Nota: Hola, hola!! Disculpen la tardanza a los pocos que leen este fic, igual se les agradece muchísimo. Les escribo para advertirles que este capi tiene muy poco de yaoi y más de hetero. Podrá sonar extraño, pero no me gusta poner a los chicos demasiado gay y por eso los coloco en este ambiente vampírico. Eso significa que este capi contiene escenas explicitas así que si a alguno de ustedes no les gusta este tipo de escena hetero, absténgase de leer y por si lo esperan, viene un lemon (yaoi, por supuesto) por ahí, así que si manténganse en sintonía ;) .
Noche 09. Incubo.
Un par de horas después, mientras Kirei dormía, Shun repasó el informe, escribió los últimos detalles, lo guardó en un USB y cerró la tapa de la laptop.
Luego, se levantó y caminó hasta un sillón cercano, cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás; podía escuchar la respiración suave de la chica. Sonrió, se dispuso a levantarse y a acompañarla en su sueño cuando su celular sonó, miró la pantalla y atendió rápidamente.
-Sora, ¿Pasa al…?
-No es Sora.
Shun tragó grueso. La voz ronca, imponente y demandante no era, en definitiva la de Sora.
No esperaba que el rubio despertara tan pronto. Esa era una prueba segura de que estaba realmente debilitado; las heridas abiertas, todos los poderes empleados en la pelea, los días sin comer y usar un poder a 7,501kilómetros de distancia era la peor de las combinaciones.
-Ah, Hyoga, despertaste- dijo Shun, rascándose la cabeza.
-Evidentemente.
En Japón, Sora estaba sentada en el sofá con los brazos cruzados y cabizbaja. Había hecho todo lo posible por acatar la orden de Shun de mantener el celular consigo pero ¿qué podía hacer contra un vampiro de 1.92 de estatura, unos 102kg de puro músculo y un muy mal despertar?
Mientras tanto, en el avión, el único vampiro que no tenía número, aquel ser que aterrorizó a los tripulantes, enamoró a la azafata y masacró fríamente a un ejército y un vampiro de nivel 4, ese vampiro tan poderoso parecía encogerse poco a poco en su asiento. El rubio lo agarró totalmente desprevenido, ¿Cómo era que no se había dado cuenta de que él había despertado?, era imposible, aún en la distancia su conexión era sólida. Fue cuando Shun se dio cuenta de que había demasiado silencio. Se mordió el labio inferior, y frunció el ceño: Hyoga había cerrado su mente a él y eso no hizo otra cosa que hundirlo aún más.
-Supongo que vienes en camino- dijo Hyoga.
-Sí.
Hyoga cerró los ojos, trató de calmar su disgusto, pero le fue imposible.
-Me pusiste a dormir, como si fuera un niño pequeño- dijo Hyoga, ahogado de rabia- Sabes perfectamente lo que me molesta eso. ¡Aparte de todo no destruiste a esa mujer inmediatamente sino que te diste el lujo de tardarte todo lo que te dio la gana!
Shun no dijo nada. Hyoga tenía toda la razón. El silencio del peliverde encogía el corazón de Hyoga. Cuando despertó lo primero que sintió fue un pequeño escozor en la piel y supo inmediatamente lo que Shun había hecho para evitar que él saliera mas lastimado. No le gustaba cuando él hacía eso, tratar de protegerlo como si fuera un niño o peor aún, como si fuera débil. Hyoga se debatía entre expresarle su molestia o su preocupación cuando lo llamara, pero cuando buscó el celular y no lo encontró, fue en busca de Sora y ésta se negó débilmente a devolvérselo. Fue cuando leyó en su mente la orden que Shun le había dado y se decidió por la molestia. Ahora el silencio y la actitud sumisa del peliverde lo obligaban a debatirse de nuevo entre preguntar o sólo regañar. Aún así, por más molesto que Hyoga estuviese con él le era imposible no preocuparse.
-Al menos puedo asumir que estas bien, ¿no?
Shun tragó grueso de nuevo. Esperaba que Hyoga estuviese lo suficientemente molesto como para no preguntar.
-Bueno…eso de estar bien es relativo, ¿sabes?
-¡¡Maldita sea, Shun!!...
Lo siguiente que Hyoga dijo fue una larga cadena de maldiciones en ruso que hundieron a Shun aún más en el asiento, de ser posible. En Japón, Sora sintió como comenzaba a enfriarse el aire y agradeció no entender ni una pizca de lo que Hyoga decía.
-¡¿Qué rayos te pasó?!- preguntó Hyoga, regresando al japonés.
-Me descuidé y me hirió pero resulta que tenía ayuda aquí en el avión.
-¿Qué significa eso?
-Una de las azafatas es un "doble agente". Está aquí para ayudarme, tiene unidades de sangre y todo.
-Tu poder está disminuido, lo suficiente como para que no puedas usarlo a tanta distancia, así que la sangre no debe haber arreglado todo el desastre que dejaste que pasara.
Shun frunció el ceño y se mantuvo en silencio. A Hyoga jamás se le escapaba nada.
-¿En cuánto tiempo estarás aquí?
-En una 4 o 5 horas, supongo.
-Entiendo.
-Oye, y tú… ¿estás bien?
-¿Qué no dijiste que el estar bien es relativo?
Shun no dijo nada, Hyoga tampoco. Ambas miradas permanecían ahora enfocadas a ningún punto en específico, ambos rostros apretaban su mandíbula, ninguno expresaba sus emociones, uno preocupación, el otro pesar.
-Estaré en casa pronto.
-Más te vale.
Ambos colgaron al mismo tiempo. Shun se quedó sentado, mirando el aparato que tenía en la mano, estaba pensativo y distraído. Suspiró y recostó la cabeza en el espaldar del sillón, quedó en la posición perfecta para mirar la figura de la azafata dormida en su cama. Sonrió, tendría problemas a lo que llegara a Japón, pero eso sería después.
Mientras tanto, en el departamento de Sora, el rubio también se quedaba mirando al aparato, para luego sentarse en el sillón individual que estaba frente a la morena. Cruzó los brazos en el pecho, cerró los ojos y empezó a respirar lentamente. Sora notó como el aire se enfrió aún más, podía ver la neblina y su piel se erizó por el frío. Empezó a temblar ligeramente, pero no se movió de su sitio y cuando miró a Hyoga éste también permanecía en la misma posición. De pronto, los adornos de la sala comenzaron a temblar ligeramente. Ella fijó la vista en el rubio de nuevo, pero éste seguía inmóvil, casi como una estatua, su respiración pasaba casi desapercibida, ella sólo podía ver un muy ligero sube y baja de su pecho, pero podría jurar que Hyoga no estaba respirando. Después de varios segundos la neblina desapareció, los adornos dejaron de moverse y ruso respiró profundamente.
La morena lo clasificó como una descarga de furia y decidió que no tenía intenciones de mover un sólo músculo o de cruzarse en su camino y ser el motivo de otro alud de lo que ella suponía eran maldiciones. Luego, Hyoga abrió los ojos y ella pegó un pequeño brinco en su asiento. La verdad era que el rubio, estando molesto le causaba mucho miedo, no lo conocía lo suficiente, si quisiera descargarse con ella, no podría hacer absolutamente nada para evitarlo, su fuerza era ridícula en comparación con la de él.
-No voy a lastimarte, no pienses tonterías- dijo Hyoga.
Su semblante era duro, serio, inescrutable. No demostraba la más mínima emoción y eso frustraba a Sora tanto como la atraía. Sus ojos azules, su mirada gélida, su masculinidad y su actitud de "me vale madre todo" le resultaban desquiciantemente atractiva.
Una media sonrisa apareció en el rostro de Hyoga, que seguía exactamente en la misma posición.
-Te gusto- dijo él.
Un tenue rubor apareció en las mejillas bronceadas de la joven y sonrió. Eso también le gustaba, su chocante honestidad, su atrevimiento.
-Verás que no son precisamente tus habilidades vampíricas lo que me llama la atención de ti- dijo ella.
Hyoga asintió lentamente.
-Y eso es precisamente lo que me llama la atención de ti. ¿Será que no tienes instinto de conservación?
Sora sonrió ampliamente. El detalló su rostro: cómo se marcaban sus pómulos, sus labios rozados y el cabello que caía en bucles más debajo de sus hombros. Notó que aún a pesar de que él la había dejado en evidencia de nuevo, ella ahora parecía sorprendentemente tranquila.
-¿Quien te dice que no voy a lastimarte?
-Nadie. En realidad no puedo asegurar que no vas a hacerlo. Estoy aquí sola, nadie sabe qué estás conmigo, eres cien veces más rápido que yo y ni hablar de la fuerza. De querer matarme puedes hacerlo cuando quieras.
-¿Y por qué no tienes miedo?
-He tenido miedo, lo sabes. Tú debes oler el miedo.
¿Cómo se le ocurría hacer semejante pregunta?, si ya estaba más que claro que Hyoga alteraba la paz de espíritu de Sora.
-No. De hecho me has confundido. En realidad si tienes miedo, pero debajo de eso- dijo Hyoga, acercándose a ella lentamente-hay otra cosa, otra emoción. Eso también olerlo.
Sora quedó atrapada entre el espaldar del mueble y el rubio quien se acercó hasta quedar sentado en la pequeña mesa de la sala. Ahora él tocaba su mejilla suevamente con el dorso de su mano como reconociendo su rostro. Casi inmediatamente escuchó el repiqueteo acelerado del corazón de la morena y vio sus pechos subir y bajar lentamente.
-No…entiendo…-dijo ella.
-Qué te gusta. El saber que corres peligro a mi lado, eso te gusta. Me cercanía a tu cuerpo, cada vez que te toco…como ahora. Eso es lo que huelo.
Sora sonrió. Como siempre, suspiró derrotada ya que era imposible ocultarle a algo a Hyoga. Luego, él bajó el rostro y se dedicó a observar el cuerpo de la morena. Tenía una falda algo corta que dejaba ver sus largas y perfectas piernas, su piel lo invitaba a tocarla, y así lo hizo, puso los dedos sobre sus rodillas y lentamente acarició el muslo de la chica hasta llegar al borde la falda. Un pequeño gemido llegó hasta sus oídos y lo obligó a cerrar los ojos. Sonrió divertido, los gemidos de esa chica en particular lo enloquecían. Levantó el rostro y la miró, ella le devolvía la mirada entre divertida y excitada.
-Tú has conocido parte de mi cuerpo- dijo ella- pero yo no conozco el tuyo. Pareces…tan inalcanzable, tan prohibido.
Una media sonrisa altanera y orgullosa apareció en el rostro del ruso.
-Soy inalcanzable para cualquier ser de la tierra que no sea Shun. Pero, puedes tocarme cuando yo lo decida.
Sora sonrió. Era de esperarse, su entrega a Shun era imposible de negar y arrogancia mucho menos.
Mientras tanto en el avión mientras Shun miraba distraído por la ventana Kirei despertó sobresaltada captando la atención del peliverde.
-¿Estás bien?- preguntó.
-Yo…
Kirei no se atrevía preguntar qué había pasado después de lo último que ella recordaba. Estaba segura de que heriría su orgullo vampírico. Shun sonrió, se levantó del sillón y caminó hasta sentarse en la cama al lado de la chica.
-No pasó nada. No quería ponerte en peligro, con el hambre que tengo puedo hacerte daño y no quiero lastimarte. Discúlpame, por favor.
El tono dulce de la voz de Shun enterneció a Kirei. Le costaba pensar que aquel ser terrorífico que bajó las escaleras unas horas atrás fuera el mismo chico dulce que le pedía disculpas sinceramente ahora.
-¿Me pides disculpas por no querer lastimarme?, ¿Estas bromeando?- preguntó Kirei, sonriendo.
-No- dijo Shun, sonriendo-Te pido disculpas por no saber de qué otra manera interrumpir lo que estaba pasando. Fue lo primero que se me ocurrió, si te soy sincero creo que de haberte dejado despierta no habría podido detenerme.
-¿Debo tomar eso como un halago?- preguntó Kirei, sonrojándose mientras sonreía.
Shun la miró detenidamente. El tono rosa de sus mejillas lo excitaba poderosamente, no sólo porque la hacía ver más deliciosa, sino porque eso era un signo claro que de su corazón latía más deprisa, bombeando la sangre, haciendo que corriera más rápido por las venas de la joven y provocando que el olor en la habitación se intensificara. Shun cerró los ojos y miró hacia otro lado, sentía como se le hacía agua la boca con el olor de la sangre de Kirei.
-Me la estas poniendo difícil- dijo Shun.
-No bebiste mi sangre, ¿por qué?
La pregunta hizo que Shun volteara a verla de verla de nuevo, especialmente porque acababa de percibir el tono de voz de Kirei: no le estaba preguntando, le estaba reprochando.
-Porque no quería hacerlo sin tu permiso. Técnicamente cualquier humano no es otra cosa que comida para mí, pero por alguna razón tú me agradas y no quiero que pienses que sólo quería alimentarme de ti. Además, como te dije, no va a cerrar las heridas.
-Pero sí te ayudará a que dejes de sangrar ¿verdad?
Shun bajó el rostro y vio que sus heridas se marcaban un poco más en el vendaje blanco. De pronto, el peliverde abrió mucho los ojos sorprendido por lo que estaba pensando Kirei. Ella acababa de recordar que había otra manera para alimentar a los vampiros y esa era con energía.
-Ni siquiera lo digas- dijo Shun.
Kirei se quedó callada, pero siguió pensándolo.
En algunas culturas se relata que los vampiros tenían relaciones con doncellas, mujeres jóvenes y vírgenes para absorber su energía durante el coito, tal cual como hacía el Íncubo.
-¿Por qué estas pensando en eso?- preguntó Shun, atónito.
-¿Tú puedes hacer eso?- preguntó Kirei.
-Si puedo… pero ¿no entiendes que puedes salir lastimada?
-No tenemos que hacer…bueno…todo. Pero si puedes absorber parte de mi energía. Shun, entiende que quiero ayudarte, no quiero verte así, ¿Cuántas veces hemos viajado juntos? Es la primera vez que te veo lastimado, me da miedo- dijo ella tomando la mano del peliverde que tenía más cerca de ella.
-No estoy ni cerca de morir, esto fue un error.
-Por favor, Shun, yo confío en ti.
Shun se levantó de la cama y caminó. Luego, se volteó, analizó la mirada de Kirei, ella estaba absolutamente decidida a ayudarlo así fuera un poco. Él le tendió la mano y la sacó de la cama acercándola a su cuerpo.
-No tenemos que llegar hasta el final. Sólo tengo que hacer que tu sangre arda. Pero tienes que prometerme que cuando te diga algo me vas a obedecer- dijo él, sonriendo.
-De acuerdo. ¿Cómo vas a hacer eso?
De nuevo esa sonrisa pícara y sensual en el peliverde la paralizó. Se acercó hasta su oído mientras ella ponía las manos sobre su pecho vendado.
-Solo tengo que excitarte-le susurró.
Kirei sintió una oleada de calor subir por su espina dorsal. Cerró los ojos mientras sentía las manos de Shun sujetándola de la cintura.
-¿Algo así?- preguntó ella en un susurro.
-Algo así. Pero, tranquila que todavía te falta.
Kirei sintió como los fuertes brazos del vampiro se cerraban alrededor de ella, mientras sus manos se metían debajo de su camisa de seda y acariciaban su espalda provocándole pequeños escalofríos. Luego, poco a poco la guió hasta la cama, donde ambos se acostaron y ella se suspiró cuando sintió el peso de su cuerpo sobre el de ella, acomodándose entre sus piernas y levantando una de ellas para que le rodeara la cintura de nuevo, invitación que ella aceptó gustosa.
Luego, Shun bajó hasta su pecho donde abrió fácilmente la camisa y comenzó a besar suavemente el nacimiento de sus firmes pechos. Ella gimió aun más e inmediatamente el cuerpo del vampiro comenzó a absorber su energía. Siguió abriendo la camisa hasta que descubrió su abdomen plano el cual recorrió lentamente con sus labios. Con cada espasmo y gemido de Kirei Shun absorbía aun poco más de su energía, siempre teniendo cuidado de dejarla exhausta.
Luego, siguió bajando hasta que llegó a la falda del uniforme, la subió un poco hasta que descubrió sus muslos. El corazón de Kirei latía salvajemente, la cercanía del vampiro a su intimidad la enloquecían.
Mientras tanto, Shun fortaleció la conexión psíquica con Hyoga, encontrando que ya el rubio le había abierto su mente de nuevo. Sonrió y lo llamó mentalmente. En Japón, Hyoga escuchó el llamado del peliverde, volteó un poco el rostro al percibir el grado de excitación de su compañero y enarcó una ceja. Sonrió cuando vio perfectamente a la chica que lo acompañaba por medio de la mente de Shun. No la conocía, pero supo que el peliverde estaba alimentándose de su energía. Aprovechando que Sora estaba distraída preparando la computadora, él observó divertido la escena. Sabía exactamente lo que Shun sentía. Sabía que aún cuando estaba disfrutando con aquella joven no era ella quien lo enloquecía, no era ella a quien deseaba realmente.
Mientras tanto, en la habitación Shun comenzó a besar la cara interna del muslo de la chica, peligrosamente cerca de la unión entre ellos. Ella arqueó la espalda mientras gemía, sintiendo no sólo los labios de Shun acariciándola sino su energía abandonando su cuerpo. Aun así, la excitación no hacía más que aumentar, cada roce de sus labios, cada segundo que sentía sus manos tocándola su cuerpo clamaba por más contacto, más cercanía.
-Por favor, hazlo- pensó la chica.
Shun escuchó la suplica, vio la imagen en su mente y sonrió. Subió de nuevo hasta el cuello de Kirei y le habló al oído.
-Pídemelo... en voz alta- susurró.
Luego ella, en medio del trance en el que estaba, sonrió y se acercó hasta el oído del peliverde. Tal vez él podría ser un vampiro increíblemente atractivo, pero ella sabía algunas cosas sobre estas criaturas.
-¿Hueles mi sangre?, ¿La quieres?- preguntó ella, sensualmente.
La provocación de la presa. La voz sensual y la mirada provocativa de la joven enloquecieron a Shun, sus ojos se encendieron brevemente y atrapó los labios de Kirei besándola apasionadamente, mientras ella volvía a enredar las piernas alrededor de su cintura La voz ronca del peliverde gimiendo al lado de su oído fue demasiado para ella, se sintió mareada y cerró los ojos.
-Tómala-le dijo en el oído. Toma mi sangre.
Shun deseaba terriblemente la sangre de Kirei, estaba demasiado hambriento, pero le preocupaba la salud de la joven, sabía que no podría continuar por mucho más tiempo, sin importar cuán placentero pudiera ser el acto.
-Sólo era tu energía- dijo Shun.
El trataba de persuadirla, pero Kirei no estaba pensando, en ese momento era una criatura puramente instintiva.
-La quieres, lo sabes- dijo ella.
-Escúchame, Kirei-dijo él, tomando su rostro entre sus manos- cuenta cinco y luego pídeme que me detenga. Tienes que hacerlo, estarás en grave peligro, ¿Entiendes eso?
La pelinegra asintió. Shun no se hizo esperar y pasó la lengua suavemente por su cuello, para luego morderla justo por donde pasaba la vena cardíaca. Kirei sintió sus colmillos penetrándola, la sangre fluyendo libremente. Estaba totalmente absorbida por el poder del vampiro, el depredador que estaba alimentando con ella. La costó un esfuerzo descomunal pedirle que se detuviera.
-Por favor, detente- dijo ella por fin.
Inmediatamente, como si de una orden se tratara Shun se apartó de su cuello. Se pasó la lengua por los labios saboreando la sangre y sus ojos se encendieron de nuevo. Luego, él puso su frente sobre la de ella y colocó la mano sobre su pecho para tratar de calmar los salvajes latidos del corazón de Kirei.
-Si continuamos vas a morir y no quiero eso- dijo Shun- realmente me caes bien.
Ella sonrió de nuevo aceptando la orden del peliverde aún cuando su cuerpo seguía pidiendo a gritos que él lo tomara. Él sintió como ella temblaba de excitación.
-¿Qué clase de caballero seria si te dejo en esas condiciones?- dijo él, sonriendo.
Ella no tuvo tiempo de reaccionar cuando él la besó profundamente y puso la mano en su vientre. Ya tenía energía suficiente como para provocarle brusca descarga de toda la tensión sexual acumulada.
Uso su propia energía y su capacidad para extraer o insertar emociones en los humanos para provocarle una subida de energía lo suficientemente alta como para que Kirei arquera la espalda, se aferrara a su brazo y gimiera fuertemente. El quejido de la chica amenazó con descontrolarlo de nuevo, pero no debía avanzar más o ella estaría en grave peligro, había perdido mucha energía. La tomó entre sus brazos y se giró para quedar de espaldas a la cama y la recostó sobre su pecho. Ella aún respiraba con fuerza y tenía los ojos cerrados. Le sorprendió la cantidad de energía que tenia Kirei, había absorbido lo suficiente como para que se desmayara, pero ella sólo estaba cansada. El miró su pecho y vio que las vendas ya no se manchaban de sangre ni lo harían más hasta que llegara a Japón. Pronto ella se quedó dormida.
-¿Estás bien?- preguntó Hyoga.
Shun sonrió.
-Pregunta por ella, pobre niña, no sabe en lo que se estaba metiendo- dijo Shun.
-A mi me parece que está perfectamente-dijo Hyoga.
Shun se echó reír y luego se detuvo por medio a despertarla.
-Te extraño horrores, te esperaré en el departamento-dijo Hyoga.
El tono tierno de la voz ronca del rubio inspiró a Shun a preguntar, pero Hyoga lo paró en seco.
-Ni se te ocurra preguntar eso- dijo el rubio.
Shun volvió a sonreír y se mantuvo callado. Luego se quedó dormido junto a Kirei por lo que restaba del viaje. En Japón Hyoga suspiró aliviado, al menos sabia que la condición en la que estaba Shun, fuera cual fuera ya habría mejorado un poco. Se regañó mentalmente porque se suponía que debía seguir molesto con él, pero su preocupación, junto con el terrible deseo de abrazarlo y de tenerlo cerca de él era mayor. Aunado a eso, lo extrañaba terriblemente.
-Discúlpame, Sora pero no voy a poder trabajar contigo hoy- dijo Hyoga.
-¿Eh?, ¿Por qué?
-Tengo otra cosa que hacer. Te dejaré libre por hoy, no puedes estar todo el tiempo aquí encerrada. Regresaré mañana en la mañana.
-De acuerdo.
Luego Hyoga salió de la habitación y se dirigió hasta el departamento, se acostó en la cama y descansó mientras Shun llegaba.
