Verdades Ocultas
Rebobinando el capítulo anterior…
¡Eso no me importa! ¿Por qué tienes una fotografía de mi viejo?
¿En verdad quieres saberlo?
¡Claro que sí! Se trata de MI familia, así que me interesa TODO.
Bien, lo estoy buscando porque necesitamos algo.
¡¿Cómo?
Mis amigos y yo sabemos lo qué es él, y necesitamos su ayuda.
¡¿Qué?
Sí, me refiero a su "otro" trabajo…
¿Trabajo?
Si. Ese que probablemente tú hayas heredado…
Eh…
¿Quieres que lo hablemos?
Por supuesto que sí, pero no en este lugar.
Claro, por mi no hay problema. Hagamos un trato, yo te lo digo TODO si tú llevas ramen a nuestro encuentro.
¿Ramen? - Dijo con cara de fastidio. - Está bien…
Bien. Entonces mañana después que salgas de tus clases podemos encontrarnos en el parque central de Karakura.
Por mi no hay problema. Veámonos ahí a las 5 en punto. ¿De acuerdo?
De acuerdo.
Entonces si ya no hay más que hablar y dado que lo del recorrido era una mentira tuya, me voy…
Vale… Hasta pronto, amigo…
Nuevos secretos parecían envolver la vida de Ichigo. Por fin sabía por qué ese sujeto le provocaba extrañas sensaciones, y es que algo tramaba con él y su familia. Aunque no supiera exactamente que era, sabía que algo se traía con ellos pero ¿qué era? La espera de la tarde del día siguiente sería terrible, el Pelinaranja nunca se ha caracterizado por su paciencia, y ahora se le estaba carcomiendo el cerebro por saber que le diría aquel sujeto. Y para rematar aún más la situación, ni siquiera sabía cómo se llamaba, cuando el susodicho tenía marcada a su familia.
Al llegar a su casa, no quiso cenar y tampoco habló con su familia, menos aún con su padre. El hambre se le había ido junto con la felicidad que sintió al tener a Rukia tan cerca. ¿Qué estará haciendo la Enana? Se preguntaba. Probablemente, si ella estuviera aquí, lo haría salir de los pensamientos lúgubres y pesimistas, al fin y al cabo, esa chica tenía el poder de levantarle el ánimo, aunque tuviera que recurrir a los golpes y palabras fuertes. Ven y vuelve otra vez, Rukia.
Sociedad de Almas al Atardecer
Kuchiki-San, el Capitán Ukitake le llama. Dice que vaya directamente al Escuadrón. - Dijo una oficial que estaba en el pasillo.
¿No le dijo para qué? - Preguntó Rukia al ver a la chica.
No. Solo me dijo que si la encontraba le diera ese recado.
Está bien. Muchas gracias.
Por cierto, su hermano estaba con él en esos momentos..
¿En serio?
Si. Al parecer hablaban sobre algo referente a unas nuevas misiones… No lo sé, algo así me pareció oír.
Oh…
Y la pequeña Shinigami salió rumbo a su Escuadrón. ¿Podría tratarse de una nueva misión en el Mundo Humano? Pensó. ¿Volveré a verlo? Aún era muy pronto para sacar conjeturas sobre lo que hablaría con su Capitán o su Nii-Sama, sin embargo de algo estaba segura: Esta vez, no importando lo que pase, no importando dónde me manden, seré yo quien te proteja, Ichigo.
Mientras tanto en el Mundo Humano… En una casa de amplia sala.
¡Ya regresé!
Eso ya lo sabemos. Eres detectable aquí y en Roma con ese tono de voz que traes.
Parece que estas de buen humor, Nilie.
Pues lo estaré si tú me traes buenas noticias ¿pudiste hablar con él?
Mejor aun... Encontré a su hijo.
¡¿Cómo?
Lo que oyes. Mañana a esta hora lo tendremos aquí.
¿En verdad lo dices?
Por supuesto. Así que (dirigiéndose a las demás personas que estaban en la sala) todos puntuales en este encuentro. ¿Entendido?
Entendido, Kentaro. - Respondió la tal Nilie.
Entendido. - Dijeron las demás voces al unísono.
