Otro cap!

Como ya venía contándoles, estoy trabajando en mi nueva historia, "Music Of The Heart" que está saliendo muy bien!

Pasense a verla y dejenme lo que piensan ;)

Otra cosa, siento mucho no haber podido actualizar en tanto tiempo. Como dije, tengo muchas esperanzas en mi nueva historia y toda mi imaginatividad está volcándose en esa historia exclusivamente... PEEERO... prometo no dejarlos en banda por aquí!

Como siempre digo, cada uno a lo suyo.

Nada de esto me pertenece, los personajes hasta AHORA son de SM.

El argumento sólo mío, -.-

y por último, ¡Disfruten!


EPOV:

La pequeña niña permanecía en la puerta, como si aún esperara mi respuesta. La miré sorprendido, ¿En qué clase de casa se le permite a una niña de esta edad abrir la puerta, sobre todo en un vecindario como este?

La luz del porche tintineó, apagándose y prendiéndose. Tentando a quedar apagada hasta que la poca luz que reflejaba se instaló. Dándome una mejor vista de la niña delante de mí.

La pequeña era menudita, su atuendo era muy peculiar. Llevaba puesto unas pantuflas de garras, parecían haber sido remendadas varias veces, parecían perder más relleno con cada pisada que daba y tenía su propia colección de parches de distintos colores y formas. Unos pijamas de súper héroes animados, que parecían ser muy viejos, y en su cabeza un sombrero negro elegante, pero que le faltaba una cosida en la parte de atrás. Su corto cabello caía en pequeños bucles caoba alrededor de su rostro en forma de corazón; una pequeña nariz respingada se colaba en medio de dos ojos chocolate enmarcado por oscuras pestañas. Y por un momento, mientras miraba su rostro inocente, decorado con rastros de pecas, me pareció ver la imagen de Bella, pero de muy niña.

Mis ojos debieron estar abiertos como platos, porque la pequeña se escondió aún mas detrás de la puerta. Por un momento temí que fuera a cerrarla, dejándome sin la visión de la muchacha de ojos castaños que había conocido y plagaba mi mente desde hoy.

Me recuperé rápidamente y le dí una sonrisa. La pequeña se sonrojó recordándome una vez más el parecido entre ambas; y tomándome por sorpresa, agarró de mi manga y tiró de mí hasta hacerme entrar a la casa.

El interior no estaba mejor que el exterior. Pensé mientras miraba a un cuarto en el que se encontraban tres puertas que comunicaban a otras habitaciones, un pequeño mueble a la izquierda de la tercer puerta, la más grande; y una escalera angosta. Las paredes estaban recubiertas en blanco. Y lo único que había en decoración era un florero, sin flores que se encontraba sobre el único mueble de la habitación. Este lugar necesita de un vistazo al estilo Esme – pensé mientras la niña seguía tirando de mí hacia las escaleras. Sus pequeños bucles danzaban arriba abajo mientras saltaba casi de dos en dos los escalones.

Subiendo las escaleras al segundo piso, rápidamente me empujó hacia una puerta abierta, donde se encontraba encendida la única luz en el oscuro pasillo. ¿Estaría sola en la casa? ¿Qué haría si no lo estuviera? ¿Dónde me habría traído? ¿Por qué metería a un extraño en su casa?

Cuando mis ojos se acostumbraron a la nueva luz, escaneé el lugar donde me hallaba. Era pequeño. Casi en exceso. Habían tres de las cuatro paredes pintadas, como si fuera hace poco que habían hecho una subdivisión de un cuarto de mayor superficie, pintadas de un sucio rosa, que se asemejaba a un rosa viejo. Había una pequeña luz con una pantalla colgando del techo. Pero eso no impidió que me fijara en los múltiples cuadros que surcaban y casi tapaban hasta el mínimo espacio en la pared que no tenía color. La niña dejó ir mi manga y se alejó unos minutos a cerrar la puerta de lo que parecía ser su cuarto. Aproveché esto como una oportunidad para observarlos más detenidamente.

Parecían fotografías en su mayoría. Fotografías de una mujer y un hombre, en diferentes situaciones, poses y lugares. En algunas estaban abrazados, tomados de la mano o en algunas sólo miraban en los ojos del otro. Habían también de dos niños pequeños jugando, sonriendo; y de millones de paisajes diferentes. Había una que sobretodo captó mi atención. Era la fotografía de un hombre sentado en un árbol, con un libro en mano. Apoyado en su regazo habían dos niños que ponían su cabeza, recostados bajo la sombra de éste. Parecía un padre con sus hijos, y al parecer por sus rostros se habían quedado dormidos en medio de la lectura. Los tres con ojos cerrados, pero definitivamente podía ver el parecido entre ellos. Enseguida reconocí el árbol. ¡Era el árbol del dibujo!

Pero antes de que pudiera preguntar o hacer algo en absoluto, la niña se había acercado nuevamente hacía donde yo estaba parado y tomándome de la manga me volvió a arrastrar hacia el otro lado de la habitación.

Lo único que se hallaba en el cuarto, era una cama baja, un estante sobre ésta, un baúl al pie de la cabecera, pintado con manos (como si hubiesen mojado sus manos en pintura y luego las hubieran apoyado en él, marcando con diferentes colores las huellas.) y una mesita redonda, revestida por un mantel. Habían cuatro sillas alrededor de ésta. Tres estaban ocupadas por peluches, y una vacía. Al frente de cada uno había un pequeño plato, a juego con un vasito lleno con lo que parecía agua. En el centro aparecía una fuente con galletas que parecían aún calientes y una pequeña tetera que parecía pintada a mano.

Todo este escenario me parecía familiar. Hasta que la pequeña se dio vuelta con una pícara sonrisa en los labios y fue cuando lo entendí. ¡Oh, no!

Me guió tironeando hasta pararse detrás de un peluche. Era un oso, al que le faltaba un ojo y podía ver le quedaba poco relleno. Delicadamente lo tomó por la cabeza y lo quitó sentándolo en la cama y susurrándole algo al oído. Sonreí involuntariamente al ver cómo le daba una advertencia al mudo oso de peluche con cara grave. Luego se volvió hacia mí.

"Lo siento, el señor Bob, no tiene modales," dijo dándole una seria mirada. Contuve la risa al ver lo serio que se tomaba el juego. Y ¿Bob? ¿Era un chiste? – "Tome asiento por favor, el té se enfría." – me dijo señalando el nuevo lugar desocupado, mientras ella tomaba el suyo al otro lado de la pequeña mesa.

"¿Té?" me preguntó con la tetera en mano.

"Por supuesto" le seguí el juego. Mientras ella me servía tomé una galleta del plato que aún seguía caliente y antes de llevármela a la boca inspiré buscando algún tipo de olor extraño que me develara los ingredientes. Pero mi boca se hizo agua, podía oler la dulzura de la vainilla y el olor de las chispas de chocolate. Pero para estar seguro le pregunté.

"Puedes comerlas, no las he hecho yo, por supuesto. En esta casa no me dejan usar el horno." Explicó con algo de enfado la última parte.

Estaba hambriento, no había probado bocado desde el almuerzo y olían demasiado apetitosas. Estaba a punto de dar el primer mordisco cuando una mano golpeó la mía que sostenía la galleta a tres cuartos del camino, haciendo que esta callera en el pequeño plato a mi izquierda. Cuando levanté la mirada confundido, vi que la suya estaba llena de reproche.

"Aún no." Me dijo haciendo una mueca.

Puso sus manos juntas frente a ellas e inclinando la cabeza murmuró algo. No pude oírlo, y fue corto. Rápidamente volvió a sonreír y mirándome asintió con la cabeza.

El primer mordisco fue una explosión se sabores. La galleta no solo tenía chispas, sino que eran crujientes y en el medio tenían un poco de jarabe de chocolate. Rápidamente la acabé e iba en busca de la segunda, cuando la pequeña nuevamente golpeó mi mano con la misma mirada de reproche.

"¿Qué?" pregunté algo molesto. De verdad quería comer otra. ¿Es que había una regla para eso también?

"El té" respondió rápidamente, mirando al pequeño vasito lleno de agua delante de mí. "Se enfría el té" respondió.

Tomé el vasito dudoso, e iba a tomar, cuando solo para seguirle el juego pregunté.

"¿Azúcar?"

La niña buscó primero alrededor de la mesita y luego su búsqueda se hizo casi frenética al ver que no se encontraba en ella. Salió lanzada como un rayo por la puerta y bajó rápidamente las escaleras. Pude escuchar un portazo unos minutos después de su salida y luego encontrándome solo reinó el silencio.

Miré a mi reloj y me percaté de que mucho tiempo había pasado ya y que de seguro estaban preocupándose por mí en casa. Me levanté, poniendo otra vez en su lugar al señor Bob y mirando una última vez a la fotografía me encaminé hacia la puerta. Pero cuando la abrí me encontré con un par de ojos marrones que me miraban extrañada y casi asustada que me eran ya familiares. Familiares porque era la imagen del rostro que había estado vagando en mi mente todo el día.


Booom!

Amooo dejar la expectativa de un nuevo cap!

Nos vemos pronto!

Dejen su huella presionando el botón verde!

Hasta que nos volvamos a leer,

Philies