Aclaraciones:
—diálogos.
"pensamientos".
[1], [2], etc. Notas al pie.
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Mechoncitos de carbón y los tres hermanos.
(Basado en: Ricitos de oro y los tres osos, un cuento de autor original desconocido)
Autora: Red Glasses Girl.
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Un pequeño y joven rey saltaba alegre por el bosque. Una piedra por aquí, una raíz de una rama sobresaliente por allá. Mientras saltaba y sonreía, demostraba su sobreexcitación abiertamente, ante la cara de "te lo dije" premeditada del otro chico tan joven como él, pero de cabellera dorada.
Entonces sucedió lo inevitable, crack, y a otra cosa mariposa. Ya no más saltos, ya no más corriditas divertidas, ni raíces sobresalientes del piso… especialmente raíces. Ahora sentía cierto odio hacia esas ramas tan particularmente retorcidas que eran tan resbalosas, y si uno era lo suficientemente idiota, podía pisar en falso y doblarse el tobillo hacia algún lugar que le hacía pensar que su pie no debería torcerse de esa manera.
— ¡Yuuri!
La voz del ex príncipe sonaba más molesta que preocupada, como un padre cansado de tanto repetir las cosas a un hijo que no escucha. Tanto, que ni siquiera se había tomado la molestia de reprenderle por adelantado por su actitud, ni de decirle ahora alguna que otra palabra acerca de la estupidez tan obvia que estaba haciendo antes, y por la cual se cayó.
Con ojos tristes y llorosos, busco amor y calidez con su mirada, Wolfram ofrecía cualquier cosa menos eso. Por suerte la segunda opción estaba a un segundo de enfocar la vista por sobre el hombro de su prometido.
— Conrad… me duele, me parece que me fracturé.
Su voz no había salido tan lamentosa y aniñada como podría haber esperado, sino mas bien la voz de un joven lo suficientemente grande para no llorar, pero saber cuándo sentía suficiente dolor para llamar al número de emergencias y pedir una ambulancia.
Excepto que esto era el país de las maravillas, donde los demonios reinaban y los unicornios existían. ¡Hey, ahí había uno atrás de ese arbolito! La distracción duro poco al rey, tenía que seguir presionando con fuerza su pierna sobre el tobillo porque este dolía demasiado. También le había durado poco el poder salir por una vez de las muchas paredes de piedra de su enorme castillo, el cual pese a lo grande y vasto que era, le aburría mucho. Por fin pasarían un día al aire libre, en un bosque, buscando criaturas raras que podría pedirle a Wolf que atrape y las traiga colgando de una pata para que él pueda verlas de cerca y acariciarlas.
Ahora el plan parecía más el de ser cargado por Wolfram en lugar de algún conejito, aunque se imaginaba a caballito y no colgando de una pata. Se fijo si no había dicho eso en voz alta, no había porque darle ideas que pudiera poner en práctica.
El tercer hermano, y adulto responsable de la expedición, se acercó a él agachándose frente a su pierna herida. Desde su perspectiva Yuuri no podía ver bien en que condición estaba, pero no tenía buenas pintas, ya que sería complicado sacar su zapatilla deportiva de lo hinchado que se había puesto. Además, Gwendal no tenía ni idea del todo de cómo funcionaba ese calzado venido de otro mundo.
Sin palabras y solo con un gruñido, el mayor de los tres hermanos se levantó. En cuestión de un segundo la junta familiar mazoku se había formado, Yuuri tendido en el piso al lado de la culpable raíz del árbol, y los tres hombres en un semicírculo de brazos cruzados observándose entre ellos. Parecía que se comunicaban con telepatía o algo, porque el chico no entendía de que iba la conversación en silencio.
— Esta la cabaña de la zona oeste. Según el último reporte no estaba en malas condiciones, era totalmente habitable.
— Puedo invocar un Kohi y seguro en una hora llega, teniendo en cuenta la distancia. ¿Qué creen que es mejor? ¿Bajar a buscar los caballos ahora, o antes de ir a revisar las condiciones de la casa?
— Si dos de nosotros vamos, será más fácil traer los cuatro caballos por la pendiente, hasta aquí el camino es despejado, pero no sabemos cómo se pone más adelante.
— Lo mejor es subir todos juntos, y luego buscar los animales.
Los tres asintieron.
Conrart levantó a Yuuri como si fuera un saco de papas que no pesara nada, Wolfram se hinco, y su hermano lo colocó con maestría sobre su espalda.
Yuuri se sintió que volvía a tener cinco años.
La casa era como esas que uno encuentra en medio del bosque y está completamente amueblada, tiene camitas suaves con sabanas limpias y almohadas pomposas, y el piso recién barrido. Un pajarito en la ventana, una maceta con flores y un arbusto con rosas en la entrada. De la chimenea no sale humo, y falta el buzón de cartas en la puerta con los nombres de la familia. Debe ser por eso que se la considera abandonada.
Yuuri estaba sentado a la mesa de la cocina con la silla dada vuelta hacia la puerta. Wolfram arrodillado le aplicaba los primeros auxilios mágicos a su tobillo hinchado, y los otros dos hermanos reaparecían en el comedor luego de revisar la casa y los alrededores. El Kohi ya había sido llamado hacia un rato, cuando sus huesudos dedos dieron golpecitos en el vidrio Yuuri lo recibió con una sonrisa. Esa cosa aterradora podía ser tan adorable cuando traqueteaba sus dientes.
La carta para Günter ya estaba preparada, el ataque de histeria del secretario ya asumido, y algunas órdenes para que Josak viniera por ellos con algunos hombres en cuanto pudiera ya escritas. El lindo esqueleto salió volando enseguida a cumplir su misión.
La junta de hermanos se formo de nuevo, Yuuri se volvió a sentir dejado de lado, y Conrart de un momento a otro le sonrió dulce como siempre y le dijo:
—Gwendal y yo iremos a buscar los caballos, por si por cualquier cosa llegáramos a necesitarlos a la mano, mientras Wolfram terminará de darle los primeros auxilios y lo atenderá en lo que necesite hasta que recibamos la confirmación de Günter y sepamos que Josak ya ha partido a buscarnos. ¿Está bien, Su Majestad?
—Aha —sacudió la cabeza con énfasis. Conrart sonrió aun más, lo cual solo él podía lograr.
Minutos luego, y ya solo con su prometido, este colocó sobre la mesa unas pequeñas maderas de un cajón que había desarmado momentos antes cuando llegaron. Habían también algunas vendas que proveyó la casa ajena bien amoblada de en medio del bosque. Puso su pie con mucho cuidado sobre su rodilla manteniéndose agachado en posición principesca, y le pidió que le alcance las cosas. Con toda la delicadeza que sus lindas pero robustas manos podían tener, acomodó dos tablillas sin que casi las sintiera a cada lado de su pierna, tomo las vendas, dio un giro, y luego tiro con la fuerza de mil demonios.
— ¡AAAARRRRRGHHHH-! ¡¿Wolfram que mierda estás haciendo? ¡Ah- AGH, DUELE!
— Si no duele no sirve, enclenque.
— ¡Eso es para los tratamientos de belleza, no para las fracturas!
Yuuri estaba aun sentado a la mesa para cuando los dos mayores volvieron, la única diferencia ahora era que él no le hablaba a Wolfram por decreto real. Al menos por la próxima media hora, o lo que aguantara sin casualmente dirigirle la palabra por cualquier cosa banal sin darse cuenta.
Los caballos parecían contentos con el pasto del jardín delantero de la casona, todo ahí era más verde, más lindo, más… mágico. Como una película de Disney, en cualquier momento si Gwendal empezaba a cantar y los animales del bosque le bailaban alrededor podría ser tan casual como un sangrado de nariz de Günter.
El Kohi volvió al mismo tiempo que los dos hermanos, subir los caballos había tomado una media hora y al parecer el ente hecho de calcio no se tomaba descansos o se preocupaba por hacer horas extras a contra reembolso. Gwendal recibió la carta, leyéndola apaciblemente, hasta que sus ojos azul cielo comenzaron a rodar el papel descontrolados, subieron y rodaron de un lado a otro una vez mas de arriba abajo.
Justo en ese momento a Yuuri se le dio por hablar, llevaba media hora callado y hoy estaba herido, lo cual lo ponía el doble de quejoso que la mayoría de las veces.
— Tengo hambre.
Gwendal no lo miro como venado ante los faros de un camión, lo miro como si su pequeño hijo hubiera volteado la cabeza de la nada y preguntado: ¿Papi, de donde vienen los bebés?
— Josak no tardara tanto Su Majestad, estaremos para la cena en el castillo, así que solo aguante un poco más.
— Josak no viene hasta mañana a la mañana.
Silencio.
Wolfram miró a Gwendal. Conrart miró a Gwendal. Gwendal miró a Conrart y luego a Wolfram.
Wolfram miró a Conrart. Conrart miró a Wolfram. Ambos miraron a Gwendal. Y Gwendal los miró a ambos.
— Bueno, hay que preparar la cena entonces. — dijo el hijo menor de la disfuncional familia.
A Yuuri le pareció que hacía falta un buen efecto especial de un rayo cayendo afuera de la ventana por detrás de los tres hermanos. Para ponerle un poquito más de suspenso a la situación.
Si, vendría de pelos una buena tormenta.
Pero esto era Disney, no Tim Burton.
Todos estaban sentados a la mesa correctamente como Lores nobles. Conrad tenía una sonrisa demasiado amable, Wolfram cara de mi pobre angelito, y Gwendal un sarpullido en la frente que todos ya sabían que era.
— Hermano mayor, insisto, yo me puedo encargar de la cena. No es problema.
— Creo que está bien Wolfram, pero seguramente Su Majestad se preocupe si vas solo ya que se hará de noche pronto y estamos en un lugar desconocido. Yo puedo ir, y sería igual de rápido, y así nadie se preocuparía.
Claro, porque todos estaban al tanto de que Conrart era el autodestructivo de la familia, así que era normal que saltara a la trinchera enemiga armado con una cuchara, y peleara contra cincuenta hombres él solo de vez en cuando. Si iba al bosque solo, ¿qué podría pasar?
— Puedo ir yo, y los dos se quedan aquí cuidando al rey.
Las intenciones de Gwendal eran confusas. No se sabía si quería ganar la disputa familiar, o si no quería ser la niñera de Yuuri.
— ¿Me estás diciendo que no soy capaz de hacer algo tan básico como ir a buscar algo para la cena al bosque, Weller?
— No estoy suponiendo algo como eso.
— Puedo ir yo, y los dos se quedan aquí cuidando al rey.
Los ojos de Yuuri iban de acá para allá como en una cancha de tenis marcando los tantos. La discusión continuó tan políticamente correcta como era posible entre un par de insultos de Wolfram, y Conrart tratando de calmar el mal temperamento de su hermano, y a veces embarrando más la situación en vez de arreglarla. Gwendal se limitaba a repetir lo mismo cuando le daban tiempo, aunque nadie lo estaba escuchando.
Yuuri pensó que esa era la misma táctica que él usaba con su hermano mayor, así que se sintió un poquito más como en casa.
— ¿Y qué hay en el bosque para cenar? — preguntó su estomago. El rugido, además de su voz, fue tan fuerte como para interrumpir a los dos que peleaban. Los tres lo miraron, y voltearon de nuevo a seguir la conversación.
— El rey tiene hambre, y estamos aquí perdiendo el tiempo, ¿no se supone que ya deberíamos estar cumpliendo con nuestro deber y alimentar al enclenque? Yo soy el más apropiado para conseguir algo nutritivo. Además soy su prometido, así que al ser el más cercano a Yuuri sé que es lo que más le gusta, y soy un soldado capacitado para vérmelas con un bosque lleno de florecitas como para que se anden preocupando por mí. —Su mirada verde esmeralda se clavo en los ojos con motas plateadas al recalcar la parte de soldado capacitado y bosque lleno de florecitas.
— Wolfram sabes bien que a veces el terreno no es lo que parece, no es como en Artellino que sabíamos a lo que nos enfrentábamos, solo trescientos de nosotros contra miles de soldados.
— ¿A si? Te recuerdo que la batalla que se armó en la capital cuando se sublevaron los plebeyos durante esa época, tampoco fue color de rosas. Todo el pueblo arrojándose piedras entre ellos no es broma, había que saber esquivarlas y abatirlos uno por uno, ¡y ahí también eran miles!
— Nosotros teníamos armas de baja calidad, había que usar las espadas rotas y luego robarlas a los enemigos, también necesitábamos saber esquivar. Y patinábamos en la sangre además, no era tan fácil.
— ¿Y que de la maniobra de avanzada de Silhitus? Entrar por las alcantarillas, creo que el piso era igual de resbaloso pero no olía tan bien como el tuyo, al menos el olor a la sangre es costumbre. ¡Ah! Pero en la de Shilitus un paso en falso y el rio ese te tragaban, era tan sólido que podías caminar en él, pero de vez en cuando un poso, y estarías lleno de mierda hasta la cabeza.
Por alguna razón, a Yuuri se le fue el hambre. No sabía si desde el viaje mental al rio de sangre, o después del paseo por la alcantarilla.
— Las vísceras, Wolfram, no son el panorama más lindo del mundo tampoco, y para nada huelen bien. Josak peleó media guerra con la mitad afuera…
— No estamos hablando de Gurrier, él sí que sabe de meterse en lugares jodidos, pero no viene al caso.
— Bueno entonces que hay de la infiltración a Dai Shimaron para contactar al espía interno atrapado durante la tormenta de nieve. Si hablamos de caminar en lugares peligrosos, ese fue uno de los peores.
— No me hables de caminar en arenas movedizas, porque a mí ya me trago el agujero de un oso Panda.
— Yo luche contra esos osos tres veces antes que ese incidente.
— ¡Suficiente! — bramó Gwendal. — Les recuerdo a los dos que ninguno vivió la batalla de Tiasis en medio de la selva, si hablamos de terrenos minados ese era el peor de todos, ¡y el bosque es lo más parecido!
— Ah, pero yo también tuve expediciones que cruzaron por la selva antes de llegar a destino, las plantas carnívoras tienen sus puntos débiles por más fuerza que tengan.
— Yo tuve suficientes prácticas en la academia en terreno fangoso y salvaje también. Los animales ya no son un problema.
— Una batalla real no es la academia.
— Claro, si te atacan aprovechando el terreno las enredaderas pueden suponer la muerte.
— ¿Y que se pensaban que hacíamos, pasear por la selva? Armábamos combates entre dos grupos prácticamente a muerte, hasta varios terminamos fracturados con tal de romper la fila enemiga infiltrarnos y matar al rey de turno.
Las voces de los tres hermanos se comenzaron a mezclar tanto que Yuuri no podía distinguir bien, entre nombres de lugares desconocidos, batallas, espionaje, y cosas salidas de películas, el dolor de su cuello aumentaba. Desistió de intentar mirar a cada uno cuando hablaba. Ahora que caía en cuenta, ¿con que clase de tipos peligrosos compartía la mesa?
Prácticamente eran tres leones, y él un conejito. Encima un conejito lisiado.
Una pregunta estúpida, y a la vez no tanto, le vino a la mente. "¿Si alguno de ellos decidiera conspirar contra el rey, como me matarían?" Había encontrado una diversión para divagar.
La discusión terminó en una competencia, los tres saliendo por la puerta indignados, con planes de conseguir el mejor banquete que haya visto nadie nunca. Al menos el mejor banquete que puede salir de un bosque, a menos que pasara como con la casa y encontraran en algún lado una mesa servida.
El mediano de los tres hijos caminaba adentrándose mas y mas entre los arboles sin la preocupación de perderse, esas cosas eran prácticamente imposibles con toda la experiencia que tenían, imposible para cualquiera de los tres. Gracias a dios Yuuri se esguinzó el tobillo, sino habrían tenido que atarlo, o a los cinco minutos estaba en la otra punta del mapa adentro de un poso o algo parecido. Por eso habían salido sin temores, y dejarlo solo tampoco preocupaba demasiado, era obvio para los tres que la zona de la casa era segura y ningún animal salvaje se acercaría a los alrededores.
Y hablando de animales salvajes, a lo lejos vio lo que sería su presa, complacido sonrió de una manera muchos más natural que de costumbre, algo escalofriante.
El primogénito de la familia se mimetizaba bastante con el ambiente en su uniforme verde. Ya tenía en mente que podría cazar para llevar para la cena, era temporada de liebres y aun no habían probado ninguna en el castillo. Esta noche hubiera sido el banquete especial de temporada, pero ya que se lo perderían de la mano del chef del rey, podrían tenerlo de la mano de ellos mismos.
Apoyándose sobre el tronco de un árbol de base mohosa, cruzó una zona complicada donde las raíces de dos árboles se apelmazaban juntas. Al pasar al otro lado, el paisaje cambio completamente, un pequeño claro de unos metros y un lago de poco caudal se ubicaba en un semicírculo del sembrado de la arboleda.
El lago era brillante y cristalino, se podía ver el fondo cubierto de hierba y algas, y los peces y renacuajos nadando. Algunas ranas descansaban sobre los nenúfares flotantes de color verde brillante que tenían algunas bonitas flores en ellos. Había un pequeño venado tomando agua, y por el otro lado un conejito. Un pajarito bajó y se posó a un lado, dando saltitos hasta hundir su pico en el borde.
Las pupilas de Gwendal se dilataron.
El tercer hijo llevaba una manta atada por las puntas colgada al hombro. Dentro de la improvisada bolsa iba juntando algunas plantas y vegetales por el camino. Los árboles no tenían fruta pese a la temporada, algunos arbustos apenas mostraban algo similar a las bayas o moras, que después de mirar un rato decidió que era mejor no arriesgarse.
La carne seguramente sería algo que sus dos hermanos decidirían llevar a la mesa, así que optó por otro tipo de cosas que pudiese ofrecer la naturaleza. El berro era amargo, pero al menos podría hacer ensalada para acompañar, se acercó al borde del río y recogió una cantidad moderada, tenía que tener en cuenta que la bolsa también contenía otras cosas.
Miró a los lados del río, y más allá al pie de un árbol crecía algo que estaba seguro de conocer. Se acercó y se agachó frente a ellos, una sonrisa gatuna se dibujo en su rostro, los hongos marrones crecían en gran cantidad en esa zona.
Conrart desenvainó la espada con gracia y rapidez, se inclinó hacia adelante y cargó contra el animal que ahora le llevaba el doble de su altura. El oso lanzo un zarpazo que no acertó, y cayó de lleno al piso con un golpe que retumbó entre las copas de los arboles del bosque. El hombre tomó un pañuelo de su bolsillo y limpió la espada antes de envainarla de nuevo. Se dio la vuelta y observo el enorme cadáver tendido en el piso, que ahora tendría que llevar para la cena.
Yuuri se había hecho de una pseudo muleta con una escoba y colocado la silla junto a la ventana. Sentado observaba el paisaje que ya desde hace rato no tenía nada nuevo que ofrecer, le hubiera gustado salir a caminar un poco por los alrededores, pero estaba imposibilitado.
"Si fuera Conrart el que me traicionara, no creo que usara veneno, tal vez eso es mas de Wolfram. Uh, no. Wolfram seguramente optaría por tomar la iniciativa en la cama y cuando este distraído por el placer me terminaría con su espada. Como en Kill Bill. ¿Debería decir que esa sería una muerte feliz? Y si fuera Gwendal… no se qué haría si fuera él, ¿cómo me mataría? Seguro es de los que esperan a que este distraído para dar solo un empujoncito y que me caiga al vacío desde un precipicio, así todo sería un gran accidente."
Dejando de lado sus fantasías de planes macabros y traiciones políticas, Yuuri se levantó de golpe.
— ¿Qué… Es… Eso? —preguntó en voz alta enfatizando cada palabra muy lentamente.
Seguramente si Conrart lo matara seria igual que si lo hicieran Wolfram o Gwendal, un espadazo llano y liso, o ni siquiera ensuciarse las manos, romperle el cuello seria cuestión de una mano.
Yuuri era tan débil como cualquier animalito del bosque.
Justo como esos que rodeaban a Gwendal que entraba por la puerta de la casa. El chico se pregunto si ahora empezaba a cantar, o primero tendrían un dialogo acerca de un pie de manzanas o alguna otra cosa ridícula antes de que los animales comenzaran a limpiar la casa por cuenta propia.
El venadito mordió el mantel de la mesa y lo arrastró por el piso tirando todas las cosas de la a su paso, masticándolo y rumiándolo de a poco, uno de los conejos marcaba su territorio orinando en una esquina, y los pajaritos se robaron todo el pan que podían cargar en sus picos (lo cual increíblemente eran hogazas enteras) y salieron volando hacia los arboles del bosque. Ciertamente no era Disney, pero había estado cerca.
¿Era eso un zorrino? Saltando en un pie Yuuri se adelanto rápidamente hacia la puerta y comenzó a espantar al animal con la escoba antes de que entre, haciéndole "shu shu" a la mata de pelos apelmazada y dura color blanca y negra. No era para nada lindo como en los dibujitos animados, el animal estaba viejo y bastante feo. Y no quería ni pensar en que entre y termine orinando en la casa, o peor aún, en él, y que luego tuvieran que abandonar su único refugio.
El chico miró a Gwendal con cara interrogante cuando cerró la puerta, "¿Qué creía que hacia trayendo un animal como ese hasta aquí?" pensó. Pero el hombre se veía demasiado complacido mirando el venado y los dos conejos que quedaban, aunque el pequeño antílope seguía siendo demasiado grande para ese lugar y al caminar volteaba y tiraba todas las cosas al piso.
Obviamente nadie lo iba a castigar, y sería mejor no preguntar si se suponía que era la cena.
La puerta se abrió y una cabellera rubia apareció.
—¿Esa es la cena? Hace mucho no comemos venado —sonrió complacido. La cara de su hermano mayor eran puras arrugas entre sus cejas—. Ha, Hermano Mayor —dijo desinflando su alegría—. Entonces no hay venado para la cena. — Porque pedirle a Gwendal que matara a un animal así, si podía ser evitado, era lo mejor. Y por lo que veía, faltaba que aun llegara Conrart de vuelta.
—¿Traes comida? —preguntó Yuuri sonando mas desesperado que de costumbre. Tenía hambre, estaba cansado de esperar, y no hacía falta recordar que lo quejoso hoy estaba duplicado por dos.
—Aquí mismo — dijo Wolfram, soltando la bolsa sobre la mesa sin mantel. Las verduras estaban sucias, la tierra seca del bosque se había humedecido con el agua del rio que tenía el berro, y el escaso lodo manchó la madera y la tela.
Yuuri puso cara de asco. ¡Quería comida, no plantas! Y ya conocía el berro, no tenían muy buena relación con él, su madre lo obligaba a comerlo de vez en cuando y lo odiaba.
Donde nadie lo había notado bajo el uniforme, Wolfram tenía colgado en la parte trasera de su cinturón un pañuelo en forma de bolsa mucho más pequeña, en su interior guardaba algunos hongos. Si Gwendal o Conrart los veían se le acabaría la broma ahí mismo, así que enseguida desató la bolsa y fue hacia la cocina arrastrando también la tela grande con las demás verduras.
—Voy a ir adelantando estas cosas, hay que lavarlas antes de que estén listas, y Weller todavía no llega —dijo.
—¿Crees que le pasó algo malo a Conrad?
—No, no lo creo —respondió el general. Pero se preguntaba porque estaría demorando tanto, no creía posible que no haya encontrado nada aun.
Pasada ya casi una hora, Wolfram había terminado las cosas en la cocina, cortado las verduras y preparando algo. Porque lo que sea que hizo no tenia nombre, y la mayoría de las plantas para Yuuri eran igual al pasto que se cortaba una vez al mes en el jardín de su casa. Miró el bol enfrente de él y pellizco un poquito de algo que no había probado. Amargo, igual que lo demás, no le gustaba.
Para cuando suspiró y pensó: "Ojala que Conrad llegue pronto", los ruidos afuera de la casa le dieron a entender que su deseo se hizo realidad al instante.
Lo primero que vieron todos entrar a la casa fue un oso pardo gigante con la boca abierta mostrando los dientes, y luego del susto, la sonrisa del castaño apareció por debajo de la cabeza del animal que cargaba. Con un golpe seco el animal cayó al piso ante el horrorizado Yuuri, y los atónitos Wolfram y Gwendal. El hombre castaño se limpio el sudor de la frente, y no parecía tan cansado como tendría que estarlo alguien luego de arrastrar tanto peso por todo el bosque.
— Espero que le guste la carne de oso, Su Majestad —dijo jocoso.
—Oh, ya he probado antes el curry de oso —respondió Yuuri naturalmente, y al momento se acordó que esta no era una situación normal—. ¿Pero qué es eso Conrad? ¡¿De dónde lo sacaste?
El hombre solo rio como respuesta, y luego observo a sus hermanos. Wolfram parado en la puerta de la cocina tenía un trapo atado a la cintura y el cuchillo en su mano, este suspiro y dijo—: Esta bien, yo me encargo —en un tono poco esperanzador.
—¿Está bien dejar a Wolfram encargarse del oso? —pregunto rápidamente el rey por lo bajo al mayor de los tres hermanos.
—Mejor Wolfram que Conrart —fue la única respuesta que dio, y por sus ojos parecían pasar atroces recuerdos como una película.
—Ah, Wolfram, no te molestes. Yo puedo cocinarlo —comenzó a decir Conrart.
Y su hermano menor lo interrumpió de inmediato—. No, no. No es ninguna molestia —insistiendo demasiado en hacer las cosas solo.
Tras escuchar a lo lejos una muy larga discusión en la cocina de los tres hombres, Yuuri pensó que no sería necesario que ninguno de ellos intentase matarlo con veneno. Seguramente con la comida normal de alguno de ellos bastaba.
Al final, Conrart insistió en que si cada uno busco comida, lo menos que podía hacer era encargarse de ella por su propia cuenta. Lo que significaba únicamente que la competencia entre los tres aun no había terminado, y esas eran las palabras amables para una declaración de guerra culinaria. Yuuri solo quería cenar lo que sea e irse a dormir, pero las cosas no parecían salir como lo esperaba.
Algo se rompió en la otra habitación, sonando como un vaso contra el piso, seguido de muchos objetos de metal rechinando entre ellos, y se escucho también algo como una cacerola rebotando por todos lados al perder el peso que tenia dentro. El rey miro alarmado, y apenas vio la cosa liquida que reptaba desde la puerta de la cocina hacia él, corrió la mirada y se replanteo que la oscuridad del bosque que veía por la ventana era más esperanzadora que eso. Por más que veía miles de ojitos amarillos y rojos observándole de entre los árboles, y habían muchos ruidos raros opacados por los grillos.
— ¡Ya basta! ¡Suficiente! —los gritos cortaron sus pensamientos acerca de otras posibles maneras de que esos tres hombres tan amorosos conspiraran contra él. El chico miró hacia la cocina.
Gwendal venía con Wolfram agarrado de las solapas, y con Conrad del brazo, tal como si fueran dos niños de primaria atrapados en medio de una travesura. Los pies del rubio apenas y llegaban a tocar el piso, su cara solemne pero ruborizada era lo más gracioso. Primero obligó a sentarse a su padrino, que se quedo erguido en la silla en silencio como una tabla, mientras el ex príncipe más joven se alejaba cada vez más del piso entre un movimiento y otro del mazoku mayor. Hasta que lo alzó y de un golpe lo sentó en la silla. Yuuri entendió que seguramente Wolfram era más hiperactivo, y los castigos tenían que ser bastante cortantes para que los aceptara sin rechistar. Tenía que anotar eso en su archivo mental dedicado a detalles útiles sobre el rubio, para usarlo a favor en años venideros.
—Wolfram —el chico dio un respingo casi imperceptible—, pon la mesa. Conrart —ahora el que dio el respingo fue el hijo del medio—, ayuda al rey a sentarse aquí, y quítale el mantel al venado. Y después ambos sirven el agua y esperan sin hacer nada.
Efectivamente el venado, luego de romper casi todo lo que había en el comedor a su alcance, masticaba de nuevo el mantel. Los conejos… hacían cosas de conejitos debajo de una de las mesas al otro lado. A todo esto, el joven rey no entendía de donde había sacado Gwendal ese delantal extra largo tan adecuado para su estatura, de color rosa y con un patito amarillo pintado excesivamente tierno. Y lo peor, le quedaba bien.
El hombre de cabello oscuro desapareció en la cocina, sus dos hermanos atentaron a mirar hacia allí y por alguna razón al instante corrieron la vista y comenzaron a hacer como no estuvieran haciendo nada, mirando a todos lados de arriba abajo con una expresión inentendible para Yuuri. Al rato, ambos comenzaron a hacer lo que se les pidió, como si nada hubiera pasado.
Conrart se acercó a él tan amable como siempre—. Su Majestad, déjeme llevarlo a la mesa —dijo, mientras cambiaba la escoba que usaba por sustento por su propio brazo. Yuuri se dejo guiar, y volvió a revisar donde andaban las nuevas mascotas de la caza al sentarse, el venadito tenía un tazón de agua y descansaba recostado en la alfombra, y los conejos seguían en sus cosas triple x.
En un abrir y cerrar de ojos, de alguna manera, comida apareció frente a ellos. La olla que antes él suponía llena de cosas grotescas inimaginables, y que en el interín de la espera Wolfram le comento que fue culpa de Conrart, ahora tenía dentro verduras que si se veían sabrosas y carne hervida en caldo en jugosas y generosas porciones de gran tamaño. Mientras Gwendal servía los platos, Yuuri comenzó a pensar que si tenía una gran familia.
"Entonces, Gwendal es la mamá, Conrad es el papá, y Wolfram y yo somos los dos hijos. Uno de ochenta y dos, y otro de diecisiete. Ahora Wolf es como mi hermano mayor. Somos como el hermano deportista y el hermano bonit-"
—¡Auch! —se quejó cuando el rubio le tiró de la oreja para llamar su atención y decirle algo.
"El hermano deportista… ¡y el hermano abusivo!"
Pese a que la familia que Yuuri adopto era bastante peculiar, y no por demás disfuncional, la cena transcurrió tranquila.
—Ah, hermano mayor, déjame traerte algo de té, después de todo terminaste cocinando todo tu solo —dijo Wolfram, y algo sorprendido el hombre le agradeció cuando ya iba camino a la cocina.
Una vez allí, acunado por la privacidad del lugar y cerciorándose que todos en el comedor estuvieran entretenidos, saco de un cajón lo que había guardado antes. Desarmó el paquete hecho con el pañuelo y remojó los hongos en el agua que quedaba en una de las ollas, los corto en trozos y los separó. Preparó el agua para el té como era lo normal, aunque antes de colar las hebras, remojó los trozos de hongos en el agua hirviendo de una de las tazas.
Con el té listo frente a él, ahogó una risa antes de preparar la bandeja. La taza para Gwendal era la más tierna que encontró en la estantería, las oras tres eran normales, cosa que así no habría quien se equivoque. Darle una infusión de este tipo de hongos a los otros dos no tenia gracia, la gracia era dárselo a Gwendal.
Hongos de la risa.
—¿Gwendal, te sientes bien?
—Hum… si… —respondió vagamente al rey. Miró a un lado y ahí estaba un conejo, era tan lindo. El animal levanto la cabeza y olisqueó el ambiente, como suelen hacer siempre esos animalitos, él había cuidado de varios antes, y ya conocía todas sus mañas. Pero este hizo algo que nunca jamás hizo ninguno de ellos.
—Hey, hombre, ¿Qué onda? ¿Dónde están las zanahorias?
—¿Qué?
—Quiero una zanahoria, vamos hombre, y si se puede una prostituta también.
—¡¿Qué?
—Ya estoy cansado de la vieja coneja, amigo.
Yuuri no estaba seguro de que Gwen estuviera bien, sus pupilas estaban muy dilatadas. Y si no veía mal, estaba teniendo un concurso de miradas con el conejo, y parecía que iba a entablar una conversación muy pronto.
—¿Estás seguro que está bien, Conrad? Porque yo lo veo medio raro —le dijo el chico a su padrino inclinándose a un lado sin despegar la vista del hombre. Entonces vio la sonrisa de Wolfram. Su prometido, más té, más una sonrisa, más su hermano en ese estado, igual: culpable. Conrart pareció llegar a la misma conclusión.
Gwendal, luego de quejarse con el conejo por ser un malhablado y para nada tierno y bonito, volteo hacia el venado. Las pestañas grandes, los ojos enormes y marrones, su hociquito pequeño, alargado y lindo.
—Tomas el cuchillo, finge normalidad. Y matas al chico con cara de tarado.
Entonces no lo soporto más, y con una mueca de pánico en el rostro se dio la vuelta hacia los demás—. ¿Los animalitos no están hablando, cierto? Claro, estoy equivocado, que disparate. ¿Cómo van a hablar los animales? Es solo que estoy algo cansado y creo escuchar cosas…
—No, hermano, en realidad no estás equivocado. Si han estado hablando todo el tiempo que tomábamos té… —dijo Wolfram, y ahogo una risa, la cual paso totalmente inadvertida por el hombre mayor pero para los otros dos era alevosamente evidente.
Antes de que nadie pudiera decir nada, Gwendal se levantó de golpe con cara de traumatizado salido del manicomio, y salió como tiro para uno de los rincones. Se acurrucó ahí y comenzó a decir algo de que nunca traicionaría al rey una y otra vez, mientras se mecía hacia atrás y adelante y se acariciaba el cabello atado en forma de cola de caballo.
Antes de que Wolfram diga nada, y viendo lo preocupado que estaba por la situación, Yuuri lo miró con cara de superado y dijo:
—No te dio tiempo a decir que era una broma ¿he?
Arreglados los problemas, con un calmante de por medio y media hora de terapia un tanto extraña de parte de Conrart para Gwendal, las camas estaban listas esperando por todos ellos. Yuuri no era de tomarse a pecho eso de ser rey y tener más privilegios que otros, menos cuando se trataba de sus amigos cercanos como lo eran los tres hermanos, pero hoy se permitió un desliz.
Una a una, probó todas las camas. Una muy dura, otra muy blanda, y encontró la perfecta. No era la más grande, pero seguía alcanzando de sobra para dos personas. Para su suerte, la que le gustaba podía albergarlo a él y a Wolfram tranquilamente, aunque era por sabido que dormirían tan pegados, con el rubio enroscado en él, que les sobraría espacio.
—¿QUIÉN HA DORMIDO EN MI CAMA?
Yuuri se pegó el susto de su vida, la voz ronca y rasposa lo hizo dar un brinco en su pie sano, y escucho la risa de Wolfram. Lo miro de mala manera —. Idiota —se quejó.
Antes de ir a dormir, les había hablado a todos acerca del cuento de "Ricitos de oro y los tres osos", porque esta situación era particularmente parecida. Hasta había hecho las voces para todos los personajes y lo había contado tal cual, por lo que Wolfram se había reído un buen rato de él al hablar como papá oso.
—¿QUIÉN HA DORMIDO EN MI CAMA?
Un momento, Wolfram estaba al lado de él sentado, y nadie dormía en la cama porque le estaba ayudando a acomodar su pie adolorido de manera cómoda. Gwendal estaba arropado meditando si ya se le pasó lo de los hongos alucinógenos o si la lámpara tenía algo que decirle. Porque al final su hermano cometió un error bastante común, que era confundir los hongos de la risa con los que te dan viajes interesantes al mundo de los colores intercambiados y los animales parlantes. Conrart estaba parado junto a su cama acomodando su espada, y miraba atónito a la puerta detrás de ellos.
Ambos voltearon.
Un oso.
No, dos osos. Y un osito con pantalones cortos y gorrito. Tres osos. Mamá, papá y el bebé. "¿Ese oso tiene un traje de leñador puesto? ¿De casualidad no trae el hacha, no?" pensó Yuuri.
No, no trajo hacha. Pero si a la policía del reino vecino, porque la invasión de la propiedad privada era delito en todos lados, tanto en este mundo mágico como en la Tierra. Para su suerte, y especialmente la de Conrart, el oso que se comieron era de otra especie, los que hablan y usan pantalones no andan desnudos por el bosque. Eso es ilegal, seria perturbar la sanidad mental de los vecinos con conductas sexuales inapropiadas.
Cuando Yuuri se entero que existía una escuelita ahí también, y que la profesora era la Señorita Venado, una delicada mujer con anteojos y largas pestañas de antílope. Y que el detective del pueblo era un gato negro gigante que fumaba y usaba traje, era demasiado tarde para hacer un chiste sobre el comic de Blacksad.
Al menos Conrart no iría preso por asesinato en primer grado, pero sí tendría que comerse un lindo sumario la semana que viene.
A Günter no le iba a gustar para nada esto.
-Fin-
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