Encuentros, Esperanza, Sueños…

Después de una noche que le pareció interminable, Ichigo salió de su cuarto. Estaba listo como si fuera a salir de casa. Pero es que no pudiendo dormir, se levantó temprano y decidió hacer otras cosas: Bañarse, cambiar de atuendo, ordenar su cuarto… Al terminar todo aquello que ocupaba su mente para distraerla, golpearon la puerta:

¡Ichi-Nii…! Te aviso que dentro de 20 minutos Karin y yo nos vamos. Te dejo comida preparada, para que puedas desayunar y almorzar.

¿Tan pronto?

¿Cómo que pronto? Si ya son las 8:30 de la mañana. Papá nos irá a dejar a la escuela.

Muy bien.- Y abriendo la puerta: - Ten mucho cuidado, Yuzu. - Y le tomó la barbilla.

Por supuesto hermano. Además Karin-Chan va conmigo.

Si, si… Por cierto, ¿dónde está? Quisiera hablar con ella.

Está sacando las mochilas a la entrada de la casa…

Ichigo, no perdiendo más el tiempo, bajó. Fue a buscarla y vió que estaba absorta en ver hacia la calle. Pensó que quizá estaba viendo un fantasma y…

¿Podemos hablar un momento, Karin?

¡Ichigo!

¿Qué pasa?, ¿te asusté?

Un poco, pensé que era el viejo avisándonos que nos vamos.

Karin, ¿puedo preguntarte algo?

Claro, díme.

¿Estás preocupada por algo?

¿Yo? En absoluto.

Es que te he notado un poco… Distante.

¡No es cierto! Simplemente estoy pensando es este susodicho viaje. Es la primera vez que salimos de casa; algo lejos, solo acompañadas de nuestros compañeros de clase y dos profesores. Me preocupa Yuzu, siendo que es tan apegada a la familia.

¿Estás segura?

Si. Y ya deja de cuestionarme. Mejor hazte esa pregunta a ti mismo.

¿Yo?, ¿por?

Porque tú eres el que parece distante… Mente lejana.

KARIIIN… ¡Es hora de partir! - Resonó la voz de Kusoraki Padre en todo el vecindario. - Es la hora.

Ya voy. NO SOY sorda.

Y las hermanas menores se fueron junto a Isshin. Pero las últimas frases de Karin lo dejaron pensando seriamente.

Regresó a su casa a desayunar, pero apenas si mordisqueó unos panqueques. Los sucesos de ayer le seguían taladrando la mente. Y viendo que la soledad lo haría caer una y otra vez en sus preocupaciones, decidió arreglar ese asunto.

Será mejor salir de aquí. Cualquier lugar estará bien…

Y partió sin rumbo fijo, simplemente por donde las calles lo llevaran.

Caminando por las aceras, deteniéndose en los escaparates de los establecimientos que encontraba, mirando minuciosamente los objetos en oferta… Tales cosas parecíandistraerlo, hasta que…

"Tienda Chappy, con lo mejor en obsequios para la chica de hoy. Aproveche los descuentos".

Lo que pensó, será mejor silenciarlo.

… Uhm… Pensándolo bien, será mejor que vaya al Centro Comercial. Allá habrá otras cosas que ver. - Y apretó el paso, con una ligera sonrisa.

Al llegar, se arrepintió de lo que había dicho. Por ser fin de semana el lugar estaba lleno. Demasiado siquiera para caminar dos, tres pasos. Pero dado que tenía que olvidar lo de ayer, se armó de valor y reanudó la marcha.

Había pasado ya hora y media desde que salió de su casa, a eso sumémosle la caminata que había hecho y el poco desayuno que comió. Si, Kurosaki Ichigo estaba llegando a un límite de lo que aguanta un humano normal. Y de pronto le dió sed.

¡Rayos! La sed me está quemando… ¿Habrá una tienda cerca?

Encontró un oasis que estaba medio vacío (medio lleno para el desafortunado Ichigo). Era una tienda de abarrotes pequeña. Sin pensarlo más y sintiendo que ya no podría resistir, entró y tomó una botella con agua fría y un refresco en lata. Y al llegar a la caja, se topó con una fila de 10 personas. Eso lo sorprendió un poco, pero lo que en verdad le impresionó fue ver a una muchachita de cabello corto y oscuro con un vestido rosa, delante de él.

¿Rukia?

¿Rukia?

¿Sí? - Y la chica volvió a ver quien hablaba.

Perdón. - Contestó un Ichigo avergonzado al ver que no era Rukia. - Estaba hablando conmigo mismo…

La fila pareció ayudarle un poco al Pelinaranja y avanzó con rapidez. Pagó el importe de lo que adquirió y salió.

Sintiéndose cansado, decidió buscar un sitio para sentarse y disfrutar el agua. Y el único lugar que halló fue una banca cerca de las máquinas de videojuegos. No importándole el ruido, se sentó y comenzó a beber. Ese líquido nunca le pareció tan sabroso como hoy. Al terminar el agua abrió la lata del refresco, dos tragos le había dado cuando vió que frente a él estaba una máquina con peluches, de esos a los que les introduces una moneda para probar tu suerte y tal vez sacas uno de los premios. Otra sonrisa se dibujó en su rostro, y esta vez no era ligera. Se levantó y se acercó hasta quedarse viendo los animales de felpa. Eran muchos conejos, la mayoría de Chappy.

Si estuviéramos aquí, de seguro usarías esa estúpida voz y dirías "Cómpramelo". Conejo horrendo… Pensó. Levantó la vista para volver a la banca y sentarse cuando…

¡Ichigo!

¡Ichigo! ¡Qué coincidencia! Hace tiempo que no nos vemos, ¿cierto?

¿Rukia? - Y se topó con dos grandes ojos violeta al otro lado del cristal de la máquina

¿Quién más podría ser? Idiota…

Definitivamente era ella. Su Shinigami.