Cáp. 4: ¿Te vas?
Caminamos sin mayor apuro hacia la clase de español. Aún me sentía un poco aturdido ante la realidad en la que me encontraba. Ella… tan hermosa, amable y sofisticada; ella que huele dulce como las flores… ella estaba sola. No tenía novio y, al parecer, tampoco amistades fuera de su círculo familiar. ¿Qué significaba realmente el que estuviera pasando tiempo conmigo en estos momentos? No lo sabía pero, por ahora, no deseaba enterarme de nada que pudiera disminuir mi felicidad.
Lo sé. Soy egoísta. Pero ella también lo es, Bella misma me lo dijo. Tal vez por eso tenemos tanto en común. Ella y yo somos dos criaturas extrañas a nuestra edad y egoístas. Lo que nos hace feliz lo queremos cerca a pesar de todo lo que pudiera ocurrir. Algunos dirían que somos valientes pero no es así, la verdad es que simplemente no podemos estar lejos de lo que amamos. Me pregunto que ocurriría si tuviera que elegir entre mi felicidad o la de ella…
Una vez en el aula me dirigí con desgana a mi asiento. Tendría que separarme de ella y la idea no era, para nada, de mi agrado. Me sorprendí cuando la vi caminar directamente hacia mi puesto y sentarse en el asiento contiguo al mío. Por supuesto, ella sería mi compañera aquí también.
Me sonrió alzando una ceja debido a mi estado de inmovilidad, hasta ese momento no sabía que fuera posible quedarse tan quieto. Camine y tome asiento a su lado.
La hora de clases transcurrió con tranquilidad. Me sorprendió descubrir que Bella era una experta hablando ese idioma, tanto así que parecía su segunda lengua, lo cual era muy probable.
Tal vez su madre hablaba español…
A decir verdad no sabía mucho sobre la madre de Bella, ella solo me había hablado sobre su padre, Carlisle, un connotado cirujano británico, pero no había dicho nada sobre la nacionalidad u ocupación de su madre. Me vería en la necesidad de preguntarle antes de que llegue a casa para tener una idea de la impresión que le causaría mi mamá. Probablemente, la excéntrica Amelia Cheney no fuera del tipo de personas con la que Bella estaba acostumbrada a relacionarse. No es que yo me avergüence a algún grado de mi madre, por supuesto que no, es solo que su pensamiento bohemio comúnmente provoca rechazo hacia ella. Un punto a mi favor era que Bella no era relativamente común. De hecho estaba totalmente fuera de lo normal.
Pase la hora intentando adivinar por qué me era tan cercana. Poco a poco me iba dando cuenta de que mi familiaridad con ella no parecía solo de dos días, era como si la conociera de toda la vida y eso comenzaba a asustarme.
Bella se mantuvo atenta a la clase, eso o pérdida en sus pensamientos, era difícil saberlo con certeza. Su semblante se me hacía extrañamente inexpresivo, como si fuera una estatua en honor a alguna diosa antigua en vez de una persona. Sus movimientos, aunque no eran forzados ni torpes, me parecían demasiado calculados, casi temerosos… como si estuviera obligada a fingir una condición inexplicable. ¿Por qué alguien haría algo como eso? ¿Tan importante eran las apariencias para ella? No, Bella no era así. A penas la conocía pero mi interior sabía que tipo de persona era.
Fingir… ¿Por qué debería fingir? ¿De qué se estaba protegiendo? Ese era el único motivo que venía a mi mente, ella debía de estarse protegiendo de algo alejando a la gente, poniéndose una máscara de indiferencia. Tal vez tenía algo que ver con lo que Alice dijo ayer cuando la conocí. Ella dijo que a Bella le molestaba la atención. ¿Será posible que mi compañía la esté sofocando? Ella me lo diría de ser así, ¿Cierto?
Antes de lo que hubiese querido la hora acabó y Bella se despidió de mí en la puerta para ir a su siguiente clase.
Caminé a paso lento hasta el gimnasio. Estábamos practicando voleibol por lo que sería un período relativamente suave. Se me daba bien este deporte aunque no me gustaba. No tenía nada en contra de él, es solo que me parecía más para mujeres. Empujar suavemente un balón no era mi idea de deporte.
Las musarañas se disiparon durante un rato mientras me reía de Claude Rubens, un tipo de aspecto desaliñado, delgado y algo encorvado. Había sido golpeado por Helly Decatur con el balón y se encontraba tendido de espalda en el piso del gimnasio con los ojos desenfocados y la boca semiabierta. Su cuerpo permanecía en una posición bastante incomoda a la vista, tenía un brazo bajo su espalda y el otro extendido por el suelo; sus piernas estaban separadas y recostadas hacia los lados. No podía dejar de reír. Esa imagen me iba a acompañar el resto de la semana.
El profesor lo llevó a la enfermería una vez hubo recuperado sus procesos mentales y con él mi distracción. Tenía aspecto de que iba a tardar en volver y, en efecto, después de unos veinte minutos regreso el entrenador Michaels y nos permitió salir antes hacia los camarines para volver a casa temprano.
Distraídamente tomé una ducha me vestí y salí hacia el estacionamiento. Cuando estaba a punto de llegar a mi coche mi móvil comenzó a vibrar en mi bolsillo. Lo saqué, lo abrí y vi que era un mensaje de Alice.
Fruncí el ceño. No recordaba haberle dado el número pero con lo despistado que estaba últimamente no me sorprendería haberle dicho hasta la clave de mi correo electrónico sin darme cuenta.
Lo leí y me quedé de piedra.
¡No des un paso más Edward Lecerf!
¡Si te atreves a irte juro que lo pagarás!
Alice.
No se por qué, pero algo en mi interior me aconsejo que no me marchara. Tenía el presentimiento de que esa pequeña niña podía ser aún más peligrosa que su hermano Emmett.
Me metí a mi coche a esperar que los demás salieran. Me pregunto si Alice querrá decirme algo, no me explico la motivación de su amenaza.
De pronto algo cuadro en mi cabeza. Más bien, algo se volvió más confuso: ¿Cómo se enteró Alice de que había salido antes y de que me estaba yendo? Ella estaba en clases así que era imposible que se hubiera topado con alguno de mis compañeros en el pasillo y yo no compartía la clase de gimnasia con Gracie como para que se lo comentará vía mensaje.
Una ola desconocida de miedo me atacó, sin embargo, lo reprimí. No había motivo para sentir miedo de Alice ni de ninguno de ellos. Eran personas buenas y amables solo excesivamente reservadas lo cual, en sí, no era malo.
Era cierto que un par de veces había visto una mirada escalofriante en los ojos de Bella pero ello podría deberse a la ira reprimida. Eso era algo normal en las personas de nuestra edad…
Sonó el timbre de salida. Salí del auto para que Alice me viera y me librará de su súbita ira y fue entonces cuando la vi. Iba cubierta de la lluvia con una cazadora larga negra con un cinturón de hebilla plateada alrededor de su cintura; levanto la cabeza y sus ojos se encontraron con los míos, sonrió con seguridad, casi arrogancia, y alzó la barbilla mientras caminaba directamente hacia mí y, entonces, recordé que ella vendría conmigo a mi casa hoy.
Alejé el temor para poder responder a su sonrisa y esperarla con calma. Deseaba llenarme de la luz de sus ojos… apenas hace un par de horas que le había visto pero sentía como si hubiese pasado mucho tiempo.
Su mirada intensa me hipnotizó atrapándome bajo un desconocido hechizo, luego de un instante su expresión se suavizó y me sonrió con amabilidad. A este paso perdería la cabeza.
─ ¿Qué tal, Edward? ─saludó─, ¿Por qué estás mojándote de esta manera?
La mire y le sonreí señalando hacia su hermana que en ese momento estaba saliendo del instituto de la mano de su novio Jasper.
─No me sorprende ─masculló─.
Se dio media vuelta mirando directamente hacia su pequeña hermana con el ceño fruncido. No se por qué pero tuve la sensación de que, a pesar de la distancia, estaban teniendo una conversación en susurros que yo era incapaz de oír aún estando justo a su lado. El cuerpo de Bella se tensó y volteó a verme. Por un breve momento vi como sus ojos se agrandaron mientras me observaba para luego achicarse con la sospecha plasmada en ellos. Casi pude percibir la ira y la amenaza que reflejaba su postura, hasta ese momento no había notado que se había encorvado ligeramente y que su labio superior se había levantado levemente mostrando sus dientes a su hermana. Me recorrió un escalofrío de pies a cabeza. Ella abrió los ojos y luego se volteó a mirar al piso recuperando su postura erguida pero con el cabello cubriendo su rostro.
Antes de lo que creí posible Jasper se encontraba a su lado tomando su mano y abrazándola con fuerza. Una punzada incomoda se posicionó en mi estomago mientras mis manos se cerraban en puños. Jasper parecía realmente cercano a Bella. Era obvio, después de todo es su cuñado, pero parecía ser algo más.
─No podré acompañarte hoy Edward ─susurró con voz fría─.
La miré extrañado. ¿Qué pudo haber ocurrido para que ella me dejara de esta manera?
Iba a replicar pero Jasper me lanzó una mirada de advertencia que impidió cualquier intento de protesta.
─Entiendo, Bella ─dije aunque era mentira─. Nos veremos mañana.
Le sonreí pero ella no me devolvió la sonrisa. Se dirigió a su coche flanqueada por Jasper y Rosalie que, a diferencia de su hermano, no se había acercado.
Suspiré pesadamente pensando en todo lo que había pasado. ¡Cuán confuso podía volverse todo de un momento a otro!
─No es lo que piensas, Edward.
La voz de Alice me sorprendió. Sus hermanos ya se habían marchado pero ella seguía allí conmigo. Supongo que fue capáz de leer mi expresión confundida y dolida.
─No se de que hablas, Alice ─susurre fingiendo indiferencia─.
─Ella si quería ir contigo, es solo que…
No continuó. Se quedo allí de pie con la mirada clavada en lo que estaba a mi espalda. Me giré por inercia y mis ojos se posaron en un hombre gigantesco, era aún más grande que Emmett, de piel rojiza y una clara herencia india en sus facciones, tenía los ojos negros como la noche, abiertos, casi desorbitados, mirándome con incredulidad. No, de seguro estaba paranoico por lo que había pasado con Bella, de seguro él estaba en ese estado por ver a Alice. Esto comenzaba a preocuparme, me pregunto si estaré enfermando… tal vez sea uno de esos virus que te provocan alucinaciones o esté delirando a causa de la fiebre… eso no me sorprendería demasiado…
─Jacob, debemos irnos ─dijo Alice, su voz no dejaba espacio a reparos─. Bella ya se fue con mis hermanos.
¡Por todo lo que es santo! ¿Es que acaso este hombre estaba interesado en ella? ¿Qué tipo de relación podrían tener?
─S-si, Alice ─tartamudeó─.
Seguía mirándome con esa expresión tan extraña. La conmoción en mi cabeza estaba haciendo estragos en mi cuerpo, podía sentir como las náuseas comenzaban a arremolinarse en mi vientre.
─Adiós, Edward ─cantó Alice y se marchó arrastrando al hombre que debía de tener unos veinte años─.
De no haber estado tan conmocionado me habría reído histéricamente de la escena. Ver a la pequeña Alice arrastrando a aquel hombre inmenso era para llorar de risa.
Llegaron al final del estacionamiento y se marcharon. Y yo ya no entendía nada.
Las preguntas se arremolinaban en mi cabeza, ¿Por qué Alice lo había mirado de esa manera? ¿Por qué el tal Jacob me había mirado así? Porque, aunque quisiera negármelo, era a mí a quién ese hombre miraba de esa manera.
Me quede ahí de pie hasta que noté que estaba completamente empapado. Entré al coche refunfuñando al oír como caían gotas de agua sobre la tapicería del asiento, pero no arranqué. Me senté ahí por largo rato con la cabeza apoyada contra el volante, pensando en ella.
De pronto el suelo se desdibujó. Cuando vi la gran cama blanca en medio de una enorme habitación del mismo color y a una cálida muchacha envuelta por mis brazos supe que estaba soñando. O tal vez había muerto y estaba en mi cielo personal y privado, aunque siempre he dudado del lugar al que iré al morir, y más ahora, que Ella había entrado en mi vida.
Pero había tantos otros además de mí… tanta vida por vivir juntos o separados, tantos días por delante, nada me aseguraba que al final ella fuera a estar a mi lado. Tenía miedo y me sentía estúpido. Estúpido al descubrirme vigilando las miradas que los demás le dirigían o, como hace un rato, el contacto descarado de Jasper Masen que más que ser su cuñado parecía su hermano o algo más que era incapaz de decir incluso en mis pensamientos.
No podía culparlos, ella era hermosa, pero eso no significaba que mi instinto de cazador asesino no despertara. Odiaba esa sensación. Jamás he sido violento, a menos que la situación lo ameritase, pero hoy… solo hoy había deseado romper el cráneo de la mitad de los hombres del instituto.
¡Esa misteriosa chica iba a terminar trastornándome! Pero, ¿Qué podía hacer? Ya nada de esto estaba en mis manos. Casi podía reconocer la fascinación y la atracción que despertaba su sola presencia en mi vida, en mi cuerpo y en mi alma, una atracción antigua… sentía como si hubiese nacido conmigo. Ahora entendía un poco el concepto del destino, sentía que de alguna forma había nacido para ella, para estar eternamente a su lado.
Un golpeteo se llevó la añorada escena de mis sueños. Alcé la cabeza y fruncí los labios. Emmett Cullen se encontraba mirándome desde el exterior del coche con expresión burlesca.
Me desperecé y vi que ya había oscurecido, ¿Cuánto tiempo había dormido? Me erguí violentamente cuando caí en la cuenta de la preocupación de mi madre. De seguro había llamado a la policía para reportar mi desaparición.
Bajé la ventanilla y lo oí carcajearse despreocupadamente.
─¡Edward, hombre! ¿Qué haces aquí… durmiendo?
No supe por qué la palabra "durmiendo" provocó una carcajada más potente de su parte.
Traté de sonar convincente cuando le dije que no había dormido la noche anterior y que el calor en el interior del coche me había adormilado. Pareció creerme aunque creo que, en realidad, no le importaba.
─¡Déjame y te llevo a tu casa! ─ofreció, le sonreí con agradecimiento─.
Se montó en mi coche y me empujó hasta que quede sentado en el asiento del copiloto. Mire a su coche y vi a Jasper sentado frente al volante.
─Dime, Emmett. ¿Qué hacías por aquí tan tarde? ─el bufó─.
─No es tan tarde, Ed. Es solo que esta oscuro.
No se me pasó por alto que no me respondió.
─¿Qué hora es?
─Apenas y son las siete ─se quedó en silencio─. Rose me envió hace rato a buscar la antigua casa de los Swan…
─¿Para que quiere saber donde está?
─La primera Bella era apellido Swan ─se encogió de hombros─, creo que tienen la esperanza de encontrar algo que ella le obsequió a su padre hace mucho…
─Gracie y Agustín viven el la antigua casa de los Swan. Ellos descienden de Charlie Swan.
Emmett frunció el ceño.
─Tenía entendido que Charlie solo había tenido una hija.
La forma en la que dijo su nombre me sorprendió, sonó casi como si lo conociera, no había respeto ni nada por el estilo, pero conociendo a Emmett, de seguro ni a su padre le muestra respeto o admiración.
─Eso no lo sé.
Nos quedamos en silencio un momento, mantuve mi vista hacia el exterior pero no podía ver nada además de las sutiles y débiles luces de los faroles que alumbraban la solitaria carretera. La noche ya había caído completamente. En un tiempo que se me antojó imposible Emmett estacionó el coche fuera de mi casa. Me sorprendió la forma en la que manejaba y una envidia sana nació en mi, ¡ya quisiera yo moverme a tal velocidad!
Se giró hacia mí con una expresión extraña, mucho más serio de lo que lo había visto antes.
─Ed, hay algo que debo contarte…
En ese momento sonó su móvil. Bufó pero de todos modos contestó.
─Lo sé, Alice… ─dijo susurrando, me pregunto si Alice podría oírlo del otro lado de la línea─pero, debo hacerlo… tampoco de ella…esto nos concierne a todos… se arrepentirá… esta bien, lo haré, pero no estoy de acuerdo, adiós.
Colgó y sostuvo su cabeza contra el volante.
─¿Sucede algo? ─pregunte susurrando─.
Emmett alzó la cabeza y me miró con incredulidad, parecía sorprendido… no, era más que eso, parecía asustado.
─¿Me escuchaste? ─susurró casi sin mover los labios─.
Asentí con la cabeza, él abrió los ojos como platos.
─Estabas hablando con Alice ─le dije para sacarlo del trance, no entendía por qué estaba tan turbado─. No oí lo que ella dijo si es lo que te preocupa…
─Me escuchaste… ─murmuró de nuevo─.
Se quedó en silencio por unos momentos. No tenía ni la más mínima idea de lo que estaba pasando. Entonces comprendí una de las cosas que le dijo a Alice: "Tampoco de ella, se arrepentirá", y antes fue por mí al estacionamiento, no fue casualidad. Ella… ella va a…
─Bella se marcha ─dijo de pronto─.
El aire se atoró en mis pulmones.
─¿Cuándo? ─logré decir mientras me sentía casi atorado en aquel estado de aturdimiento─.
─Esta noche.
Se iría… esta noche… sin despedirse…
Ella no sería capáz de hacerme eso, ¿Verdad?
─¿Por qué? ─murmuré─
Él lo meditó un rato.
─Ella piensa que es lo correcto…
No dijo más. Supe que era todo lo que obtendría de él esta noche. Fuera, del lado del conductor, se encontraba Jasper mirando directamente a Emmett con el ceño fruncido. Extrañamente comencé a sentir una furia desconocida. Jasper me observó asustado y sentí como la calma me invadía.
Esto se estaba poniendo demasiado extraño.
─Es hora de irnos ─sentenció Jasper y su voz, aunque amortiguada por el cristal, sonó clara y dura, casi como una orden─.
Emmett se bajó del coche de inmediato y se fue sin mediar palabras hacia el otro auto. Jasper en cambio permaneció impávido mirándome fijamente.
─No la juzgues ─me dijo después de un rato─. Hace lo que cree que es mejor…
─¿Mejor para quién?
─Para ti.
Me quedé pasmado. Jasper se dirigió a su coche y arrancó dejándome solo en la calle frente a mi casa.
Ella se iba porque era lo mejor para mí. ¿Qué demonios significaba eso? ¿Cómo podía ser lo mejor para mí que ella estuviera lejos?
El pecho comenzó a dolerme horrores. Sentía como si se me estuviera despedazando el alma poco a poco, ella me estaba poniendo en su pasado sin permitirme, si quiera, estar un instante en su presente. Iba a separarnos a pesar de que ni siquiera estamos juntos… eso solo significaba que mis nuevas emociones habían sido demasiado claras ante ella, Bella se había dado cuenta de lo que comenzaba a sentir sin importar que sólo hubiese estado a su lado un día y, por supuesto, ella no me correspondía…
Se estaba yendo por mi bien, para no hacerme daño con su desprecio sumado a su presencia… pero lo que ella no sabía era que su presencia sería mucho más manejable que su ausencia. ¿Quién me aseguraba que no la seguiría?... entonces, ¿Qué debía hacer? ¿Debía dejar que se marchara? No, eso no sería capaz de soportarlo… ¿Qué debía hacer?
Tomé mi móvil y llame a Gracie. Apenas eran las ocho de la noche así que aún estaría despierta.
─¿Bueno? ─respondió después del segundo timbre─. ¿Edward, qué sucede?
─Gracie, ¿Tienes el número de alguno de los Cullen?
Debí haber guardado el número cuando Alice me envió el mensaje.
No dijo nada. De seguro estaba buscando mis motivos para la solicitud.
─Tengo el de Alice, ¿Te sirve?
─Sí.
Me dio el número sin preguntar nada lo que me sorprendió. Debí sonar muy alterado como para que no quisiera inmiscuirse.
Marqué y Alice contesto en seguida.
─¡Edward! ─gritó, no me sorprendí de que supiera que era yo─. ¡Tienes que venir pero no lo pienses, solo ven!
─¿A dónde voy?
─A la gran casa blanca.
Me cortó después de eso.
¿Qué fue todo eso que dijo? No entendí nada, esa familia era realmente extraña…
En modo autómata encendí el coche y maneje sin detenerme ni titubear. No sabía que me estaba pasando.
Por instinto tomé el camino que me alejaba de Forks, doblé en una entrada casi oculta y seguí manejando. Por algún motivo no sentía como si me hubiese perdido, sentía como si después de mucho tiempo, al fin estuviera tomando el camino a casa…
De pronto una enorme mansión blanca con ventanales en vez de murallas apareció y un sentimiento extraño de dé javù inundó mi minerva. Tenía claro que jamás había estado aquí pero… incluso podía adivinar que la ventana del segundo piso que daba hacia donde yo estaba era la habitación de Alice y Jasper.
─Edward…
Su conocido y embriagador aroma me golpeó con fuerza pero su voz no fue más que un leve atisbo de un susurro. Ella estaba ahí, frente a mí, mirándome con sorpresa y angustia.
─¿Te vas?
Zaluiito00ss a todos lo que leen mis fics! Espero que el próximo mes sea grandioso para todos ustedes ^^ no estoy segura, pero espero subir otro Cáp. antes de fin de mes y así desearles un buen Día de los Muertos :D o Halloween depende de cómo lo vean ¬¬
Ia! Que estén bnn *-*u
