Capitulo XXV Enterremos las penas….

Es de sabios evaluar una situación…es de amantes reconciliar al corazón….

Bella POV

Faltaba un solo día para mi viaje. Miré impaciente mi reloj pulsera, las horas pasaban lentamente. Giré mi cabeza y me perdí en el cuadro que estaba colgado encima de la secretaria del Dr. Vulturi, la mezcla de colores pasteles, en un paisaje de campiña relajaba la vista, pero solo por unos momentos, particularmente a mi, la tensión no me dejaba respirar, enfoque nuevamente la vista en ella o se había casi olvidado de mi presencia o disimulaba muy bien. Porque desde que llegué y su conciso "Buenos Días", fue lo único que dijo.

La cita con el Dr. se había concretado con la intención de que me diera algunas indicaciones sobre como cuidarme en el embarazo y saber los resultados de los análisis realizados.

Debía cuidarme y sobre todo al bebé, esa personita que estaba latiendo dentro de mí ser.

_ Señora Swan Cullen_ dijo_ ya puede pasar.

_ Gracias.

Miré aprensiva hacía la puerta opuesta del consultorio, no quería que Carlisle me viera o se sentiría ofendido por no avisar de mi cita, en especial a Esme para que me acompañara.

Me levanté, acomodé las muletas bajo el brazo derecho, ya había desechado la otra y me estaba habituando a usar una sola.

_ ¡Buenos días!_ saludé al Dr. Vulturi que se levantó presto, como todo un caballero.

_ Sra. Cullen.

_ Bella, por favor.

_ Bella, siéntate. _ pidió y él lo hizo cuando ya me había acomodado_ He revisado tus análisis y sólo encontré un leve descenso de glóbulos rojos, por lo que necesitaras una dieta alta en hierro, después de eso todo irá bien.

_ ¿No hay otra deficiencia?

_ No, ninguna_ tomó su recetario y escribió algo en él._ te estoy dando suplementos vitamínicos para resguardar el crecimiento del bebé y ayudarte a ti._ guardé la receta_ quiero verte dentro de tres semanas, ¿está bien?

_ Si ya estaré de vuelta.

_ ¿Sales de viaje?

_ Sí_ fue corta mi respuesta, no quería un discurso, que posiblemente me convenciera de dar marcha atrás con el viaje.

_¿Con tu marido?..mmm..sólo recomiendo no estresarte tanto.

_ Viajo a Sudamérica.

_ Hummmm_ se recostó en su sillón, juntó sus dedos y apoyó el mentón en ellos._ quiero que te cuides. Tu cuerpo puede descompensarse en el viaje, son muchas horas.

Me dio un poco de temor su comentario, pero tenía fe y confiaba en que saldría todo a pedir de boca.

_ Bueno_ agregó _ nos veremos dentro de tres semanas_ Me incorporé_ pero me preocupa el yeso, no deberías viajar con él_ negó con los dedos_ de por si el viaje será estresante y mucho más con eso puesto.

_ Lo sé.

_Pero me doy cuenta que no cambiarás de parecer.

Le miré fijamente e hice una mueca interna.

_ Le agradezco mucho, el favor Dr. Vulturi, en verdad gracias por recibirme, sé que tiene muchos pacientes.

_ No te preocupes, la familia Cullen ocupa un lugar especial en mi estima.

_ De nuevo, gracias.

_ Por cierto ¿qué dijo el fututo papá por la noticia?

_ Emmm….errrr..no he podido decírselo todavía, él está en Estados Unidos.

La sorpresa en los ojos del galeno fue evidente, pero trató de disimular. Volví a despedirme y salí raudamente de allí.

Como pedido del cielo, encontré un taxi libre al salir del Hospital.

Ya rumbo a la casa decidí hacer una parada en la farmacia y surtirme de la receta. Cuanto antes empezará con los cuidados al bebé me sentiría mejor y con menos cargo de conciencia.

Esa tarde acordé con Esme dejarle las llaves para que pudiera disponer de algunos alimentos de la heladera, pues se podrían descomponer.

Gracias a Dios contaba con ella, me aseguró que cuidaría a Edward.

Al día siguiente, todavía sin ninguna noticia de mi amor, acompañada de Jasper, Alice y Esme llegamos al aeropuerto e iniciamos la despedida bastante emotiva para todos los presentes, a cada momento Alice me suplicaba cuidarme, recalcando que estaba muy cercano el viaje anterior y sus consecuencias. Jasper había llevado a despachar mis maletas en donde iba el regalo para Emily, un hermoso plaid (manta escocesa), se me ocurrió ese detalle para que lo utilice en su cama matrimonial.

El vuelo salió a tiempo, ocupé un lugar cerca de la ventanilla, la azafata me proveyó de una cómoda almohada. Sin querer mis pensamientos también despegaron como las alas de este avión y surcaron por los aires de la añoranza.

En verdad me moría de ganas por estar con Edward, ahora que ya volaba rumbo a mi tierra, comprendí que mi verdadero hogar era con él.

Cada paso que emprendí desde nuestro último encuentro fue un desacierto, un camino que no me conducía nada más que hacia la infelicidad.

A toda costa me dije debo solucionar mi situación y junto con esa decisión , llegó la inquietud al darme cuenta que tenia como 15 horas más sin poder poner en práctica los pasos que me llevarían a finalizar la locura desatada en nuestra vida .

Del amor, no dudaba de él, pero su posesividad, me había descolocado y me di cuenta que yo había cobrado con la misma moneda que había estado comerciando en nuestra relación, pues si exigía confianza y comprensión también debía darla.

Cerré mis parpados y sus ojos, su boca, esa sonrisa que ponía a estremecer mis entrañas, que me volvía loca y conducía literalmente al delirio, preparándome siempre a su encuentro, dejándome dispuesta a realizar cualquier deseo suyo, me acompañó todo el viaje. Por más increíble que pareciera, quería estar en el avión, pero de regreso a los brazos de él, de vuelta, si de vuelta a mi hogar.

Al llegar a Río de Janeiro, una corriente de aire caliente fue nuestra bienvenida.

Menos mal había viajado con una falda larga, una blusa y chaqueta, la misma que ahora colgaba de mi brazo junto a mi bolso y con ganas de aventarla a cualquier lado.

Miré hacia el frente caminado rápido, eran las cinco de la mañana y los pasajeros nos apresurábamos a salir hacia las salas de espera, el vuelo de conexión recién partiría a las 12:30 del mediodía. No podría conocer nada de la ciudad por culpa de mi yeso, por lo que mis planes incluían recorrer los locales del aeropuerto y leer un libro.

Al asomarme al gran salón, vi a los pasajeros apresurase hacia las salidas, yo buscaría en donde sentarme para luego ver mi equipaje.

_ Bom dia, ¿Senhora Cullen?

_ Si_ le conteste, me sorprendió que alguien se dirigiese a mí. Agradecía que el portugués sea fonéticamente igual al español, pues ella se dirigía a mí con ese idioma.

Con una sonrisa cálida ella continúo hablándome.

_ Por favor acompanha-me. Alguém te está esperando.

Intrigada la seguí, pues tenía el uniforme del aeropuerto.

Llegamos a unas puertas dobles y se puso a un costado al abrir una de sus hojas, para dejarme pasar.

_ Dentro espera esse alguém.

Con duda me adentré al salón modernamente decorado, había unas sillas dispuestas para cualquier evento, entrevistas, conferencias.

Hacia la derecha un podio se levantaba con varias sillas cómodas detrás de una mesa larga, giré y vi a la izquierda unos sillones y cerca de ellos estaban tres personas hablando.

Por sus reacciones, escucharon la puerta, me dije, porque giraron en mi dirección. No necesité ver la cara de uno de ellos, su altura, la elegancia de su cuerpo, la forma en que estaba parado, con las piernas separadas y los brazos cruzados al frente, me era todo familiar y eso lo percibí en un simple parpadeo.

Pero al encontrase nuestros ojos y al ver como en cámara lenta el descruzaba sus brazos y el amor que brillaba en su mirada era reemplazado por un relámpago de tristeza, me hizo mandar al diablo mi orgullo.

Mentalmente sacudí mis pensamientos, si yo hubiese pertenecido a una sociedad feminista, en estos momentos estaría condenada y sentenciada a la guillotina por desertora.

Al darse cuenta que mi actitud fue totalmente positiva a su encuentro se apresuró a llegar a junto a mí.

No hubo vacilación en mis brazos que soltaron la muleta chaqueta y bolso estos se levantaron cruzándose detrás de su cuello, en verdad no hubo duda en mi boca que dispuesta recibió a su avariciosa lengua.

Sus brazos ciñeron mi cintura y elevándome hacia él.

Aproveché el vuelo de mi falda y mis piernas impúdicas se enredaron en su cintura, fue puro reflejo, pues al sentir el peso del yeso, volví a dejarlas colgadas, pues estas estaban alejadas del piso.

No reparé en el tiempo, este no existía, no fue necesario tratar de aislarme del ruido, del mundo, pues al solo verlo se había desvanecido lo que me rodeaba para beber de su imagen.

Cuando el aire tomó prioridad en nuestro cuerpo, mi boca y la suya declararon un alto al asalto sexual que habíamos iniciado a nuestros sentidos. Pero el hecho de alejar nuestras bocas no fue una constante para otras partes de nuestro cuerpo, nuestras manos redescubrían esos rincones que producían gratificaciones placenteras al tacto.

Apoyando su frente a la mía hizo una fuerte inspiración.

_ ¡Te extrañé amor! Y además de extrañarte temía que tal vez no te vería más, que abandonarías mi vida.

Al escuchar estas palabras mi corazón sufrió un fuerte espasmo. Y lo único que me vino a la mente fue la respuesta que por orgullosa y egoísta no le dije la última vez que hablamos.

_¡Te amo Edward!

Nuestras miradas se entrelazaron y en silencio volvieron a declarar su juramento de amor eterno.

Vi como después de una gran exclamación cerró sus ojos y al volver a abrirlos estaban empañados. De allí una gota de agua cristalina y salada se escapó dejando un surcó por su mejilla cubierta de una sombra de barba, resultado de la ausencia de una rasurada.

Al momento mis manos se posaron en ese lugar y enjugaron su rostro.

_ ¡Mi amor!_ exclamé.

_ No me importa que me veas así, pensé que te había perdido, eso no lo hubiera podido soportar.

_ Edward, te amo demasiado como para dejarte.

_ No merezco tu amor, no después de lo que hice.

_ Quisiera no tocar más ese tema.

_ Estoy de acuerdo en no tocar ese tema, pero no antes de que te pida perdón.

_ Edward, no…

_ No me detengas_ se arrodillo y se abrazó a mi cintura, apoyando su cabeza en mi vientre, ese gesto casi me mata, él sin saberlo estaba a la altura de su hijo o hija., estaba como sólo un hombre enamorado lo haría, sin miedo, sin orgullo, solo con el corazón en la mano.

Levanté mi mirada y recorrí el salón, no sé en qué momento habrían salido, Patrik y el otro hombre que no conocía.

_ Bella_ lo escuche hablando contra mi cuerpo_ me comporté como un cretino, abusé de tu amor, tu confianza, saquee nuestro cariño con mi comportamiento vil. El haberte tocado como lo hice, fue lo peor que un hombre puede cometer. Pero estaba celoso_ en ese momento levantó sus ojos y se cruzaron con los míos_ ciego…, muero cada vez que alguien te mira, que alguien te roza. Desearía mantenerte en una caja de cristal, para evitarte cualquier mal, pues soy celoso hasta del viento que se atreve a rozar tu mejilla. Lo que estoy diciendo no es una justificación, pues para eso no la hay, lo mío es una explicación a mi conducta que de ninguna manera tiene perdón.

Sus manos acariciaron mi espalda y se levantó lentamente.

_ Me darás otra oportunidad? ¿Me dejaras estar nuevamente dentro de tu vida?

Dios, nunca lo había alejado de ella, ¿quién se atrevería a separar a este hombre de la suya? Yo nunca.

Lo único que pude hacer fue bajar su cabeza y comerlo a besos, pues las palabras se habían quedado atoradas en mi garganta. Pero mi amor se trasmitía en mis caricias.