Noche. 08
-He llevado esto demasiado lejos- pensó Shun
El peliverde se levantó y resistiendo el ardor corrió y llegó hasta la mujer antes de que ella pudiera esquivarlo. Él era al menos tres veces más rápido que ella y ahora estaba usando absolutamente todo su poder para destruirla por lo que desde el instante en el que puso sus manos alrededor del cuello, la vampiresa estuvo condenada.
Shun la elevó en el aire con las manos mientras ella luchaba por recuperar el aire y soltarse, y al mismo tiempo tratar de prenderle fuego a su adversario, pero éste era demasiado fuerte para ella.
-No te quedan más de dos minutos de vida y no me interesa preguntarte nada, cualquier información que tengas que la diga tu sangre.
Luego, Shun apretó el cuello de la mujer hasta hacerla sangrar, sacó el pequeño aparato de su abrigo que era una pipeta de laboratorio donde guardó una pequeña muestra de su sangre, luego guardó la pipeta, bajó a la anciana y la colocó de espaldas a él, pegada a su pecho. La mujer seguía forcejeando salvajemente u muchos codazos golpearon el pecho de Shun pero todos sus intentos fueron inútiles.
Dos segundos le tomó al peliverde partirle el cuello a la vampiresa y dejarla en el suelo inerte.
Pasaron varios segundos hasta que Shun volvió a la realidad, el dolor de las heridas del pecho le hicieron temblar y caer al suelo. Estaba cansado, lleno de tierra y adolorido, no sólo por los arañazos sino también por el ardor en la piel. Se abrió la camisa o lo que quedaba de ella y examinó la herida. Cuatro cortes muy profundos surcaban su pecho desde el hombro derecho hasta la cintura en el lado izquierdo. A parte tenía varios rosetones en todo el cuerpo producto de la quemazón.
-No se están curando. Tengo demasiado tiempo sin beber sangre, no van a curarse hasta que lo haga.
Aun así, el hecho de que sus heridas no se cerraran era lo que menos le preocupaba; ahora lo más importante, y como de hecho siempre lo había sido, era Hyoga. Sacó el celular de su bolsillo y marcó el número.
-Por favor, déjala que atienda ella.-rogó Shun
En Japón, Hyoga seguía jadeando, pero ya no ardía en fiebre como Sora acababa de comprobar. Sin embargo, seguía muy asustada y no tenía ni idea de lo que debía hacer, pero respiró de alivio cuando el celular del rubio sonó: quien fuera le rogaría que viniera a verlo. Metió la mano en el bolsillo del pantalón del rubio, sacó el pequeño aparato y vio el nombre titilando.
-Shun- dijo Sora.
Sabía que Shun no estaba en Japón, pero al menos él sabría qué hacer. Hyoga seguía como en trance, aún con las manos en la cabeza y jadeando.
-¿¿Sí…diga??- balbuceó la morena.
-Sora- dijo Shun, aliviado.
-¡Sí, sí, soy yo, por favor dime qué hago, yo, yo…creo que le duele algo, pero no sé, no sé qué hacer!
Shun notó que Sora estaba a punto de quebrarse así que usó todo su poder para transmitirlo a través de su voz.
-Cálmate, no digas nada y escucha lo que te voy a decir- ordenó Shun.
Sora se quedó callada inmediatamente, la voz de Shun sonó aun más imponente que la de Hyoga.
-Hyoga va a estar bien, sólo tienes que llevarlo a algún sitio donde pueda recostarse, yo haré que duerma, no llames a nadie porque ningún médico servirá y no le entregues el teléfono, mantenlo contigo todo el tiempo. Yo voy para allá inmediatamente, ¿entendiste?
-Sí, entiendo.
-Bien, ahora deja el celular a un lado y levanta a Hyoga, llévalo a donde consideres que estará más cómodo.
-¿Pero, cómo hago eso? ¡Es más pesado que yo y parece como en trance!
-Te ayudaré desde aquí, tú sólo deja el celular e intenta levantarlo.
Sora no entendió cómo Shun podría ayudarla estando a tantos kilómetros de distancia pero obedeció, dejó el celular en la mesa de la computadora y tomó a Hyoga del brazo.
En Rusia, en medio del bosque y los cadáveres estaba Shun concentrando al máximo su poder en aislar la mente de Hyoga de la realidad en la que estaba, evitándole el dolor y obligándolo a concentrarse sólo en su voz para que no opusiera resistencia.
Sora tomó a Hyoga del brazo y al ver que éste no hacía nada, hizo un esfuerzo para levantarlo y se llevó la sorpresa de su vida cuando sintió el cuerpo del rubio más ligero que una pluma.
Poco a poco lo llevó hasta su cama y lo recostó, luego salió corriendo hasta el estudio, tomó el celular y se lo pegó de nuevo al oído.
-Ya, ¿ahora qué hago?- preguntó ella.
-Tú nada, sólo quédate con él, por favor, no lo dejes solo. Haré que duerma, estará bien hasta que yo llegue.
-Tú…vendrás ¿no?
-Sí, iré, tranquila.
Luego, colgó. Las heridas le dolían desesperadamente, pero no debía pensar en eso. Todavía tenía que hacer dormir al rubio así que hizo un esfuerzo, sabiendo que mermaría aun más sus fuerzas y con su poder sumió a Hyoga en un profundo sueño.
Se levantó y concentró su poder empleando una presión de aire lo suficientemente grande como para hundir la tierra donde su sangre había caído, colocando sobre ella todos los cadáveres y muchos árboles que ahora estaban arrancados de raíz. Llamó a los bomberos, dio la localización del bosque y avisó de un incendio en éste.
Después de colgar con el departamento de bomberos utilizó su poder una vez más para incendiar la pila de cuerpos de forma que no quedaran más que las cenizas mezcladas con los restos del bosque.
Luego, Shun se levantó, recogió la cámara, revisó la grabación y corrió de nuevo, a más de 1200km por hora. A pesar de lo cansado que estaba llevó su cuerpo al máximo para llegar lo más pronto posible al avión.
Dentro de la nave, los tripulantes aun se mantenían sentados, esperando órdenes del piloto. Todos estaban nerviosos excepto por Kirei, ella se mantenía sentada, con los brazos y piernas cruzadas, mirando por la ventana, como esperando.
Después de varios minutos sin moverse la azafata se levantó de golpe al ver a Shun llegar y por primera vez lo vio sujetarse de la baranda de la escalera del avión. Abrió la compuerta de la nave y bajó las escaleras; Shun levantó el rostro y la miró, no había un sólo rastro de miedo en los ojos verdes de la chica, sólo una profunda e irrevocable decisión.
-Déjame ayudarte- dijo ella, tomándolo del brazo.
Shun frunció el ceño, extrañado por la actitud de la chica, él pensó que encontraría una sesión de histeria masiva en el avión o peor aún, que no encontraría absolutamente nada, que la tripulación habría salido despavorida abandonando la nave y él tendría que volar el avión solo. Sin embargo, la actitud de la pelinegra lo agarró desprevenido. Aun así no lo pensó más y aceptó la ayuda de la chica, no debía pasar un minuto más en ese pueblo para que llegara otro vampiro decidido a joderle la salida.
-Dile al piloto que nos vamos ya- ordenó Shun, mientras subían las escaleras.
Kirei obedeció y transmitió la orden al piloto, mientras Shun entraba a la pequeña habitación que tenía el avión privado de la Fundación. Luego, el peliverde se sentó al borde de la cama mientras la chica entraba con una unidad de sangre. El olor llamó la atención de Shun inmediatamente y frunció el ceño confundido.
-¿Quién eres tú?- preguntó.
-Trabajo con ustedes, específicamente para estos casos. El resto de la tripulación no sabe nada sobre quien soy realmente. Estoy aquí para ayudarte. Con respecto a lo que paso antes, no te preocupes, no se percataron de lo que pasó y no tienen cómo explicar el extraño miedo que sintieron- dijo Kirei.
-No opino lo mismo con respecto al piloto.
-Es gitano, descendiente de cazadores de vampiros, le diste un susto de muerte- dijo la chica.
-Lo sé. ¿Ahora sí me tuteas?, ¿sabes lo que soy y me tuteas?- dijo Shun, riendo.
-Siempre lo supe, eso era un fachada- dijo la chica, sonriendo- Ahora déjame revisarte por favor, no soy médico y no he visto otras heridas de vampiros, pero quizá pueda hacer algo, ¿cuántas unidades necesitarás?
-Esa sangre no va a cerrar las heridas pero me ayudará un poco, dame esa nada más.
-Bien, déjame revisarte.
Kirei vertió la sangre en un vaso y Shun se la tomó mientras ella le quitaba el abrigo y la camisa. No pudo evitar pegar un brinco del susto y llevarse la mano a la boca cuando vio la gravedad de las heridas y la manera en qué sangraban.
-Tranquila, va a empezar a verse un poco mejor ahora- dijo Shun.
Kirei observó con detalle cómo las heridas comenzaba a dejar de sangrar pero no se venían mucho mejor que antes. La chica se levantó, buscó el equipo médico y regresó, tomó unas toallas limpias del baño, las mojó en agua fresca y se acercó hasta Shun.
-¿Puedo?- preguntó ella, pidiendo permiso para limpiar las heridas.
Shun sonrió y asintió. Ella se acercó poco a poco y colocó la toalla en el pecho desnudo y ensangrentado del peliverde. Éste no se movió, ella esperaba que hiciera alguna mueca de dolor, pero no nada pasó.
Entonces, Kirei comenzó a limpiar la herida mientras Shun se dedicó a detallar el rostro de la muchacha. Era realmente hermosa, de facciones finas, labios sonrosados, cabello negro, liso y largo hasta la cintura, ojos verdes como los suyos.
Kirei sintió el peso de esos ojos concentrados por primera vez en ella, le fue imposible no levantar la mirada hacia ellos. Craso Error. Inmediatamente quedó atrapada en la mirada del peliverde, perdió completamente el hilo de sus pensamientos y sintió como su sangre hervía bajo su piel. Shun sonrió al escuchar el latido salvaje del corazón de la pelinegra y vio como sus mejillas se sonrojaban a más no poder.
Verla tan delicada le provocó mucha ternura así que levantó la mano y acarició su mejilla con las yemas de sus dedos. La textura le llamó profundamente la atención.
-Tu piel es muy suave- dijo él, frunciendo el ceño.
Kirei sólo cerró los ojos y se entregó a la caricia, cerró los ojos para poder disfrutarla al máximo. Shun, por su parte también, olvidó el dolor de las heridas. Pocos humanos habían logrado llamar su atención tanto como esa chica acababa de hacerlo. Sonrió al darse cuenta de la curiosidad que le causaba aquella muchacha, sentir su delicadeza bajo sus dedos era algo nuevo para él, estaba demasiado acostumbrado a la fuerza de Hyoga, nunca se había preocupado por sentir a un humano de aquella manera, sólo para alimentarse. Le alegró saber que ella no parecía negarse a sus caricias así que continuó bajando la mano lentamente desde su cuello hasta su pecho, ahí sintió las mínimas vibraciones que hacía su corazón al golpear contra su pecho. De pronto, una fuerte turbulencia sacudió el avión haciendo que Kirei se cayera hacia atrás pero Shun, como era normal en un vampiro, tenía excelentes reflejos y tomó a la chica de la cintura y la apretó contra su cuerpo, cuando el avión se sacudió de nuevo, tumbándolos al suelo y al peliverde no le quedó otra opción que girarse de forma que Kirei cayó sobre él. Esta vez la chica si vio una pequeña mueca de dolor en el rostro del vampiro.
-Tal vez debería pilotear yo el avión- dijo Shun.
El pequeño chiste del peliverde hizo reír a Kirei. Luego, él la tomó entre sus brazos, la apretó contra su pecho y se levantó cargando con el peso de la chica. Ella se sorprendió al ver como la alzaba, estando en una posición tan incómoda, como si no pesara más que unos gramos. Cuando ya estuvieron de pie él la mantuvo cerca de su pecho mientras el avión dejaba de moverse erráticamente. Después de unos segundos el movimiento de la nave se normalizó y Shun la soltó.
-Oh, disculpa, ensucié tu uniforme- dijo Shun.
Kirei bajó la mirada y vio unas finas líneas rojas en su camisa blanca, lo que le recordó que las heridas de Shun estaban obviamente abiertas todavía, por lo que buscó inmediatamente el botiquín de primeros auxilios y sacó todas las vendas que había para cubrir los profundos cortes que surcaban el pecho perfecto del peliverde.
-No sé si te cubran lo suficiente, tienes la espalda ancha- dijo ella.
La sonrisa sexy y confiada de Shun la hizo sonrojarse.
-Está bien, sólo tienen que resistir hasta que llegue a Japón- dijo Shun.
Ella empezó a cubrir las heridas vendando poco a poco el pecho del vampiro, cuando se detuvo un instante al notar un enorme hematoma en su espalda.
Shun no dijo nada y ella continuó. En medio de su operación notó los pectorales y abdominales perfectamente marcados, los músculos duros y bien definidos, como cincelados, las venas que se marcaban en sus fuertes brazos, la perfecta línea que dividía su ancha espalda, su vientre plano...
Shun sonrió en su forma más pícara posible y miró hacia el otro lado, tratando de concederle alguna privacidad a la mente de la azafata, pero le era imposible ya que podía leerla como si fuera un libro abierto y todos los pensamientos de la chica estaban concentrados en su cuerpo perfecto.
Ella notó que Shun trataba de no reírse y pensó que era preferible no pensar más en él y tratar de concentrarse en otra cosa. Él vio venir la pregunta y contuvo más la risa.
-¿De qué te ríes?- preguntó.
-De nada- dijo él, aún mirando hacia el otro lado.
-Vamos, dime, ya te caí encima, creo que ya rompimos el hielo- dijo ella.
Ambos se echaron a reír, mientras ella continuaba vendándolo.
-Vamos, dime, no voy a desistir hasta que me digas.
-Está bien. Puedo leer tus pensamientos- dijo él, sin mirarla.
Tampoco pudo leer sus pensamientos porque de hecho no había nada en esa cabeza para leer, la chica estaba congelada en su sitio.
-No lo hago voluntad, esto no se apaga, por decirlo de alguna manera. Espero te sirva de algo.
Kirei seguía sin decir nada, mientras su rostro cambiaba de colores. Shun sonrió de nuevo, mientras se le ocurrió jugar con la muy avergonzada chica.
-Por cierto- dijo él, acercándose hasta su oído- gracias, nadie había detallado de esa manera mi cuerpo.
La voz sensual del vampiro hizo que se le erizara la piel de la espalda y los brazos.
-¿Qué es lo que te gusta más?, ¿abdominales perfectamente marcados, los músculos duros?, ¿el vientre plano? – continuó Shun, sonriendo coquetamente.
Ella se apartó rápidamente del peliverde, mientras éste le mostraba su sonrisa más pícara; parecía divertirse demasiado con Kirei.
-Yo-yo-yo…lo siento mucho, no-no quería- balbuceó ella.
-¿Mirarme? Como si fuera posible eso, no estás ciega, me parece. Está bien, no me molesta. Si tienes curiosidad por algún aspecto de mí, puedes preguntar, prometo que no responderé hasta que la pronuncies en voz alta, ¿está bien? Ahora, ¿terminarás de cuidarme?- preguntó Shun, sonriendo divertido.
Kirei sonrió y asintió. En realidad, no había nada más que pudiera hacer, Shun conocía absolutamente todos sus pensamientos. Él extendió la mano, ella lo tomó y se dedicó a examinarla. Su piel era un poco más áspera que la de hombre normal, su mano era grande y se le marcaban un par de venas. Luego ella se acercó hasta él y continuó poniéndole la ultima venda que quedaba.
-Eres muy fuerte, ¿verdad?-preguntó ella.
-Si- dijo Shun, encogiéndose de hombros.
-¿Por qué dijiste que la sangre que te traje no va a curarte?
-Sólo hay una sangre que puede curar mis heridas, las otras calman la sed. Esa sangre le pertenece a mi compañero y él está en Japón.
-mmm…entiendo.
-Te lo presentaré, ya verás- dijo Shun, sonriendo y cruzando los brazos frente al pecho ahora vendado.
-Listo- dijo ella, parándose de nuevo frente a él y examinando su obra- Creo que aguantarán.
Shun le dedicó una sonrisa dulce. De pronto, frunció el ceño pensando en lo que se le acababa de ocurrir.
-¿Me pregunto…?- dijo él, más para sí mismo que para la chica.
Ella lo miró confundida cuando lo vio acercarse nuevamente hasta estar a escasos centímetros de distancia.
La penetrante mirada del peliverde la dejó, con o sin intención, sembrada en el suelo, sin poder mover un sólo músculo mientras él rozaba suavemente los labios de la pelinegra con la punta de los dedos.
-¿Puedo robarte un beso?, o mejor dicho, ¿regalarte uno en agradecimiento por tus cuidados?- preguntó él.
De nuevo, Kirei estaba petrificada. Shun no necesitó una confirmación en voz alta, su cuerpo le gritaba la respuesta. Tal vez ni siquiera la estaba buscando y sólo preguntaba por educación pues pronto entendió que se adueñaría de esos labios tanto si le daba ella el permiso como si no. Por un instante sintió remordimientos, ya que a fin de cuentas, sólo jugaba con la comida.
Cortó la escasa distancia que quedaba entre ellos y rozó suavemente los labios de Kirei con los suyos. Luego, hizo oficial el beso cuando tocó primero el labio inferior de la chica y luego el superior. Ella reaccionó, no sólo se dejó besar por él sino que además rodeó su cuello con sus brazos acercándolo aun más, mientras él la tomaba por la cintura estrechándola de nuevo contra su cuerpo. Fue cuando se dio cuenta de que estaban llegando demasiado lejos y él no estaba en condiciones de continuar, estaba herido, los cortes estaban abiertos y peor aún, él tenía mucha hambre y no quería beber de ella a menos que se lo permitiera. De alguna forma, ahora ella le pertenecía y eso le hacía respetarla. Además, no era más que "comida" para él.
Continuó besándola, poco a poco soltó el amarre que ella le tenía, tomó su rostro entre sus manos y le habló al oído mientras la hundió en el sueño.
-Perdóname, pero no quiero lastimarte. Duerme.
Él la tomó en brazos, acomodó la ropa de la chica y la arropó con la sabana de la cama para luego sentarse en el suelo con la espada apoyada en el borde. Las heridas comenzaban a asomarse en cuatro finas líneas rojas. Suspiró y apoyó la cabeza en la cama.
-Esta chica no parece recordar que soy un vampiro-musitó.
Sin embargo, pasara lo que pasara, no alejaba de su mente al otro vampiro que yacía dormido en Japón. Arrugó el semblante cuando supo que tendría muchas cosas que explicarle que no trataban precisamente del episodio que acababa de cortar con Kirei. No, lo que tendría que explicar eran las terribles heridas que tenía. Shun decidió no pensar más en eso y tomó la laptop para disponerse a escribir su informe para la Fundación mientras el avión volaba hasta Japón.
