There's so much left unspoken
and all I can do is surrender…
To the moment, just surrender.

Capítulo 5: Encuentros y desencuentros, o sobre una conversación pendiente

Harry y Hermione se evitaron los siguientes dos días. Como se estaban viendo prácticamente cada momento que tenían libre durante la semana, a Harry la tangible ausencia de su amiga se le hacía fatal. Sin embargo, se obligaba a aguantar las ansias de aparecerse nuevamente dentro del edificio de ella, porque creía que debía dejarle espacio para reflexionar sobre todas las cosas que él le dijo.

Ron no se había tomado muy bien el giro de acontecimientos. Si bien estaba de acuerdo con lo que pensaba su amigo sobre la actitud de Hermione, creía que Harry se había sobrepasado con ella, y así se lo hizo saber. Luna, en cambio, prefirió no emitir una opinión muy subjetiva y se contentó con hacerle saber a Harry que Hermione no estaba nada complacida con él (cosa que el joven hubiese preferido ignorar).

Harry contempló el vestíbulo de Grimmauld Place con fastidio. El lugar parecía no haber sido restaurado nunca, o tal vez era el humor del joven lo que provocaba que las paredes se vieran ennegrecidas y húmedas. Pensando que lo mejor era pasar la tarde con sus amigos y no escuchando las peroratas de Kreacher, Harry salió de su casa y apareció en el patio delantero de la casita que Ron y Luna habían construido hacía un año en las afueras de Ottery St. Catchpole. Gracias a las excelentes ganancias de Sortilegios Weasley y a que El Quisquilloso había aumentado sus ventas desde el final de la guerra, por el nuevo enfoque un tanto más realista de sus artículos, la pareja había sido capaz de mantener su propio hogar sin ningún problema.

-¡Hola! ¿Ron? ¿Luna? ¿Se encuentran en casa?- saludó Harry.

-¡Estamos aquí, Harry!- respondió Luna.

Harry suspiró relajado y entró a la atiborrada salita, buscando rápidamente a Ron y Luna. En un instante se dio cuenta que no estaban solos. Aparentemente no había sido el único en pensar que sería buena idea hacerles una visita. Hermione lo miró sin sonreír y enseguida desvío la vista. Harry se quedó de piedra en la entrada, sin saber qué decir. El ambiente se puso tenso. Ron y Luna los miraban alternativamente, como quien observa un partido de tenis.

-¡Vaya, qué coincidencia maravillosa! Hermione también está aquí, Harry- comentó Luna con voz distraída, evidentemente queriendo romper el hielo.

Las miradas que le lanzaron los tres amigos hubieran sido suficientes para callar a cualquier persona, pero no a Luna Lovegood.

-Justamente le estábamos hablando de ti- siguió, abriendo bien grandes los ojos-Y supongo que tú también viniste para preguntarnos sobre ella, ¿verdad? Esto es genial, ahorraremos conversación.

Harry aspiró una bocanada de aire y clavó la mirada en sus zapatos. Desde su lugar en la puerta sentía el calor que emanaban las mejillas de Hermione, sonrojadas por el comentario de la Ravenclaw.

-No, está bien, Luna- balbuceó Harry-Sólo pasaba para saludar un rato. Me sentía un poco solo en Grimmauld Place y...

Notó un movimiento por el rabillo del ojo, proveniente del lugar donde se encontraba su mejor amiga.

-... creo que es mejor que me vaya- dio media vuelta, pero un grito de Ron lo detuvo.

-¡Oh, por todos los santos jugadores de Quidditch, quédate donde estás!- Ron se levantó del sillón, sujetó a Harry, que se encontraba demasiado atontado por la sorpresa de ver a Hermione como para hacer algo, y lo metió de un empujón en su casa-¡Se están comportando como unos idiotas! ¡Hermione, deja ese abrigo en estos instantes! ¡Tú tampoco te mueves de aquí!

Como para acentuar el efecto de sus palabras, sacó la varita del bolsillo y cerró la puerta con un movimiento de muñeca.

-Ése es mi hombre- canturreó Luna mirando a Ron embelesada, que atinó a guiñarle el ojo.

El silencio reinó unos minutos. Harry suspiró y se sentó en el último lugar vacío, una butaca frente a la apagada chimenea. Luna comenzó a tararear un conocido villancico mientras jugaba con el pelo de Ron. Éste vigilaba a sus dos amigos, que se estaban ignorando.

-¡Par de idiotas!- saltó Ron de repente, sobresaltando a todos.

Nadie dijo nada y el pelirrojo tomó esto como señal para continuar.

-¡Tú!- gritó señalando a Harry-Deberías admitir que no fuiste demasiado sutil cuando expresaste lo que sentías, y disculparte ¡Y tú!- señaló a Hermione con enojo-¡Nadie garantiza que lo que puedas tener con Harry será perfecto! Pero como soy la persona que más los conoce a ambos, ¡soy el único capaz de decir que una futura relación con él será lo más cercano a la perfección que tendrás!

-Gracias, Ron- murmuró Harry sorprendido y echándole una mirada de soslayo a Hermione, que parecía haber recobrado el habla.

-¡Pero qué demonios les pasa!- aulló levantándose con ímpetu-¡Primero, me gustaría aclararte, Harry, que yo no vine para que me pasaran información sobre ti! De hecho, no te mencioné en toda la tarde.

-Como si eso fuera necesario- susurró Ron.

Hermione lo ignoró y continuó hablando.

-Segundo, no me gusta para nada que anden discutiendo sobre mi... vida social. Así que por favor, Ron, abstente de hacer cualquier tipo de comentario de aquí en adelante.

Hermione volvió a sentarse con actitud muy digna. Ron la miró negando con la cabeza, Harry con candor y anhelo, y Luna simplemente suspiró. Todos volvieron a sumirse en el silencio, hasta que Harry y Hermione, hartos, se levantaron al mismo tiempo, dispuestos a irse. Se ojearon unos segundos durante los cuales Ron contuvo la respiración.

-Aun sigo esperando una respuesta, ¿sabes?- comentó Harry con irritación.

-Y yo aun sigo esperando que te des cuenta que no estás pensando claramente las cosas- respondió Hermione indiferente.

Harry entrecerró los ojos verdes y apretó la mandíbula. Si no contenía su mal genio, pronto estallaría nuevamente. La vocecita de su conciencia, casualmente parecida a la de la mujer que tenía frente a él, le estaba aconsejando con insistencia que no dijera nada más. Harry la ignoró.

-¡La bruja más brillante de la generación no se da cuenta de cuál es la respuesta correcta esta vez! Eres increíble, Hermione- agregó, mirándola con todo su amor convertido en frustración.

Hermione mantuvo la compostura bastante bien, teniendo en cuenta que intentaba a la vez salir de la habitación sin hacer demasiado ruido y evitando llorar. Después de su partida, el silencio reinó durante unos minutos, hasta que Luna se levantó del sillón y se dirigió con paso resuelto hacia la puerta de entrada, siguiendo el camino de su amiga.

-Algunas veces puedes ser verdaderamente cruel, Harry- le reprochó; por una vez el tono soñador de su voz había desaparecido.

Si los ojos adoloridos de Hermione no lo estaban haciendo sentir más que culpable y arrepentido, lo remarcado por Luna hizo que perdiera el control de sus sentidos. Frustrado consigo mismo más que con cualquiera, se hundió en el lugar recién desocupado por la rubia. Ron lo observaba con pena.

-Ella sabe que no quisiste decir...- comenzó, pero Harry lo atajó al segundo.

-Sí quise decirlo. Espero que ahora mismo esté pensando seriamente en...- pero calló antes de decir nada más.

-Todo se resolverá, ya verás- dijo Ron palmeándolo en la espalda con torpeza-Ustedes son Harry y Hermione. Siempre encontraron la solución a todo.

Harry no pudo evitar sonreír.


Esa misma noche, Harry paseaba intranquilo por los pasillos de Grimmauld Place. Cada rincón le recordaba los arreglos planificados por Hermione y llevados a cabo por el trío durante los primeros meses de estadía de Harry en la casa, durante los cuales sus dos amigos prácticamente vivieron allí también. Las cabezas de los añejos elfos domésticos habían sido removidas enseguida, y por orden de Hermione les habían dado un respetable entierro. Se dedicaron con empeño a cambiar los tapices enmohecidos, los azulejos negros y lúgubres y a renovar toda la vajilla por un set más moderno y alegre. Modificaron el aspecto de la cocina y el vestíbulo. Pintaron todos los cuartos menos los de los últimos hermanos Black, que Harry quiso conservar tal cual como estaban. Unas semanas después de comenzadas las refacciones, la antigua casa no se parecía en nada a la que había albergado a los Black. Harry se lo debía principalmente gracias a Hermione.

Con un sonido de impaciencia, bajó corriendo las escaleras. Decidió que ya había tenido suficiente. Casi tropezó con Kreacher, que salía de la cocina con un plumero en la mano.

-Kreacher, me voy. Tal vez no vuelva por un rato largo. Tal vez no vuelva en toda la noche- Harry se detuvo, sintiendo que el pulso le latía de forma desbocada-Tal vez después de hoy, me vaya a vivir al departamento de Hermione. Nunca le gustó demasiado esta casa. O tal vez ella venga aquí, hay habitaciones enteras que puede usar como biblioteca.

El elfo lo miró malhumorado.

-El amo no piensa claramente cuando se trata de su amiga la mandona- masculló.

Harry rió, sintiéndose muy ligero por algún motivo, y salió apresuradamente del lugar, para luego aparecerse en el pasillo del edificio muggle en el que vivía su amiga. Echando una rápida mirada alrededor en busca de algún vecino inoportuno, tocó rápidamente la puerta unas cuantas veces, pero no hubo respuesta.

-¡Hermione!- llamó, desilusionado.

Nadie respondió. Harry se dirigió hacia las escaleras del edificio arrastrando los pies. ¿Dónde demonios puede estar a esta hora?, se preguntó con preocupación. No creía que hubiese ido a cenar a lo de Ron y Luna, porque estaba seguro de que lo hubieran puesto sobre aviso. Sólo quedaba una alternativa, y antes de pensarlo claramente, Harry ya había desaparecido.

Hubo chillidos de sorpresa y el inconfundible ruido de un vaso cayendo al piso. Harry abrió los ojos con lentitud. Se encontraba en el salón comedor de los Granger, pero desafortunadamente no estaban sólo los dueños de la casa. Parecía haber una pequeña reunión familiar. Notó aquí y allá a varios rostros sorprendidos y varios ojos castaños que lo observaban bien abiertos. Masculló algo por la bajo, sin poder creer su mala suerte.

-¡Harry!- bramó Hermione, parándose de su asiento con rapidez y mirándolo horrorizada.

El señor y la señora Granger contemplaron boquiabiertos al mejor amigo de su hija, que se había materializado de la nada enfrente de todos. El resto de los familiares (tíos y primos, supuso Harry) se encontraba sumido en el silencio.

-¡C-cc-cómo es que...!- tartamudeó una mujer que tenía un parecido notable con la señora Granger.

Harry tragó saliva e ignoró a todos menos a Hermione, que lo miraba escandalizada e inclinada sobre la mesa como si en cualquier momento fuese a saltar sobre él.

-Vine a buscarte. Para que hablemos- dijo con la voz más clara que le salió.

-¡Ahora! ¿No te das cuenta de lo que acabas de hacer?- Hermione echaba chispas por los ojos-¡Mi familia es muggle, Harry! ¡Acabas de aparecerte frente a una veintena de muggles!

-¿Qué son los muggles?- inquirió en voz baja una joven, seguramente una prima, que lucía asustada.

-¡Hermione!- exclamó con temor la señora Granger.

-¿Es esto un truco?- inquirió un tío.

Hermione miró a Harry con furia una vez más antes de sacar su varita de algún lugar debajo de la mesa. Ante una seña de su hija, los padres de la joven se levantaron de la mesa y se alejaron un poco.

-¿Qué es lo que está pasando?- preguntó la tía de Hermione.

Pero nunca llegó la respuesta. Harry ignoró a todos nuevamente y dio un paso hacia su amiga, sintiéndose, de alguna forma, inmune a la cobardía y con exceso de confianza. Se preguntó vagamente si el verse rodeado de desconocidos muggles era la razón.

-Tenemos que darle un cierre a esto, Hermione. No puedo esperar más. Y sé que no es tu intención tenerme a la expectativa, porque no eres así- Harry la miró atento.

Volvió a reinar el silencio. Harry echó una mirada rápida alrededor. Todos lo observaban a él y a Hermione alternativamente. Parecían haber olvidado que el joven había aparecido de la nada. Un brillo de comprensión irradiaba del rostro de la señora Granger.

-Qué romántico- musitó la prima.

Por unos instantes, Harry creyó que la mueca de exasperación de Hermione se suavizaba en una pequeña y tierna sonrisa, pero supuso que había sido su imaginación. Su amiga lo ignoró y levantó la varita.

-Voy a necesitar tu ayuda, para hacerlo más rápido. De todas maneras, seguro los del Ministerio están en camino- masculló sin voltear a verlo.

Harry suspiró y sacó su varita, también apuntando al pequeño grupo de gente.

-¿Qué es lo que van a hacer? ¿Qué es eso?- preguntó el tío Granger.

-Desmaius! Desmaius! Desmaius!

Harry la imitó con desgano. El señor y la señora Granger contemplaban con reverencia la escena, el primero algo molesto y la segunda resignada.

-Obliviate!- susurró Hermione, apuntando a su familiar más cercano con concentración.

-Hermione... ¿estás segura que...?

-Tranquila, mamá. Sólo olvidarán que la cena fue interrumpida.

El ruido de varias apariciones simultáneas los distrajo. Habían llegado miembros de la Oficina Principal de Desmemorizantes y de la Oficina del Uso Inapropiado de la Magia.

-¡Potter! ¿Qué demonios pasó aquí?

-Pensé que en la casa estaban sólo los dueños. Son muggles pero saben de nuestro mundo; su hija es Hermione Granger.

-¿Del Departamento de Criaturas?

Harry asintió y miró por el rabillo del ojo a Hermione, que le explicaba a un desmemorizador los detalles del hechizo que ella había aplicado hacía segundos. Otro empleado del Ministerio interrogaba a los padres de la joven.

Media hora más tarde, Harry se encontraba sentado en la cama del viejo cuarto de Hermione. Los familiares habían vuelto a la conciencia cinco minutos después de la llegada de miembros del Ministerio. Supuso que la cena no tardaría en terminar y que Hermione iría a hablar con él. Como si la hubiera atraído con el pensamiento, Hermione entró al cuarto con aspecto cansado y rendido. Se sentó al lado de Harry con un suspiro.

-Lo siento- susurró éste-No sabía que...

-Está bien- lo interrumpió ella, molesta-Se solucionó sin mayores problemas.

Harry le pasó un brazo por los hombros y la atrajo hacia él. Para su sorpresa, Hermione no se resistió. Incluso apoyó la cabeza en su hombro, cerrando los ojos por unos momentos.

-Te extrañé estos días- confesó en voz baja.

-Yo te extrañé más, créeme- respondió Harry con un risa amarga.

Hermione se separó de él y giró un poco para tenerlo de frente. Vaciló un segundo, pero luego alzó las manos y las colocó a cada lado del rostro de Harry, quien siguió sus movimientos con la mirada sin decir nada. Hermione lo contempló mientras lo acariciaba con ternura. Se mordió el labio y fue en ese momento cuando Harry se maravilló de su nuevo autocontrol. Ella siguió inmersa en las caricias. Le trazó la cicatriz con dedos temblorosos, le rozó el pelo, sin despegar los ojos de los de él. Harry leyó en ellos muchas dudas, pero también mucho amor y deseo, y esto último fue lo que lo impulsó hacia delante.

Esta vez, cuando Harry la besó, lo hizo pidiéndole permiso antes. Notó vacilación en los ojos castaños de su mejor amiga, pero no rechazo. Sus labios se unieron. Harry la sujetó por la cintura y la atrajo hacia sí, maravillado de lo bien que funcionaban juntos. Hermione le revolvía el pelo.

Un grito proveniente del piso de abajo hizo que se separaran con un estremecimiento. La señora Granger llamaba a su hija para que se despidiera.

Hermione cruzó una breve mirada con Harry y luego salió rápidamente, dejándolo solo y acalorado. Pensando que lo mejor sería hablar en otro lugar, cuando estuviesen solos, Harry garabateó una nota en un pergamino suelto que había en el escritorio.

Hermione:

Te espero en Grimmauld. Ven cuando estés lista para hablar. Te amo.

Harry

La dejó en un lugar visible y desapareció.


Harry esperó toda la noche, pero ella nunca apareció. Tampoco se la cruzó al otro día en el Ministerio. No sabía si sentirse enojado o triste, así que optó por una mezcla de ambos. Por la tarde, se fue derecho a Diagon Alley, con la intención de entrevistar a determinados individuos que solían frecuentar Knockturn Alley. Por fin El Asunto de Alemania se estaba cerrando, y él podía enfocarse en otros casos de resurgimiento de las Artes Oscuras.

Terminó más pronto de lo que pensaba. Se dirigió a saludar a Ron, pero cuando pasó por la heladería de Florean Fortescue, una cabellera rubia llamó su atención. Subió hacia la terraza, ignorando a los clientes que se quedaban boquiabiertos al verlo y rechazando educadamente la tentadora oferta del señor Fortescue, quien le ofrecía un cono de sus mejores gustos.

Luna levantó la mirada del pergamino que revisaba y sonrió a Harry.

-¿Qué te trae por aquí?- preguntó casual.

-Tuve que entrevistar a los dueños del local de venenos en el callejón Knockturn- respondió Harry sentándose frente a ella con cansancio.

-Oh. Yo estoy trabajando en el artículo principal del próximo número- contó ella a su vez.

-¿Sobre qué trata?- inquirió Harry curioso.

-Sobre el amor que puede surgir entre mejores amigos y la conexión de tal suceso con los horóscopos celtas antiguos- fue la respuesta.

Ante la mirada exasperada de Harry, Luna agregó:

-Hermione y tú fueron mi inspiración, por supuesto. Pensé en citar su caso, pero como todavía no hubo una respuesta concreta de parte de ella... además, sé que no les gustaría.

-A estas alturas esa respuesta concreta parece muy lejana- dijo Harry amargamente.

Luna dejó la pluma y el pergamino con delicadeza en la mesa antes de mirar a Harry con sus penetrantes ojos azules.

-Necesita tiempo, Harry- comentó con paciencia.

-¿Más del que ya le di? Anoche fui a casa de sus padres a buscarla. Nos besamos, y esta vez ella me correspondió con certeza- se sintió un poco abochornado por lo que contaba, pero Luna se mostró impasible.

-Ese tipo de actitudes tuyas son las que la confunden, Harry. ¿No podías esperar a esta mañana para hablarle? Actúas irracionalmente, y ella detesta eso. Se siente atrapada entre lo que desea y lo que le parecía que ya estaba establecido desde hace tiempo, y tú le pones las cosas más difíciles al no darle espacio. Hermione odia sentirse perdida, sin un plan metódico. Esa es una de sus limitaciones más grandes.

Harry se quedó sin habla durante unos minutos, procesando lo que Luna acababa de decir. La joven regresó a su trabajo, agregando un par de cosas al pergamino. Cuando notó que Harry abría la boca para hablar, volvió a dejar todo sobre la mesa.

-Le dejé una nota. Le pedí que fuera a verme cuando estuviese lista para hablar. La esperé toda la maldita noche y no vino- no pudo evitar que su voz sonara desilusionada.

-Bueno, la nota decía que fuese cuando estuviese lista. Si no apareció, es porque todavía no lo está.

-¿Y cuando lo estará?- Harry luchó consigo mismo unos segundos, y luego preguntó bruscamente:-¿Cómo es que Ron y tú se muestran tan confiados con todo esto? ¿Cómo saben que ella va a aceptarme tarde o temprano?

Luna le sonrió con tranquilidad.

-Primero, ella no te tiene que aceptar a ti, Harry. Hace años que lo hizo. Hermione tiene que aceptarse a ella misma. Tiene que dejar de lado sus dudas y miedos sobre lo que puede resultar mal de todo esto. El temor a perderte como hombre y principalmente como amigo es lo que la sujeta con más fuerza, creo.

-¿A qué te refieres con lo de que hace años que ella me aceptó a mi?- indagó Harry ansioso.

-Pensé que a estas alturas ya lo sabías- Luna se mostró curiosa-Ron tiene razón al decir que eres un ciego con estos asuntos. Hermione te ama desde hace bastante tiempo. Por supuesto, nunca lo admitió frente a nosotros, pero nadie es lo suficientemente denso como para no darse cuenta. Exceptuándote a ti, claro. Tu desconsideración es bastante inoportuna, ¿no crees?

Ambos se sumieron nuevamente en el silencio. Me ama. Desde hace tiempo. Me ama, era lo único que Harry podía pensar.

-Y con respecto a lo que Ron y yo creemos. Bueno, el es el mejor amigo de ambos. Me contó muchas cosas sobre sus vivencias. Sobre todo después de que Hermione y él cortaron. Tú fuiste una de las razones principales de su ruptura.

-¿Lo fui?- Harry no se sentía tan sorprendido, más bien resignado al hecho.

-Ron se daba cuenta, aunque por ese entonces Hermione no, de que la atención de ella hacia ti no era del todo platónica.

-Vaya- soltó Harry-No tenía idea.

-Parecía ser que el mayor miedo de Ron se había cumplido, ¿verdad? Que Hermione te escogiera a ti en vez de a él. Salvo que para cuando él se percató de que así había sido, ya no la quería excepto como a una amiga.

-Ron te contó lo del relicario- dijo Harry en voz baja.

Luna asintió, comiendo distraída el poco helado que todavía le quedaba.

-Me contó todo. Me contó que Hermione y tú se quedaron solos varias semanas, cuando él los dejó. Aun se siente culpable.

-No debería. Yo lo perdoné- Harry se movió intranquilo en su silla.

-A pesar de que tú lo perdonaste, Ron nunca podrá perdonarse a si mismo. Pero no estábamos hablando de Ron, ¿verdad? Estábamos hablando de Hermione, y de cómo es que todos sabemos lo que ella siente por ti. Ella siempre hizo cosas por ti que nunca hizo ni hará por ningún otro.

-Me acompañó a buscar los Horcrux- Luna hizo un movimiento afirmativo con la mano-Lo que hizo con sus padres... Y cuando fue... ya sabes... no reveló nada. Se resistió.

-Si resistir una tortura sirve como prueba de algo, Harry, no deberías tener más dudas- dijo Luna con resolución-Además, no hay que dejar de lado las otras señales: sus nombres empiezan con las mismas letras... comparten un "idioma de mudos"... yo misma los presencié usarlo, y Ron me habló varias veces de cómo ustedes se hablan con miradas y gestos. No sabes cuánto lo irrita que lo hagan. También está esa habilidad que poseen para terminar la frase empezada por el otro. Ah, y según el horóscopo celta, son almas gemelas. Se complementan. Ella es la parte lógica y tú la parte visceral de un todo.

Harry suspiró y miró sin prestar demasiada atención a los transeúntes que iban y venían con sus compras.

-Cuando fue todo lo de El Asunto de Alemania- contó Luna, ahora con un tono más serio, acaparando de nuevo la atención del Auror-Hermione se volvió loca. Pidió un traslador apenas se enteró de que estabas inconsciente. Tuvo que amenazar a los del Departamento de Transportes Mágicos para que le hicieran uno autorizado. Se fue sin ni siquiera pasar por los controles del Departamento de Cooperación Mágica Internacional.

-Pensé que había llegado con todos ustedes- susurró Harry, recordando que lo primero que vio al despertar fue a su amiga, dormida al lado de su cama con su mano fuertemente agarrada a la de él.

-Cuando se trata de ti, Hermione está dispuesta a pasar por alto hasta leyes internacionales- comentó Luna con tono soñador.

-Ella siempre hizo tanto por mí. Incluso cuando no lo merecía. Y yo perdiendo el tiempo con Ginny y las otras- masculló Harry sintiendo asco de sí mismo.

Luna dejó el helado terminado y miró a Harry con compasión.

-Estar con Ginny y las demás no fue una pérdida de tiempo, Harry. Por el contrario, fue algo que necesitabas.

-¿Qué quieres decir?

-Quiero decir que si no te diste cuenta antes de lo que sentías por Hermione, fue porque simplemente no estabas listo para comprometerte en una relación tan importante con ella. Debías madurar emocionalmente para darte cuenta de lo que en verdad necesitas, es decir, a Hermione. Y lo mismo ocurrió con ella, sólo que en su caso sus relaciones duraron inclusive menos. Creo que fue porque cuando comenzó a salir con ese colega del Ministerio y con el muggle, ya sabía lo que sentía por ti- agregó Luna pensativa.

Harry asintió, considerando más claro todo el asunto. Era como si alguien –Luna- le hubiese sacado una venda de los ojos.

-Podrías ser una excelente psicóloga- comentó por fin, sonriéndole a su amiga.

-¿Qué es un psicólogo?- preguntó Luna fascinada.

Harry vaciló, antes de pararse y prometerle a Luna que se lo explicaría todo la próxima vez que se vieran. La rubia sonrió encantada.

-Gracias por todo Luna- dijo Harry, sintiéndose en deuda.

Ella sólo hizo un gesto vago con la mano.

-Para esos son los amigos- rió levemente-Siempre quise decir eso.

Harry se marchó, dejándola abstraída nuevamente en el artículo para El Quisquilloso. No pasó a saludar a Ron: después de todo lo que había hablado con la novia de éste, quería estar un rato a solas. Se apareció en la puerta del Número 12 de Grimmauld Place, y al entrar en la casa fue recibido por Kreacher.

-El amo tiene visitas- anunció el elfo, guiándolo por el vestíbulo y hacia la biblioteca del segundo piso.

Harry abrió la puerta de la biblioteca despidiendo a Kreacher. Miró hacia el interior del cuarto y sintió que el corazón se saltaba un latido por la emoción.

Allí, sonriéndole tímidamente, se encontraba Hermione.


Y esta humilde historia se está acercando a su fin. El siguiente capítulo es el último. Es bastante más largo que éste, lo prometo.

La estrofa inicial corresponde al tema "One Year of Love", de Queen. Canciones románticas sí las hay. Escúchenla, vale la pena. Y prácticamente le viene perfecta al capítulo.

Debo admitir que estoy un poco desilusionada con los pocos reviews que recibió el capítulo 4, pero bueno. Los que no dejaron, tienen la posibilidad de redimirse ahora XD. Y los que agregan la historia a favoritos o la ponen en alerta y no dejan reviews, ¡háganlo! Me interesa saber las opiniones de los lectores, si les gusta o no, si creen que habría que sacar o agregar algo, si los personajes están bien caracterizados, en fin.

A los que sí dejaron comentarios, ¡muchas gracias! Es bueno saber que la historia les interesa.

Nos vemos en la última parte.

·Towanda·