Nota: Holaaaaa! Heme aquí con un nuevo capi de nuestros bellos y preciosos vampiros. Les aviso que empieza con roces "yaoisticos" y habrá lemon hetero, así que espero lo disfruten. Y para las personas que se toman su tiempo para leer aunque no les guste el yaoi, tienen más profundo cariño y consideración. Sé que no es nada fácil leer algo que normalmente no leerías sólo porque la trama te gusta y el capi pasado lo ocupo casi todo el lemon, así que más de una se aguantó eso sólo para saber qué pasaba. Se los agradezco muchísimo, de corazón, así que estén pendientes porque al final de la semana volveré a actualizar para ustedes ^^. Se me cuidan! XD
Noche nº 11. El maravilloso, día siguiente….
No importa de qué manera Shun recordara haberse quedado dormido, siempre, sin excepción alguna, despertaba en la misma posición: recostado sobre el pecho de Hyoga y éste abrazándolo cariñosa y protectoramente. El olor del rubio, el aura fría y la suave piel lo despertaron. Aún sin abrir los ojos, sonrió.
Generalmente, Hyoga despertaba primero y lo acariciaba y abrazaba suavemente hasta sacarlo del sueño. Eso, cuando no se le ocurrían otras formas más excitantes de dar los buenos días.
Pero esta vez, el rubio estaba tan cansado que Shun despertó primero.
Al peliverde le encantaba adelantarse a Hyoga, ya que así podía despertarlo como a él se le antojara, y esta vez no sería la excepción.
Abrió los ojos y levantó el rostro, apoyando la barbilla en el pecho del rubio. Éste tenía el rostro ladeado y dormía apaciblemente, pero Shun sabía que no duraría mucho en aquel estado así que se acercó lentamente hasta el cuello del rubio y aspiró su aroma, ese magnífico olor que le encantaba, tan masculino y suave al mismo tiempo.
Y más allá, había un olor aun más delicioso. Pasó la lengua sobre la vena y lo mordió suavemente succionando sólo un poco de la sangre, lo necesario como para activar todos los sentidos del rubio, quien despertó inmediatamente gimiendo suavemente y sonriendo.
-Buenos días para ti también- dijo,volteando el rostro cuando Shun lo liberó.
Hyoga limpió la sangre de los labios del peliverde, pero éste se llevó los dedos del rubio a la boca y lamió la sangre en ellos, provocando una oleada de calor en su cuerpo.
Incapaz de contenerse, Hyoga atrapó los labios de Shun con los suyos, besándolo apasionada, casi salvajemente.
Luego el peliverde pasó la pierna hacia el otro lado y se acomodó sobre Hyoga mientras éste colocó los mechones verdes detrás de las orejas y tomó el rostro entre sus manos. Acarició sus mejillas con los pulgares y sonrió con dulzura.
-¿Qué pasa?- preguntó Shun, sonriendo.
-Es que anoche…durante los únicos, no sé, cinco segundos de cordura que tuve antes caer en la locura por tu culpa- dijo Hyoga, poniendo los ojos en blanco-creo recordar que te vi un poco pálido y cansado. Pero ya no estás así.
-¿Y cómo estoy?
Hyoga examinó el rostro y sonrió de nuevo.
-Bueno, tus labios están rosados, tus mejillas también y tu mirada está brillante. Mi diagnostico es: terriblemente hermoso, como siempre. Perfecto.
Ambos sonrieron y se besaron lenta y sensualmente.
-Dímelo- dijo Hyoga, mentalmente.
-Te amo- dijo Shun, susurrando.
Luego, Shun regresó al cuello del rubio y lo recorrió con pequeños besos bajando poco a poco hasta su pecho, arrancando pequeños y roncos gemidos de la garganta de su compañero.
-Te amo porque eres precioso…- dijo Shun, aún besando su pecho.
…orgulloso…-continuó bajando hasta su estómago.
…endiabladamente sexy-concluyó, alternando entre besos hasta llegar a su vientre.
Finalmente Shun siguió bajando hasta que se encontró con el ya endurecido miembro del rubio, el cual lamió una sola vez, encendiendo por completo cada centímetro de su cuerpo. Luego se lo llevó a la boca, hundiendo a Hyoga, de nuevo, en la espiral de la locura, ya que sabía que esta vez Shun tendría el mando.
Mientras tanto, en otro departamento unos profundos ojos azules miraban hacia el enorme ventanal, cuyo marco adornaba la vista de la torre de Tokio bañada en la luz del amanecer como si de una pintura se tratara.
Estaba sentado, perdido en sus pensamientos.
Lo único que se escuchaba era el cantar de unas pequeñas aves a lo lejos. Frente a él había una pequeña mesa redonda con una laptop encendida que proyectaba un video en estado de pausa. Un peliverde en el centro de un claro y rodeado de demonios sedientos de sangre permanecía estático en la pantalla de la computadora. Detrás de él apareció la esbelta figura de una mujer cubierta sólo por una camisa manga larga que evidentemente no le pertenecía.
Después de unos segundos de contemplarlo en silencio, el moreno, aún sin voltear hacia ella, sonrió.
-¿Te desperté?- preguntó.
-Evidentemente, con ese escándalo que tienes montado despiertas a todo el vecindario- dijo ella con sarcasmo.
Ikki sonrió abiertamente, se volteó y le tendió la mano a la hermosa rubia que obedeció sin miramientos. Él la sentó sobre sus piernas, mientras ella miraba la pantalla de la pc, sonriendo con ternura.
-Shu-chan, tan hermoso como siempre- dijo ella, sonriendo.
Ikki sonrió, pero puso los ojos en blanco.
-Ustedes dos y su melosidad. Se aman, siempre lo he dicho, deberían "sacarse la espina" algún día. Te envía su amor, por cierto, olvidé decírtelo anoche- dijo Ikki cerrando los ojos, apoyando la mejilla en la espalda de la chica y abrazándola por la cintura.
-Olvidaste muchas cosas anoche- dijo ella, sonriendo pícaramente- y él nunca haría tal cosa.
Ella sintió como él sonreía y se encogía de hombros.
-Se lo diré, haremos un trío una noche, a ver si dejan las melosidades- dijo él, aparentemente en tono de fastidio, aunque ocultaba las ganas de reírse.
La hermosa rubia suspiró, aún sonriendo y mirando la pantalla.
Ikki no toleraba las muestras de cariño, pero secretamente le encantaba que esos dos seres que él tanto amaba se llevaran tan bien, disfrutaba verlos juntos y eso, aunque él no lo dijera, tanto ella como Shun lo sabían.
-Si es tu fantasía perversa, ambos aceptaremos felices pero tú no soportas verlo en brazos de otra…o de otro- dijo ella sonriendo, sabiendo que estaba tocando una fibra sensible en el moreno.
Pero éste, lejos de molestarse sólo se echó a reír de buena gana. Ella supo entonces que él estaba de un especial buen humor.
-¿Quieres decirme qué hacía Shu-chan en medio de esa partida de horribles demonios? Tanta fealdad nubla su belleza, si es que acaso eso es posible- dijo ella.
Ikki apoyó la barbilla en el hombro izquierdo de la joven, mientras extendía la mano sobre la laptop y retrocedía el video de forma que ella lo viera desde el comienzo.
-No son los demonios, es el cansancio y la falta de comida. No había ingerido sangre desde hacía algo de tiempo, aparentemente. El caso de Rusia se trataba de sólo un vampiro de nivel 2, una insignificante hormiga a su lado, pero terminó atendiendo a ése, un Ghoul y después esto- dijo Ikki, mostrándole la imagen de la anciana- a esta mujer la hemos visto en otras imágenes, había matado a mucha gente. Shun piensa que era un general y tiene razón.
-Entiendo- dijo ella, asintiendo.
-Sí, pero mira el video- dijo Ikki, repentinamente emocionado- con todo y lo hambriento que debía estar, mira como pelea.
Ikki reprodujo el video. Ambos vieron a Shun sonreír, ansioso porque empezara la batalla, moverse con una seguridad y arrogancia ofensiva para cualquier rival.
-Increíble- Dijo ella en un suspiro- acaba con tres y cuatro al mismo tiempo. Incluso los espera, ¡Qué descaro!
Ikki sólo asintió, sonriendo, pero ya había visto el video y sabía lo que venía. De pronto la hermosa rubia pegó un brinco junto a un leve grito de sorpresa y se levantó visiblemente ofuscada.
-¡¿Cómo se atreve esa…?¡.
-Vieja miserable- gruñó Ikki - pero aquí viene la mejor parte- continuó, recuperando el entusiasmo- se nota que quiere arrastrarla por el suelo.
Ikki aumentó el tamaño de la imagen y ambos vieron a Shun terminando la pelea de forma limpia y tan certera como lo haría una espada.
-¡Vaya, es increíble! pocas veces los he visto peleando y a él menos que a nadie, es sorprendente, Ikki.
-Sí, aún con lo cansado que pueda estar pelea como nadie, tiene una fuerza descomunal- dijo Ikki, mirando la pantalla.
-Creo que escucho a hermano orgulloso- dijo ella, sonriendo.
Ikki sólo sonrió. Como ella esperaba, él decidió ignorar el comentario.
- Y es un hecho que cada vez se hace más fuerte. No sé cómo hace Hyoga para mantenerlo con semejante cantidad de poder.
-¿No se supone que él solo aumentaba su poder?
-Sí, pero Hyoga no tiene esa habilidad y sólo se alimentan entre ellos dos, no beben sangre de ningún otro vampiro, si acaso Shun bebe de la mía en raras ocasiones. Creo que lo lógico sería que empezarán degradarse o estancarse, pero no, simplemente se hacen más fuertes. Ese ruso insoportable está haciendo un buen trabajo. Y más le vale que siga así- dijo Ikki, sonriendo con arrogancia.
-Sólo para ti es insoportable- dijo ella sonriendo.
Luego Ikki cerró la tapa de la maquina y dedicó su atención a la chica, quien ahora se volteaba y volvía a sentarse sobre él, esta vez colocando las piernas a cada lado del moreno. Éste apartó el cabello rubio que caía en bucles sobre sus hombros y acarició sus mejillas sonrosadas. La mirada celeste y dulce de la joven pronto se tiñó de un leve deseo que se acrecentaba en respuesta a la mirada intensa de Ikki.
-Así que…un trío ¿eh?- dijo ella, atreviéndose un poco más.
Ikki sonrió con malicia, mientras acariciaba sus muslos y subía lentamente por debajo de la camisa que cubría el dulce y perfecto cuerpo de la rubia.
-¿Sonó interesante?- preguntó él, acercándose peligrosamente a los labios de la chica.
-¿Dos vampiros, sumamente poderosos, fuertes e increíblemente provocativos y sexys?- dijo ella, pasando la lengua por los labios de Ikki.
Ambos se fundieron en un apasionado e intenso beso, mientras ella le rodeaba el cuello con los brazos y la cintura con las piernas y él la tomaba de las nalgas fuertemente para cercarla aún más a su cuerpo. Ella sintió el duro y fuerte conjunto de músculos tensarse debajo de ella y una ola de calor la estremeció de pies a cabeza. Gimió levemente, pronunciando el nombre del hombre que la hacía temblar con sólo mirarla.
Así, Ikki la abrazó fuertemente y mientras ella sonreía pícaramente él la levanto como si fuera tan liviana como una pluma y la llevó hasta el enorme sofá que estaba delante de ellos donde la acostó. Se acomodó sobre ella con sus fuertes piernas cerrando las de la chica y sus brazos apoyados sobre el mueble, uno a cada lado del rostro níveo y delicado. Ella le quitó la camisa y pasó los finos dedos por el estómago duro del moreno, como siempre detallando cada uno de sus músculos como si fueran la fruta mas prohibida y deliciosa.
En realidad, para ella todo el cuerpo de Ikki era una fruta que la embriagaba y enloquecía; cada músculo, cada centímetro de piel y ese exquisito olor. Y más allá del cuerpo estaba el dueño. Esa actitud tan provocativa, el fuego en sus ojos, el siempre indomable Ikki, tan orgulloso y fuerte; aquel que sólo se dejaba amar por la hermosa rubia.
Pensó en la propuesta casi indecorosa del trío y no pudo evitar preguntarse por las artes amatorias del peliverde, aunque, a juzgar por ciertas miradas delatadoras que había captado en alguna ocasión en el ruso, ella no dudó que determinadas habilidades fuesen de familia. Si acaso la capacidad de amar con una pasión desmedida y una lealtad inquebrantable venían en el paquete sanguíneo.
-¿Eso es un sí?- preguntó Ikki sonriendo con arrogancia, leyendo los pensamientos de su compañera.
Ella sonrió.
-¿Fuertes, hermosos y además hermanos?, debes estar bromeando- bromeó.
Ikki volvió a besarla intensamente. Ella, por un instante sopesó la posibilidad de mover las piernas pero el agarre del moreno era férreo.
-Bueno, pero hoy sólo hay uno- dijo Ikki, llenando de besos su cuello- ¿Aceptarás a este pobre vampiro que se desborda de amor por ti?- dijo, ahora mirándola tan intensamente como le era posible.
Ella se mordió el labio y cerró los ojos, sintiendo como su corazón se inflamaba de amor, mezclándose su alma con la de Ikki, deseando dolorosamente estar aún más unida a él. Luego, los abrió y tomó su rostro con sus delicadas y temblorosas manos.
-Con todo mi corazón, mi príncipe, mientras sea digna de ti- dijo ella, suavemente.
-Por toda la eternidad entonces- dijo él.
Luego él, con delicadeza y sin dejar de mirar sus hermosos ojos celestes abrió lentamente sus piernas. Ella cerró los ojos, temblando de excitación, sabiendo que la unión física vendría muy pronto y deseándola con cada fibra de su ser. Sintió el peso del moreno sobre ella, sus labios rozando su garganta, se lengua marcando el camino. Ella abrió aún más las piernas dándole todo el espacio posible, mientras bajaba el pantalón del moreno. Él abrió la camisa, descubriendo los redondos y perfectos senos de la rubia, los cuales se llevó a la boca y lamió delicadamente pero con pasión, marcándolos como si fuera su territorio, todo el cuerpo y el corazón de la hermosa joven.
Ella arqueó la espalda cuando sintió al moreno entrando con una lentitud desesperante, sintió el miembro abrirse paso por la suave cavidad como si absolutamente nada en el mundo pudiese detenerlo, al mensajero de un poder y una fuerza brutal que aun así no la lastimó en lo más mínimo. Y eso era lo que ella más amaba de Ikki: que aún con su enorme fuerza y poder, con lo intenso que era, con cada una de sus embestidas la trataba como si fuera de cristal. Que aún cuando era sumamente dominante, aun cuando la hacía suya cada vez que se le antojaba, cada roce y beso lo daba con el más puro amor y ella, jamás había sido lastimada, jamás conocería el dolor estando en los brazos del vampiro cuyo poder rivalizaba con los dos más poderosos de su estirpe.
Ella rodeó la cintura de Ikki con sus largas y torneadas piernas y enterró las uñas en su espalda mientras gemía lujuriosamente, invadida de excitación y concentrándose en sentir como la piel del miembro de Ikki se movía dentro de ella, cada vez más rápido, más adentro, se le entregó ciegamente enamorada.
En otra habitación, un rubio y un peliverde estaban sentados en la cama acariciándose con la mirada, mientras controlaban su agitada respiración.
Shun sonrió.
-¿Ya puedo volver a la cordura o es que acaso no me vas a dejar salir de esta cama hoy? – preguntó Hyoga, suavemente, mientas acariciaba la mejilla derecha de Shun.
-¿Y si no quiero dejarte salir?
-Tus deseos son órdenes para mi.- dijo Hyoga, sin dudar un instante.
La expresión en el rostro de Shun fue un poema para el rubio. Cada vez que pensaba que ya lo había visto y escuchado todo en Hyoga éste de nuevo se daba el soberano lujo de sorprenderlo y dejarlo sin aliento. Shun a veces sentía que no importaba lo que hiciera no tenía manera de devolverle al rubio todo lo que le hacía sentir.
-No tienes idea de lo equivocado que estas- dijo Hyoga, sonriendo y negando con la cabeza, leyendo los pensamientos del hermoso peliverde- Lo único que tú tienes que hacer es quedarte conmigo para siempre.
Shun arrugó el semblante y bajó el rostro; sintió una punzada en su corazón. Hyoga inmediatamente tomó su rostro entre sus manos y lo besó casi con desesperación.
-Yo sé que eso no volverá a pasar jamás, confío en ti, por favor no estés triste, ¡si acabamos de pasarla genial!- dijo Hyoga, entusiasmado.
El peliverde sonrió, dejando el pasado atrás.
-Muy bien, ahora vamos a bañarnos que estamos medio pegajosos.
Ambos se echaron a reír por el comentario del rubio y éste le tendió la mano a Shun para que se levantara pero el otro hizo un mohín y se cruzó de brazos.
-No te pongas malcriado Shun, mira que tenemos trabajo que hacer y tú tienes que disculparte con alguien todavía. Anda, vamos, levántate- dijo Hyoga, aún con la mano extendida.
-¿Disculpa? ¿Con quién tengo que disculparme?- preguntó Shun, ofendido.
-Con Sora. Tremendo susto que le diste a la pobre, además de que la pusiste a enfrentarme, como si eso fuera posible- dijo Hyoga.
-Ah- dijo Shun, derrotado.
-Sí, ah. Ahora, vamos.
-Puede que…aún esté algo cansado- dijo Shun, mirando hacia otro lado.
Hyoga trataba de no reírse por la actitud infantil del peliverde, pero adoraba verlo comportarse como un niño pequeño. De cualquier manera, el rubio tenía un as bajo la manga. Caminó hasta la cama y tomó a Shun por la barbilla sensualmente para obligarlo a mirarlo.
-No parecías muy cansado cuando volvimos a remover los muebles de la habitación- dijo Hyoga, rozando los labios de Shun con la lengua-ni tuviste problemas en complacerme cuando te pedí mas- continuó el rubio, hablándole al oído, casi jadeando-más y más.
Luego se alejó un poco, lentamente, mientras Shun trataba de recuperar el control de sus pensamientos, ahora dispersos a kilómetros de distancia.
-Eso…es…trampa- dijo Shun.
-Lo sé- dijo Hyoga, sonriendo con arrogancia.
Acto seguido, el rubio le dio la espalda al peliverde y caminó hasta el baño sin la menor prenda de ropa.
-Sigues haciendo trampa- dijo Shun, enarcando una ceja.
-También lo sé- dijo Hyoga, sin voltearse.
El peliverde no apartó la mirada del perfecto cuerpo del rubio, la espalda ancha y solido trasero hasta que éste se perdió detrás de la puerta del baño.
-Debería ser un pecado tapar ese cuerpo con ropa- pensó Shun, divertido.
-¡Escuché eso!
Los ojos de hielo se asomaron por el marco de la puerta, junto con el resto del rostro.
-Y de ser así, tú no usarías ni taparrabo- dijo Hyoga, riendo- Anda, vamos, que no tenemos todo el día, además quiero que me cuentes ese desastre de pelea que tuviste.
Ambos vampiros se metieron a bañar y una hora después estaban llegando al estacionamiento del edificio donde Shun había dejado el auto.
-¡¿70 ghouls?¡ - exclamó Hyoga, saliendo del ascensor.
-Bueno… estaba en medio de una pelea así que no les dije "Por favor, hagan una fila que los voy a contar", pudieron ser menos- dijo Shun, siguiendo al rubio.
-O más- dijo Hyoga, ahora molesto- Y dejaste que se movieran, no puedo creerlo.
-¡Ya basta de criticarme, ya te dije que estaba muy molesto y me disculpé hasta el cansancio así que ya fue suficiente! – dijo Shun, ofendido.
Hyoga puso los ojos en blanco.
-Fuiste imprudente- dijo Hyoga.
-Suficiente- repitió Shun, ahora con tono autoritario, aunque sin ánimos de intimidarlo.
Hyoga bufó, mientras el peliverde encendía el auto. Hyoga se sentó en el asiento del copiloto y Shun arrancó mientras prendía la calefacción.
Diez minutos después. Una morena abría la puerta de su departamento.
Fue lo único que le ordenó a su cerebro, abrir la puerta, ya que de ahí en adelante estaría casi en shock al ver el espécimen vampírico que estaba frente a su puerta.
-¡Hola, Sora!, quizá no me recuerdes, pero soy Shun- dijo éste, sonriendo divertido.
Esperó un par de segundos a que la chica respondiera, pero no pasó nada. Una pequeña aclarada de garganta lo obligó a continuar.
-Creo que debería disculparme, no debí ponerte en esa situación de hace algunas horas. Espero me disculpes por haber sido tan poco delicado contigo- dijo el peliverde, sonriendo con dulzura.
Otro par de segundos y mucho silencio hicieron que Shun se preguntara si la chica no estaría un poco inestable mentalmente.
-¿Siempre está tan "comatosa"?- preguntó Shun.
El rubio que permanecía al lado del marco de la puerta, de brazos cruzados y apoyado en la pared se asomó, tan confundido como Shun, por el mutismo de la morena. Luego, estalló de la risa mientras que el peliverde enarcaba una ceja y le dedicaba una mirada de basilisco.
-¿Qué es tan gracioso?- preguntó el.
-¡Mira cómo la dejaste!-dijo Hyoga, abriendo la reja de seguridad y tomando a la chica por los hombros.
-¡Pero si yo no hice nada, ni siquiera la toqué!- respondió el peliverde, siguiéndolo hasta la sala.
-No es necesario que lo hagas, siempre te lo he dicho, Shun, eso es grosero ¿sabes?- dijo Hyoga, riendo, mientras la sentaba en el mueble grande.
-¡¿Qué cosa?.
-¡Deslumbrar a la gente de esa manera! ¡Mírala, pobre niña, no sabía con lo que se iba a encontrar cuando abrió la puerta!.
Hyoga se sentó en la mesa, frente al mueble, pero no podía parar de reír. Shun se mantuvo de pie a su lado pero no le gustaba en lo absoluto la risa burlona del rubio y la chica realmente parecía estar mal ya que el rubio chasqueaba los dedos frente a ella, pero no lograba ninguna reacción.
-Esta chica parece un personaje de anime, tienes una reacciones de película- dijo Hyoga, riéndose.
-¿No será que fumó algo?- preguntó Shun, tratando de percibir algún olor, mientras buscaba objetos de dudosa legalidad en el pequeño departamento de la chica.
-No lo creo, es tu culpa- dijo Hyoga, jalándolo para que sentara a su lado.
-Ya te dije que yo no la toqué- replicó Shun, cruzando los brazos.
-Y yo te dije que no es necesario que lo hagas, es tu culpa, la deslumbraste-
-¿Y cómo se supone que hice eso?-preguntó Shun, con sarcasmo.
-Siendo tan hermoso- dijo el rubio, tomándolo por la barbilla.
-Bueno y ¿Cómo piensas despertarla?
-Si es como yo creo que es, esto servirá.
Luego, sin dejarlo protestar, Hyoga besó apasionadamente al peliverde. A los pocos segundos un suspiro los alertó. Ambos voltearon y vieron a la chica sonrojarse hasta más no poder, mientras bajaba la mirada tratando en vano de darles algo de privacidad.
-tsk, hubieras volteado antes, preciosa- dijo Hyoga.
-Déjala, Hyoga. ¿Estas…bien, Sora?- preguntó Shun, acercándose un poco a ella.
La morena no pudo responderle nada, se dedicó atrevidamente a mirar el perfecto rostro del peliverde. Su piel era más blanca que la del rubio, aunque tampoco llegaba a ser pálido como ella esperaba que fueran los vampiros. Sus facciones eran un poco más suaves que las de Hyoga, mas afiladas; sus ojos de un tono entre azul y verde, sus mejillas algo rosadas y sus labios carnosos y provocativos. Su cabello era largo y liso aunque y algunos mechones rebeldes caían sobre el rostro.
-Tal vez sea mejor que me vaya- dijo Shun.
-No- dijo Hyoga de forma cortante.
-Me parece que no se va a concentrar mucho si sigo aquí, todavía está algo "catatónica".
-Dije que no, Shun. No pasaré otro maldito día lejos de ti. Sora, si despiertas y te concentras me acostaré contigo.
Shun se echó a reír, mientras Sora ponía los ojos como platos y se sonrojaba, despertando definitivamente. De haber estado de pie la impresión la habría tumbado al piso pero lo que más le sorprendía era ver como el otro no se molestaba en lo más mínimo.
-¿No te molestas por eso?, ¿Sabes que ha sido de lo más atrevido mientras tú no estabas?- preguntó Sora, ahora molesta.
-Tsk, él estuvo con otra en el avión y me invitó a verlo, no creo que yo haya sobrepasado su atrevimiento- dijo Hyoga.
Sora trató de replicar, pero nada salió de su boca. El rubio tenía algo de razón.
-¿Se supone que debo molestarme?, ¿Lo estoy haciendo mal acaso?- preguntó Shun, tratando de no reírse.
-Según ella sí, como somos "novios" deberías estar horriblemente celoso, discutir conmigo o abandonarme por infiel. O yo debería abandonarte a ti por haberte visto en la cama con otra- dijo Hyoga, con una sonrisa burlona.
-¿Eres mi novio?- preguntó Shun
-Aparentemente.
-¿Nunca jugaste con la comida, Sora?- preguntó Shun, sonriendo entre dulce y burlón.
-Eso me ofende- dijo Sora, cruzando los brazos y enarcando una ceja.
-Discúlpame- dijo Shun suavemente, sonriendo sólo con dulzura-No debí ponerte en ese apuro, solo que no encontré otra manera de evitar que Hyoga sufriera por lo que yo estaba haciendo. Tampoco esperaba que despertara tan pronto. ¿Podrás disculparme?
Sora asintió levemente y volvió al mutismo. Shun la miraba con franca sinceridad, sus codos apoyados en los duros muslos y le sonreía con una dulzura irresistible. Podría pedirle que se cortara las venas frente a él, con esa sonrisa ella aceptaría lo que fuera.
-Hyoga tiene razón, no aparenta más de 19 años, pero él tuvo esa impresión hace más de 600 años. Eternos y hermosos 19 años. Impresionante.
-Te lo dije, él es impresionante- Dijo Hyoga, mirando a Shun.
-Ya lo creo- dijo Sora sin pensarlo.
-¿Y tú a donde ibas?, parece que vas vestida para salir- dijo Hyoga.
-Ah, sí, es que iba a comprar unos víveres, me quedé sin comida.
-¿Podemos acompañarte?
A Sora le sorprendió el entusiasmo del peliverde.
-Eres su nuevo juguete brillante- dijo Hyoga, sonriendo- por alguna razón que todavía desconozco le entusiasma mucho conocer la vida de los humanos, esas cosas que a nosotros no nos hacen falta y que a mí me parecen aburridas, a él le apasionan. Tiene los últimos y mejores celulares, cambia de teléfono como cambia de ropa, y ni siquiera lo necesitamos, técnicamente nuestra conexión psíquica es más fuerte que la señal del celular - continuó el rubio, encogiéndose de hombros.
Sora volvió a mirar a Shun, quien estaba de pie y le dedicaba una mirada divertida y entusiasta. Le sorprendió saber que ella también quería conocer todos esos pequeños detalles que formaban las personalidades de aquellos dos seres, tan hermosos y fuertes y sobre todo, tan apasionantes.
Se veían como humanos, pero eran algo totalmente distinto, eran personajes de cuentos de terror, que ella jamás pensó que tendría en frente, y sin embargo, allí estaban tan vivos como ella e irrumpiendo en su casa como una ola de emociones y nuevas experiencias. El peliverde la sacó de sus pensamientos al ofrecerle su mano.
-¿Señorita, tendremos el honor de acompañarla?- preguntó él, sonriendo.
Ella tomó su mano, encantada con su caballerosidad. Se notaba que habían sido criados en otra época, una en lo que los hombres trataban a las mujeres como reinas, lo fueran estas o no. Al tocar la piel del peliverde ella sintió algo diferente.
-No sé cómo explicarlo, pero su…energía es algo diferente, incluso a la de Hyoga.
Shun miró a Hyoga y sonrió.
-Muy perceptiva-dijo el peliverde.
El contacto con el vampiro la hizo sentir como si estuviese frente a una estrella de rock o algún artista de cine que sólo pudiera verse con la pantalla de por medio. Un ser inalcanzable, dentro de su casa, tomando su mano delicadamente, suprimiendo por completo su fuerza para no lastimarla, ansiando aprender de ella. ¿Qué podría ella mostrarle a ese ser que había visto sabe dios cuantos siglos de historia de la humanidad?. Al contrario, ¡Era él quien podría mostrarle tantas cosas!.
Decidió que cualquier cosa, por más pequeña que fuera, que Shun quisiera conocer, ella se lo mostraría.
Se levantó más decidida y más feliz que nunca. Vio a Hyoga sonreírle con dulzura y se sintió aun más segura que antes, de que quería enseñarles tanto como aprender de ellos. De pronto le llamó la atención las dos temperaturas que sentía en la sala. Por un lado, del lado izquierdo donde estaba Shun, había una calidez indescriptible; como esa que se siente cuando has pasado una noche de lluvia y frio y luego puedes sentarte frente a la chimenea, bien abrigado y con una taza de chocolate caliente. Esa calidez venia de Shun y ella tuvo que suprimir sus extraños deseos de abrazarlo, de hundirse entre sus brazos como si fuera una niña pequeña. Por el otro lado, había un extraño frío que no le molestaba, pero llamaba mucho su atención, más aun cuando vio una leve capa de escarcha cerca de donde Hyoga se encontraba. Lo miró a los ojos, celestes y gélidos, pero extrañamente reconfortantes.
-Tal vez necesites ir abrigada, Hyoga mantiene un aura fría a su alrededor, por ese poder que sólo él puede controlar- dijo Shun.
-Es extraño, no lo había percibido antes- dijo Sora.
-Es que el frio se va cuando paso mucho tiempo sin comer, pero "desayuné" esta mañana así que mi poder está al máximo ahora- dijo Hyoga, sonriéndole a Shun con malicia.
Para Sora no pasó desapercibido el doble sentido del comentario del rubio. Luego sintió un escalofrío recorrerle la espalda cuando Shun se aproximó lo suficiente a ella para hablar al oído.
-Te contaremos al regreso- dijo Shun.
La morena asintió, sonrojándose. Buscó una chaqueta que la abrigara del frio del rubio y salió del departamento seguida por la pareja de vampiros y contenta de saber que al regreso la apasionante historia de aquellos dos continuaría.
