I'm having a hard time;
I'm walking a fine line, between hope and despair.
Capítulo 2: Perdiendo el Control, o sobre seguir impulsos
El silencio pesaba en la cocina de Grimmauld Place. Hermione se retorcía las manos, sin despegar la vista de Harry, hasta que el mutismo de éste le resultó insoportable. Gimió frustrada y desorientada. Harry, presa del pánico al ver que ella estaba a punto de marcharse, por fin encontró algo para decir.
-Yo... yo... simplemente... tuve un impulso- logró articular.
Hermione emitió un ruido extraño. Se balanceaba de atrás hacia delante, temblando. El contemplarla hacía que Harry se sintiera más mareado. Pensó vagamente si besarla de nuevo serviría para tranquilizarla, y luego se asustó por tal ocurrencia. ¿Qué demonios pasa contigo?, le susurró esa voz de su subconsciente, parecida a la de su amiga.
-¡Un impulso!- exclamó ella al fin- ¡No puedo entender este descaro, Harry!
Él tragó saliva. Hacía mucho que no veía a Hermione tan fuera de sí. Parecía estar al borde de las lágrimas.
-Sólo fue un beso- quiso restarle importancia.
-¡Sólo fue un beso!- Hermione imitó su tono de voz despreocupado-¡Cómo puedes estar tan tranquilo!
-Bueno, a mi me gustó- se justificó torpemente el joven- Si hubieras correspondido, tal vez...
-¿Cómo pretendes que...?- Harry estaba seguro que Hermione se desmayaría.
Alarmado, dio un paso hacia ella por si debía sostenerla. Hermione retrocedió hacia la chimenea, respirando agitadamente.
-Tomaste demasiado hoy- dijo, más para sí misma que para Harry- Eso, más el golpe...
Por algún motivo, parecía dolida. Harry quiso acercarse a consolarla, pero ella le apartó su brazo de un manotazo.
-¡Basta, Harry! ¿No te das cuenta que no sabes lo que haces?- Hermione tomó un puñado de polvos Flu de al lado de la chimenea, y luego de arrojarlos con fuerza innecesaria, se metió dentro y desapareció.
Harry se quedó petrificado por unos segundos. No acababa de comprender lo sucedido. Se dio vuelta, dispuesto a irse a dormir enseguida, y descubrió que Kreacher había estado observando todo desde la entrada de la cocina. El elfo lo miró con reprobación.
-El amo quiere a la sangre sucia, pero no sabe cómo comportarse con ella. El amo tampoco sabía qué hacer con la pelirroja traidora de la sangre.
Harry rió estrepitosamente.
-¿Qué dices, Kreacher?- preguntó, pasando por alto el comentario sobre la sangre de Hermione- Si yo sólo...
De repente, se dio cuenta de todo lo que acababa de ocasionar. Abrió la boca horrorizado, mirando a Kreacher.
-¡Pero qué hice! ¡Besé a Hermione!
-Kreacher cree que el amo bebió demasiado hoy.
Harry se dejó caer en una de las viejas sillas de la cocina. Su cabeza le latía, sentía un dolor punzante en la mano, y no podía dejar de pensar en lo normal pero maravilloso que era tener a Hermione entre los brazos. Ya la estaba extrañando.
Dándose cuenta de a dónde se dirigían sus pensamientos, gimió aterrado. Su cabeza se posó sobre la mesa.
-Mierda- susurró contra la fría madera- ¿Qué me pasa?
Harry nunca supo cómo llegó a su cama. Supuso que Kreacher lo había aparecido allí. Como la casa estaba rodeada de hechizos anti-aparición para intrusos, el elfo era el único capaz de usar esa habilidad.
Harry cerró los ojos apenas los abrió. Gimió cuando un agudo dolor de cabeza lo asaltó. Se sentía débil y mareado. Y por sobre todas las cosas, un gran temor comenzaba a asaltarlo, al recordar la escena de la noche anterior entre él y Hermione.
¿Qué pensará de mí?, se preguntó Harry adormecido. Puedo apelar al Whisky de Fuego... ¡pero no quiero hacerlo! Lo que quiero es volver a bes...
Harry se incorporó de un salto, lo que acentuó sus dolencias. Se estaba asustando. No era normal que tuviese ese tipo de pensamientos sobre su mejor amiga.
Pero es tan hermosa, tan inteligente. Me encanta esa manera que tiene de mover la varita, sobre todo cuando...
-¡NO!- aulló Harry, saltando de la cama y sacudiéndose como un perro.
Kreacher, atraído por el grito de su amo, apareció con un chasquido.
-¿Qué le sucede al joven amo?- masculló, mirando a Harry con los grandes ojos entrecerrados.
-Nada, Kreacher... tuve una pesadilla- murmuró Harry, tomando su varita de entre las sábanas.
Miró despreocupado el reloj de su mesita de luz y con un grito ahogado se dio cuenta que llegaba tarde al trabajo.
-¿Por qué no me despertaste, Kreacher?- preguntó fastidiado, mientras se desprendía de la olorosa túnica del día anterior.
-Kreacher quiso hacerlo, pero el amo no lo dejó.
Harry ignoró el dolor de sus miembros por el resto de la mañana. En el Ministerio, apenas pudo mantener la atención durante la reunión a la que tuvo que asistir como parte del operativo de El Asunto de Alemania. Sus pensamientos se veían invadidos por Hermione con una frecuencia alarmante. Para la hora del almuerzo, se preguntó con seriedad si no estaba bajo la influencia de una Pócima de Amor, porque francamente...
A media tarde, le llegó una carta de Ron, que quería saber cómo estaba. Harry no sabía si contarle sobre su extraño comportamiento, o sobre El Incidente, como había comenzado a llamar al beso entre él y Hermione. Más bien al beso que forcé entre nosotros, pensó Harry tristemente.
Hacia la hora de la salida, sus ansias de ver a Hermione se incrementaron, así como las ganas de encararla y preguntarle por qué no había correspondido a su beso... o por qué no se había molestado en saber como estaba su "resaca".
Usualmente, Harry y Hermione se iban al Londres muggle a cenar o al teatro luego de sus horas de trabajo. Esto ocurría dos o tres veces por semana, pero hoy, Harry estaba dolorosamente seguro de que Hermione no aparecería para llevárselo a recorrer el centro de la cuidad.
El joven esperó pacientemente hasta bien pasada su hora normal de salida, pero la descontrolada cabellera de su amiga no asomó en ningún momento. Resignado, se fue a Grimmauld Place cabizbajo.
El día siguiente se repitió sin novedades. A menos que una novedad fuera que Harry no podía sacar de su cabeza a Hermione. Cometió varias torpezas en el trabajo, pero sus colegas aurors atribuyeron el extraño estado del joven al cansancio producido por las tribulaciones de El Asunto de Alemania.
Y así, luego de otro día nada memorable, Harry se encontraba echado en un sillón de Grimmauld Place, en la sala grande del piso inferior (había redecorado toda la casona apenas se había mudado, para hacerla un lugar habitable y menos horroroso y por supuesto, Hermione había dirigido la reforma). Con una cerveza de manteca colgando de la mano, Harry meditaba escuchando el lejano tintineo de los platos siendo lavados por Kreacher.
Sin éxito, había intentado analizar sus nuevos sentimientos por su mejor amiga. Esta repentina necesidad de verla, tocarla, o simplemente estar con ella. El hecho de que aun perduraba en su memoria, con perfecto detalle, la sensación de sus labios unidos. Harry se sentía condenado por algún extraño ser omnipresente. Tal vez debía hablarlo con alguien más. Cavilaba sobre si mencionarle a Ron algo de todo ese embrollo serviría de algo, cuando una voz proveniente de la cocina y que claramente no era la de Kreacher hizo que se levantara bruscamente, preguntándose dónde había dejado la varita.
Idiota, eres un Auror, El Asunto de Alemania todavía no está cerrado, ¡y andas sin varita! ¿Qué diría Hermione? Harry se dio vuelta justo a tiempo para ver a Hermione entrando desde la cocina. El sólo verla hizo que se quedara parado con la boca abierta y el corazón latiendo desbocado.
Parecía incómoda, por decir algo. Volvía a tener ese gesto angustiado que Harry reconoció como el que tenía post-Incidente y parecía estar intentando recordar un discurso ensayado.
-Hola, Harry- comenzó, con voz aguda y poco firme- Lamento venir sin aviso, pero no me parecía correcto esperar más tiempo. Creo que debemos discutir lo que ocurrió.
Harry parpadeó, confundido.
-No sé si hay algo que discutir Hermione- respondió, intentando ignorar esa vocecita interior.
Hermione lo miró con frialdad.
-Claro que lo hay. Me besaste. De la nada. Soy tu mejor amiga. Hay factores en esa ecuación que no deben estar ahí, Harry- dijo, con un insufrible tono de sabelotodo.
Harry se mordió la lengua, evitando lanzarle un comentario sobre la importancia que él le daba a su ecuación. Hermione esperó que él dijera algo, tal vez unas disculpas, pero Harry estaba más entretenido comiéndosela con los ojos y pensando que dos días sin verla habían sido demasiados.
Hermione suspiró con hastío y comenzó a pasearse por la sala.
-Como sea, estuve investigando. Tu comportamiento en estos momentos confirma que lo de la otra noche no fue producto del golpe o el Whisky de Fuego. Así que le escribí a Ron pensando que tal vez el hechizo que utilizó en la pelea te había afectado. Le dije que estabas comportándote extraño. ¡No me mires así! Bueno, desgraciadamente, Ron no se acordaba bien qué había utilizado, pero cree que fue un Confundus, aunque el efecto de ese hechizo debería haber pasado ya, y los posibles comandos que haya dado Ron, más el resultado de recibir el resto de los hechizos sobre ti, bueno, todo eso, aun no podría explicar tu... manera de...- Hermione pareció perderse brevemente en su propio discurso-Comportarte como si hubieses tomado una Poción de Amor.
-Yo no tomé ninguna poción.
-Eso lo sé- lo interrumpió fríamente-Porque para que tenga este efecto, yo tendría que habértela dado, y está de sobra aclarar que no hice nunca una Poción de Amor.
Ambos permanecieron en incómodo silencio, hasta que Kreacher apareció llevando una bandeja con bebidas.
-¿Desea el amo tomar otra cerveza de manteca? ¿Desea la señorita beber algo? Kreacher puede preparar lo que se le ordene.
-No, muchas gracias Kreacher. Creo que ya es hora de que vayas a dormir, ¿no?- Hermione le lanzó una mirada de reproche a Harry.
Éste carraspeó, entendiendo al instante lo que su amiga quería.
-Si, Kreacher. Deja eso y... ve a la cama. No te molestes más. Y, ¿sabés qué? Puedes tomarte todo el fin de semana libre.
Hermione suavizó la expresión de su rostro. Harry le sonrió tentativamente, pero ella no le devolvió el gesto. Kreacher se retiró murmurando cosas sin sentido, y así los dos amigos volvieron a quedar en silencio.
-Estás muy linda hoy- empezó Harry; nuevamente se le había nublado el cerebro y no podía pensar claramente.
Hermione evitó mirarlo a los ojos. Sacó su varita, y se concentró en limpiar y ordenar la sala.
-Harry, tenemos que saber qué es lo que te afectó esa noche. Porque es desde entonces que te sientes así, ¿verdad?- preguntó dubitativa.
Harry se echó en el sillón, exhalando un largo suspiro.
-Si. No te puedo sacar de mi cabeza- fue la respuesta.
Nuevamente, Hermione evitaba que sus miradas se cruzaran. Comenzó a hablar sobre lo que sabía acerca de las consecuencias de recibir hechizos masivos, y luego de decirle a Harry que había descartado la posibilidad de que los hechizos que éste había recibido hubieran sido los causantes de tan peculiar estado, comenzó a interrogarlo sobre lo que había comido y bebido esa noche.
Harry no le prestaba mucha atención. En algún momento, Hermione se había sentado a su lado, en el espacioso sillón. Harry observaba fijamente un mechón de cabello castaño que caía sobre la mejilla de la joven, y que se movía cada vez que ella hablaba. Es decir, continuamente.
Ni siquiera se dio cuenta de lo que hacía, pero cuando se percató, ya era demasiado tarde para retenerse. Harry tomó el mechón de cabello entre los dedos e, impulsándose con su mano libre, se levantó un poco del sillón, lo suficiente para quedar cara a cara con Hermione. Ella lo miró brevemente, entrando en pánico, y cuando Harry inclinó su rostro, Hermione se levantó como si hubiese recibido una descarga eléctrica.
-¡Basta! Esto es más de lo que puedo soportar- masculló, retrocediendo hacia la puerta.
-Espera, ¡lo siento! No me doy cuenta de lo que hago- quiso justificarse Harry, levantándose también y mirando alrededor como perdido.
-¡Al menos intenta controlarte un poco!- la furia de Hermione aumentaba.
-Lo hago, pero estos impulsos son difíciles de ignorar. ¿Acaso piensas que me comporto así a propósito?- Harry se sentía vacío y enfadado, sin saber bien los motivos- ¡Yo no pedí sentirme así! ¡La única razón por la que me lanzo sobre ti es porque estoy hechizado o algo!
Hermione se mordía el labio, mientras recogía su varita del sillón.
-Por supuesto. Lo entiendo perfectamente, Harry- su voz sonaba distante-Me ocuparé personalmente de encontrarte la cura.
Harry se sentía mareado.
-Pues apresúrate- le reprochó- Porque no puedo hacer nada razonable, sólo seguir impulsos. Me estoy volviendo loco. Y es doloroso ver cómo me rechazas.
Hermione, con aspecto dolido, abrió la boca, pero pareció pensarlo dos veces y la volvió a cerrar, saliendo sin decir nada más y dejando a Harry solo.
Harry apenas pegó un ojo durante casi toda la noche. Cuando por fin llevaba un buen rato dormido, cerca del alba, tuvo un sueño tan vívido sobre Hermione que se levantó jadeando, con la boca seca y temblando de frustración. Avergonzado de sí mismo, decidió que lo mejor sería empezar temprano su día, y luego de levantarse fue directo a la ducha.
Cuando bajó se encontró a Kreacher haciendo el desayuno. Decidió ayudarlo para distraerse y el resultado fue la larga mesa de la cocina cubierta de deliciosa comida. Apenado, Harry supo que nunca podría comérsela él sólo, por mucho que le ordenara al elfo acompañarlo.
Iluminado de improvisto, decidió invitarlo a Ron a desayunar. Metió su cabeza por entre las verdes llamas de la chimenea y puso a su amigo bajo aviso. El pelirrojo estaba sentado a la mesa en menos de cinco minutos. Luego de intercambiar breves saludos y noticias de los últimos días, un tranquilo silencio se cernió sobre ellos, hasta que Harry no pudo contenerse más.
-¿Has hablado con Hermione últimamente?- preguntó como quien no quiere la cosa.
-Ah, sí. Me preguntó qué hechizo utilicé cuando… ya sabes- soltó una risita.
-¿No te comentó nada?- inquirió Harry ansioso.
-No… le pregunté por qué quería saber y sólo me dijo que estaba preocupada por cómo te pudo haber afectado el golpe de varios hechizos a la vez. Le dije que se preocupaba demasiado; quiero decir, ¡eres un Auror! Pasaste el entrenamiento en tiempo récord, saliste vivo de El Asunto de Alemania, y eso fue hace menos de tres meses… por dios, venciste a Ya-Sabes-Quién.
-Voldemort.
-Como sea. Unos hechizos de morondanga no te harán nada- Ron parecía exasperado.
Harry, conmovido por la confianza ciega de Ron, decidió ser sincero con él. Tal vez eso ayudaría a aliviarlo.
-Lo cierto es que aparentemente sí me afectaron un poco- confesó un tanto abatido.
-¿De qué demonios hablas?- balbuceó Ron.
Harry recorrió con la mirada la larga mesa, todavía abarrotada de largos platos, la sucia mesada de la cocina, que en esos momentos limpiaba Kreacher, y el techo gris de la antigua cocina. Por fin, cuando pensaba que no había nada más digno de ver, su mirada tropezó con la curiosa de Ron.
-Ron, estoy enamorado de Hermione- soltó Harry sin anestesia.
Ron lo miró anonadado; aparentemente había perdido la capacidad del habla. Luego estalló en una nerviosa carcajada.
-¿Qué demonios…? ¿E-Es un ch-chiste, verdad?- preguntó, observando a Harry con una sonrisa torcida.
Al ver que Harry no desmentía nada, Ron borró la débil sonrisa de su rostro, y una mueca de horror ocupó su lugar. Harry creyó oportuno el momento para explicarlo todo.
-Mira, todo comenzó esa noche. No es que sean sentimientos de verdad. No lo son. Juro que no lo son, Ron- Harry se estaba poniendo nervioso bajo la atenta mirada de Ron-Algo sucedió, y desde que me lanzaron esos hechizos-
-Nosotros no te lanzamos nada- saltó Ron a la defensiva.
-Bueno, da igual. Desde esa noche no soy el mismo. No puedo dejar de pensar en ella. ¡Intenté besarla! ¡Dos veces!- Harry sentía que debía confesar todo.
Ron parecía absolutamente incómodo y fastidiado. Harry vaciló cuando vio cómo se crispaban los músculos de su rostro.
-¿Qué quieres decir?- masculló, levantándose bruscamente del asiento y tirando la silla en el proceso.
Kreacher, al notar la tensión, se acercó enseguida, dispuesto a defender a su amo. Harry notó el movimiento de reojo.
-No hagas nada, Kreacher. Vete a descansar.
El elfo apretó los labios y desapareció del lugar. Harry volvió a concentrarse en Ron, cuya mirada llevaba un dejo de traición.
-No es que quisiera hacerlo- continuó rápidamente- Fueron impulsos. No puedo pensar claramente desde esa noche. Hermione está intentando encontrar la cura a lo que sea que me está pasando. Tu sabes, siempre dispuesta a ayudar a los demás…- Harry se obligó a callar.
-Suena a como si hubieses bebido una Poción de Amor- comentó Ron sentándose nuevamente, un poco más tranquilo.
-No quiero nada con ella, Ron. En realidad sí. ¡No! Quiero decir… no en verdad. ¡Argh!- frustrado, Harry se revolvió el pelo.
Ron lo miraba un tanto divertido.
-Esto no le gustará nada a Ginny- comentó por fin, refunfuñando.
-¿Ginny?- preguntó Harry extrañado-Ron, entre ella y yo ya no hay nada. ¿Cuándo te entrará en la cabeza? Además, Hermione es tan maravillosa…
Ron enarcó una ceja y decidió pasar por alto el comentario sobre Ginny.
-Sí, es maravillosa hasta que te das cuenta de que no se puede soportar a una persona que te manda qué hacer constantemente, que no valora tus logros y que no puede divertirse con cosas simples- dijo con tono sabiondo- En cambio Luna. Ella es… verdaderamente fuera de lo común. No le importa que no haya terminado Hogwarts como corresponde, no le importa acompañarme a ver los nuevos modelos de escobas o ayudarme a idear nuevos artículos para la tienda. No se encierra trabajando como una obsesa, dejando de lado a los demás.
Harry escuchaba en silencio, recordando el día en que se enteró que sus dos mejores amigos habían terminado su noviazgo. Hermione había sido la primera en acudir a él, muy triste pero extrañamente serena. Luego de escuchar su historia (en la que ella era la que terminaba la relación), Harry la había llevado al cine muggle para distraerla. Cenaron juntos, evitando mencionar a Ron, hasta que ella estuvo lista para volver a tocar el tema. La acompañó a su casa; Hermione sollozaba de vez en cuando, temiendo por el futuro del trío más que lamentándose por lo que pudiera haber sido. Cuando volvió a Grimmauld, Ron lo estaba esperando. Harry los abasteció con bebidas, y pronto Ron le contaba su versión de los hechos (en la que él, de forma hombría, daba todo por terminado) mientras su amigo era todo oídos, sólo dando opiniones imparciales y objetivas. Ron y él se emborracharon y casi prendieron fuego la alfombra del salón. La ex pareja se evitó durante varios días, hasta que no pudieron seguir ignorando las reuniones en común. Luego de una charla en la que Harry estuvo presente a pedido de ambos, como mediador, las cosas volvieron paulatinamente a la normalidad. Y así regresaron a ser el trío de Hogwarts, y Harry no era la pata sobrante del trípode.
-… y podría seguir todo el día- Ron sacudió la cabeza, saliendo de su ensoñación-Como sea, hay que encontrarle una solución a este problema, Harry. Si piensas que Hermione es "tan maravillosa" es porque estás grave.
Rió con ganas, pero Harry sólo suspiró, deseando poder estar con su amiga a solas y explicarlo por qué él sí pensaba que era maravillosa.
-Hermione me dijo que claramente esto no es obra de una Poción de Amor. Ella se está ocupando del asunto ahora. Con todo lo que tiene que hacer antes de su viaje a Viena. Es demasiado buena.
-Así es ella. No puede no aceptar un desafío. Aunque creo que lo hace sobre todo para que dejes de intentar comerle la boca- Ron rió entre dientes.
-Lograré que me quiera- juró Harry con voz grave.
Ron, que ya se estaba acostumbrando a esas declaraciones fuera de lo común, se metió un último bocado de jamón en la boca y se levantó dispuesto a irse hacia Diagon Alley.
-Claro que sí, Harry. Aunque supongo que ya te quiere lo suficiente- agregó, de improvisto pensativo.
Harry estuvo a punto de preguntarle a qué se refería, pero Ron negó levemente con la cabeza, como despejando pensamientos indeseables, y se dirigió hacia la chimenea.
-Gracias por el desayuno. Le preguntaré a George si tiene alguna idea de qué demonios te pudo haber pasado.
Y saludando vagamente con la mano, desapareció en medio de las altas llamas verdes.
Harry volvió a encontrarse solo, y pronto dejó divagar sus pensamientos. Con un vuelvo del corazón recordó que ése era uno de los pocos días libres de Hermione y que él no debía presentarse en el Ministerio hasta bien entrada la tarde.
No necesitando mayor coraje, tomó su abrigo, le avisó a Kreacher que no volvería a almorzar y salió disparado por la puerta del Número 12, perdiendo el control de sus pasos e impaciente por volver a encontrarse cara a cara con su querida mandona.
Antes que nada, muchísimas gracias por los reviews dejados el capítulo anterior :) No sean vagos y dejen para este también, por favor! :P
No es el mejor capítulo, pero necesario. Las cosas se ponen buenas en el siguiente. Con respecto a la historia en general, usé una de las viejas fórmulas (un accidente o algo similar provocan una epifanía en Harry). Más viejo que la humedad, pero bueno, quise experimentar con esa idea y darle mis toques.
La tercera parte va a venir en menos días, tres o cuatro. Tal vez cinco. Depende de la cantidad de reviews, jeje.
Me olvidaba. Nuevamente, el fragmento del principio es de un tema de Queen, "I can't live with you". Usé otro fragmento de ese tema en el último capítulo...
¡Hasta la próxima y gracias por leer!
·Towanda·
