Capítulo cuatro: "Amistad"

Aquel día después de la prueba, Aphrodi te preguntó si tenías donde quedarte, ya que de otra manera deberías quedarte en el internado. Contestaste de forma negativa, así que nuestro amigo te invitó a quedarte en su casa, al igual que yo. Después de dejar las cosas en casa del rubio, éste insistió en que comiéramos algo y descansáramos, porque saldríamos por la tarde…ahora le agradezco su insistencia, gracias a aquella salida tuve el mejor cumpleaños de toda mi vida…y no fue porque era el primero que celebraba, sino porque lo hice junto a ti.

-Chicos, vengo en unos segundos-anunció el rubio dejando a la nueva pareja sentada a la orilla de una fuente.

-Ve con cuidado-dijo monótonamente el de cabellos albos.

El rubio de alejó casi corriendo, hasta perderse de vista tras unos arbustos y árboles. Mientras el de ojos cielo llevaba tímidamente una de sus manos hasta donde se encontraba la de su acompañante y la dejó sobre la de éste.

-Fuusuke…-se sorprendió al sentir el tacto, a lo que el peliblanco retiró su mano rápidamente-No, es sólo que me tomaste por sorpresa-sonrió cogiéndole de la mano otra vez y entrelazando sus dedos.

-Haruya…-probó a decirle por su nombre.

-Suena extraño, pero se oye bien con tu voz-con su mano libre acarició una pálida mejilla-Por cierto…-su interlocutor que en esos momentos tenía sus ojos cerrados, concentrado en la caricia, los abrió cuando el pelirrojo retiró la mano de su rostro-Quería entregarte esto…-buscó en uno de sus bolsillos y sacó una cajita rectangular de color plateado y se la ofreció.

-¿Qué es esto?-interrogó con voz calmada, tomándola. Deshizo el agarre de sus manos para poder abrirla.

En el interior de aquella fina cajita se encontraba un hermoso collar de plata, con un dije en forma de copo de nieve, el cual tenía algunos detalles en zafiros. El peliblanco lo cogió de la cadena y lo elevó frente a sus ojos, contemplándolo como embobado.

-Feliz cumpleaños-dijo el pelirrojo sonriendo.

-Burn…tú…-le miró con un dejo de desconcierto en su voz.

-Lo compré hace algún tiempo, me recordó a ti-explicó desviando la vista, sonrojado.

-Es hermoso-comentó acercándose y besándole en la mejilla-Gracias.


Los entrenamientos se volvieron mucho más pesados los días siguientes, pero ellos parecían no estar consientes de ello, sólo disfrutaban de la compañía del otro, felices de volver a jugar en el mismo equipo, apoyándose mutuamente, ahora, como una verdadera pareja.

A Fuusuke le gustaba hacer sonrojar a Haruya cada vez que nuestro capitán hacia un comentario "inocente" referente a su relación, a lo que el ex capitán de Prominence se tornaba más rojo que su cabello y hacía un puchero al verse descubierto. Gracias a eso los entrenamientos se hacían menos tediosos.

Si hay algo en lo que puedo decir que envidio a Fuusuke es en la capacidad que él tiene para decir lo que piensa sin mover un solo músculo de su rostro, sin dudar, sin verse afectado por los comentarios de los demás. Quizás piensen "¿pero cómo? Aphrodi…"pero es la verdad, pese a mi personalidad, yo pienso demasiado las cosas antes de decirlas y depende de quién sea es lo que digo y cómo lo digo. Pero bueno, admiro a Fuusuke por la personalidad que tiene, creo que es lo que más me gusta de ser su amigo.

Cuando llegamos a las finales del Torneo de Asia, sabíamos que era el todo o nada, pero jamás nos imaginamos una derrota como esa. Cuando perdimos, Haruya y yo nos vimos obligados a volver a Japón, debíamos continuar nuestros estudios. Digo obligados porque los tres debíamos tomar el mando de nuestras respectivas empresas familiares una vez que nos graduáramos de la Universidad, a excepción de Fuusuke que podía hacer lo que quisiera hasta cumplir los 18 años. Fue así como Haruya y yo nos fuimos al mismo colegio en Tokio.


Caminaba con los documentos bajo el brazo y en la mano con su bolso, debía llegar pronto a la oficina del director para entregar los papeles que le había enviado su padre. Sin embargo, en el camino iba tan distraída que no se percató de que alguien en igual condiciones venía por el mismo camino, ocasionando así, un choque entre ambos y unos cuantos papeles que cayeron al piso.

-Lo siento, ¿estás bien?-preguntó una joven de cabellos lilas tan claros que parecían blancos con destellos en dicho color y ojos verde ámbar, agachándose para recoger los documentos.

-Sí, disculpa, ¿y tú?-hizo lo mismo para ayudarle.

-También-le dedicó una suave sonrisa y se fijó en él, algo se le hacía vagamente familiar…podría ser que…-Oye…sonará tonto pero… ¿tú viviste en Alemania?-le miró con curiosidad.

-¿Eh?-alzó una ceja pero su rostro no denotaba emoción alguna.

-Verzeihung, creo que me equivoqué-sonrió apenada-Es que cuando estuve en el orfanato conocí a un chico igual a ti…

-Inazuma Ryuusei- dijo con voz monótona.

-Ese…ese es mi nombre, ¿Cómo lo…?

-No te equivocaste, soy yo, Suzuno Fuusuke.


Miraba perdidamente el cielo despejado a través de la ventana, aquel color le recordaba tanto a él…No sabía por qué, pero algo le decía que había algo extraño. Hace tres días que su lindo amor de hielo no se conectaba al chat ni nada, era extraño porque cada vez que uno de los dos no se conectaba, inmediatamente el otro le llamaba para saber cómo estaba. Sin embargo, el peliplata no le había telefoneado ni un solo día en los que estuvo ausente, y él no había podido comunicarse puesto que el celular estaba apagado.

Una mano se posó en su hombro, ocasionando que diera un pequeño salto de sorpresa, miró al recién llegado y soltó una mueca a forma de saludo, frente a él se hallaba su compañero de clase y ex capitán de Zeus.

-Buenos días, Haruya-saludó con una sonrisa el rubio.

-¿Qué tienen de buenos?-se quejó sin responder al saludo.

-¿Pasó algo malo?-preguntó con curiosidad.

-No he sabido nada de Fuusuke en tres días-contestó molesto.

-Ya veo…-dijo pensativo.

-¡El profe!-exclamó un chico desde la puerta, haciendo que todos dejaran sus cosas y fuesen a sus lugares.

El profesor entró en el salón con rostro severo, saludando a sus alumnos. Enseguida comenzó con las clases.

Como odiaba la matemática, era tan aburrido, además de que pareciera que le hablaban en ruso, no lograba entender nada. En eso la puerta fue tocada y el maestro de muy mala gana ordenó que alguien la abriera. Esta dio paso a una joven de cabellos lilas casi albinos, la cual antes de decir nada enseñó un papel firmado y timbrado por el director, a lo que el profesor asintió. La joven fue hasta el escritorio del educador y le susurró algo, señalando la entrada del salón, éste sólo asintió nuevamente y se puso de pie.

-Pongan atención-dijo serio-Hoy se les une un nuevo alumno-el barullo general no se hizo esperar-Pasa por favor-pidió el hombre.

Por el umbral apareció un chico de cabellos blancos y ojos claros.

-Soy Suzuno Fuusuke-dijo con voz monótona y expresión carente de emoción.

-¡Ga-Gazelle!-exclamó sin querer el pelirrojo que estaba al fondo del salón, poniéndose de pie.

-¿Ocurre algo joven Nagumo?-preguntó severamente el maestro.

-N-no…-contestó volviendo a su asiento.

-Bien, pasen a sentarse-dijo finalmente, a lo que ambos jóvenes obedecieron.

La de cabellos lilas tomó su lugar de siempre, frente al escritorio del profesor, y el peliplata se sentó junto a ella, ya que no quería armar más alboroto, y además, al final del salón ya no quedaban asientos.


Aquel día pasó lentamente, jamás pensé que la clase de cálculo sería tan aburrida si tú no estabas dando la lata a mi lado. Bueno, al menos me sirvió para poner un poco de atención a lo que decía el profesor…

Después de que las clases terminaran te abalanzaste sobre mí y me reclamaste el no haber hablado contigo en tres días, y el por qué no te había dicho que me cambiaría de colegio. Era una sorpresa ¿qué esperabas? Lo que más me gustó de que me reclamaras fue el hecho de que, en cuanto se fue el profesor, me besaste de forma desesperada sin importarte quién estuviera viendo. Hacía ya un mes que no nos veíamos, si supieras cómo te extrañé este tiempo, sobre todo en las noches, cuando debía dormir solo…digamos que abrazar una almohada no es muy cómo ni cálido…

-Yo también quiero uno-comentó Ryuusei haciendo un puchero al ver a los otros dos besándose.

-De eso me encargo yo-respondió Aphrodi tomándole del mentón y depositando un tierno beso en sus labios.

-¡I-Inazuma-san!-exclamó entrecortado un recién llegado al aula.

-Tachimukai-susurró separándose del rubio-¿Qué ocurre pequeño?-preguntó yendo hacia él.

-Pues…-sus nervios aumentaban ante la cercanía de la joven-Los chicos preguntan si hoy habrá entrenamiento.

-Pequeño-se acercó más y le tomó de la barbilla-Diles que sólo por preguntar darán cien vueltas antes y después del entrenamiento-sonrió de manera infantil y sádica.

-S-sí, como diga Inazuma-san-contestó más que nervioso.

-Así me gusta pequeño, ahora ve-dijo soltándole y dejando que se fuera.

-¿Entrenamiento de qué?-preguntó Fuusuke.

-Fútbol-contestó con una sonrisa-Oh, veo que ya se despegaron-comentó fingiendo sorpresa.

-Haruya aún no se acostumbra a la falta de aire-explicó como si hablara del clima, haciendo sonrojar al susodicho.

-¡Fuu-Fuusuke!-reclamó más rojo que su cabello.

-Jejeje hacen muy linda pareja, los felicito-comentó la muchacha abrazando a ambos.

-Oigan chicos, ¿les parece si después del entrenamiento vamos a comer algo?-propuso el rubio.

-Me parece bien-apoyó la joven.

-Sí, genial-secundó Haruya.

-Como sea-dijo el peliblanco intentando aparentar indiferencia.

-¡Así se habla!-exclamó contenta la pelilila.


Los cuatro nos volvimos los mejores amigos, ellos eran como los hermanos que siempre quise tener; éramos inseparables, si uno se metía en un lío ahí estábamos los demás para ayudar, como los tres mosqueteros y D'Artagnan, uno para todos y todos para uno.

Al final, como mi padre siempre estaba de viaje y mi madre y yo quedábamos solas, opté por decirle a los chicos que vivieran en mi casa y dejaran la residencia del Instituto. Nuestra unión era tal que los cuatro decidimos dormir en la misma habitación, y no porque en mi casa faltaran, -no, eso era lo que más había allí- sino porque queríamos estar juntos; nos llevamos dos camas a mi habitación, una para Terumi y otra para la pareja de tórtolos de Fuusuke y Haruya, estos últimos eran los más felices de compartir cama, y bueno, si es con la persona que quieres es lindo compartir lecho SÓLO para dormir, ¿no creen?

Quizás se pregunten qué relación tengo con Terumi, sonará feo y todo, pero debo aclarar que lo nuestro no es más que un simple acuerdo por conveniencia. Así es, nos tenemos cariño y todo, pero no nos gustamos, mucho menos nos amamos y eso lo sabemos los dos; nuestra relación fue un acuerdo para no quedarnos solos y sufrir por no ser correspondidos; a él le gusta un ex miembro del Teikoku, un año menor que él, y a mí me gusta un pequeño portero ex miembro de Inazuma Japan, dos años menor que yo.

Fue así como todo esto tomó forma y nuestra amistad se hizo cada vez más profunda, hasta que meses más tarde, un descubrimiento hizo que dos de nosotros nos diéramos cuenta de que poseíamos lazos sanguíneos, lo que nos hizo acercarnos aún más.