Cuentos de Miedo
Durante aquella jornada escolar de martes, Ichigo tuvo que hacer grandes y poderosos esfuerzos para mantener su mente UN POCOalejada de lo que habló anteriormente con aquel sujeto. Sea como fuere, alcanzó un resultado que lo dejó satisfecho, y nadie de sus amigos sospechó que tuviera algún problema o pena secreta. Los días en que llevaba una doble vida, como estudiante normal de instituto y Shinigami al parecer, le habían dejado excelentes resultados. Pero bueno, por fin la hora de la cita pactada llegó y nuestro impaciente amigo se dirigió al encuentro…
Buenas tardes, amigo.
Por favor, no me llames "amigo". Si dices conocer quién es mi padre, de seguro también sabes cómo me llamo…
Entonces… ¿Puedo llamarte por tu nombre?
Como gustes… - Dijo fastidiado.
Entonces, sígueme Kurosaki Ichigo.
¿Kurosaki Ichigo?, que amable eres "amigo", pero mejor dime cómo te llamas y dejamos esta farsa de una buena vez.
En verdad que eres impaciente… Pero te voy a complacer, Kentaro Fujiwara, para servirte.
Un placer. Y ahora sí, vámonos.
Así será, Ichigo… - Y comenzaron la marcha.
Si alguien lo hubiera observado, encontraría muy extraños sus movimientos. ¿Desde cuándo Ichigo andaba con desconocidos y más aún lejos de su casa, conociendo lo extremadamente quisquilloso que era su padre? Es por él, me lo debe. Pensó. El sol iba cayendo y ambos se dirigieron a una calle apartada, la hilera de casas de aquella calle eran de un aspecto modesto y ya casi al final se toparon con una, que si bien era del mismo aspecto que las demás, parecía un poco más grande. Al frente tenía inscritas las letras NHN… Ichigo no dijo nada y cuando se situaron justo al frente, alguien abrió la puerta.
Buenas tardes Kentaro-San. Bienvenido.
Buenas tardes.
Buenas tardes Kurosaki-San, sea bienvenido.
Eh…
No te sorprendas, ellos también saben de ti.
Oh…
Acomódate mientras te sirven jugo.
Eh… Gracias, creo.
No te preocupes, que solo queremos charlar contigo… Por el momento…
Por mi, empecemos ahorita.
En verdad que eres impaciente.
Como si me importara…
Bueno. Pero toma un poco de jugo… Para que no te caiga pesado lo que te contaré. ¿Alguna vez has oído cuentos de miedo?
Por supuesto. Cuando era niño, los mayores trataban de aterrorizarme con historias de ese tipo. Pero nunca las creí.
¿De verdad?, ¿y por qué?
Porque más de alguna vez conocí lo que realmente daba miedo… Y créeme que no tenía nada que ver con esas idioteces.
Y… ¿Nunca has pensado que alguien más podría haber sentido ese miedo?
¿Cómo?
¿Nunca conociste a alguien que fuera igual que tú?
¿Qué?
Tú veías fantasmas, ¿cierto?
Yo…
No lo ocultes y por esta vez sé sincero.
¿Quieres qué te responda eso?
¿Y por qué no? Si tu padre puede verlos, es obvio que sus hijos han heredado eso.
¿Perdón?
Ahora si dejas de preguntar tantas cosas, déjame relatarte esta historia… Antes de que tú nacieras ya habían personas con ciertas habilidades, personas que podían ver espíritus… Tu padre por ejemplo, era uno de ellos. Claro, eso no lo hacía especial pero si diferente de los demás, pero, ¿habrían personas que fueran semejantes a él? Cuando tu viniste al mundo, algo de tu padre venía en tus genes pero probablemente el nunca te dijo nada y es que ¿qué niño creería cuentos de miedo que su padre le contaría? Era probable que te los contara pero tú al cabo de unos días lo olvidaras y lo tomaras por loco, sin embargo, ¿habría cierta verdad en esos relatos? Uno teme lo que no puede ver pero si ya lo tienes enfrente ¿para qué huir de él? Si sabes que tarde o temprano, te enfrentarás a eso… ¿Me entiendes?
Más o menos… Tú continúa.
Mi punto es que conforme crecías, comprendías esa habilidad pero ¿nunca te preguntaste si aparte de ti había alguien con tu misma "cualidad"?
La verdad no, en mi caso solo conozco a una persona así…
¿Tú hermana, cierto?
Sí…
Pero nunca te preguntaste si alguien ajeno a tu familia pudiera verlos…
La verdad, no. No creo que eso sea un tema de conversación normal.
Pues he ahí lo interesante. En el mundo existen otras personas como tú, otros que interactúan con fantasmas… Y que incluso han desarrollado ciertos poderes…
¿Y?
Que todos los que están aquí presentes somos de esos…
¿Hablas en serio?
Tanto como para decirte que también sabemos otra cosa…
¿Cuál?
Que esa habilidad ya no la tienes…
¡¿Qué?
Lo sabemos Kurosaki. Sabemos incluso que fue lo que pasó hace más de un año en Karakura, y que papel tuviste en esa ocasión.
¡¿Cómo?
Lo que oyes. En ese entonces no sabíamos hasta dónde puede llegar un humano con ciertas habilidades, pero al verte a ti comprendimos lo que en verdad podemos hacer. Y por eso necesitamos ayuda…
¿Ayuda?
Si… O más bien, guía. Bueno, como quieras llamarle.
¿Guía?
Si. Necesitamos de alguien que nos ayude en este momento.
¿Ayuda?, ¿y por qué yo?, ¿no se supone que buscaban a mi padre? Sinceramente no sé si pueda hacerlo…
Tienes razón, tu padre era a quien buscábamos, pero parece ser que tú serás de mayor utilidad.
Ah…
Pero para ello, necesitamos que recuperes la habilidad y poderes que has perdido…
¿Eh…?
¿Aceptas ayudarnos?
¿Y por qué habría de hacerlo? O sea, ¿por qué tendría que recuperar eso que ya no tengo?
Porque eres el único que puede guiarnos en esta nueva lucha.
Ah… ¿Nueva lucha?
Si…
¿Y contra quienes? Si puede saberse…
Contra aquellos que son igual a nosotros, pero que piensan de diferente manera. Únete si en verdad quieres proteger a los que amas… - Y justo ahí le dio en el clavo.
¿Proteger?, ¿a quién o quiénes?
A tu familia y amigos, porque ellos también saben de ti…
Otra gran verdad enfrentaba Ichigo y lo que nunca creyó posible o cercano, estaba saliendo a la luz: Podría recuperar sus poderes de Shinigami. Pero, ¿eso era realmente lo que quería? Y es que una cosa era recuperar esa habilidad para ver a Rukia, y otra muy diferente era recuperarla para pelear de nueva cuenta, por una causa que no tenía del todo clara. Aunque de algo si estaba más que seguro: Si hay que proteger aquello que amamos, habría que sacrificarse no importando las consecuencias.
Si la muerte viene a abrazarme, le entregaré un pedazo de mi frente… Al fin y al cabo, si tengo que protegerte, tarde o temprano tendré que sacrificarme…
