Noche 5.

En los tres días siguientes no vi a Shun y debo reconocer que suprimí las ganas de decir su nombre. Me sentía tan espantosamente mal como la última vez que lo había visto y él era el único que parecía poder cambiar eso. Pero él no era mi enfermera ni mucho menos. No, sólo era mi único escape, mi salida a mi horrible vida.

Como te dije, mi situación sólo podría empeorar cada vez más.

Pronto mi padre y yo nos dimos cuenta de que mi hermana se había ido, pero había dejado a la peste en nuestra casa y mi madre fue la siguiente en caer en sus garras, seguida muy de cerca por mi padre.

Ahora mi casa se había convertido en un verdadero infierno: todo lo que yo realmente amaba se me estaba escapando de las manos.

Pensaba que había pasado tanto tiempo odiándolos que ahora no tendría tiempo para demostrarles cuanto los amaba. Me sentía demasiado culpable como para hablar con alguien o encargarme de alguna otra cosa que no fuese el estado de mis padres.

Por supuesto, pagué por los mejores médicos, pero cuando vi al abogado de la familia llegar a la casa, supe que todo se había terminado: mi padre lo había llamado para "poner en orden sus asuntos".

Creo que no puedo explicar de qué manera se me cayó el mundo. Si yo creía que el dolor por la muerte de mi hermana era un como un nudo que me impedía respirar, el dolor de saber que pronto me quedaría completamente solo era realmente insoportable. Yo seguía sin llamar a Shun, me parecía absurdo, ¿Acaso él esperaba que lo llamara cada vez que me sintiera mal?, aun así siempre hubo algo extraño que sentía en la casa, y que no lograba descifrar.

¿Y qué pasaría conmigo ahora que tendría toda la libertad de hacer con mi vida lo que me viniera en gana?

Estuve con ellos hasta el final. Aún cuando la enfermedad de mi madre estaba más avanzada ella parecía estar esperando que mi padre se fuera primero. Los médicos me rogaban que saliera de la habitación, ya que podía contagiarme, pero a mí no me importaba en lo más mínimo, quería estar con ellos que me llevaran a donde sea que fueran.

Mi padre me sonrió y cerró los ojos. Cuando mi madre se dio cuenta de que ya él había muerto, me llamó a su lado de la cama y me tomó de la mano, sonrió y acarició mi rostro con el dorso de su mano.

-Estoy muy orgullosa de ti. Eres un espíritu libre, rebelde, indomable. Ahora quiero que hagas todo lo que tu corazón te pida- dijo ella.

-No, sólo hay un sitio donde quiero ir y es donde tu estés. Llévame contigo, mamá.

Ella me miró, como si estudiara mi rostro.

-¿En qué piensas cuando dices eso?- preguntó ella.

No dije nada pero sabía que de alguna forma había leído la expresión de mi rostro. Creo que ya la había visto antes, porque cada vez que yo pensaba en morir, el rostro de Shun aparecía en mi mente. Ella sonrió y asintió. Yo pude ver como su rostro demacrado y aún hermoso empezaba a perder todo su color.

-Todavía hay alguien en el mundo por el que vale la pena vivir ¿Verdad?- dijo ella, susurrando.

Yo no dije nada, tenía un nudo en la garganta, en el corazón.

-Vive, Hyoga. Vive por él y por ti, por todo lo que deseas ver y aprender.

Luego ella sonrió, cerró los ojos y ahí terminó todo.

La peste negra, para 1348 acabó con 25 millones de personas en toda Europa. Entre ellos, toda mi familia.

Sora escuchaba el relato y sin poder evitarlo las lágrimas empezaron a correr por su rostro. Hyoga volteó a mirarla al escucharla sollozar y sonrió.

Varios días después, cuando todo estuvo arreglado y toda mi familia desapareció definitivamente, el abogado me hizo firmar los papeles que me acreditaban como dueño y señor de absolutamente todo lo que teníamos. Ahora yo era el único heredero y podía hacer el con el dinero lo que a mí me diera la gana, sin embargo yo estaba lejos de sentirme bien.

Ese día en la noche salí de mi casa, esa enorme mansión que ahora sólo ocupábamos la servidumbre y yo. Caminé sin detenerme ni instante, pensando. Justo cuando llegué a mi destino, ya muchas cosas estaban claras en mi mente.

No lo saludé ni le sonreí pero sí me di cuenta cuando lo tuve a mi lado, caminando conmigo en silencio. Esa vez llegamos juntos a la plaza y él se adelantó para luego apoyar la espalda en un árbol cercano mientras se cruzaba de brazos y esperaba a que yo dijera algo. Levanté el rostro y vi reflejado en sus ojos todo el dolor que yo sentía. Estaba callado, no se movía ni un milímetro y tenía el ceño fruncido, aunque yo sabía que no era de rabia sino de tristeza. Él compartía conmigo el dolor de la muerte de mis padres y por primera vez en todo ese tiempo dejé de sentirme solo y lo sentí a él mas unido a mí que nunca.

-La primera vez que te vi no entendí absolutamente nada de lo que dijiste o hiciste. Ahora sí lo entiendo.

Shun se mantuvo en silencio.

-Tú lo sabías. No sólo lo que yo sentía, si no también que los perdería a todos.

Él se mantuvo en silencio y vi la duda asomarse en su rostro. Aún cuando estaba a unos tres metros de él, me percaté de que todo su cuerpo se tensaba como si se estuviese preparando para decir algo realmente importante y la duda no lo dejara avanzar.

Después de unos segundos, asintió levemente. Sentí la rabia y la impotencia apoderarse de mí completamente.

-¿Por qué no me lo dijiste?

Shun no dijo nada, sólo siguió mirándome, ahora preocupado por mi reacción.

-¡¡¿Por qué?!!

-…Saber que la persona que amas va a morir es el dolor más grande que existe. Saber que se irá y te dejará solo, es casi insoportable. No tenía sentido hacerte sufrir más de la cuenta cuando el hecho de que lo supieras no cambiaría nada- dijo Shun, suavemente.

-¡¡Podía haber hecho algo!!- dijo Hyoga, estallando en furia.

-¿Más de lo que hiciste por ellos?, estuviste con ellos desde ese momento, les demostraste siempre quién eras realmente. No podían estar más orgullosos de ti.

-¡¿Y cómo rayo sabes eso?!

-Ella me lo dijo.

Quise seguir peleando, pero lo último que dijo me dejó perplejo.

Luego lo recordé: ella dijo "…vive por él…".

Me di cuenta de que en aquel momento no había notado lo que me había dicho porque el dolor me cegaba pero que hubiera dicho eso sólo podía significar una cosa.

-Ella te conocía- dijo Hyoga.

Shun asintió.

-La primera vez nos vimos aquí, te llevé a tu casa, a tu habitación y ella estaba ahí esperándote en la silla. Traté de no despertarla, créeme, puedo ser muy silencioso, pero fue imposible, ella se levantó y fue directo hasta tu cama a ver cómo estabas.

Me sorprendió saber que no estaba asustada por mi presencia y no parecía importarle el no saber cómo te había metido por el balcón de tu habitación cuando está en el segundo piso de tu casa. Cuando se aseguró de que estabas bien, levantó el rostro y me miró directamente a los ojos. Sentí sus ojos azules clavándose en mi cara y aunque quise, no pude desviar la mirada, habría perdido su respeto de hacerlo, ella me estaba probando. Después de unos segundos ella sonrió y se acercó hasta mí.

Habitación de Hyoga.

-Hay algo diferente en él, ¿qué le hiciste?- preguntó Natasha.

Shun no respondió.

-¿Estará bien?

Shun asintió.

-Entonces no necesito saber qué le hiciste. Tú no eres un hombre ordinario.

-Usted tampoco- dijo él.

-Pero no soy lo mismo que tú eres, ¿no es así?- dijo ella, suavemente.

-En eso tiene razón. Aún así, es…especial.

Natasha sonrió y sus mejillas se ruborizaron levemente. Luego miró a Shun fijamente, para después voltear hacia la cama donde Hyoga dormía. A él le parecía fascinante que ella, sabiendo que él era diferente, no tenía miedo de su cercanía.

-Él está comprometido para casarse. ¡Si tan sólo la amara! Me sentiría tranquila sabiendo que no estará solo, pero no es así. Es demasiado rebelde.

Shun guardó silencio, escuchándola, percibiendo el tono de reproche y amor en su voz. De pronto ella volteó hacia él y se acercó aun más, tomándolo por sorpresa. Shun automáticamente retrocedió un paso. Natasha supo que no debía acercarse más, pero su preocupación era grande y aún cuando se sintió en peligro, habló:

-¿Él te importa?- preguntó Natasha.

-¿Cómo dice?

-¿Hyoga, te importa?

Shun frunció el ceño y la miró fijamente mientras sentía que ella volvía a penetrar en su mente con sus profundos ojos azules. Luego, derrotado por ella, él asintió.

-¿Hace cuanto lo conoces?

-Un tiempo. Aunque es la primera vez que hablo con él.

-Entiendo- dijo ella, asintiendo- Entonces prométeme algo, ¿Está bien?

-Yo…

-Por favor.

Shun se quedó paralizado al reconocer el tono de súplica en la voz de la rubia.

-Prométeme que estarás aquí para él. Va a necesitarte demasiado. Prométeme que estarás a su lado.

-Pero…

-Por favor. Te lo pido.

-….Lo prometo.

Ninguno dijo nada más. Ambos lo sabían: durante las horas que Hyoga estuvo fuera de su casa se hizo evidente que su hermana padecía los síntomas de la peste negra.

-Creo que de algún modo ella supo que, con tu hermana, se irían ellos dos también- dijo Shun.

-Entonces ella… ¿Qué era, cómo podía saber todo eso?- preguntó Hyoga.

-Creo que tenía un don pero nunca lo supe, no le pregunté, solo sé que era especial. Me lo demostró más de una vez.

-¿Hablaste con ella después de esa ocasión?

Shun sonrió tímidamente, como si sintiera que le había robado tiempo a Hyoga con su madre.

-Bueno…si. Ella supo mi nombre, me lo preguntó esa noche y no sé cómo, pero rápidamente aprendió a llamarme. Eso te demuestra que realmente era especial, no solo no me temía, igual que tú, sino que quería hablar de muchas conmigo. Me llamó casi todas las noches, cuando todos dormían, incluyéndote. A mi…me gustaba hablar con ella.

Luego Shun bajó la mirada y suspiró profundamente, como si algo muy pesado le impidiera respirar. Entendí por qué compartía mi dolor.

-Incluso cuando murió tu hermana, tu padre trató de dormirla con medicinas, ella me llamó antes de quedarse dormida. Yo la saqué de su sueño y me pidió que hiciera otras cosas por ella…

En ese momento me percaté de algo importante y Shun se dio cuenta porque calló y frunció el ceño.

-¿Pasa algo?- preguntó él.

-¿Cuando la viste por última vez? Yo estuve con ella todo el tiempo hasta que murió, tú no estuviste ahí.

-…dos días antes de que muriera. Tu padre no debía verme así que lo sumí en un sueño profundo y hablé con ella. Quería que estuviera contigo cuando pasara, pero yo no sabía cómo hacerlo, no sabía qué decirte para justificar que estaba ahí sin que me hubieses llamado así que lo único que pude hacer fue estar en la casa sin que me vieras. Estuve ahí en ese momento, aunque no con ella, eso sólo podías hacerlo tú. He estado contigo desde entonces.

-Yo…no te vi por ningún lado.

-Lo sé, no aparecería ante ti hasta que me llamaras.

En ese momento ambos nos quedamos callados, mirándonos fijamente hasta que la lluvia empezó caer sobre nosotros.

Shun frunció el ceño, sus ojos se vieron más tristes que nunca y yo sabía el por qué: él había notado que el agua de la lluvia no era lo único que corría por mi rostro.

Por primera vez desde que mi hermana murió, yo estaba llorando. Los lloraba a ellos, su ausencia y mi repentina soledad. Los odiaba por haberme dejado solo y me odiaba a mí mismo por no haberlo llamado a él. Mi madre tenía razón: lo había necesitado desesperadamente. Pronto las piernas dejaron de sostenerme y caí de rodillas, puse las manos en el suelo y dejé que las lágrimas corrieran libres.

Shun se arrodilló y puso su mano en mi hombro y sabía que dudaba, que no sabía si debía tocarme o no pero yo no quería que sintiera eso así que levanté el torso y lo abracé fuertemente. Al principio él se quedó paralizado, pero luego sentí sus brazos rodeándome mientras yo seguía llorando como un niño, deseando que mi alma se secara de una buena vez.

Lo siguiente que recuerdo es que amanecí en mi cama, igual que la primera vez, pero sin el dolor de cabeza y esta vez él no se había esfumado. Estaba sentado entre las sombras, en el suelo, en un rincón de mi cuarto, tenía una pierna estirada y la otra doblada y su brazo descansaba sobre su rodilla igual que su cabeza contra la pared. Cuando lo miré, abrió los ojos y sonrió.

-De verdad tienes muy buena memoria- dijo Sora.

-Si el recuerdo tiene que ver con él, si- dijo Hyoga, encogiéndose de hombros.

Luego miré la hora en el reloj mientras me levantaba de la cama y me di cuenta de que eran más de las ocho de la mañana.

-¿Pasaste la noche aquí?- preguntó Hyoga.

-Sí- respondió Shun.

-¿Tu familia no estará preocupada?-preguntó Hyoga, repentinamente.

En ese momento me di cuenta de que realmente yo no conocía nada sobre Shun, sólo sabía que no era ordinario, que tenía "poderes especiales" pero nada más, no tenía idea dónde vivía ni nada por el estilo.

-Yo…no tengo familia. Sólo me espera la servidumbre en mi casa y no creo que estén preocupados, no es la primera vez que me ausento.

-¿Es decir, que te gusta pasar la noche en la calle?- preguntó Hyoga, mientras enarcaba una ceja y miraba a Shun con su habitual sonrisa pícara y coqueta.

-No, me gusta pasar la noche aquí- dijo Shun, sonriendo.

Los dos nos quedamos callados, como compitiendo por ver quién era el primero que desviaba la mirada, admitiendo el tono de aquella corta conversación. Fue Shun quien rompió la conexión, levantándose de pronto.

-Tú necesitas asearte y comer. Yo me voy para que puedas hacer todo eso- dijo Shun.

-Pero volverás… ¿Verdad?

-Si quieres, sí- dijo Shun, sonriendo dulcemente-Tu servidumbre todavía no me conoce así que saldré por el balcón- continuó el peliverde.

Luego Shun sonrió y se fue tan rápido que dudé de si lo había visto irse realmente. Noté que me sentía mucho mejor que la noche anterior. Sí, había perdido una familia, pero había ganado otra cosa y aunque en ese momento no estaba seguro de lo que era, sí sabía que pondría todo mi esfuerzo en descubrirlo.

Tokio, Japón. Año 2019

Sora se quedó mirando a Hyoga, quien le sonreía de forma divertida, como si estuviese disfrutando de algún chiste privado. Luego de varios segundos ella notó que el relato se había terminado y cuando se incorporó, Hyoga se echó a reír.

-Parece que te atrapó la historia- dijo él.

-¡Por supuesto!, ¡No me digas que se terminó!- dijo ella, levantándose repentinamente.

-Por hoy sí, pronto va a amanecer y tienes que dormir, los dos de hecho.

-¿Eh…qué quieres decir con…?.

-Juntos no, claro está, a menos que tú quieras, en ese caso te aviso que me gusta abrazar cuando duermo, espero no tengas problema con eso.

Hyoga le guiñó un ojo y su clásica sonrisa pícara hizo que Sora se sonrojara hasta más no poder.

-Pensé que los vampiros dormían en ataúdes- dijo ella.

-No, eso se hace porque son sitios tan oscuros que no entra ni un rayo de sol pero es espantoso, me da claustrofobia así que no lo hago- dijo él.

-¡Ya lo creo!- dijo la morena, riéndose.

-Escucha, ¿recuerdas que te dije que a partir de ahora estarías bajo mi protección? Bueno, eso incluye que no me separe de ti por mucho tiempo así que iré a recoger algo de ropa en mi casa y regreso. Obviamente no tienes que preocuparte por la comida.

Sora sonrió ante el chiste del rubio.

-Pero, sí tendrás que prestarme tu baño. Nos gusta bañarnos mucho. Ven aquí.-Dijo él invitándola a asomarse por la ventana.

Cuando la morena miró hacia abajo, él le señaló a dos sujetos vestidos de negro, cada uno en una esquina de la cuadra donde se encontraba el edificio y otros dos sujetos en la azotea del mismo.

-Ellos están aquí para hacerte guardia mientras yo no estoy. No tardaré mucho, 15 minutos como máximo.

Ella asintió, mirando aún por la ventana.

-¿Qué sucede?- preguntó él.

-Alguien dejó su MTT Y2K estacionada en esta calle. Quien sea, está loco- dijo ella mirando la espectacular motocicleta negra y plateada que reposaba en la calle bajo el faro de luz.

-Es mía, yo soy el loco que la dejó ahí- dijo Hyoga.

-¡¿Qué?! ¡¿Esa moto es tuya?!- exclamó ella.

-No es necesario gritar, te escucho perfectamente aunque susurres- dijo Hyoga, acariciándose el oído- y sí, es mía, ¿Cómo crees que vine hasta acá: volando en una nube de murciélagos?

-Bueno…

-Agh- dijo Hyoga, poniendo los ojos en blanco- has visto demasiadas películas. ¡Me voy, no me extrañes mucho, preciosa!

Hyoga salió del departamento y se perdió de la vista de la morena, quien se quedó mirando al vacío, asombrada.

Unos cinco segundos después miró por la ventana y vio a Hyoga hablar con uno de los sujetos de la esquina y luego montarse en la espectacular moto y salir disparado por la calle dejando la estela de humo atrás.

Cinco minutos después y corriendo a 150km por hora, Hyoga llegó al edificio donde él y Shun se estaban quedando mientras estuvieran en Japón. El ascensor era demasiado lento para su gusto. Evidentemente, la pobre máquina no era competencia para un vampiro que amaba la velocidad, así que rápidamente llegó hasta el último piso donde estaba su departamento.

Cuando entró todo estaba a oscuras, pero él no se preocupó por encender las luces, no las necesitaba, así que se dirigió hasta su habitación y sacó algo de ropa para meterla en un pequeño bolso.

Ahí, la cama llamó poderosamente su atención. Suspiró, derrotado, sabiendo que no podría evitar realizar su ritual secreto cada vez que se encontraba solo en la habitación. Caminó hasta llegar a la cama, se acostó, agarró la almohada de al lado y se la puso sobre la cara. Aspiró el aroma hasta el cansancio, hasta grabárselo en su cerebro, poder mantenerlo ahí y recordarlo hasta que el dueño de ese olor que lo enloquecía regresara hasta sus brazos. Luego se quitó la almohada de la cara y la arrojó con fastidio al otro lado de la cama.

-Eres un idiota por hacerme extrañarte tanto, Shun, vas a pagarlo, ya verás-pensó Hyoga, sonriendo con dulzura