Dolorosamente Maravilloso…

¡Ichigo!

¡Ichigo! ¡Qué coincidencia! Hace tiempo que no nos vemos, ¿cierto?

¿Rukia? - Y se topó con dos grandes ojos violeta al otro lado del cristal de la máquina.

¿Quién más podría ser? Idiota…

Definitivamente era ella. Su Shinigami.

¡Rukia!

¿Qué acaso no sabes decir otra cosa, NIÑITO?

Desgraciada… - Al tiempo que mostraba una GRAN sonrisa.

¿No me digas que hoy eres aficionado a los muñecos de felpa?

¡No seas imbécil! Simplemente ando disfrutando mi tiempo libre.

¡Oh! Kurosaki-Kun está pensando en comprarse un co-ne-ji-to… - Usaba aquella voz irritante.

Sin poder aguantarse más, Ichigo se colocó junta a ella y rió como nunca antes lo había hecho, desde que ella se fue… No sin darle una palmada en la cabeza, recordándole viejos tiempos.

Encima que nos encontramos, tienes la osadía de golpearme… ¿Quieres morir, tarado?

¡Bah! Una niñita como tú no lo haría…

Tienes razón. No se me está permitido matarte. No cuando estoy de vacaciones.

¿Vacaciones?

Si. He venido al Mundo Humano por este fin de semana, para disfrutar de unas cortas vacaciones.

¿Vacaciones? - Volvió a preguntar.

Si, así como lo oyes. Hace mucho que no descansaba y hoy que teníamos poco trabajo, decidí tomar un respiro.

Y sin avisarle, lo tomó del brazo provocando el sonrojo del chico y continuó:

¡Vamos! Acompáñame.

Esto…

¿Piensas dejarme des-va-lí-da? - Otra vez esa voz idiota.

Obvio que no. Está bien, te acompaño. - Y acomodó cuidadosamente su brazo junto al de Rukia.

Y como por arte de magia el rubor en sus mejillas desapareció. Al fin y al cabo la persona junto a él era alguien conocida. Y quizá mucho más que eso.

¿A dónde piensas llevarme, Rukia? - Volvió a hablar.

No lo sé, simplemente ando observando un poco. No ha cambiado mucho Karakura.

¿Tú crees?

Si, en verdad todo me parece igual. Como si nunca hubiera pasado nada. Como si nunca nos hubiéramos encontrado.

Ichigo se sorprendió de lo que escuchó, y es que Rukia parecía un poco dolida al decir esa última frase, cómo si aún le molestara todo aquello que tuvo que soportar el Pelinaranja al convertirse en Shinigami Sustituto. Así que prefirió cambiar de tema. Creyó imprudente hablar sobre su ausencia o el pasado de ambos.

¿Te estás hospedando en algún lugar? Digo, ya que estás de vacaciones es lógico que estés en algún lado.

Por supuesto. Estoy en un pequeño hotel, cerca del centro de la ciudad de Karakura. De hecho más tarde tengo que regresar. A las 6:30 p.m. sirven la cena.

¿En verdad estás en un hotel? Podrías haberte quedado con Urahara-San.

No quise molestarlo. Además son mini-vacaciones y con solo verlo ya siento que debo volver a mi trabajo.

Y como quien no quiere la cosa, Ichigo le preguntó:

¿Y por qué no mejor vienes a mi casa?

¿Perdón?

Si. ¿Por qué no te vas a mi casa? Sabes que siempre eres bienvenida allí.

No lo sé, Ichigo. ¿Qué pasaría con mis cosas?

¡Tonta! Podrías regresar por ellas. O dejarlas ahí, al fin y al cabo nadie te las robará en el hotel.

Bueno, está decidido. ¡Te acompaño!

Y saliendo del Centro Comercial, partieron hacia casa. Pero en el trayecto, los nervios volvieron a traicionar a Ichigo. Ya no estando entre tanta gente, pudo observar con mucho detalle a su antigua amiga. Parecía que había cambiado, si bien era la misma Rukia. Se había dejado crecer un poco el cabello, más abajo de los hombros y llevaba una cinta blanca como adorno. Sus ojos siempre se mostraban orgullosos si bien su mirada parecía haberse dulcificado un poco. Era la misma muchacha delgada y pequeña, pero se mostraba mucho más fuerte que antes. Era una rara mezcla de Sangre Combativa y Señorita Delicada, que le dejaba asombrado pero también le resultaba grato. Esa idea se le reafirmaba al ver el atuendo que llevaba la Shinigami. Era un vestido blanco, con estampados de cerezo, como los que utilizaba a menudo en el pasado. Calzaba zapatillas del mismo color que las flores de cerezo estampadas… Y un pequeño bolso que hacia juego con lo demás. Si Ichigo no la conociera bien, se diría que Kuchiki Rukia estaba vestida para algó más que un simple paseo. Este pensamiento hizo que el Pelinaranja volviera a sonrojarse, más que un tomate. Pero es que Rukia también es mujer.

La chica no se daba cuenta del minucioso examen al que era sometida. Seguía caminando y observando todo a su alrededor, como si nunca hubiera estado ahí. De pronto, como si se le acabara de ocurrir, se soltó del brazo de Ichigo y corrió hacia una fuente de agua que encontraron en el camino.

¡Esto es tan hermoso! Mira los colores que se forman al chocar el agua contra el suelo…

Si, son bonitos. - Contestó. Aunque lo hermoso (pensaba él) no era precisamente la fuente, sino ella.

Ah… - Suspiró la Shinigami.

Rukia, será mejor que sigamos caminando. No he comido desde hace horas y ya tengo hambre.

Está bien, está bien. Vámonos. Si que sabes arruinar los mejores momentos.

Sí, soy un bastado de lo peor. Pero ya vámonos.

Está bien, Kurosaki-Kun. - Y otra vez esa vocecita.

Caminaron un poco más y como ya no iban del brazo, Rukia se adelantó un poco. Seguía volviendo a ver a todos lados, como si Karakura hubiera cambiado mucho en estos meses. Tan entretenida en ello estaba que ni siquiera se dio cuenta de que ya habían llegado a la casa.

¡Enana! Ya llegamos.

¿Esta es tu casa?

Si… ¿Qué, ya no la recuerdas?

Es que... La siento distinta, creo.

No seas tontas, está igual a cuando estabas tú viviendo acá.

Bueno, si tú lo dices…

Ichigo se adelantó y con una actitud muy caballeresca le abrió la puerta (cosa rara en él si tomamos en cuenta su trato para con Rukia). Y así finalmente entraron a la casa, a su casa.