Nota: Sé que dije que actualizaría la semana pasada, lo siento mucho, se murió mi internet! Jeje, pero aquí estoy, con el capi nuevo. Disfrutenlo.

Capítulo 12. De regreso a Venecia.

Si de algo le servía a Sora la salida de compras con los vampiros, aparte de que Shun le contara de donde venían los tomates, después de preguntarle por la salsa de tomate, era que ella veía cómo absolutamente todas las personas se detenían en algún momento para observarlos. Estos chicos literalmente paraban el transito.

Vio caras de idiotez pura, helados cayendo al no prestarles ni un gramo de atención y gente en bicicletas chocando contra autos o postes de luz.

Se sintió un poco mas aliviada al pensar que ella no era la única que los miraba como idiota, o como una sádica en potencia.

Sí, también vio mujeres comérselos con la mirada, reacción que a veces Hyoga aprovechaba guiñándoles un ojo o sólo mirándolas sensualmente por encima de sus lentes negros, mientras seguía caminando delante de ella y el peliverde, el cual sólo se echaba a reír al percibir el olor a feromonas que emanaba de las chicas. Sora, por su parte seguía esperando que él estallara en cualquier minuto, pero absolutamente nada pasaba. A veces incluso, él se unía al pequeño juego del otro vampiro.

Durante su paseo, Sora pudo observarlos a los dos juntos. Ambos iban vestidos con jeans negros, Hyoga llevaba una camisa manga larga azul claro, y Shun llevaba una camisa manga larga de color verde militar arremangada hasta los codos.

Una cosa era escuchar la historia sobre ellos dos y otra muy diferente era verla. Sabía que había cientos de años que ella no conocía, pero era igual de apasionante verlos juntos, hablando, Hyoga sonriendo por cada cosa que a Shun le parecía medianamente interesante, siempre cerca de él, tan posesivo como ella imaginaba que sería. Incluso lo vio riéndose por cada cara de asco que Shun ponía por el olor de los detergentes. Estaba claro que no le gustaba ninguno.

Cuando regresaron al departamento, Sora se sentía como una reina. No llevaba ni una sola bolsita en la mano, todas las llevaban los dos caballerosos vampiros que estaban con ella. Para no dejarla atrás los tres tomaron el ascensor.

Cuando se abrieron las puertas, Sora vio con desagrado a las dos chicas que estaban reunidas hablando en la puerta del departamento continuo al de ella. La emoción no pasó desapercibida para Hyoga y Shun, quienes salieron después y enfocaron a las chicas, las cuales miraban a Sora con desprecio. Los pensamientos nada amigables y groseros de las vecinas llegaron a gritos hasta los oídos de los dos. Ambos sonrieron con malicia, cuando se les ocurrió exactamente la misma idea.

Tan concentradas estaban las chicas que no vieron a los sigilosos vampiros, pero estos pronto se hicieron notar.

Hyoga se acercó hasta Sora, la tomó de la cintura, la pegó a su cuerpo sensualmente y le habló al oído.

-Apúrate, ¿quieres?, me estoy impacientando.

Sora trataba de abrir la reja de seguridad, mientras hacía un descomunal esfuerzo por ignorar los siseos de las chicas. Pegó un brinco al sentir el cuerpo del vampiro pegarse al de ella.

Las chicas, por su parte, pronto notaron a los dos jóvenes que estaban con la estúpida e insoportable reportera. Primero el rubio, que las miró desde su posición y luego el peliverde que se acercó hasta ellas, utilizando todo su encanto y habilidad para mantenerlas a ambas enfocadas en él. No hay que decir que no tuvo que esforzarse mucho.

-Buenas noches, señoritas. ¿Son amigas de Sora?- preguntó Shun.

-Bue…buenas noches. ¿Amigas?, bueno la conocemos, sí. ¿Y tú, son compañeros de trabajo?

-No. Vamos a tener una pequeña fiesta de hecho, pero estamos solos los tres.- dijo Shun en un tono sensual que mantuvo a las chicas totalmente enfocadas en él.

-Ah, ya veo- dijo ella sonriendo de forma coqueta.- ¿Se permiten otros invitados, nos podemos sumar a su fiesta?

Shun sonrió triunfante: había llevado la conversación hasta donde quería. Dejó las bolsas en el suelo, apoyó una mano sobre la pared y se acercó atrevidamente a la chica. La miró de arriba hacia abajo, descaradamente. Acercó sus labios hasta su cuello, donde aspiró su aroma mientras escuchaba el tamborileo de su corazón. Luego se detuvo y se alejó un poco.

-Sólo se permiten mujeres hermosas, así que… no están invitadas. Buenas noches, señoritas.

Sora miró sorprendida el desplante del peliverde hacia las chicas, las cuales quedaron sembradas en el suelo tanto o más asombradas que la morena. Hyoga sonrió y abrió la puerta empujando suavemente a la reportera hacia dentro del departamento. Una vez que los tres pasaron la puerta, Sora la cerró.

-¿Qué tal? No quise ser muy grosero con ellas, ya sabes- dijo Shun tratando de no burlarse de las pobres vecinas.

-Estuviste perfecto- dijo Hyoga, sonriendo con malicia.

-Genial, ahora tendré que mudarme del edificio- dijo Sora con fingida molestia.

-Es una buena idea- dijeron Hyoga y Shun al mismo tiempo.

Los tres se echaron a reír, no pudiendo contenerse más. Luego, la chica acomodó las bolsas en la cocina mientras Shun echaba un vistazo al lugar.

-Vaya, este lugar es muy pequeño. Si doy tres pasos llego desde la cocina a la sala- dijo Shun, alternando entre ambos ambientes.

-Mi departamento no es pequeño, ustedes son enormes. Está perfectamente bien para mí. ¿Cuánto miden?

-Yo mido 1.92, Shun mide 1.85.

-Dios mío, ustedes no son normales.

-Técnicamente, no- dijo Hyoga, provocando una risita nasal por parte del peliverde.

-Eso significa que no tienes pensado compartir tu vida con nadie porque este departamento está perfectamente bien pero sólo para ti- dijo Shun.

El comentario agarró a Sora desprevenida. Lo miró durante varios segundos, tratando de encontrar alguna manera de rebatir la afirmación de Shun, pero no consiguió nada. La triste verdad era que Sora era una chica demasiado solitaria, adicta al trabajo y con pocos o ningún amigo.

-…ella sería un buen vampiro, no tiene a nadie a quien rendirle cuentas y es muy bella- dijo Shun sonriéndole, mientras Hyoga asentía levemente.

-¿Eehh?, ¿Qué…qué quieren decir con eso?- dijo ella, alarmada.

-Tranquila- respondió Hyoga, acercándose a ella y sujetándola por la barbilla- no vamos a hacerte nada…que no quieras.

La chica sintió como sus mejillas se encendían y de nuevo se encontró atrapada en la gélida mirada del rubio. Se preguntó de qué manera se comportaría él con ella ahora que Shun estaba ahí. Hyoga sonrió con malicia.

-Tengo completa libertad de movimiento-susurró él, antes de soltarla.

-¿Vas a comer, Sora?- preguntó Shun.

-¿Eh?... no, en este momento no tengo hambre.

-Muy bien, ¿Te parece si trabajamos?

-¡Por supuesto!- dijo ella, sonriendo con entusiasmo.

Los tres se dirigieron al estudio y Sora preparó la computadora. Después de un par de minutos Sora estuvo lista para escuchar la historia, estaba sentada al lado de la computadora y los dos vampiros se sentaron en el sofá frente a ella.

-¿Lista, Sora?- preguntó Shun, sonriendo con dulzura.

-Sí… ¿tú también intervendrás en el relato?

La sonrisa dulce y despreocupada de Shun se borró al instante mientras asintió seriamente.

-¿Qué sucede?- preguntó Sora.

-Lo que Shun te cuente, será lo más importante de nuestro mundo. Detalles y aspectos de nuestra naturaleza que pueden servirles a ustedes y perjudicarnos a nosotros, si es que alguno de los humanos decidiera usarlo en nuestra contra.

-Es una carga muy pesada la que te estoy entregando, Sora, lo lamento pero aunque dejé la decisión en manos de Hyoga, siempre pensé que eras la más indicada. Por eso te pregunto de nuevo: ¿Estas lista?

-Bien. Estoy lista.

-Bien- dijo Hyoga- quedamos en que mis padres murieron y me convertí en el responsable de todos nuestros bienes.

Venecia. Año 1348

Después de la muerte de mis padres, yo quedé como el responsable de todas las propiedades que teníamos. Ya habían pasado cuatro semanas desde que mis padres habían muerto y tengo confesar que me fastidiaba mucho la idea de encargarme de la servidumbre y las propiedades.

Mi madre les había dado cobijo después de la hambruna, los años de malas cosechas y las revueltas de campesinos y trabajadores que hubo en Italia a causa de la pobreza en la que se sumió el país después de La Guerra de los cien años.

Las principales casas bancarias florentinas, los Bardi y Peruzzi, fueron a la bancarrota cuando Eduardo III de Inglaterra no pudo devolver los empréstitos que le habían concedido para la primera campaña en 1343. El resultado de esto fue la pobreza en la que ahora estaba Italia y con la peste negra llegaron a morir hasta quinientas personas por día en Pisa, ni hablar de Florencia.

Y allí estaba yo, en el estudio de mi padre. Mientras afuera, Europa era un caos, yo estaba ahogado en un mar de papeles que lo único que me provocaban era incendiarlos.

Como todo buen egoísta, no quería encargarme de nada de eso, sólo quería vivir, como si no hubiese nada que pudiera detenerme. Y, por encima de todo no quería estar en mi casa. Aun cuando pasó un mes yo seguía extrañando a mi familia a muerte. Shun pasó casi todos los días conmigo así que sentía que podía viajar hasta el borde del mundo y nadie me detendría.

En ese momento decidí, por decimoquinta vez, tomarme un descanso de los infernales documentos. Cerré los ojos y apoyé la cabeza en el espaldar del asiento cuando sentí esa presencia a la cual ya me había acostumbrado, una vez que verifiqué de quien se trataba.

-Buenas noches, extraño- dijo Hyoga.

Cuando abrí los ojos me encontré con una mirada de sorpresa que no esperaba.

-¿Cómo hiciste eso?- preguntó Shun, aún en el umbral del balcón.

-¿Tienes algo en contra de las puertas que no las usas nunca?- preguntó Hyog,a sonriendo con picardía- ¿De qué hablas, como hice qué?

-Detectar mi presencia.

-Creo que siempre lo he hecho, unas veces me he dado cuenta y otras no, supongo, hasta que aprendí a prestar atención. ¿Por qué?, no eres tan silencioso, ¿sabes?

-De hecho sí lo soy. - dijo Shun en voz baja, para sí mismo- él es un humano, no debería poder hacer eso.

-… ¿Si yo soy un humano entonces qué eres tú?

Lo único que obtuve de Shun fue su atención y el más absoluto silencio. Ya había visto muchas de sus habilidades: escuchaba perfectamente bien aunque le susurrara, veía perfectamente bien aunque todas las luces estuviesen apagadas y era increíblemente sigiloso. Él me había mostrado esas habilidades pero aún seguía sin revelarme lo que era. Ahora sabía que no era humano, aunque creo que eso lo supe desde un principio y él sólo me lo confirmaba.

-No te escuché, si es lo que te preocupa; pareces un gato. Te sentí- dijo Hyoga cruzando los brazos detrás de la cabeza y cerrando los ojos.

Si Hyoga pensaba que así me tranquilizaba, estaba lejos de acertar.

Nunca había pasado tanto tiempo con un humano, no había bebido su sangre y no habíamos tenido ninguna clase de contacto físico así que sólo podía pensar que era tan especial como lo fue su madre. Esperaba que fuera eso y no que mi presencia lo estuviese afectando. Yo no estaba seguro de nada estando cerca de él, siempre me sorprendía con algo nuevo, fuera su ciega confianza en mí, la cual definitivamente no me había ganado, o su habilidad para ser tan descaradamente impredecible. Eso me frustraba tanto como me atraía.

-¿Vas a quedarte ahí parado toda la noche?- preguntó Hyoga.

Y lo volvía a hacer. Tenía los ojos cerrados, pero sabía que yo no me había movido del umbral de la azotea del estudio.

-Es un farol- dijo Shun, cruzando los brazos y frunciendo el ceño.

-Pruébame- dijo Hyoga, levantándose de pronto.

Vi a Hyoga pararse en medio del estudio, cruzar los brazos y cerrar los ojos.

-¿Qué dices?

-Pruébame- repitió Hyoga, abriendo los ojos- Créeme, yo también quiero saber si es verdad que puedo sentirte. Vamos, camina y colócate donde quieras, yo me giraré en la dirección en la que crea que estas. Como eres tan sigiloso, no te escucharé.

-…Está bien.

Tardé solo unos pocos segundos en pararme a su derecha. Menos tardó él en girarse y quedar frente a mí para volverme dejar congelado por la impresión. Abrió los ojos y me miró, mientras me regalaba su característica sonrisa entre dulce y coqueta.

-¿Lo ves?, hasta puedo decirte que primero te paraste frente a mí y dudaste de que me lo estuvieras poniendo demasiado fácil así que te ubicaste a mi derecha. ¿Estoy en lo cierto?

-… ¿cómo…? ningún humano puede hacer eso, ¡¿Cómo lo hiciste?

-De hecho creo que eres tú. Tienes una energía muy fuerte, eres como un imán, me atraes demasiado-dijo Hyoga, sonriendo con picardía.

En ese momento supe que no tenía idea de lo que estaba haciendo, tentando al diablo de esa manera. Debía estar loco para que el brillo rojo que pareció en sus ojos no me espantara. Al contrario, era la primera prueba irrefutable de que Shun no era un humano, o al menos no uno corriente. Y no hizo otra cosa que atraerme poderosamente. Tomé su rostro entre mis manos, casi hechizado por los ojos encendidos pero un grito ajeno a nosotros se escuchó claramente en el estudio. Ambos pegamos un brinco del susto y miramos en dirección a donde venia el grito.

Mi nana, una mujer de avanzada edad, cabello negro rizado y piel morena miraba aterrada a Shun aún cuando sus ojos ya no eran rojos. Sentí a Shun tensar todo su cuerpo, aparentemente la mujer no le había caído bien. Esta sostenía un amuleto en sus manos, o mejor dicho se aferraba a él.

Lo que Hyoga no sabía era que yo no me llevaba muy bien con los gitanos. Aquella mujer era gitana y sabia lo que yo era.

Ellos han sido siempre, desde que se conoce su existencia, férreos cazadores de vampiros.

-Nana, no sabía que tenías una voz tan potente- dijo Hyoga.

-¿Estas…bien?- preguntó la mujer, con claro acento francés.

-Si, por supuesto, ¿por qué?- preguntó Hyoga.

-¿Estás seguro, Hyoga?

-Claro que si, nana, ¿qué te pasa?

La verdad es que el rostro casi desencajado de la nana y las miradas aterradas que le dirigía a Shun me estaban sacando de mis casillas. Shun se había alejado de mí, estaba recargado en una pared, la oscuridad lo cubría por completo, pero aun así la nana no parecía satisfecha. Estaba claro que nuestra cercanía la había agarrado desprevenida.

Ella siempre me dijo que cuidaría de mis hijos, así que en ese momento pensé que le preocupaba que yo estuviese cambiando de opinión con respecto a las mujeres. Volví a llamarla para obtener su atención, pero ella no le quitaba la vista de encima a Shun y ciertamente él tampoco lo hacía. Incluso creí escuchar que gruñía por lo bajo.

-Nana, él es Shun, es un buen amigo así que lo verás mucho por aquí. Espero que no haya ningún problema. Acomoda una habitación para él, si eres tan amable- dijo Hyoga, en tono autoritario.

-Pero…

-Nana.

-….Está bien.

Salió de la habitación mas silenciosamente que como entró y yo volteé a ver a Shun. Él seguía mirando hacia la puerta hasta que logré captar su atención.

-Es gitana- dijo él, secamente.

-Sí, lo es. Ha estado con nosotros desde que nací.

-¿Por qué no anda vagando por el mundo como todos los demás gitanos?

-No lo sé, ¿quieres que le pregunte?

-No es normal, los gitanos no suelen apartarse de su grupo familiar, ni quedarse en un mismo sitio por mucho tiempo. Yo me encargaré de preguntarle personalmente- pensó Shun.

-¿Shun?

-No es necesario que le preguntes nada, sus razones tendrá. ¿A qué vino todo eso?

-Te presenté para que ya no tengas que usar la azotea para entrar- dijo Hyoga, encogiéndose de hombros.

-¿Tienes algo en contra de las entradas teatrales?- bromeó Shun.

-No- dijo Hyoga, riendo- Sólo que así puedes entrar y salir cuando quieras. O simplemente quedarte.

Aún cuando lo susurró lo escuché perfectamente. El mal rato con la gitana se había esfumado definitivamente.

-Si quieres que me quede, lo haré- dijo Shun, cariñosamente.

Hyoga caminó hacia el mueble grande que estaba frente al escritorio, se cruzó de brazos y se dedicó a mirarme detenidamente. Sentí que ya era hora de que me acostumbrara a sentirme nervioso cada vez que hacía lo mismo.

-¿Crees que soy egoísta al querer vender todo esto y largarme a donde se me pegue la gana?- preguntó Hyoga.

-… ¿Crees que soy egoísta por saber que le provocaré un infarto a tu nana y aún así me quedo contigo?- preguntó, entre serio y divertido.

-Si lo eres, pobre mujer, no tienes compasión- dijo Hyoga, en el mismo tono.

-¿Qué no lo somos todos?- dijo Shun, sentándose en el mueble, al lado de Hyoga- Todos somos egoístas al pensar primero en nosotros mismos, pero ¿No era eso lo quería tu mamá?, ¿Qué fueras libre para hacer lo que se te antojara?, por algo rompió el compromiso con aquella dama sin decirte nada. Creo que no hay nada mejor que la libertad- concluyó Shun, sonriendo.

-Pero la vives solo, tu libertad. Nunca te he escuchado hablar de nadie, siempre preguntas por mi familia, mis amigos, mis pasatiempos. No te conozco un solo amigo, pariente, mujer. Nada.

-Yo…tengo un hermano pero…está muy lejos. Mis padres ya no están aquí. Tuve una prometida, pero no funcionó, no era mi tipo. No sé si tengo amigos. ¿A qué viene todo esto?

-¿No tienes nada que te mantenga en Venecia?

-¿Qué…?

-Dime, por favor, Shun.

-Sí, tú.

Intenté decirle algo, pero nada salió de mi boca. Me había agarrado desprevenido.

Shun se dio cuenta porque se levantó y se fue tan rápido que no pude detenerlo.

-¿Por qué estaba preguntándole eso?- prensó Hyoga.

Creo que la respuesta la tenía antes de formularme la pregunta: lo quería conmigo.

Sabía lo solo que estaba y no quiera abandonarlo. Ya nada me ataba a Venecia, no tenía razones para quedarme excepto él.

Me levanté del mueble y salí detrás de él aunque no tenía la menor idea de a dónde había ido. En el pasillo que guiaba hacia la cocina vi a dos de las chicas del servicio: una en el suelo recogiendo unos platos y la otra ayudándola.

-¿Qué pasó?- preguntó Hyoga.

-Un chico salió corriendo de la nada, no lo vi hasta que lo tuve encima, prácticamente. Creo que él tampoco me vio. No tenía idea de…

-¿Por dónde salió?

-Por la cocina pero…

Yo no tenía ni el tiempo ni las intenciones de escucharlas así que seguí de largo hasta que llegué a la cocina donde encontré a la nana poniendo ajo en el borde la puerta.

-¿Qué diablos estás haciendo?- preguntó Hyoga

-¡Hyoga!- dijo la nana, tomando el rostro del rubio entre sus manos-¿Estás bien, no te lastimó?

-Claro que no, ¿De qué hablas?

-No tienes nada en el cuello-continuó hablando para ella misma, revisando al rubio- ni en las muñecas…

-Nana, mi amigo ¿viste por donde se fue?

-¡No es tu amigo!- explotó la mujer- ¡Ni siquiera es un hombre, es una bestia, un demonio! ¡Ya se fue, déjalo ir! Gracias al cielo que no te ha tocado, ¿no lo ha hecho verdad, no se ha metido en tu habitación?

Su desesperación me estaba volviendo loco, pero todo lo que decía sólo me demostraba una cosa.

-Tú sabes…sabes lo que él es- dijo Hyoga.

-Es un animal, Hyoga-dijo ella tomando el rostro del rubio de nuevo- Tenemos que alejarlo de aquí, como sea. Sólo quiere tu sangre, nada más. ¡Lo que sea que te haya dicho, todo es mentira!

-Te equivocas- dijo Hyoga, apartando suavemente las manos de la mujer de su rostro- él no me ha dicho absolutamente nada.

Salí corriendo de la casa sin prestar atención a sus súplicas de que regresara. Recuerdo que esa noche llovía a cantaros, pero nada me importaba más que encontrarlo. Corrí hasta que volví a experimentar lo que sentía cuando estaba cerca de él, ese magnetismo suyo. Debí haberlo imaginado, que estaría en la misma plaza donde lo vi la primera vez. Estaba sentado en una banca, dándome la espalda y el agua corría libre sobre él. Intenté acercarme, pero un enorme perro negro me cerró el paso. El perro corrió directo hacia mí, pero una orden de él lo detuvo en seco.

-Akai, Detente. Ven aquí.- dijo Shun.

El animal regresó y se echó a sus pies, permitiéndome acercarme hasta que estuve frente a él a menos de dos metros. No podía ver sus ojos, su cabello los cubría, pero su expresión no parecía nada amigable. Los gritos de mi nana aún resonaban en mi cabeza, no me dejaban concentrarme.

Y yo podía escucharlos en la mente de Hyoga perfectamente, como si me los gritara a mí. La gitana le había dicho lo que yo era. No me había llamado por el nombre que realmente tenemos, vampiros, pero sí había usado todos aquellos calificativos que tan bien nos describen.

Bestia…demonio…animal.

Nunca me pesaron tanto en el alma esas palabras.

-Deberías hacerle caso a tu nana- dijo Shun.

-Te recuerdo que nadie me dice lo que debo hacer. Y aún no entiendo qué fue todo eso que me dijo. No estoy aquí por eso, así que si vas a leer mi mente que sea para que veas por qué estoy aquí realmente- dijo Hyoga.

El tono cortante de su voz me llamó la atención. Levanté la vista hacia él, su mirada no expresaba la misma molestia que su voz.

-Me voy de aquí. Venderé todo, que el abogado se encargue. Yo me voy de aquí a donde sea -dijo Hyoga.

-¿Y me lo dices por qué…?

-Pensé que podías leer mi mente.

-Tienes que decirlo. Si quieres que haga algo o que deje de hacerlo, tienes que decirlo en voz alta. Sobre todo eso último: que deje de hacerlo. Como acercarme a ti- dijo Shun en un susurro, mirando en otra dirección.

-¿Por qué?

-Por qué es la única manera de protegerte.

-¿Protegerme de quien?

-De mí. La gitana tiene razón, no soy un hombre. No soy humano. Y sí quiero tu sangre.

-Tsk. ¡Por fin algo de confianza!- Dijo Hyoga, cruzando los brazos- ¿Puedo acercarme o tu enorme perro me morderá el trasero?

Esa no era, en definitiva la reacción que yo esperaba. Yo esperaba que él se diera cuenta de no era una buena compañía y que saliera corriendo despavorido. Llegué a pensar que Hyoga estaba mal de la cabeza.

-No es un…perro. ¿Escuchaste algo de lo que dije?- preguntó Shun.

-Sí, te escuché. Lo único nuevo que me has dicho es que quieres mi sangre, todo lo demás ya lo sabía. ¿Si no es un perro, qué es? ¿Estás seguro de que no me morderá?, creo que me veo apetitoso.

Sí. Definitivamente Hyoga debía estar mal de la cabeza. Alguna droga habría tomado, seguramente. No percibía ningún olor a alcohol así que tendría que ser alguna droga. De pronto sería la lluvia, conversar tranquilamente bajo la lluvia debía causar algún efecto.

El rostro confundido de Shun me causaba mucha gracia. Creo que esperaba que saliera corriendo. Aparentemente no me conocía lo suficiente.

-Bueno, si me muerde es culpa tuya, ya lo sabes.

Vi a Hyoga caminar cerca de Akai, quien aun lo miraba fijamente, para sentarse a mi lado.

-No me has dicho qué es si no es un perro. A mí me parece un perro- dijo Hyoga.

-Es un…lobo- dijo Shun, mirando a Hyoga, atónito.

-mmm…eso sí puede hacerme correr…-dijo Hyoga, mirando al lobo negro echado frente a él.

Pero Hyoga no corrió, sólo volteó a mirarme y a sonreírme como si nada estuviera pasando.

-Así que…fauna exótica. Eres de gustos extravagantes- dijo Hyoga, sonriendo.

-No es una mascota…él puede irse cuando quiera- dijo Shun, mas confundido que antes.

-Entiendo. Bueno, ves mejor que nadie, escuchas mejor que nadie, asumo que percibes olores mejor que nadie. ¿Me equivoco?

-…No.

-¿Cómo es eso que quieres mi sangre, tengo algo de especial? Que yo recuerde no he sangrado frente a ti.

-Bueno…- dijo Shun desviando la mirada-algunas personas…huelen mejor que otras.

-¿Y una de esas personas soy yo?

-…Si.

-Pues que bueno porque me ducho todos los días- dijo Hyoga en broma.

-Esto no es una broma, Hyoga. No entiendes nada- dijo Shun.

-Lo sé-dijo Hyoga con seriedad-Pero eres tú el que no entiende. Dos veces he estado dormido frente a ti y no me has hecho absolutamente nada. La única vez que intenté golpearte me detuviste como si nada, seguro que ni siquiera tu pulso se aceleró. Si quisieras lastimarme ya lo habrías hecho hace mucho tiempo. ¿Crees que no me he dado cuenta?, mantienes tu distancia conmigo, nunca hemos estado tan cerca como hoy. Tú no quieres lastimarme, Shun.

Tenía razón en todo lo que decía. Yo quería creer que todo podía ser así de fácil pero había tantas cosas que Hyoga no sabía de mí.

-No es tan sencillo- dijo Shun.

-Nunca he dicho que lo sea. Y aunque me gustaría saber más, respeto tu decisión. De hecho no estoy aquí para que me expliques por qué mi nana está poniendo ajo en las puertas. Estoy aquí porque quiero que vengas conmigo. Voy a vender la casa de aquí, hay demasiados fantasmas ahí, no quiero seguir un minuto más en esa casa.

Odio el olor a ajo así que no tengo dónde pasar la noche- dijo Hyoga, sonriendo con picardía- ¿puedo quedarme en tu casa? Si tienes criados le enviaré un recado a la nana para que no se infarte y quite todo ese ajo. ¿Te parece bien?

-…si tú lo dices.

Yo seguía pensando que Hyoga debía estar loco. No tenía una idea clara de lo que yo era pero no le parecía peligroso. Ahora además se metería en mi casa, donde no tendría absolutamente ningún tipo de protección.

Mi casa, aparentemente le gustaba mucho, porque no dejaba de mirar hacia todas partes, como si estuviese en un museo. Uno de los criados recogió el mensaje y se fue, dejándonos solos en la sala. A mí, en realidad, la casa me parecía aburrida. Estaba decorada según la época, aunque tenía algunos adornos de otros países.

-¿y esto de donde es?- preguntó Hyoga.

-Es una figura de un samurái. Un guerrero japonés.

-¿Estuviste en Japón?

-…sí. Hace un tiempo.

-¿Por qué sigues tan lejos?- preguntó Hyoga de pronto, con exasperación.

-¿Qué quieres, que te abrace?-replicó Shun, enarcando una ceja.

-En ningún momento he pedido eso- dijo Hyoga, ahora molesto- ¿Qué tengo que hacer para que confíes en mí? Aun no me has respondido si vendrás conmigo.

-…Sólo tienes que pedirlo. Lo que quieras que haga o deje de hacer, sólo tienes que pedirlo.

- ¿En serio?- dijo Hyoga, acercándose lentamente.

La mirada seria de Hyoga no me dio ninguna confianza. Volvía a ponerme muy nervioso.

-Espero que esta copa no sea muy costosa- dijo Hyoga.

Antes de que me diese cuenta estaba rompiendo la copa de cristal y clavándosela en la palma de la mano. Una pequeña mueca de dolor cruzó su rostro, pero yo estaba demasiado estupefacto como para que eso me preocupara. Lo peor vino después cuando el olor de su sangre impregnó cada centímetro de la sala y me quemó la garganta.

-¿Qué…qué estas…?-

-Lo que ves- dijo Hyoga, extendiendo la mano hacia Shun- No tengo idea de cómo lo haces o para qué la necesitas. Pero quiero que tomes mi sangre.