Noche. 02
Eran las cinco de la tarde cuando Sora despertó. Revisó el reloj y la contestadora le avisaba que tenía un mensaje. Tocó el botón y escuchó la voz de su jefa saliendo de la pequeña máquina.
¡Hola, Sora! discúlpame que te llame tan tarde, no quería importunarte con ese asunto tan urgente del que me habló tu primo lejano. Espero que todo esté bien, por favor, tómate el tiempo que necesites, encontré a alguien que te sustituirá perfectamente, no te preocupes por nada y encárgate de tu problema, cualquier cosa que necesites no dudes en llamarme. Hasta luego.
-¿Primo lejano? ¿Mi problema? ¿Qué le habrá dicho ese sujeto?
Sora hizo una nota mental, debía recordar preguntarle a Hyoga qué le había dicho a su editora en jefe. Tenía que prepararse así que se levantó, fue a su estudio y preparó la computadora para que estuviese lista cuando llegara el extraño sujeto que seguía ocupando sus pensamientos. Luego puso agua a calentar en la bañera y esperó a estuviese hasta la mitad para agregarle esa fragancia de rosas que tanto le encantaba. Mientras la bañera se llenaba del líquido ella se miró en el espejo; aun cuando no lo decía era realmente hermosa: tenía las facciones redondeadas, los ojos almendrados eran de un castaño claro y su cabello negro caía en bucles enmarcando su rostro bronceado.
Luego de un par de minutos, la bañera estuvo lista y ella se metió hasta dejar sólo su rostro fuera del agua y cerró los ojos para dejarse llevar por los aromas que llenaban el cuarto de baño.
Cuando abrió los ojos ya había anochecido. En la época en la que estaban los días eran mucho más cortos y oscurecía temprano, por lo que calculó que debían ser entre las 6 y 6:30 pm así que se levantó, se enrolló una toalla alrededor del cuerpo y salió del baño, directo a la cocina, dispuesta a prepararse algo de comer, pero cuál fue su sorpresa que al salir se encontró a Hyoga, mirando una revista y sentado con las piernas estiradas cómodamente en la barra que ella usaba como mesa para comer.
-Que bien, pensé que me iba a tocar ir a rescatarte de la bañera- dijo Hyoga, aún hojeando la revista.
Él levantó el rostro para encontrarse con la figura semidesnuda de la estupefacta periodista. De pronto, ella vio una mirada sensual que inundaba el rostro del rubio. Ella todavía estaba mojada y la toalla le llegaba hasta la mitad del muslo, por lo que él pudo contemplar sus torneadas y largas piernas, las cuales devoró con la mirada. Ella sintió como si la toalla se hubiese caído, con la mirada que Hyoga le dedicaba y no podía evitar sentirse excitada por eso.
-Es peligroso salir así frente a un hombre ¿Lo sabías?- preguntó él.
-Oh, disculpa…pensé que estaba, no se… ¿En mi casa, quizás?
Hyoga se echó a reír por el chiste cargado de sarcasmo de la chica. Luego se levantó y caminó hasta acorralarla, mientras ponía las manos contra la pared, una a cada lado del rostro de ella. Sora sintió que se desmayaría cuando Hyoga se acercó hasta su cuello y empezó a olerla desde su hombro hasta la línea de la mandíbula. Ella cerró los ojos y se entregó a la caricia, cuando recordó al peliverde.
-¿No se… supone que tienes… novio?- dijo ella.
Hyoga se echó a reír de nuevo, se apartó de la muchacha, y volvió a sentarse en la silla, se cruzó de brazos y adoptó su mejor pose sexy y coqueta.
-Hablando en tu idioma, sí, tengo novio, pero créeme, a él no le molesta eso.
-Es el novio ideal entonces.
-Ya te dije que es mucho más que eso. Vamos, vístete si no quieres que cambie de opinión. Tenemos trabajo que hacer y cuando te diga lo primero que tengo que decirte…creo que no estarás tan tranquila estando semidesnuda frente a mí, ni tan deseosa de que te toque. O tal vez esa última parte sí, a algunos de ustedes les gusta lo prohibido y peligroso- dijo él, mostrando de nuevo su sonrisa pícara.
Sora se quedó asombrada con el atrevimiento del rubio. Definitivamente le parecía un hombre completamente diferente a cualquier otro que hubiese conocido, incluso no le importó que él la hubiera dejado en evidencia, con respecto a lo que le hacía sentir; simplemente no podía esperar para saber a qué se refería con todo lo que había dicho, así que caminó hasta su habitación, se vistió lo más rápido que pudo y se reunió con Hyoga en el estudio.
Cuando todo estuvo listo, Sora miró a Hyoga, quien estaba apoyado en la ventana con los brazos cruzados. Él la miró y se echó a reír.
-Tengo que darte las gracias, Sora, por primera vez en mucho tiempo me siento nervioso.
-Vaya, tan atrevido que eres, tantas cosas que me has dicho en menos de 24 horas ¿Y ahora estás nervioso? Me parece que será tremenda historia entonces. Empezaré por preguntarte si quieres beber algo.
-Sí, quiero beber algo- dijo él, riendo- pero no puedo hacerlo o todo mi autocontrol se irá volando al quinto infierno. No te preocupes, ya me darás algo más tarde, tal vez.
Sora vio un destello de malicia en los ojos azules del rubio que le erizó la piel.
-Bueno, entonces déjame hacer la primera pregunta: ¿Quiénes son ustedes? Me refiero al grupo.
-Somos, cómo dijiste, un grupo que actúa desde hace cientos de años en todas partes del mundo. Nos encargamos de los casos a los que la policía no puede atribuirle una explicación decente que pueda dar a la prensa. Lamentablemente la humanidad no está lista para enfrentarse a la existencia de ciertas… criaturas. Lo que está pasando en el mundo tiene mucho que ver con nosotros. Los asesinos están desangrando a sus víctimas, bebiendo hasta la última gota de su sangre, matándolas o sólo bebiendo un poco para pasar a esos humanos a sus filas y crear un ejército. Su intención es la de sembrar el pánico, para que cuando se revelen, la humanidad no tenga manera de actuar lo suficientemente rápido como para protegerse y ellos puedan poner a todo el planeta bajo su control.
-Vaya, todo lo que has dicho sólo me genera más preguntas. A ver, empecemos por el grupo ¿Tienen nombre?
-No que yo sepa, la mayoría de los miembros llaman al grupo "La Fundación", pero es más por el sitio donde operamos que por otra cosa. Yo los llamo "dolor de cabeza".
-Dices que actúan desde hace cientos de años. ¿Son como una sociedad secreta, familias adineradas que se toman la justicia con sus propias manos?
-Adinerados, sí, familia, puede ser, pero para mí, Shun es mi única familia. Con respecto a lo de la justicia, sólo tomamos los casos que sabemos son "especiales", no nos encargamos de nada más.
-Dices que no son familia, entonces ¿Cómo mantienen vivo al grupo, no lo pasan de padre a hijo, por ejemplo?
-No, s…
-Ah, pero qué mal educada soy ¿No tienes hambre?
-Sí, mucha, culpa tuya de hecho.
-De acuerdo ¿Te preparo algo?- dijo ella, sonriendo. Sentía que él disfrutaba de algún chiste privado, que por supuesto ella pasaba por alto.
Hyoga sonrió.
-No, gracias. Yo… no como, Sora.
-¿Que no comes, dices? ¿De qué vives entonces, cariño, del Prahna?- preguntó Sora, riendo.
Luego ella se levantó dispuesta a buscar qué comer en la cocina, pero la puerta del estudio se cerró sola.
-No del Prahna, de la sangre.
Sora no se atrevió a voltear hacia Hyoga. De nuevo su instinto de conservación gritaba dentro de ella como una alarma contra incendios.
-La razón por la que sólo nosotros nos encargamos de los casos "especiales", es porque se trata de seres como nosotros, a los que sólo sus iguales o seres aún más poderosos, pueden detener. Es la misma razón por la que no como, ni bebo nada y por la que el grupo se mantiene vivo, sin pasar el "deber" a un hijo.
En ese momento, Sora no pudo contenerse más y se volvió hacia el rubio, que permanecía sentado en su silla, con los brazos cruzados, pero tenía un semblante muy serio. Él sabía que ahora le tocaba decir lo más importante y le preocupaba un poco la reacción de la chica.
-¿Qué me estás diciendo?
-…Que los miembros del grupo hemos sido siempre los mismos. Que yo no como, ni bebo nada que no sea sangre, que es lo único que me alimenta.
Sora lo miró boquiabierta y estalló en una risa casi maniática.
-¡¿Pero qué es esto, una broma?! ¡¿Estás loco?!
-No, no estoy loco. ¿Crees que dejaría ir a Shun hasta Rusia solo, si esto no fuese serio e importante?
-¡Me importa un carajo tu novio, no sé como accedí a esto! ¡¿Me viste cara de estúpida, te estás burlando de mí?!
-Jamás haría tal cosa- dijo él, tranquilamente.
-Esto es increíble, me dejé engañar por ti. Ahora que lo pienso: ¡¿Cómo entraste a mi casa?!-Preguntó Sora, hiperventilando.
-Puedo entrar a donde yo quiera. Si me dejas explicarte…
-¡¡No, señor, no me interesa escucharte, voy a llamar a la policía, al jefe de la policía específicamente!!- dijo Sora, dirigiéndose histérica hacia el teléfono.
-Oh, aprovecha para saludarlo de mi parte y a las pequeñas también, son adorables, pero a su esposa pásala por alto, me cae horriblemente mal.
La morena contempló el teléfono, atónita, mientras del otro lado, la voz del jefe de la policía saludaba al vacío. Entendió el mensaje que Hyoga le estaba dando, así que colgó, sabiendo que estaba totalmente sola y pensando que bien merecido se lo merecía, si había dejado entrar a su casa a un psicópata desquiciado.
-No soy eso que piensas. Y no estás sola, pero la policía, específicamente la policía japonesa, está bajo mis órdenes, al menos mientras yo siga aquí en la ciudad- dijo Hyoga
-¡Llamaré al Primer Ministro, tiene que ser con él, la figura más alta del parlamento, pero no tengo su número!
-Si quieres puedo dártelo, pero dudo que quiera hablarte de nosotros, se le pidió que no dijera nada a nadie. Además ¿Qué le dirás? "Señor Primer Ministro hay un hombre en mi casa"- dijo Hyoga, riéndose.
-¡¡No, no sé qué le voy a decir!! ¡¡Y deja de meterte en mi maldita cabeza!!.
-Tu cabeza no está maldita, Sora y te aconsejo que te calmes. Todo lo que está pasando es muy real y ya te dije que no estás sola, a partir de este momento, estás bajo mi protección, pero tienes que escuchar lo que tengo que decirte. Sora, soy un vampiro.
-¡Oh, Dios!- dijo ella.
La chica sintió como las piernas dejaban de sostenerla y tuvo que sentarse para no caerse. Hyoga sabía que esto pasaría, podía sentir la confusión y la conmoción en la mente de la chica. Era tan fuerte la impresión, que a él mismo lo mareaba. Aun así continuó.
-Todo el grupo lo es…
-¿Cómo es posible que ustedes pandilla de locos, tenga controlada a la policía japonesa? No puede…
-Nosotros no respondemos a nadie que no sea la Interpol y la ONU y por supuesto cuando tenemos que trabajar en algún país, sólo el Presidente se entera de nuestra presencia en su nación.
-¿Por qué nadie…?
-¿Ha dicho nada nunca? ¿Cómo crees que reaccionaría tu pueblo si tú, como máximo líder, les dices que te reuniste con un grupo de vampiros, que se va a encargar de los casos de muertes causadas por otros vampiros en tu vecindario? Sería una buena manera de salir volando del cargo, directo a un hospital psiquiátrico.
-Dios mío, no puedo creer esto, es imposible…
-Todo lo que viste y sentiste anoche te muestra lo que soy. Lo que somos.
-¿Lo que...? ¿El otro sujeto…?
-Shun, sí, él también…
-Dios…- dijo ella llevándose las manos al rostro.
-¿Puedes dejar a tu Dios fuera de esto, Sora? Enfócate, entiendo que es difícil asimilarlo todo de golpe, pero debes hacerlo. Hubo un momento en la historia que la humanidad dejó de creer en nuestra existencia. Estábamos bien así, pero ahora un grupo de vampiros rebeldes quiere hacerse con el control del mundo, ya eso te lo dije.
Nosotros tenemos mucho tiempo encargándonos del desastre que dejan, pero cada vez ese grupo se hace más grande y se vuelven más temerarios. Por eso nosotros decidimos revelarnos antes que ellos, que la gente sepa que tiene aliados, que son tanto, o más poderosos que sus enemigos y sobre todo, que sepan cómo protegerse.
Para eso tienen que conocer nuestra historia y hemos elegido a personas específicas, que puedan exponerla al público y tú eres una de esas personas. Nos has perseguido durante meses, has buscado fervientemente la información que ahora yo te ofrezco, pero tienes que jurarme que podrás con la carga.
-Pero… me tildarán de loca.
-No lo harán, la noticia se pronunciará en todo el planeta al mismo tiempo, en países específicos; el Presidente de cada nación, un representante de la Interpol, uno de la ONU y dos de los nuestros, estará en cada una de las ruedas de prensa, apoyando la noticia. Tú serás quien lo diga aquí en Japón y yo estaré contigo.
Primero, para que la gente te crea, tienes que conocernos; segundo, sabemos que exponer tu cara y tu voz para decir semejante cosa puede ser riesgoso para tu carrera, así que decidimos que ustedes, los periodistas elegidos, deberían conocer absolutamente toda la historia de nosotros. Así logramos que ustedes se involucren con nosotros y después que se divulgue la noticia, pueden hacer lo que quieran con la información, publicar un libro, crear una novela, lo que te dé la gana, siempre y cuando esté apegado a la verdad. Es nuestra manera de pagarles por aceptar la misión. Una vez que la gente se convenza de que existimos, lo siguiente que pasará es que estarán deseosos de saber hasta el más mínimo detalle y como sólo ustedes tendrán esa información; imagínate la cantidad de libros que podrías vender, por ejemplo, o lo que pagarían por un guión.
En ese momento la expresión en el rostro de Sora cambió. Hyoga sabía perfectamente cómo manipular a un humano, qué botones tocar.
-La gente se volverá loca, habrá caos en el mundo- dijo ella.
-No te preocupes por eso, está decisión la tomamos hace muchísimo tiempo y estamos trabajando en ese detalle, tenemos como controlar a la población.
-¿Pero todos los periodistas tendremos la misma información?
-No. Hay otros trabajando con otros periodistas, cada uno contando su historia. Tú tendrás la mía y la de Shun y todos nos conocemos, así que en algún punto yo los mencionaré a ellos y ellos a nosotros.
El rubio guardó silencio, esperando a que la chica asimilara toda la información que él había descargado sobre ella. Sora, por su parte, no podía estar más asombrada, tenía las manos bien juntas sobre su regazo y temblaba ligeramente.
-Entonces realmente eres… eres….
Hyoga esperó.
-Eres… eres…
-…Dilo. Dilo y repítelo las veces que sea necesario, convéncete de ello - dijo él suavemente, acercándose lentamente hasta ella, por primera vez, desde que le dijera lo que es.
-Eres… un vampiro- susurró ella.
Sora lo miró. Pensó en todas las emociones que él le había hecho sentir, en los extraños cambios de temperatura, en la presión, en la mirada salvaje y poderosa que le hacía bajar la cabeza, en el porte imponente de aquel hombre, que la hacía sentir como una hormiga, en el ferviente deseo que tenía de arrancarse la ropa y dejar que él hiciera con ella lo que se le antojara.
Recordó cuando él dijo que tenía hambre y que era culpa de ella. ¿Se refería a su sangre, quería beber su sangre? En medio de sus pensamientos logró detallar cada aspecto de rostro. Era muy blanco, pero no pálido, sus ojos eran a primera vista azules, aunque a ella le parecía que cambiaban de color. Su cabello era de un rubio dorado, el color más bello que jamás hubiese visto y las líneas de su rostro eran casi perfectas: su nariz perfilada, los labios carnosos y rosados y la mandíbula cuadrada estaba cubierta por una muy fina y suave capa de vellos dorados, como si no se hubiese afeitado en apenas un par de días.
Era un hombre realmente hermoso, de eso no cabía ninguna duda.
-Dios, ejerce tanta fascinación en mí. Me tiene completamente dominada, se adueñó de mi mente, de mi cuerpo, de mis deseos ¿Realmente querrá beber mi sangre?
-Siento decirte que sí quiero hacerlo. Ya lo hice una vez, anoche, sólo para saber si eres digna de confianza. Y quiero volver a hacerlo, pero no puedo ahora. Dime si vas a aceptar escucharme porque eso es lo más importante.
-¿Pero no debes… alimentarte?- preguntó ella.
Se sorprendió de escuchar sus propias palabras, de sentir deseos de pertenecerle.
-Sí, debo hacerlo, pero deja que yo me ocupe de mi hambre y tú haz lo que sabes hacer. ¿Puedo contar contigo, Sora?
-Sí. Cuenta conmigo, Hyoga.
Él sonrió. De pronto su celular sonó.
-Es Shun- dijo él, mirando la pantalla.
-Bien, yo necesito un trago definitivamente- dijo ella, saliendo de la habitación.
Hyoga vio a Sora salir del estudio y levantó la tapa del teléfono para atender la llamada, la única importante para él. De hecho, sólo otros dos de la fundación tenían el número de Hyoga, nadie más, nunca le había interesado estrechar lazos con los otros miembros, a menos que fuero para complacer a Shun. Sin embargo, ahora él no era lo único que los unía, si no también el ferviente deseo de todos ellos de detener a los vampiros que amenazaban a la humanidad.
-Te habías tardado demasiado- dijo Hyoga.
-Lo sé, lo siento- dijo Shun, sonriendo-estaba reunido con la policía en la oficina.
-¿Qué pasó?
-Bueno, me tardé una hora en llegar desde el Aeropuerto Internacional de Astana, hasta Alandino, te imaginarás mi aburrimiento. Fueron dos casos, con el primero pasé al menos cuatro horas cazándolo, era un vampiro bastante fuerte, la pelea duró como unos treinta minutos así que hay que darle crédito- dijo Shun, en tono divertido.
-¿Te lastimó?
De inmediato Hyoga supo que no debió preguntar eso y Shun se lo confirmó cuando escuchó un ronroneo nada amistoso, resonando en la garganta del peliverde.
-Como si no supieras la respuesta a esa pregunta- dijo Shun, aún expresando su molestia.
-Bueno, enójate todo lo que quieras, sabes que no te haré el menor caso, igual tenía que preguntar- dijo Hyoga
Shun suspiró, sabiéndose derrotado.
-Eres una causa perdida. Bueno, para serte sincero el tipo logró lanzarme contra un muro, pero sólo me aturdió por unos segundos. De resto no pasó nada del otro mundo. No te llamé antes porque cuando regresamos a la jefatura de policía, alguien llamó gritando como un loco.
-¿Otro caso?- preguntó el rubio.
- Si. Ya sabes, lo de siempre: tipo tirado en mitad de la calle, más pálido que un fantasma y con cara de haber visto lo peor que se te ocurra, cayó muerto al instante. Fue un "Susto de muerte", literalmente.
Hyoga se echo a reír ante el comentario del peliverde.
-El verdadero problema fue-continuó Shun- que cuando todo el mundo se reunió a verlo tirado mientras llamaban a la policía, el muy infeliz se levantó de golpe y salió corriendo.
De pronto Shun escuchó a Hyoga estallar de la risa del otro lado.
-¡Hyoga!-dijo Shun, en tono de reproche.
-¡Lo siento, me encanta cuando hacen eso!- dijo el rubio, aún doblado de la risa.
-Sí, bueno ahora tenemos a tres ancianas infartadas, niños corriendo despavoridos y hombres con los pantalones sucios. ¡Es un verdadero desastre!
Shun estaba recostado, apoyando la espalda en una de las patrullas, rodeado de algunos policías y aun cuando sabía que no le entendían lo que hablaba con Hyoga, trató de mantener un semblante serio, pero la risa del rubio era demasiado contagiosa. A él mismo le parecía demasiado graciosa la escena y no pudo evitar echarse a reír. Cuando captó la mirada confundida de los agentes, decidió que era mejor alejarse de ahí y fue directo hasta el baño de la oficina de la jefatura.
-¡Dime que está grabado, por favor!- dijo Hyoga.
-Sí, creo que sí. Es increíble, las calles son de arena pero hay cámaras de seguridad en cada esquina, ¡Qué disparate!
-¡Tienes que conseguirme esa grabación!-dijo Hyoga, rogando como un niño pequeño.
-¡Qué cruel eres!- dijo Shun, riendo- Sí, si está grabado, lo conseguiré, te lo prometo, pero dime, ¿Cómo te va con la intrépida periodista?
-Ah, debe estar intoxicándose con alcohol para asimilar que está sola e indefensa en su casa y con un vampiro ¡Hasta se le ocurrió llamar al Primer Ministro!-dijo Hyoga.
Shun se echó a reír junto a Hyoga.
-Pobre niña. Seiya me dijo que la que le tocó a él, se desmayó un par de veces y cuando volvió en sí, trató de saltar por la ventana.-dijo el peliverde.
-Sí, bueno, ella no se ha desmayado porque no es ninguna damisela en desgracia. Desde que me vio, está ardiendo en deseos de que haga algo más que hablar. Y se puso peor cuando le dije que soy un vampiro. Creo que en cualquier momento se me va a lanzar encima.
-La entiendo- dijo Shun, riendo- ¿Qué harás si lo hace?
-Sí, ya sé que no debo hacer nada pero me lo pone difícil la chica. Créeme, toda la casa está inundada de ese olor, de su deseo, me está volviendo loco.
-¿…Tienes hambre?- preguntó Shun sensualmente.
-Averígualo tú mismo.
Shun aceptó la invitación, cerrando los ojos y concentrándose, para magnificar la conexión entre ellos, a pesar de la distancia.
Pronto vio retazos del estudio de la chica, la vio a ella bebiendo en la cocina, decidiéndose a regresar al estudio y luego, volviendo por otro trago. Vio a Hyoga sentado con el celular en el oído y sintió su excitación, su deseo por la sangre de la chica. Pero el rubio tenía otro deseo, uno más grande; todo su cuerpo vibraba, ardía, sudaba. Shun apoyó la espalda en la pared, aún con los ojos cerrados y se dejó caer hasta el suelo, totalmente poseído por el hambre de Hyoga.
-Sé que sientes lo mismo- dijo Hyoga
La voz ronca del rubio encendió cada célula del cuerpo de Shun, provocándole un lujurioso quejido que enloqueció a Hyoga del otro lado del teléfono. Ambos se deseaban desesperadamente y la distancia sólo reforzaba esa sensación.
-Apresúrate, ¿Quieres?- dijo Hyoga.
Shun sonrió. De pronto todos sus sentidos se pusieron en alerta. Se levantó rápidamente, aun con el celular en el oído y se concentró en el olor extraño que acababa de percibir.
-Oye, ¿Estás ahí?- preguntó Hyoga.
-Sí. Hay otro vampiro cerca.
Hyoga no dijo nada, pero sintió como todo su cuerpo se tensaba. Trató en lo posible de no preocuparse, debía recordar que Shun no era ninguna princesa atrapada en una torre, no, él era tanto o más fuerte que Hyoga.
-¿Es fuerte?- preguntó el rubio.
Después de unos segundos, Shun respondió.
-No cuelgues- dijo Shun.
-Qu…
Pero Shun no lo escuchó, se metió el celular en el bolsillo del largo abrigo negro y salió disparado de la oficina.
