I've fallen in love,
I've fallen in love for the first time,
and this time I know it's for real.
Capítulo 3: Volviendo a la normalidad, o sobre un fortuito descubrimiento
En menos tiempo del que esperaba, Harry se encontraba parado frente al departamento de Hermione, que ella había adquirido recientemente gracias a las ganancias extra de su último ascenso. Hermione estaba subiendo rápidamente de cargo y su voz ya había impuesto en el Ministerio un respeto absoluto. Harry no pudo evitar pensar que se sentía orgulloso de ella.
Respirando profundo, tocó la puerta. Intentó alisarse el pelo mientras esperaba, pero no había caso: como siempre, se paraba en todas direcciones. Volvió a tocar, impaciente, y por unos momentos fantaseó con la idea de aparecerse dentro del departamento, pero luego recordó que estaba rodeado de hechizos anti-aparición, como su propia casa. Casi al instante recordó también el motivo por el que Hermione había colocado esa medida preventiva y un estremecimiento lo recorrió.
Había sido un mero accidente, casi gracioso, pero Ron y él todavía evitaban mencionar el asunto frente a su amiga en común. Poco después de adquirido el departamento, los dos amigos decidieron hacerle una visita sorpresa a Hermione, apareciendo una tarde de domingo en su nuevo hogar. Sólo que no habían calculado bien el lugar exacto donde aparecerse, y en vez de hacerlo en la pequeña cocina lo hicieron en el cuarto de la joven, que en esos momentos se estaba cambiando. Los gritos de furia de Hermione ("¡Acaso no tienen noción sobre lo que es la privacidad, idiotas!") habían atraído a vecinos preocupados, y las maldiciones que les había echado como castigo duraron varios días.
Volviendo al presente, Harry tocó nuevamente, sólo para ser recibido por el silencio del pasillo. Frustrado, se dio vuelta al oír pasos, encontrándose con Hermione, que parecía estar volviendo de hacer las compras: cargaba varias bolsas de supermercado.
-¿Harry?- preguntó con confusión y temor, pasando su mirada desde el cabello más que revuelto de su amigo, a la puerta cerrada, y finalmente posándola por unos instantes en el ramo de flores silvestres que éste traía-¿Qué haces aquí?
Harry sonrió y con torpeza le tendió el ramo, pero como Hermione ya tenía las manos ocupadas, volvió a bajarlo un tanto desilusionado.
-Sólo vine a... visitarte. Y traerte esto. Un pequeño gesto, eso es todo- Harry dio un paso hacia ella, dispuesta a ayudarla, pero Hermione retrocedió.
-Es... muy amable de tu parte. Nunca me habías dado flores. Claro, nunca estuviste bajo los efectos de...- Hermione se mordió el labio, censurándose a sí misma-¿Cómo entraste?
-El portero me reconoció y me dejó entrar- contestó Harry, tomando con más fuerza de la necesaria, pues su amiga se negaba a soltarlas, tres de las cinco bolsas.
-Claro, por supuesto- Hermione echó una mirada de reproche hacia la escalera y luego su atención volvió a centrarse en el ramo, que levitaba detrás de Harry.
-Baja eso de inmediato. Éste es un edificio muggle- lo reprendió, caminando rápidamente por el pasillo, evitando tocar a su amigo y entrando en su departamento como quien entra a un búnker.
Harry la siguió hasta la cocina, maniobrando con una mano que empezaba a dolerle las tres cargadas bolsas mientras con la otra, que llevaba la varita, hacía que el ramo que levitaba llegara intacto y permaneciera en el aire, a un palmo de la cara de Hermione. Ésta lo tomó con un suspiro de hastío que hizo que Harry pusiera una breve mueca de dolor y luego hizo aparecer un florero para depositarlo allí.
-Gracias, Harry- musitó Hermione contemplando las flores con algo parecido a la melancolía-Aprecio el gesto, de verdad, sean cuales sean las circunstancias...
Pero Harry ya estaba detrás de ella, intentando abrazarla por la cintura. Hermione se desligó de su amigo y lo empujó con delicadeza.
-No, Harry. No- Hermione suspiró, acomodó todo lo que había en las bolsas con un rápido y certero movimiento de la varita y salió de la cocina apresuradamente.
Harry la siguió enseguida, con el corazón bombeando rápidamente, dispuesto a hacerle ver que podrían pasar un buen rato juntos, pero se frenó de repente cuando notó el palpable cansancio en el rostro de Hermione.
Luego notó que la mesita ratonera en su living estaba abarrotada de libros. La mitad de éstos trataban sobre leyes relacionadas con los elfos europeos (Hermione trabajaba en el Departamento de Control y Regulación de Criaturas Mágicas) y la otra mitad sobre posibles efectos inadecuados de hechizos y enfermedades y males ocasionales en magos.
Harry comprendió que Hermione se había tomado muy en serio la misión de encontrarle una cura. Y él no ayudaba en nada. Sintiéndose culpable, opacó por un momento sus deseos relacionados con ella y se sentó en uno de los dos sillones, sumido en silencio. Hermione se sentó frente a él, mirándolo preocupada y atenta.
-Creo que te debo una disculpa- comenzó Harry, sintiéndose incómodo-No tienes por qué ayudarme, y aun así...
-Bueno, uno de los hechizos que rebotaron sobre ti era mío- lo cortó ella-Y anoche me pediste notoriamente que...
-Anoche no pensaba con claridad- interrumpió él esta vez-Tampoco te traté muy bien, y no mereces eso.
Hermione estuvo a punto de responder, cuando un leve golpeteo atrajo la atención de ambos. Mirando hacia su izquierda, la joven descubrió a una pequeña lechuza aleteando furiosamente contra la ventana cerrada. Enseguida se levantó a abrirle a Pig, que luego de entregar su mensaje se puso a molestar a Harry, zumbando alrededor de él. Hermione leyó la carta rápidamente para sí misma.
-Es de Ron. Dice que como es nuestro día libre y estamos sin hacer nada-Hermione tenía un breve tono de irritación en la voz-pasemos a saludarlo. Neville regresó de Sudamérica y quiere vernos.
-Genial- dijo Harry con poco entusiasmo, ya que tenía pensado invitar a Hermione a almorzar solos-Diles que estaremos por allí en unos minutos.
Hermione miró los libros, como dudando de qué hacer, pero en unos momentos ya estaba soltando a Pig con la respuesta atada a su pequeña pata.
Los minutos que siguieron fueron extremadamente incómodos para ambos. Harry no podía retener todos los impulsos que su adormecido cerebro tenía y Hermione tampoco podía escapar de su agarre defendiéndose con su varita, porque de lo contrario llamarían más la atención en Diagon Alley que de costumbre. Harry de por sí acaparaba muchas miradas y señas, siendo famoso desde siempre, pero cuando estaba en compañía de algunos de sus mejores amigos, que luego de la Batalla de Hogwarts eran ampliamente conocidos, el revuelto que producían en la vía pública mágica era incuestionable.
Murmurando advertencias sobre lo que se escribiría en la revista Corazón de Bruja si alguien los veía justo en el momento en que Harry intentaba sujetarle su mano o besarla, Hermione logró apaciguarlo un poco. Llegaron frente a Sortilegios Weasley; Hermione protestando por el hecho de no haber podido usar la Red Flu para aparecer directamente en la chimenea del local. Como era domingo, éste estaba colapsado, y de la chimenea no paraba de salir y entrar gente joven.
-¡Harry! ¡Hermione!- los saludó Neville, que se encontraba refugiado en el sótano del local tomando una cerveza de manteca con Ron, mientras George y Verity, la empleada, atendían el negocio.
Como hacía varios meses que no veían a Neville, los saludos fueron muy efusivos. El joven había estado investigando nuevas especies de plantas carnívoras en la selva venezolana. Publicaba sus descubrimientos en una revista mensual sobre las propiedades de las menos conocidas plantas mágicas, y parecía muy satisfecho con su trabajo. De inmediato los amigos comenzaron a ponerse al día; la última carta que le habían escrito al ex Gryffindor había sido poco después del cumpleaños de Harry.
-Lamento no haber podido estar para tu cumpleaños, Harry- se disculpó Neville con sinceridad-Pero por lo menos estaré para el de Hermione.
-¿Cuándo vuelves a partir?- inquirió ésta, alejándose con disimulo de Harry, puesto que la mirada de éste sobre ella la ponía nerviosa.
Ron rió al notar esto, pero nadie se dio cuenta.
-A principios de octubre, si todo marcha bien. Harry, ¿te encuentras bien? Estás un poco raro.
Harry, que arrastraba su taburete sin dejar de observar a su amiga, despegó la mirada de Hermione con gran esfuerzo. Se dio cuenta de que todos lo miraban: Hermione con aprehensión, Ron con un gesto de burla y Neville con extrañeza. El joven tragó saliva y sonrió con algo que quería parecer indiferencia, pero la mueca acentuó más la preocupación de Neville, las risas de Ron y el gesto hosco de Hermione.
-Harry no está bien- indicó ésta última como quien no quiere la cosa.
Neville esperó pacientemente a que alguien explicara, hasta que Ron soltó despreocupado:
-Se enamoró de Hermione.
-¡Ron!- la susodicha lo miró con enojo-¿Cómo te...? ¡Y sabes que no es así!
-Harry me dijo- Ron se encogió de hombros.
Neville parecía más confundido que nunca, pero estaba a punto de preguntar qué tenía de malo lo que le pasaba a Harry y de aclarar que él siempre había sabido que terminaría con Hermione, cuando fue interrumpido por el sujeto de la conversación.
-Es así, Hermione, te guste o no- Harry parecía ofuscado-Sabes que yo...
Hermione frunció el ceño y miró hacia otro lado, claramente sin desear escuchar los argumentos de su perseguidor.
-Perdón, ¿podría alguien explicarme lo que está sucediendo?- preguntó Neville en voz baja.
Así fue como prosiguieron a relatarle con cuidadosos detalles los eventos de la no muy lejana noche en la que la vida de Harry, como éste aclaró pomposamente, había dado un giro fortuito. Neville pareció encontrar todo muy gracioso, al igual que Ron, pero Hermione y Harry no podían sonreír, la primera abochornada por la ligereza con la que sus amigos hablaban del asunto ("¡Harry está muy grave y ustedes se ríen!") y el segundo irritado porque nadie comprendía que esto que le sucedía era bueno.
-Pero si Hermione no encontró nada sobre efectos de hechizos, ¿qué puede ser lo que haya causado que...?- Neville rió levemente.
-No lo sé, pero lo descubriré esta semana, y me ocuparé de que Harry se cure- aseguró Hermione, parándose de su asiento y caminando por el lugar como una leona enjaulada.
-¡Hermione!- exclamó Ron sorprendido ante el comportamiento irascible de ella-¡Es sólo un simple efecto secundario! ¡Ya pasará!
-¿Ya pasará?- Hermione parecía más alterada-¡Por supuesto que no! Y mientras, soy yo la tiene que soportarlo, pero claro, nadie pensó en eso, ¿verdad?
-Pero si no es tan grave...- musitó Neville, intercambiando miradas de temor con sus pares.
-¡Para mí lo es!- estalló Hermione, alzando las manos en el aire en gesto de hartazgo-¡Quiero tener de vuelta al Harry normal, al que no me mira así!- señaló a su amigo, que le sonrió levemente.
-Estás exagerando. Si fuera un desconocido, entendería tu reacción, pero es sólo Harry- intentó razonar Ron.
-Precisamente- murmuró Hermione, pasando una mano por su cansado rostro, pero nadie la escuchó.
Los tres amigos volvieron a sumergirse en una conversación sobre las posibles causas del estado del joven. Hermione permanecía callada, escuchando sin prestar demasiada atención.
-Tal vez el humo provocado por el fuego en tu túnica...- decía Ron, pensativo.
-El fuego fue extinto enseguida, no salió demasiado humo- aclaró Harry.
-¿Dónde caíste?- preguntó Neville, levantándose y yendo hacia donde Harry señalaba.
-Luna dijo que el efecto de los Gulping Plimpies puede provocar que- Ron se interrumpió de repente al oír el llamado de Neville.
Éste llegaba hacia ellos cargando una caja de artículos. Harry notó que estaba llena de enormes plumas de distintos colores. La punta de cada pluma parecía más afilada que lo normal, y Harry recordó de pronto una sensación punzante inmediatamente después de la caída.
-Ron, ¿qué son éstas?- preguntó Neville con apremio.
-Um, son sólo Plumas Deslumbrantes. No son peligrosas, se usan para...
Neville bufó incrédulo, leyendo las características del artículo de bromas, escritas sobre un pergamino pegado a la caja. Una leve sonrisa se asomaba en sus labios.
-Harry, cuando te caíste, fue sobre estas cajas, ¿cierto?- cuestionó dirigiéndose al ensimismado Auror.
-Si... Neville, ¿qué...?
-Te pinchaste con una de estas plumas- Neville lo observaba atentamente.
-Sí, ahora que recuerdo...- Harry se miró la mano izquierda, donde todavía podía notarse un pequeño, casi imperceptible, pinchazo.
-No me dijiste nada sobre eso- Hermione se inclinó sobre él, tomando su mano y revisándola.
Harry aspiró sin poder evitarlo el distinguible perfume de su amiga.
-Bueno, creo que ya sabemos qué fue lo que causó este comportamiento en Harry- anunció Neville sonriente.
Miró a Ron, que parecía estar confundido, hasta que éste también sonrió emocionado.
-¡Pero claro!- exclamó con entusiasmo- ¡Cómo no me di cuenta antes!
-¿Me pueden explicar de qué hablan?- protestó Harry, lamentando el hecho de que Hermione se paraba y se alejaba de él nuevamente.
-Harry, las puntas de estas plumas fueron impregnadas con filtros hechos con la savia de coclearia, tármica o lingústico- explicó Neville.
Harry lo miró sin comprender, pero Hermione lanzó un grito ahogado.
-¡Claro!- exclamó triunfal.
-En realidad, usamos las tres al mismo tiempo –aclaró Ron encogiéndose de hombros.
Como Harry seguía sin saber de qué hababan, Hermione chasqueó la lengua y comenzó a explicarle impaciente.
-Son plantas que estudiamos en Quinto Año, Harry. Se utilizan en filtros para confundir, ofuscar... producen exaltación e imprudencia. Afectan directamente al cerebro. No puedo creer que las utilicen, Ron- agregó Hermione, observándolo con reproche-Imagina la cantidad de situaciones adversas que...
-Bah, nunca pasó nada. Tenemos permiso del Ministerio para usarlas y el efecto dura sólo unas pocas horas. No entiendo por qué duró tanto en Harry- Ron lo miró con expresión sospechosa.
-Bueno, el efecto dura más o menos tiempo dependiendo del estado del sistema nervioso del afectado- aclaró Neville.
Ron rió burlonamente; Hermione sólo parecía más preocupada que antes.
-O tal vez simplemente el hecho de que Harry había ingerido bastante alcohol hizo que se alargara la reacción- continuó Neville pensativo, examinando una de las plumas.
-Bueno, ahora que sabemos qué demonios me sucedió, ¿cómo hago para volver a la normalidad?- preguntó Harry bruscamente, con el cerebro un poco más despejado que antes.
-Yo puedo hacer una poción que contrarreste el efecto de las plantas- se ofreció Neville enseguida, aunque pareció pensárselo mejor casi de inmediato-No, que la haga Hermione: seguramente sólo te envenenaré, Harry.
Todos rieron, más relajados, y Hermione accedió enseguida a encargarse del antídoto. Harry le dedicó una galante sonrisa que provocó que ella se sonrojara y desviara la mirada.
Harry tuvo que ir al Ministerio a media tarde, a pesar de ser domingo. Hermione había prometido tener el antídoto para la noche. El afectado no sabía qué sentir con respecto a eso. Por un lado, a pesar de tener bastante entumecido el cerebro, Harry sabía que lo que sentía por su amiga era, al fin y al cabo, sólo producto de un Sortilegio Weasley. Por el otro (y cada vez le costaba más ignorar esto) se sentía tan bien, tan seguro mirando a Hermione de ese otro modo, que no deseaba que eso cambiara.
Sólo la deseo a ella, ¿qué hay de malo?, se preguntó el Auror mientras leía descuidadamente el último informe sobre El Asunto de Alemania. Lo malo es que ella no te desea a ti, respondió una vocecita molesta en el interior de su cabeza.
Harry se inclinó más sobre el informe y siguió trabajando calladamente hasta que dieron las nueve.
Se transportó rápidamente a Grimmauld Place, embargado por una extraña impaciencia. Hermione le había dejado el antídoto sobre la mesa de la cocina, junto con una nota.
Harry:
Tómatelo todo de un trago. Los efectos deberían ser inmediatos. Te esperé un tiempo, pero me tuve que ir porque quedé en cenar con mis padres. Avísame si algo sale mal. Te veo mañana en el Ministerio.
Hermione.
Un tanto molesto por la frialdad de la nota, Harry observó con recelo el pequeño frasquito que contenía un líquido azul claro. Lo tomó entre sus manos, examinándolo. En unos segundos, todo acabaría. Al destapar el frasquito, un leve aroma a vainilla llegó hasta él. Cerró los ojos, dudando un segundo, pero luego, ignorando el repentino impulso de lanzar lejos el antídoto, se lo tragó todo en un brusco movimiento.
Cuando abrió los ojos de nuevo, algo había cambiado. Sonriendo y suspirando relajado, se percató que al pensar en Hermione ya no lo invadían extrañas ideas. Feliz por haber vuelto a la normalidad, se desveló leyendo el último número de El mundo de la Escoba, y en ningún momento la imagen de su amiga inundó su cabeza. Cuando finalmente se acostó, se permitió pensar en ella sólo un instante, recordando que se aproximaba su cumpleaños y que le compraría algo remarcable en agradecimiento por todas las molestias que se había tomado con ese asunto. Suspiró satisfecho consigo mismo. Todo volvía a la tranquila normalidad. Pero entonces, ¿qué era ese algo en su interior que hacía que se sintiera tan mal?
Durante los siguientes días, Harry intentó hacerse creer que todo estaba perfectamente bien, como si su extraña condición nunca hubiera tenido lugar. Hermione parecía sumamente satisfecha con la recuperación de su amigo, aunque Harry la notaba un tanto ida; ella sólo decía que era el cansancio.
Durante la salida semanal él le había prestado más atención que de costumbre, casi de forma inconsciente, como queriendo demostrarse a sí mismo que ya no tenía unos alocados deseos de besarla. Por supuesto, no era así, pero al pensar tantas veces en semejante situación, Harry no podía evitar imaginar cómo sería besarla de verdad, con ella correspondiendo. Eran sólo hipotéticos pensamientos, claro. Sólo curiosidad. Nada de qué preocuparse.
Ignorando la frecuencia que tenían esos fragmentos de su imaginación, Harry se empeñaba más en cada salida en hacer sentir a gusto a Hermione, como queriendo compensar los deslices de su mente durante y después de su accidente. La llevó a recorrer prácticamente todas las librerías londinenses, a cenar a los mejores lugares (Hermione se negó a que pagara todo él) e inclusive consiguió excelentes ubicaciones para una ópera ("Un adelanto de tu cumpleaños", le dijo justificando las caras entradas). Como salir luego del trabajo era costumbre de ellos mucho antes de lo ocurrido en Sortilegios Weasley, Harry opinaba que esos gestos suyos no eran nada fuera de lo ordinario. Nada de qué preocuparse.
Pero pasaban los días, y con ellos crecía ese algo indefinido que ponía a Harry nervioso e infeliz. Descubrió que su malestar aumentaba después de cada salida con Hermione. Descubrió que siempre que recordaba el gracioso estado mental en el que se encontraba hacía sólo unas semanas, pensaba en cómo se sentía al creerse enamorado de Hermione. Lo correcto que era, a pesar de las circunstancias. Pero rápidamente bloqueaba esas cavilaciones, porque no eran nada de qué preocuparse.
Y así, en cada salida, Harry se dejó llevar por cada sonrisa, cada mirada, cada discurso exasperante de su amiga. La notaba más relajada que antes y eso lo hacía feliz a él. Cualquier amigo se pondría feliz al notar aliviado a otro amigo. Nada de qué preocuparse. Pero Harry comenzaba a preocuparse.
Principalmente esto era porque ahora, sus recuerdos de los días de falso enamoramiento y de lo correcto de éste provocaban en él una extraña mezcla de deseo y remembranza, y así no pudo evitar comenzar a imaginar cómo sería tener a Hermione como pareja. Parecía un pensamiento lógico y racional, como lo era su amiga. Imaginaba inocentemente que si cada salida exitosa era una cita, una posible vida juntos sería más que llevadera. Imaginaba que la besaba y que ella correspondía, imaginaba que se despertaba y ella dormía a su lado. Entendía que eran compatibles, como lo eran a su modo Ron y Luna. Cada uno de estos pensamientos se tejía solo y se unía a los otros. Harry estaba más que preocupado.
Cuando una noche soñó con niños de pelo castaño y ojos verdes, se levantó jadeando, sintiendo que ese algo en su interior se retorcía dolorosamente.
Mucho más tarde ese mismo día, esperaba a Hermione en el Atrio para ir juntos a una cena en la Madriguera. Llegó cargada de carpetas, con el pelo enmarañado a punto de escapar de un improvisado agarre. Harry se acercó a ayudarla, como haría cualquier amigo. Hermione le sonrió en agradecimiento.
Y Harry entendió, y porque Harry entendió, dejó de preocuparse.
El pánico que estaba sintiendo desde que había bebido el antídoto desapareció. Le sonrió a Hermione, tomó todas las carpetas, les aplicó un hechizo para achicarlas. Todo era tan simple. Y él había estado tan ciego. Cuando ambos surgieron de la chimenea de La Madriguera, a Harry le temblaban levemente las manos, tal era el efecto de su descubrimiento.
Había comprendido, ya sin dudas o sin intentar evitarlo, que estaba enamorado de su mejor amiga. Sólo esperaba que ella le correspondiera. Por algún extraño motivo, estaba casi seguro de que así era.
Se viene lo bueno, ahora que Harry se dio cuenta de lo que le pasa. El fragmento inicial es de Queen (sí, otra vez), de la ultra archi mega conocida canción, "I want to break free".
¡Muchas gracias a los que se molestaron en dejar un review el capítulo anterior! Y los que no se molestaron, tienen su oportunidad ahora ;) ¡Dejen sus opiniones!
Espero que esta humilde historia esté gustando. Tengo una buena noticia, estoy en proceso de escribir otra, de la cual me siento muy orgullosa ya. La voy a publicar cuando "Lo que faltaba" esté finalizada.
Eso es todo por hoy.
·Towanda·
