Cáp. 5: La Amo

Sabía que no tenía ningún derecho a reclamarle algo o a sentirme molesto con ella por irse. De seguro su conciencia no le permitía lastimarme con su presencia. Sin embargo, yo no lo valía. No merezco que nadie deje su familia ni su hogar por mí, menos ella.

Su expresión cambio a una de puro dolor cuando me vio llegar a su casa. Lucía totalmente mortificada y me maldije por ir a verla para dañarla. Ella se iba para no dañarme y yo venía aquí a hacerla sentir peor de lo que de por sí se sentía. Desee con todas mis fuerzas dar los últimos pasos hacia ella y rodearla con mis brazos, llenarme con su aroma y su presencia que, en tan solo un día, se habían vuelto imprescindibles para mí. Pero me quedé ahí de pie mirándola fijamente, intentando grabar cada detalle de su rostro en mi memoria para evocarla siempre.

─¿Bella? ─dijo una voz suave y maternal desde la puerta de la gran casa blanca─, ¿Por qué no entran? Se están mojando... tu amigo va a pillar un resfriado…

Me sonrió y en su hermoso rostro se dibujaron dos hoyuelos que le dieron un aire tan angelical que ni siquiera pude responderle, solo atiné a sonreírle también en respuesta.

─¡Edward! ─dijo Alice sacando la cabeza por el pequeño espacio que dejaba el cuerpo de la otra mujer en la puerta─ ¡Qué bueno que estés aquí! ¡Vamos, entra, entra! ¡Estoy segura de que hay ropa de tu talla en el armario de Jazz! ¡Oh, Dios! ¡Estás todo mojado! ¡Te vas a enfermar!

Me empujó hacia el interior de su casa con una fuerza inexplicable para su pequeño cuerpo similar al de las bailarinas en las cajitas musicales. Le sonreí divertido y agradecido por librarme de la situación en la que me había metido por mi propio pie.

El interior de la casa era aún más impactante que el exterior. Impactante y familiar. No me sorprendió la vidriera que había remplazado el muro trasero ni la gran escalera de caracol en la parte oriental de la estancia. De pronto me sentía bien, en casa… era un sentimiento algo incomodo.

Alice tomó mi mano y me jaló para que la siguiera escaleras arriba. Parecía dichosa de que yo estuviera allí aunque no me imaginaba el por qué, de seguro es que ella siempre es así.

─Ella ─dijo─ es Esme, nuestra madre.

Su sonrisa se hizo más ancha cuando se dio cuenta de que yo estaba dirigiendo la marcha directamente hacia el tercer piso. En realidad no estaba pensando en ese momento, simplemente dejé que mis pies me guiaran escaleras arriba.

Pronto nos encontrábamos en lo más alto de las escaleras, en un vestíbulo de paredes revestidas con paneles de madera. Me detuve frente a la última puerta y me giré para ver a Alice que se había mantenido en completo silencio, lo que se me hizo algo extraño ya que las pocas veces que hemos hablados ella no había parado ni siquiera para respirar. Ella me observaba con los ojos brillantes rebosantes de un sentimiento que no pude descifrar.

─¡Entra! ─cantó─.

Le sonreí y di el último paso empujando la puerta frente a mí. La habitación tenía vistas al sur y la pared del fondo había sido remplazada por un ventanal gigantesco. Una estantería cubría la pared oeste y una gigantesca cama blanca se erguía en el centro de la habitación. El piso estaba cubierto por una elegante alfombra de tonos dorados y las paredes estaban cubiertas de tela de un tono algo más oscuro. El aire estaba cargado de un aroma agonizantemente familiar que provocó que mi corazón tartamudeara. Algo me decía que esta habitación no era la de Jasper…

Alice corrió hacia el armario al lado este del cuarto, la seguí de cerca. Cuando abrió las puertas el aroma se hizo más fuerte y en ese momento estuve totalmente seguro de que esa habitación era de Bella.

Se me revolvió un poco el estomago cuando noté que entre sus prendas había también ropa de hombre. Ella me había dicho que no tenía novio pero, tal vez, lo tuvo alguna vez lo cual sería totalmente normal… No hay forma en que alguien tan hermoso como ella haya estado sola todos estos años.

La duendecillo tomó unos pantalones de vestir negro, una camisa del mismo color y me los entregó sonriendo aún.

─Te esperaré afuera, ¿Sí?

─Claro, no tardo…

Salió dando pequeños saltitos y yo me cambie lo más rápido que pude. A pesar de no querer tener esta discusión con ella estaba totalmente desesperado por pasar tiempo con ella. Al parecer, esta podría ser la última vez que la tendría cerca de mí.

En medio de la tristeza que esto me producía recordé que mi madre debía de estar preguntándose en donde estaba. Tomé mi móvil y le escribí un mensaje para tranquilizarla. No era como si ella se fuera a poner histérica o algo así porque no llegue hoy a casa temprano pero prefería decírselo y ahorrarme toda la conversación de después.

Me calcé con unos zapatos negros que Alice había dejado para mí junto a la cama. Me miré al espejo y noté para mi asombro que toda la ropa que ella me había dado era de mi talla incluso de mi gusto.

Fruncí el ceño. A caso el dueño de las prendas que estaban en ese armario acompañadas de la ropa de Bella, se parecía a mí.

Salí pero Alice no esta allí, de seguro había bajado pero en ningún momento escuche algún paso que la delatara. Recorrí de regreso el camino por la escalera y vi a Alice a los pies de esta. Un poco más alejada estaba Esme y cerca del sofá estaba ella. Hermosa y radiante, un sueño… me sonreía mientras tímidamente pasando sus penetrantes ojos de mí a su madre.

─Esa no era la habitación de Jasper, ¿Verdad? ─pregunté deteniéndome a unos escalones del piso─.

─¿Cuál? ─preguntó Rosalie que acaba de entrar─ ¿Te refieres a la habitación que da al río? ─asentí─. No, es la de Bella.

Lo sabía.

─Lo que pasa ─dijo Alice apresuradamente─ es que recordé que en su habitación guardamos la ropa de Jazz de hace algún tiempo, ¡él creció de golpe!

Comenzó a reír pero yo sabía que esa ropa no era de Jasper. Suspiré. No tenía caso enredarme con eso.

Retomé el camino por las escaleras hasta llegar frente a Esme. Ella parecía profundamente consternada, casi incrédula sobre el hecho de que yo estuviera ahí. Quizás no era de su agrado aunque ella no me conocía. Me sonrió maternalmente y tuve deseos de abrazarla con fuerza. De cierta forma sentía que era una persona realmente importante en mi vida.

Cada minuto que pasaba estando yo en esa casa me hacía desear quedarme para siempre. Era como si hubiese encontrado el lugar al que pertenecía. A aquella casa, a aquella habitación, a su dueña…

En ese momento deseaba ser el "Edward" que faltaba en esa familia. El que estaba destinado a estar con su Isabella.

Un jadeo me sacó de mis ensoñaciones. Alice parecía estar teniendo una especie de ataque. Estaba rígida y con lo ojos perdidos. Me gire hacia Bella buscando una respuesta pero ella estaba igual de inmóvil y con los ojos cerrados. Caminé hasta ella e intente moverla para que reaccionara pero me imposible, ella no respondía. De pronto sus ojos se abrieron desorientados. El hermoso color ámbar de su iris había sido remplazado por un profundo negro. Me miró por un segundo y luego se volteó hacia su hermana que parecía estar en shock.

─¡Alice! ─le gritó─ ¡Llama a Jake!

Jake…

Jake era el hombre que esta tarde la buscaba en el estacionamiento del instituto, estoy seguro. ¿Qué relación tendrá él con Bella?

─Edward ─me dijo dulcemente, le fruncí el ceño─. Volveré pronto, espérame aquí y hablaremos.

Asentí con la cabeza porque no deseaba ladrarle. Quería reclamarle el que fuera a reunirse con ese chucho y me dejara solo teniendo una conversación pendiente conmigo pero no pude.

La vi salir después de despedirse de Esme seguida unos momentos después por Alice y Rosalie. Eso me tranquilizó e hizo que sintiera mucha vergüenza de mí mismo. Yo no tenía ningún derecho sobre ella.

Además las cosas se estaban poniendo demasiado extrañas. ¿Que les había pasado a Alice y a Bella en ese momento? Lo que haya sido puso muy nerviosa a su madre.

Podía leer en el semblante de Esme su preocupación, quise preguntarle pero desistí. Yo no tenía ningún derecho a preguntar.

─Ambas están preocupadas, cielo ─me dijo en forma de arrullo─.

La miré sin comprender.

─Alice y Bella son muy unidas, están prácticamente en sintonía ─rió─, si algo le preocupa a una de ellas inmediatamente le preocupará a la otra.

─¿Y qué es eso que les preocupaba?

─Jasper y Emmett, por supuesto ─me dijo seriamente─. Aún no han regresado.

Asentí. De alguna forma me sentía algo inquieto por como se habían ido pero el saber que estarían con sus hermanos me tranquilizaba.

─Eso explica porque fue Rosalie también ─murmuré─.

─Si.

Me quedé ahí, de pie sin saber en realidad que hacer. Estaba ciertamente confundido. Se sentía tan bien estar en esa casa rodeado por aquellas personas, era una sensación tan familiar. Me atemorizaba el cariño que sentía por esa familia de piel pálida como la tiza, sobretodo porque no había forma de que pudiera hacerme un lugar entre ellos, lo cual en este momento deseaba con locura. Pero no era un lugar cualquiera lo que deseaba, era el lugar que me pertenecería solo en la remota posibilidad de ser dueño del afecto de Bella Cullen. ¿Cómo algo tan improbable me hacía tan inmensamente feliz?

Esme se mantuvo a mi lado en silencio. Parecía debatirse internamente entre hablar conmigo o permanecer allí observándome.

─Creo ─me dijo de pronto─ que tienes algunas preguntas, ¿Verdad?

Le sonreí sintiendo como mis mejillas se calentaban.

─Primero te hablaré de la familia en realidad, Edward. Te diré la verdad.

¿La verdad? ¿Qué quería decir con eso?

No pudo seguir hablando porque un hombre alto, pálido y rubio de unos treinta años entró en la sala. Jadee al reconocerlo. Era él. El hombre que aparecía en mis sueños junto a la joven de mirada chocolate.

Él me observó por un momento con clara sorpresa en sus ojos dorados. Yo no podía hablar.

─Carlisle ─dijo Esme bajito─. Es él…

─Lo sé ─respondió de la misma forma─.

Me siguió mirando mientras yo estudiaba seriamente la posibilidad de internarme en algún sanatorio para enfermos mentales. Tal vez las habitaciones sean cómodas y podría vivir con una dosis de pastillas diarias, no sería tan terrible…

─Edward, soy Carlisle Cullen ─se presentó estrechando mi mano con la suya, su toque gélido no me sorprendió─.

Parecía estarse conteniendo de alguna manera. Casi podía verlo avanzando más cerca de mí estrechándome en un abrazo. La imagen era tan nítida que más que mi imaginación se asemejaba a un recuerdo.

Supe en ese instante que Esme no iba a seguir hablando. Dejé a mis ojos vagar por la estancia deteniéndome en el hermoso piano de cola que estaba en un altillo a la izquierda de la entrada.

─¿Tocas? ─me preguntó Esme con los ojos brillantes, asentí─. ¿Podemos oírte tocar?

No dije nada, solo me encamine hacia el hermoso instrumento que permanecía en aquel rincón llenando todo con su presencia elegante y vigorizante.

Acaricie las teclas y me dispuse a interpretar la primera canción que escribí. No sabía de donde había salido la inspiración sólo entendía la historia. Una tonada sin nombre en son del amor puro y pacifico de dos personas que después de mucho tiempo seguían amándose como el primer día.

Le sonreí a Esme que me miraba sorprendida mientras tomaba firmemente la mano de Carlisle. Su cabeza descansaba apoyada sobre el hombro de su esposo mientras él le besaba suavemente la cabeza. Sentí una punzada de envidia ante su amor. Parecía tan puro y hermoso, idéntico al de la canción, desearía poder algún día construir un amor así. Encontrar a alguien que me amase de esa forma pura y desinteresada.

Me dolía admitir, incluso a mí mismo, que la persona sin rostro de mis sueños y la niña de ojos marrones habían sido remplazadas por la mujer suave y hermosa de ojos dorados que se marcharía esta noche. Ya casi me había rendido al sentimiento que me envolvía, sabía que una vez le pusiera nombre a mis emociones me sentiría aliviado y tranquilo, pero mientras las mantuviera encerradas podría luchar contra ellas en su ausencia.

Me había hecho a la idea de que ella se marcharía mientras la canción de amor se transformaba en la nana que hace poco había escrito-recordado. Esa melodía calmaba mi alma y entonces supe que era de ella. Esa melodía siempre sería de Bella y hoy sería la última vez que la tocara porque solo le pertenece a la mujer de ojos de oro. Ella jamás llegaría a oírla y yo no volvería a interpretarla.

Acaricie las teclas cuando hube terminado y hubiese deseado estar solo para poder romperme y llorar como deseaba hacerlo en ese momento. Lo dejaría para después cuando estuviera solo en mi habitación. Cuando nadie fuera testigo de toda la confusión y desesperación que azoraba mis sentidos, mi mente y mi alma.

Sentí una mano gélida sobre mi hombro, me voltee y vi a Carlisle sonriéndome con comprensión.

─No debes darte por vencido, hijo ─me dijo, y yo desee ser en verdad su hijo─. Las cosas funcionaran de una u otra manera.

Asentí sin creerlo realmente. Noté que Esme no estaba en la sala y escuche como Alice le gritaba a alguien. Me levanté genuinamente preocupado y camine hasta la puerta de la entrada seguido por Carlisle.

Oí como se encendían los motores de varios coches y luego el ensordecedor ruido de ruedas contra el camino. Fruncí el ceño. ¿Qué estaba pasando?

Abrí la puerta y me encontré con Emmett y Bella mirando directamente hacía el camino que daba a la carretera. Bella se volvió hacia mí. Me sorprendió ver aquella sofisticada mujer cubierta de hojas y tierra, su ropa esta algo rasgada en algunas partes y su cabello estaba totalmente desordenado.

─¿Qué fue todo ese alboroto? ─pregunté una vez superé la impresión inicial─.

Ella me miró intensamente y en vez de responder camino con paso felino hacia mí. Mi corazón se aceleró de golpe. Yo no podía apartar mis ojos de ella.

─¿Vendrás conmigo? ─susurró─.

No respondí, estaba demasiado impactado por el sonido de su voz.

─¿A dónde? ─dije al fin tragando saliva─.

─A Yelm ─me miro por entre sus largas pestañas─.

No tenía ni la más remota idea de donde estaba Yelm.

─¿Por qué?

─Por favor, Edward ─rogó─, necesito que vengas conmigo.

Fue ahí cuando me di cuenta de que las cosas habían cambiado. Ella se iría, en eso no había duda, pero me estaba pidiendo que fuera con ella. No existía fuerza en el mundo que lograra impedirme seguirla.

Asentí con la cabeza.

Ella me sonrió de forma encantadora mientras tomaba mi mano entre las suyas y me jalaba hacia el auto negro que quedaba frente al porche. Carlisle y Emmett ya estaban adentro y parecían bastante tensos.

Emmett arrancó el coche y si creí que cuando me fue a dejar a mi casa iba rápido ahora podría decir seriamente que volaba. Vi a Bella tomar su móvil y marcar a tal velocidad que sus dedos se desdibujaban sobre el aparato luego se lo entregó a Carlisle. No oí nada de su conversación cuando me di cuenta estaba acostado en una cama de tamaño mediano en algún lugar que desconocía.

Me desperté desorientado sin llegar a entender que estaba haciendo en ese lugar. Me levanté y camine hacia una puerta semiabierta que se encontraba en el extremo este del cuarto. Era el baño. En un colgador había ropa de mi talla en color negro y gris. De seguro Alice la había dejado ahí para mí… Fue entonces cuando recordé lo que había pasado.

Por un momento me aterré por el hecho de haber dejado a mi madre sin ningún aviso, luego entendí que ella iba a comprender mis motivos si es que llegaba a explicárselos algún día.

La pregunta ahora era ¿Dónde estaban los Cullen?

Me metí a la ducha y dejé al agua caliente relajar uno a uno mis músculos. Mientras tanto me concentré en revivir la mirada de Bella de la noche anterior. Sus ojos dorados ardían con una llama desconocida para mí, intensidad única, calor y frialdad. Tal vez su corazón no era para mí, pero aún siendo así, estaba decido a tomar todo lo que ella estuviera dispuesta a darme.

Me vestí con calma a pesar del deseo de verla. Intenté ordenar un poco mi cabello pero me fue imposible. Salí del cuarto de baño y me encontré con un sonriente Emmett sentado en el borde de la cama.

─Buenas tardes, dormilón ─dijo y soltó una risotada─.

La alegría de ese muchacho era bastante contagiosa aunque no disminuía mi ansiedad.

─Hola, Emmett ─le respondí─. ¿Dónde estamos?

Rió de nuevo.

─Sin anestesia, ¡Directo al punto! ─le fruncí el ceño─. Estamos en Yelm. Bella te lo dijo ayer, ¿No lo recuerdas?

Sentí mi cara calentarse. Ahora lo recordaba vividamente.

─Ven. Necesitas comer algo.

Se puso de pie y me guió por un largo pasillo con muchas puertas. Abrió la última y el olor a café recién hecho envolvió el lugar. No había nadie en la cocina. Estaba totalmente desolada. Me senté mientras esperaba que estuvieran listas las tostadas. Mis ojos registraron cada detalle de la habitación pero un cuadro en particular llamó mi atención. Una familia antigua, pálida y hermosa retratada cual si fueran angeles me observaban inexpresivamente. Iba a ponerme de pie para observarlos mejor pero Emmett comenzó una singular historia sobre como se encontró con un oso Grizzly hace algunos años. Las fantasías salían de su boca con tal naturalidad que hasta podría creerle. Lo que me recordaba que todo era fruto de su imaginación era la presencia de Rosalie en la escena. Ella no era el tipo de chica que se interna en el bosque en busca de un animal como ese.

Reí de buena gana con sus barbaridades, sin duda, Emmett era el tipo de persona que uno necesita tener cerca, sobretodo las personas como yo. Me hubiera gustado mucho que él fuera mi hermano…

─¿Dónde están los demás? ─pregunté después de un rato─.

─Fueron a ver a un amigo de Carlisle en la Reserva que esta cerca.

─¿Hay una reserva? ─asintió─ ¿Podemos ir?

No me di cuenta de lo que había dicho hasta que las palabras habían salido de mi boca. Aunque no me arrepentía de haberlo dicho. Me encantaba el campo, los bosques, el olor del suelo húmedo, el siseo del viento…

─No sé ─dijo después de pensarlo por un rato─. Primero debemos esperar a que vuelva Bella…

─¿Bella? ¿Por qué ella?

Se rascó la nuca mientras decidía.

─De cierta manera, ella es algo así como la "Segunda al mando", ¿Entiendes?

─Te refieres a que sobre su opinión solo esta la de Carlisle ─asintió─, ¿Por qué?

─ Es largo y difícil de explicar.

─No hay problema con eso.

─También es difícil de entender…

─Solo dilo, Emmett.

Comenzaba a enfadarme. No entendía que podía ser tan complicado o terrible como para que no quisiera decírmelo. O, tal vez, este ganando tiempo y así no decir nada porque su familia ya habría llegado. No le permitiría algo así.

─Emmett, se lo que estas pensando ─él me miró con los ojos como platos, no entendí su reacción─. Será mejor que me lo digas porque de todas formas te haré decirlo aunque ellos ya hayan llegado.

Apretó los dientes. Y miró a lo lejos.

─Hace tiempo, había otro integrante en nuestra familia ─me miró con tristeza mientras suspiraba─. Se llamaba Edward.

Me erguí en mi asiento confundido.

─¿Se llamaba?

─Él murió… hace tiempo…

─Eso no me explica el rol de Bella.

─Él era su compañero.

Dejé de respirar. El aire se había atorado en mis pulmones.

Compañero… así era como Alice se refería a Jasper…

Comencé a sentir un malestar extraño en el pecho… un dolor que jamás había sentido. Diferente a la angustia o a la desesperación, irreconocibles en ese momento. Sentía que el mundo se cerraba frente a mis ojos dejando una profunda desesperanza arraigada en mi corazón.

No. Ella no tenía novio, pero ahora entendía por qué no podía amarme. El hombre que ella quiere se ha ido. No por haberla dejado o dañado, él había muerto. No había forma en la que yo pudiera luchar en contra de eso. Jamás podría arrancar de su pecho el amor que ella siente por él. Por su Edward. No había amado a nadie en ningún otro lugar porque en su alma y en su vida solo había espacio para él.

La pregunta ahora era ¿Qué debía hacer yo?

A pesar de saber que la batalla estaba perdida no lograba introducir en mi minerva la idea de alejarme o de amar a otra.

Amar a otra…

Las palabras se repetían en mi cabeza una y otra vez y fue ahí cuando lo entendí. Yo la amaba. No solo estaba interesado en ella, yo la amaba y la amaría para siempre.

No tenía claro como pudo pasar tan rápido, como pude enamorarme de ella cuando a penas la había visto un par de veces pero yo creía en el destino. Es probable que siempre la haya esperado.

Pero, ¿Y si ella no era para mí? ¿Y si sus ojos de miel jamás llegaban a mirarme con amor? ¿Cómo podría yo soportarlo?

Había pasado el punto de no retorno en este juego. Ya no me quedaban más opciones. Me esforzaría no para borrar el amor que ella sentía por el que fue su compañero, me esforzaría por crear mi propio lugar en su vida, en su corazón y en su alma.

Zaluiito00sss! Como pasan los días uff! Pensé que no llegaría nunca el domingo jajajaj espero que disfruten de este lado romanticón al que estoy intentando dar forma ^^ (aunke Edward es el personaje más cursie con el que me he topado en los libros) =)