Nota: Muchísimas gracias por todos sus reviews, tanto aquí como en los cazadores. Lamento mucho la tardanza, aquí les dejo el siguiente capítulo, esperando que aun quieran leer ^^. Cuídense mucho, un enorme, abrazo.

Noche 13. Inmortal.

Podía verlo en sus ojos. Brillaban intensamente, miraba mi mano como si estuviese muriendo de hambre, pero no era capaz de acercarse a mí.

El olor de su sangre me estaba volviendo loco. Podía escuchar cada gota que caía al suelo, pero el olor era lo peor. Me atraía poderosamente, me quemaba la garganta. Ya sabía que Hyoga olía francamente bien, pero esto rayaba en lo ridículo.

Él no cesaba de sorprenderme, se me estaba ofreciendo en bandeja de plata y pronto descubrí que no tenía la fuerza suficiente para resistirme a lo embriagante que era su sangre. Eso me aterró. Si no tenía la resistencia para soportarlo sólo oliéndolo, estaba completamente seguro de que si lo probaba entraría en frenesí y podía matarlo. Nosotros podemos beber litros de sangre en minutos y el ser humano tiene entre 5 y 7 litros aproximadamente, dependiendo de las características del cuerpo, tamaño, peso, entre otros. Extraer cinco litros de esa deliciosa sangre que se me ofrecía tan fácilmente no me tomaría más de 15 minutos.

Quince minutos era todo lo que le quedaría a Hyoga de vida.

Shun seguía hechizado por la visión de mi sangre saliendo de la palma de mi mano. Yo sabía que luchaba con todas sus fuerzas para no acercarse a mí así que fui yo quien caminó hasta él.

-Confío en ti- dijo Hyoga, suavemente.

Shun estaba cerca del gran ventanal de la sala y cuando me acerqué él se echó hacia atrás quedando recargado contra la ventana. Como yo seguí caminando terminé arrinconándolo.

-Por favor. Tómala o recházala definitivamente. Si vamos a viajar juntos no quiero que sea como unos perfectos extraños. Me fastidia tu distanciamiento. Si no tener mi sangre es lo que te aleja de mi entonces tómala. Pero si no lo haces ahora, no habrá otra oportunidad. Ya conoces el olor, sé que te gusta así que decide: tómala o déjala.

-¡No sabes lo que dices! ¡Morirás!- rugió Shun.

-No me importa, Shun. Si eres tú, no me importa.

Terminó por quebrar toda mi resistencia con lo que dijo. Hyoga estaba poniendo su vida en mis manos, confiaba en mí ciegamente. Supe que no importaba cuanto me costara, tenía que hacerlo.

Cuando Shun tomó mi mano volví a sentir su piel con la misma temperatura que tenía cuando tomé su rostro entre mis manos. Era ligeramente más fría de lo normal, pero rápidamente se calentó. Yo no tenía idea de lo que haría, no parecía que fuera a tomar alguna muestra de mi sangre para estudiarla o algo por el estilo y me sorprendió mucho cuando lo vi limpiando la herida con la lengua, suavemente. Sus ojos brillaban con más intensidad.

Beber su sangre aumentó la conexión que pudiésemos tener. Y desapareció por completo la poca resistencia que me quedaba. En menos de cinco segundos ambos estábamos en el suelo de la sala y yo estaba sobre él apresando sus muñecas fuertemente, atrapando sus piernas entre las mías. Ahora todo dependía de mí porque él no tenía manera de escapar de mi agarre.

Yo sabía que estaba en grave peligro de morir pero eso nunca me preocupó. Aún cuando ya yo conocía lo que era estar con una mujer, el tener a Shun sobre mí, dominándome por completo, demostrándome que era brutalmente fuerte, de alguna manera me parecía demasiado excitante.

La herida de la mano de Hyoga dejó de sangrar pero eso ya no me importaba yo iba directo a su cuello. Casi no podía pensar y el gemido que escuché salir de su garganta cuando pasé la lengua por su cuello hizo que mi cuerpo se estremeciera.

Lo mordí suavemente y mi cuerpo volvió a vibrar cuando su sangre caliente pasó a mi garganta.

Si tenerlo sobre mí me había parecido excitante, lo siguiente que sentí fue abrumador. Sabía que me estaba mordiendo, sabía que lo disfrutaba y eso no hacía otra cosa que excitarme mucho más. Perdí por completo el control de mi cuerpo, jamás me resistí a su agarre, jamás traté de soltarme, ni siquiera lo deseé, solo quería mas, mas de su poder, de su fuerza. La ropa mojada se volvió un obstáculo que llegué a odiar, necesitaba y deseaba desesperadamente sentirlo aún más cerca de mí.

Pero pronto me di cuenta de que también perdía la conciencia; sentía como drenaban mis fuerzas y los parpados se me hicieron demasiados pesados como para mantener los ojos abiertos.

El miedo de que Hyoga muriera gritó dentro de mí y se antepuso a cualquier placer que su sangre me estuviese dando.

Logré separarme de su cuello y rápidamente, antes de volver a perder la cordura, tomé la copa rota y clavé la mano en ella. El dolor me hizo retroceder hasta que lo liberé. Recargué la espalda al ventanal, sentía que la cabeza me daba vueltas, en realidad toda la sala giraba a mí alrededor. Tuve que acostarme en el suelo para que el mareo no me hiciera vomitar. Luego supe que era su sangre lo que me provocaba eso. Había algo en ella, probablemente lo que hacía que tanto él como su madre fuesen especiales.

Hyoga estaba inconsciente. Calculé que debía haber sacado al menos un litro de su sangre. Esperé a que el mareo pasara y luego me acerqué a él. Sus cabellos mojados aún estaban pegados a su frente. Revisé su pulso, aunque estaba un poco débil estaba estable.

Por primera vez respiré de alivio. Esperaba que eso le sirviera de lección y no volviera a ofrecerme su sangre de esa manera tan irresponsable, pero lo que había sentido en su cuerpo no era precisamente miedo. Aún me llamaba la atención la reacción que había provocado en mí su sangre por lo que lo tomé en brazos y lo dejé en mi habitación.

Luego, fui hasta su casa y encontré a la gitana en la mesa de la cocina. Entré pero no se percató de mi presencia hasta que me hice notar. Se levantó rápidamente de la silla y vi que tenía una estaca en la mano.

-No te acerques a mí ni un centímetro más…vampiro- gruñó ella.

Su orden funcionó como un hechizo.

Cuando los humanos pueden pasar por alto nuestra atrayente belleza y nos ordenan mantenernos alejados no hay fuerza en el mundo que rompa ese hechizo. Ni el más fuerte de nosotros puede contra eso, es la verdadera defensa que tienen los humanos: su fuerza de voluntad.

Ella, al ser gitana, sabía exactamente lo que tenía que decir para mantenerme al margen.

-No me interesa tu sangre, gitana. Vengo a preguntarte algo.

-No tengo nada que responderte- dijo ella, apuntando la estaca hacia Shun.

-Sí tienes. La familia de Hyoga, ellos eran especiales. Estuve un tiempo con Natasha, ella tenía habilidades que escapan a mi comprensión. Ahora descubro que Hyoga también las posee. ¿Qué sabes de eso? Te aconsejo que no me mientas.

Pronto descubrí que ella también sabía cómo cerrar su mente a mí. Estaba muy bien entrenada, pero su técnica no podría conmigo y eso sólo aumentaba mi curiosidad.

-Habla, gitana. Y te aconsejo que lo hagas ahora mismo.

No podía acercarme a ella, pero si podía infundirle el mayor miedo que hubiese sentido en su vida.

-Si…son especiales.

-¿Qué tanto? ¿Lo llevan en la sangre?

-¡No! ¡Vas a lastimarlo!- gritó ella, tratando de resistirse al miedo.

-Solo quiero saber, no tengo intención de lastimarlo. Tengo más de un mes viniendo aquí todas las noches y tienes mi palabra de que nunca había bebido su sangre hasta hoy y no la tomé por la fuerza, él me la ofreció. Está bien, dormido. No quiero hacerle daño. Sabes que la palabra de un vampiro tiene el mismo efecto que tu capacidad para mantenerlo a raya. Lo que te digo no es mentira. Ahora, dime ¿está en su sangre?

-…Sí. Uno de nuestros ancianos tenía conexión con un antiguo vampiro que estaba aquí en Venecia. Le dijo que la sangre de esta familia olía demasiado bien. Que eran de la clase de humanos que no solo podrían alimentar a un vampiro si no también fortalecerlo. Hyoga era el que mejor olía, al menos para él. Me enviaron aquí para protegerlos. Está claro que no hice bien mi trabajo.

-¿Qué fue de ese vampiro, sabes cómo se llamaba?

-Aparentemente se fue hace varios años. Se llamaba Jean Pierre Guillón.

El nombre me cayó como un balde de agua fría.

Era el mismo vampiro que se había acercado a Hyoga aquella noche en la plaza. Estaba claro que había regresado por él.

Casi inmediatamente después sentí la presencia de otros vampiros en la ciudad. Salí corriendo de la casa. El grupo se acercaba a mí, como yo estaba entre ellos y Hyoga fui directo hacia donde percibía a los intrusos. Llegué hasta la parte trasera de una casa abandonada. Percibí sus claras intenciones de asesinarme pero su fuerza no se comparaba con la mía, ya que todos eran vampiros de clase dos.

Esa clasificación se da con base a la fuerza y poder que tengan los vampiros. Desde clase uno hasta cinco, siendo el uno el más débil, apenas más fuerte que veinte ghouls y cinco el más poderoso de todos. Solo vampiros antiguos son de clase cinco y ahí no había ninguno.

No tenía intenciones de pasar más tiempo lejos de Hyoga por lo que entré y acabé con el aquelarre en menos de quince minutos. Cuando tuve a la última vampiresa entre mis manos, a punto de quebrarle el cuello dijo algo que me dejó helado.

-No importa que nos mates a todos. Hemos cumplido con la misión.

-¿Qué significa eso?

-Que no llegarás a tiempo para salvar a tu humano.

La solté, pero cuando cayó al piso ya estaba muerta.

Me quedé parado en medio de la sala, los cadáveres me rodeaban todos inertes. Por primera vez algo me tenia clavado en el piso, no podía moverme. Vi las escenas de mi casa, por medio de las aterradas mentes de los criados. Extraños entrando y matándolos uno a uno mientras subían las escaleras buscando al dueño de la sangre que seguro ellos también habían percibido.

Era una trampa y yo había caído completamente en ella.

Estaba a treinta minutos de mi casa, pero a mí sólo me tomó solo dos minutos llegar hasta la sala donde el vampiro tenia a Hyoga entre sus brazos y lo mordía profundamente.

Usando mi mente logré lanzarlo lejos mientras tomaba a Hyoga, pero él seguía inconsciente. La sangre manaba libremente de su garganta. Traté de sentir su pulso; aunque estaba demasiado débil seguía ahí. Cerré la herida con mi sangre y lo puse en el suelo, pero verlo en ese estado, tan pálido casi sin vida, me causaba un dolor descomunal. Sentía que mi corazón se partía en pedazos, no quería verlo tan frágil, ese no era el Hyoga que yo conocía.

-Resiste, Hyoga, por favor- dijo Shun, acariciando su mejilla suavemente.

-Dudo mucho que resista, si acaso unos minutos más. Yo tenía razón: su sangre es poderosa- dijo Jean Pierre.

Cuando lo vi lamiéndose la sangre de los sabios sentí como mi cuerpo se llenaba de una ira terrible. Sin embargo, en medio de todo me di cuenta de que él no estaba solo.

De pronto me vi rodeado de al menos unos 50 vampiros que estaban deseosos de su sangre.

En ese momento Hyoga gimió de dolor. No podía apartar la vista de Jean Pierre, pero supe que él estaba despertando.

Yo no tenía idea de dónde estaba, pero sabía que Shun estaba agachado a mi lado y que delante, a varios metros estaba ese sujeto al que había enfrentado cuando desperté en una habitación desconocida. No podía moverme, me dolía el cuello y estaba demasiado débil. De pronto sentí como el piso empezaba a vibrar, yo estaba boca abajo y cuando abrí los ojos vi a ese vampiro rugiendo en mi dirección, no a mí, específicamente si no a Shun y él le respondía con mayor potencia. Era como escuchar a dos leones midiendo sus fuerzas por medio de sus rugidos. Se escuchaban realmente aterradores.

La sangre de Hyoga seguía impregnando la habitación.

-No aguatarás por mucho tiempo, Shun. Su sangre te excita tanto como a nosotros-Dijo Jean Pierre.

Él tenía razón. Me aturdía demasiado el olor. Sabía que, aún cuando los rugidos los mantenían a raya no aguantarían mucho más tiempo. Se lanzarían al ataque aun en contra de lo que su instinto les gritara porque el olor de la sangre los cegaba.

-Son demasiados- pensó Shun-En cualquier otro caso podría con ellos, pero si me alejo un metro de Hyoga alguno le caerá encima. Estamos rodeados, están por todas partes, bloquean cada puerta y cada ventana. ¡Maldición!

No tenía mucho tiempo para pensar. Aun cuando había parado la hemorragia no sabía cuánto más resistiría Hyoga y me preocupaba más eso que alimentar mi sed de venganza.

-Ahora me pertenece, Shun, ¡entrégamelo!- gritó Jean Pierre.

-Jean Pierre, si lo quieres tendrás que venir a buscarlo.

Luego levanté un enorme circulo de fuego entre ellos y nosotros. Muchos cruzaron y se prendieron en fuego inmediatamente, pero eso sólo era una distracción. Mi objetivo era la de destruir el suelo. Tomé a Hyoga e hice explotar todo el piso de la casa, lanzando a varios de los vampiros por los aires mientras nosotros caímos en el pasaje subterráneo de la casa.

Aquel pasaje se había creado especialmente para que yo pudiera escapar en caso de emergencia y ésta definitivamente lo era. Muchos de los vampiros me siguieron por el hoyo pero ninguno de ellos era más rápido y ni conocía aquellos pasajes mejor que yo.

Cuando supe que los había dejado atrás me detuve para verificar el pulso de Hyoga. Podía sentir su corazón latir cerca de mi pecho pero, de cualquier manera tenía que verificar. Sus latidos eran débiles, si no hacia algo ponto moriría.

La rabia y la impotencia me estaban consumiendo. Ya me llamaba la atención el olor de su sangre, sus habilidades especiales pero me enteré de eso demasiado tarde.

Recosté la frente en su pecho y lloré como nunca lo había hecho. Los vampiros no lloramos jamás, solo cuando es un dolor demasiado grande y aún así pueden pasar siglos antes de que podamos hacerlo. Pero esta vez, llorar era lo único que me exigía mi cuerpo.

De pronto sentí su mano tocando la mía. Cuando levanté la vista él me sonreía con dulzura.

-Cuando…te pedí que te fueras conmigo, es porque no quiero dejarte solo- dijo Hyoga en un susurro-No quiero hacerlo ahora. No quiero dejarte. Si hay…algo que puedas hacer…hazlo, Shun.

Hyoga, sin saber, me pedía que lo convirtiera en vampiro. Yo jamás lo había hecho. Si algo salía mal las consecuencias serian desastrosas. Estaba demasiado asustado, me rehusaba a que muriera entre mis brazos pero me aterraba aún más que no soportara la transformación.

-Hyoga…dejarías de ser humano, no envejecerías jamás. Tu cuerpo se quedaría estancado en esta edad para siempre. Serias lo mismo que soy yo, ¿entiendes lo que eso significa?. Tendrías que alimentarte sólo de sangre, tu cuerpo no aceptará nada más, eso solo asumiendo que logres la transformación. Estaré quitándote tu vida. ¿Entiendes eso?

-Eres tú el que no…entiende. Si es contigo, no me importa. Si eres tú, no me importa.

Y esa la más grande verdad. Como mi madre me había dicho, por él valía la pena vivir. No importa en lo que me convirtiera.

Era todo lo que necesitaba escuchar de sus labios. Me mordí la lengua para llenar mi boca con mi sangre y lo besé para que bebiera. Mi sangre lo mantendría con vida hasta salir de Venecia. Repetí la acción dos veces más hasta que escuché su corazón latir con más fuerza. Sabía que aquello solo duraría unas horas, el pasaje ya se estaba llenando de humo por el fuego que consumía la casa así que sumí a Hyoga en un sueño profundo, lo cargué en mi espalda y salí de Venecia a media noche.

Tardé algunas horas en llegar al sitio en el que había pensado. Era demasiado lejos incluso para mí porque llevaba un peso muerto sobre mis hombros así que disminuía un poco mi velocidad. Tenía una cabaña en los bosques de Francia, alejada de todo rastro de humanidad, que era precisamente lo que necesitaba.

Un vampiro "recién nacido" tiene una sed de sangre incontrolable y si Hyoga iba a caer en eso tenía que hacerlo lo más fácil posible y con tanto humanos a nuestro alrededor sería imposible controlarlo. Llegué a la habitación de la cabaña, dejé a Hyoga en el suelo y quité todas las sabanas blancas que cubrían los muebles. Luego regresé a su lado, él ya estaba despertando.

Había llegado el momento, pero yo sentía que se me iba a salir el corazón. Jamás había convertido a un humano en vampiro, no todos resisten, no todos tienen la fuerza de voluntad suficiente como para aceptar que pueden vivir para siempre. Al principio suena como lo más maravilloso del mundo pero la sola idea de la eternidad es demasiado pesada. Un vampiro enloquecido es lo peor que existe. Si Hyoga no soportaba aquello tendría que matarlo y sabía de antemano que no tenía la fuerza para hacer eso.

Su sonrisa me alentó a hacerlo así que juntando todas mis fuerzas mordí su cuello de nuevo, esta vez sólo un poco para restablecer lo que por un momento Jean Pierre rompió al morderlo. Lo escuché gemir de nuevo pero no podía detenerme por eso. Luego mordí mi muñeca, lo levanté y puse la herida frente a sus labios. Él comenzaba a respirar con dificultad y volvía a quedar inconsciente a ratos.

-Hyoga, tienes que beberla. Tienes que ser tú, no puedo dártela como antes.

Obedeció sin chistar. Luego volví a beber de su sangre para fortalecer la conexión y el volvió a beber de la mía. Hicimos lo mismo unas cinco más hasta que repentinamente se desmayó. Sabía que no podía hacerle beber más. Ahora todo dependía de que su cuerpo aceptara la nueva sangre que ahora corría por sus venas.

Le llevé hasta la cama y me quedé con él por las siguientes diez horas. Diez horas que fueron un infierno para mí. Podía escuchar perfectamente el crujido de los huesos, los músculos endureciendo, los órganos cambiando. La sangre recorría cada centímetro de su cuerpo. Podía ver los espasmos musculares, cada mueca de dolor en su rostro me hacía sentir más miserable. Trataba de mantenerlo inconsciente ya que estando despierto me hubiera pedido que lo matara y yo no habría podido soportar eso. Pero se estaba volviendo demasiado fuerte, me estaba costando mantenerlo dormido. Empezaba a moverse más bruscamente, los espasmos eran más fuertes, las contracciones musculares, los órganos trataban de resistirse pero desde el momento en que mi sangre entró en él ya no había vuelta atrás. Durante diez horas lo vi sufrir sin poder hacer nada para ayudarlo. Y lo peor vendría en la última hora cuando la sangre llegara a su corazón y su cerebro.

Fue cuando sentí más miedo. Traté de entrar en contacto con su mente y repentinamente sentí como si toda mi piel se quemara, como si algo me estuviera quemando de adentro hacia afuera. El dolor me hizo apartar la mano de su frente y caí pesadamente al suelo. Mi corazón estaba a punto de estallar, supe que era lo que él estaba sintiendo.

Ni siquiera yo era capaz de soportar semejante tortura y ahí estaba él. Los latidos de su corazón retumbaban en mis oídos, chocaban salvajemente contra su pecho. Sabía que la sangre llegaría al cerebro y al corazón al mismo tiempo. Puesto que son los órganos más importantes, la maldición o el don de la inmortalidad los dejaba de últimos. Su corazón seguía palpitando desesperado, pero eso sólo aceleraba la sangre. No estaba seguro de que él fuera soportar así que volví a entrar en su mente y absorbí parte de su dolor para ayudarlo.

Sentí como si una estaca se me clavara en el pecho, era absolutamente insoportable. No recuerdo cuanto tiempo estuvimos así pero sé que ambos nos retorcíamos de dolor, él en la cama y yo en el suelo. Luego llegó el momento en que la sangre llegó al cerebro y fue mucho peor. Me agarraba la cabeza porque sentía que se me iba a partir de en dos. Golpeé el suelo y lo escuché quejarse fuertemente, aunque la verdad no recuerdo quien gritaba mas fuerte si él o yo. Estaba seguro que moriríamos. De pronto sentí el corazón de Hyoga detenerse por completo y todo se sumió en la oscuridad.

Desperté una hora después sintiéndome más débil que nunca. Sentía el suelo de madera frio y había neblina que se filtraba por la ventana. Podía ver lo pequeños trozos de madera que se había destruido bajo mi puño cuando golpeé el suelo. El suave latido ajeno al mío me hizo levantarme de golpe, un fuerte mareo casi me tumba pero tenía que verificar que él estaba bien. Me senté en la cama y toqué su mejilla que ahora estaba sólo un poco más fría que antes, pero su temperatura no había bajado tanto como yo esperaba. Ya la sangre había hecho su magia, cualquier pequeña cicatriz o minimo desperfecto de su rostro o cuerpo había desaparecido haciéndolo más hermoso de lo que ya era. Seguía dormido pero ahora respiraba con normalidad y su corazón latía relajadamente.

Volví a sentarme en el suelo. Estaba aturdido por todo lo que había pasado. La cabeza me iba a estallar, no podía creer todo lo que había pasado. En menos de doce horas Hyoga había pasado de ser un humano egoísta e irresponsable a estar en grave peligro de muerte, para luego soportar horas de tortura y contra todo pronóstico, Hyoga había sobrevivido. El humano había desaparecido. Ahora era un vampiro, pero lo peor aún no había pasado. Ahora faltaba ver qué pasaría cuando despertara.

De cualquier manera no podía encargarme de eso ahora, tenía que recuperar mis fuerzas o no podría controlarlo cuando se levantara así que salí a buscar presas animales. Los vampiros podemos alimentarnos de animales pero sólo dependiendo del tamaño de la presa es la cantidad de energía que te devolverá o la sed de sangre que saciará. A mí, lamentablemente no me ayudan mucho pero tenía que hacerlo. Dejé a Hyoga sabiendo que no despertaría en varias horas.

Shun tenía razón, cuando desperté ya caía la tarde. No pude abrir los ojos inmediatamente, me dolía cada centímetro de mi cuerpo. Sentía como si me hubieran sacado de él y me hubieran metido dentro de un cuerpo de acero. Cada músculo era más duro, me sentía más pesado, no podía controlar bien mis movimientos. Por fin pude abrir los ojos y la poca claridad que se filtraba por la ventana me acuchillaba los ojos. Luego los sonidos, las aves, los pequeños animales. Los malditos pájaros me volvían loco, tenían que ser aves enormes para hacer semejante ruido con ese aleteo tan fastidioso. Logré levantarme de la cama pero me tapaba los oídos. Hasta que escuché un suave latido que no era el de mi corazón. Escuché pasos suaves e intranquilos que se acercaban hasta la habitación. El olor era divino, no tenía idea de quién podía ser, dónde estaba yo o qué diablos había pasado. Volví a cerrar los ojos, la claridad hacía que me ardieran. Escuché cómo se corrían las cortinas y pude abrir los ojos de nuevo y para mi sorpresa podía ver perfectamente bien en la oscuridad. Era como la visión nocturna sin el color verde. Todas las cosas conservaban su color solo, en una versión un poco más tenue.

Volví a bajar la cabeza. Fue cuando sentí ese fuerte magnetismo que sólo le pertenecía a una persona. De pronto todo regresó de golpe: él bebiendo mi sangre en la sala de su casa, luego el otro vampiro, la pelea, el incendio, la oscuridad, la sangre, esa sangre que había probado que me pareció tan deliciosa y luego el intenso dolor. Levanté la vista y ahí estaba él. Podía verlo perfectamente. Se agachó hasta quedar un poco más abajo que yo y me miró con preocupación.

-¿Cómo te sientes?

Sé que lo escuché pero no podía responderle nada. Nunca, en todo el tiempo que tenia conociéndolo lo había visto tan hermoso. Si antes me había parecido que su belleza era irreal ahora era todo lo contrario. Llegué a preguntarme por qué razón me había perdido de todos los detalles de su rostro. Sin importarme lo que pudiese pensar de mí tomé su rostro entre mis manos y acaricié sus mejillas. Eran tan suaves, estaba un poco más caliente que yo. Sus labios eran perfectos, sus ojos, todo, todo en él era demasiado perfecto y me tenia hechizado. Pero me atraía aun más ese olor que manaba de él, era tan suave y tan embriagante que sentí cómo se me hacía agua la boca. De pronto él se apartó de mí, se levantó y se alejó un poco.

Hyoga parecía estar en un trance. El problema era que sus brillantes ojos dorados me desconcentraban por completo. Los ojos de los vampiros cambian cuando están excitados o cuando tienen hambre. Tuve que apartarme porque sabía que buscaba mi sangre, pero primero tenía que hablar con él.

-¿Hyoga, recuerdas algo?- preguntó Shun.

El retumbar de los pasos en la madera me aturdió.

-¿Por qué… hay tanto ruido?- se quejó Hyoga tapándose los oídos.

-Lo siento, dime si recuerdas algo. ¿Sabes quién eres, recuerdas todo?

-Sí recuerdo todo

-¿Sabes lo que eres?

¿Qué era? Sí. Sabía lo que era. Levanté la vista, lo miré directo a los ojos.

-Soy como tú.

-Lo que soy yo… un vampiro- dijo Shun.

-…Vampiro- dijo Hyoga hundiéndose en sus pensamientos.

Nunca había escuchado esa palabra. Vampiro. La verdad todo era demasiado confuso. Sentía la tela de la cama con cada centímetro de la piel de mis manos, los pequeños haces de luz que se iban a apagando, las malditas aves gigantes aleteando, el corazón de Shun. Los olores también me llegaban de golpe: la madera envejecida, el polvo, la tierra húmeda…pero la sangre era lo único que me hacía estremecer y sabia que no era mi sangre, era la suya.

-¿Qué es todo esto?. Mis sentidos están…

-Saturados, lo sé. Cuando un humano está recién nacido como vampiro todos los sentidos y las habilidades nuevas están sobre saturadas. En este momento eres un peligro incluso para mí, creo. La verdad es que no sé mucho de estas cosas. Es la primera vez que lo hago y…se supone que no debí haberlo hecho.

-¿Por qué no?. Gracias por hablar en vos baja.

-No estoy hablando, Hyoga.

Levanté la vista, confundido por lo que acababa de decirme, estaba absolutamente seguro de que lo había escuchado. El sólo me sonrió con dulzura.

-Estás leyendo mi mente- dijo Shun en su mente.

-¿Qué? ¿Cómo…?-

-Por la sangre, se ha establecido una conexión entre nosotros. Ahora tú también puedes leer mi mente. Ya no hay barreras entre ambos, nada que nos haga diferentes.

-Somos iguales.

-Exacto.

- ¿Dices que estoy sobresaturado?.

Shun asintió.

-Los sentidos están al máximo. Todo se ve más brillante, los olores son mucho más fuertes, los sonidos es lo peor de todos, hasta donde sé.

-Ni que lo digas. Hay unos malditos buitres por ahí que juro que los voy a matar si siguen volando.

-Por aquí sólo hay aves pequeñas. Tu fuerza, tus músculos todo está al máximo. Tienes que esperar al menos cuatro o cinco días, creo, para que todo se normalice. Tus sentidos siempre serán más agudos que los de un humano pero nunca tan intensos. Ahora lo más importante es que debes alimentarte, supongo que tienes hambre.

-Bueno si se siente como el hambre normal, de hecho, no. No tengo hambre. ¿Es eso normal?.

-No tengo idea- dijo Shun, suspirando- Hyoga, creo que tu eres completamente diferente a un vampiro normal. En este momento yo debería estar luchando contigo para controlarte y sin embargo no estás desesperado por sangre.

-Huelo tu sangre y siento que se me hace agua la boca, es lo único que puedo decirte. ¿Por qué dices que soy diferente?

-Porque mi sangre es especial, yo…tenía prohibido darle mi sangre a nadie. Es la primera vez que lo hago. Un vampiro siempre obtiene su fuerza primaria del aquel que lo crea. Yo no sé cómo funciona eso, sólo en teoría así que me parece que descubriremos juntos qué tan fuerte eres.

Decidí que era momento de levantarme. Lo hice pero las piernas no me respondiendo como yo quería y me tambaleé pero Shun me sostuvo antes de que cayera. Estar tan cerca de él despertó mi hambre, no por cualquier sangre sino por la suya. Recordé que la primera vez que la probé no fue por una mordida sino por un beso. Shun debió leer mi mente porque sonrió tímidamente.

-Lo siento, no tenía otra manera de hacer que la tomaras- dijo Shun.

Cuando iba a responderle sentí algo que desvió por completo mi atención. Otro tipo de magnetismo que no tenía nada que ver con el de Shun, uno muy desagradable. Escuché pasos, personas corrían dirección a la cabaña.

Shun me soltó y me percaté de que él también los había escuchado porque miraba hacia la ventana.

-Alguien viene- dijo Hyoga.

-Lo sé. Los estaba esperando.

De pronto sentí una tremenda ola de rabia que inundaba mi pecho. Pude ver perfectamente la expresión de ira en su rostro, la extraña aura que lo rodeaba.

-Hyoga, voy a pedirte que te quedes aquí dentro mientras yo recibo a nuestra visita.

-No, espera…

-Hyoga- dijo Shun mirándolo-Obedece.

Su expresión me dejo sembrado en el suelo. Era una orden y aún cuando no me tocó sentí la enorme presión de su poder en mis venas. De haber sido más débil creo que ese mismo poder me habría obligado a inclinarme. Lo vi caminar lentamente hasta salir de la casa sin que pudiera hacer nada para evitarlo.

Mientras salía de la casa pensaba que aún no había olvidado que Hyoga estaba en esta situación por culpa de Jean Pierre. Jamás había pensado en convertirlo en un vampiro, sin embargo, lo cierto era que no tenía idea de qué hacer con nuestras vidas. No podría seguir a su lado siempre, porque en algún momento él se preguntaría por qué envejece y yo no, por qué pierde su belleza y yo sigo exactamente igual que la primera vez que me vio.

También es cierto que el sólo hecho de alejarme de él o de verlo morir y partir era algo con lo que no podía lidiar. Y creo que nunca pude hacerlo porque jamás planee quedarme en Venecia. Lo decidí la primera vez que lo vi, cuando él solo tenía doce años. Algo en su mirada me capturó por completo y desde ese día no pude salir de ahí, no pude alejarme de él. Me divertía mucho verlo crecer. Después tuve obligatoriamente que irme. Ahora me preguntaba qué habría pasado si yo no hubiese regresado a Venecia. Hyoga seguramente habría muerto porque estaba claro aquella noche Jean Pierre había ido por él.

Bueno, ahora era un hecho que Hyoga había dejado de ser humano, estaba en mis manos y sólo me quedaba encargarme de Jean Pierre.

Para cuando Hyoga despertó ya yo tenía una hora de haber regresado de cazar y el perímetro de la casa estaba preparado. Toqué la tierra y sentí los pasos que se cercaban corriendo.

-Parecen unos…cinco…tal vez más. Muy fuertes, todos clase cinco…siento algunas pisadas más profundas que las demás. Hum, ya veo: Artillería pesada. Muy bien, mejor así.

Había dejado intencionalmente ocho gotas de mi sangre esparcidas al alrededor de la casa y ahora haría uso de ella. Activé mi energía de forma que la sangre reaccionara a ella y coloqué ambas manos sobre la tierra.

-Muro de hierro: Barrera, estrella de ocho puntas- dijo Shun.

Las ocho gotas de sangre se unieron y crearon una estrella que cubrió toda la cabaña, una barrera semitransparente que separó a Hyoga de la batalla que empezaría pronto. Luego recargué la espalda sobre la pared de la barrera y lo esperé por los siguientes 25 minutos.