Noche. 06
Después de pensar en cómo cobrárselas, Hyoga se levantó y salió del departamento tan rápido como entró. Encendió la moto y emprendió su camino hacia la casa de Sora, mientras veía cómo el cielo comenzaba a tornarse de un azul claro, anunciando la salida del sol.
Mientras tanto, Sora estaba revisando la grabación en su computadora, escuchando la ronca y sensual voz de Hyoga salir de las cornetas, feliz de poder controlar sus pensamientos y que nadie los escuchara como si los gritara a los cuatro vientos.
Parecía que, cuando el rubio estaba cerca de ella, empleara su poder o no, ella no podía hacer otra cosa que prestarle su máxima atención y pensar sólo en él.
El problema era que se sentía como en una nube y todos sus pensamientos le parecían demasiado "esponjosos" cuando Hyoga estaba por ahí.
Se preguntó si ese era el gran embrujo que tenían los vampiros sobre la humanidad, ser tan atrayentes y divinos o sería ella solamente la que tenía que aceptar que le gustaba demasiado aquel hombre.
Suspiró cuando escuchó que tocaban a su puerta.
-15 minutos exactamente- Dijo ella mirando el reloj que colgaba en la pared, sobre su escritorio- de vuelta a los pensamientos esponjosos.
La morena se levantó y caminó hasta llegar a la puerta. Al abrirla, del otro lado de la reja de seguridad estaba ese hermoso rubio recostado sobre el pared y mirando su teléfono celular, pensativo, con el pequeño bolso guindado en el hombro.
Se tomó su tiempo para detallarlo, tenía una pierna completamente estirada, mientras que la otra estaba ligeramente flexionada, su mano libre metida en el bolsillo de su jean negro, llevaba la camisa manga larga azul arremangada hasta los codos y dejaba ver sus fuertes brazos. Se le marcaban un par de venas y estaban cubiertos por una fina capa de vellos dorados. Sora se estremeció al recordar que hacía sólo algunas horas atrás, ella había estado entre esos brazos.
Bajó la cabeza y se frotó la frente, tratando de organizar sus pensamientos, dirigirlos a otro tema en particular, pero al levantar el rostro se encontró a Hyoga a escasos centímetros de ella. Tenía un brazo apoyado en el marco y le dedicaba una mirada sensual y una sonrisa pícara. Ella olió su perfume y su cercanía le hizo recordar cuando él la abrazó, ella puso sus manos en su pecho y sintió las de él sobre su cintura.
Hyoga sonrió al percibir sus pensamientos, pero su mirada cambió de una coqueta a otra de autentica lujuria cuando notó que la sangre de la chica hervía en su interior.
Él caminó hacia adelante y ella retrocedió lo suficiente para dejarlo entrar. Luego, cerró la puerta y siguió hasta arrinconar a Sora, quien cada vez respiraba de forma más agitada.
-Niña tonta, aún no entiendes lo que soy ¿Verdad?- preguntó él, mientras sonreía, colocaba las manos sobre la pared, a los lados de la cabeza de la chica y acercaba su cuerpo al de ella.
Ella no pudo articular una palabra. Sus ojos celestes encendidos por una extraña luz dorada, poseídos por el hambre más intensa, dominaban su mente y ella era incapaz de luchar o de tener siquiera la intención de hacerlo.
-Soy un peligro para ti y tú pareces tener muchas ganas de morir- dijo Hyoga, pasando dos dedos por el suave cuello de la chica.
Sora cerró los ojos y ladeó la cabeza, intentando entregarle más piel que tocar.
-Haré un esfuerzo sobrehumano para no tomar lo que me estas ofreciendo tan gentilmente…al menos no todo- dijo él, sonriendo.
Luego, Hyoga se acercó hasta el cuello de Sora y la mordió suavemente.
Esta vez ella sí lo sintió; sintió sus labios rozando su cuello, su sangre drenando, las manos de Hyoga tomándola de la cintura y apretándola contra su cuerpo.
Después de unos segundos ella se desvaneció entre sus brazos. Él la levantó y la llevó hasta su cama, donde la recostó suavemente. Removió sus cabellos de su rostro y vio un hilillo de sangre donde estaba la mordida por lo que se inclinó y pasó la lengua suavemente provocándole un pequeño quejido a la chica que llegó hasta sus oídos y lo encendió de nuevo.
Hyoga apartó los labios de la garganta de Sora, quien abrió los ojos lentamente y le sonrió.
-Sé lo que quieres, pero no puedo hacerlo, no puedo tocarte, al menos hasta que llegue Shun. Él es el único que puede controlarme- dijo Hyoga.
Ella sonrió de nuevo, pero él sabía que estaba a punto de quedarse dormida.
-Sé lo que estas pensando y eso tampoco puedo hacerlo. No puedo pertenecerte porque ya hay alguien a quien le he entregado todo lo que soy, mi alma, mi corazón y mi cuerpo. Pero, sí hay algo que puedo regalarte, al menos hasta que él llegue- dijo Hyoga, sonriendo coquetamente.
Luego, el rubio besó la comisura de los labios de la morena.
-Despierta, preciosa, no querrás perdértelo ¿Verdad?
La morena abrió los ojos, tratando de vencer al sueño que de pronto cayó sobre ella, pero cuando enfocó la vista en los ojos celestes del vampiro éste la atrapó con su mirada, no dejándola caer en el sopor. Se acercó hasta ella y pasó la lengua por el labio inferior de la chica provocándole un estremecimiento que expresó con el más divino de los gemidos que él había escuchado hasta ahora en ella.
Hyoga respondió el quejido de la chica besándola apasionadamente. Sora se dejó llevar por sus labios y movimientos perfectos. Todos sus pensamientos se fugaron, dejándola enfocarse en el pequeño "regalo" del pícaro ruso.
Luego, él la soltó, no sólo liberando su boca sino también su mente y ella, sonrojada y completamente excitada, recostó de nuevo su cabeza en la almohada.
-Duerme, descansa- dijo él, colocando su mano sobre sus ojos obligándola a cerrarlos.
La chica pronto se quedó dormida y él se levantó, salió de la habitación y se recostó en el sofá, miró al teléfono una vez más, gruñó de frustración y se acomodó en el mueble que ahora parecía demasiado pequeño para él.
Pronto se quedó dormido sonriendo porque sabía lo que soñaría, o con quien.
Mientras tanto, en el aeropuerto internacional de Astana, Rusia, Shun permanecía sentado en el avión privado que se supone lo llevaría, hacía unas tres horas atrás de regreso a Japón, de regresó a él.
El peliverde, quien estaba sentado de brazos cruzados mirando por la ventana sonrió al pensar que, de nuevo, lo único que le preocupaba era regresar junto a Hyoga.
Demasiadas, simplemente demasiadas horas lejos de él, de la seguridad de sus brazos, de su olor, de su voz ronca que le paralizaba cada célula de su cuerpo, o por el contrario lo encendía salvajemente sin que él pudiera evitarlo.
-Como si quisieras evitarlo en realidad-pensó Shun, sonriendo levemente.
El carraspeo de una azafata lo alejó del rostro de Hyoga obligándolo a regresar a la realidad. Cuando el peliverde fijó sus ojos en la chica, ésta inmediatamente se sonrojó delatando el nerviosismo que le causaba la presencia del "hermoso e increíblemente sexy hombre con el que tenía viajar"…en sus propias palabras.
-Señor, disculpe, seguimos teniendo dificultades con los permisos de salida- dijo la pelinegra.
Casi imperceptiblemente la expresión en el rostro de Shun cambió. Trató en lo posible de no espantar a la chica, pero la ola de furia que emergió dentro de él paralizó de terror a la azafata. Bajó el rostro, cerró los ojos y se llevó los dedos índice y pulgar de la mano izquierda al puente de su nariz, mientras trataba de controlar su respiración y la ira que estaba provocando que los vasos y las ventanas se resquebrajaran.
-¿Se puede saber qué sucede?- preguntó Shun.
La chica no respondió. Generalmente, Shun era muy amable y hasta cariñoso, no le gustaba que le dijeran "señor" y su voz sonaba suave y melodiosa, pero en esta ocasión estaba llena de rabia y sonaba profunda, casi como un rugido.
-Responde- ordenó Shun, aún sin mirarla.
-Nos… pusimos en contacto con…con la Fundación y ya conocemos… el problema. La Fundación asegura que aun no ha… terminado su trabajo aquí- respondió la chica, automáticamente.
La impresión hizo que Shun levantara el rostro provocando que algunos vasos cercanos estallaran y la ventana al lado de él se agrietara.
-¿Que no he terminado?- dijo Shun.
-No, señor.
Shun volvió a bajar la vista.
-Ella no tiene la culpa, no la mates- pensó el peliverde.
No, la azafata no tenía la culpa de que él siguiera atascado ahí sin poder ver a Hyoga, pero había un vampiro que si era responsable, tal vez varios. Shun sonrió como si estuviese a punto de ocurrir una masacre y él fuera especialmente a disfrutarla.
-Disculpa, Kirei, ¿puedes comunicarme con la Fundación?, si eres tan amable.
Shun volvió a mostrarle su arrebatadora sonrisa, aturdiendo a la chica y extrayendo por completo su miedo.
-Sí, señor.
-Gracias, y por favor, no me llames señor, vas a hacer que me salgan canas- dijo él.
La chica sonrió y se sonrojó mientras marcaba el número de la fundación. Mientras tanto, Shun esperaba como un león apunto de atacar. Después de unos segundos de marcado y espera, Kirei le entregó el teléfono, para luego retirarse.
Cuando la chica se perdió de vista, el peliverde se llevó el teléfono al oído.
-¿Se puede saber qué coño falta por hacer en este maldito pueblo?- rugió el peliverde, sin siquiera pararse a preguntar a quién le estaba ladrando.
-¡Oh! ¡Vaya, se te ha pegado el mal humor del ruso!
Shun frunció el ceño.
-Hermano- dijo Shun secamente.
Del otro lado del teléfono, un moreno, alto y muy fuerte, de cabello azul oscuro y ojos de igual color sonreía descaradamente.
-¿Así me saludas después de pasar meses sin saber de mi?- preguntó Ikki.
-Asumí que estarías bien, de otro modo ya me hubiera enterado de tu muerte ya que es la única manera de saber algo de ti o verte. Sólo te apareces si estamos peleando contra algo o alguien- respondió Shun.
Ikki gruñó y Shun le respondió de la misma manera.
-mmm, me parece que el mal humor no es lo único que se te ha pegado- dijo Ikki.
Shun suspiró y se llevó los dedos al puente de la nariz, tratando de nuevo de controlarse o terminaría destruyendo el avión y no quería darle a la Fundación más razones para dejarlo ahí, lejos de Hyoga.
-No me gusta pelear contigo, lo sabes. Pero, odio mucho más que te metas con él. Dime qué es lo que falta por hacer aquí para poder largarme de una buena vez- dijo Shun.
-¿Porqué estas de tan mal humor? ¿Tienes hambre?- preguntó Ikki.
Shun volvió a fruncir el ceño. Aparentemente, Ikki estaba de humor como para molestarlo mucho y el peliverde, que ya tenía "las garras afuera", no se quedó callado.
-Sí, pero no voy a alimentarme de estos estúpidos humanos, sólo hay una sangre rusa que me encanta y no está aquí así que…
-Basta-rugió Ikki.
-esperaré hasta llegar a Japón para tomar su sangre y darle la mía. Hablamos luego, hermano, te cuidado con romper el teléfono o te lo van cobrar otra vez. Ahora, si me disculpas, ¡¡vete al diablo!!
Luego, Shun colgó el teléfono y dejó la mano puesta sobre éste. Miró el aparato por un segundo para luego levantarlo y volverlo tirar unas tres veces como si de la cabeza de su hermano se tratara.
Siempre pasaba lo mismo, siempre se peleaba con su hermano al que pasaba meses extrañando, meses sin saber nada de él porque lo había hecho rabiar y cuando volvía a verlo pasaban sólo minutos de felicidad, antes de que volvieran a pelear por lo mismo y así se repetía el ciclo vicioso. Y así había sido durante mucho tiempo. Al parecer Ikki jamás aceptaría completamente a Hyoga, pensaba Shun.
-Bueno, pues mala suerte. Ahora tengo que averiguar por otro lado. Muy bien, otra cabeza que va a rodar- pensó él.
Y cargándose de rabia otra vez, Shun marcó el nuevo número, esperando que el aparto aún funcionara y no estallara en sus manos. Esperó varios segundos hasta que una voz femenina lo saludó.
-Hola, Shun.
-Princesa Saori, dime por qué todavía tengo algo que hacer aquí cuando ya cumplí con el único trabajo que me encomendaron en este lugar- dijo él.
-Simplemente surgió algo nuevo- dijo ella.
-¿Algo como qué?
-Un vampiro, se cree que de clase 4.
-Imposible, me habría dado cuenta inmediatamente-dijo Shun.
-¿Estas poniendo en duda lo que te estoy diciendo?- preguntó Saori, endureciendo el tono.
-Estoy poniendo en duda que ese vampiro siga ahí, si es que alguna vez lo estuvo. Ese pueblo es demasiado pequeño, es imposible que no lo haya sentido.
-Tal vez estabas demasiado distraído.
-Te recuerdo, Saori, que no tengo ninguna distracción en este lugar. Voy a verificar desde el avión si hay un vampiro clase 4 en ese pueblo, si no siento nada me iré inmediatamente.
-No puedes hacer eso- dijo Saori, ahora expresando su molestia.
-¿Realmente crees que no puedo hacerlo?
-El memo dice claramente que hay que registrar absolutamente toda la zona, recopilar información y eliminar a cualquier vampiro que se encuentre, es una orden del consejo y tú tienes que cump…
De pronto, Shun estalló en furia y perdiendo definitivamente los estribos, rugió cada palabra que dijo a continuación.
-Cuida tus palabras, "Princesa", yo no sigo absolutamente ninguna orden del consejo y mucho menos de ti. No estoy con ustedes por orden de alguien, no les tengo miedo y ninguno de ustedes puede contra mí, no importa qué tan viejos sean, así que no agotes mi paciencia. Buscaré al maldito vampiro, lo mataré y luego me largaré, te guste o no, haya terminado o no, me importa un carajo lo que diga el consejo, puedes decirles eso y la próxima misión será para dos o no haré absolutamente nada. Asumiré que te quedó claro.
Sin escuchar siquiera la réplica de la vampiresa, Shun colgó el teléfono. Completamente dominado por la ira, tomó del asiento una pequeña pero muy costosa cámara digital, un envase de vidrio y salió del avión.
Los tripulantes estaban afuera conversando, fumando, cuando lo vieron bajar por las escaleras.
Sus ojos estaban cubiertos por los mechones verdes rebeldes y bajaba lentamente, pero el pequeño grupo empezó a sentir un escalofrío y pronto quedaron sembrados en el suelo, presas de un pánico que ni siquiera entendían, al menos no todos. Kirei, la azafata trató de acercarse a Shun, pero un brazo que temblaba la agarró fuertemente por el hombro.
-¡Por el amor de Dios, no se mueva nadie!- susurró el piloto, un anciano de barba y cabello entre gris y plateado y ojos celestes que este momento no se apartaban del ser que tenían en frente.
Shun caminó hasta el grupo que se mantenía inmóvil. Su largo abrigo negro ondeaba suavemente con el viento igual que su cabello. Sus pasos eran imperceptibles, lo único que el grupo lograba escuchar era el ulular del viento y el abrigo.
El peliverde caminó hasta que llegó hasta donde estaba el grupo y se detuvo. De pronto, el anciano dejó de ver a sus compañeros, al avión, al ambiente, todo se volvió oscuridad y lo único que permaneció frente a él, mirando hacia adelante,fue el ser que tanto terror le inspiraba.
El piloto dejó de respirar cuando unos ojos se posaron sobre él, unos ojos que antes eran verdes y hermosos, ahora brillaban de color entre dorado y naranja, como el oro fundido.
-Gitano- dijo Shun al ver el amuleto apresado fuertemente en la mano del piloto-¿Realmente crees que tus amuletos podrían protegerte de mí? ¿Su Dios protegería a tus compañeros?
El piloto fue incapaz de decir una palabra, sólo atinó a tragar grueso.
-Tal vez sí, tal vez no. Regresaré en dos horas. Que esté listo el avión.
La voz de Shun, casi un susurro no expresó ninguna emoción. Él lo sabía, pero en ese momento no se preocupaba por parecer amable, cariñoso o hasta estúpido, estaba demasiado molesto y tampoco se preocupó por borrar el miedo en el corazón de los presentes que ahora lo veían perderse en la distancia.
-El consejo y sus aires de superioridad. Recopilar información, ¿eh? Yo les daré su información.- dijo Shun para sí mismo.
Siguió caminando, pero aún podía oler a la tripulación. Apestaban a miedo, como ovejas que se agrupan en medio de la oscuridad porque saben que por allí anda un lobo al acecho, no lo ven pero lo sienten.
Igual que ellas, aquellos humanos apestaban a miedo ya que, aunque no pudieran ver al asesino que se escondía detrás de la impactante belleza, algo en sus cuerpos les gritaba que corrían grave peligro.
Para él, que generalmente amaba a la humanidad, en ese momento no le importaba en lo más mínimo lo que ellos sintieran y fueron inteligentes al no cruzarse en su camino. Al menos había que darles eso, aunque por otro lado podían estar demasiado aterrados como para poder moverse. Prueba de eso la daba el piloto.
Cualquiera que fuera la razón debían agradecer el hecho de estar vivos. La muerte les acababa de pasar por un lado, literalmente.
Cuando se supo lo suficientemente lejos de la tripulación, Shun empezó a correr aumentando la velocidad con cada segundo hasta que cualquier pobre humano que lo viese sólo captaría un destello negro. No iría en el helicóptero, puesto que tardaría demasiado. Él, siendo el vampiro que era, podía alcanzar velocidades supersónicas, las cuales eran mayores a 350 metros por segundo, es decir, Shun podía correr a más de 1200km por hora, tal era su poder.
Llegó hasta Alandino en menos de una hora, se ubicó en el centro del Parque Nacional Bayanaul, en un pequeño bosque donde calculó que podría sentir al vampiro sin intervención de ningún extraño. Se dispuso a trabajar cuando su celular sonó. Miró la pantalla, no quería contestar, pero suspiró derrotado sabiendo que sería imposible no hacerlo. Aún si Hyoga dejaba de llamar, Shun le devolvería la llamada inmediatamente.
-Por favor, no digas nada para tratar de calmarme, realmente quiero drenar esto y si me hablas con suavidad no voy a poder hacerlo- dijo Shun.
-…Está bien, si me cuentas que pasó-dijo Hyoga.
-Hay un vampiro de clase 4 aquí, ya me iba cuando el consejo se atrevió a ordenarme, alegando que no he terminado el trabajo. Me tuvieron tres horas esperando como un idiota antes de decirme que no podía irme.
Hyoga, quien había estado durmiendo, despertó súbitamente debido a la descarga de ira que supo inmediatamente no le pertenecía a él. Ahora, volvía a sentir como con cada palabra del peliverde la ira volvía a arremolinarse dentro de él como un rio de lava apunto de emerger a la superficie. Al escuchar las razones de la rabia de Shun, no pudo evitar hacer suya esa furia, sobre todo porque eso significaba que pasarían más tiempo separados.
-Me encargaré de que eso no pase. En dos horas saldré de este lugar- dijo Shun, leyendo sus pensamientos.
Hyoga entendió el trasfondo de esas palabras.
-No vas en calidad de negociante, ¿Cierto?
El silencio de Shun fue la confirmación que el rubio necesitaba. Entendió que no estaba hablando con el peliverde, el chico dulce y amable de siempre, sino con el asesino dentro de él.
-Entiendo. Te veré en la noche entonces
Shun se mantuvo en silencio.
-Oye…-dijo Hyoga.
El rubio no terminó la oración, pero Shun supo exactamente lo que quería decir.
-Y yo a ti. Te llamaré a lo que termine- dijo Shun.
Luego, colgó el celular.
En Japón, en la sala del pequeño departamento de Sora, Hyoga seguía sin moverse, mirando a ningún punto en específico, con el celular aun pegado al oído y sintiendo un tornado de emociones en su pecho. Estaba molesto por la rabia de Shun, abatido por pasar aun más tiempo sin él, ansioso porque pasaran las horas de una buena vez, preocupado porque conocía el estado en el que regresaría y feliz por lo último que el peliverde le dijo y por el hecho de que, de nuevo, se había revelado al consejo.
El olor de la morena lo regresó al departamento. Hyoga se apartó del celular y sonrió.
-Buenas tardes. ¿Acabas de levantarte?- dijo él.
-No, ya tenía rato aquí pero cuando hablas con él no miras a nadie más- dijo ella, sonriendo.
-Claro, nadie más merece tanto mi atención - dijo Hyoga, encogiendose de hombros.
-hummm…
-¿Qué?- preguntó Hyoga.
-Volviste a hacerlo- dijo Sora.
-¿Qué cosa?
-Cuando no estás hablando con él, tu actitud es de orgullo y arrogancia, pero cuando sí lo haces, tú mirada cambia, se vuelve…cálida. Ahora que colgaste y dejaste de pensar en él, regresaron esos ojos fríos.
Ambos se quedaron callados, mientras se estudiaban.
-Eres muy detallista- dijo él, manteniendo un semblante serio… frío, tal como ella había dicho.
Sora se encogió de hombros. La mirada del rubio estaba empezando a hacerla sentir pequeña y demasiado indefensa. Pensó que tal vez no debía olvidar con quien estaba hablando, que aquel hombre, por más hermoso que fuera, no era humano.
-No sólo no soy humano, sino que soy muy peligroso, no tienes idea de cuánto. No lo olvides- dijo Hyoga.
Sora asintió, sin poder decir nada. Ambos se mantuvieron en silencio hasta que el estómago de la morena reclamó, haciéndola sonrojar, mientras el rubio se reía.
-Se me olvida que sólo eres humana, necesitas comer más seguido que yo- Dijo él.
-¿Sólo soy humana? ¿Qué no fue esta pobre humana la que te alimentó?- preguntó Sora, enarcando una ceja.
-Eso, preciosa fue un regalo para ti, ya que estabas tan deseosa que accedí a beber tu sangre, pero, de hecho, fue sólo un "bocadillo". Necesito mucha más cantidad que esa para decir que me alimenté.
Sora volvió a enarcar una ceja. Vampiro Idiota. Hyoga se echó a reír y ella se volteó dispuesta a buscar qué comer en la cocina, mientras trataba de ignorar lo más dignamente que pudo la risa burlona del vampiro.
Mientras tanto, en Rusia, Shun acomodó la pequeña cámara encendida en un árbol y se paró en el centro de un claro del bosque donde había espacio suficiente para pelear contra el vampiro. Se concentró lo suficiente como para sentir una pequeña energía a pocos kilómetros de donde se encontraba. Frunció el ceño en confusión.
-Es demasiado pequeña para ser un vampiro de clase 4- pensó Shun.
Luego, sonrió.
-Parece que esto raya en lo aburrido. Bueno, no tengo tiempo para perseguirte así que ¿por qué mejor no vienes tu a mi?- dijo Shun, elevando su poder, cubriendo su cuerpo con un aura dorada.
Levantó las manos, de cada uno de sus dedos salían miles pequeñas gotas de sangre que rápidamente salieron disparadas y cayeron una en cada árbol del bosque. No había sangre vampírica en el mundo que fuera más deliciosa que la de él, excepto tal vez la de aquellos dos, sus creadores. Ningún vampiro en el mundo se resistiría a ese olor y era justo lo que necesitaba Shun en ese instante: que el ratón viniera por el queso, así el gato sólo tenía que esperar.
