no las quiero molestar. — se excusó el Maou saliendo a toda prisa del jardín, repitiéndose a mil por hora, que no, que las otras flores serían flores normales, que tendrían el muy normal significado que toda persona cuerda les da a las flores y no algo tan terrorífico como lo que acababa de escuchar.
Günter y los tres hermanos caminaban por el pasillo del castillo buscando tranquilamente a su rey. Asumían que se había dado una de sus nada dañinas escapadas, así que no tenían prisa.
— Ese enclenque, ¿no se habrá quedado dormido en el jardín? Ya es de noche y se va a enfriar. — se quejó Wolfram.
— ¡Ah! ¡Mi Heika durmiendo sin que nadie le pueda dar calor en un clima como este! — exclamó Gunter.
Gwendal se limitó a gruñir relajado.
— Probablemente ya se dio cuenta que es hora de la cena. — Conrad intervino positivo como siempre, su sonrisa como plaga resumiendo la idea principal.
— Ahí. — intervino Gwendal terminando la frase bastante curioso. — ¿Viene?
— ¿Tiene algo en las manos? — miró Wolfram al joven rey que estaba ya a pocos pasos de ellos.
— ¡Ah! ¡Heika, pero que considerado! — canturreó Günter. — ¡Fue a recoger flores para su querido tutor que tanto se desvela por él!
— Sin duda son flores. — comentó contento Conrad lanzándole una mirada cómplice a su hermano menor que este no entendió aunque se sonrojó por la pregunta. — ¿Para quién serán?
Pronto las dudas, pues no se despejaron para nada, cuando el Maou se detuvo ante el grupo con el rostro cansado y algo conflictuado.
Primero se sonrojó al ver a Wolfram, aunque los presentes concordaron en que no era solo un sonrojo de vergüenza, sino algo menos "romántico". Sobre todo cuando extendió el ramo de…
— ¿Zanahorias? — preguntó el joven demonio recibiendo el manojo más que ramo.
— Iban a ser flores pero…—contestó Yuuri mirando con cierta ira hacia su padrino, para terminar exclamando. — Y tú, eres perturbador a veces. — acto seguido, siguió de largo, y nadie se atrevió a seguirlo.
Conrad parpadeó sin comprender nada, sus hermanos y Günter lo observaban con miradas desentendidas.
— Y esto. — hablo finalmente Wolfram. — ¿Las pongo en agua o mando a hacer una ensalada?
-Fin-
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